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Proverbio Árabe: La lámpara

Hay dos maneras de difundir la luz… ser la lámpara que la emite, o el espejo que la refleja.



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Al-Qûr’an: Sûrat Al-Duhâ [La Mañana] 56


 

Sûrat Al-D:uh:â [La Mañana] 56

Fa´am-ma al-yatîma falâ taqhar
٭ wa´am-ma al-sa´ila falâ tanhar
٭ wa´am-mâ bini`matirab-bika fah:ad-dith.

[No abuses del huérfano. Ni ahuyentes al mendigo. Y habla del favor que tu Señor te ha dado].


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Contigo pan y cebolla

cebollas
«En la cuna del hambre / mi niño estaba.
Con sangre de cebolla /se amamantaba.
Pero tu sangre, /escarchada de azúcar
cebolla y hambre …»

Esta respuesta anonadada,  del profundo poema «Nanas de la cebolla» de Miguel Hernández,  se origina cuando el poeta es capturado y posteriormente encarcelado por participar  en el bando republicano en la sexta división. Miguel escribe a su mujer desde prisión «el olor a cebolla que comes me llega hasta aquí, y mi niño se sentirá indignado de mamar y sacar zumo de cebolla en vez de leche. Para que te consueles, te mando estas coplillas que le he hecho».

«La cebolla es escarcha /cerrada y pobre:
escarcha de tus días / y de mis noches … «

Miguel aún estando tan lejos, siente el olor a cebolla, siente el dolor, y el hambre ; la oscuridad, la desesperación …

» Hambre y cebolla:
hielo negro y escarcha
grande y redonda … «

Como bien dice Mahmud Sobh «Toda la poesía de Miguel Hernández es maravillosa y muy emotiva. Pero considero que una de las más impresionantes son las “Nanas de la cebolla”. Me comentan que gran parte de los presos en las cárceles de Palestina conocen las “Nanas de la cebolla”. José Manuel Ocaña, el escritor cordobés que más estudió la escritura cúbica, me dijo un día en Córdoba: “¿Sabe de dónde procede la palabra nana?. Pues nana significa hierbabuena”. Y me cantó una canción árabe que termina al final con la palabra nana, que quiere decir hierbabuena. Puede ser verdad o no. Yo le creí. Por otra parte, la cebolla es muy importante en la gastronomía del sur y levante español. Para conocer a las personas hay que conocerlas por lo que comen. De verdad, “nana de cebolla” es muy arábigo».

Dice Pablo Neruda :

Recordar a Miguel Hernández que desapareció en la oscuridad y recordarlo a plena luz, es un deber de España, un deber de amor. Pocos poetas tan generosos y luminosos como el muchachón de Orihuela cuya estatua se levantará algún día entre los azahares de su dormida tierra. No tenía Miguel la luz cenital del Sur como los poetas rectilíneos de Andalucía sino una luz de tierra, de mañana pedregosa, luz espesa de panal despertando. Con esta materia dura como el oro, viva como la sangre, trazó su poesía duradera. ¡Y éste fue el hombre que aquel momento de España desterró a la sombra! ¡Nos toca ahora y siempre sacarlo de su cárcel mortal, iluminarlo con su valentía y su martirio, enseñarlo como ejemplo de corazón purísimo! ¡Darle la luz! ¡Dársela a golpes de recuerdo, a paletadas de claridad que lo revelen, arcángel de una gloria terrestre que cayó en la noche armado con la espada de la luz!

La Historia Antigua registra que fueron los caldeos en Babilonia quienes descubrieron los poderes de la planta de cebolla. Además de utilizarla para las enfermedades del aparato digestivo, le otorgaban poderes sagrados y la veneraban en sus ritos religiosos.

