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Historias de inmigrantes – Árabes en Chilecito, La Rioja

Almacén de ramos generales

La Ciudad de Chilecito, ubicada en la provincia de La Rioja, Argentina, está ubicada al pie de la Sierra del Famatina en el lugar donde existía una antiguo tambo incaico, sede del curacazgo más austral del imperio.

Chilecito fue fundada como Santa Rita en 1715 por Domingo Castro y Bazán. Su denominación actual le llegaría con el tiempo, a causa de la gran cantidad de chilenos que trabajaban en sus minas, las que funcionaban como principal impulso al desarrollo regional.

A fines del siglo XIX y principios del XX, Chilecito adquiere relevancia a nivel nacional por ser el centro de explotación minera más importante.

Mina La Mejicana

Mina de Oro La Mejicana, esperanza de progreso

Cuando se inauguró la mina, en 1905, era uno de los cablecarriles más largos y altos del mundo. Tenía 35 km y sorteaba un desnivel de 3.500 metros: de los mil y pico de Chilecito hasta los 4.600 de La Mejicana, la última de nueve estaciones. Se construyó en 18 meses con un préstamo del Banco Nación. La obra estuvo a cargo de la empresa alemana Bleichert&Co., y la explotación de la mina, de una firma inglesa: FamatinaDevelopment. Se usaron diez mil remaches, (no existía la soldadura), y más de 600 mulas porque todo el material, desde el hierro hasta el agua, se subía a lomo de mula. También se usó a mucha gente, unos mil seiscientos hombres.

Durante por lo menos diez años ,en 1914 se retira Famatina Development por el comienzo de la Primera Guerra Mundial, se extrajo oro y más oro y todavía más oro, (también plata y cobre). Llegaba en vagonetas por el cablecarril de La Mejicana a Chilecito y de ahí directo en tren a Rosario y después en barco a Inglaterra. Oro ya fundido, lingotes de oro.

Trabajadores de la mina La Mejicana


Una historia de Inmigrantes

Chilecito vivió un período de auge. Abrió la primera sucursal del Banco Nación y las estaciones del cable estaban conectadas por una de las primeras líneas telefónicas del país.

El floreciente progreso que a principios de siglo XX trajo la explotación de la minería, atrajo el interés de nuevas corrientes y grupos de inmigrantes árabes, que llenos de ilusión y esperanza llegaron a nuestras tierras.

Matil Lléseri, nos cuenta con mucha nostalgia las circunstancias que rodearon la llegada de sus antepasados directos, allá por el año 1907. Su padre, Don Juan Lléseri con solo 19 años de edad, soltero, llega a esta tierra chileciteña, en momentos en que ya ejercían el comercio, precursores de su país que estaban familiarizados con la vida del lugar, e interesados en su medio.

Tengamos en cuenta que llegaban de un país que estaba devastado por sucesivos ataques bélicos y era, bajo esas condiciones, imposible mirar el futuro con optimismo en una zona caracterizada por la incertidumbre de la guerra.

Ello creó un auge, que llevó a muchos jóvenes a poner sus ojos en “el nuevo mundo”, donde había verdaderas posibilidades de progreso.

Don Juan Lléseri llega en un momento justo, Chilecito estaba experimentando una época de esplendor económico, había una gran demanda y la población había crecido enormemente, sumando a ello el nivel de vida que ofrecía el oro del Famatina.

Ya en esa época estaban instaladas otras familias sirias y libanesas, entre ellos, Don Salomón Waidatt, quien era un importante proveedor mayorista de ramos generales, constituyéndose en su principal proveedor.

Con el tiempo, Don Juan ve crecer su negocio, buscando proveedores de Córdoba y Buenos Aires.

Su negocio, instalado en una de las esquinas de la Plaza, (hoy Caudillos Federales), en 9 de Julio y Adolfo E. Dávila, llevaba la denominación comercial “El Tigre” y gozaba de un auge muy particular, debido al floreciente momento económico de nuestra comunidad. Poco después, regresa a su país de origen, (todavía soltero).

