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Arpas de Ur – Arte musical Sumerio

El instrumento de cuerdas más antiguo, legado de la civilización Sumeria

El hallazgo más importante relacionado con la música mesopotámica tuvo lugar en 1929. El arqueólogo británico Leonard Woolley, considerado primer arqueólogo moderno, se encontraba excavando desde hacía varios años en la antigua ciudad sumeria de Ur. Allí se encontró con el que sería uno de los descubrimientos arqueológicos más importantes del siglo XX.

Las Arpas de Ur, también llamadas Liras de Ur, están consideradas como los instrumentos de cuerda más antiguos. Datan del año 2400 a. C. y fueron elaborados en época de la civilización sumeria, que se considera la primera y más antigua civilización de la historia, que se extendió por el sur de Mesopotamia, en la zona de los ríos Tigris y Eufrates, (actual Irak) concretamente forma parte del Período Dinástico Arcaico, un período arqueológico de la historia de Mesopotamia entre el año 3000 a. C. y el 2334 a. C.

La música desempeñaba un papel importante en la cultura sumeria. Los músicos aprendían a tocar en una escuela y formaban parte de la clase alta de la jerarquizada sociedad. La música y el baile estaban muy presentes en los rituales religiosos, sobre todo en los de la diosa Inanna, en las celebraciones de nacimiento y matrimonio y en los recitales de poesía. Antes de tocar cualquier instrumento de cuerda, los intérpretes se lavaban las manos para purificarse. Entre los instrumentos de cuerda típicos sumerios destacan las liras y las arpas, de numerosas cuerdas y construídas en madera con incrustaciones de cristales y lapislázuli y el pantur (laúd), que más tarde se pasaría a llamar pantura por los griegos. Tenía un mástil extremadamente largo y se componía de dos o tres cuerdas.

Las denominadas “Arpas de Ur”, también llamadas “Liras de Ur”, se consideran los instrumentos de cuerda más antiguos descubiertos hasta ahora en todo el mundo. Datan aproximadamente del año 2.400 a. C. y fueron creadas por la civilización sumeria, una de las primeras y más importantes civilizaciones de la historia de la humanidad. El “Arpa Dorada” o “Arpa del Toro” estaba considerada la más bonita de las cuatro halladas en dicho lugar, pero desgraciadamente fue, casi en su totalidad, destruida durante la invasión de EE.UU. a Irak en el año 2003.

Gracias a diversas entidades y universidades, una réplica fue construida. Además se pudo recuperar la cabeza original del toro. El arpa de la reina Pu-abi se encuentra en el Museo Británico. El arpa en forma de barco y otra con una cabeza de toro de oro (similar a la de la reina) se guardan en Museo de Arqueología y Antropología de la Universidad de Pennsilvania.

Los instrumentos  más antiguos

También se tocaba el laúd, llamado panthur en sumerio, con un largo cuello y pequeña caja de resonancia, tocado generalmente por las mujeres. Como instrumentos de viento usaron flautas, chirimías y trompetas. En cuanto a la percusión, tocaban instrumentos variados, como calderos de metal a modo de timbales o el sistro.

Formación musical

En cuanto a instrumentos de viento se podría destacar el uso de las flautas, que están presentes desde tiempos inmemoriables en todas las civilizaciones. Estas flautas serían versiones primitivas de los neys actuales, aunque dudo que existan muchas diferencias entre ambas. No disponían de embocadura y se tocaban en vertical. Las trompetas, que surgieron en el periodo asirio y las chirimías dobles. En la percusión: sistros, pequeños tambores, crótalos y los grandes timbales de metal.

Las primeras partituras de la historia

Las fuentes cuneiformes explican el uso de las escalas pentatónicas y heptatónicas, además del sistema monódico, aunque sería muy probable que conocieran la polifonía. Las liras y las arpas se punteaban con ambas manos y la chirimía, aparte de hacer sonar la melodía, emitía la nota del bordón. Era importante el uso de las quintas y las cuartas en los instrumentos de cuerda y la percusión venía a menudo de manos de las propias bailarinas. Existía ya por aquel entonces el concepto de orquesta.

El descubrimiento de las tablas hurritas, una colección de canciones escritas en cuneiforme, que datan del 1.400 a.C y fueron descubiertas en la ciudad de Ugarit. En una de estas tablas se encuentra el himno hurrita a Nikkal (h.6), el más famoso de todos.

Con información de Haraldwartooth

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El Mesías despuès de la crucifixión – Badr Shakir Al Sayyab

El Mesías despuès de la crucifixión

Cuando me bajaron oí a los vientos
trenzar las palmeras en un largo llanto,
y los pasos al alejarse. Ni las heridas
ni la cruz a la que me clavaron al crepúsculo
me dieron muerte. Escuché: el lamento
cruzaba la llanura entre la ciudad y yo
igual que una cuerda tensa la nave
que cae al vacío. Era el llanto
como un hilo de luz entre la claridad
y las tinieblas en el cielo triste del invierno.
Más tarde dormita, a pesar de lo que siente, la ciudad.

