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Los “Nazarenos” de Medio Oriente

Este símbolo es de hecho una letra del alfabeto árabe, el “nombre”, que corresponde a la “N” del alfabeto latino, una N por “Nasarah”, es decir, Nazareno, el término peyorativo con el que se designa a los cristianos.

El Estado Islámico en Irak, (E.I), comenzó a marcar las puertas de las casas de los cristianos en Irak como forma de perseguir este credo. La persecución a la que están sometidos es tal que incluso los yihadistas más radicales han comenzado a marcar las puertas de las casas con el símbolo de la letra del alfabeto árabe ن, que hace mención a la palabra «Nazareno», la forma de designar a los cristianos por el Corán. Lo cierto es que ante las matanzas e injusticias que se están cometiendo Europa y el mundo han reaccionado usando este símbolo para apoyar a los refugiados y perseguidos, que están recibiendo muestras de apoyo en todo el globo.

El mundo se ha volcado con los cristianos que están siendo perseguidos en Mosul, Irak, por ello ciudadanos de todas las nacionalidades, razas y credos están manifestando su apoyo en la red social Twitter, a través del hashtag que lleva esta misma letra del alfabeto árabe, ن#. Las reacciones no se han hecho esperar.

Ser Cristiano en Medio Oriente

Ya no queda una familia cristiana en la ciudad iraquí de Mosul. La última que quedaba era una mujer discapacitada, a quien los yihadistas del Estado Islámico, (ISIS), dijeron que tenía que irse si no quería ser decapitada. Previamente su casa, como la de todos los demás cristianos, había sido marcada con la letra “nun”, la N del alfabeto árabe para identificarlos como los seguidores de Cristo, el “Nazareno”.

Esta es la realidad que vive desde hace meses la minoría cristiana en Irak, desde que el grupo extremista musulmán –vinculado en sus comienzos a Al Qaeda-, iniciara su avance en este país y en Siria con el objetivo de imponer un califato y gobernar con la sharia o ley islámica, la cual obliga a los “infieles” a convertirse al Islam, pagar la jizya, (el impuesto para los no musulmanes), o de lo contrario ser asesinados.

En el caso de Mosul –la segunda ciudad más importante de Irak-, la amenaza se concretó.Las viviendas, iglesias y demás propiedades de los cristianos habían sido marcadas con la letra “nun”.

Así, bajo amenaza de muerte si no renunciaban a su fe, miles de fieles debieron dejar la ciudad. “Hemos dejado todo en Mosul. Solo pudimos traer lo que llevábamos en el cuerpo, documentos y unas pocas bolsas; esto es todo lo que nos ha quedado. No sé si podremos volver algún día. Tampoco sé qué nos deparará el futuro”, dijo Habib, un católico caldeo.

Ya con el control de la ciudad, los miembros del ISIS se han apoderado de los edificios religiosos. Incluso, según indicó el patriarca de la Iglesia Católica Siria, Ignace Joseph III Younan, los yihadistas incendiaron el obispado local.

“No hay una sola familia cristiana en Mosul”, afirmó a The Guardian, Bashar Nasih Behnam, de 52 años. “La última era una mujer cristiana discapacitada. Ella permaneció porque no podía salir. Ellos, (los fundamentalistas), llegaron y le dijeron que tenía que irse si no le cortarían la cabeza con una espada. Esa fue la última familia”, indicó.

Como un éxodo, los cristianos han buscado refugio en el Kurdistán iraquí, donde las autoridades kurdas –que buscan su independencia de Irak-, les han ofrecido protección.

Todos somos cristianos de Irak!. Por primera vez desde hace unos dos mil años no hay ningún cristiano en Mosul. Los cristianos de Irak, los descendientes directos de los asirio-caldeos, han tenido que escoger entre la muerte y el exilio, tras el ultimátum de los fanáticos del ISIS.

Pero antes de darles a elegir entre la conversión, el impuesto, la huida o la muerte, los islamistas empezaron por marcar todas las casas de los cristianos con un  ن, a menudo inscrito en un círculo.

Una vez exiliados, todos sus bienes y posesiones han podido, por supuesto, ser robados por los “buenos creyentes” que son estos yihadistas del ISIS.

Tras las motivaciones religiosas, el gusto por el dinero y el poder no están nunca muy lejos…

Cristianos, pero también musulmanes, de Bagdad, se han reunido con pancartas de “Soy iraquí, soy cristiano”, para mostrarnos, para hacer reaccionar a los que nos gobiernan, que todos somos cristianos de Irak.

En apoyo a los cristianos de Irak perseguidos en la más total indiferencia, entre el drama ucraniano y el conflicto palestino-israelí, los cristianos de todo el mundo están llamados a mostrar este símbolo – ن –  en las redes sociales.


Reacción en redes sociales

Ahora la letra “nun” se ha convertido en un símbolo de solidaridad con los cristianos iraquíes. Miles de personas han optado por usarla como imagen personal en Facebook y retuitearla a sus contactos con el fin de despertar conciencia sobre lo que enfrentan los cristianos en Irak.

Asimismo, se han lanzado campañas internacionales para exigir a la ONU que reaccione y frene “este verdadero genocidio a los cristianos de Irak”. Una estas iniciativas se llama “Todos somos ‘Nazarenos’”. Sus organizadores señalan que el pedido de poner fin a este genocidio será enviado al Secretario General de la Liga Árabe y sus responsables de Derechos Humanos, Paz, Seguridad y Política Exterior. También llegará al secretario general de la ONU y su servicio de prensa.

