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Gobierno de la Alhambra – W. Irving

La Alhambra es una antigua fortaleza o palacio amurallado de los reyes moros de Granada, desde donde ejercían dominio sobre este ensalzado paraíso terrenal, última posesión de su imperio en España. El palacio árabe no ocupa sino una parte de la fortaleza, cuyas murallas, guarnecidas de torres, circundan irregularmente toda la cresta de una elevada colina que domina la ciudad y forma una estribación de la Sierra Nevada.

  • En tiempo de los moros era capaz la Alhambra de contener un ejército de 40.000 hombres dentro de su recinto, y sirvió alguna que otra vez para librarse los soberanos del furor de sus rebeldes súbditos.

  • Después que el reino pasó a manos de los cristianos continuó la Alhambra siendo del patrimonio real, y también algunas veces ha sido habitada por los monarcas castellanos. El emperador Carlos V edificó un suntuoso palacio dentro de sus murallas, pero se suspendió la obra por los continuos terremotos.

  • El último rey que la vivió fue Felipe V y su hermosa esposa Isabel de Parma, a principios del siglo XVIII. Hiciéronse grandes preparativos para su recepción: el palacio y los jardines sufrieron notable reforma y se agregaron algunas habitaciones, que fueron decoradas por artistas traídos de Italia. La permanencia de estos soberanos fue efímera, y después de su partida el palacio volvió de nuevo a su abandono.

  • El recinto fue en adelante ocupado por fuerza militar; el gobernador de la Alhambra quedó bajo la dependencia de la Corona, y su jurisdicción se extendía hasta los arrabales de la ciudad. Su autoridad era del todo independiente de la del capitán general de Granada. Se alojaba en el interior de la Alhambra una respetable guarnición; el gobernador tenía sus habitaciones frente al viejo palacio morisco, y nunca bajaba a Granada sin una escolta militar. La fortaleza, en resumen, era una pequeña ciudadela independiente, con algunas calles y casas dentro de sus muros, y además con un convento de franciscanos y una iglesia parroquial.


  • La retirada de la Corte fue, en verdad, un golpe fatal para la Alhambra. Sus bellísimos salones se desmantelaron y algunos de ellos quedaron en ruinas; los jardines se destruyeron y las fuentes cesaron de correr. Poco a poco las viviendas se fueron habitando por gentes de mala reputación: contrabandistas que se aprovechaban de su exenta jurisdicción para emprender un vasto y atrevido tráfico de contrabando, y ladrones y tunantes de todas clases, que hacían de ella su guarida y su refugio, y desde donde a todas horas podían merodear por Granada y sus inmediaciones.

  • La energía del Gobierno intervino al fin: expulsó, por último, a esta
    gente y no se permitió el vivir allí sino el que probase que era hombre honrado y que, por tanto, tenia justos títulos para habitar en aquel recinto; se demolieron la mayor parte de las casas y solamente quedaron en pie unas pocas, con la iglesia parroquial y el convento de San Francisco.
  • Durante las últimas guerras habidas en España, mientras Granada se halló en poder de los franceses, la Alhambra estuvo guarnecida con sus tropas, y el general francés habitó provisionalmente en el Palacio. Con el ilustrado criterio que siempre ha distinguido a la nación francesa en sus conquistas, se preservó este monumento de elegancia y grandiosidad morisca de la inminente ruina que le amenazaba. Los tejados fueron reparados, los salones y las galerías protegidos de los temporales, los jardines cultivados, las cañerías restauradas, y se hicieron saltar en las fuentes vistosos juegos de aguas. España, por lo tanto, debe estar agradecida a sus invasores por haberle conservado el más bello e interesante de sus históricos monumentos.

  • A la salida de los franceses volaron éstos algunas torres de la muralla exterior y dejaron las fortificaciones casi en ruinas. Desde este tiempo cesó la importancia militar de la fortaleza. La guarnición consta de unos pocos soldados inválidos, cuya misión principal consiste en guardar algunas de las torres exteriores que sirven actualmente de prisiones de Estado; y el gobernador, habiendo abandonado la elevada colina de la Alhambra, reside en Granada, para el más cómodo despacho de los asuntos oficiales.

No concluiré esta breve reseña sobre el estado de la fortaleza sin rendir el debido elogio a los laudables esfuerzos de su actual gobernador, don Francisco de Serna, quien está empleando los limitados recursos de que dispone para ir reparando el Palacio, y con sus acertadas precauciones ha impedido su inminente ruina. Si sus predecesores hubieran cumplido los deberes de su cargo con igual esmero, la Alhambra podría haber permanecido casi en su prístina belleza; y si este Gobierno le ayudara con medios iguales a su celo, este edificio podría conservarse aún como la joya de la nación, y atraería a los curiosos e inteligentes de todos los países durante largas generaciones.

