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La matanza de los turcos,Sirio-Libaneses canibalizados en la Patagonia

mercachifles

Más de cien inmigrantes árabes fueron asesinados en un hecho oscuro y cruel de nuestra historia por cierto, poco conocida. El misterio develado por las autoridades de la época que dejó al desnudo uno de los crímenes mas repudiables sufrido por los primeros inmigrantes que llegaron a nuestro país en busca de paz y progreso. Encontraron la muerte y el olvido por parte de la historia. Queremos recordar a todos aquellos, víctimas de la barbarie por parte de los “autóctonos” habitantes del sur argentino, con la complicidad del poderío burgués de una Argentina naciente y próspera.

El caso fue conocido como “La matanza de los turcos”. De los expedientes guardados en el Archivo Histórico de la Provincia de Río Negro, surge que más de cien comerciantes trashumantes de origen sirio–libanés habrían sido asesinados y canibalizados por indígenas mapuches. Una historia tenebrosa con un trasfondo de intereses poderosos.

Los “ Turcos mercachifles”

A los vendedores trashumantes se les conoció como “mercachifles” debido a su costumbre de anunciarse a las poblaciones o estancias donde llegaban haciendo sonar una especie de silbato o chifle. “Eran libaneses apenas llegados al país, que salían desde Neuquén y General Roca, en grupos de dos y tres, acompañados por algunos peones y baquianos, con caballos o mulas cargados de ropa, telas y otros artículos”, describe el escritor e historiador Elías Chucair, en reportaje de 2009.

Las desapariciones de “turcos” (genérico en Argentina de todo ciudadano árabe cualquiera sea su nacionalidad), ocurrieron entre 1905 y 1908, o quizás también durante la primera mitad de 1909. La primera denuncia formal sobre desaparición de ciudadanos sirios-libaneses en Patagonia fue presentada en abril de 1909 en el paraje El Cuy, de apenas un centenar y medio de habitantes, por el comerciante Salomón El Dahuk (o Eldahuk), ante la falta de noticias de José Elías, quien acompañado del peón también árabe Kesen Ezen, se internara en la Patagonia unos meses antes.

El denunciante agregó que Elías había partido desde General Roca en Agosto de 1908, con mercadería suya y pactado que regresaría antes de Noviembre. Era habitual que sirios–libaneses ya instalados, ayudaran a sus “paisanos” recién llegados con mercaderías en consignación a fin de que pudieran comenzar una actividad rentable. Estos se internaban en la meseta ofreciendo productos en las poblaciones y estancias alejadas, volviendo varios meses después. También informó el denunciante, que Elías y su peón, habían sido vistos por última vez en Octubre de 1908, en el paraje conocido como “Lanza Niyeo”. Agregando que unas semanas después fueron vistas las dos mulas y el caballo de Elías deambulando por la meseta. Por lo cual tenía la seria sospecha que Elías y su peón podrían haber sido asesinados.



Comienzos de la investigación

Los rumores sobre “turcos” desaparecidos en Patagonia crecían. Llamaba poderosamente la atención que desde 1905 no regresaba ninguno de los “mercachifles” que se internaban en la meseta. De hecho, la firma El Dahuk o Eldahuk Hnos. tenía registrado entre sus deudores a cincuenta y cinco vendedores ambulantes de origen árabe que no habían regresado a regularizar su deuda, entre ellos a José Elías, familiar del denunciante.

Por lo tanto, cuando el comerciante presentó la denuncia formal, el gobernador del Territorio de Río Negro, Carlos Gallardo, ordenó de inmediato al jefe de policía investigar lo que estaba sucediendo. Designaron al comisario José Torino, un estricto funcionario que no dudaba en utilizar “mano dura” para castigar a vagos, maleantes y forajidos. Torino conformó una partida de diez hombres curtidos en la bravura y clima de la región.

En conocimiento que los “turcos” solían salir de General Roca hacia el sur y recorrían el territorio en dos o tres meses, pasando luego por el paraje “Lanza Niyeo” y más tarde por “Lagunitas”, realizó el mismo recorrido. Al principio se encontró con el silencio obstinado de los pocos pobladores. Todos los habían visto pasar, pero no sabían nada más.

Todo cambió cuando detuvieron a unos mapuches que interrogados confesaron varios crímenes, pero que no estaban relacionados con las desapariciones de “turcos”. Fue entonces que el olfato de investigador del comisario Torino le guió directamente hasta “Lagunitas”, donde procedió a detener a un menor llamado Juan Aburto. El joven confesó enseguida que en el toldo (vivienda o choza), de Ramón Sañico, habían matado algunos días atrás a tres sirios. También, que en otras oportunidades, habían asaltado y matado a los “turcos” que llegaban hasta allí.

Con la suerte ahora de su lado, Torino llegó hasta el toldo de Ramón Sañico, quien ya había huido pero pudo recuperar varios objetos robados. El rápido despliegue policial permitió ir apresando a todos los integrantes de la banda y recolectar pruebas. No tardó en localizar los toldos de Antonio Cuece, quien al parecer era mujer que vestía de hombre y machi (bruja o curandera), conocida bajo el alias de “Macagua”.