Europa estaba amenazada por una guerra y en momentos en que Don Juan gozaba de un periodo de paz, fue sorpresivamente convocado a participar como combatiente en aquella sangrienta guerra en donde Líbano sería dominado por Francia, finalizando los ataques bélicos el 11 de Noviembre de 1919.

Como consecuencia de su participación activa, fue herido de bala en su pierna izquierda, la que le valió la baja de las filas del ejército.

Como dato histórico, queremos recordar que Siria finalmente quedó libre de dominación francesa el 17 de Abril de 1946.

El destino le guió a conocer a la que luego fue su esposa para toda la vida, Doña Anise Mjail (Miguel) Esper Nahás, en Hamma Siria, con quien contrajo matrimonio y fue la madre de sus hijos.

Ya casados vienen a Argentina en un penoso viaje de 3 meses, decimos penoso debido a que el barco había estado estacionado y sin reparar desde antes de la guerra y no estaba en condiciones, partieron desde Beirut, (Líbano), el 2 de Junio 1920 y llegaron el 2 de Septiembre.

A pesar de que Buenos Aires les ofrecía tantas oportunidades de trabajo, Don Juan tenía en su mente el feliz recuerdo de lo que había vivido en la añorada Chilecito, que tan gratos recuerdos le traía.

Parten desde Buenos Aires con su flamante esposa y se instalan en esta ciudad, en la casa de Don Salomón Waidatt, paisano que tenía gran afecto hacia él, además de buenas relaciones comerciales que los unían. 

Don Juan Lléseri continua reanudando la atención de su interrumpido negocio en 9 de Julio y Adolfo E. Dávila, “El Tigre”, con el rubro “Ramos Generales”, y con el éxito que continuaba favoreciéndolo.

En el año 1922 adquiere de la sucesión Guillermo Iribarren, una propiedad consistente en un lote de respetable medida. Dicha propiedad comenzaba en Dr. Santiago Bazán y se extendía hasta las 7 esquinas.

El negocio que ahora abriría sus puertas, en al año 1924, estaba compuesto de salón comercial y dependencias familiares, unidos entre sí. Este nuevo negocio se llamó a partir de ahí “Juan Lléseri”.

Los rubros que abarcaba eran múltiples, incluyendo tienda, almacén, ropería, zapatería, cereales variados, hierbas medicinales, etc.

La extensa zona del oeste riojano, Guandacol, Villa Castelli, Vinchina, etc., eran productoras de trigo, alfalfa, y maíz, que luego con el correr del tiempo, se reemplazaría por viñedos, preferentemente a partir de 1934. Don Juan compraba en cantidades el llamado “trigo pan”, diferente al trigo para locro, y lo procesaba directamente en su propiedad. Una empleada se encargaba de separar el trigo de la paja, y lo lavaba, luego lo embolsaba y lo enviaba a los conocidos molinos harineros “San Francisco”, (hoy Museo) y “Santa Rita”.


Su hija Matil, nos continúa narrando sobre la actividad comercial propia de aquella época. Por ejemplo, el acopio de hierbas medicinales de la zona del Famatina, en donde abunda una interesante variedad. Era adquirida de los “yuyeros” y luego embolsada, (la traían a lomo de burro). Cuidadosamente empaquetada en bolsas arpilleras bien cosidas, eran identificadas con destinatario y remitente, para ser enviadas hacia Buenos Aires, Rosario y Mendoza.

Con el correr del tiempo, don Juan Lléseri adquiere de don Salomón Waidatt, un interesante lote de respetables medidas, hacia la derecha del hospital, transformándolos en viñedo. Esta viña era atendida por idóneos de San Juan, con el agregado de una variedad de plantas frutales, las que eran aprovechadas comercialmente.

En el año 1932, Don Juan construye su propia bodega, la que comienza a elaborar vino al año siguiente, con su propio nombre y apellido, como marca de origen.

Don Gabino Coria Peñaloza, en ese entonces inspector del Instituto Nacional de Vitivinicultura, autorizó la salida a la venta de dicho vino, firmando los libros correspondientes, los que se conservan como reliquia.

El vino tuvo una interesante demanda comercial, elaborando su propia producción de uva y con el agregado de que lo que recibía de viñateros de los distritos.