Por W. Irving

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El truhán de la Alhambra

Sobrevino un incidente que causó una ligera tribulación en la Alhambra y que entristeció la interesante fisonomía de Dolores. Esta señorita sentía esa natural pasión de mujer por los animales domésticos de todas clases; y, efecto de su bondadoso carácter, había poblado de los que le eran predilectos uno de los patios ruinosos de la Alhambra. Un arrogante pavo real, con su hembra, parecía como que estaba ejerciendo soberanía sobre otros hermosos pavos, cacareadoras gallinas de Guinea y una bandada de pollos y gallinas comunes. Pero el principal deleite de Dolores fue mucho tiempo un par de pichones que habían entrado ya en el sagrado estado del matrimonio, sustituyendo en el cariño de la joven a una gata maltesa con sus gatitos.

A manera de vivienda, y para que pudieran hacer vida doméstica, Dolores les había arreglado un pequeño cuartito junto a la cocina, cuya ventana daba a uno de los silenciosos patios moriscos. Allí vivía la feliz pareja, no conociendo más mundo que su patio y sus relucientes tejados, sin que jamás se les hubiera ocurrido asomarse por encima de las murallas ni volar a lo alto de las torres. Su virtuosa unión se vio al fin coronada por dos preciosos huevos, blancos como la leche, que estremecieron de alegría a la cariñosa joven. Nada tan tierno y digno de admiración como los desvelos de los tiernos esposos en tan interesante situación; turnaban en el nido hasta que nacieron los pollos, y mientras la tierna prole necesitaba calor y abrigo, el uno quedaba en el nido y el otro salía fuera para buscar comida y traer a la casita provisiones.


Este cuadro de felicidad conyugal se alteró de pronto con un triste contratiempo. Una mañana temprano, cuando Dolores daba de comer al macho, tuvo la idea de querer enseñarle el gran mundo; y, abriendo la ventana cuyas vistas daban al valle del Darro, lo lanzó de pronto fuera de la muralla de la Alhambra. Por primera vez en su vida, el inexperto pájaro tuvo que usar de todo el vigor de sus alas; se precipitó hacia el valle, y levantándose después de un revuelo se remontó hasta cerca de las nubes.

Nunca se había visto a tal altura ni gozado de las delicias de volar, y, semejante al joven calavera que está en su elemento, parecía estar aturdido con el exceso de libertad y con el ilimitado campo de acción que de pronto se abrió a sus ojos. Durante todo el día estuvo dando vueltas, girando en caprichosas curvas, de torre en torre y de árbol en árbol. Todas las tentativas para cogerlo, echándole comida en los tejados, fueron vanas; parecía que se hubiera olvidado de su casa, de su tierna compañera y de sus dulces pichoncillos. Para aumentar la pena de Dolores, se reunió con dos palomas ladronas, cuya habilidad consiste en atraer a su nido a los pichones que se escapan de otro palomar.

El fugitivo -como los jóvenes mal aconsejados en su primera salida al mundo- se fascinó con la compañía de estos perjudiciales amigos, que tomaron a su cargo el enseñarle a vivir y presentarlo en sociedad, y estuvo volando con ellos por encima de los tejados y campanarios de Granada. Sobrevino una ligera tormenta, y, sin embargo, nuestro prófugo no volvía a su nido; se echó encima la noche, y nada, no aparecía. Para agravar la situación, la hembra, después de estar bastantes horas en el nido sin ser relevada, salió al fin en busca de su fiel compañero, pero estuvo tanto tiempo fuera, que uno de los pichoncillos pereció por falta de calor y de abrigo del pecho materno.

A última hora de la noche avisaron a Dolores que habían visto al truhán del pájaro en la torre del Generalife. Nos enteramos de que el administrador de este antiguo palacio tenía también un palomar, entre cuyos habitantes se decía que había dos o tres pájaros ladrones que eran el terror de los aficionados a palomas en la vecindad. Dolores dedujo en seguida que los dos pájaros con quienes había visto al fugitivo eran los del Generalife, e inmediatamente se reunió un consejo de familia en la habitación de la tía Antonia. El Generalife tiene distinta jurisdicción que la Alhambra, y existe cierta rivalidad, sin enemistad manifiesta, entre sus conserjes. Se determinó, por fin, enviar al tartamudo jardinero Pepe en calidad de embajador, exigiendo que, si se encontraba el fugitivo dentro de aquellos dominios, fuese entregado inmediatamente, por ser súbdito de la Alhambra.