Con información de InfoCatolica

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Iglesia Copta en honor a los 21 mártires de Egipto

El pasado 15 de febrero se inauguró la iglesia en recuerdo de los 21 mártires que fueron decapitados por el Estado Islámico, (ISIS), en las costas de Libia en 2015. La iglesia se sitúa en la localidad de Al Our, al sur de El Cairo, (Egipto), en la provincia de Minya, de donde eran originarios la mayoría de estos mártires. El día de su inauguración se cumplía tres años de la muerte de estos mártires, cuyas imágenes dieron la vuelta al mundo. Numerosos fieles participaron en la Misa de inauguración de la iglesia que se desarrolló bajo medidas de seguridad para evitar que se produjera un atentado.

“Estamos muy contentos de tener esta gran iglesia en nombre de nuestros mártires. Es un honor para ellos”, aseguró Boushra Fawzy, padre de uno de los mártires.

Fawzy también mostró su satisfacción de que el tercer aniversario de la muerte de estos mártires se recordara de esta manera.

La construcción de esta iglesia es especial porque en países de mayoría musulmana, como es el caso de Egipto, la construcción de templos de otras confesiones religiosas está fuertemente controlada.

Sin embargo, en esta ocasión el terreno de la iglesia fue cedido por el gobierno local de Al Our y el dinero para construirla provino del gobierno central de Egipto, que donó cerca de 500 mil dólares.

Se espera que los 21 cuerpos de estos mártires sean enterrados en la iglesia, pero hasta el momento no se ha producido el traslado.

Los Cristianos Coptos de Egipto

La palabra “copto” deriva de la palabra griega “aigyptos”. Por lo tanto “copto” y “egipcio” pueden considerarse casi como sinónimos.

Su lengua, el copto, deriva de la antigua lengua egipcia, aunque en la actualidad prácticamente solo se utiliza en el ámbito litúrgico. Casi todos los coptos egipcios tienen el árabe como lengua materna.

Según el Informe de Libertad Religiosa de Ayuda a la Iglesia Necesitada ,(ACN), los cristianos representan el 4,95% de los 84 millones de egipcios, es decir, algo más de 4,1 millones de personas.

La mayor parte de los cristianos egipcios pertenecen a la Iglesia Copta Ortodoxa, aunque también hay una pequeña minoría católica.

Aunque la Iglesia Ortodoxa Copta nació en Egipto, y tiene su principal centro en este país, hay unos 65 millones de coptos repartidos en todo el mundo. Además de Egipto, cuentan con una importante presencia en Etiopía, Eritrea y los dos Sudán.

Fuera de Egipto, es especialmente pujante la comunidad copta de Etiopía, articulada en torno al Patriarcado Copto de Etiopía, donde el 62,8 % de sus 97 millones de habitantes, (casi 61 millones), son cristianos, la mayoría también pertenecientes a la Iglesia Copta Ortodoxa.

Según la tradición, la Iglesia Copta Ortodoxa fue fundada por San Marcos en el primer siglo del cristianismo en la ciudad egipcia de Alejandría.

El cristianismo arraigó con fuerza en Egipto y cuando los musulmanes conquistaron el antiguo país de los faraones en el siglo VII, se encontraron con una sociedad profundamente cristiana.

Sin embargo, los siglos de dominación islámica hicieron que el cristianismo fuera retrocediendo de forma paulatina, con períodos de persecución y períodos de tolerancia, hasta llegar a su situación actual.

La tradición teológica, litúrgica, y cultural de la Iglesia Copta Ortodoxa constituye un patrimonio valioso que ayuda a comprender mejor la historia del cristianismo y la historia bíblica. Los monasterios coptos custodian una gran cantidad de manuscritos de gran valor para la comunidad cristiana.

A pesar de su denominación, la Iglesia Copta Ortodoxa no pertenece a la Comunión Ortodoxa. Los coptos no reconocen al Patriarca Ecuménico de Constantinopla como primado. La Iglesia Copta Ortodoxa se separó del tronco común cristiano durante el Concilio de Calcedonia, en el año 451.

Una minoría Cristiana perseguida

Los cristianos coptos se han convertido en una de las minorías cristianas más perseguidas del planeta. Su arraigo en la sociedad egipcia, el hecho de que sean una de las principales minorías cristianas en Oriente Medio, y su valentía a la hora de defender sus derechos, han situado a los cristianos coptos en el blanco de los atentados terroristas del Estado Islámico.

El 9 de abril de 2017, el Estado Islámico perpetró dos atentados en Egipto contra cristianos en los que murieron al menos 44 personas. Su actual Patriarca es el Papa Tawadros II, con el que el Papa Francisco mantiene una estrecha amistad.

Aunque la mayoría de los coptos pertenecen a la Iglesia Copta Ortodoxa, también hay una minoría perteneciente a la Iglesia Católica Copta, en comunión con Roma pero que sigue el rito copto. La relación entre ambas Iglesias es fluida y amistosa. El diálogo ecuménico juega un papel esencial en la cohesión de los cristianos egipcios.

Con información de: ACI Prensa

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Estado Islámico atacaría antes de noviembre 8

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Entrevista a Alfredo Jalife | Internacionalista geopolítico por Gerardo Yong

Como ya oportunamente lo hemos informado, el Estado Islámico ha reivindicado una serie de ataques terroristas efectuados en distintos países musulmanes.

Recuento

Primero fue en el Aeropuerto de Estambul, en Turquía, donde al menos 36 personas murieron, tres días después, otro ataque yihadista se reportó en Bangladesh, dejando 26 personas muertas, entre ellas nueve italianos y siete japoneses.

Otro más, considerado como el más sangriento tuvo lugar en Irak, que cobró la vida de más de 200 personas en el barrio chiita de Karrada.

En lo que va del año, este movimiento islamista ha perpetrado más de 300 atentados en diferentes partes del mundo con un estilo de ataque que a veces resulta difícil de determinar, los cuales pueden ir desde instalaciones militares, puestos de vigilancia, aeropuertos, restaurantes e incluso hasta lugares religiosos o considerados como sagrados.

