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Tres muertos y diez mujeres en burkini

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Diez señoras que usaban burkini han sido sancionadas.

Durante el mes de julio y agosto de este año, más de un millón de mujeres musulmanas se han bañado en las costa de Francia, pero sus cuerpos, puestos al sol, por muy hermosos que pudieran ser, no han merecido la atención de los grandes medios de masas y de los legisladores. Las protagonistas han sido una decena de mujeres que usan para ir a la playa el burkini. Estas mujeres han sido multadas por no vestir adecuadamente y se ha decretado una legislación que va en contra de su libertad religiosa. Cannes, Villeneuve-Loubet y Sisco han prohibido el acceso a sus playas a todas las mujeres con ‘burkini’, bajo la amenaza de una multa de 38 euros. Se ha vulnerado la declaración Universal de Derechos Humanos que dice literalmente:

Artículo 18. Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.

Ante la presencia de estas mujeres, con su cuerpo tapado por los burkinis, algunos legisladores franceses han enloquecido, y en su demente razonamiento les han impedido ir vestidas de esa forma. No han hecho lo mismo con los punkies, los snobs, los heavies o los pijos. El blanco de su histeria han sido una decena de mujeres vestidas con burkinis para ir a la playa. No se ha obligado a los skin-head a dejarse crecer el pelo, y a dejar de ir con botas pero sí se ha prohibido a estas mujeres ir tapadas a la playa con burkinis.

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No crean que esta prohibición de llevar burkini a la playa se ha establecido porque algunos legisladores franceses, en su delirio machista, necesiten ver carne fresca femenina, sino porque quieren combatir el terrorismo, y preservan el estado laico francés, frente a una decena de mujeres, cuya presencia, según la mente febril de estos legisladores, hace tambalearse todos los principios identitarios de Francia. El Primer Ministro Francés, en un nuevo acto de islamofobia ha declarado que el ‘burkini’ «no es compatible con los valores de Francia y de la República» y ha añadido que «Entiende que los ayuntamientos, en un momento de tensión, tengan el reflejo de buscar soluciones, de evitar problemas de orden público». Si se prohíbe el burkini ¿por qué no se prohíben los McDonald’s o las pizzerías, que no forman parte de la identidad cultural francesa? y, si una mujer no es libre para taparse el cuerpo como la de la gana, ¿dónde están los principios de la libertad consagrada por la revolución francesa?.

Se está manipulando la laicidad para generar un problema artificialmente donde antes no existía.  Se está enfrentado a los musulmanes con el resto de la población de manera artificial y se está imponiendo un canon de mujer que no deja de ser la expresión del machismo y el neocolonialismo, que una vez más «quiere civilizar a los musulmanes y en concreto a sus mujeres diciéndoles cómo tienen que vestir». El neocolonialismo es heredero del colonialismo decimonónico, que cometió un sinfín de masacres por todo el mundo, y cuyos valores morales y éticos fueron puestos de manifiesto por el genocidio y el exterminio de pueblos enteros en África y Asia, durante el siglo XIX y hasta mediados del siglo XX.

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Una decena de mujeres con Burkini tampoco representan ningún problema de seguridad, ya que en sus ropas no se puede esconder una bomba, algo que si se puede hacer en una cesta o en una mochila que se lleva a la playa.

Se está creando una psicosis colectiva en la población Francesa, (y Europea, en general), a costa del islam, estigmatizando a los musulmanes constantemente y señalándolos como presuntos o potenciales terroristas, para justificar una política de intervención en Oriente Medio que, básicamente, consiste en gastar dinero en armamento y saquear a los pueblos de todas sus riquezas.

Se podría hablar de un neocolonialismo de tercera generación, donde los pueblos no son invadidos físicamente por potencias occidentales, sino que éstas utilizan como instrumento de dominio y saqueo a grupos terroristas, que arman y entrenan. Estos grupos terroristas son financiados en su mayor parte por países del Golfo Pérsico y adoctrinados en el llamado salafismo wahabí, a lo que se añade un componente ideológico claramente fascista, y que se demuestra por el uso (y el culto) a la violencia extrema. No existe por tanto un islamo-fascismo o una versión fascista del islam, sino una manipulación del islam, donde se unen componentes fascistas y salafistas, para lavar el cerebro de delincuentes salidos de la cárcel, de fanáticos y de mercenarios, que encuentran en esta ideología criminal, un modus operandi para sus despreciables vidas.

Esta psicosis colectiva de miedo al musulmán está siendo alimentada por los grandes medios de comunicación, que actúan como voceros de sus amos, difundiendo, manipulando y exagerando continuamente noticias que unas veces son falsas y otras carecen de la relevancia que se les da.

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Si atendemos a la tipología de los terroristas de los últimos atentados, podemos ver que el asesino de Niza recibió 100.000 euros que hizo llegar a su familia, que el asesino del hacha en Alemania era un enfermo mental y que los asesinos del sacerdote francés eran dos ignorantes embrutecidos y adoctrinados. Es decir, mercenarios, enfermos mentales y fanáticos, al servicio del nuevo colonialismo occidental, que está desintegrando y balcanizando países enteros, (como Libia, Siria, Somalia o Afganistán), para extraer sus riquezas en el mercado negro, mientras miles de personas son asesinadas, con la completa indiferencia de los medios de comunicación occidentales, donde los atentados terroristas de Bagdad, Pakistán o Siria, apenas son algo más que una nota a pie de página. Neocolonialismo de tercera generación.