La llegada de nuevos emprendedores vitivinícolas, y la instalación de la nueva bodega “La Caroyense”, con su moderno sistema de elaboración, influyó para que dejara de existir en 1944. Para ese entonces, el ya había vendido sus dos fincas.

Don Juan y Doña Anise tuvieron 9 hijos: Antonia, Anise, Victoria, Juan Carlos, María Cocab, Alberto, Eduardo, Matil, Oscar Miguel y Ricardo.

La historia de Don Juan Lléseri nos ayuda una vez más, a valorar la labor abnegada realizada por nuestros pioneros, que con sacrificio y honradez supieron forjar un futuro digno para sus hijos.

Por José Luis Campillay

Con información de Diario Chilecito

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Odile Mourad Rufail – De Líbano a Córdoba sin escalas

En el marco del reconocimiento a las mujeres migrantes de la provincia de Córdoba, la Legislatura reconoció el aporte a la vida cordobesa de 17 mujeres migrantes, llegadas de países limítrofes a muy lejanos.

La  historia de una mujer que vivió momentos dramáticos e hizo de la segunda parte, la mejor de su vida, en Córdoba, Argentina.

De Ras- Baalbek a Córdoba Capital

Odile Mourad Rufail (70), termina de dar su clase de árabe en la Sociedad Sirio Libanesa de Córdoba, despide a sus alumnos y cuenta que en una hora llegan más estudiantes. No quiere que pierdan el día.

“¿Qué quiere saber de mí?”, pregunta con una sonrisa y un acento que delata que nació en otras tierras. Esta libanesa, que hace 43 años vive en Córdoba, es una de las mujeres migrantes que han sido homenajeadas en la Legislatura, por su participación en la vida de la sociedad cordobesa.

Nació en Ras-Baalbek, (Líbano), donde se recibió de profesora de francés. Y a los 27 años viajó a Córdoba a visitar a la familia de sus padres.

Odile cuenta la historia: “Llegué a Argentina el 12 de julio de 1975 a conocer a unos tíos y primos. Pero, a los tres meses de estar aquí y ya a punto de regresar comenzó la guerra civil en Líbano. Mi madre me dijo que me quedara aquí porque habían bombardeado el aeropuerto y la situación estaba muy complicada”, relata.

La guerra en Líbano duró 14 años. Odile explica que sus padres y sus cuatro hermanas se protegían de los bombardeos en el sótano de su casa en Zahlé, a 50 kilómetros de Beirut.

Mientras aquello ocurría en su país natal, Odile intentaba adaptarse a la nueva vida. Empezó realizando bordados en una boutique de la ciudad de Córdoba. Allí conoció a una clienta que le pidió que diera clases particulares de francés a sus hijos, que asistían al colegio Monserrat.

Fue el inicio de su carrera como maestra de idiomas. “Mientras ellos aprendían el francés, yo iba aprendiendo el español”, relata. El método, al parecer, fue eficaz. En tres meses, dice, ya manejaba el castellano.

A los seis meses conoció a Miguel Huespe, hijo de un libanés de la localidad de  Deán Funes. “Daba clases en un hospedaje y la dueña era prima de él. Un día me dijo que me quería conocer porque hablaba árabe”, explica Odile.

Cada vez que iba a dar clases al hospedaje, Miguel la esperaba. “Al poco tiempo me dijo que quería casarse con una libanesa”, agrega. Así fue.

Dos meses después, se concretó la boda en Deán Funes. “Nos conocimos en julio de 1976, nos comprometimos el 2 de agosto, el 17 de septiembre nos casamos por civil y el 20, por la iglesia. Cuando fui a conocer a la familia en Deán Funes, todos querían ver a la novia, porque Miguel tenía muchas pretendientes”, se ríe.

En 1977 nació su primera hija Alma, (lleva ese nombre porque Miguel llamaba a Odile “mi alma” y fue una de las primeras palabras que aprendió en español). Ocho meses después, la madre de Odile viajó para reencontrarse con su hija, conocer a su nieta y a su yerno. Luego nacieron sus otras dos hijas, (Claudia y Silvina), y cuando la guerra civil terminó en Líbano decidió, junto a su esposo, permanecer en Córdoba, “su segundo hogar”.