Recientemente, arremetió con tres atentados en Arabia Saudita, uno de ellos dirigido contra la principal mezquita musulmana.

En otras ocasiones, opera donde detecta que hay poco control de las autoridades y donde sus propios militantes pueden tener la tranquilidad de fabricar sus propios explosivos como es el caso de Irak, aprovechando el desorden ocasionado por la ocupación estadounidense.

Sus facciones se han extendido de Libia hasta Yemen, Egipto, Pakistán, el Cáucaso y se han registrado milicias que lo apoyan en Filipinas e Indonesia.

En Estados Unidos, los atacantes de San Bernardino y del club gay en Orlando, quienes también reivindicaron sus acciones a favor del Estado Islámico, operaron disparando rifles de asalto kalashnikov, pistolas y cuchillos; un estilo que pareciera ser menos letal, pero que a final de cuentas es también menos predecible, lo que significa una gran ventaja en lugares desprotegidos.

El internacionalista geopolítico por la UNAM, Alfredo Jalife-Rahme, explicó a Siempre! el trasfondo que tienen estos atentados, así como el objetivo que busca el autodenominado Estado Islámico al seleccionar sus puntos de ataque.

 Molestia del EI

¿Qué trasfondo tiene el ataque perpetrado por el Estado Islámico en Turquía?

El ataque de Turquía fue un día después de que se develó la carta de disculpas por parte del presidente Recep Tayyip Erdogan a su contraparte ruso, Vladimir Putin. Al Estado Islámico le molestó esta reconciliación y reaccionó perpetrando un atentado en el Aeropuerto de Estambul. Se sabe que incluso iba a ser peor porque en realidad, el comando extremista tenía planeada una carnicería, pero un agente de seguridad, que siguió a un terrorista, le pareció raro que éste usara un abrigo en plena temporada de calor. Fue así como lo descubrieron y se impidió que se perpetrara un ataque de magnitud aún mayor.

Por otra parte, ese ataque se dio días después a la Cumbre XVI del Grupo de Shanghai que encabezan China y Rusia junto con otros países islámicos de Asia Central. No fue nada casual que tres de los terroristas provengan de Daguestán, otros Kirguistán y uno más de Uzbekistán, precisamente de países que integran ese bloque regional.

Impactante por novedoso

En el caso de Bangladesh, ¿cuál fue el móvil?

Lo de Bangladesh fue más impactante por lo novedoso. Es decir, que en ese país no se habían escenificado este tipo de ataques, pues ha sido como un paraíso. Hay tomar en cuenta que Bangladesh es el cuarto país más poblado de musulmanes, esto después de la India, Indonesia y Pakistán. Tan sólo Bangladesh tiene 168 millones de musulmanes, de los cuales el 90 por ciento son sunitas y un 10 por ciento son hindúes. Bangladesh tiene la principal frontera con la India, pero aquí la intención fue más bien la intención de atacar a nueve ciudadanos italianos y siete de Japón. Esto no es gratuito, pues obligó al presidente de Italia que se encontraba de gira oficial en México a regresarse a su país para atender esta crisis. La intención era señalar que los italianos están contribuyendo en los operativos en Libia contra el Califato que han creado los yihadistas, en la región de Sirte, donde nació Muamar Kaddhafi. Aparte de esto hay que considerar que de los 164 países que tiene el Índice Global del Terrorismo, curiosamente Bangladesh estaba a la par de Suiza en el lugar 124, es decir, es un país paraíso-refugio donde no se perpetraban estos actos.

Además el ataque se dio en un barrio diplomático. Esto significa que el Estado Islámico ha reaccionado así porque le han estado apretando las tuercas en Irak y Siria. Es una reacción a la captura de Faluya, en Irak y al sitio que se está dando en Rakka, que es la capital del Estado Islámico en Siria. En resumidas cuentas, los yihadistas están perdiendo terreno y la guerra.

El Estado Islámico ha reaccionado así ante las presiones que ha tenido en Irak, Siria y Libia, es por eso que lanza ataques en otros países islámicos.

El 85 por ciento del mundo islámico es sunita, los yihadistas que pertenecen al Estado Islámico son sunitas, esto es interesante porque la Conferencia de la Organización Islámica está conformada por 57 países y tiene a mil 600 millones de feligreses.

Esto es, que hay más musulmanes en el mundo que chinos e indios, esto es algo que no se puede soslayar. Estamos viendo la metástasis del Estado Islámico que ha sido golpeado en Irak y Siria. Ahora están pasando a una “recaidización” al estilo de Al Qaeda, movimiento extremista que nunca tuvo un territorio de operación, pero cuyos miembros operaban con guerrillas. Ahora el Estado Islámico está optando por esta vía, a sabiendas de que van a perder la guerra, tras el pacto entre Estados Unidos y Rusia, mismo al que se están sumando otros países del Medio Oriente. Ya es inaceptable que el Estado Islámico tenga un territorio. Así que optan por un plan B que es la recaidización, es decir, operativos al estilo Al Qaeda en cualquier rincón del mundo islámico.

La peor carnicería

¿Qué hay con respecto al atentado de Bagdad?

En Bagdad, el ataque de Karrada es considerado como la peor carnicería que se ha perpetrado en Irak y se dio a finales del Ramadán. Se realizó en un barrio chiita. Los yihadistas no están respetando el mes sagrado del Ramadán, que es el ayuno lunar. Le pegan a los chitas y luego viene la que a mi juicio es importante porque se perpetran tres atentados en Arabia Saudita, en el mismo día.

Uno en Qatif, región chiita de Arabia Saudita, que aunque son minoría, les golpea ahí. Luego atacan en Yedda, en el Mar Rojo cerca del Consulado de Estados Unidos.