Ante tales circunstancias no deberíamos sorprendernos de que en Twitter se emitan diariamente una media de casi 7.000 mensajes  islamófobos en el mes de julio o de que el 15 de julio del 2016, se registraran 21.190 mensajes islamófobos después del atentado terrorista ocurrido en Niza (Francia), cuando un camión arrolló a una multitud, matando a 85 personas, de las cuales 31 eran musulmanas, para información de los islamófobos que se dedican a atacar el islam desde internet.

Khalid Jabara fue asesinado a tiros por su vecino Stanley Vernon Majors, quien se dirigía a él y a su familia de manera habitual como «sucios árabes o inmundos libanenes». Este crimen, apenas si ha tenido repercusión en la prensa occidental. Diez señoras en burkini eran una noticia más interesante que el asesinato de un árabe a manos de su vecino, presuntamente islamófobo.

El Maulama Akonjee, que ejercía de imám en una Mezquita de Queens, y su ayudante Thara Uddin, murieron asesinados, cuando salían de la mezquita Al Furqan Jame Masjid, por un extraño desconocido no identificado en lo que parece ser un delito de odio, pero este crimen tampoco ha tenido en los grandes medios de masas la misma atención que la prohibición de los burkinis. Las asociaciones musulmanas estadounidenses, relacionaron estos hechos con el lenguaje de odio islamófobo de Donald Trump y sus constantes ataques verbales contra el islam, pero nadie ha sancionado a Donald Trump, sin embargo diez señoras que usaban burkini sí han sido sancionadas.

La islamofobia es una cáncer que habita en muchos medios de comunicación y que está calando en la sociedad enfermándola hasta el extremo de ir destruyendo la libertad religiosa y los derechos civiles.

Por Ángel Álvarez Hernández
Con información de: Webislam

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Gran Bretaña: La Islamofobia se ensaña con las mujeres

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La agresión contra la joven británica Hanane Yakoubi

El pasado 13 de octubre la joven británica Hanane Yakoubi –de religión musulmana, embarazada de 34 semanas– subió al autobús de la línea 206 en el barrio de Brent, al noroeste de Londres, para ir de compras. La acompañaban su hijo pequeño y su amiga Rasheena.

Minutos después la pasajera londinense Simone Joseph se acercó a ellas y, sin aviso, comenzó a gritarles a la cara. “Putas del Estado Islámico. Vuélvanse a su país”, les dijo la mujer. Y agregó: “Dejen de hablar su maldito idioma. Sigan riéndose mientras esconden bombas debajo de sus túnicas”.

Aterradas, las dos mujeres musulmanas intentaron proteger al pequeño y le pidieron a la agresora que dejara de gritarles.

“Las detesto porque son unas malditas maleducadas. Vienen a Inglaterra y no tienen modales. Regrésense a su maldito país donde explotan bombas todos los días, no vengan aquí donde somos libres”, gritaba Joseph, sin saber que era grabada por la cámara de seguridad del camión, y que esa filmación recorrería más tarde las redes sociales en el país.

Durante la agresión, que duró más de cinco minutos, la pasajera incluso amenazó con patear el estómago de Hanane.“Te voy a patear en la panza. Te sacaría la túnica y patearía ahí mismo, para que nunca más tengas un bebé. Te daría patadas como de burro. Sería la primera vez que recurro a la violencia en público”, vociferaba.

Una semana más tarde, en el barrio londinense de Whitechapel, al este de la capital británica, un hombre blanco agredió verbalmente a una mujer musulmana de 67 años que vestía el velo islámico completo y que caminaba por la vía pública. “Terrorista, sácate el velo. Deja ver tu cara terrorista. Ojalá se volvieran todos ustedes a sus países y nos dejaran tranquilos”, le gritó el hombre a la mujer, que debió pedir auxilio en una verdulería de la populosa calle Comercial Road.

Los ataques islamofóbicos contra mujeres musulmanas británicas crecieron 70% desde el último año. Sin embargo, se incrementaron aún más tras los atentados terroristas del pasado 13 de noviembre en París.

De acuerdo con un informe encargado por el gobierno británico y compilado por el organismo Tell Mama Helpline, que registra incidentes físicos y verbales contra musulmanes y mezquitas en el Reino Unido, el número de ataques islamofóbicos contra mujeres musulmanas aumentó 300% desde los atentados en París.

El reporte oficial, que da cuenta de un creciente odio contra los musulmanes en el país, registró al menos 115 ataques violentos contra mujeres musulmanas, en su mayoría las que llevaban el velo o la hijab.

La mayoría de las víctimas de los ataques islamofóbicos fueron niñas y mujeres musulmanas, de edades comprendidas entre los 14 y 45 años.

Por otro lado, el informe destacó que los atacantes fueron todos hombres blancos, de 15 a 35 años.

Victimizadas, avergonzadas, solas y enojadas

Los expertos de Tell Mama Helpline consideran que el porcentaje de ataques islamofóbicos sería incluso muy superior al reportado, debido a que muchas víctimas tienen demasiado miedo de denunciar los abusos racistas a la Policía o a grupos comunitarios. Indicaron que la gran mayoría de los ataques contra las mujeres musulmanas ocurrieron en la vía pública, incluido el transporte público, como autobuses y trenes.