Vivieron juntos 37 años, hasta que Miguel falleció cinco años atrás. “Dios me premió con un hombre bueno”, asegura Odile.

En 43 años en Córdoba, Odile se dedicó a la docencia y a realizar traducciones. Actualmente es profesora de árabe en la Sociedad Sirio Libanesa de Córdoba y en la Iglesia San Jorge, el templo de rito oriental bizantino. Es, además, vicepresidente de la Unión Cultural Argentino Libanesa, (Ucal), que se dedica a la difusión de la cultura de aquel país.

En un principio, las costumbres argentinas le resultaban extrañas. “Me llamaba la atención que la gente que te venía a visitar le gustaba estar en la cocina. En Líbano se recibe en el salón o en el living. Pero me acostumbré y ya no podía decir ‘no pasen a la cocina’”, relata.

Odile sólo volvió de visita a Líbano.

“Me siento mitad libanesa y mitad cordobesa”, concluye.

Con información de La Voz

Agradecemos a Gustavo Moisés Azize la gentileza por la fotografía.

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Mohamed Alì Seineldìn: Un hijo de Líbano en la Gesta de Malvinas

Mohamed Alì Seineldìn, el ùltimo gran patriota

Nacido el 12 de noviembre de 1933 en Concepciòn del Uruguay ,Provincia de Entre Rìos. Descendiente de libaneses, de raíces Drusas, un hombre formado dentro de los principios de honor y fe propios de un lìder innato.

Más allá de lo que significa para nosotros los argentinos, me llena de orgullo que nuestro paisano sea coterráneo de mi padre y nacido el mismo año, con diferencia de pocos días. Para mí ha simbolizado en algún modo también un padre, por sus enseñanzas, por su buen trato, por dirigirme tan bellas y nobles palabras en nuestro breve pero rico contacto.

Sus orígenes
Druso o Catòlico?

Consideraba que una persona debe adecuarse a la religiòn del paìs de residencia, por lo cual eligiò convertirse a la fe catòlica sin dejar de lado los preceptos de su origen Druso.

Segùn las costumbres de sus padres,observaron en aquel niño sus deseos de servir a la patria y lo alentaron a ser soldado. Ingresa al Colegio Militar durante el gobierno del General Juan Domingo Peròn, contrario al pensamiento familiar. Hijo de un activo militante de la Uniòn Cìvica Radical,  contrario al gobierno,produjo serias dificultades para el ingreso a la carrera militar.

Con la ayuda del padre de un amigo de la infancia, logra ingresar al colegio militar.

Su carrera militar

En 1959 con el grado de subteniente fue destinado a la provincia de Misiones a cubrir un vasto territorio desde Cataratas hasta Aguarà Guazù en una misiòn a la que llamaba “no convencional” que comprendìa enfrentar la denominada “guerra revolucionaria”.

Oficial del arma de infantería egresado del Colegio Militar de la Nación, paracaidista, comando, buzo Táctico de la Infantería de Marina egresado en Mar del Plata, oficial de Estado Mayor de la Escuela Superior de Guerra. Instruyó y dirigió las fuerzas de élite de la República de Panamá. Fue instructor de numerosos comandos de oficiales y suboficiales argentinos en el Colegio Militar y en la Escuela de Infantería instruyó a hombres de las tres FFAA y de las fuerzas de seguridad. El 2 de abril de 1982 comandó al heroico Regimiento de Infantería 25 que peleó bravamente y asestó muchas bajas a los británicos. Los soldados veteranos aún hoy veneran a Seineldín, porque recuerdan que los acompañó en las trincheras.

Es el prototipo del soldado espartano, aquel que se hizo famoso en la Grecia antigua por su preparación para la guerra, acostumbrados al sacrificio que debe aceptar en la vida el soldado. y que se inmortalizó con su jefe Leónidas en la batalla de las Termópilas.

Era un soldado completo. En pocas palabras, siempre se preparó para el momento en que la Patria requiriera de sus servicios, entrega y sacrificio. Y así es como lo recordamos.