El tercero fue cerca de la mezquita donde fue enterrado Mahoma, pero ahí ya cambió el operativo, pues ya le están pegando a los propios sunitas. Uno se preguntaría aquí porqué es esto. Bueno es porque al golpear al corazón del Islam, ellos interpretan que están atacando a los chiitas, que tienen en Mahoma a su máxima figura. En este caso, ya estamos hablando de un choque de civilizaciones al estilo de Samuel Huntington, donde lo que se busca es que se peleen chiitas y sunitas. Esto es lo que yo llamaría la transnacionalización guerrillera de los yihadistas.

Aliados en todo el mundo

¿Estamos viendo un frente enorme en el que puede operar el Estado Islámico?

Si lo vemos bien, los ataques siguen la lógica de un eje que va desde Libia, hasta Estambul, que es considerado como el puente entre Europa y Asia y de ahí hasta el extremo asiático en Bangladesh.

El Estado Islámico tiene aliados en diversas partes del mundo, no necesariamente en países musulmanes, por ejemplo en Nigeria, la nación más poblada de Africa, donde la mitad son musulmanes y la otra mitad son cristianos; ahí está el grupo de Bokos Haram. También en Somalia y Argelia.

Lo que quiero decir es que parece que alguien dejó sembradas las células de los yihadistas de Al Qaeda, al grado que ya hasta empiezan a hacer diferenciaciones entre ellos, que en realidad no existen. El mismo titiritero es el que los maneja desde Afganistán, en la época de los ochentas cuando expulsaron a la URSS de Kabul. No hay país de los 57 que integran la Organización de la Conferencia Islámica que se salve de su presencia. Incluso en Estados Unidos, que sólo tiene seis millones de musulmanes frente a una población de más de 300, ha sido receptora de ataques yihadistas como fueron los casos de San Bernardino y Orlando.

En Europa también, ahí fueron los atentados de Bruselas y de París. ¿Eso qué presagia? Pues que mientras muere el Estado Islámico y su base transfronteriza entre Irak y Siria, no quiere decir que las metástasis que ya se dieron no estén pululando en esos 57 países, y además en Europa y Estados Unidos. Estoy seguro de que alguien lo va a usar previo a las elecciones norteamericanas, porque podría beneficiar a uno de los dos.

Ya vimos que los atentados benefician a Trump. Es algo que no hay que perder vista, pues en México se está dando una pésima lectura tanto del gobierno como de sus “expertos” que no saben nada de Medio Oriente y menos del Islam, sobre las altas posibilidades de Trump.

México no está leyendo bien esos signos, sobre todo en momentos en que sabemos que en Occidente se ganan las elecciones vía atentados a unos días de las elecciones para crear un efecto reactivo electoral.

Yo recomendaría no perder de vista un posible ataque antes del 8 de noviembre, el cual se adjudicaría a los islamistas y que, por supuesto, llevaría agua al molino de Trump.

Entrevista publicada el pasado 9 de julio en la Revista Siempre!

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Pasión por Instagram y por el Corán

Alisa Ganíeva, uno de los nuevos valores de la literatura rusa, retrata en ‘La montaña festiva’ a una juventud consumista que se mueve entre la globalización y la tradición.

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Un terremoto sacudió las letras rusas en 2009. Ese año, el Premio Debut, uno de los más prestigiosos para autores noveles, recayó en el relato de un veinteañero llamado Gula Jiráchev que sorprendió por la crudeza con la que contaba la doble vida de muchos jóvenes de su generación: parados apáticos para sus padres, asesinos callejeros para sus colegas. La sorpresa fue todavía mayor cuando se supo que Gula Jiráchev era el seudónimo de una chica de 24 años cuyo nombre real era Alisa Ganíeva.

Ganíeva nació en la aldea de Gunib, en Daguestán, una república caucásica ribereña del mar Caspio a unos 1.900 kilómetros al sur de Moscú. Hasta su escandalosa consagración, la escritora había publicado crítica literaria y un puñado de cuentos que solo por error cayeron en la categoría de literatura infantil. “En el fondo eran relatos absurdos para adultos, pero los padres empezaron a leérselos a los niños”, cuenta Ganíeva entre risas antes de intervenir en un coloquio sobre literatura rusa en el Centro Conde Duque de Madrid. Su visita coincide además con la traducción al castellano de La montaña festiva (Turner), su primera novela, que arranca con un rumor que desata la histeria: el Gobierno ruso planea construir un muro para separar el Cáucaso del resto de la Federación.

Ganíeva explica que esta vez ha firmado con su nombre verdadero porque todo el mundo sabía ya quién era Gula Jiráchev, dos palabras que significan, traduce, algo así como “bala cariñosa”: “No tenía sentido seguir ocultándose. La figura del escritor aislado es hoy algo muy raro. Incluso la rareza parece parte de la promoción”. Lo que no cambió fue la recepción de la novela: “Muchos dijeron que no soy lo bastante mayor como para ser inteligente o que una mujer no debería escribir cosas así”.

“Cosas así” son los avatares de una sociedad que Ganíeva dice haber retratado fielmente: mezcla de nostalgia comunista, corrupción postsoviética y radicalismo islámico. Con un trasfondo crudamente urbano, el motor de La montaña festiva es la pasión de Madina, una adolescente que cambia las discotecas por la clandestinidad cuando se enamora de un yihadista. La novelista ha conocido, dice, a muchas madinas: “Son personas normales a las que no les interesa la religión. Bueno, ni la religión ni casi nada salvo ver la televisión y estar en Instagram. De repente se vuelven románticas y terminan atraídas por yihadistas a los que ven como caballeros medievales, héroes que luchan por la justicia, contra el consumismo y la globalización”.