Del total de las mujeres afectadas, 34 llevaban el velo islámico completo o la hijab, mientras que en ocho casos se trató de mujeres con niños pequeños.

“Esto es muy preocupante, ya que los casos muestran que las mujeres que llevan el velo islámico son aquellas que en general tienden a sufrir mayores abusos y amenazas”, agregó el reporte.

Muchas de estas mujeres afirmaron que nadie las ayudó en la vía pública tras sufrir las agresiones. La mayoría dijo sentirse “victimizadas, avergonzadas, solas y muy enojadas” por lo padecido.

“Al menos 16 de ellas admitieron incluso que tienen miedo de salir a la calle, y que debido a los ataques racistas su confianza disminuyó mucho”, señaló el informe.

“De los casos ocurridos en el transporte público, ocho ocurrieron con niños pequeños que presenciaron cómo sus madres eran objeto de abusos, amenazas o ataques verbales”, continuó.

En un caso reciente en Londres que se propagó a través de las redes sociales, una joven musulmana de 18 años que llevaba la hijab fue objeto de una agresión verbal mientras viajaba en un vagón del metro capitalino.

Ashley Powys, testigo de los hechos, describió cómo un pasajero agredió a la joven. “Este hombre se acercó a ella y comenzó a decirle que se sacara ‘el trapo de la cabeza’; la llamó ‘terrorista’, ‘basura’, y la acusó de que ‘su gente’ había asesinado a las víctimas en los ataques de París”.

En otro caso, una mujer musulmana decidió sacar a su hija pequeña de una escuela en Edimburgo, en Escocia, al denunciar un creciente acoso islamofóbico dentro del aula desde los atentados en París.“Abusaban verbalmente de mi hija, insultándola por ser musulmana. Los ataques empeoraron desde los atentados en Francia. Nadie merece ser tratado de esta manera”, dijo la madre al periódico The Independent, que ha documentado estos casos.

El reporte dado a conocer el pasado 23 de noviembre indicó además que el lenguaje racista anti-islámico utilizado en Gran Bretaña utilizaba insultos como “musulmanes pedófilos” o “violadores”, luego de un publicitado caso de hombres musulmanes que abusaron de niñas en la localidad inglesa de Rotherham. Tras los ataques de París se agregaron otros, como “terroristas” y “atacantes suicidas”.

Los investigadores del informe pidieron al gobierno hacer más para combatir la creciente islamofobia en el país, al indicar que dichos ataques ponen en riesgo las relaciones comunitarias en el Reino Unido.

Por su parte, el Consejo Musulmán de Gran Bretaña (MCB, por sus siglas en inglés), al que pertenecen millones de musulmanes en el país, expresó su seria preocupación por el aumento de ataques racistas y dijo que ante los recortes presupuestarios del gobierno para la Policía y los servicios de seguridad, la comunidad podría quedar muy desprotegida.

Miqdaad Versi, portavoz del MCB para el área de seguridad y antiterrorismo, afirmó que los recortes de financiamiento para la Policía “han afectado la oportunidad de que organizaciones comunitarias establecieran vínculos y relaciones con los servicios de seguridad, debido a que el número de agentes se ha reducido drásticamente”.

“Para crear políticas más efectivas a la hora de combatir al terrorismo que afecta a nuestra sociedad, es clave que la Policía se vincule, lleve a cabo consultas y construya vínculos de confianza con la comunidad musulmana”, señaló.

Las últimas cifras del MCB indican que el número de musulmanes en Inglaterra y Gales se duplicó prácticamente en una década, ya que dicha población pasó de 1.5 a 2.7 millones.En la actualidad llega a 5%, sin contar los 77 mil musulmanes censados en Escocia y poco más de 3 mil en Irlanda del Norte.

Sin embargo, el MCB recalca que los ingleses tienen una percepción errónea del peso proporcional de la población musulmana y piensan que el número es sustancialmente mayor, cuando en realidad se mantiene muy pequeño.

En Londres, con más de un millón de musulmanes, esa comunidad supera el 10% de la población, mientras que en los barrios periféricos de Birmingham, Bradford, Manchester o Leicester, los musulmanes superan el 25% del censo.

Tres de cada cuatro musulmanes se considera “británico”, aunque el MCB admite que hace falta un esfuerzo especial para que la comunidad islámica asuma “las realidades sociales” del Reino Unido.

La pobreza, el desempleo, el divorcio y las situaciones de desarraigo social son más frecuentes entre los musulmanes, que viven habitualmente en los barrios más desfavorecidos de las grandes ciudades.

“Las actuales políticas anti-terroristas corren serio riesgo de ser contraproducentes, pues pueden alienar a la comunidad musulmana”, afirmó Versi.

“Al menos que el gobierno hable directamente con los musulmanes de distintos sectores de la comunidad en todo el Reino Unido, no vamos a ver cambio alguno”, concluyó.