Pepe partió a cumplir su embajada diplomática, a la luz de la luna, por entre bosques y alamedas; pero volvió al cabo de una hora con la desconsoladora noticia de que el tal pichón no se encontraba en el palomar del Generalife. El administrador, sin embargo, prometió, bajo palabra de honor, que si el desertor se refugiase allí, aunque fuera a medianoche, sería arrestado inmediatamente y enviado prisionero a la joven señorita. Así seguía este desgraciado asunto, que tan grave desazón produjo en el Palacio y que, durante la noche, no dejó pegar los ojos a la inconsolable Dolores.

«No hay bien ni mal – dice un adagio vulgar- que cien años dure.» Lo primero que vi, al salir de mi cuarto por la mañana, fue a Dolores con el truhán del palomo extraviado, en sus manos, y sus ojos brillando de alegría. Había parecido a primera hora en las murallas revoloteando cautelosamente de tejado en tejado, hasta que entró por la ventana rindiéndose a discreción. Y por cierto que no ganó muy buena fama con su vuelta; pues por la insaciable manera con que devoró la comida que le pusieron delante daba bien a entender que, como el Hijo Pródigo, había regresado a su casa sólo acosado por el hambre.


Dolores le riñó por su mala conducta, diciéndole toda clase de nombres injuriosos (aunque, ¡condición tierna de mujer!, lo acariciaba al propio tiempo contra su pecho, cubriéndolo de besos). Observé, sin embargo, que tuvo cuidado de cortarle las alas, para evitar el que se escapase nuevamente; precaución que hago constar en beneficio de las que tienen amantes veleidosos y maridos callejeros. Más de una saludable moraleja pudiera sacarse de la historia de Dolores y su pichón.

Por W. Irving

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Sentimientos llegando a la Alhambra de Granada

Prosiguiendo nuestro viaje, salimos de las montañas y entramos en la deliciosa vega de Granada. Aquí hicimos la última merienda, a la sombra de unos olivos y a orillas de un riachuelo, con la vieja ciudad morisca en lontananza, coronada por los picos de Sierra Nevada, brillante como la plata. El día estaba sin nubes y el calor del sol atemperado por las frescas brisas de la montaña; después de la comida tendimos nuestras mantas y dormimos nuestra última siesta, acariciados por el zumbido de las abejas entre las flores y por los arrullos de las palomas torcaces en los cercanos olivares. Cuando pasaron las horas del calor emprendimos de nuevo la marcha; y, después de haber pasado por entre vallados de pitas y chumberas y por un laberinto de huertas, llegamos, al ponerse el sol, a las puertas de Granada.

Para el viajero inspirado en lo histórico y en lo poético, la Alhambra de Granada es un objeto de tanta veneración como la Ka’aba o Casa Sagrada de la Meca para los devotos peregrinos musulmanes. ¡Cuántas leyendas y tradiciones verídicas y fabulosas, cuántos cantares y romances amorosos, españoles y árabes, y qué de guerras y hechos caballerescos hay referentes a aquellos románticos torreones! El lector comprenderá fácilmente nuestra alegría cuando, poco después de llegar a Granada, el gobernador de la Alhambra nos dio permiso para residir en las habitaciones vacías del Palacio morisco. Mi compañero fue pronto llamado por los deberes de su cargo oficial; pero yo permanecí de intento algunos meses en el viejo Palacio encantado.

¡Si ellas pudiesen comunicar algo de los fascinadores encantos de este sitio a la imaginación del lector, éste no podría menos de apesadumbrarse de no haber pasado conmigo una temporada en los legendarios salones de la Alhambra!

Por W. Irving



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Alhambras en América

Un libro publicado por Almed repasa la influencia de la arquitectura neo-árabe en Latinoamérica. Alhambras, Mezquitas y Giraldas proliferaron por estos países.