Alisa Ganíeva insiste en que su novela trata un tema universal: la lucha entre dos mentalidades, la conservadora y la moderna: “¿Cuánta gente civilizada hemos visto en Europa dispuesta a dejar a sus familias para luchar junto al Estado Islámico?”. Sus padres la educaron en el laicismo, pero tiene primos que han abrazado el Islam sin reservas: “Son conversos y fanáticos. No hablan árabe, pero han leído sobre el siglo VII en Arabia Saudí. Hasta el punto de sustituir sus verdaderos recuerdos por parábolas de la tradición árabe. El resultado es cómico”. En La montaña festiva hay un padre que prefiere que su hija vuelva a casa embarazada antes que con hiyab y otro que sostiene que las teorías de Newton ya estaban en el Corán mientras un telepredicador atiende a una espectadora que duda: “Me he casado varias veces, ¿con cuál de mis maridos viviré en el paraíso?”. Ganíeva dice que la retranca con que trata temas que no andan sobrados de humor le ha procurado “molestias” en forma de amenazas. No les da importancia: “Leer una novela entera requiere cierto esfuerzo y los que me amenazaban hablaban de oídas. Otros querían persuadirme de mi error y enseñarme amablemente la verdad”.

La escritora rusa Alisa Ganíeva, retratada en Madrid ©Luis Sevillano
La escritora rusa Alisa Ganíeva, retratada en Madrid ©Luis Sevillano

Pero no todo fueron anónimos. A los amigos de sus padres les escandalizó que el libro estuviera lleno de jerga, drogas y hedonismo de garrafón. Además, las autoridades repudiaron la imagen que da del país. Lo cierto es que la novela no deja títere con cabeza: la vieja sociedad está corrupta, y la nueva, fanatizada: “La corrupción está en todas partes. Mucha gente no la ve porque está acostumbrada. La escena en la que un alumno le compra el aprobado a un profesor no me la he inventado. Otro problema es, por si faltaba algo, la nostalgia de la Unión Soviética”. Ganíeva era una niña, pero todavía recuerda los últimos años de la URSS: “En las provincias, el estilo de vida soviético duró más tiempo. En las guarderías se cantaban himnos a Lenin. Yo pensaba que era una especie de Santa Claus que iba a aparecer cargado de regalos. Ahora gente de mi edad idealiza un pasado que no vivió”. Con todo, los jóvenes se han reconocido en el estilo sin tabúes de Ganíeva pese a que cada vez se lee menos: “La tirada media de un libro es de 3.000 ejemplares, pero los míos fueron de mano en mano. Muchos jóvenes escriben historias violentas de gente que se rebela contra sus padres y contra el Gobierno. Abundan las distopías porque es una buena forma de hablar de Rusia. Los novelistas imaginan el futuro porque el presente no les gusta”.

Según la novelista, el papel de los escritores sigue siendo importante en su país: “La gente cree que tienen respuesta para todo”. Pero ¿tienen influencia real? “Algunos. Tanto en la oposición como apoyando a Putin. Tal vez no desempeñan un papel importante, pero los políticos creen que sí”. Ella, dice, se mantiene alejada del poder: “Intentaron seducirme para que fuera a actos oficiales, pero no soy de las que se sientan entre políticos. Ni de hacer discursos”. Otra de las que no se sienta es Svetlana Alexiévich, última Nobel de Literatura, y Ganíeva le reconoce el valor cívico. El literario, menos. “Me alegró que alguien de lengua rusa ganara el premio aunque no soy fan de su obra”, explica. “Muchos piensan que se lo dieron por oponerse a la Rusia oficial. No estoy de acuerdo. Es una buena escritora documental. Lo que dice es verdad, aunque no quieran oírlo”.

Cuando hace cinco años Alisa Ganíeva viajó a España para presentar una antología de relatos del Premio DebutEl segundo círculo (La Otra Orilla)—, comentó que el Gobierno ruso dejaba tranquila la literatura, por marginal, y centraba sus esfuerzos censores en la televisión. Ahora la situación ha cambiado: “El año pasado se prohibieron los libros que contuvieran escenas de sexo y de lo que el Gobierno llama propaganda. Algunos se venden envueltos en celofán y con una etiqueta que dice que contienen escenas sin censura”. Según Ganíeva, se justifica la censura política con razones morales. “El léxico moral es el más frecuente en la propaganda oficial”, advierte la escritora, que sostiene que Putin está usando la guerra de Siria para “distraer” a la sociedad: “Un enemigo extranjero siempre une cuando la economía va mal”. Cuando se le pregunta si la literatura puede hacer algo, se lo piensa. Luego responde: “Discutir. Tal vez no pueda hacer nada a gran escala, pero puede hacer pensar a alguien, empezar una discusión. Es el primer paso para cambiar algo”.

Por Javier Rodríguez Marcos
Con información de El País

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Siria: construyen biblioteca subterránea para salvar libros

©emeequis
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Un grupo de jóvenes sirios construyó una biblioteca bajo la tierra con la idea de conservarlos del paso del Estado Islámico, que ha destruido monumentos, bibliotecas y sitios antiguos en general desde que inició su ofensiva sobre ese país.

La idea nació en 2012, cuando los jóvenes tuvieron que abandonar sus estudios universitarios a causa de la guerra. Fue entonces que surgió la idea de recuperar los libros que quedaban bajo los escombros.

“Con los jóvenes como yo que tuvimos que dejar los estudios, los graduados y jóvenes tuvimos la idea de recuperar los libros que estaban bajo los escombros de casas demolidas. Nos ocupamos de señalar en qué casas destruidas fueron encontrados para identificar a sus propietarios. Una vez que la guerra haya terminado, pensamos devolverlos a sus propietarios. También recogimos libros que no se han quemado en las bibliotecas y librerías de la ciudad. Era una manera de salvar nuestro patrimonio cultural”.