El culto a la cebolla llegó hasta Egipto, donde fue muy popular durante la  Dinastía I de faraones  y se utilizó entera para curar varias enfermedades. Eran muy valoradas que incluso algunos expertos establecen hipótesis en las que se ofrece la cebolla como uno de los alimentos principales en la dieta de los trabajadores de las pirámides, junto con ajos y puerros; utilizándose también durante los sacrificios y funerales a modo de ofrenda.

Los años la fueron llevando a otras grandes civilizaciones, hasta que griegos y romanos la conocieron y en un principio la utilizaron para alimentar a sus tropas de combate en la creencia de que otorgaba fuerza en las batallas cuerpo a cuerpo. Más adelante comenzaron a emplear su zumo para el tratamiento de la hidropesía, la depuración de la sangre y los trastornos digestivos. A pesar de que la Asociación Nacional de la Cebolla (de Estados Unidos) asegura que la planta fue sembrada primero en Irán y Pakistán, otros estudios aseguran que se originó en Asia Central, y muchos historiadores que tratan sobre alimentos sitúan los primeros cultivos a orillas del Mediterráneo, unos 5.000 años atrás.

“Pero como varios cientos de primos de la cebolla crecen silvestres en las regiones templadas del mundo -sostuvo en su investigación Richard Straub, del departamento de Entomología de la Universidad de Cornell- es muy probable que se las haya comido durante decenas de miles de años. Porque además de su sabor y sus propiedades nutritivas, a esta hortaliza se le han atribuido muchos poderes curativos a través de los siglos”.

Neruda en Oda a la cebolla nos dice «… la tierra así te hizo, cebolla, / clara como un planeta, / y destinada a relucir, / constelación constante, / redonda rosa de agua … «

 Dos Cuentos

Corazón de cebolla

Había una vez un huerto lleno de hortalizas, árboles frutales y toda clase de plantas. Como todos los huertos, tenía mucha frescura y agrado. Daba gusto sentarse a la sombra de cualquier árbol a contemplar todo aquel verdor y a escuchar el canto de los pájaros.

De pronto, un buen día empezaron a nacer unas cebollas especiales. Cada una tenía un color diferente: rojo, amarillo, naranja, morado…  los colores eran jaspeados, nacarados, centelleantes, como la luz de una sonrisa o el brillo de un  mirada.

Después de arduas investigaciones sobre la causa de aquel misterioso resplandor, resultó que cada cebolla tenía dentro, en el mismo corazón (porque también las cebollas tienen su propio corazón), un piedra preciosa. Ésta tenía un topacio, la otra una aguamarina, aquella un lapislázuli, la de allá una esmeralda … ¡Una verdadera maravilla!

Pero, por una incomprensible razón, se empezó a decir que aquello era peligroso, intolerante, inadecuado y hasta vergonzoso. Las bellísimas cebollas tuvieron que empezar a esconder su piedra preciosa  con capas y más capas, cada vez más gruesas , para disimular cómo eran por dentro.

Pasó entonces por allí un sabio, que gustaba sentarse a la sombra del huerto y sabía tanto que entendía el lenguaje de las cebollas, y empezó a preguntarles una por una:

– «¿Por qué no muestras cómo eres por dentro?»

Y ellas le iban respondiendo:

– «Me obligaron a ser así… me fueron poniendo capas… incluso yo me puse algunas para que no me dijeran nada».

Algunas cebollas tenían hasta diez capas, y ya ni se acordaban de por qué se pusieron las primeras capas. Y al final el sabio se echó a llorar. Y cuando la gente lo vio llorando, pensaron que llorar ante las cebollas era propio de personas con sabiduría.

Se cuenta que la gente en el mundo sigue llorando cuando una cebolla  abre su corazón.

La cebolla y el Mullah

Había un sabio romano de visita en la corte de Babilonia y el Rey árabe pidió al Mullah  que se preparase para una batalla de ingenio con el romano. El día de la prueba, el Mullah se apareció en la corte con su burro cargado de libros con títulos  que sonaban impresionantes.