Los jefes caníbales: Izq.Pedro Vila;capitanejos: Alberto Maripe, Hilario Castro, Juan Carrillo

Junto a ella estaba el huinca (hombre blanco), Pablo Berbránez, chileno, alto, rubio, de ojos verdes y elegante vestir de negro -según le describe el historiador Elías Chucair– cuya curiosa personalidad le llevaba a ser también Juez en Toltén, Chile. Ambos ejercían el liderazgo sobre los capitanejos comandados por Pedro Villa, Bernardino Aburto, Francisco Muñoz y Julián Benigno Muñoz, todos ellos con frondosos prontuarios delictivos. Durante los cuatro meses que duró la investigación el comisario Torino detuvo e interrogó a unas 80 personas.

La Patagonia Rebelde

En aquella época, las poblaciones más numerosas de la región eran “El Coy”, con un centenar y medio de habitantes y “Lagunitas”, de apenas un centenar. En su gran mayoría eran indígenas procedentes de Chile que se dedicaban a la crianza de ganado lanar y yeguarizos, además de la cacería de avestruces y guanacos. Sin embargo, la ausencia de control policial favorecía también la presencia de delincuentes dedicados al robo, pillaje y todo tipo de crímenes. Eran tiempos en que lo habitual era el robo y tráfico de ganado a Chile. Fue en ese lugar desierto y peligroso en que los mercachifles se aventuraban con sus carros cargados de productos.

Mujeres detenidas: A la derecha Vicenta Guaichanas en cuya casa se habría cometido antropofagia

Magia, crímenes y canibalismo

Según consta en las declaraciones, los capitanejos al recibir noticias de la llegada de algún “mercachifle” a la región, reunían a sus secuaces e invitaban a los comerciantes ambulantes con asado de cordero, vino y otras delicias. En cuanto se descuidaban los mataban y procedían a robarles el dinero, ropa, alhajas y la mercadería que transportaban. Luego, les extraían los corazones, el pene o los testículos, que según entendían aquellos delincuentes, eran atributos que consumidos les dotarían de virilidad y fortuna. Aquellas partes eran charqueadas, asadas y posteriormente repartidas entre todos los participantes.

Según algunos autores: Antes de comer un pedazo del corazón del turco José Elías, Julián Muñoz les dijo a los presentes: “Antes, cuando era yo capitanejo y sabíamos pelear con los huincas, sabíamos comer corazones de cristianos; pero de turco no he probado nunca y ahora voy a saber qué gusto tiene”.

El resto de los cadáveres y pertenencias no robadas eran incinerados. Una vez reducidos, los huesos eran molidos y guardado ya que según creían era un útil gualicho(conjuro), para no ser descubiertos. En cuanto a la machi “Macagua”, otros detenidos la señalaron como la encargada de extraer las vísceras para realizar con ellas “remedios”. En su rancho se encontraron varios corazones y partes humanas desecadas.

“Todos pa’dentro”, dicen que repetía el comisario Torino, asqueado ante aquellos asesinos mientras los ataban con tientos a sus cabalgaduras para partir en caravana destino a General Roca, a 22 días de distancia. Antes de arribar con los 45 hombres y 8 mujeres detenidos, la ciudad solicitó refuerzos policiales ante la conmoción general que produjo el descubrimiento de hechos tan repulsivos.

Personal policial de la partida del comisario Torino. A la derecha, los menores detenidos, entre ellos Juan Aburto.

Cosas raras, injusticias y complicidades

Quizás habrá sido por sus poderes mágicos, no se sabe, pero la machi nunca fue arrestada. El comisario Torino la describió como una mujer vieja y moribunda, postrada en una cama con tuberculosis avanzada y sífilis, y que por eso no la llevó con el resto de los detenidos. Sin embargo, unas semanas después le llegó información sobre que la machi había sido vista vagando por el desierto. Envió una comisión policial pero la toldería estaba desierta. Lo curioso, es que sobre una mesa habían dejado un papel firmado por un poderoso patrón de estancia de la zona que le pedía al comisario dejar a la mujer tranquila “porque era una buena persona y no le hace mal a nadie”.



Misterio

Las acusaciones por abuso de autoridad y procedimientos ilegales para obtener las declaraciones de los detenidos llevó a que el comisario Torino y sus hombres fueron encarcelados y suspendidos. El juicio duró cuatro años y ninguno retornó a la institución policial. Sin embargo, la mayoría de los procesados recuperaron su libertad al poco tiempo. Resulta extraño que ningún funcionario saliera en defensa del eficiente comisario Torino, quien sufriera diversos vejámenes durante su detención. Apenas la pequeña comunidad sirio-libanesa fue la que se acercó y pago un abogado que le defendiera.

El poder y la impunidad

Todo parece indicar que Torino desarmó un mecanismo de comercio ilegal que excedía a los capitanejos detenidos. Al parecer, los mapuches eran la mano de obra de ignotos poderosos de la política que manejaban una organización dedicada al comercio en Chile de productos robados en Argentina.