Poco a poco el lugar, concebido como una bodega de libros, fue convirtiéndose en una biblioteca pública que cuenta ya con más de 11 mil títulos, y en donde pueden llegar las personas, sentarse y disfrutar de algún texto. El lugar está ubicado en un sótano de la ciudad de Daraya.

“Tenemos obras árabes y extranjeras de la literatura, la filosofía, la teología. Y hemos creado un espacio para la lectura y el estudio, mediante la instalación de mesas y sillas en el interior de la biblioteca”, comenta Abu Malek, uno de los fundadores de este espacio.



El proyecto no sólo promovió la reactivación de una pequeña parte de la vida cultural de esta población siria afectada por la guerra, sino que también motivó a los jóvenes que lo crearon para ver más allá de la guerra.

“He encontrado un propósito en mi vida con la creación de esta biblioteca. No paso días enteros entre el aburrimiento y el temor a nuevos atentados. Ahora, yo aconsejo a los que vienen a pedir prestado un libro, discutimos todas nuestras últimas lecturas. Nuestro próximo paso es completar nuestra colección de películas documentales que se pueden ver en el sitio. Pero todavía nos falta dinero”.

Con información de Emeequis

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El pervertido proceso de captación de yihadistas

Dos yihadistas fueron detenidos en el poblado chavolista de la Cañada Real
Dos yihadistas fueron detenidos en el poblado chavolista de la Cañada Real

Walid Oudra, de 26 años, pasó de perder a su novia y su empleo a odiar la vida y querer matar a «infieles» para satisfacer a Allâh. Este ciudadano marroquí, uno de los tres encarcelados por formar en Madrid de «una red yihadista radical disponible» para atentar en España, que fue desarticulada, se encontraba desorientado y aislado del mundo cuando topó con Abdessadek Essalhi, un fanático religioso que incendió su mente y le captó para hacer la yihad. La red mantenía vínculos con el grupo terrorista autodenominado Estado Islámico (EI) a través de su líder, Yassin El Mourabet, quien difundía sus mensajes en a través de Twitter. El grupo «estaba disponible para cometer atentados terroristas y cumplir un catálogo de actividades» al servicio del EI.

La resolución del juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu, que mandó a prisión a ambos junto al cabecilla de la célula, relata con precisión el pervertido proceso de captación de yihadistas desarrollado en las calles de Madrid. En solo seis meses, Oudra lo tenía claro: estaba dispuesto a matar cuando se cumplieran las señales de un supuesto Apocalipsis. Todo arrancó en mayo, cuando Abdessadek Essalhi, un marroquí conocido en las mezquitas madrileñas por su interpretación rigurosa del Islam, comenzó a contactar con él por teléfono, «ejerciendo como su maestro religioso y espiritual». Las conversaciones, tan frecuentes, generaron en Oudra «una intensa dependencia psicológica» del mismo.

El tutelaje otorgó a Essalhi un «control personal que le permitía manipular a Walid Oudra y dirigir su voluntad condicionando su manera de concebir su entorno y alguno de los valores vitales más básicos», narra el juez. El joven marroquí llegó a consultar a su mentor yihadista cualquier paso de su vida cotidiana. Sin trabajo, Oudra dudaba si debía aceptar un empleo como camarero, porque había que vender alcohol. Essalhi resolvió por él: «Ese trabajo es pecado porque hay que servir alcohol y eso está prohibido». Le aconsejó, así, que continuará buscando un trabajo «lícito».

 Oudra no solo no tenía empleo. La ruptura con su novia —a quien luego tachó de «hipócrita»—, la pérdida del trabajo y «la falta total de medios» para subsistir le llevaron a un gradual aislamiento del mundo, «lo que se materializó en largos periodos de tiempo encerrado» en su casa, en la calle Peña Prieta del barrio madrileño de Vallecas, donde convivía con otro marroquí al que apenas veía.

Este caldo de cultivo alejó a Oudra de sus amistades viejas. El 1 de octubre, en una conversación por teléfono, el yihadista reconoce a su mentor que venía de la «auténtica oscuridad,metido entre gente que bebía alcohol, con una novia hipócrita, todo no era más que pecado». Ahora, «este mundo» ya no tiene ningún valor y solo desea «dedicarse enteramente a Dios», le contaba por teléfono a Essalhi. En la sociedad actual no está cómodo: siente incluso pánico al salir al balcón de su casa por si alcanza a ver a «chicas desnudas».

En otra conversación, Oudra reconoce a su captador que a veces no encuentra el sentido a la vida. «Sí, Dios es grande, que nos tenga en su gloria. Llegué hasta un punto amigo que ya me da igual el mundo, te lo juro, tuve un momento. Odio la vida y hubiera preferido estar muerto. Te juro que ha enfermado, te lo juro. Tengo la idea de hacer un atraco o alguna jugada peor, te lo juro por el Dios más grande», aseguraba, según las conversaciones registradas.

«Les voy a tirar una granada»

En esa situación, su única ventana al mundo era internet, donde se dedicó a formarse en doctrinas radicales. La policía, que mantuvo la vigilancia sobre él, le observó vagando por las calles «sin rumbo fijo». Sus perversiones llegaron al punto que avisó a Essalhi de que debajo de su casa se reunían musulmanes de tendencia sufista, una corriente del Islam centrada en lo espiritual, para meditar. Oudra los llamó «infieles peor que los judíos» y se dedicó a vigilarles durante una semana para mantener informado a su mentor. «Les voy a tirar una granada… van a ser víctimas», le comentó en una ocasión, cuando Essalhi le incitó: «Hay que lapidarlos». En otra llamada, ambos yihadistas fantasearon con la mejor manera de herir a los «infieles». Oudra invitó a Essalhi a liberar aquel lugar donde se reunían los sufistas; este respondió que le diera una espada y lo haría, a lo que Oudra replicó que mejor sería un bazoca. «Sí, sí, que haya sangre, como en la guerra civil», en referencia a Siria.

