¿Sabías que el sable del Gral San Martín está hecho con acero árabe?

Gral Don José de San Martín

El ingeniero químico Daniel Vassallo aseguró respecto del sable corvo del Gral. José de San Martín que “tenerlo en la mano fue una gran emoción”. También manifestó que los sables árabes “tienen una parte recta y otra curva” y aseveró que cuando José de San Martín lo compró tenía un aspecto dorado que con el correr del tiempo se fue perdiendo y debió ser pulido.

El sable es una pieza difícil de calificar porque tiene tal valor sentimental que la emoción de cuando uno la juzga supera todo lo técnico. Llegó un granadero al laboratorio con el sable, y tenerlo en la mano fue una gran emoción, hicimos un examen y vimos por la estructura metalográfica que en lugar de tratarse de un acero europeo, se trata de uno de origen árabe.

Los aceros occidentales tienen una estructura homogénea. En cambio, los sables árabes tenían una estructura inhomogénea, es decir, tenía ciertas zonas que tenían un alto contenido de carbono y otras que tenía un bajo contenido del mismo. Cuando se los forjaba, esas zonas se distribuían de una manera que después los mismos armeros lo ponían en evidencia y le daban a la superficie metálica el aspecto de un moaré. (1)

Le llamaban aguas también porque eran una especie de ondulaciones las que se veían. Para ésto, los armeros árabes, que en realidad eran persas, forjan en el material y después lo atacan con reactivos especiales. Ponían en evidencia este bandeado que se utiliza para la fabricación de cuchillos.

Los árabes atacaban esa hoja con estos reactivos especiales y esto le permitía al comprador darse cuenta de la calidad del acero que estaba comprando porque poseía un dibujo más intrincado y complejo dando la idea de un material más reforzado.

Además, hay otra característica que es interesante y es que se le daba a esa hoja un color dorado, el cual nosotros no lo vimos pero lo que sí observamos es ese dibujo de zonas claras y oscuras que nos indicó que su origen provenía de Oriente y no era un sable forjado en Inglaterra que era lo que único podía pensar a primera vista, puesto que él lo había comprado en Londres.

Los sables árabes se pusieron de moda en Europa por dos motivos. Uno porque a Wellington, en la India, le regalaron un sable de este tipo que causó muchas sensación en Inglaterra y se puso de moda porque realmente era un sable que tenía características muy particulares. Excelente dureza, filo y resistencia, además de ser elegante.

En vez de tener la curvatura uniforme, que tienen los sables europeos, tienen una parte recta y otra curva. Por otra parte, la invasión de Napoleón a Egipto popularizó por el lado francés los aceros árabes.

El de San Martín tenía dorado cuando lo compró porque el general Espejo en sus memorias habla del sable de él como el de latón. Cuando San Martín deja sus armas en Mendoza, porque se va a Europa, en el listado de cosas dejó aparece un sable dorado. Ese mismo en algún momento pierde ese dorado porque cuando Alberdi lo visita lo describe y no hace ninguna referencia a este aspecto que seguramente tendría que haberle llamado mucho la atención si hubiera tenido el aspecto original.

Es de suponer que en alguno de los viajes que hizo a Europa seguramente con el viento marino tiene que haber sufrido alguna oxidación o corrosión, por lo tanto, para eliminar eso tuvieron que pulirlo. Hubiera quedado muy desprolijo que una parte estuviera pulida y la otra no.

El sable, desde que volvió a Argentina y lo recibió Rosas, siempre tuvo ese aspecto pulido. Ese es el secreto que realmente tiene el sable de San Martín que a nosotros nos apareció de casualidad. Para examinar la estructura de metal hay que realizar un ataque ácido que se parecía o hizo lo mismo que hacía el ataque ácido que utilizaban los armeros árabes con la diferencia de que nosotros en esos aspectos vimos una imagen en blanco y negro, y no la imagen dorada que tenía originalmente.

Era un arma sencilla: empuñadura de ébano y hoja de acero centenario, sin arabescos ni ornamentos llamativos. Pero estaba destinada a coronarse de gloria. El sable corvo que Don José de San Martín compró en Londres en 1811 tuvo su bautismo de fuego en San Lorenzo y acompañó al Libertador en todas las batallas por la Independencia.

Después de ser legado a Juan Manuel de Rosas, en 1963 un militante peronista lo robó del Museo Histórico Nacional “para levantar el ánimo” del movimiento, hasta que el Estado lo recuperó definitivamente en 1966, cuando el presidente Juan Carlos Onganía lo envió al Regimiento de Granaderos a Caballo.

Aquel año alguien hizo una pregunta sagaz: ¿Había estudios científicos sobre el sable? Le dijeron que no. Un siglo y medio después, el arma más emblemática de la historia argentina todavía guardaba secretos. Un peritaje de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) develaría las propiedades de la hoja. Como la técnica habitual de extracción no podía aplicarse sin dañar la pieza, los expertos del Laboratorio de Metalografía se propusieron apelar a una alternativa no destructiva: pulirían la zona a examinar y la pintarían con un barniz que, al secarse, formaría una película para replicar su estructura.

No necesitaron completar el estudio para llevarse una sorpresa. “Cuando procedíamos al ataque metalográfico, antes de pintar con el barniz, apareció algo insólito”, recuerda el ingeniero químico Daniel Vassallo, ex jefe del Departamento de Materiales de la CNEA en las Hojitas de Conocimiento que publica el organismo.

En vez de la opacidad uniforme que hubieran esperado del acero común, vieron aparecer bandas claras y oscuras alternadas. “Esto nos desconcertó, pero enseguida reaccionamos, porque asociamos esas bandas a las que presenta el acero de Damasco, explica. Fabricado con mayor contenido de carbono, ese material “genera las bandas onduladas de rara belleza, uno de los motivos por los cuales estas armas son tan apreciadas”.

Los peritos buscaban una estructura y encontraron un origen legendario. El sable había develado su último secreto: No había sido fabricado en Inglaterra, como se suponía, sino que era un auténtico shamsir, el sable persa por excelencia, cuya traducción significa curvado como la garra de un león. Vassallo recuerda que, como los sables japoneses, los árabes representan una cumbre de la metalurgia pre-científica.

En Europa, muy poco antes de que el General San Martín decidiera regresar a América, comenzaron a conocerse y valorarse las virtudes de estas armas: resistencia, belleza y filo legendarios. El Héroe, que regresaba a su tierra natal para hacer realidad el sueño de la gesta emancipadora, quiso que lo acompañara a alumbrar esa hazaña un arma tan excepcional como la grandeza de su sueño.

Por P. Corso
Con información de Perfil

Referencias:

  1. Del fr. moiré, part. pas. de moire ‘labrar un paño de modo que forme aguas’, y este del ár. muẖayyar ‘escogido’, epíteto de este tejido. Tela brillante que presenta visos u ondulaciones.

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