Por Leonardo Boix
Con información de:Proceso

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El pensamiento islamófobo de Oriana Fallaci

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«Despreciada como una Casandra a la que nadie escucha, hace años que repito: ‘Arde Troya’. Y hoy todas nuestras ciudades arden de verdad. Hoy los exiliados somos nosotros» / «Los que instalaron el nazismo en Europa fueron una minoría de desalmados que miraba al profeta Hitler, como los terroristas de hoy miran al profeta Mahoma»

Oriana Fallaci


Polémica y beligerante, desgarradora y sincera, la periodista italiana Oriana Fallaci aprovechó sus ensayos y artículos para manifestar su honda preocupación por la amplia presencia en Europa de fieles musulmanes. En esta entrevista, que realizó un sacerdote católico que trabajaba además en la televisión pública polaca, Fallaci insistió en la idea de que el Despertar del islam es el fin de Occidente. (sic)


Pregunta.- Los responsables de los atentados terroristas de Londres eran musulmanes nacidos en Gran Bretaña o ciudadanos ingleses. Por lo tanto, se podrían considerar ciudadanos europeos. ¿Cree que para defender nuestro continente y la civilización europea tenemos que expulsar a todos los musulmanes de Europa?

Respuesta.- Para comenzar, no son del todo europeos. No pueden considerarse europeos. O no más de lo que nosotros podríamos ser considerados islámicos, si viviésemos en Marruecos, en Arabia Saudí o en Pakistán, con el oportuno permiso de residencia o con la ciudadanía. Porque ésta última no tiene nada que ver con la nacionalidad.

A mi juicio, incluso los que tienen la ciudadanía son huéspedes y nada más. O mejor dicho: invasores privilegiados. Además, una cosa es expulsar a los aprendices de terroristas o a los aspirantes a terroristas, a los ilegales, a los vagabundos que viven robando y trapicheando con droga o, incluso, a los imames que predican la guerra santa e incitan a sus fieles a masacrarnos, y otra cosa es expulsar indiscriminadamente a toda una comunidad religiosa.

Naturalmente, si quisiesen irse por su propio pie, no lloraría. Más aún, le pondría una vela a la Madonna. De hecho, ya lo sugería en el ensayo publicado recientemente en el Corriere della Sera, titulado El enemigo que tratamos como amigo. ‘¿Si somos tan estúpidos, tan tontos, tan despreciables y pecaminosos -escribía-, si nos odiáis y nos despreciáis tanto, ¿por qué no os volvéis a vuestra casa?’.

Pero deben estar bien aquí, porque no quieren irse. Ni siquiera lo piensan. Y aunque lo pensasen, ¿cómo llevarían a la práctica algo así? ¿Por medio de un éxodo parecido al de Moisés guiando a los judíos fuera de Egipto a través del Mar Rojo? Ya son demasiados.

Calculando sólo los que están en la Unión Europea, cerca de 25 millones, según los datos más recientes, calculando también los que están en los países que no forman parte de la Unión y en la ex Unión Soviética, cerca de 60 millones. Esta es su Tierra Prometida, ¿o no? Respeto, tolerancia. Asistencia pública, libertad en abundancia. Sindicatos y jamón, el despreciado jamón, vino y cerveza, el despreciado vino y la despreciada cerveza. Vaqueros y licencia para ejercer su prepotencia por doquier sin ser castigados ni recriminados ni llamados al orden (incluída la licencia de tirar los crucifijos por las ventanas). Protectores o colaboracionistas siempre dispuestos a defenderlos en los periódicos y a impedir su expulsión, aunque venga dictada por los tribunales. Querido padre Andrzej, es demasiado tarde ya para pedirles que vuelvan a su casa. Habríamos tenido, habrían tenido que pedírselo hace 20 años. Pero en cambio, los hemos dejado entrar, en nombre de la piedad y del pluriculturalismo, de la civilización y del modernismo, aunque en realidad gracias a cínicos acuerdos euro-árabes de los que hablo en mi libro La fuerza de la razón, peor aún; tras haber descubierto que no les gustaba ya hacer de proletarios, recoger los tomates, trabajar en las fábricas, limpiar nuestras casas y nuestros zapatos, les llamamos. ‘Venid, queridos, venid, porque tenemos tanta necesidad de vosotros…’, y ellos vinieron. A cientos, a miles.

Y qué le vamos hacer si, muchas veces, en vez de personas deseosas de labrarse una vida digna trabajando, nos encontramos a menudo con vagabundos. Vendedores ambulantes de inutilidades, dispensadores de droga y futuros terroristas. O terroristas ya entrenados y entrenándose. ¡Y qué le vamos a hacer si desde el momento en que desembarcan nos cuestan un riñón! Comida y alojamiento. Escuelas y hospitales. Subsidios mensuales. Y qué le vamos hacer si nos llenan de mezquitas. Y qué le vamos a hacer si se adueñan de barrios enteros e, incluso, de ciudades enteras. Y qué le vamos a hacer si, en vez de mostrar un poco de gratitud y un poco de lealtad, pretenden incluso el derecho al voto que, pasándose la Constitución por el forro, le regalan los partidos de izquierdas. Y qué le vamos a hacer, si para proteger la libertad, por culpa suya tenemos que renunciar a algunas libertades. Y qué le vamos a hacer, si Europa se está convirtiendo o se ha convertido ya en Eurabia.

