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Desde Siria, Palestina y la región árabe: Carta de solidaridad con las comunidades autónomas zapatistas!

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Desde Siria, Palestina y la región árabe: Carta de solidaridad con las comunidades autónomas zapatistas!

Para los adherentes a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona

Para el Ejército Zapatista de Liberación Nacional

Para las Juntas de Buen Gobierno

Para las bases de apoyo zapatistas

Para todos los que luchan por crear un mundo donde quepan muchos mundos

Nosotros, los abajo firmantes, desde nuestro rincón del mundo en la región árabe y en el exilio, escribimos para expresar nuestro apoyo a la lucha Zapatista por libertad, dignidad, justicia y democracia directa, una lucha que es inspiración para todos los que luchan para desmantelar todos los sistemas de dominación y deshumanización que han caracterizado el mundo durante los últimos cinco siglos, y contra los que los pueblos indígenas de América continúan luchando.

Desde su levantamiento el 1° de enero de 1994, l@s Zapatistas han transformado la vida de las comunidades indígenas de Chiapas, México, después de haber recuperado gran parte de sus tierras ancestrales, que les fueron robadas con la conquista española hace 500 años, y en las que se vieron forzados a trabajar como sirvientes.

A pesar de los repetidos ataques del gobierno mexicano contra l@s Zapatistas durante los últimos veinte años, los compañeros y compañeras del EZLN siguen defendiendo colectivamente sus tierras y gobernando sus asuntos a través de su propio “Buen Gobierno”, que funciona de manera independiente y sin ninguna relación con el “Mal Gobierno” y sus instituciones.

Recientemente hemos recibido noticias de que las reiteradas agresiones del Mal Gobierno contra l@s zapatistas alcanzaron un nuevo nivel los días 20 y 27 de enero, cuando un grupo llamado CIOAC (Central Independiente de Obreros Agrícolas y Campesinos) “Democrática” atacó la comunidad “10 de Abril”, una base de apoyo Zapatista del Municipio Autónomo Rebelde “17 de Noviembre”. Armados con piedras, palos, machetes y armas de fuego, cientos de miembros de la CIOAC tomaron por asalto la tierra, arrancaron 87 árboles de la reserva ecológica, robaron madera por valor de 41 camionetas, e hirieron a seis miembros del EZLN , tres de ellos de gravedad, y dejando a uno en peligro de perder la vista.

Nos unimos al Consejo del Buen Gobierno Zapatista del Caracol IV Morelia en la denuncia de los ataques llevados a cabo por la CIOAC y sus patrocinadores que provienen de los tres niveles del Mal Gobierno: federal, regional y municipal.

Condenamos todos los intentos del Mal Gobierno para aplastar el movimiento Zapatista, sea a través de la represión militar y paramilitar, las tácticas de intimidación, o por medio de dádivas destinadas a desactivar la resistencia colectiva, despojando a los zapatistas y amedrentando la disidencia.

Reiteramos nuestro pleno apoyo al derecho inalienable de l@s Zapatistas para defender su integridad personal y colectiva, su territorio y su autonomía frente a la guerra contrainsurgente que libra contra ell@s el Mal Gobierno, una institución que hoy en día no cumple más que una función administrativa al servicio de un sistema neoliberal mucho más amplio y de mayor alcance, el cual exige para su funcionamiento la muerte, la destrucción y el despojo.

Como estamos involucrados en una lucha contra el colonialismo y el despojo en Palestina y en una revolución por la libertad y la justicia en Siria, nos identificamos plenamente con el proyecto Zapatista que no busca cambiar el mundo sino crear desde abajo uno completamente nuevo, donde quepan muchos mundos. Este es un mundo, como ellos cuentan, que no deben crear los de arriba, sino “los más pequeños”.

Nos inspiran l@s zapatistas y su forma alternativa de gobierno que se basa en la auto-organización autónoma desde abajo y a la izquierda, liberándose de la hegemonía del Estado y de las políticas electorales corruptas. Son ell@s l@s que nos muestran hoy que la creación de una sociedad genuinamente democrática, igualitaria y no jerárquica no es una mera utopía, sino una realidad. Es una realidad en Chiapas, y puede ser una realidad en otras geografías como la nuestra.

Estamos convencidos de que la lucha en Siria, Palestina y Chiapas sólo puede tener éxito a través de la creación de ese nuevo mundo por todos nosotros, donde quiera que estemos y con lo que dispongamos. Es por esta razón que expresamos nuestra indignación contra todo atentado a nuestros compañeros y compañeras en Chiapas, en una declaración rotunda de que si tocan a l@s Zapatistas, nos tocan a todos.

¡Viva el Ejército Zapatista de Liberación Nacional!

¡Vivan las Juntas de Buen Gobierno!

¡Vivan las bases de apoyo Zapatistas!

Desde abajo, a la izquierda, y desde nuestro rincón del mundo en la región árabe y en el exilio.

Firmantes:

Razan Ghazzawi – Siria – activista
Beesan Ramadan – Palestinna
Yassin Swehat – Siria – bloguero y columnista
Salam Shama’a – Siria
Shadi Rohana – Palestina
Dima Yousef – Siria
Rasha Abbas – Siria – escritora
Khuder Salman – Siria – poeta
Yasmeen Mobayed – Siria – bloguera
Yasser Khanger – Altos del Golan, Siria – poeta
Yasser Munif – Siria – activista
Omar Abbas – Siria
Nisrine al Zahre – Siria
Abdallah al-Khatib — El campamento de Yarmouk, Siria – activista
Mohammad Sami al-Kayyal – Siria – periodista
Raya Ziada – Palestina – activista
Budour Hassan – Palestina
Kamar Izzat – Siria – médica
Nayef Kabai – Siria – activista
Thameena husary – Palestina – activista
Hind Mujalli – Siria – maestra
Ghayath Naisse – Siria – escritor
Shiar Youssef – Siria – periodista
Sam Hammad – activista
Aamer Ibraheem – altos del Golán, Siria – activista
Fouad Roueiha – Siria
Khaled AbdelWahed – Siria – pintor
Najib Mzloum – Siria
Samer Hourani – Siria – periodista
Lina Mohammad – Siria – activista y periodista
Ribal Maghribi – Siria – activista
Motawalli abu Nasser – Palestina – escritor
Raed Wahsh – Palestina – escritor y poeta
Wael Kays – Siria – escritor
Walaa Awad – Siria – periodista
Thaer Zaki al-Zazou – Siria – periodista
Angela Suleiman – Siria – periodista
Omero Koujer – Siria – poeta
Anas al-Arabi – Siria – activista
Ahmad Issawi – Libano – estudiante
Kamal al Rashi – Siria – activista
Amal Eqeiq – Palestina
Mwaffaq Ismail – Siria – Intérprete
Linah Alsaafin – Palestina – periodista
Musab Blachi – activista
Nisreen Mobayed – Siria
Mostafa Omeis – Libano
Lilah Khoja – Siria
Sami Jieries – Palestina
Ossama Mobayed – Siria
Ali kaakarli – Siria
Amal Ali – Palestina
Amena alMashni – Palestina
Mohammad al-Masri – Siria
Zoya Bahbouh – Siria
Hammoudeh Makkawi – Jordania – periodista


¡CONTRA EL DESPOJO Y LA REPRESIÓN: LA SOLIDARIDAD!
Red Contra la Represión y por la Solidaridad
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Con información de : Libre Opinión

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Desde Palestina, con mirada y corazón latinoamericano – Por María Landi

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Habitante de campo de refugiados de Aida, uno de los tres que hay en Belén, la autora, observadora y activista de derechos humanos, desmenuza para Desinformémonos el drama del pueblo palestino.

Campo de refugiados de Aida. Belén, Cisjordania ocupada.

Soy una activista de derechos humanos. He trabajado en este campo desde la dictadura de mi país, Uruguay, hasta Chiapas después del alzamiento zapatista. Desde hace dos años estoy dedicada a la causa palestina, haciendo observación y acompañamiento internacional durante algunos períodos al año. He vivido en la aldea más pequeña del norte de Cisjordania (Yanun, cerca de Nablus), en la Ciudad Vieja de Hebrón (la ciudad cisjordana más grande, en el Sur), y ahora estoy en el pueblo de Belén (a 10 kilómetros de Jerusalén, pero totalmente desconectado de ella por el Muro de apartheid).

Algunas personas me han preguntado por qué a estas alturas de mi vida he decidido volcarme totalmente a la causa palestina. Si yo hiciera la pregunta, la formularía al revés: ¿por qué tan tarde? Pero ya que Desinformémonos me ha invitado a colaborar regularmente con la revista, puede ser una buena oportunidad para intentar responder la pregunta, a modo de introducción a esta colaboración.

