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Tras huir de la guerra, familia siria deja Córdoba y vuelve a Alepo

FAMILIAS. En la imagen, están los Barbar, y parte de los Tuma, que retornan a Siria ©La Voz

Se trata de una de las dos familias de refugiados que hay en Pilar. Llegaron hace 4 meses. Partirán de Córdoba el 11 de mayo.

La última familia de refugiados sirios que llegó a Pilar prefiere volverse a su país y dejar Córdoba, en la que no se imaginan su futuro. El 11 de mayo partirá el vuelo que los llevará nuevamente a Alepo, la ciudad de donde huyeron de la guerra hace cuatro meses.

Un allegado a la familia dijo que se van porque no logran adaptarse al idioma y a la cultura. “Además extrañan y sienten nostalgia”, agregó esta persona que pidió no revelar su nombre.

Tampoco consiguieron independencia económica y les resulta caro vivir en Argentina.

Taufiq Tuma, su esposa y sus dos hijas llegaron a la ciudad cordobesa de Pilar en diciembre de 2016, escapando de las miles de muertes que causa la guerra civil siria que estalló en 2011 y que aún continúa.

Según la persona cercana  a la familia, ellos esperaban encontrarse con otra cosa en Argentina. “Ni Taufiq, que tiene una limitación física por un accidente, ni su mujer, pudieron adaptarse a los trabajos que les ofrecieron”. 

Las dos hijas del matrimonio, en cambio, iban a una escuela local, que abandonaron, ya que volverán pronto a su país.

Taufic Tuma, a través de su traductor, dice que prefiere no hablar de su retorno a Siria.

En una charla con este medio, a principios de abril, Tuma había manifestado que se sentían “solos”.

Difícil

En una nota publicada por La Voz el último 2 de enero, Tuma dijo que no podían regresar porque en Alepo no había agua, ni luz, todo era caro, estaba destruido y no había trabajo.

Un cura tucumano que vive allá, y que ayudó a varios sirios, entre ellos a los Tuma, a venir a Córdoba, les sugirió, por medio de un mensaje de audio enviado por WhatsApp, que no se vuelvan.

“Es una locura que lo hagan. La situación acá están bien jodida”, se escucha en uno de los audios. En otro, el hombre les pide que la sigan luchando y les asegura que en Argentina estarán mejor que en Alepo.

El Gobierno sirio recuperó el control de esta ciudad, que si bien no está siendo bombardeada en este momento, todavía explotan las bombas que los rebeldes dejaron entre los escombros.

A esto lo saben los Tuma, que por Facebook mantienen contacto con parte de la familia que vive allá.

Los Barbar

A Pilar, ubicado a 45 kilómetros de Córdoba capital, habían llegado unos meses antes otros sirios; los Barbar, parientes de la familia que ahora decide regresar. Los Barbar, en cambio, seguirán en Pilar.

Todos llegaron luego que el municipio local hiciera un ofrecimiento a la ONU para alojar a 50 familias.

Los Tuma y los Barbar comparten una casa que les prestan, en el sector sur de la ciudad. La zona es muy distinta  al entorno urbano al que estaban acostumbrados. También tienen un vehículo, que les facilitó un vecino.

La vivienda que comparten fue asaltada hace un mes. Les robaron ropa y los DNI argentinos, que luego recuperaron.

En 2015 llegaron los primeros refugiados sirios a Córdoba. El cónsul Abdala Saddi asegura que hay 20 sirios en la provincia, algunos radicados en el interior. Faten Yalbuj fue la primera refugiada en Córdoba. Tiene familiares argentinos.

Todos los ingresos de los refugiados son gestionados a través del Programa Especial de Visado Humanitario para extranjeros Afectado por el Conflicto de la República Árabe Siria. Se requiere de un “llamante” (argentino), que es el que solicita que se le conceda refugio a una persona o familia. Los Tuma estaban en una situación difícil porque esa persona no aparecía, hasta que un cordobés de Río Segundo se ofreció y los trajo. Y ahora se hizo cargo del pasaje para que puedan volver a su país.

Por Augusto Laros
Con información de La Voz

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Un puente festivo en Córdoba – Ikram en Maktub

Ha pasado ya un atareado mes desde aquellos acontecimientos que pasaré a narrar:

Luego de un agobiante viaje de trabajo, complicado por la situaciòn imperante en el país, (cortes en carreteras por reclamos varios), con un agobiante calor y una amenaza de tormenta desde que ingresé a la provincia de Córdoba; por fin regresé a la docta luego de transcurridas casi cuatro décadas.