En un salón de estilo alhambresco dos indianos, él vestido con chaleco y camisa blanca y ella con mantón de manila sobre los hombros, juegan al billar. Esta singular imagen llena de encanto realizada por un fotógrafo holandés en el Palacio Portales de Cochabamba (Bolivia) es la portada del libro Alhambras. Arquitectura neoárabe en Latinoamérica, y su mejor síntesis. La editorial granadina Almed acaba de publicar esta espectacular obra que se presentó en el Palacio de Carlos V. Un novedoso estudio coordinado por los profesores de la Universidad de Granada Rafael López Guzmán y Rodrigo Gutiérrez Viñuales que explica, a través de los artículos de importantes especialistas, la influencia que la Alhambra y otros monumentos hispano-musulmanes como la Giralda o la Mezquita de Córdoba han tenido en Europa, Estados Unidos y Latinoamérica. «La Alhambra ha sido fuente de inspiración desde palacios a logias masónicas, salones de té y de fumar, edificios institucionales, mansiones privadas e incluso plazas de toros», apuntó Reynaldo Fernández Manzano, director del Patronato de la Alhambra y el Generalife.

Fernández Manzano señaló las figuras de Jerónimo Páez, responsable de Almed, y Rafael López Guzmán como artífices «de grandes cosas que se han hecho en Granada. La ciudad les debe un reconocimiento porque han trabajado mucho y muy bien. Esta obra coral y polifónica es la prueba. Un interesante y rico inventario de las obras neo-árabes en Latinoamérica, con referencias bibliográficas y recursos digitales. Se trata de una rayuela de miradas, de un abanico que recoge a destacados especialistas e investigadores», comentó.

TENER UN SALÓN PROPIO DE ESTILO ALHAMBRESCO ERA UN SÍMBOLO DE DINERO Y ESTATUS LA PUBLICACIÓN RECOGE MÁS DE UN CENTENAR DE EDIFICIOS QUE BEBIERON DEL ESTILO ANDALUSÍ.

El editor destacó la labor de todos las personas que han hecho posible el libro, desde los coordinadores a los autores de los distintos artículos, al diseño de Manigua y la colaboración del Patronato de la Alhambra, Proyecto Mutis y Fundación Telefónica, con la especial implicación de su directora en Andalucía, María Jesús Almazor, que también quiso respaldar con su presencia el proyecto editorial. «Con este tipo de obras también pretendo que Granada tenga la capacidad de difundirse no solamente a nivel andaluz, sino a nivel nacional e internacional», enfatizó Jerónimo Páez.

Plaza de toros Real de San Carlos – Colonia del Sacramento – uruguay

En su línea de pensar a lo grande para conseguir grandes cosas, Páez propuso que con el libro como argumento se organice una reunión en la Alhambra con los embajadores de los distintos países que aparecen. También insistió en la capacidad de Granada como lugar de conexión no sólo con el mundo árabe, también con Latinoamérica. «Debemos ser capaces de materializar estas relaciones y convertir la Alhambra en el centro de saber a nivel internacional que debe ser».

En su intervención también destacó la gran labor que Telefónica puede hacer por la Alhambra a nivel digital y tecnológico, palabras que recogió María Jesús Almazor subrayando que «este libro que ha publicado Almed aúna muchas de las cosas con las que Telefónica se identifica. En primer lugar Latinoamérica, porque gran parte de nuestro negocio está allí. Telefónica tiene, además, una apuesta muy importante en Andalucía por las grandes tecnologías».

La aportación más importante del libro, según el catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Granada Rafael López Guzmán, ha sido el inventario de más de 150 obras que muestran la enorme cantidad de arquitecturas que se inspiraron en la Alhambra o en otros edificios singulares de la cultura andalusí, como la Mezquita de Córdoba o la Giralda de Sevilla: «El patrimonio americano está relacionado, en muchas ocasiones, con el origen hispano de sus habitantes, que buscan recuerdos de su tierra cuando encargan a arquitectos que han viajado por Europa la construcción de sus viviendas».

La añoranza de la madre patria es el caso de una importante familia originaria de Moguer (Huelva) que emigró a Colombia y se hizo millonaria gracias a la elaboración de un refresco que se sigue tomando en la actualidad. Una de las hijas incluso llegó a casarse con un presidente colombiano. Encargaron una mansión de estilo alhambresco que también aparece en el libro. Se trata de la Casa Román, en Cartagena de Indias. «Vinieron a Granada y se llevaron una serie de yeserías y cerámica para construirla», explicó López Guzmán.

Muchas grandes fortunas destinaron el estilo alhambresco a alguna de las estancias de sus casas. Hacerlo era símbolo de poder y estatus. Es el caso mencionado al comienzo de este texto, el Palacio Portales de Cochabamba, en Bolivia, construido entre los años 1915 y 1927 por el arquitecto francés Eugene Bliault, que fue la residencia de Simón Iturri Patiño, millonario boliviano, conocido como el barón del estaño.