Querido padre Andrzej, no sé qué es lo que está pasando en Polonia. Pero en el resto de Europa, comenzando por mi país, no está sucediendo lo que pasó en Viena hace tres siglos. Cuando los 600.000 otomanos de Kara Mustafa pusieron sitio a la capital, considerada el último baluarte del cristianismo, y junto a los demás europeos (excepto Francia) el polaco Juan Sobieski los expulsó al grito de «Soldados, combatid por la Virgen de Czestochowa». No, no. Aquí está pasando lo que pasó, hace más de 3.000 años, en Troya, cuando los troyanos abrieron las puertas de la ciudad y condujeron dentro el caballo de Ulises. Despreciada como una Casandra a la que nadie escucha, hace años que repito sin cesar la misma canción: ‘Arde Troya, arde Troya’. Y hoy, todas nuestras ciudades y pueblos arden de verdad. ¿Exiliar? ¿A quién quiere exiliar? Hoy, los exiliados somos nosotros. Exiliados en nuestra propia casa.

Pregunta.- ¿Cómo cree que debería reaccionar el papa Benedicto XVI ante esta situación, siendo, como es, el jefe de la Iglesia Católica Apostólica Romana y líder de una religión que predica paz, no violencia y bondad?

Respuesta.- Mire, en mi ensayo El enemigo que tratamos como amigo, en un momento determinado me dirijo directamente a Ratzinger reprochándole lo que le reprochaba a Wojtyla. El diálogo con el islam. ‘Santidad -le digo-, ¿cree realmente que los musulmanes aceptan dialogar con los cristianos, incluso con las demás religiones o con los ateos como yo? ¿Cree realmente que pueden cambiar, revisarse y dejar de sembrar bombas?’. Y ahora añado: El terrorismo islámico no es un fenómeno aislado, un hecho en sí mismo. No es una iniquidad que se limita a una minoría exigua del islam. (En cualquier caso, una minoría nada exigua. Se calcula que, en Europa, dispone de 40.000 terroristas dispuestos a sacrificarse. Y no olvidemos que detrás de cada terrorista hay una organización concreta, una excelente red de contactos, un océano de dinero. Ergo, ese número de 40.000 hay que multiplicarlo al menos por cinco o por 10).

La ofensiva global ideada por Jomeini

El terrorismo islámico -prosigue Fallaci- es sólo un rostro, un aspecto de la estrategia adoptada en tiempos de Jomeini (en los días de los cínicos acuerdos euro árabes) para poner en marcha la ofensiva global llamada el Despertar del islam. Un despertar que, una vez más, pretende acabar con Occidente, su cultura, sus principios y sus valores. Su libertad y su democracia. Su cristianismo y su laicismo. (Sí, señores, también con el laicismo. Quizás sobre todo con el laicismo. ¿Todavía no se han dado cuenta de que el laicismo no puede cohabitar con la teocracia?).

Un despertar, en definitiva, que no se manifiesta sólo por medio de las matanzas, sino también por medio del secular expansionismo del islam. Un expansionismo que, hasta el asedio de Viena, se producía con los ejércitos y las flotas de los sultanes, los caballos, los camellos y las naves de los piratas, pero que ahora se realiza por medio de los inmigrantes, decididos a imponernos su religión. Su prepotencia, su enorme capacidad prolífica.

Pues bien, el Papa lo sabe mejor que yo. Mejor que todos nosotros. El problema es que se encuentra en una situación dificilísima desde un punto de vista político y humano. Ante todo, por el hecho de estar al frente de una Iglesia que basa su credo en el amor y en el perdón. Una Iglesia que, en términos ecuménicos, predica el ‘ama a tu prójimo, por lo tanto también a tu enemigo como a ti mismo’.

Después, por el hecho de gobernar una inmensa comunidad que, respecto al islam, incluso en las filas de su jerarquía, está dividida, es decir, enrocada sobre posiciones opuestas. Piense en Cáritas que rescata a los ilegales e, incluso, los esconde. Piense en los Combonianos que con la bandera arcoiris sobre la sotana blanca les distribuyen simbólicos permisos de residencia. Piense en los sacerdotes que, en los altares de sus iglesias, permiten a los imames celebrar el matrimonio mixto y gritar Alá akbar, Alá akbar, (como pasó, por ejemplo, en Turín). (Cita de la Bitácora: en su odio cegador, la Fallaci ni siquiera se ha tomado el tiempo de aprender a escribir bien la cita en árabe…o quizás no le alcanzó el intelecto…).

Y por último, al Papa le pesa el hecho de ser el inmediato sucesor de otro Papa, el papa Wojtyla, que fue el primero en hablar de diálogo. Que con el comunismo y con la Unión Soviética utilizaba el puño de hierro, pero con el islam utilizaba el guante de terciopelo. Que invitaba a los imames a Asís. Que recibía en el Vaticano al ex terrorista y magnate de terroristas, Yasir Arafat. Y que nunca condenó directamente a Bin Laden.

Pues bien, Ratzinger quería mucho a Wojtyla. ¿Cómo se puede pretender, ahora, que, una vez vestido de blanco, emprenda otro camino y rechace el sueño del diálogo? Y sin embargo, confío en Ratzinger, en Benedicto XVI. Es demasiado inteligente para no darse cuenta de que el Despertar del islam está en marcha como en la época del Imperio Otomano, y que con su fundamentalismo ha asumido los contornos de un nuevo nazismo. Que dialogar o ilusionarse con poder dialogar con un nuevo nazismo equivale a cometer el mismo error que la Inglaterra de Chamberlain y la Francia de Daladier cometieron en 1938. Cuando, creyendo poder dialogar con Hitler, Francia e Inglaterra firmaron el Pacto de Munich y, un año después, se encontraron con Polonia invadida por los nazis.