El drama del pueblo palestino (un pueblo indígena, originario o nativo de esta tierra) despojado de su territorio y sus derechos elementales por el proyecto sionista de colonización y limpieza étnica sintetiza, para mí, las luchas a las que dediqué mi vida durante 30 años: la libertad de los presos políticos y el fin de la impunidad de las violaciones a los derechos humanos; la resistencia a la militarización y el imperialismo; el apoyo a los pueblos indígenas o campesinos en su defensa de la tierra, el territorio, el agua y los bienes naturales contra el modelo depredador capitalista y neocolonialista; las mujeres como cuidadoras de la vida contra todas las formas de violencia patriarcal, económica y militar.

En estos dos años he intentado –a través de mi blog, artículos, entrevistas radiales e infinidad de charlas y presentaciones públicas- dar a conocer y sobre todo hacer entender la realidad palestina en mi continente, América Latina; donde –estoy convencida- todavía no se la entiende.

La teoría de los dos demonios en Medio Oriente

Como latinoamericana del Cono Sur, encuentro otra similitud entre la tragedia palestina y lo que vivimos en nuestra región. Durante más de 30 años lxs defensorxs de Derechos Humanos nos pasamos refutando la teoría de “los dos demonios”, e intentando explicarle al mundo y a nuestra propia sociedad que los crímenes masivos cometidos por los militares no eran producto de una guerra donde se habían enfrentado dos bandos armados, sino de un sistema de aniquilación de la sociedad civil, planeado y ejecutado desde la institucionalidad del aparato estatal, al que llamamos “terrorismo de Estado”.

La analogía no podría ser más adecuada para explicar la verdadera naturaleza del “conflicto” palestino-israelí. Los medios de comunicación occidentales lo han presentado siempre como una guerra entre dos bandos igualmente responsables por la violencia y la incapacidad de alcanzar una solución negociada (y eso en el mejor de los casos, cuando no se carga todo el peso sobre la “intransigencia” de los palestinos). Esta falsa simetría suele ir reforzada por la imagen estereotipada de los palestinos como terroristas con la cara cubierta y el torso envuelto en explosivos, o con un arma automática en la mano. No pocos intentan incluso presentarlo como un conflicto civilizatorio entre Oriente y Occidente, o hasta religioso entre Islam y el mundo Judeo-cristiano.[1]

Sin embargo, no hay nada más asimétrico que las dos partes enfrentadas en este largo conflicto, ya que nunca se puede equiparar al oprimido con el opresor (al ocupado con el ocupante, en este caso), ni atribuirles la misma responsabilidad. De un lado tenemos a un país del Primer Mundo, con todos los recursos bélicos imaginables, y del otro a un pueblo en su inmensa mayoría desarmado, perseguido y acorralado, que se aferra con uñas y dientes a la tierra de la cual quieren expulsarlo, y la defiende lanzando piedras a los tanques. No en vano las víctimas palestinas son cuatro veces más que las israelíes.

Mientras Israel tiene como aliado incondicional a la potencia más poderosa del mundo (de la cual recibe anualmente dos mil millones de dólares en ayuda militar) y es él mismo la cuarta potencia nuclear del mundo, tiene un sitio en la ONU y una economía que es tres veces la de todos los países vecinos juntos (incluido Egipto), y domina la narrativa en la opinión pública mundial presentándose como la víctima, los palestinos no tienen un sitio pleno en la ONU, no tuvieron nunca un ejército (ni mucho menos armas sofisticadas), tienen una economía totalmente subordinada y 50 veces inferior a la de Israel, y hoy disponen de apenas un 12 por ciento de lo que era su territorio original, la Palestina histórica (mientras Israel mantiene el control absoluto sobre sus fronteras terrestres, su espacio aéreo y marítimo y sus ondas de telecomunicaciones).[2]

Pero por encima de toda la información y los análisis que he intentado elaborar, traducir y compartir, desde que pisé esta “Tierra Santa” (una expresión convencional que me gusta usar en el mismo sentido que los tsotsiles de Acteal hablan de “tierra sagrada de los mártires”) mi principal obsesión ha sido romper los estereotipos fabricados por la maquinaria de propaganda mentirosa israelí (hasbara) y sus cómplices occidentales, y dar a conocer a un pueblo profundamente cálido, comunicativo, amigable, increíblemente paciente y pacífico. Tanto, que al ser testigo directo del infierno en que Israel ha convertido su vida cotidiana hasta en los más mínimos detalles, una no termina de asombrarse que en más de seis décadas haya habido tan pocos atentados suicidas, que la resistencia armada sea tan minoritaria (hoy en día, reducida exclusivamente a Gaza), y que la inmensa mayoría de los palestinos jamás haya usado un arma.

Quienes hemos pisado esta tierra coincidimos en afirmar sin duda alguna que el palestino es el pueblo más hospitalario y generoso del mundo. En cualquier comunidad palestina -urbana o rural, pequeña o grande- la experiencia para cualquier persona que llega del extranjero es la misma: ser bienvenida, agasajada, acogida, cuidada y protegida. Lxs mismxs activistas israelíes lo experimentan cuando vienen a acompañar las ocupaciones, manifestaciones semanales y otras actividades totalmente pacíficas, que son sistemática y violentamente reprimidas por las fuerzas de ocupación.

Vida y muerte en un campo de refugiados

Mi actual lugar de residencia es el campo de refugiados de Aida, uno de los tres que hay en Belén. Para quienes no saben, los campos de refugiados (hay muchísimos en Gaza y en Cisjordania) son asentamientos que se formaron con población expulsada de sus aldeas, pueblos y ciudades de origen cuando las fuerzas sionistas en 1948 y en 1967 realizaron campañas de limpieza étnica para apropiarse del territorio palestino y crear el Estado de Israel primero, y expandir la ocupación después (eso significa que la mayoría de sus habitantes fueron desplazados y convertidos en refugiados dos veces).

Actualmente los campos de refugiados son lo más parecido a una favela brasileña, una barriada de Caracas o un pueblo joven de Lima. Se caracterizan por la pobreza, la precariedad y sobre todo el hacinamiento: debido a la alta tasa de natalidad palestina, las familias van sumando generaciones en la misma vivienda, construyendo una planta encima de la otra o amontonándose en la misma superficie. El espacio público y el planeamiento son inexistentes, los servicios básicos son precarios, y las oportunidades de desarrollo humano mínimas. No obstante, en todos los campos existe una organización dinámica en torno a instituciones que ofrecen actividades educativas, culturales y recreativas (teatro, danza, deporte, talleres, etc.). Una de las vertientes más fuertes de trabajo es la afirmación de la identidad cultural y la memoria colectiva sobre el derecho al retorno a los lugares de donde fueron expulsados durante la Naqba[3]. Por eso las familias guardan las llaves de las casas que fueron obligadas a abandonar y las transmiten de generación en generación. Esas llaves son un componente simbólico poderoso en las artes plásticas, los murales, las danzas y los diseños textiles, y a menudo la entrada de los campos de refugiados está decorada con una enorme llave.

Los muhayyamiin (su nombre en árabe) son también los lugares más politizados y combativos, y por lo mismo, blanco favorito de las fuerzas de ocupación. La semana pasada hubo incidentes en Aida durante cuatro días seguidos. Los “incidentes” no son, como podría pensar un lector desprevenido, enfrentamientos armados entre palestinos y soldados israelíes; son incursiones de las fuerzas de ocupación para reprimir, arrestar e incluso herir o matar a los jóvenes, cuyo delito consiste exclusivamente en tirar piedras contra el Muro que rodea al campo, o –los más intrépidos- tratar de escalarlo para poner en lo alto una bandera palestina. Acciones inofensivas que no comprometen en absoluto la invulnerable seguridad israelí; quizás sí temerarias, considerando que enfrentan a un enemigo sanguinario e implacable, pero totalmente comprensibles cuando esos jóvenes están sometidos a una vida de humillación y abusos cotidianos, sin libertad, sin trabajo, sin perspectivas de futuro, sin poder aspirar a una vida mínimamente normal, y experimentando a diario cómo su dignidad masculina es negada y pisoteada. Se trata de un juego perverso, mortífero y reiterado, donde los muertos siempre los ponen los palestinos, y jamás los soldados.