También llama la atención del silencio cómplice de los comerciantes de la región. Una vez ultimados los trashumantes, los asesinos procedían a repartirse el botín. Los capitanejos se quedaban con la mejor parte y el resto acudía a las pulperías o almacenes de ramos generales para cambiar su parte del botín por alcohol, tabaco, yerba mate, ropa y comestibles. El comerciante local no podía desconocer el origen de la mercadería ya que los “turcos” también se las ofrecían a ellos. Sin embargo, por dos monedas las obtenían de los asesinos, manchadas de sangre, pero mucho más baratas.

Ese mismo año, 1909, los registros indican que se esfumaron 50.000 ovejas del recuento durante la esquila. Se presume que fueron comercializadas en Chile al igual que buena parte de los botines obtenidos de los sacrificados “mercachifles”. Era un negocio grande y Torino se había metido para encarcelar la mano de obra barata y útil de mapuches necesitados.

Una historia más de la Patagonia feroz y sangrienta. Esta vez, el desierto se devoró a inmigrantes que con su media lengua e inocencia creían en la buena fe y caían en la trampa de delincuentes. Nunca se supo cuantos sirios-libaneses fueron asesinados debido que su escasa documentación personal fue quemada junto a sus cuerpos. Según los datos recogidos por el comisario Torino, unos 130 hombres.

Con información de Guioteca

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La industria del jabón y el olor a laurel de Alepo

Después de años de guerra, Ali Shami reanudó la producción de jabón en su humilde taller en las afueras de Alepo, y el olor del laurel comenzó a dar vida a una industria.

A pesar del silencio que rodeó a los talleres durante los años de conflicto en Alepo, Ali o Abu Omar insistieron en reanudar el «trabajo con poca producción» después de una restauración limitada de su fábrica en la aldea de Neirab, al sureste de Alepo, que ha estado llena de fábricas y trabajadores.

    • «No detuve la producción durante los años de guerra, ni siquiera en cantidades limitadas. Fui llevando jabón de un lugar a otro, pero este taller tiene un sabor especial», dijo Abu Omar, de 44 años.

Abu Ali, quien heredó la profesión de su padre y su abuelo, fue uno de los primeros en regresar a sus fábricas; reabrió sus puertas en enero, luego de haber cerrado desde 2012, fecha de los enfrentamientos en la ciudad entre las tropas del gobierno y las facciones de la oposición que compartían el control.

    • En el taller,  los trabajos de restauración incluyeron una puerta de hierro en la entrada y equipos en las salas principales de máquinas. El asfalto todavía falta en el camino, mientras que los efectos de las municiones en las paredes son claros.

Cinco trabajadores rotan el aceite mezclado bajo la supervisión personal de Abu Omar, antes de cocinarlo en fuego; luego se distribuyen en moldes en el suelo, mientras que otros cinco cortan el jabón y luego lo envasan.

Antes de este año, el taller producía aproximadamente 800 toneladas de jabón al año, y este año recuperó aproximadamente la mitad de su producción. A diferencia de otras industrias, «la industria del jabón no depende de las máquinas. Se basa en la fuerza laboral, la combinación exitosa, el cariño de los habitantes de Alepo y su amor por la profesión».

El secreto de la profesión

Después de su salida de Alepo en 2012, Abu Omar intentó producir jabón en otras ciudades, como Tartous y Damasco, sin lograr mantener la misma calidad. «El clima de Alepo es muy bueno para el jabón y la gente de Alepo conoce el secreto de la profesión y soporta las dificultades de la industria del jabón», dice.

    • «El jabón de Alepo se distingue de los jabones del mundo porque está hecho de aceite de oliva puro, a diferencia del jabón europeo, que se apoya en grasas animales o jabón asiático mezclado con aceites vegetales que no se derivan de las aceitunas«, agrega con orgullo, sosteniendo un pedazo de jabón en la mano.

La industria tradicional se vio afectada durante las batallas que finalizaron a fines de 2016 con el control de las fuerzas gubernamentales y el apoyo ruso a los vecindarios orientales, después de años de bombardeos, asedio y la evacuación de miles de civiles y combatientes de la oposición.

    • «Nos enfrentamos al peligro, la destrucción de las instalaciones y la interrupción en la producción del aceite de oliva», dijo. A pesar del regreso de la estabilidad a Alepo, la industria todavía sufre la «escasez de mano de obra, la necesidad de materias primas y la emigración de trabajadores calificados en el extranjero».

Docenas de fabricantes de jabón todavía están esperando para completar la renovación y el procesamiento de sus plantas antes de volver a abrir, como Hisham Jubaili.

    • El taller «Jubaili», ubicado dentro de la antigua muralla de Alepo, ha vivido durante varias generaciones y ha estado en línea con el nombre de la familia durante décadas y se remonta al siglo XVIII.


Treinta mil toneladas

La planta de Jubaili de tres niveles, cubre un área de aproximadamente 9,000 metros cuadrados, el taller más antiguo de Alepo. Pero la guerra obligó a su 50º propietario a cerrar en 2012.