En los momentos en los que su ánimo flaquea, Oudra llama a Essalhi, quien le asegura que siempre estará ahí cuando lo necesite. Oudra, quien critica que la gente se deje influenciar mucho por el diablo, llama incluso a su madre para contarle «con entusiasmo» la dependencia que experimenta hacia Essalhi, a quien pone por las nubes. Lo que necesita en este momento de su vida es que él «le guíe y enseñe el camino de la senda de Dios». Su mentor también le anima a seguir las enseñanzas de unos imames de la doctrina salafista que promueven la doctrina Takfiri, «diseñada para que los mujahidines se infiltren en los Estados a conquistar, haciéndose pasar por musulmanes occidentalizados con el fin de poder llevar a cabo ataques más eficaces», le explica Essalhi.

El punto culminante del progresivo proceso de degeneración de Oudra llega en una conversación que ambos mantienen el 18 de octubre. Los investigadores sitúan en ese hito el momento en el que ambos yihadistas están fuera de control y pueden atentar en cualquier instante. Esos mensajes desencadenan las detenciones.

El juez relata que, tras esa conversación, tanto Essalhi como Oudra «habrían aceptado como real una espiral apocalíptica que va a justificar según ellos manifiestan de forma clara, expresa e inequívoca la comisión de acciones contra la vida de otras personas». El culmen llegará «en el momento en el que, a su juicio, tengan lugar el conjunto de signos del Apocalipsis», que ya habría comenzado con la sequía del lago Tabrias en Palestina. En esa conversación, Walid Oudra le dice excitado a Essalhi que «se acerca la hora, estamos en ella, te lo juro». El momento de atentar.

Cuando se cumplan las señales «que dijo el Profeta», comentan, llegaría el momento en el que «se cargarían a gente». «Es una oportunidad para las personas que han pecado, como yo», dice el yihadista de 26 años que idolatra a su mentor. El juez, quien explica que el momento exacto en el que ambos yihadistas se iban a sentir «autorizados divinamente a cometer los asesinatos contra los que consideran infieles, liberando así sus almas y redimiendo sus pecados», depende de su voluntad, totalmente viciada por la irrealidad.

Essalhi, quien vivía en el poblado chavolista de la Cañada Real con su mujer y suegros y había sido captado a su vez por El Mourabet, eligió a Walid por sus condiciones especialmente vulnerables y lo había conseguido. El deseo de Walid de llegar a Dios, relata el juez, «pasa necesariamente por el combate y la aniquilación de todas aquellas personas que considera infieles por no cumplir la voluntad divina o ser enemigos del Islam». Duerme en prisión.

Por Luis P. Arechederra
Con información de ABC

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Siria,el patrimonio arrasado

La antigua ciudad de Palmira en Siria
La antigua ciudad de Palmira en Siria

En 2007, un grupo de amigos hicimos un viaje a Siria que nos permitió conocer parte de su impresionante patrimonio. Nos integramos en un grupo más amplio organizado por un mayorista internacional de viajes alternativos y de aventura. Entonces el viaje a Siria podría efectivamente catalogarse como alternativo; hoy ese viaje, obviamente, ya no figura en su oferta.

Fue un viaje de diez días que iniciamos en Damasco. Desde allí nos dirigimos a la costa mediterránea del noroeste sorteando Líbano; subimos hasta las aldeas bizantinas del Norte, cerca de la frontera turca, y giramos hacia el Este para seguir el curso del Éufrates hasta la frontera con Irak. Volvimos a Damasco atravesando el desierto central sirio.

Ese periplo coincidía parcialmente con las rutas históricas que, desde hace milenios, cruzaron el territorio sirio. La principal, la denominada Ruta de la Seda, era una red de caminos que unían el levante mediterráneo con el Lejano Oriente. Una de sus variantes discurría por el norte del país, desde el mar Mediterráneo hasta la frontera con Irak siguiendo en parte el recorrido del Éufrates; enlazaba ciudades antiguas como Antioquía, Apamea, Alepo, Dura-Europos y Mari. En esta ruta se insertaba otra que se iniciaba también en la costa mediterránea más al Sur, a la altura del actual Líbano, y se adentraba en el desierto central sirio para unirse a la anterior en un punto medio del Éufrates; pasaba por Damasco, el oasis de Palmira y Ressafa. Hay una ruta más de trazado norte-sur que, bordeando la costa mediterránea, unía Constantinopla con Egipto a través de las polis griegas de Asia Menor, las ciudades fenicias de la costa (la siria Ugarit entre ellas) y Palestina; esta ruta la siguieron en la Edad Media los peregrinos y los cruzados hasta los lugares sagrados del cristianismo.

Siria fue, por lo tanto, un espacio atravesado por caminos por los que desde la Antigüedad circulaban mercancías de todo tipo y también la cultura y el arte de numerosas civilizaciones. Esa condición de lugar de encuentro confiere al país un carácter singular. En su territorio es posible visitar hoy los restos monumentales de múltiples culturas: asirios, fenicios, griegos, seléucidas, romanos, bizantinos, cristianos y árabes.

Su patrimonio arqueológico es impresionante, en gran parte extensas ruinas de ciudades históricas protegidas en recintos relativamente vigilados. Eso son los restos de la antigua ciudad de Apamea, en el Norte junto al río Orontes, ocupada por los persas y conquistada sucesivamente por los macedonios de Alejandro Magno y los romanos. Fue un importante centro de conocimiento en época cristiana que llegó a tener una población de 500.000 habitantes. Hoy se conservan en pie parte de los muros y columnas de su avenida central, el cardo maximus de cerca de 2 km, cuya perspectiva es fascinante. Fue incluida en la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco en 1999. Ahora, tras cuatro años de guerra civil, es un espacio sin control cuyo suelo ha sido abusivamente perforado por los saqueadores en busca de piezas arqueológicas de valor.