El Mullah abrumó al erudito romano con su gran ingenio e inteligencia, quien, no obstante decidió poner a prueba sus conocimientos teóricos.

El sabio romano levantó un dedo. El Mullah respondió con dos dedos.

El romano levantó tres dedos, el Mullah respondió con cuatro. El erudito mostró toda su palma, el Mullah levantó el puño … el primero sacó un huevo a lo que el Mullah respondió con una cebolla de su bolsillo. El romano preguntó:

-¿Qué evidencias tienes?

El Mullah respondió con los títulos de sus libros. Cuando el romano balbuceó que nunca había oído tales títulos, el Mullah respondió:

-Pues claro que no los has oído. Mira y verás cientos de libros que nunca has leído. -El romano quedó muy impresionado y concedió que había sido derrotado. Nadie había entendido nada.

Más tarde, cuando sirvieron los refrescos, el Rey árabe le preguntó al sabio romano cuál era el significado de todo lo que había pasado.

-Es un hombre brillante, este Mullah – dijo el romano. -Cuando le levanté un dedo, significando que no hay más que un Dios, él levantó dos para decir que ÉL creó el cielo y la tierra. Yo levanté tres dedos significando el ciclo de la concepción la vida y la muerte, a lo que el Mullah respondió mostrando cuatro dedos, indicando que el cuerpo está compuesto de cuatro elementos: tierra, aire, agua y fuego.

-¿Y lo del huevo y la cebolla? – inquirió el Rey.

-El huevo era símbolo de la tierra (la yema) rodeada por los cielos (la clara). El Mullah sacó una cebolla, indicando las capas de los cielos alrededor de la tierra. Cuando le pedí que apoyara su información de que hay un mismo número de capas en los cielos que en la piel de la cebolla, la apoyó con todos esos sabios libros sobre los que , desgraciado de mí, lo ignoro todo. Tu Mullah es un hombre muy sabio, ciertamente.

El romano abatido, partió.

A continuación, el Rey árabe preguntó al Mullah sobre el debate. El Mullah respondió:

-Fue muy fácil, Majestad. Cuando levantó un dedo desafiándome, yo levanté dos, significando que le sacaría ambos ojos. Cuando levantó tres dedos, con el significado, estoy seguro, de que me daría tres patadas, le respondí amenazándolo con cuatro patadas. Su palma entera, naturalmente, significaba una bofeteada en la cara, a lo que respondí con el puño apretado.

Viendo que iba en serio, empezó a mostrarse amistoso y me ofreció un huevo, así que yo le ofrecí una cebolla.

Comenta el eminente orientalista Joseph Charles Mardrus «… El árabe, ante una música compuesta de notas de cañas y flautas, ante un lamento de kanoun, un canto de muezzin o de almea, un cuento subido de color, un poema de aliteraciones en cascadas, un perfume sutil de jazmín, una danza de flor movida por la brisa, un vuelo de pájaro o la desnudez de ámbar y perla de una abultada cortesana de formas ondulosas y ojos de estrella, responde en sordina o a toda voz con un ¡ah ¡ah! … largo, sabiamente modulado, extático, arquitectónico .

Y ésto se debe a que el árabe no es más que un instintivo; pero afinado, exquisito. Ama la línea pura y la adivina con su imaginación cuando es irreal.

Pero es parco en palabras y sueña … sueña …».

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Historia del Príncipe y la Vampiro – Las Mil y una Noches