Gesta de Malvinas

Un día recibió la visita del Comandante del V Cuerpo de Ejército, quien después de la recorrida de inspección para comprobar el estado de la Unidad, le dijo: “Teniente Coronel Seineldín quiero hablar con usted y el General Daher, (Quien se desempeñaba como Jefe de la Brigada IX), a solas”.

Luego de felicitar a Seineldín por el excelente estado de su Regimiento, les pidió que en el más absoluto secreto concurrieran a Bahía Blanca, asiento de ese Cuerpo de Ejército, el primero de febrero de 1982. Cuando se concretó dicha reunión el General García dijo:

–“Teniente Coronel Seineldín, ¿Jura por su honor de soldado, guardar el secreto que le revelaré?…”
–Sí mi General, lo juro.
–He seleccionado su Regimiento, el 25 de Infantería, para recuperar nuestras Malvinas.
–No lo puedo creer mi General, usted me asigna la más hermosa de las responsabilidades, le expresé con gran emoción. Sentía que todo mi cuerpo se expresaba, desde mi piel erizada, hasta mi corazón que latía más de lo normal.

Ese niño, ese joven, y el hoy hombre hecho soldado, sentía que se cumplía su más anhelado sueño. El General Daher y él participarían en la planificación de la operación que debía ejecutarse el día 24 de mayo; luego esa fecha se adelantó para el 2 de abril por los sucesos que se dieron en las Islas Georgias del Sur.

De esta manera, el Teniente Coronel Seineldín, con una sección de su Regimiento, integrando parte de las Fuerzas Anfibias de la Marina de Guerra, se encontraría entre los primeros en pisar las Islas.

Operaciòn “Rosario Azul”

El nombre clave de esta operación era “Azul”; sin embargo, por iniciativa del Teniente Coronel Seineldín, quien se basó en sus creencias religiosas y en un hecho histórico ocurrido durante las invasiones inglesas de 1806, sugirió al Jefe de la operación rebautizar con el nombre de “Rosario” al operativo. Luego del correspondiente pedido de autorización, la operación adopta el nuevo nombre, con el que comúnmente se la conocerá a partir de ese momento.

A las 00 hs. del 2 de abril de 1982 un puñado de Comandos Anfibios y de Buzos Tácticos ponían pie en las Islas Malvinas, la OPERACIÓN ROSARIO-AZUL estaba en marcha. La orden, recuperar las Islas sin causar bajas a las fuerzas británicas ni a la población civil. Fue cumplida acabada y profesionalmente. Hoy es ejemplo de estudio en las principales Academias Militares del mundo.

El Glorioso RI 25 en Malvinas

El RI 25 tuvo una destacadisima actuación en la Gesta de Malvinas, cubrieron el aeropuerto, combatieron en la batalla de Pradera del Ganso, (Goose Green). Sus hombres, (forjados a imagen y semejanza de su líder, (“El turco” Mohamed Alí Seineldín), pelearon con bravura y honor, todos y cada uno. Hombres de la talla del Teniente Primero Daniel Esteban, del Teniente Roberto Estévez, del Subteniente Juan José Gómez Centurión y tantos otros que entregaron todo por la Gran Causa Nacional.



Discurso del Tte.Cnel. Seineldín en las Pascuas de 1982

Omnipotente Señor de las Batallas que con su poder y providencia eres el Rey de Reyes de los cielos, la tierra y el mar:

Porque nos ordenaste honrar al Padre y a la Madre en el cobijo de la Patria terrena…

Porque nos enseñaste a dar a Dios lo que es de Dios y al Cesar lo que es del Cesar…

Porque nos aseguraste que no estar contigo es estar contra ti…

Porque nos aconsejaste buscar primero el Reino de Dios y su Justicia…

Porque caíste en la tierra como semilla para morir y dar con ello abundante fruto…

Porque nos diste una Patria Grande que va desde la Quiaca a la Antártida y desde la Cordillera al Atlántico, donde nuestras son las Islas que hoy huellan con orgullo nuestros pies de argentinos bien Nacidos…

Y porque nuestras madres nos parieron varones y valientes, por eso estamos aquí, porque no amamos tanto la vida que temamos a la muerte y porque si morimos en tu gracia resucitaremos contigo para la Vida Eterna.