El libro se pasea no sólo por las Alhambras que existen en América, también por las Giraldas, los Teatros Falla, las mezquitas y otras arquitecturas que han bebido de nuestros emblemáticos monumentos. «Granada habría ganado mucho si todo el estilo arquitectónico se hubiera concebido como homenaje a la Alhambra y en sintonía con ella», apuntó en este sentido el editor Jerónimo Páez.

El profesor Rodrigo Gutiérrez Viñuales explicó casos muy interesantes como el de la plaza de toros de estilo neoárabe Real de San Carlos diseñada por el arquitecto José Marcovich en 1909, en una zona rural de Uruguay, concretamente en Colina de Sacramento. Viñuales destacó que, aunque la Alhambra fue la más imitada y recreada en todos los países, en segundo plano lo fueron el Alcázar de Sevilla, la Giralda y la Mezquita de Córdoba.

Torre del Reloj o Torre Morisca – Guayaquil – Ecuador

En el libro se recuperan más de 30 ejemplos de Giraldas, que están fundamentalmente en Estados Unidos pero también en el resto de países americanos. Un ejemplo fue la del Madison Square Garden, «un edificio que fue simbólico en Nueva York hasta su destrucción en 1927. Fue uno de los que iniciaron el skyline de Nueva York». Los quioscos de plazas en estilo neo-árabe también están presentes en esta obra: «Recuperamos una treintena, pero el más importante de todos es el de Santa María de la Ribera en Ciudad de México».

Otro capítulo del libro está dedicado a arquitectos que fueron especialmente relevantes por su producción de estilo neo-árabe como Pedro Adolfo de Castro y Francisco Roldán en Puerto Rico; Alfredo Barea en Cartagena de Indias o Adolfo Morales en Río de Janeiro. «Todos ellos tienen una amplia obra desarrollada en esta línea».

A través de los artículos, el libro explica el fenómeno alhambrista desde el Caribe a Centroamérica sin olvidar Estados Unidos. «El país donde más recreaciones alhambristas existen», según explicó el profesor Gutiérrez Viñuales. La arquitectura morisca, como argumenta en su artículo Lily Litvak, profesora de la Universidad de Texas, se desarrolló de manera especial en California. «En todas las ciudades grandes y pequeñas se construyeron edificios de estilo morisco. En los alrededores de San Francisco hay interesantes ejemplos de viviendas de estilo de apartamentos en estilo morisco como El Alhambra Apartments».

Un sorprendente libro que permite descubrir y enorgullecerse de la fascinación que ejercen nuestros monumentos al otro lado del Atlántico.

Por Brígida Gallego-Coin
Con información de Diario de Sevilla

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Los mensajes ocultos de la Alhambra

epigramas_alhambra

La propaganda es una constante del poder. En la España del siglo XIII, la dinastía nazarí hacía uso de ella a pleno pulmón. Además, contaba con un soporte extraordinario: los muros, columnas, arcos, fuentes y techos de la Alhambra. El resultado de ese ejercicio intenso de propaganda es que gran parte de las 10.000 inscripciones epigráficas que adornan la ciudad nazarí, frente a lo que se creía, no son bellos poemas ni piadosos versículos del Corán. Los epigramas más frecuentes relatan las hazañas y conquistas de los sultanes, la excelencia de sus construcciones y, por encima de todo, aquellos que contienen la leyenda “Wa-la galib illa Allah”, el lema de la dinastía nazarí que significa “No hay más vencedor que Alá”. Para los lectores de la época, aquello era, sobre todo, un recordatorio de quién les gobernaba.

Esa es una de las conclusiones a las que ha llegado el arabista e investigador científico de la Escuela de Estudios Árabes del CSIC Juan Castilla Brazales, quien, al frente de un equipo de una docena de personas, ha catalogado esas 10.000 inscripciones. El proceso ha supuesto localizar, traducir, vincular con leyendas similares, fotografiar y dibujar todas y cada una de ellas, realizadas sobre tres tipos de materiales: madera, yeso y piedra. Castilla ha completado un trabajo laborioso. “Es difícil encontrar en la Alhambra espacios libres de decoración; incluso los mocárabes, esas construcciones a base de prismas, incluyen a veces una inscripción en cada cara de esos prismas. He pasado horas buscando epigramas en el techo con los prismáticos”, recuerda.

Cúfico geométrico

Las inscripciones epigráficas de la Alhambra están escritas en árabe clásico pero son difíciles de leer para un lector árabe actual. “Es una caligrafía ornamental y además contiene ingredientes que dificultan su lectura”, cuenta Juan Castilla, “como ciertos adornos en la grafía y ornamentos florales”.