Ni bien llegar y dejar el móvil a buen recaudo, la tormenta, (que estuvo gran parte del viaje a mi izquierda y acompañàndome), se abatió sobre esta bella ciudad de forma torrencial, anegando calles y dejando el aire limpio y puro. De todos modos, ello no fue impedimento para que aceptase la invitación de los queridos amigos del Ballet Ikram de llegarme a presenciar su clase de dabke. Grato fue ver en acción a Chibli, Juliete y Cecilia y corroborar que, la misma pasión y energía que despliegan en el escenario es puesta en cada una de sus clases.

Hermosas instalaciones tiene la Sociedad Sirio-Libanesa y el Ballet Ikram ensaya en una sala a la que nada le falta, (así es como se debe apoyar a aquellos que mantienen nuestras tradiciones con vida). Bien por ellos!

Luego de la clase, me invitaron a cenar en Al-Malek, comida árabe, (con ese nombre no podía fallar), agradable ambiente e imperdible charla con amigos que, cuanto más compartimos, más imprescindibles se van volviendo, porque en definitiva, lo que uno atesora, (o debería hacerlo), son los bellos y agradables momentos, y a la hora de partir, será lo único que nos  llevaremos.

Al día siguiente, luego de una tarde visitando familia en Cosquín, emprendí el regreso a la Docta. Entré en la ciudad ya noche, y como corresponde, anduve a las perdidas 45 interminables minutos observando detenidamente la periferia, transcurridos los cuales, retorné al hotel con el tiempo casi justo para una ducha y cumplir con la invitación a Maktub Multiespacio, que esa noche cambiaba de dueños.

Ya sin ganas de conducir por esa noche, fui salvado de tal situación por el querido Gabriel Bufe, que no sólo me transportó sino que, me llevó a cenar; claro que, contagiado por su juventud, no tomé en cuenta la edad de mi hígado que, posteriormente me pasó factura.

Llegamos a Maktub en el preciso instante en que el Ballet Ikram comenzaba su presentación y fuimos recibidos por una excelente anfitriona, Gisella Antonello, bailarina y una de las dueñas del lugar, que nos situó en una mesa con una visual estupenda y en la cual estaba una hermosísima pareja que luego nos deleitó bailando un dabke asirio, María Cler Saleme y Abd Abdalaha.

El Ballet Ikram demostró una vez más porque está entre los mejores, el verlos bailar ya alegra el espíritu, y lo hacen con la misma pasión y profesionalismo ante dos mil personas que ante cien.

La Orquesta de Raffi Avakian no tuvo respiro en toda la noche y su música llenaba el ambiente. Capítulo aparte merece la ejecución del derbake a manos de Pablo Elazhar, un virtuoso que nos deleitó en un maratón de excelentes temas de Oriente Medio.

Posteriormente bailaron danzas griegas la pareja de Chiqui y Adriana Stepanian, cantó e hizo bailar Levon Kevorkof y pudimos disfrutar de esta hermosa amalgama de lo árabe-armenio-griego, cuya fusión desdibuja los contornos y al igual que la vida misma compartida en las tierras de Oriente y aledaños, uno ya no distingue donde termina una y comienza la otra. Así de unidas, así de retroalimentadas las comunidades.

Compartir la velada con Gaby Bufe fue de vital importancia en este nuevo desembarco, (luego de tantas décadas), en tierras mediterráneas; es un gran anfitrión. Me presentó gente maravillosa que hizo de la velada un momento inolvidable. Juan Pablo Marengo Blanas, Viviana Saf, (que junto a Gaby Bufe y María Cecilia Abuh han hecho posible, a través de los datos aportados, que esta nota pueda ser, ya que transcurrido casi un mes, muchos detalles y nombres se desdibujan), y entre otros, el prestigioso Facundo Toro.

Me detengo un momento en la figura de Facundo porque me sorprendió gratamente su humildad, su bonhomía, su generosidad. Bien es sabido que de buen árbol sólo puede salir buena madera, y de ésto hablamos un buen rato ya que, su padre, Daniel Toro, es toda una institución en mi familia, y sus bellas canciones me acompañan desde mi más tierna infancia. La alegría y reconocimiento que mis palabras reflejaron en su rostro, demuestran el tipo de hombre, de hijo que es, y que no sólo ha heredado el talento y la voz del padre sino también su hombría de bien, su sencillez y su grandeza.

Luego de un buen rato a gaseosa con jugo de limón, (el hígado lo pedía a gritos), y de ver pasar delante de mis ojos un helado y apetecible arak, comenzó el baile y la pista se llenó.

Tengo presentes algunos rostros, en los cuales se disfrutaba el goce reflejado por el placer de bailar: Susana Wassan Taha, María Cecilia Abuh, Viviana Saf, Gabriel Bufe, Juan Pablo Marengo Blanas, Samir El Sukaria, y un plus, la pareja de Yamil Mustafa y Ceci Minetto Vázquez, ver un raksa bien bailado por enamorados es sublime.