Es por eso que en estas pascuas de resurrección nos consagramos al Corazón Inmaculado de tu madre la Virgen María bajo la advocación de Virgen del Rosario, en cuyo nombre fuera designado este operativo y en recordación de la otra gesta heroica de Liniers y la victoriosa batalla de Lepanto.

Reina y Madre de la Nación Argentina:

De hoy en mas depositamos en tus manos nuestros cuerpos y nuestras almas nuestra juventud y nuestra garra criolla, nuestra vida y nuestra muerte, para que dispongas de ellas lo que mejor convenga.

Te consagramos también desde hoy estas Islas Malvinas Argentinas pidiéndote que alejes para siempre todo signo de pecado, de error y de herejía aquí existente. Queremos que –como en el continente – seas honrada con la devoción que mas te agrada: el Santo Rosario, porque solamente así mostraremos al mundo que somos una Nación invencible.

Finalmente, a partir de este momento te reconocemos como comandante en jefe espiritual de nuestros hombres en tierra, mar y aire, y desde lo profundo de nuestro corazón de argentinos damos respuesta a la voz que nos dice:

– A la Virgen del Rosario Subordinación y valor

– Para servir a Dios y la Patria

Seineldin -PPR-MIN

“Jesús, María, Os amo, Salvad las almas”

¡NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO,
SÁLVANOS!


Allí, en el frío suelo de nuestras queridas Islas Malvinas quedó enterrado aquel rosario que prometiste volver a buscar turco querido, y que por designios del Creador no pudo ser.

Capítulo aparte merece tu actuación para devolver a nuestro querido ejército su espíritu Sanmartiniano.

Tuve la suerte y el honor de cumplir mi servicio militar obligatorio con superiores que combatieron con honor y con otros que aún sin haber estado en las Islas tenían la llama viva y así nos la transmitieron. Mi humilde reconocimiento a los entonces Tte.Cnel. Abel Fernando Dalbó, Sargento Pintos, Cabo 1º Alvarez, Tte. Rafael Alejandro Ortiz, Tte. Pedro Rebelato, Sargento Cayo, Sub. Ppal. Polanco, Tte. Eugenio Bruni y tantos que la memoria, en una mala jugada, hace no poder recordar sus nombres. Todos pertenecientes en aquellos años al Glorioso Batallón Logístico 9 que tanto hizo, desde su asiento en Comodoro Rivadavia y también presente en las Islas, por la recuperación de nuestras Malvinas.

Para ir cerrando el presente homenaje, algunas frases de este patriota que hoy debe estar presente en cada uno de los argentinos de bien:

  • “En el peligro el superior siempre adelante y el subalterno siempre
    atrás, en cambio en las actividades de bienestar, el subalterno adelante y el superior atrás”.
  • “En Malvinas no existieron los “niños de la guerra”. Todo los que pelearon eran verdaderos HOMBRES!”.
  • “Mientras haya tan solo un grupo de Argentinos, que resistan a ser conquistados, la patria vive”.

Mi querido Coronel, aplica en un ciento por ciento la frase de Emilio Villarino del Batallón 5 que reza:

“La gloria pertenece al hombre que está en realidad en la arena de la lucha, cuya cara está manchada por polvo, sudor y sangre… quien conoce del gran entusiasmo, de la gran devoción y quien se consume en una causa valerosa… quien al final, en lo mejor, conoce el triunfo de haber llegado, y en lo peor, falla sin importarle demasiado. Así, su lugar nunca estará con aquellas almas frías y tímidas que no conocen ni la victoria ni la derrota”.

Nuestro gran Pro-hombre murió el 2 de septiembre de 2009, de un ataque cardíaco a los 75 años. La ministro de Defensa de Argentina, la ex terrorista Nilda Garré, prohibió que reciba los honores de militar atento a su jerarquía.

Cierro esta nota con las palabras con las que cerrábamos nuestro contacto epistolar:

“Dios y Patria o Muerte”.

Illâl liqâ rais… Hasta el reencuentro! In Shâ Allâh…

Por Moro

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