Algo que diferencia radicalmente a los muhayyamiin de nuestras barriadas populares es la ausencia de delincuencia y los males asociados (drogadicción, alcoholismo, etcétera). El palestino es un pueblo profundamente religioso (musulmán en su mayoría), con una moral muy estricta, donde las actividades criminales se asocian a la colaboración con Israel y se castigan con severidad. Efectivamente, el poder ocupante está siempre intentando corromper a los jóvenes para destruir o debilitar el tejido social; y en algunos lugares concretos parece estar haciendo progresos alarmantes, como la periferia de Jerusalén (donde la policía palestina no pueden entrar, y la israelí deliberadamente la ha convertido en tierra de nadie).

No obstante, aquí –como en casi toda Palestina- yo puedo caminar con total tranquilidad a cualquier hora de la noche con mi cámara y mi laptop a la vista –incluso por los rincones más oscuros- sin el menor temor a ser asaltada. Si encuentro un grupo de muchachos en una esquina, sé que no hay nada que temer, sino al contrario: son guías que me indicarán amablemente cómo llegar a un lugar si no lo encuentro, e incluso me acompañarán hasta mi destino para que no me pierda, preguntándome de dónde soy y repitiendo varias veces “Ahlan wa sahlan” (“bienvenida”).

En mis dos primeros días en Aida, además de intercambiar sonrisas, saludos y frases elementales en “arabinglish” con niñxs, jóvenes, mujeres y comerciantes, experimenté la intensidad con que aquí se pasa abruptamente de la alegría al llanto, de la vida a la muerte y viceversa. La primera noche el muhayyam era una fiesta: todo el mundo estaba en la calle para recibir a Shadi Abu Akar, liberado después de pasar diez años en las cárceles israelíes (un joven que no aparenta más de 30 años). Había banderas por todos lados, carteles y pasacalles con su rostro, guirnaldas de luces y banderitas palestinas, cantos combativos interminables, y por supuesto sillas para recibir a los invitados y ofrecerles café, refrescos, dulces y sándwiches. Aunque las mujeres se mantienen a distancia de este agasajo que suele estar reservado a los hombres, yo, que como extranjera pertenezco a un ‘tercer género’, fui bienvenida y agasajada con naturalidad. Incluso saludé dándole la mano al prisionero liberado, diciéndole que era de América Latina y que estaba feliz de participar de su bienvenida.

Pero la alegría duró poco: al día siguiente se anunció que Saleh Almerin, un adolescente de 15 años (único varón entre seis hijas) del vecino campo de refugiados de Al Azza, que había sido herido gravemente en la cabeza durante los incidentes de la semana pasada en Aida, acababa de morir. Estuve varias horas con la multitud a la entrada de Al Azza, en una noche gélida, esperando que trajeran el cuerpo de Saleh desde Jerusalén. Motazzem, otro adolescente de 17 años, amigo y vecino de Saleh, insistió en quedarse conmigo todo el tiempo, protegiéndome de los gases lacrimógenos que los soldados arrojaron a la gente cuando se concentraba para recibir al difunto (porque Israel no respeta ni a los muertos palestinos ni a sus deudos). “Es que en el fondo nos tienen miedo”- me dijo Mota-; “es la única forma que tienen de defenderse y de controlarnos”.

Desde un balcón de Al Azza asistí en vivo a una escena que tantas veces hemos visto por televisión: el cadáver del niño envuelto en la bandera palestina fue transportado por una multitud de hombres jóvenes en medio de gritos, cánticos y consignas. Las mujeres ululaban y lloraban, y algunos jóvenes amigos de Saleh –incluido mi acompañante- también. Con asombrosa velocidad el cortejo se dirigió caminando varias cuadras hasta el cementerio de Aida, en medio de la oscuridad de la noche sólo iluminada por una luna impávida. “Allah wakbar! Allah wakbar! Allah wakbar!” era el grito más fuerte y persistente, repetido también durante el rápido entierro. La multitud de los dos campos de refugiados era un solo grito de dolor, rabia, indignación e impotencia.

Al salir, una joven de la vecina Beit Jala a la que conozco, me dijo: “Tengo tanta rabia, tanto odio, tanta frustración, que hoy sería capaz de hacer cualquier cosa”. Los muchachos parecían sentir lo mismo, pues un grupo grande se dirigió hacia una de las torres de vigilancia del Muro (donde se apostan los soldados) y empezó a arrojarle piedras de tamaño considerable. La respuesta, como siempre, fue un desborde de gases lacrimógenos, granadas de estruendo y balas de goma forradas de acero.

Pero eso no fue todo: mientras esperábamos el cuerpo de Saleh, corrió la noticia de que otra joven de Belén había sido asesinada por los soldados israelíes ese mismo día. Después supimos los detalles: Lubna Hanash (21 años), estudiante avanzada de ciencias políticas y residente en la localidad contigua de Hindasa, perdió la vida cerca del campo de refugiados de Arroub (en el camino entre Belén y Hebrón). Según testigos sobrevivientes, tres soldados israelíes bajaron de un vehículo frente al centro universitario de Arroub y, sin mediar explicación, dispararon a un grupo de jóvenes. Lubna murió y otros dos están internados en estado crítico. La versión mentirosa de los soldados, desmentida tajantemente por una sobreviviente que fue herida en una mano, fue que los jóvenes estaban provocándolos con cócteles molotov.

Al día siguiente, de nuevo una multitud se concentró frente a Al Azza para salir en marcha de camiones hacia Hindasa, donde todavía tenía lugar el funeral de Lubna. De nuevo haciendo uso del privilegio de ser parte del tercer género, fui invitada por los muchachos a ir con ellos en uno de los minibuses. Llegamos al lugar donde todo estaba dispuesto con gran organización: sillas en fila, café, un toldo grande para proteger del frío, un estrado con micrófono y amplificación para los discursos, presidido por una gigantografía que reproducía el rostro de Lubna; y un público de deudos, vecinos y dignatarios exclusivamente masculino, porque en Palestina los funerales (igual que las bodas) se hacen en espacios separados para cada sexo.

Sin necesidad de pedirlo, un muchacho me hizo señas para que lo siguiera hasta el lugar donde estaban las mujeres, en la casa de Lubna, en cuya fachada lucía una enorme bandera palestina y otra gigantografía con su rostro sonriente. El ambiente allí era más privado, más cálido: las mujeres conversaban (no había discursos ni ceremonias), tomaban café, y también lloraban. Como siempre, me hicieron sentir bienvenida y acogida, las que podían hablaron conmigo en inglés, me presentaron a las hermanas de Lubna, e insistieron en llevarme con su madre. El corazón se me partió cuando abracé a esa mujer deshecha de dolor y la besé varias veces diciéndole entre lágrimas: “Allah iarjama”. Tomé algunas fotos –con el permiso de las mujeres-, pero no quise tomársela a la madre de Lubna: aun cuando podía ser un testimonio poderoso para el mundo, sentí que debía respetar la privacidad de un dolor tan profundo e insondable.

Llorar con las mujeres me hizo sentir aún más cerca de ellas. Mientras tomaba café y conversaba, una de ellas me preguntó (mientras otra traducía): “¿En tu país la gente sabe lo que nos hace Israel? ¿Por qué el mundo no hace nada por nosotros?”. Es la pregunta que escucho siempre a lo largo y ancho de Cisjordania, desde el Valle del Jordán hasta la periferia de Jerusalén, en las aldeas y en las ciudades, y que atraviesa mi corazón como una daga.

Cuando salí de la casa descubrí que los camiones ya habían regresado a Aida, pero no tuve la menor inquietud, porque antes de pensar cómo volver, los hombres del lugar se pusieron de acuerdo y uno de ellos me indicó que subiera al auto para traerme hasta la puerta del muhayyam. Incluso me regaló un poster que traía pegado en el auto con el rostro de Lubna, que me sonríe invencible desde el paraíso de su Dios mientras escribo estas líneas desconsoladas.

Tender puentes hacia América Latina

Yo no tengo una respuesta a las dolorosas preguntas de las palestinas. Lo único que puedo hacer es estar aquí, materializando mi solidaridad, acompañando su resistencia cotidiana cuando enfrentan a los soldados; cuando esperan interminablemente en un checkpoint para ir al hospital, a estudiar, a trabajar o a rezar; cuando los colonos violentos destruyen con total impunidad sus cultivos y sus olivos, matan sus animales y les roban su tierra y su agua; o simplemente llorando con ellas, como hoy.

De hecho este artículo iba a tener como tema la coyuntura política, ya que otra de mis obsesiones es hacerles entender a lxs activistas de América Latina que el tan mentado y flamante “Estado palestino” es una ficción, y que nuestra solidaridad tiene que apuntar en otra dirección que no sea la de celebrar y apoyar algo que no existe. La realidad es que lxs palestinxs sufren a diario un régimen racista de ocupación militar pura y dura, colonización territorial y apartheid jurídico; y eso no sólo no ha cambiado después del 29 de noviembre de 2012, sino que se ha agravado.