Es un hombre realmente razonable, Benedicto XVI. Mire cómo afronta, por ejemplo, el irresoluble problema de conciliar la fe con la razón. Se da perfectamente cuenta de que el laicismo ha perdido el tren en su relación con el islam. Han creado un vacío que alguien tiene que llenar. Por eso creo que, antes o después, él lo llenará. Eso significa recordar a la intransigencia de la fe que la autodefensa es legítima defensa. No un pecado. Significa sostener que, cuando es necesario, incluso un santo puede dar un puñetazo en la mesa. Comportarse como Jesucristo que pierde la paciencia en el Templo y tira los puestos de los mercaderes y quizás les lanza también un puñetazo a la nariz. Y a mi juicio, significa elegir bien a los aliados. Para mí, atea-cristiana (devota no, pero cristiana sí) (sic), el cristianismo no es sólo una filosofía de primera calidad, un pensamiento en el que inspirarme, una raíz de la que no puedo, no debo y no quiero prescindir. Es también un aliado. Un compañero de ruta. Por lo tanto, también lo es el que lo interpreta a su máximo nivel. El que lo representa. (Nota de la Bitácora: trata la Fallaci de congraciarse con su interlocutor religioso, pero siempre se consideró atea. Suena como mínimo ridículo el mote de atea-cristiana que trata de colgarse).

Pregunta.- ¿Qué opina de la guerra contra el terrorismo, capitaneada en estos momentos por EEUU?

Respuesta.- Mire, padre Andrzej. Un mes antes de que estallase la guerra en Irak escribí para el Wall Street Journal y para el Corriere della Sera un artículo titulado La Rabia, el Orgullo y la Duda donde decía: ‘¿Y si Irak se convirtiese en un segundo Vietnam? ¿Y si de la derrota de Sadam Husein naciese una República Islámica de Irak, es decir, una copia de la República Islámica del Irán jomeinista? La libertad y la democracia no se pueden regalar como dos trozos de chocolate. Especialmente, en un país y en una sociedad, que ignora el significado de esos conceptos. La libertad hay que conquistarla. Quizás me equivoque, pero yo dejaría a los iraquíes cocerse en su propia salsa’.

No sabe qué es la democracia

¿Me equivocaba? -se pregunta la veterana periodista-. Me temo que no. Es verdad que me encanta ver a Sadam Husein caído de su trono junto a su banda. Me satisface pensar, aunque sólo sea con una migaja de esperanza, que aunque ignoren lo que es la democracia muchos iraquíes fueron a votar. Pero, visto el precio que están pagando y que estamos pagando, vistos los muertos que a ambos nos cuesta, sigo pensando que habría sido mejor dejarlos cocer en su propia salsa. En Irak, Estados Unidos se ha empantanado, como se empantanó en Vietnam.

Y por si eso no fuese suficiente, el Irán de Jomeini se ha quitado la máscara, imponiendo sus centrales nucleares y eligiendo como presidente al torvo individuo que en Teherán dirigió el secuestro de los americanos de la embajada de EEUU. El petróleo aporta mucho dinero, y, con la ayuda de Irán, la República de Irak se torna un fardo cada vez más pesado.

Dicho esto, es decir admitiendo que ya se ha metido la pata, afirmo que atribuir el terrorismo a la guerra de Irak es un error e, incluso, un fraude para engañar a los tontos. El 11 de Septiembre no había estallado la guerra de Irak. La guerra que declaró oficialmente el 11 de Septiembre Osama bin Laden ya estaba en marcha. Desde hace décadas, los hijos de Alá venían atormentando a Europa, a Norteamérica y a Israel con sus matanzas. ¿Recuerda las que, también en Italia, sufrimos a manos de Habash y de Arafat?

Entiendo hacia dónde apunta su pregunta. Apunta al asunto de la retirada de tropas de Irak. Y le contesto: El terrorismo no cesará ni disminuirá imitando al irresponsable e insoportable Zapatero. Al contrario. Cada vez que un contingente se retira, Europa ofrece otra prueba de debilidad y de miedo.

Pregunta.– A su juicio, definir al islam como «una religión de paz» y decir que el Corán enseña la misericordia es una tontería.¿Por qué?

Respuesta.- Porque, amén de 14 siglos de Historia (siglos durante los cuales el islam no hizo otra cosa que desencadenar guerras, es decir conquistar, someter y masacrar), lo dice el Corán. Es el Corán, y no mi tía, el que llama a los no musulmanes «perros infieles». Es el Corán, no mi tía, el que los acusa de oler como los simios y los camellos. Es el Corán, no mi tía, el que invita a sus secuaces a eliminarlos. A mutilarlos, a lapidarlos, a decapitarlos o, al menos, a degollarlos. De tal forma que, si en Arabia Saudí, te pillan con una cruz en el cuello, una estampita en la cartera o una Biblia en tu casa, terminas en la cárcel y quizás en el cementerio.