Tres son los tipos de letra usadas. La cúfica, de Kufa (Irak) fue la primera. Utilizada para copiar el Corán, se consideró letra sagrada. Fue sustituida por la cursiva hasta que los artesanos granadinos crearon la cúfico geométrico, “de una madurez creativa que nos sitúa ante una de las producciones estéticas más acertadas de cuantas aportaron los andalusíes al arte islámico”, concluye Castilla.

Herramienta publicitaria

La decoración árabe, al contrario que aquella de los palacios y catedrales europeas, renuncia a las figuras humanas y animales. Por ello, para la ornamentación de la ciudad nazarí los constructores recurrieron a formas geométricas y vegetales y, “en ausencia de unas artes plásticas desarrolladas, a la caligrafía”, explica Castilla. “La Alhambra no está plagada de poemas ni de citas coránicas porque uno de los principales objetivos de esta decoración es el refuerzo de la identidad. Es también una herramienta publicitaria”. Son frecuentes las jaculatorias en honor del dios musulmán, como “Gratitud a Alá” o “La gloria es de Alá”; a continuación, las votivas, epígrafes muy breves —de una o dos palabras— sobre conceptos abstractos como felicidad, gloria o bendición y las que ensalzan al monarca. Finalmente, inscripciones coránicas de más o menos extensión y leyendas poéticas.

La investigación de Juan Castilla y su equipo pone punto final a un trabajo que se inició hace 500 años. Tras la toma de Granada por los cristianos, la Alhambra se convirtió, también, en un espacio de visita y con ello, comenzó la curiosidad de estos visitantes por conocer el significado de los escritos. Pero esa tarea se había acometido solo parcialmente; únicamente se habían traducido los poemas, dejando de lado los epigramas de menor tamaño e importancia.

Una labor exhaustiva

Los primeros versos los tradujo, cuenta Castilla, el médico y morisco granadino Alonso del Castillo en 1564. El experto concluye ahora aquel trabajo y tantos otros “con una perspectiva diferente: la exhaustividad”. “No me conformé con las inscripciones que estaban a la vista, busqué en todos los sitios”, comenta. Así, ha encontrado inscripciones en estancias subterráneas, peldaños e incluso en material de derrumbe apilado durante siglos… A la pregunta de si existe algún criterio que determine la asociación entre cada inscripción y su ubicación, el investigador explica que cada sultán trataba de dejar su impronta y, efectivamente, los espacios se diseñaban seleccionando los epigramas. A veces se creaban citas para la ocasión y, en ciertos casos, se usaban fragmentos de textos ya existentes.

La catalogación ha sido recogida en Corpus Epigráfico de la Alhambra, una edición bilingüe de ocho libros-DVD interactivos que permiten al usuario conocer el detalle de todas las inscripciones: localización, traducción, fotografía, dibujo, contexto. La Unión de Editoriales Universitarias Españolas acaba de otorgar a esta obra el premio a la mejor edición nacional realizada en formato digital. Reynaldo Fernández, director del Patronato de la Alhambra y el Generalife, editor de la obra, anuncia que espera poner a disposición del público los últimos dos libros-DVD en el primer semestre del año próximo. La Alhambra tendrá, entonces, 10.000 secretos menos.

Versos de los epígramas de la Alhambra

Versos 2 y 3 del poema de la Fuente de los Leones de Ibn Zamrak

«Pues, ¿acaso no hay en este jardín maravillas que Dios ha hecho incomparables en su hermosura y una escultura de perlas de transparente claridad, cuyos bordes se decoran con orla de aljófar?»

Versos 3 y 4 del poema de la Torre de la Cautiva de Ibn al-Yayyab

«La Alhambra se ha adornado con ella de tal suerte que resplandece con la belleza de sus adornos y es una flor para quien la huele. Calahorra a la que sostienen las estrellas del espacio en la esfera celeste y la cruzan [las Pléyades y Piscis]».

Verso 14 del poema de la Sala de Dos Hermanas de Ibn Zamrak

«¡Qué arcos hay por encima, sostenidos por columnas, de luz engalanadas…»

Verso 4 del poema del Patio de Arrayanes de Ibn Zamrak

«A espada y a la fuerza en Algeciras entraste, abriendo puerta antes cerrada».