Nuestra tarea como colectivos, movimientos y redes latinoamericanos es pues unir fuerzas para boicotear, aislar, sancionar y deslegitimar al régimen colonialista y racista de Israel, con las mismas armas que la comunidad internacional apoyó la lucha sudafricana para derrotar al régimen de apartheid de ese país.

Es lo que nos están pidiendo las y los palestinos de todos los colores desde 2005, y lo que ya están haciendo –con resultados sorprendentemente importantes- en otras regiones del mundo. Pero ese será tema de un próximo artículo.(24/1/2013)

Notas :

[1] Esto es particularmente enfatizado por las poderosas corrientes del cristianismo sionista, surgido en EEUU (donde sus recursos y su poder de incidencia política y mediática son muy similares a los AIPAC, el poderosísimo lobby sionista) pero presente en todo Occidente. No hay espacio en este artículo para profundizar en el fenómeno.

[2] Jeff Halper, Director del Comité Israelí contra las demoliciones de casas (ICAHD).

[3] Nakba significa en árabe “catástrofe” y designa el proceso de limpieza étnica por el que las fuerzas sionistas del naciente Estado de Israel destruyeron más de 500 aldeas, pueblos y ciudades, asesinaron a más de 100 mil personas y convirtieron en refugiadas a unas 800 mil personas, a las que hasta el día de hoy el estado de Israel les prohíbe regresar a su tierra.

 Fuente :  Desinformémonos

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El fin del mundo, según el apocalipsis maya – Por Bernardo Barranco V.

En el centro de la ilustración, la imagen de la diosa Chak Chel vacía un cántaro lleno de agua sobre la tierra.
En el centro de la ilustración, la imagen de la diosa Chak Chel vacía un cántaro lleno de agua sobre la tierra.

Dios no cambiará la condición de un pueblo mientras éste no cambie lo que en sí tiene.

Naguib Mahfuz

Científicos, astrónomos e investigadores han rechazado la idea del fin del mundo, supuestamente vaticinada por los mayas entre el 21 y el 23 de diciembre próximos. En diferentes partes del mundo han centrado su atención y preocupación por las predicciones de una cultura mesoamericana importante, de la que recién se repara en su existencia y legado. El pánico ha crecido moderadamente en algunas regiones del planeta. Por ejemplo, en Rusia, tuvo que salir el primer ministro, Dimitri Medvedev, a desmentir la información de cataclismos y calmar a la inquieta población. En China también se han sucedido compras de pánico y las autoridades han perseguido a una secta de origen cristiano llamada «Iglesia de Dios todopoderoso», que persuade a sus miembros a entregarle todos sus bienes para prepararse para el apocalipsis que, según ellos, se acompañará de la segunda llegada del Mesías, en forma de mujer china. Compras de víveres, construcción de refugios que soporten hecatombes y maremotos, así como las reservaciones en la Riviera Maya están al tope esos días, ya que al parecer florece el turismo apocalíptico de aquellos ciudadanos que quieren ver el fin del mundo en primera fila.

Más que las hipotéticas predicciones mayas, lo que me parece notable es la predisposición de la cultura occidental a las calamidades y a la idea del próximo fin de los tiempos vía la fatalidad y la tragedia. Desde el año 2000, con el advenimiento de un nuevo milenio, la cultura occidental parece fascinada por la idea del apocalipsis y el acaecimiento de una catástrofe inminente. Si bien es un tema presente en casi todas las religiones y civilizaciones, Occidente ahora juega con la idea sicológicamente suicida del fin del mundo, es decir, un estado de espera del fin de los tiempos, una especie de vigilia por el apocalipsis. Los desastres naturales, como el reciente devastador huracán Sandy en Nueva York, las crisis financieras como las que ahora azotan Europa, las coberturas dramáticas de las masacres, fuerzas caóticas, inquietantes y amenazadoras acechan y condensan una sentencia: hay temores y alarma, pero al mismo tiempo anhelos de cambios profundos, de fuertes sacudimientos de época. Antes era la amenaza nuclear, ahora es la ecológica. En ambos la humanidad es responsable del desenlace. Sin duda grupos religiosos inciden, especialmente los milenaristas, sin embargo, el suceso colectivo va más lejos y tiene una fenomenología más compleja. La noción apocalíptica de la historia viene del cristianismo y una noción lineal de la historia. Efectivamente el cristianismo emerge del fin del mundo helénico y de la noción de la historia como concepto rectilíneo que oscila entre la redención y la salvación. El libro del apocalipsis como revelación y profecía de la llegada del Mesías, por tanto, de la discontinuidad dramática de la historia. La escatología es el juicio final como apunta Malcom Bull en su libro compilado: La teoría del Apocalipsis y los fines del mundo, Fondo de Cultura Económica, 1998.

El Códice en papel amate 356 x 20.5 cms., es un manuscrito maya de 39 páginas con la imagen que presagia el supuesto fin del mundo y que está en poder de la Biblioteca de la Universidad de Dresde.
El Códice en papel amate 356 x 20.5 cms., es un manuscrito maya de 39 páginas con la imagen que presagia el supuesto fin del mundo y que está en poder de la Biblioteca de la Universidad de Dresde.

En contraparte la cultura maya tiene una noción circular del tiempo, lo que significa que la historia en algún momento se repetirá o se recrea. Por ello, es improbable una profecía sobre el fin de los tiempos en el calendario maya. Como señala Patrick Johansson, profesor del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), tenemos en primer lugar «un problema epistemológico de un mundo como el nuestro que quiere entender un mundo radicalmente distinto como el mesoamericano prehispánico». Y sobre todo, la noción sagrada del tiempo circular de los mayas y la incorrecta yuxtaposición judeocristiana del devenir. La supuesta profecía maya del fin del mundo se originó a partir de una lectura errónea de una inscripción hallada en un bloque jeroglífico incrustado en un muro, conocido como el Monumento de Tortuguero, en el estado de Tabasco, sureste del país. Esta interpretación viene desde los años ochenta. Por tanto, las predicciones mayas son el resultado de aseveraciones que no están basadas ni en la cultura maya propiamente ni en la ciencia, en particular de la astronomía.

Rigoberta Menchú, en reciente conferencia en la sala Mayamax del Gran Museo del Mundo Maya, en Mérida, se quejó de la manipulación de una cultura que sigue viva y demanda respeto. Concretamente habla de sincretismos mercantiles y de lecturas supuestamente científicas de antropólogos particularmente mexicanos. Los mayas representan una cultura sofisticada en los cálculos y observación astronómica, su manejo depurado de la matemática, inventaron el número «cero» que le permitía conservar una noción mística del tiempo ligado a la producción agrícola. Por ejemplo, en los equinoccios, los alineamientos solares durante marzo y septiembre, los mayas expresaban que la serpiente de luz y sombra que baja por la pirámide durante estas fechas anuncia el tiempo de preparar la tierra para plantar el maíz. La serpiente es la conexión entre el cielo y la tierra, y trae la energía del sol a la tierra para la siembra en la perspectiva religiosa marcada por el animismo que vinculaban sus dioses con la naturaleza.

Más allá del exótico masoquismo occidental, las profecías mayas de diciembre han favorecido en el mundo entero el conocimiento de la extraordinaria cultura maya y sus legados importantes. Coincido con la protesta de Juan Villoro, importa más el actual y cotidiano apocalipsis maya, envuelto en la miseria, la exclusión y la injusticia de cientos de comunidades indígenas que los vaticinios catastrofistas. El fin del mundo se presenta como realidad cotidiana al postergado indígena maya de nuestros días. Continúa el relegamiento, a pesar del levantamiento armado de 1994, ahí sólo reivindicaban los derechos de los pueblos indios y la dignidad de su cultura. Sin embargo, parecemos empecinados en desaparecerlos y ser los verdaderos ejecutores del fin de su mundo.

Fuente : La Jornada

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Por un perpetuo 11 de Octubre!!! (Último día de libertad de los Pueblos Originarios).

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Se nos habla de la “celebración”del “descubrimiento” ,(¿de qué descubrimiento hablan? … nosotros no necesitábamos “ser descubiertos” ! … sabíamos y sabemos quienes somos! … ahora, si se refieren a que descubrieron la manera de vivir sin esfuerzo y sin trabajar,explotando en aquella época,y aún hoy,a los habitantes de este suelo para obtener y posteriormente rapiñar las riquezas de nuestra tierra … pues … que lo digan claramente!),y del “día de la raza”, ¿de qué raza hablan?,no será de la nuestra,mancillada y casi exterminada … pues sonaría a burla.