La fábrica, que está rodeada por bóvedas revestidas de piedra, sigue en pie, a pesar del agrietamiento de algunos pilares de madera del techo, algunas partes están quemadas y parte de su equipamiento fue robado.

    • Antes del estallido del conflicto, la ciudad de Alepo y sus alrededores incluían unos 100 talleres para la fabricación de jabón de laurel, con una producción de unas treinta mil toneladas, según el Comité de fabricación de jabón de laurel, que encabeza Jubaili. Pero muchos de los fabricantes de jabón Halabi se mudaron a Damasco, Homs o Tartous, mientras que otros emigraron a Turquía, según Jubaili.
    • Durante los años de conflicto, la producción cayó por debajo de 1,000 toneladas. Hoy en día, la industria del jabón ha comenzado a recuperarse con una producción de casi 10,000 toneladas.
    • «El jabón es un tesoro nacional para el pueblo sirio. Al igual que Arabia Saudita el petróleo, Suiza el chocolate, y Alemania los autos, Alepo exporta al mundo», dijo.
    • «Desde este taller y otros, el olor a laurel llenó Alepo», dijo. «Nadie visita la ciudad sin comprar de sus dueños».

Con información de Thawra

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El Proyecto Babilonia: La superarma iraquí y Gerald Bull

1990
El inventor Gerald Bull fue asesinado por el Mossad

El desarrollo de misiles balísticos durante la segunda guerra mundial convirtió en obsoleta la idea de piezas de artillería gigantescas y ultralargas, pero el ingeniero canadiense Gerald Vincent Bull (1928- 1990), estaba obsesionado con la idea de construir un enorme superarma que pudiese lanzar un satélite al espacio y ponerlo en órbita.

Aunque las principales potencias militares habían abandonado los trabajos en este campo, Bull estaba decidido a continuar sus investigaciones. Esta actividad lo llevó a frecuentar el oscuro mundo de las armas ilegales y a tratar con países sobre los que pesaba la prohibición internacional de comprar tecnología militar avanzada.

Siguiendo su sueño de poder construir finalmente un «arma espacial», Bull había diseñado armas de largo alcance para Sudáfrica a instancias de la CÍA. También trabajó para Chile, Taiwán y China, creando el obús G5, que vendió para poder financiar sus investigaciones. En 1980, el G5 provocó que tuviese graves problemas con la administración Cárter, y pasó seis meses en prisión por vender armas de forma ilegal, pero salió de la celda con la misma determinación de poner un proyectil en órbita.


Su ambición parecía estar a punto de verse realizada a mediados de la década de 1980, cuando consiguió convencer a Saddam Hussein de que Irak jamás alcanzaría el estatus de superpotencia sin un programa espacial. Se estableció entonces un acuerdo secreto para el Proyecto Babilonia o la «máquina PC-2»: un cañón de ciento cincuenta metros de largo y un peso de dos mil cien toneladas que podía poner en órbita un proyectil de dos mil kilos. Aunque tendría capacidad orbital, también podía arrojar un proyectil sobre Teherán o Tel Aviv.

El 22 de marzo de 1990, antes de que el proyecto se viese realizado, Bull fue asesinado a balazos en Bruselas por dos pistoleros que le dispararon a corta distancia. Nadie fue detenido por este asesinato, y la teoría generalmente aceptada es que el Mossad organizó su muerte porque su proyecto secreto en Irak constituía una amenaza demasiado grande para Israel.

Con información de Conspiracy Encyclopedia

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Kazeh, Unyamwezy y el comercio con los omaníes

Damas fumando. Kazeh 1860

Hablando con propiedad, Kazeh, punto importante del África central, no es una ciudad; a decir verdad, en el interior no hay ciudades. Kazeh no es mas que un conjunto de seis vastas excavaciones, repleto de barracas y chozas con patios y huertecillos cuidadosamente cultivados; allí crecen cebollas, patatas, berenjenas, calabazas y setas de un sabor delicioso.

El Unyamwezy es la tierra de la Luna por excelencia, el fértil y espléndido jardín de África. En el centro se encuentra el distrito de Unyanembé, deliciosa comarca donde viven perezosamente algunas familias de omaníes, que son árabes de origen muy puro.

Durante mucho tiempo se dedicaron al comercio en el interior de África y en Arabia; traficaban en gomas, marfil, telas de algodón y esclavos; sus caravanas surcaban aquellas regiones ecuatoriales, y aún van a buscar a la costa objetos de lujo y de placer para mercaderes ricos, los cuales, rodeados de mujeres y criados, llevan en aquella encantadora comarca la existencia menos agitada y más horizontal posible, siempre tumbados, riendo, fumando o durmiendo.

Alrededor de esas excavaciones, numerosas barracas de indígenas, grandes extensiones para los mercados, campos de cannabis y de datura, hermosos árboles y frescas sombras: eso es Kazeh.

Es el punto de cita general de las caravanas: las del sur, con sus esclavos y cargamentos de marfil, y las del oeste, que exportan algodón y abalorios a las tribus de los Grandes Lagos.