Por Javier Arroyo
Con información de:El País

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Alhambra – Jorge Luis Borges

alhambra_granada2016

Alhambra

Grata la voz del agua
a quien abrumaron negras arenas,
grato a la mano cóncava
el mármol circular de la columna,
gratos los finos laberintos del agua
entre los limoneros,
grata la música del zéjel,
grato el amor y grata la plegaria
dirigida a un Dios que está solo,
grato el jazmín.

Vano el alfanje
ante las largas lanzas de los muchos,
vano ser el mejor.
Grato sentir o presentir, rey doliente,
que tus dulzuras son adioses,
que te será negada la llave,
que la cruz del infiel borrará la luna,
que la tarde que miras es la última.

J.L.Borges

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El Voluntariado Cultural del Museo de la Alhambra

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José Domingo Lentisco Navarro, de Arqueología, patrimonio y producción audiovisual, me envía para su difusión un video que se ha realizado sobre la Asociación Cultural de Voluntarios del Museo de la Alhambra y su trabajo de divulgación cultural en el Museo de la Alhambra.

El video se titula »Cuestión de perseverancia‘ y está promocionado por el Patronato de la Alhambra y el Generalife.

En él aparecen exponiendo su labor de explicación de las diferentes salas que lo componen 14 Voluntarios del Museo de la Alhambra, de los 22 que lo forman y Purificación Marinetto Sánchez, jefa del Departamento de Conservación y Museos del Patronato de la Alhambra e impulsora de esta idea en 1988.

Los Voluntarios que aparecen en el video son:

  • José González Vílchez.
  • Esperanza Álvarez Coucher
  • Lourdes Ruiz López.
  • Alejandro Hurtado Álvarez
  • Clemente Franco Rubio
  • Matilde Cortés Romera.
  • Dolores Álvarez Almogera.
  • Mercedes Arenas Rosa.
  • Concepción Fernández Durán.
  • Ricardo Altamirano Tapia.
  • Margarita Martín Villanueva.
  • Eugenia Salobreña Torres.
  •  Josefina López Lucena.
  • Manuel Zafra Jiménez.

El equipo de producción ha estado a cargo de:

  • José Domingo Lentisco
  • Carmen Romero
  • Samuel Salazar
  • Malva Rodríguez
  • Jesús Martín.


Breve historia de un palacio cristiano en la Alhambra

Vista aérea de la Alhambra, donde se observan las dos edificaciones cristianas: La iglesia de Santa María de la Alhambra y el palacio de Carlos V.
Vista aérea de la Alhambra, donde se observan las dos edificaciones cristianas:
La iglesia de Santa María de la Alhambra y el palacio de Carlos V.

En 1526, cuando el Emperador Carlos V contrajo matrimonio con Dª Isabel de Portugal, trasladó su corte a las palacios reales de los nazarís en la Alhambra para pasar sus vacaciones en Granada.

El Emperador se instaló en una serie de habitaciones que, desde un año antes de su llegada, se habían habilitado en una zona externa de los palacios nazaríes bajo la supervisión del Marqués de Mondéjar, y la Emperatriz, no considerándolo éste un alojamiento adecuado, se instalaría en el Monasterio de San Jerónimo, quedando la Corte distribuida entre la ciudad y la Alhambra.

Una de las salas del Museo de la Alhambra
Una de las salas del Museo de la Alhambra

Durante esta visita regia, Carlos V expresó su propósito de hacer de la Alhambra uno sus lugares de residencia en un nuevo palacio que proyectó construir y los moriscos de Granada, a partir de las nuevas ordenanzas aprobadas, aceptaron a cambio de obtener determinadas concesiones, sufragar con 80.000 ducados en un solo pago y 10.000 ducados anuales con destino a la construcción del nuevo palacio a erigir en la Alhambra.

La obra se encargaría al arquitecto y pintor toledano Pedro Machuca, que estudió en Italia con Miguel Ángel.

Incensario - El quemador de perfumes, de forma ovoide, procede del convento de las Mercedarias de Madrid
Incensario – El quemador de perfumes, de forma ovoide,
procede del convento de las Mercedarias de Madrid

Desde los primeros momentos en el que los palacios de la Alhambra fueron habitados por los Reyes Católicos, el ajuar que queda fue protegido, reutilizado y disfrutado en la nueva Corte. A lo largo de los siglos, los objetos y restos arquitectónicos conservados se disponían decorando las estancias y también se almacenaban en diferentes espacios del recinto. Posteriormente se fueron reuniendo por conservación aquellos hallazgos procedentes de las excavaciones realizadas en la Alhambra.

El número y calidad de los Fondos del Museo de la Alhambra hace que sea la mejor colección existente de Arte hispano-musulmán y en especial Arte Nazarí.