Los pueblos originarios consideran esta fecha como el último día de libertad de América.

El 12 de octubre de 1492 comenzó un período de esclavitud, de quitas de riquezas,para quienes vivían hacía siglos en América … lamentablemente … ese período aún no ha terminado,sólo ha cambiado de personajes.

Saquearon nuestra riquezas,sobre todo oro y plata,(muchas de las cuales,aún hoy,permanecen en el Vaticano y la corona española),esclavizaron a los pobladores originarios,(yugo que aún hoy conservamos a través de compañías extranjeras e incluso el FMI),y nos impusieron “su” religión.

(Bien conocido es el triste chascarrillo que cuenta que,cuando llegaron,“ellos” tenían la Biblia,y nosotros las tierras … y al poco tiempo … “nosotros” teníamos la Biblia,y “ellos” las tierras).

[La primera Nao enviada por Francisco Pizarro con una muestra del rescate de Atahualpa llegó a Sevilla el 5 de Diciembre de 1533 y la segunda, con Hernando Pizarro a bordo, el 9 de Enero de 1534; transportaban 100.000 castellanos de oro, unos 450 kilogramos, que sólo constituía una tercera parte de lo que le correspondía al Rey: en el Perú, Francisco Pizarro se había apoderado para ese entonces de nueve toneladas (9.000 kg.) de oro puro y cincuenta (50.000 kg.) de plata].

Éstos,¿cristianos?,trajeron millones de africanos como esclavos en nombre de Occidente y de Cristo. Venían con la espada y con la cruz … rara manera de pretender traer paz y bienestar a nuestras tierras!.

Pero,¿dónde y cómo comenzó nuestra odisea? … debemos remontarnos a la vieja Europa …

El Duque de Medinacelli, Don Luis de la Cerda, era descendiente directo del Rey Alfonso X, el Sabio. En su Castillo se aloja Quiblón en 1484, cuando abandona definitivamente Portugal para radicarse en España y llevar a cabo la misión más importante de su vida.

Permanece entregado a esa empresa en el Castillo de Medinacelli hasta 1486, fecha en la que el mismo Duque anuncia a los Reyes Católicos la presencia del hombre que descubrirá para España los extensos y ricos países del Oeste.

Los soberanos están dedicados a completar la Reconquista y ello causará, inevitablemente, que tarde o temprano caiga Granada en manos cristianas: ésa sería la señal esperada por Quiblón.

Pero es necesario hacer conocer previamente los planes de Quiblón, familiarizar a los Reyes y a la Corte con el futuro Almirante de la Mar Océana. Y es por eso que ya en 1486 arreglan la primera entrevista de Quiblón con Don Fernando y Doña Isabel, que se hallaban a la sazón en Córdoba.

Fray Hernando de Talavera, el Domini Canis que los Reyes nombraron para estudiar la propuesta de exploración de Colón, dio un fallo adverso y procuró desprestigiar al visionario.Empero hubo personajes que durante años apoyaron a Colón: el Cardenal Pedro González de Mendoza; el Contador Mayor del Reino, Don Alonso de Quintillana; el preceptor domínico del príncipe Don Juan, Fray Diego de Daza; el Camarero del Rey, Don Juan Cabrero; el Comendador Don Gutierrez de Cárdenas; el astrónomo franciscano Fray Antonio de Marchena; etc. Y, la ayuda más efectiva: la de Luis Santangel, el Escribano de Ración de la Corona aragonesa, especie de secretario del Rey de Aragón; quien era poderoso banquero y pertenecía a una familia hebrea recientemente convertida al cristianismo. Este personaje siniestro, en combinación con un grupo de banqueros judíos de Génova, sería el financista de la expedición de Colón, en 1492: ofrecería entonces un préstamo de un millón de maravedises a tan bajo interés, 1,5%, que prácticamente decidiría a la Reina a autorizar el viaje de Quiblón.

Quiblón
Quiblón

El 2 de Enero de 1492 Boabdil entrega Granada a Don Fernando y a Doña Isabel; a continuación, el Arzobispo Domini Canis Hernando de Talavera conmina a los herejes,a convertirse al cristianismo: en caso contrario deberán abandonar España.

Fray Juan Perez es confesor de la Reina Isabel; él puede allanar todos los obstáculos para que Quiblón se exprese ante los Reyes,entonces se dirige a Granada y concierta la famosa entrevista; Luis Santangel y los banqueros judíos genoveses se aprestan para financiar la empresa que será una vía de escape infalible para sus hermanos de raza.

En Abril de 1492, Quiblón, el judío converso, quien poco antes carecía hasta de indumentaria y alimentos, reclama para sí y su descendencia el Almirantazgo de la Mar Océana por la Corona de Castilla, el virreinato de todas las tierras descubiertas y los países por conquistar, el diezmo sobre todos los productos que se trajesen a España, ya sea botín o mercancía, etc. Y a tan desmesuradas exigencias acceden los Reyes en la capitulación del 17 de Abril de 1492, firmada en el campamento de Santa Fe, frente a Granada.

El 3 de Agosto de 1492, exactamente en el 1422 aniversario de la toma de Jerusalén, parte Quiblón del Puerto de Palos, en Huelva, con tres Carabelas que ostentan la Cruz con la Orden del Temple. La tripulación se integra mayoritariamente de judíos conversos y lleva un ladino, el Rabino Luis de Torres, que traduce hebreo, arameo y árabe. Contrariamente, no viajan sacerdotes cristianos en las Naos. Retornan el 15 de Marzo de 1493.

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Comprendieron muy tarde que Cristóbal Colón era en realidad “Quiblón”, el Supremo Sacerdote. Cuando todo estuvo claro ya no hubo remedio: España entera, ciega como Perseo, se aprestaba a arrojarse sobre el triple cuello de Medusa. Los derrotó un hombre al que subestimaron desde el principio, un hombre que, irónicamente, jamás ocultó demasiado sus intenciones, un hombre que firmaba S.A.M., es decir, Samekh, Aleph, y Mem, las iniciales de Quiblón que significan “S”hekhinah, “A”vir, y “M”etatrón, el triple principio inmanente del Arbol cabalístico Rimmón. Si se observa el facsímil de la firma de Colón, se comprueba que a la izquierda se encuentra un monograma formado por las letras hebreas Beth y He, iniciales del saludo tradicional Borush Hasheim, y luego S.A.M., en columna vertical.

Los puntos corresponden a una indicación en arameo de “palabra”, y las restantes letras completan una “tabla mágica”, o Kadisch, que puede ser leída en varios sentidos, según las formas cabalísticas: las “S”, a ambos lados de la “A”, quieren decir “Shaddai”; la “Y” es la inicial de YHVH; y la “X” significa “Cristo”, que era sinónimo de Messiah entre los judíos españoles. En el último renglón, bien claro, se lee “Cristo Ferens” que no significa “Cristoforo”, como pretendieron inculcarnos, sino “Heredero del Messiah”, pues ferens equivalía a herencia en la Edad Media.

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Apoyo desde Palestina a Alberto Patishtán y Francisco Santiz López‏

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Emad Sarsak (izquierda), delante de un cartel con foto de su hermano Mahmoud Sarsak, quien lleva 94 días en huelga de hambre en un cárcel israelí, y Yasser Saleh (derecha) integrante del Alto Comité de Apoyo para los Presos, hoy enviaron un mensaje de apoyo desde Gaza a sus hermanos mexicanos Alberto Patishtán Gómez y Francisco Sántiz López, y a sus familiares y partidarios en todo el mundo.

“Manténganse fuertes, como Mahmoud,” dijeron a Alberto y Francisco. “La victoria será suya”.

Emad dijo que Mahmoud, un jugador del equipo nacional de futbol, padece dolor intenso en la clínica de la prisión, pero a pesar de ésto y de su larga huelga de hambre –la más larga en la historia de Palestina– está resuelto a seguir hasta lograr la libertad o morir. “Queremos libertad para Mahmoud, de la misma manera que queremos libertad para nuestros hermanos mexicanos”, dijo. “La familia no quiere que muera.” Señaló que, como Francisco, Mahmoud es totalmente inocente. “No nos han permitido visitarlo desde que lo detuvieron en julio de 2009, cuando estaba en camino a reunirse con su equipo de futbol en Cisjordania. Hasta la fecha está encerrado, sin cargos, sin juicio, bajo la ley israelí denominada “Ley de combatientes ilegales”.

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La gente que apoya a los presos palestinos ha pegado carteles de Alberto Patishtán Gómez y Francisco Sántiz López alrededor del plantón solidario afuera del edificio del Comité Internacional de la Cruz Roja en Gaza City, al unir su lucha para justicia con la de los presos palestinos.