Caso parecido es el del sitio arqueológico de Palmira, uno de los más importantes lugares del Mundo Antiguo. Situada en un oasis en el centro del desierto sirio, una gran parte del comercio entre el Mediterráneo y el Oriente pasaba por la ciudad. Fue capital de un imperio que se extendía por Siria y Líbano bajo el reinado de Zenobia en el siglo III. Como ocurre con Apamea, el visitante necesitaría varios días para descubrir el sitio. En nuestra visita, inevitablemente superficial, nos atrae la avenida central con una perspectiva de columnas que se enmarca con un arco monumental. La gran columnata termina por un extremo en las magníficas ruinas del templo de Bel, el más importante edificio religioso del primer siglo de nuestra era en Oriente Próximo. En el interior de un recinto colosal bordeado por un pórtico de columnas se encuentra el templo consagrado en el año 32 d. C. Su arquitectura se inserta en la tradición griega y romana pero muestra también la opulencia oriental, por lo que desempeña un papel de síntesis entre Oriente y Occidente, cuestión que puede aplicarse al conjunto de la ciudad de Palmira. La visita al templo, que conservaba su grandiosa cella y parte de las columnas del peristilo, fue un momento de gran emoción ya irrepetible. A principios de septiembre la ONU confirmó, a través de imágenes de satélite, que el templo, que figura en la lista del Patrimonio Mundial desde 1980, había sido destruido en agosto por las milicias del Estado Islámico.

Además de Palmira y Apamea hay en Siria numerosas ciudades antiguas que no son más que ruinas exquisitas, sitios arqueológicos imponentes que, aun en condiciones precarias, siguen transmitiendo de un modo emotivo el legado de su historia milenaria y aportando información arqueológica. Como la fabulosa Mari, fundada en el tercer milenio a. C. en las orillas del Éufrates y abatida por Hammurabi en el 1760 a. C.: es el lugar más al oeste de la cultura mesopotámica que aún hoy conserva restos de sus muros de adobe que se visitan bajo una carpa protectora. Y la cercana Dura Europos, también al borde del río, fundada por los seléucidas en el año 300 a. C. En ella convivían templos a Mitra, los dioses griegos, romanos, sinagogas, y hasta la iglesia cristiana más antigua de la que se tiene noticia.

En el Oeste, en la costa mediterránea, la legendaria Ugarit cuyo período de esplendor se extendió entre los siglos XV y XII a. C. Conserva abundantes restos de la ciudad y del Palacio Real, entre ellos una originalísima puerta en un paño inclinado de la muralla. En el palacio se contaron noventa habitaciones y se descubrieron cinco bibliotecas con más de 400 tablillas. El alfabeto ugarítico, que sustituyó al cuneiforme, pudo ser el primero de la historia. Dura Europos y Mari han sido objeto de pillaje y excavaciones ilegales durante la guerra civil en curso.

También existen monumentos que no son ruinas o lo son en menor medida y conservan gran parte de sus cualidades originales en muy buen estado. Por ejemplo, el Crac de los Caballeros, un castillo situado en una colina cercana a la ciudad de Homs en un importante sitio defensivo que ya lo era antes de su ocupación por los cruzados. Éstos lo capturaron en 1099 en su marcha hacia Jerusalén y más tarde, durante los siglos XII y XIII, los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén construyeron la imponente fortaleza, la mayor de Tierra Santa. Con su doble recinto amurallado constituye el prototipo perfecto de la arquitectura militar de la época. Se accede al recinto exterior por un largo pasadizo en rampa y abovedado cuyos giros en zigzag y ocasionales entradas de luz le conferían un aire pintoresco. Visitamos una larguísima sala abovedada que había sido la caballeriza, la Gran Sala y la Capilla, de aspecto gótico que se abrían a un patio en la plataforma superior. Nos impresionó el aspecto macizo de sus paramentos inclinados sobre los que emergen las torres cilíndricas dando lugar a difíciles encuentros geométricos perfectamente ejecutados. El monumento figura en la lista del Patrimonio Mundial desde 2006. Esto no impidió que durante la guerra civil, especialmente en los años 2012 y 2013, fuese el centro de numerosos combates que han devastado parcialmente el lugar.

En fin, la lista de los magníficos sitios y ciudades que visitamos es larga y dolorosa: casi todos han sido devastados en alguna medida. Alepo, ciudad milenaria y maravillosa, patrimonio mundial desde 1986, es escenario de guerra desde 2012 y ha visto arrasado su laberíntico Bazar, destrozada su Gran Mezquita del siglo XII y bombardeada su Ciudadela, por citar algunos elementos señalados de la ciudad antigua que ha sido asolada. Tampoco se ha librado de daños la capital Damasco, cuya Mezquita Omeya del siglo VIII, una de las maravillas del Islam, ha recibido el impacto de proyectiles que han dañado sus mosaicos. Nos produce gran melancolía el recuerdo de aquel viaje cuyas fantásticas imágenes se contaminan ahora con las del horror de la guerra destructora. Recordamos a Mahmud, nuestro guía, amante de la cultura española, culto y educado, y el contacto ocasional con la población siria, que nos brindó siempre un trato hospitalario. Esa población es la receptora del mayor daño imaginable: más de 200.000 muertos, cientos de miles de heridos y millones que quedaron sin hogar.

Por Fernando Nanclares
Con información de La Opinión de Málaga

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