Así es que en los mercados reina una agitación perpetua, una algarabía indescriptible donde se mezclan gritos de vendedores ambulantes mestizos, ruido de tambores y cornetas, relinchos de mulos, rebuznos de asnos, cantos de mujeres, chillidos de chiquillos y golpes de vara del imadar *, que en aquella sinfonía pastoral es quien marca el compás.

Allí se exhiben desordenadamente, o, por mejor decir, con un desorden encantador, telas vistosas, sartas de abalorios, objetos de marfil, dientes de rinoceronte y de tiburón, algodón, miel, tabaco; allí se llevan a cabo las más extravagantes transacciones mercantiles, en las que cada objeto sólo tiene valor en función de los deseos que excita.

Por Julio Verne


*Jefe de la caravana


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Inmigrantes sirios y libaneses en Argentina-Buscando nuestras raíces

En nuestra publicación «Como buscar datos sobre los ancestros sirios o libaneses», hacemos referencia a la migración siria y libanesa en el siglo XIX hasta 1950. Quisimos ampliar la información y colaborar con todos los descendientes ávidos de conocer sus raíces y el origen de sus familias. No disponemos de datos específicos que los ayuden en esta búsqueda, no obstante queremos compartir con ustedes los datos emanados del Ministerio del Interior de la República Argentina y otros organismos nacionales que a través de la recopilación de dichos datos, simplifiquen la búsqueda de sus ancestros.

Desembarcar en Argentina

El acto de desembarco consistía en el abordaje de una junta de visita a cada barco que llegaba, a fin de constatar la documentación exigida a los inmigrantes, de acuerdo a las normas, y permitir o no su desembarco. El control sanitario también se realizaba a bordo, por un médico asignado a ese fin. La legislación prohibía el ingreso de inmigrantes afectados de enfermedades contagiosas, inválidos, dementes o sexagenarios.

La revisión de los equipajes se llevaba a cabo en uno de los galpones del desembarcadero destinado a ese fin. Para los emigrantes el viaje comenzaba en el momento en que partían de su pueblo natal para dirigirse a los puertos. La partida solía ser un acontecimiento colectivo, en el que eran protagonistas grupos de parientes y paisanos que se dirigían al exterior de acuerdo a un itinerario prefijado.


Hotel del inmigrante

EL Hotel de Inmigrantes fue construido para recibir, prestar servicios, alojar y distribuir a los miles de inmigrantes que, procedentes de todo el mundo, arribaban a nuestro país. El complejo estaba conformado por diversos pabellones destinados al desembarco, colocación, administración, atención médica, servicios, alojamiento y traslado de los inmigrantes. Un conjunto de edificios, como una ciudadela. Se comenzó a construir en el año 1906, por la empresa Udina y Mosca, según proyecto del Ministerio de Obras Públicas.

En 1990, durante la gestión del Presidente Carlos Saúl Menem, por Decreto n° 2402, fue declarado Monumento Histórico Nacional. Se trata de una construcción de cuatro pisos, de hormigón armado, con un sistema de losas, vigas y columnas de ritmo uniforme, que dio como resultado espacios amplios dispuestos a ambos lados de un corredor central. Íntegramente pintado de blanco, se acentuaba en todos los ámbitos la sensación de amplitud y luminosidad.

En la planta baja el comedor, con grandes ventanales hacia el jardín, la cocina y las dependencias auxiliares. En los pisos superiores los dormitorios. Había cuatro dormitorios por piso, con una capacidad para doscientas cincuenta personas cada uno, lo que significa que en el hotel podían dormir tres mil personas.

A los inmigrantes los despertaban las celadoras, muy temprano. El desayuno consistía en café con leche, mate cocido y pan horneado en la panadería del hotel. Durante la mañana, las mujeres se dedicaban a los quehaceres domésticos, como el lavado de la ropa en los lavaderos, o el cuidado de los niños, mientras los hombres gestionaban su colocación en la oficina de trabajo.

Se habían dispuesto turnos de almuerzo de hasta mil personas cada uno. Al toque de una campana, los inmigrantes se agrupaban en la entrada del comedor, donde un cocinero les repartía las vituallas. Luego ellos se instalaban a lo largo de las mesas a esperar su almuerzo. Este consistía, generalmente, en un plato de sopa abundante, y guiso con carne, puchero, pastas, arroz o estofado. A las tres de la tarde a los niños se les daba la merienda. A partir de las seis comenzaban los turnos para la cena, y desde las siete quedaban abiertos los dormitorios.

Cuando ellos llegaban al hotel, se les entregaba un número que les servía para entrar y salir libremente, y conocer de a poco la ciudad. El alojamiento, gratuito, era por cinco días, por «Reglamento», pero generalmente se extendía por caso de enfermedad o de no haber conseguido un empleo.

Desde mediados del siglo XIX el medio de transporte hacia los puertos fue el ferrocarril, y los barcos a vela fueron siendo reemplazados por los vapores.

Las migraciones más significativas desde Oriente Medio se dieron hacia finales de 1800.