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Emad y Khairy Sarsak, Yasser Saleh y otras personas, exigiendo la libertad para Alberto y Francisco y Mahmoud Sarsak afuera del edificio del comité internacional de la Cruz Roja en Gaza

Con información de  : Proyecto Ambulante

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Wilaya e Hijos de las Nubes: dos películas que hablan del Sáhara llegan a Canarias

La productora Wanda y Nirvana films han ofrecido a la Asociación Canaria de Solidaridad con el Pueblo Saharaui el pre-estreno de las películas Wilaya (el 3 de mayo a las 20:30 horas) e Hijos de las Nubes (el 17 de mayo a las 20:30 horas), ambas en los Multicines Monopol, en la capital grancanaria. Todo lo que se recaude en estas dos sesiones será destinado al proyecto Vacaciones en Paz.

 

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‘Hijos de las nubes, la última colonia’ narra un trayecto paralelo, el que se inició cuando Javier Bardem asistió al Festival de Cine Fisahara en el desierto y, con lo que vio, no en las películas sino en la convivencia con aquellas gentes, inició junto a otros ciudadanos una serie de acciones para llamar la atención sobre la situación de ese pueblo. Entre ellos estaba Álvaro Longoria, ahora director y uno de los productores de esta película, que en febrero se estrenó en el Festival de Berlín: «Los alemanes se quedaron muy sorprendidos e indignados con lo que vieron en la película, querían hacer algo inmediatamente, tuvimos que poner la página web de la película para que pudieran volcar ahí sus inquietudes ante una situación que en su mayoría desconocían», explica Álvaro Longoria.

El documental reconstruye el reparto de África en el que el Sahara acabó siendo español, la convivencia estable con los españoles hasta 1975, el empeño del rey Hassan II en hacerse con esos territorios para construir el ‘gran’ Marruecos, la Marcha Verde y el abandono de los saharauis por parte de España, la intervención del Frente Polisario y la muy compleja red de intereses y silencios que se mantiene desde entonces. «Queríamos tener una visión ‘macro’ del problema, ver cómo es esa partida de ajedrez que mantiene a 200.000 saharauis perdidos en el desierto, mientras Marruecos tiene tomado un territorio que no le corresponde sin que nadie le diga que no puede hacerlo», señala Longoria.

Todo empezó con una campaña para recabar firmas. Consiguieron 230.000 para entregarlas al Gobierno español, «pero debieron tirarlas a la basura». Nadie les recibió. El documental se convierte así en un viaje para intentar buscar explicaciones y recabar información, en el que el popular actor ejerce de ciudadano concienciado y activo. «Javier Bardem hace de guía del espectador, pero no es el narrador, porque no es un elemento neutral y queríamos que el espectador saque sus propias conclusiones». La voz en off que vertebra la película es la de Elena Anaya.

‘Hijos de las nubes, la última colonia’ quiere inscribirse en los movimientos de acción civil, impulsar que «la gente retome su responsabilidad como ciudadano. La Primavera Árabe o el 15-M demuestran que la acción civil está creciendo, porque los poderes no pueden vulnerar los derechos humanos en nombre de los ciudadanos».

WILAYA

«Wilaya», por su parte, retrata el reencuentro de Fatimetu, una joven saharaui que vive en España, con su hermana Hayat en un campamento de refugiados. La ocasión es el entierro de su madre y lo que se genera es la confrontación entre ambas mujeres: la inmigrante europeizada y la hermana minusválida anclada en la sociedad islámica.

«Es un filme militante, aunque militante crítico. Opté por un filme de ficción, para centrarme en la parte social y cotidiana del conflicto, no solo la denuncia», explicó Pedro Pérez Rosado, director de la película, durante su presentación en el la Berlinale, Festival al que acudió también.

«Hay mucho de mi en esa película», indicó Nadhira Mohamed, única de las dos protagonistas que acompañó al director a Berlín, ya que la otra, Memona Mohamed, no obtuvo permiso para viajar. «La primera escena es del barrio donde nací», recordó Nadhira, actriz no profesional, como el resto del reparto, sólo que a diferencia de sus compañeros ella vive, como su personaje, en España, donde estudia y trabaja como camarera.

Para Nadhira, que lleva casi 11 años en España y hacía ocho que no regresaba a los campamentos saharauis, meterse en el papel de Fatimetu «fue fácil, pero lo difícil fue rodarlo allí», explica. «Chocan comportamientos como que el personaje no lleve la melfa (pañuelo de vistosos colores que cubre el cuerpo de la mujer) o mi relación (más abierta) con los hombres durante el rodaje, y eso resulta duro».

Además de ahondar en el drama social de familias rotas o separadas por el exilio, «Wilaya» está narrada desde una mirada femenina, con la mujer musulmana como protagonista colectiva. «En los territorios saharauis, la mujer es la que sustenta a la familia, está en la retaguardia, educa a los hijos. Es la que porta la conciencia cultural», señala Pérez Rosado.

Curiosamente, el interés del cineasta valenciano en el conflicto saharaui nació en México, cuando rodaba el documental «Chiapas: El dolor del sueño» y el subcomandante Marcos le preguntó por la situación del Frente Polisario, el movimiento de liberación que busca la autodeterminación del Sáhara Occidental, la ex colonia española ocupada por Marruecos desde 1979.

Así, después del documental «Sáhara: Un pueblo» y el largometraje «Cuentos de la guerra saharaui», Pérez Rosado cierra su trilogía sobre el conflicto con «Wilaya», que se centra en esa tercera generación de saharauis nacidos en los campamentos pero educados fuera. Ellos, la mayoría exiliados en España, son el otro rostro del conflicto. «Elegí a mis actores entre la gente de los campamentos porque sólo así, creo, se logra una inmersión real en la vida ahí dentro», explicó el realizador.

«Cada generación que crece fuera es una generación que desangra aún más al Sahara de su población y su idiosincrasia», indicó el director, quien admite ser «militante» -aunque recalcando lo de «crítico»-, como «todo aquel que entra en un campo de refugiados». «El suyo es un conflicto imposible de solucionar», explica el cineasta. Son una generación que ha crecido en la cultura occidental, pero tiene muy inculcada su propia identidad, lo que desemboca en un choque interno permanente. Y «por eso, la reconciliación entre generaciones es muy importante».

«Me preocupa mucho que los campamentos sigan viviendo de la ayuda internacional humanitaria después de tanto tiempo. Tienen que evolucionar, y no pueden hacerlo desde el exilio. Para evolucionar la reconciliación es necesaria», añadió.

La recaudación de ambas proyecciones en los multicines Monopol, en Las Palmas de Gran Canaria, irá a parar al programa Vacaciones en Paz, proyecto organizado por la A.C.S.P.S. para traer a Canarias, desde los Campos de Refugiados Saharauis, niños y niñas que serán acogidos durante el verano por familias canarias.

Fuente GGB

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El Olivo, un árbol mítico – Símbolo de la Paz

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En cierta ocasión hubo que escoger rey entre los árboles. El olivo no quiso abandonar el cuidado de su aceite, ni la higuera el de sus higos, ni la viña el de su vino, ni los otros árboles el de sus respectivos frutos; el cardo, que no servía para nada, se convirtió en rey, porque tenía espinas y podía hacer daño.

La palabra olivo y oliva viene del latín olea, que a su vez proviene del griego eala. Más allá de está designación se encuentra el celta olwe o eol. La misma raíz lingüística se encuentra también en el cretense elaiwa y más allá de todas en las lenguas semíticas con la raíz ulu. Parece ser que el nombre cretense irradia hacia Ática como lathi y hacia Grecia continental como elies, pasa a la península italiana como oli y se expande por los Balcanes como eli. Es fácil encontrar esta raíz en las lenguas latinas como el italiano olio, el catalán oli, el francés huile o el castellano olivo-oliva.

En castellano y en otras lenguas peninsulares se utiliza la raíz ole u oli, proveniente del mediterráneo oriental y que ha seguido el curso geográfico y lingüístico de las lenguas latinas. En el lado opuesto del mediterráneo, las culturas semíticas parten de la raíz zait o zeit, que derivó en az-zeitun en árabe y aceitunero o aceituna en castellano. Muchas de las lenguas europeas contienen la raíz latina en sus denominaciones. Así, en inglés es olive o en catalán olivera.

Por otro lado, la palabra griega de elaios significa acebuche (olivo silvestre) y al mismo tiempo designa el acto de arrojar a los malos espíritus, papel que parece ser jugaron de manera importante las ramas de olivo (según R Graves). Nuestra voz acebuche arranca de las formas semíticas y proviene casi directamente del árabe az-zambuy.