Cuando florecen la morera y el naranjo,
cuando Yaykur se extiende hasta los límites de la imaginación,
cuando verdece unos pastos que cantan su fragancia
y unos soles que la amamantan con su brillo,
cuando incluso su oscuridad reverdece,
palpa el calor mi corazón, mi sangre fluye por el suelo.
Mi corazón es el sol cuando el sol emana luz,
mi corazón es la tierra, mana trigo, flores, agua fresca,
mi corazón es el agua. Mi corazón es la espiga,
su muerte es resurrección: vive en quien come de ella.-
En la masa que se enrolla
y se extiende cual seno joven, cual mama de vida,
perecí con el fuego, se quemó la tiniebla de mi barro y quedó Dios.
Fui principio y en el principio estaba el pobre.
Perecí para que se comiese el pan en mi nombre y me sembraran con la estación.
¡Cuántas vidas viviré! En cada tumba
seré futuro, seré semilla,
seré una generación de hombres, en cada corazón está mi sangre,
una gota de ella o parte de una gota.

Regresé, palideció al verme Judas…
pues yo era su conciencia.
Como si fuera una sombra mía ennegrecida, la imagen de una idea
que se helara y el espíritu se alejara de ella.
Temió que mostrase la muerte en el agua de sus ojos…
(Sus ojos eran una roca
donde ocultaba su tumba de los hombres)
Temió su calor, lo absurdo, preguntó:
“¿Eres tú o es mi sombra ya blanca que se difumina en la luz?
Vienes del mundo de la muerte pero la muerte sólo pasa una vez.
Eso dijeron nuestros padres, eso nos enseñaron, ¿era mentira?”.
Así pensó cuando me vio, su sola mirada lo dijo.

Un pie corre, un pie, un pie,
la tumba, al caer sus pasos, casi se desploma.
¿Es que vienen? ¿Otros? ¿Quiénes?
Pies… pies, pies.
¿Arrojé la roca de mi pecho
o no me crucificaron ayer?… Aquí estoy en mi tumba.
¡Que vengan! Estoy en mi tumba.
¿Quién sabe que yo…? ¿Quién sabe?
Los compañeros de Judas, ¿quién creerá lo que dicen?
Pies… pies.
Aquí estoy, desnudo en mi oscura tumba:
ayer me envolví cual pensamiento, cual rama,
bajo mis sudarios de nieve se cubre de rocío la flor de la sangre.
Fui cual sombra entre las tinieblas y la claridad.
Hice estallar mi alma en tesoros, la desnudé cual frutos.
Cuando hice de mis bolsillos mantos, de mis mangas una túnica,
un día, cuando di calor con mi carne a los huesos de los niños,
cuando desnudé mi herida para vendar la herida de otro,
se resquebrajó el muro entre Dios y yo.

Sorprendió el ejército hasta mis heridas, hasta los latidos de mi corazón,
sorprendió todo lo que no era muerte hasta en un cementerio,
me sorprendió como sorprende a la palmera rebosante de frutos
una bandada de pájaros hambrientos en una aldea abandonada.
Los ojos de los fusiles devoran mi senda
mientras apuntan el fuego sueña en ellos mi crucifixión.
Si son de hierro y fuego, las pupilas de mi pueblo
hechas de luz celestial, de recuerdos y de amor
llevarán por mí la carga. Es noble mi cruz, ¡qué pequeña!
Esta muerte es mi muerte, ¡qué enorme!

Cuando me clavaron y dirigí mis ojos a la ciudad,
apenas si reconocía la llanura, la muralla, el cementerio;
había algo allá donde se desvanece la mirada
cual bosque en flor,
había en cada punto una cruz o una madre entristecida.
¡El Señor sea alabado!
Éste es el dolor de parto de la ciudad.

Badr Shakir Al Sayyab

Traducción del árabe: Carolina Fraile
Con información de Poesía Árabe

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Retrato del iraquí de los últimos tiempos – Sargón Bulus

Retrato del iraquí de los últimos tiempos

Lo veo aquí o allí:
su mirada extraviada en el río
de las calamidades, la nariz arrancada
en el cementerio de las matanzas, el vientre, que ha triturado
el trigo
de la locura en los molinos de Babilonia
durante diez mil años…

Veo su imagen,
cuyo marco se ha perdido
en las explosiones de la historia
recuperada,
evocando sus rasgos como espejo
que nos sorprende cada vez
por su elevada capacidad de disipación.

En su frente clara
podrás ver,
como en las páginas de un libro,
las filas de los invasores,
igual que en una película en blanco y negro:
dale una cárcel y una tumba,
dale un exilio,
cualquier aquí o allí.
Y, a pesar de ello, podrás ver
las catapultas que destruyen las murallas
para elevarse otra vez más.

Y de nuevo asciende Uruk

Sargón Bulus

Traducción del árabe: Milagros Nuin
Publicado en el periódico Al-Hayat, el 10 de septiembre de 2003


بورتريه للشخص العراقي في آخر الزمن

أراه هنا، أو هناك:
عينهُ الزائغة في نهر
النكبات، منخراه المتجذّران
في تُربة
المجازر، بطنه التي طحنتْ
قمحَ
الجنون في طواحين بابل
لعشرة آلاف عام…

أرى صورتَهُ
التي فقدت إطارها
في انفجارات التاريخ
المستعادة
تستعيد ملامحها كمرآةٍ
لتدهشنا في كل مرة
بمقدرتها الباذخة على التبذير.

وفي جبينه الناصع
يمكنك أن ترى
كأنما على صفحات كتابٍ
طابورَ الغزاة يمرُّ
كما في فيلم بالأبيض والأسود:
أعطه أيَّ سجن ومقبرة
أعطه أي منفى
أي هنا، أو هناك
ورغم ذلك يمكنك أن ترى
المنجنيقات تدكُّ الأسوار
لتعلو مرّة أخرى.

وتصعد أوروك من جديد


Con información de Poesía Árabe

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