Muestra itinerante del Inmigrante

Provisión de información sobre la llegada de los antecesores extranjeros al puerto de Buenos Aires. Datos tomados de los viejos libros de arribos de barcos, digitalizados por el Centro de Estudios Migratorios Latinoamericanos (CEMLA). Período comprendido entre 1882 y 1950. Se entrega un certificado tipo diploma como recuerdo donde figuran entre otros datos el puerto de origen, barco, edad, profesión, religión, estado civil, etc.

Esta base de datos resulta incompleta ya que no se cuenta con información anterior puesto que, en fechas anteriores a 1882 no se registraban los ingresos de inmigrantes a la Argentina. Además los datos asentados en los libros de los inmigrantes, solo eran registrados en el puerto de Buenos Aires, por lo que no existen datos de los desembarcos en otros puertos como los puertos de Bahía Blanca o los inmigrantes que llegaron desde Medio Oriente a Uruguay que por razones de salud o documentación no podían desembarcar en Buenos Aires, y se trasladaron hacia Argentina desde el paso de Concepción del Uruguay provincia de Entre Ríos.

Es de vital importancia contar con ciertos datos que permitan orientar la búsqueda de los ancestros sirios o libaneses aunque no es una regla exclusiva de estos. Pasos sencillos para todos los descendientes de cualquier país de la liga árabe como de Europa.

Si no cuenta con datos relevantes como nombre del barco con el que arribaron a nuestro país, fechas o documentación, puede ser de utilidad el país, ciudad o región de origen. Otro dato importante es la religión profesante. En los países árabes antiguamente los registros se llevaban a cabo en las iglesias. Nacimientos, bodas y fallecimientos eran asentados en los libros de las iglesias, por lo cual resulta importante saber si el origen de su familia desde el punto de vista religioso pertenecía a la religión Ortodoxa, Melkita, Maronita o al Islam (Chiita, Sunita, Druso, Alahuita), para poder ubicar dichos datos en sus respectivas iglesias o mezquitas.


En Siria

Si bien en la ciudad de Damasco existen datos digitalizados, no se cuenta con documentación antigua por lo que contactarse con la iglesia o mezquita del pueblo o región de procedencia podría ser de ayuda. Un dato para tener en cuenta es el de los apellidos. Si tiene conocimiento que su familia permaneció en un lugar determinado por mucho tiempo antes de emigrar a América, tal vez pueda contactarse con familia en el lugar de origen del emigrado. Es así como por ejemplo para el apellido Saleme y todas sus variantes, es probable encontrar familiares en Damasco y pueblos aledaños. Ésta no es una regla exacta ya que muchas personas con ese apellido migraron en forma interna hacia Líbano, entonces provincia de Siria.

En Líbano

Si el origen de su ancestro es libanés y además cristiano, seguramente haya sido Maronita por lo que recomendamos solicitar datos de la iglesia ya sea en Buenos Aires o en la ciudad o pueblo de origen. En América Latina, UCAL, una asociación civil de promoción de la cultura libanesa, puede ayudarlo con la búsqueda, quienes conjuntamente con la iglesia Maronita y mediante el pedido de datos específicos pueden informarle la región de origen de su apellido libanés y además la posibilidad de obtener ciudadanía libanesa.

Una regla importante a tener en cuenta tiene que ver con las costumbres. Recordemos que el apellido se hereda del padre y la religión también. Es así como un padre maronita tendrá hijos que serán educados bajo esa religión. Por lo tanto el origen de su descendencia será del país de origen de su padre.

Otra característica de nuestro pueblo es la de las bodas realizadas entre miembros de la misma familia. No es poco común encontrar un ancestro con apellido materno y paterno iguales.

Por último, sea cual fuere su lugar de residencia, no dude en comunicarse con los consulados del país. Al pie de esta nota dejamos direcciones para su consulta y deseamos a todos y cada uno de nuestros “paisanos” éxitos en su búsqueda.


Notas
Muestra Itinerante

Para solicitar la presentación de la muestra itinerante dentro del territorio de la República Argentina, deberán dirigirse al Coordinador del Programa Complejo Museo de la Inmigración: Arq. Sergio Sampedro
• Horarios de Secretaría: Lunes a Viernes de 9: 00 a 16: 00 hs
• Teléfono: (011) 43 17 02 85 – Secretaría
• E-mail: museodelainmigracion@migraciones.gov.ar

Ministerio del interior de la República Argentina

Web: http://www.migraciones.gov.ar/

UCAL Argentina
Unión Cultural Argentina Libanesa

Web: https://www.facebook.com/UcalNacional/

Embajada y consulado de Líbano en Argentina

Web: http://www.ellibano.com.ar

Embajada de Siria en Argentina

Av. Callao 956
1023 Buenos Aires
Argentina teléfono: (011) 4813.2113
+54.11.4813.2113FAX local (011) 4814.3211
+54.11.4814.3211

E-mail: embajadasiriaba@gmail.com

Con información del Ministerio del Interior de la República Argentina



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El cañón del tabib Abu-Amr – Amin Maalouf

Era a finales del año 896. Todos los caminos que llevaban a la Vega estaban ya en manos de los castellanos y los víveres empezaban a escasear. El ritmo de los días de Granada ya sólo lo marcaban el silbido de las balas de los cañones y de los trozos de roca que caían sobre las casas y las lamentaciones de las plañideras; en los parques, cientos de menesterosos, harapientos, sin recursos frente a un invierno que se anunciaba largo y riguroso, se peleaban por las últimas ramas del último árbol convertido en leña; los hombres del jeque, tan desenfrenados como desamparados, andaban por las calles en busca de algún culpable que castigar.