La palabra árabe para designar al árbol es, zaitun, la cual parece derivar de zait, cuya raíz es común en las lenguas semíticas. Esta raíz aparece en el fenicio como zeitin y se encuentra también en la lengua hebrea, aramea y, sobre todo, en los antiguos textos que componen la recopilación de libros antiguos conocidos como la Biblia o el Corán.

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Zait equivale en las lenguas semíticas al eol de las greco-romanas; estas dos raíces lingüísticas han recorrido los países y culturas del entorno Mediterráneo de manera paralela. Las voces olimpo y olimpia son propias de los pueblos del norte y Zaid o Said de los pueblos del sur del Mediterráneo, situados concretamente al este del delta del Nilo.

Las palabras adoptadas por las regiones del norte parten de la raíz eol y las que se expandieron por el sur, de la forma zait. Ambas confluyen en la Península Ibérica y se mantienen vivas simultáneamente en el castellano, en las palabras olivo, oliva, aceitunero y aceituna.

La palabra aceite (proveniente, como se ha visto, de la raíz árabe) pasó a designar a cualquier grasa más o menos líquida; tanto en inglés, alemán, francés o catalán conservan la etimología latina, con las denominaciones de oil en inglés, huile en francés y oli en catalán.

La palabra Tat egipcia para designar al olivo ha constituido una raíz que se encuentra en el propio nombre de Toth, el del faraón Tutankhamon y en innumerables denominaciones. Esta raíz se irradió y se diseminó como las arenas del desierto en la voz Tazemurt de los tuareg y otras palabras de origen del centro y norte de África.

La mitología griega afirma también el origen lingüístico y el posible curso de su irradiación. En las excavaciones que dieron a luz el descubrimiento de la ciudad de Cnosos en la isla de Creta se hallaron tablillas correspondientes a la cultura minoica, la cual se desarrollo durante los siglos XXX y X a.C.; entre sus ruinas aparecieron signos que representan tanto al acebuche como al olivo, árbol que debió ser cultivado intensamente en esta isla por una cultura precursora de la civilización griega; así mismo, aparecen registros de inventarios de productos importados, como cereales y aceite de oliva.

La mitología griega atribuye la fundación de Atenas a Cécrope hacia el siglo XVI a.C. y a su promotora y protectora, la diosa Atenea quién, según la leyenda, hizo brotar un olivo en la ciudad con la punta de su lanza.

Algunas leyendas cuentan que tanto Atenea como Cécrope provenían de la antigua Libia, esto es del mundo de los fenicios. Algunas narraciones llegan a establecer que el primer olivo que creció en Grecia provenía de una rama de Libia que fue injertada en un acebuche. Estas versiones aclaran el curso de propagación del olivo en el mundo mediterráneo antiguo.

Ciertas leyendas griegas refieren que Heracles clavó su famosa lanza, hecha con madera de acebuche, en el templo dedicado a Zeus en el monte Olimpia, la cual rebrotó y se convirtió en un árbol sagrado venerado como tal durante siglos.

Los atenienses regularon cuidadosamente la conservación de los viejos olivos dentro de la ciudad: herir o cortar un árbol público estaba castigado con el destierro y nadie podía abatir más de dos olivos, aunque se tratara de su propio terreno.

En los jardines de la Academia fundada por Aristóteles crecían olivos. Según algunos relatos, eran los retoños de los centenarios árboles sagrados los que las tropas persas arrasaron en el siglo V a.C.; luego, por sí mismo los árboles brotaron haciendo gala de la fama inmortal que los convirtió en símbolo de fecundidad y victoria.

Las culturas mediterráneas están trenzadas a este árbol que ha sido venerado, cultivado y expandido desde los mismos tiempos en que se originan sus propias culturas: un olivo creció en la tumba del propio Adán; una pequeña rama llevada en el pico de una provisoria paloma anunció a Noé el principio del resurgir del mundo vivo que él rescató. Esta creencia se encuentra inicialmente en las leyendas asirias y después en la del Noé bíblico recopilado, así mismo, por el Corán. Jesús de Nazaret, lloró en un huerto de olivos ante la proximidad de su muerte que se consumaría en una cruz de olivo, según antiguas versiones cristianas.

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Entre los mitos del génesis griego se encuentra la disputa de Poseidón, Dios de las aguas, y Atenea, diosa de la sabiduría y de la guerra. La confrontación se resolvió en una pacifica contienda cuyo juez sería el rey Cécrope (Cecrop) y su pueblo. En la contienda, Poseidón clavó su tridente en tierra de donde salió un brioso caballo. Atenea clavó su lanza en una roca de la cual brotó un olivo. El rey Cécrope y los atenienses dieron el triunfo a la diosa Atenea, puesto que el olivo produciría la ansiada paz y prosperidad al pueblo.

La victoria trajo como consecuencia la fundación de una ciudad que desde ese momento (según esta leyenda) fue nombrada Atenas. El árbol que creció fue un centenario olivo que los atenienses veneraron y cuidaron durante siglos dentro del propio recinto de la Acrópolis. Atenas fue dedicada a su protectora, quien por otro lado representaba los atributos de sabiduría y justicia que permitían el desarrollo de las artes, el cultivo y la paz; atributos que distinguieron a esta gran ciudad y sus habitantes

El león que mató Heracles cuando apenas contaba con dieciocho años, cayó abatido por una estaca sin trabajar, que el héroe tomó de un olivo silvestre que crecía en el monte Helicón. El olivo brinda una madera fuerte y elástica, símbolos que se atribuyen al héroe griego adoptado por los romanos como Hércules. Los productos de este árbol acompañaron a Heracles hasta su muerte. Su cadáver, según la propia voluntad del héroe, fue incinerado con madera de roble y olivo, y su fuego hecho con una varilla de olivo friccionada sobre una base de roble: los dos grandes árboles míticos de la antigüedad.

Higinio cuenta que este árbol era utilizado para ahuyentar a los malos espíritus. La costumbre griega, que pervivió en el Mediterráneo durante siglos, consistente en colocar ramas de olivo en las puertas de los hogares, responde a esta ancestral costumbre e indica una de las propiedades mágicas del olivo: la de proteger los hogares infundiendo paz y ahuyentando el mal

Cuando Teseo preparaba su expedición a Creta, ofreció sacrificios al dios Apolo, al mismo tiempo que le ofrendaba una rama del árbol sagrado del Acrópolis adornada con lana virgen. Esta costumbre pasó a los romanos y está documentada en Tito Libio.

Los vencedores en los juegos olímpicos griegos eran coronados con ramas trenzadas de olivo; originalmente, la rama no provenía de cualquier olivo sino justamente del árbol sagrado de la Acrópolis, cuya historia está ligada a los orígenes de la cultura griega. Sin embargo, no siempre fue así: desde la primera Olimpiada a la séptima se utilizaron coronas trenzadas de manzano hasta que Pausanias consultó al oráculo de Delfos, quien le indicó que abandonara el manzano y en su lugar utilizara las ramas de un árbol que crecía en los alrededores y que estaba cubierto de telarañas. Pausanias encontró ese árbol; se trataba de un acebuche.

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Fragon de Talles dice que desde la séptima olimpiada se instituyó la rama de olivo, puesto que tenía la categoría suficiente para coronar a los vencedores, los cuales se equiparaban en la tierra al Zeus de los cielos griegos.

Las festividades olímpicas tenían su paralelismo en los juegos femeninos que se realizaban cada cuatro años en honor a Hera, la esposa de Zeus. La contienda consistía en una carrera de carros tirados por cuatro caballos. La ganadora recibía una corona de olivo y durante un año tenía ciertos privilegios en la ciudad de Atenas. Frazer ve en esta festividad un paralelismo con el antiguo matrimonio del sol y la luna en las culturas arcaicas e identifica a la figura femenina con la luna, la cual se encuentra asociada al olivo en monedas y otras representaciones

Los curetas y las sacerdotisas de los templos de Donoa dormían sobre hojas de olivo para que la madre tierra, a través de su árbol predilecto, les infundiera el saber oracular; esto habla de una tradición anterior donde el olivo era considerado representación telúrica.

Esta documentada opinión de Frazer puede precisarse: la corpulencia y amplitud de las raíces de este árbol lo identifican naturalmente con la tierra, por ello, la tradición de los cureta era dormir bajo su copa. Pero ramas y hojas son plateadas en virtud de las sustancias céreas que recubren su epidermis, como estrategia del árbol para no perder agua y resistir las sequías de las regiones donde habita

En las noches, la copa del olivo reluce con la blancura de la luna y su apariencia plateada lo identifica con ella. Esta duplicidad pasa a la diosa que lo ama y representa, Atenea, la cual participa de una doble condición: de guerrera, que solo viste sus armas defensivamente, y de reina de la noche. Los sabios ojos de búho de la diosa representan al ave nocturna que canta al cobijo de los olivos.