Comenzó a tener un aspecto de “Museo” a mediados del siglo XIX, catalogado y reunido en diversos sectores de la Alhambra y hacia 1870 se empezaron a catalogar los fondos, instalándose algunos en las habitaciones del Emperador y alrededor de los palacios de Leones y Comares.

Pila de Almanzor - Esta pila, procedente del palacio de Almanzor, en Córdoba, fue reutilizada en la Alcazaba de la Alhambra
Pila de Almanzor – Esta pila, procedente del palacio de Almanzor, en Córdoba,
fue reutilizada en la Alcazaba de la Alhambra

Ya en los primeros años del siglo XX la Comisión de Monumentos, encargada de dirigir la restauración de la Alhambra, encomienda al arquitecto Ricardo Velázquez Bosco la terminación del palacio, trabajo que continuó en 1923 Leopoldo Torres Valvas procediendo, entre otras reformas estructurales, a techar parte del edificio. Transcurrida la guerra civil las obras se reanudaron bajo la dirección del arquitecto Francisco Prieto.

El Museo de la Alhambra ocupa el ala Sur de la planta baja, distribuyéndose en siete salas temáticas.

Una de las salas del Museo de la Alhambra
Una de las salas del Museo de la Alhambra

Creado en 1870, en 1862 pasó a denominarse Museo Nacional de Arte Hispano-Musulmán. En 1994 se modificó su denominación, trasladándose a su ubicación actual.

El espacio y la instalación expositiva fue diseño del arquitecto Juan Pablo Rodríguez Frade.

El Museo Arqueológico de la Alhambra se crea en 1940, en 1962 pasó a denominarse Museo Nacional de Arte Hispano-musulmán y desde 1994 quedó adscrito al Patronato de la Alhambra y el Generalife, con el nombre Museo de la Alhambra.

Historia de unos voluntarios en la Alhambra

 

Los Voluntarios del Museo de la Alhambra
Los Voluntarios del Museo de la Alhambra

El Programa de Voluntariado Cultural, creado en 1998 por Purificación Marinetto Sánchez, Jefa del Departamento de Conservación y Museos de la Alhambra, acoge a un número de 22 miembros que cubren su servicio todos los días en el que el Museo está abierto desde las 10 de la mañana hasta las 13’30.

Se está ofreciendo un servicio diario en el que se explica la Exposición Permanente a cualquier persona, grupo o escolares que lo deseen en español, y también en francés e inglés.

Lo que en un primer momento surge como una primera experiencia de divulgación de los fondos expuestos, poco a poco ha supuesto un servicio estable que ya es solicitado por visitantes a los que se lo han recomendado amigos y profesores que han conocido la actividad y repiten la experiencia años sucesivos.

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El horario de su actividad se da todos los días de 10 h. a 13 h. para cualquier visitante que lo solicite en pequeños grupos y con reserva prioritaria a grupos de escolares o adultos, previa solicitud.

El programa de “Guías voluntarios en el Museo de la Alhambra” se considera una actividad consolidada en el Museo desde 1998, habiéndose creado la Asociación de Voluntarios Culturales de la Alhambra.

Una asociación de Voluntarios Culturales en la Alhambra.

Fotografía de un encuentro en Granada de los Voluntarios Culturales de Museos
Fotografía de un encuentro en Granada de los Voluntarios Culturales de Museos

La Asociación de Voluntarios Culturales del Museo de la Alhambra acoge a un número de 20 miembros.

En 2012 se instituye la Asociación con los miembros del Programa de Voluntarios del Museo de la Alhambra que se inicia en 1998, como miembros de la “CEATE” en su programa “Voluntarios Culturales Mayores para enseñar los Museos de España”.

Como reconocimiento de la labor que realizan, han tenido el reconocimiento público con el “Premio Extraordinario del Imserso 1998” y posteriormente el “Premio Júbilo 2000”.

La actividad diaria de los voluntarios se desarrolla mediante visitas guiadas:

Reserva prioritaria a grupos previamente concertados y por orden de solicitud.

Dos domingos al mes, los dos centrales, existen una serie de conferencias temáticas sobre la Alhambra y el mundo musulmán.

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Fuentes:

Consejería de Educación, Cultura y Deporte.
El Patronato de la Alhambra y el Generalife
José Domingo Lentisco Navarro, arqueólogo.
Granada, guía histórica e histórica de la ciudad, de Antonio Gallego Burín.
Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

Por ©Bruno Alcaraz Masáts

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