Alrededor de la ciudad sitiada, los combates se habían espaciado y también habían perdido virulencia. Los soldados de caballería y de infantería de Granada, diezmados por la artillería castellana cada vez que salían, no se atrevían ya a aventurarse en masa lejos de las murallas, se conformaban con golpes de mano nocturnos de escasa envergadura para asaltar a una escuadra enemiga, robar armas o apoderarse de algún ganado, actos audaces pero sin horizonte pues no bastaban para aflojar el acero ni para aprovisionar a la ciudad, ni siquiera para devolverle los ánimos.

De pronto, un rumor. No de los que se extienden como la lluvia menuda de un nubarrón sino de los que caen como un chaparrón veraniego, cubriendo con su tumulto ensordecedor la miseria de los ruidos cotidianos. Un rumor que traía a nuestra ciudad ese toque de irrisión de que ningún drama está exento. «Se supo que Abu-Jamr acababa de adquirir un cañón tomado ah enemigo por un puñado de soldados temerarios que había accedido, a cambio de diez monedas de oro, a llevárselo a rastras hasta el jardín.»


Mi padre se llevó a los labios una copa de horchata y tragó despacio varios sorbitos sucesivos antes de proseguir, insensible a la incomprensión que me embargaba: «Los granadinos jamás habían tenido cañones y, como Astaghfirullah no dejaba de repetirles que esa invención diabólica hacía más ruido que daño, se habían resignado a la idea de que un artefacto tan nuevo y tan complicado no podía hallarse más que en las filas enemigas. La iniciativa del médico los sumió en la perplejidad.

Durante días, hubo un desfile ininterrumpido de jóvenes y de viejos que se mantenían a respetuosa distancia de «la cosa» cuyas proporcionadas redondeces y cuya amenazadora mandíbula comentaban a media voz. En cuanto a Abu-Jamr, allí estaba, con sus propias redondeces, saboreando su revancha. «¡Id a decir al jeque que venga en vez de pasarse los días rezando! ¡Preguntadle si sabe encender una mecha con la misma facilidad con que quema un libro!» Los más piadosos se alejaban precipitadamente, mascullando alguna que otra imprecación, mientras que otros interrogaban al médico con insistencia acerca del modo de usar el cañón y sus efectos si se utilizaba contra Santa Fe. Él tampoco tenía ni idea, como es natural, lo que volvía sus explicaciones más impresionantes.»

Habrás adivinado, Hasan, hijo mío, que el cañón jamás se usó. Abu-Jamr no tenía ni balas, ni pólvora, ni artilleros y empezaron las risas burlonas entre los visitantes. Afortunadamente para él, el muhtasib, responsable de la policía, alertado por las aglomeraciones, mandó que unos cuantos hombres retiraran aquel objeto y lo remolcaran hasta la Alhambra para enseñárselo al sultán. Nunca más se lo volvió a ver. Pero se siguió oyendo hablar de él durante mucho tiempo, evidentemente por boca del médico que no se cansaba de repetir que únicamente por medio del cañón podrían los musulmanes vencer a sus enemigos, que mientras no se decidieran a adquirir o fabricar gran número de estos artefactos sus reinos estarían en peligro. Astaghfirullah predicaba algo muy distinto: mediante el martirio de los combatientes de la fe se aplastaría a los sitiadores. El sultán Boabdil iba a ponerlos de acuerdo, pues, en lo que a él se refería, no deseaba ni cañones ni mártires.

Mientras el jeque y el médico porfiaban sin tregua y, a través de ellos, Granada entera se preguntaba por su destino, el señor de la ciudad no pensaba si no evitar el combate. Enviaba al rey Femando mensaje tras mensaje en los que ya no se hablaba más que de la fecha de la rendición; el sitiador hablaba de semanas y el sitiado de meses, esperando quizá que la mano del Altísimo desbaratara los frágiles arreglos de los hombres con algún decreto súbito, un diluvio, un cataclismo o una peste que diezmara a los grandes de España. Pero el Cielo nos tenía reservados otros designios.

Amin Maalouf


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El Mossad y su implicación en el intento de asesinato de Bill Clinton

1992
BILL CLINTON
Nacido en 1946, Hope, Arkansas
Presidente de Estados Unidos

La operación Monte Rushmore era el nombre en clave dado a una supuesta e increíble conspiración para asesinar al candidato presidencial William Jefferson Clinton. El plan preveía su ejecución durante una visita de Clinton a San Francisco, en el verano de 1992, como parte de su campaña electoral.