Para Maktub fue un cierre de ciclo, para mí un reencuentro con amigos, con familia, con las raíces, con la memoria de la sangre. De la Qûrtuba argentina procede el 50% de mi código genético, que se hace el 100% en la Qûrtuba andaluza. Volver luego de tantos años fue muy movilizante, muchos recuerdos se agolparon…y golpearon. Aromas, vistas, ausencias. Las imponentes sierras de mi niñez estaban allí, tal cual las recordaba.

Ilâl liqâ Qûrtuba, que esta vez la espera sea menor.

Por Moro
Para Páginas Árabes

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Buenos Aires celebra Líbano 2016

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El domingo pasado la ciudad de Buenos Aires celebró a la República de Líbano. Fue mucha la concurrencia Al Hamdu Lillâh, favorecida por el buen clima. Desde un primer momento pensé en documentar cada una de las presentaciones, (que fueron muchas y variadas), pero me encontré con paisanos que hacía mucho no veía, y con otros que, a pesar del trato virtual, aún no habíamos tenido el gusto de estrecharnos en un abrazo, así que el “reportero” fue dejado de lado y me entregué al disfrute de Líbano, su cultura, sus costumbres y su gente.

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Y en esa recorrida, fue muy grato reencontrarme luego de tantos años, (y muchas más promesas de juntarnos a compartir un kahwâ), con los queridos Abelardo Yunes (del Club Libanés de Buenos Aires), Daniel y Nabil Attar (de la entrañable Asociación De Beneficencia Drusa de Buenos Aires, que por lo que me han dicho han realizado unas reformas espectaculares, por tanto habrá que ir a verlas y de paso degustar su exquisita cocina árabe. Un viernes estaremos por allí compartiendo kahwâ, taule y baile junto al querido Mufid Slica), Walter Salih y esposa junto a la preciosa Ruqaia (una verdadera princesa), el eximio bailarín Gabriel Ahmed, Yibril Assad de Al Nur Catering / Media Luna Halal, (prometí pasar por su stand en la Feria Tradicionalista de Mataderos y degustar sus exquisiteces), y Deborah y Enzo Pastrana.

Llegué justo para la primera presentación del Ballet Ikram, (de Córdoba Capital), y los sigo disfrutando tanto o más que cuando los conocí en el Buenos Aires celebra Siria de 2014. Son profesionales en cada detalle y en todo el sentido de la palabra, disfrutan y hacen disfrutar el baile. Ha sido enormemente grato el reencuentro con María Cecilia Abuh, Susana Wassan Taha, Yamil Mustafa, Chibli Andres Bitar, Samir El Sukaria… Todo Ikram es impecable, y donde ellos están, el clima se hace de fiesta. El momento emotivo ocurrió en el cierre de su última coreografía, cuando recordaron a Pablo Jarma, miembro del Ballet que se adelantó este año en la gira por las pistas del Padre Creador.

El cierre con el Ballet Firqat al Arz fue un deleite para los sentidos, una exquisita puesta en escena de una boda libanesa. Se nota la preparación, el disfrute, el entusiasmo. Firqat al Arz siempre brilla entre los mejores.

Capítulo aparte sería describir lo que fue conocer personalmente al cuarteto formado por Gabriel Bufe, Javier Al Zayar, Andrés Pastrana y Nawel Jalil… ¡Casi una experiencia religiosa! Como diría el filósofo autodidacta Hinrīk Kanayis, (más conocido en Occidente como Enrique Iglesias). Todos hiperkinéticos, con el dabke bullendo en las venas y sin poder dar rienda suelta a la pasión, porque, si hubo algo que faltó, fue una orquesta en vivo que se hubiese dedicado a hacer bailar a la gente, (o aunque sea una buena selección “envasada” de lo mejor del dabke), el espíritu estaba, la gente quería bailar, se juntaban dos o tres, despuntaban el vicio con unos pasos, pero ello implicaba perderse lo que ocurría en el escenario. Ni que hablar del cuarteto de marras!. Creo es un punto importante a tener en cuenta para los próximos “celebra”, darle una mayor participación a la gente que no tiene la posibilidad de compartir sus raíces y cultura muy seguido.

En el final de la jornada, se corrieron las sillas, se desplegó una hermosa e inmensa bandera de Líbano y posteriormente se armó el baile… pero no alcanzó, el espacio era pequeño, los cordones divisores de carriles obstaculizaban el desplazamiento de las filas, y creo en verdad que el escenario en Avenida de Mayo entre Perú y Chacabuco permitía un mejor desplazamiento e invitaba al baile.

La opinión compartida es que nos hubiera gustado ver y disfrutar de la inigualable seducción de un raksa, (sólo comparable a una zamba argentina bien bailada), y la contagiosa adrenalina de un inmenso dabke colectivo. ¿Quién les dice? … quizás sea en la próxima.

Por Moro
Para Páginas Árabes

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