Las sacerdotisas adivinas tenían una noche perfecta para el oráculo: dormir en verano en un olivar entre las argénteas hojas de sus árboles, dejándose llevar por la magia de la luna llena y el canto agudo de la vigilia nocturna de los cárabos.

El olivo también simbolizaba la fertilidad. Su abundancia en flores y frutos infundía su virtud a las tierras y a las familias que a él recurrían. Los griegos celebraban durante las fiestas dionisíacas ritos y procesiones en los cuales portaban ramas de olivo, flores y frutas; estas fiestas debían propiciar las buenas cosechas; también portaban las consabidas ramas envueltas con hebras de lana.

De la época de los griegos arranca la costumbre de labrar con madera de olivo imágenes (ahora de santos), los cuales eran colocados en los campos para que propiciaran buenas cosechas. Algunas de estas estatuillas han sido reproducidas en bajorrelieves descriptivos, procedentes de la Grecia del siglo I .

El aspecto solemne y noble del aceitunero representaba las categorías que los hombres esperaban de la vida tranquila. Son innumerables las citas referentes al olivo como árbol de la paz: Virgilio en la Eneida refiere cómo Eneas cuando llega a la región del río Tiber es cuestionado por Palante, hijo del rey Evandro, si sus intenciones son pacíficas o viene a hacer la guerra. Eneas responde con una rama de olivo que le muestra desde la popa de su barco. Orestes hace lo propio al dirigirse a Apolo como suplicante.

Jesucristo entró en Jerusalén y fue recibido con palmas y ramos de olivo. Tal era el símbolo universal de paz y abundancia que el olivo representaba en todas las culturas mediterráneas, que continúa jugando ese papel universal al lado de la paloma.

El aceite de oliva fue para los judíos no solo un combustible para alumbrar la noche con los candiles, sino que tenía también una connotación religiosa. El aceite sagrado que representaba el papel de ungidor en la cultura hebrea fue adoptado por los cristianos.

La veneración por el aceite se encuentra mostrada en estas poéticas y bellas frases del Corán:

«Dios es la luz de los cielos y la tierra. Su luz es como la de un candil en una hornacina….Se enciende gracias al árbol bendito del olivo, el árbol que no es oriental ni occidental, cuyo aceite alumbra casi sin tocar el fuego: es luz de la Luz».

En la tradición cristiana, varias son las vírgenes aparecidas al pie o en los troncos de los árboles. La Mare de Deu de Montolivet (La Virgen del Monte Olivo ), se le apareció a un soldado cuando fue apresado en Palestina; el relato cuenta que logró escapar y extenuado por la huida ,se quedó dormido bajo un olivo y cuando despertó encontró un manto con la imagen de la Virgen, pero ahora el olivo estaba en las huertas de su pueblo natal, Ruzafa, Valencia, en el monte que ahora lleva el nombre de la Virgen, Nuestra Señora de Monteolivete. Ésto debió ocurrir, según cuenta la leyenda, hacia el año 1350.

El olivo silvestre o acebuche es un árbol común en el cercano oriente y en el entorno mediterráneo. El olivo y las culturas occidentales originarias dibujan el mismo mapa geográfico. No se ha establecido claramente dónde comenzó a cultivarse, tal vez porque simultáneamente se hizo en varias regiones donde la vida sedentaria asentó la cultura agrícola y con ella sus tres pilares principales: los cereales, el olivo y la vid.

Si su cultivo comenzó en la antigua Persia o si fue iniciada por asirios o si las primeras olivas crecieron en Palestina, es algo que puede considerarse secundario; lo importante es que se encuentra en los orígenes de las culturas fenicias, asirias, judías, egipcias, griegas y otras muchas menos documentadas de la geografía mediterránea. En este sentido, cabe hablar de simultaneidad.

Las primeras referencias documentadas del cultivo del olivo se encuentran en las regiones orientales de la actual Siria e Irán, cuya antigüedad se remonta a 4000 años antes de la actual era. Lo más probable es que los fenicios jugaran un papel determinante en su expansión a través de las islas del Mediterráneo oriental como Creta o el extremo occidental en la actual Península Ibérica.

En la Biblia se encuentran unas cuatrocientas menciones al olivo o a su aceite. Era la base del ungüento de la unción y la luz que iluminaba la oscuridad de los templos y hogares. Es muy probable que Jerusalén estuviera, desde tiempos anteriores a la palabra escrita, rodeada de olivos.

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El olivo en la Península ibérica

Parece ser que los primeros olivos de la Península Ibérica fueron cultivados en Cádiz y Sevilla; Cádiz fue un enclave muy visitado por los fenicios, los cuales mantenían relaciones importantes a través de su puerto. Otro tanto ocurrió con Sevilla, cuyo río el Guadalquivir fue siempre navegable.

Cundo las tropas de Julio Cesar se enfrentaron en la Hispania con las de Pompeyo, éstos acamparon entre olivos en la región del Aljarafe que rodea a Sevilla, tradicional enclave de éstos árboles y famoso por su excelente aceite. Tales hechos fueron narrados en De bello hispanico por un narrador anónimo al servicio de César en el año 45 a.C. Esta es una de tantas menciones de olivares de la Bética del sur de España.

La palabra Córdoba significa molino de aceite y las menciones de sus olivares y la calidad del aceite por ellos producido ya era famosa desde el tiempo de los romanos, al punto de que el poeta hispanorromano Marcial llamaba a las regiones andaluzas Betis olifera.

La región de Ampurias, inicialmente una colonia griega rodeada de ciudades íberas cuyos vestigios aún se conservan, también fue un importante centro de introducción del olivo, que vio su esplendor en la época romana, en las fértiles tierras de Tarragona, lugar donde se producen hasta hoy día excelentes aceites finos.

Los pueblos árabes que recorrieron la península se encontraron con los magníficos olivares. El geógrafo y viajero Muhammad Al-Idrishi, que vivió entre 1100 y 1166, describe y señala los mayores olivares que se encontraban en la península: hace mención especial de los olivares de Priego de Córdoba y del resto de la Subbética. Señala el aceite sevillano como uno de los mejores de toda la Bética.

En la época de Al-andalus, se expandieron y mejoraron tanto las técnicas de cultivo como las de obtención del aceite; no hay que olvidar que en el oriente Mediterráneo, lugar de donde provenía la cultura árabe, tenían una larga tradición en este sentido. La mezcla cultural tanto agrícola como económica e intelectual dio como resultado la magnífica cultura agraria andalusí que floreció durante el califato de Córdoba.

Durante los siglos XV y XVII se consolidó la expansión y distribución geográfica de los olivares actuales, cuya mayor densidad de plantaciones se encuentra en el centro de Andalucía y comprende a las provincias de Jaén, Córdoba y Sevilla.

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Símbolo de paz y prosperidad, de sabiduría y de victoria. Su tronco agrietado y grueso, que aguanta impávido la dureza del clima invernal y los golpes recibidos en sus ramas por los vareadores, que hacen así caer la aceituna para recogerla del suelo, nos habla de resistencia y de generosidad al darles a cambio el dorado y rico fruto del aceite.

Las hojas pequeñas y perennes, de un color verde oscuro por un lado y plateado por el otro, nos hablan a la vez de la eterna dualidad de lo manifestado y de su permanencia frente a la ciclicidad de sus frutos. Estos, redondos o también ovalados, son símbolo de la esperanzadora preñez del eterno femenino, generador y nutricio, balsámico y apaciguador para los hombres.

Ningún árbol como el olivo para simbolizar la Paz y la Concordia.

«Debemos encontrar la manera de plantar un árbol de olivo en nuestra tierra, que la quemaron. Un árbol de olivo. Para simbolizar –y recordarnos también– la rabia que sentimos.

Para que no se pierdan en el olvido los recuerdos del pasado, que no se pierda en el olvido la rabia del presente, que no se pierda en el olvido nuestro propio futuro. Que algunos, con nombre y rostro, nos lo pisotean. Allá y aquí. En Atenco y en Olimpia, en la Selva Lacandona y en el Peloponeso, en México y en Oriente, en Europa y en América Latina. En el mundo entero.»

Referencias
Nueva Acrópolis Uruguay
Un árbol de olivo (campaña una escuela para Chiapas), Eugenia Mihal.
R. Graves
Rallo, Luis , «Variedades de Olivo en España»., Sevilla, Madrid, Barcelona, México.

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