Estos argumentos son expuestos principalmente por su autor Rodney Stich, y aunque pudieran parecer extravagantes, se trata de alguien elogiado en internet como «un activista o cruzado contra la corrupción absoluta en el gobierno durante los últimos treinta años, comenzando como inspector de operaciones de transporte aéreo de la FAA, (Administración de Aviación Federal), y responsable de la seguridad aérea en varias de las principales compañías aéreas, especialmente United Airlines. Ha documentado la corrupción en UA y dentro de la FAA».


La teoría de la conspiración

Un golpe al estilo JFK fue encargado sobre el aún no electo Bill Clinton por una conspiración de diferentes intereses que querían un segundo mandato para George H. W. Bush y que temían de tal modo una presidencia de Clinton que estaban dispuestos a matarlo para evitar que ocupase la Casa Blanca. Esta conspiración incluía a agentes y oficiales de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), la Oficina de Inteligencia Naval (ONI), el Partido Republicano y el Mossad, el servicio de inteligencia israelí. La financiación de la operación estaba a cargo de un misterioso personaje llamado Chan Wang.

Las pruebas

La información contenida en el libro de Stich Defrauding America procede principalmente de dos fuentes, ambas de la comunidad de los servicios de inteligencia, que revelaron los mismos detalles de manera independiente. Al principio, a la fuente principal se la llamó simplemente «agente X», pero más tarde se reveló que se trataba del Capitán de Corbeta Robert Hunt, de la Oficina de Inteligencia Naval.

Según Hunt, el asesinato de Clinton debía ser una repetición virtual del asesinato de Kennedy, con francotiradores disparando al candidato presidencial fuera del hotel Ritz Carlton de San Francisco. En la base militar de Presidio, en San Francisco, debía formarse el equipo encargado de llevar a cabo el trabajo. Hunt relató la historia de la siguiente manera:

«El verano pasado (julio de 1992), Graham Fuller, de la CÍA, Dick Pealer, de la ONI, y John Kaplin, de la CÍA, me ordenaron que fuese a San Francisco. Estas personas eran mis entrenadores. Me dijeron que fuese al área de la bahía. Volé desde la ÑAS (Estación Aérea Naval), de Norfolk hasta la ÑAS, Alameda, donde debía reunirme con otro agente. Era el jefe de la CÍA en San Francisco. Su nombre es Robert Larson. Él se encargó de hacer los arreglos para mí en Presidio. Al día siguiente llegó el equipo y yo me pregunté por qué estaba ese equipo en la ciudad. Recibí la llamada de una mujer que me dijo que pertenecía al Mossad y que teníamos que vernos. Eso hicimos, y almorzamos juntos. Le pregunté su nombre y me dijo que se llamaba Arma Colburn. Más tarde supe que su verdadero nombre era Yossi Jameir. Hablamos de por qué estaba yo en la ciudad y le pregunté la razón. Ella me dijo que para matar a Clinton».

En cuanto a la operación en sí, Hunt añadió:

«Al saber que Clinton llegaría a la ciudad en pocas semanas, pusimos manos a la obra. Armas, rutas de escape, citas, etc. Se esperaba que Clinton se alojara en el Ritz Carlton. Entonces daríamos el golpe. Mis hombres y yo ocupamos posiciones al otro lado de la calle del Ritz Carlton antes de que llegase Clinton. Tomamos fotografías de toda la zona para obtener los mejores resultados posibles. En cualquier caso, tres semanas antes de la fecha prevista para su llegada supimos que se había producido una filtración. Nadie sabía dónde. De modo que mi equipo y yo nos largamos por temor a que nos detuviesen. Aquella noche nos dijeron que debíamos eliminar a todas las facciones implicadas, incluyendo a los agentes del Mossad».

Enfrentado a la obligación de tener que matar a todos los implicados en la operación, Hunt se mostró impasible, pero justo a tiempo, la operación se canceló:

«Recibí una llamada en mi busca que ordenaba suspender las operaciones. Cuando pregunté los motivos, me dijeron que habían encontrado la filtración». La cuestión era que una de las agentes del Mossad estaba viéndose con un agente de seguridad y ambos habían hablado demasiado. «Nuestro trabajo, por supuesto, era encargarnos de ese asunto. De modo que, aquella misma noche, cuando el agente de seguridad acabó su trabajo y fue a coger el tren BART (Transporte Rápido del Área de la Bahía), en Market Street, para regresar a su casa, mi amigo y yo lo empujamos a las vías cuando llegaba el tren. Pensaron que se había suicidado.»


El veredicto

Cuando investigadores independientes se pusieron en contacto con ellos, la oficina del servicio secreto en Los Ángeles declinó hacer comentarios sobre este asunto, y remitieron la investigación a la oficina de relaciones públicas en Washington DC. Allí, uno de los funcionarios negó tener ningún conocimiento de aquello y afirmó que si se ponían en contacto con la oficina de San Francisco ellos también los remitirían a la oficina de relaciones públicas. Como la operación de asesinato fue abortada, la historia sigue siendo imposible de probar.

Con información de Conspiracy Encyclopedia

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