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Hay que meterse en la cabeza esta sencilla, inequívoca e indiscutible verdad: todo lo que los musulmanes hacen contra nosotros y contra sí mismos está escrito en el Corán. Viene pedido y exigido por el Corán. La yihad o guerra santa. La violencia, el rechazo de la democracia y de la libertad. La alucinante servidumbre de la mujer. El culto a la muerte, el desprecio a la vida… Y no me responda como los zorros del islam moderado, no me diga que en el Corán hay versiones distintas y diversas. Por mucho que cambien las versiones, en todas ellas la esencia es la misma.No entiendo la deferencia con la que ustedes, los católicos, se refieren al Corán. Alá no tiene nada que ver con el Dios del cristianismo. Nada. No es un Dios bueno, no es un Dios padre. Es un Dios malo. Un Dios dueño. No trata a los seres humanos como hijos. Los trata como súbditos, como esclavos. Y no enseña a amar: enseña a odiar. No enseña a respetar: enseña a despreciar.No enseña a ser libres: enseña a obedecer. (Nota de la Bitácora: esta señora pro-judía, pro-sionista, ¿a que Dios se está refiriendo?, su reseña cargada de odio remite más a la figura del Yaveh de la Torah que a al Allâh del Qur’an…).

El enemigo al que tratamos como amigo

Basta leer las suras sobre los «perros infieles» -apunta la periodista- para darse cuenta de ello. No, no. Nuestro primer enemigo no es Bin Laden. No es Al Zarqaui. No son los terroristas que cortan cabezas. Nuestro primer enemigo es ese libro. El libro que los ha intoxicado. Por eso digo que el diálogo con el islam es imposible y rechazo el cuento del islam moderado, es decir el islam que, de vez en cuando, se digna a condenar las matanzas, pero a la condena añade un pero. Por eso, la convivencia con el enemigo que tratamos como amigo es una quimera y la palabra «integración» es una mentira. Jurídicamente, de hecho, muchos son realmente nuestros conciudadanos. Gente nacida en Inglaterra, en Francia, en Italia, en España, en Alemania, en Holanda, en Polonia, etcétera. Individuos crecidos como ingleses, franceses, italianos, españoles, alemanes, holandeses, polacos… Que parecen realmente integrados en nuestra sociedad. Pero, al mismo tiempo, siguen tratando a sus mujeres (y también a las nuestras) como las tratan. Les pegan, las humillan y, a veces, las matan. Y cuando meten sus pies en la mezquita, se dejan de nuevo crecer la barba. Escuchan al imam que predica la yihad, estudian lo que es, aprenden de memoria el Corán y, ¡zas!, se convierten en aspirantes a terroristas y, después, en alumnos terroristas y después en militantes terroristas. Mientras los que no lo hacen, los llamados moderados, farfullan sus ambiguos pero. (sic)

Tras el 7-J de Londres

Padre Andrzej, las estadísticas siempre me han resultado antipáticas -afirma Fallaci-. Sin embargo, no se pueden ignorar y, según la encuesta realizada tras las matanzas de Londres por el Daily Telegraph, resulta que el 24% de los musulmanes ingleses admite ‘sentir simpatía por los sentimientos y los motivos que condujeron a la masacre del 7 de julio’. El 46% de los moderados comprende ‘por qué los terroristas se comportan de esa forma’. Y el 32% considera que ‘los musulmanes tienen que poner fin a la decadente civilización occidental’. El 14% confiesa ‘no sentir el deber de advertir a la policía si saben que se está preparando un atentado y, mucho menos, si un imam incita a la guerra santa». Por si no fuese suficiente, en un informe gubernamental, titulado The Next London Bombing, se deduce que en Gran Bretaña hay 16.000 musulmanes enrolados en actividades terroristas, y que la mitad de los jóvenes musulmanes entrevistados se dicen ‘ansiosos por pasar a la violencia para eliminar nuestra inmoral sociedad’.

Padre Andrzej, le fastidia oír ciertas cosas, ¿verdad? Le repugna ver en tantos huéspedes nuestros una nueva juventud hitleriana que aplica su Mein Kampf, ¿verdad? Y le parece excesivo que yo vea en ellos un peligro para Occidente y para el resto de la Humanidad, ¿verdad? Por eso le recuerdo que quienes instalaron el nazismo en Alemania y en Europa no fueron todos los alemanes. Fue la minoría de desalmados que miraba al profeta Hitler como los terroristas de hoy miran al profeta Mahoma. (sic)

Y si cree que es injusto echarle la culpa a una religión e, incluso, a un libro, piense en el chico americano que los marines capturaron con los talibán durante la Guerra de Afganistán. Americano, repito. Californiano. De Los Angeles, con la piel blanca como la clara del huevo y de educación laico cristiana. No era marroquí ni tunecino o saudí o senegalés o somalí. Pero un día ese chaval americano puso el pie en una mezquita y dijo a sus padres: ‘Mummy, daddy, quiero estudiar el Corán’. Después, se fue a Pakistán, aprendió el Corán de memoria, se hizo lavar el cerebro por los imames y terminó con los talibán en Kabul.

Padre Andrzej, ésta es mi respuesta a su última pregunta. Sé muy bien que, al dársela, refuerzo el riesgo de ir a la cárcel por delito de opinión enmascarado bajo la acusación de ‘vilipendio al Islam’. Sé bien que, junto a la cárcel, arriesgo la vida, es decir, desafío una vez más a la nueva Hitler-Jugend que quiere matarme. También sé que tampoco nosotros podemos presumir de santos. Que, en nuestra Historia, también nosotros hemos combinado las luces y las sombras. Pero hoy, el peligro no somos nosotros. Son ellos. Es su libro. Y dado que nadie lo dice, dado que alguien debe decirlo, lo digo yo.

Por Andrzej Majewski
Con información de El Mundo


Nota de la Bitácora: la presente nota, es una entrevista realizada a la Fallaci por un sacerdote «fundamentalista católico». Rara nota de una «atea» confesa predicando los valores de una religión en la que ella misma no cree, pero que, le da pie para vomitar su odio hacia el Islam, cobijada por la más grande institución del mundo, la Iglesia Católica. Incluso se arroga el derecho de opinar sobre las gestiones de los Papas Joseph Aloisius Ratzinger (Benedicto XVI) y Karol Józef Wojtyla (Juan Pablo II). Lamentablemente, no es la única que así piensa y esa es la razón por la cual publicamos esta sarta de imbecilidades islamófobas, xenófobas y fundamentalistas. Con un poco de suerte, tanto odio se irá diluyendo en la medida en que se descomponga su cuerpo, inerte desde el 15 de septiembre de 2006… Aunque quizás tarde más…


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Europa: se agudiza la islamofobia

Un manifestante sostiene una pancarta que dice: 'Detener el terror del Islam', durante un acto del grupo 'Patriotas europeos en contra de la izlamización de Occidente', en la ciudad de Colonia, Alemania, poco después del atentado terrorista en París. ©elmeridianodecordoba
Un manifestante sostiene una pancarta que dice: ‘Detener el terror del Islam’, durante un acto del grupo ‘Patriotas europeos en contra de la izlamización de Occidente’, en la ciudad de Colonia, Alemania, poco después del atentado terrorista en París. ©elmeridianodecordoba

París-Berlín. La islamofobia se expande por Europa como respuesta a un Islam radical que el imaginario reciente identifica con el brutal atentado en el que terroristas asesinaron a 12 personas en el semanario Charlie Hebdo, en París. Un accionar que se alimenta del fanatismo, resentimientos y formas en las que cada grupo interpreta sus valores de vida.

La organización que los moviliza lleva el nombre de Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente. El fenómeno, que no es reciente, se manifiesta en otros países.

El Frente Nacional acapara el mayor número de votos en Francia con un discurso contrario a la diversidad cultural. Múltiples ataques contra distintos lugares de culto musulmán se desataron en diferentes ciudades de Francia tras el atentado.

Los ataques a las mezquitas se multiplican en Suecia. En un discurso público fuera de lo habitual, el jefe del espionaje interno en Gran Bretaña describió el ataque en París como «un terrible recordatorio» de que algunos «pretenden causarnos daño» y afirmó que la evolución de la amenaza terrorista se ha vuelto más compleja ante los acontecimientos en Siria.

Cisma histórico

Ha sido difícil, históricamente, la integración de las comunidades musulmanas emigrantes a las culturas europeas, al grado de que los partidos de extrema derecha en Reino Unido, Francia, Alemania o Suiza, ganan adeptos que se oponen a la inmigración árabe.

Así mismo, la comunidad musulmana resiente estos golpes de occidente. Argumenta el analista Maximiliano Sbarbi Osuna que el atentado ha puesto a los musulmanes en una posición de incivilizados y que en su mayoría apoyan ataques como el cometido ayer en París. «Nada más lejos de la realidad, dado que diariamente en Libia, Irak, Siria y Yemen sufren las consecuencias del integrismo«, explica.

El experto agregó que la opinión pública occidental se escandalizó con el atroz atentado a Charlie Hebdo, pero hace oídos sordos a la matanza de musulmanes en Medio Oriente, muchas veces perpetrada por grupos armados y entrenados por la OTAN.

Se conoció una encuesta que revelaba que 57% de los alemanes considera el Islam como una amenaza, y 61% ve esta religión como «incompatible con Occidente«, algo alarmante para un país de 81 millones de habitantes, cuya mayor minoría es musulmana, sobre todo procedente de Turquía.

«Para los musulmanes, Alemania es su casa. Pero están confrontados a una imagen negativa que es proyectada por una minoría de islamistas radicales«, advertía la Fundación Bertelsmann, que realizó la investigación.

El Colectivo Contra la Islamofobia en Francia asegura que entre un 70% y un 80% de las denuncias que recibe proceden de ciudadanas, en buena medida por el rechazo que genera el velo que suelen llevar. La Agencia de Derechos Fundamentales realiza un estudio que se centrará en las trabas que encuentran estas mujeres para insertarse en las sociedades europeas.

Pésima imagen 

La decapitación de civiles, la violación masiva de mujeres, la inmolación de adolescentes, la lapidación como castigo por la infidelidad, el papel secundario de la mujeres, por ejemplo como aplican los yihadistas del Estado Islámico, son el reflejo más dantesco de un Islam que termina imponiéndose en la televisión y como referente mundial.

Internet se ha convertido en plataforma para expandir el Islam radical y por ende la islamofobia, al grado de que un millar de musulmanes europeos han sido reclutados por esta vía para convertirse en yihadistas, combatir en Irak y Siria y luego devolverse para hacer la «Guerra Santa«.

¿Qué nuevos panoramas se vislumbrarán tras el crimen múltiple en el semanario parisino? El año 2015 no puede empezar peor para la Europa de las libertades.

Con información de El Meridiano de Córdoba

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