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El rey de que se trata tenía un hijo aficionadísimo a la caza con galgos, y tenía también un visir. El rey mandó al visir que acompañara a su hijo allá donde fuese. Un día entre los días, el hijo salió a cazar con galgos, y con él salió el visir. Y ambos vieron un animal monstruoso. Y el visir dijo al hijo del rey: «¡Anda contra esa fiera! ¡Persíguela!» Y el príncipe se puso a perseguir a la fiera hasta que todos le perdieron de vista. Y de pronto la fiera desapareció del desierto. Y el príncipe permanecía perplejo, sin saber hacia dónde ir, cuando vio en lo más alto del camino una joven esclava que estaba llorando. El príncipe le preguntó: «¿Quién eres?» Y ella respondió: «Soy la hija de un rey de reyes de la India. Iba con la caravana por el desierto, sentí ganas de dormir,y me caí de la cabalgadura sin darme cuenta. Entonces me encontré sola y abandonada». A estas palabras, sintió lástima el príncipe y emprendió la marcha con la joven, llevándola a la grupa de su mismo caballo. Al pasar frente a un bosquecillo, la esclava le dijo: «¡Oh señor, desearía evacuar una necesidad!» Entonces el príncipe la desmontó junto al bosquecillo, y viendo que tardaba mucho, marchó detrás de ella sin que la esclava pudiera enterarse.

La esclava era un vampiro, y estaba diciendo a sus hijos: «¡Hijos míos, os traigo un joven muy robusto!» Y ellos dijeron: «¡Tráenoslo, madre, para que lo devoremos!» Cuando lo oyó el príncipe, ya no pudo dudar de su próxima muerte, y las carnes le temblaban de terror mientras volvía al camino. Cuando salió la vampiro de su cubil, al ver al príncipe temblar como un cobarde, le preguntó:»¿Por qué tienes miedo?» Y él dijo: «Hay un enemigo que me inspira temor». Y prosiguió la vampiro: «Me has dicho que eres un príncipe…» Y respondió él: «Así es la verdad». Y ella le dijo:»Y entonces, ¿por qué no das algún dinero a tu enemigo para satisfacerle?» El príncipe replicó: «No se satisface con dinero. Sólo se contenta con el alma. Por eso tengo miedo, como víctima de una injusticia». Y la vampiro le dijo: «Si te persiguen como afirmas, pide contra tu enemigo la ayuda de Alah, y Él te librará de sus maleficios v de los maleficio de aquellos de quienes tienes miedo». Entonces el principe levantó la cabeza al cielo y dijo: «¡Oh tú, que atiendes al oprimido que te implora, hazme triunfar de mi enemigo, y aléjale de mí, pues tienes poder para cuanto deseas! «Cuando la vampiro oyó estas palabras, desapareció. Y el príncipe pudo regresar al lado de su padre, y le dió cuenta del mal consejo del visir. Y el rey mandó matar al visir». En seguida el visir del rey Yunán prosiguió de este modo:¡Y tú, oh rey, si te fías de ese médico, cuenta que te matará con la peor de las muertes!Aunque le hayas colmado de favores, y le hayas hecho tu amigo, está preparando tu muerte. ¿Sabes por qué te curó de tu enfermedad por el exterior de tu cuerpo, mediante una cosa que tuviste en la mano?

¿No crees que es sencillamente para causar tu pérdida con una segunda cosa que te mandará también coger ?»Entonces el rey Yunán dijo: «Dices la verdad. Hágase según tu opinión, ¡oh visir bien aconsejado! Porque es muy probable que ese médico haya venido ocultamente como un espía para ser mi perdición. Si me ha curado con una cosa que he tenido en la mano, muy bien podríaperderme con otra que, por ejemplo, me diera a oler». Y luego el rey Yunán dijo a su visir: «¡Oh visir! ¿qué debemos hacer con él?» Y el visir respondió: «Hay que mandar inmediatamente que le traigan, y cuando se presente aquí degollarlo, y así te librarás de sus maleficios, y quedarás desahogado y tranquilo. Hazle traición antes que él te la haga a ti «Y el rey Yunán dijo: «Verdad dices, ¡oh visir!» Después el rey mandó llamar al médico, que se presentó alegre, ignorando lo que había resuelto el Clemente.

El poeta lo dice en sus versos:¡Oh tu, que temes los embates del Destino tranquilízate! ¿ No sabes que todo está en las manos de Aquel que ha formado la tierra? Porque lo que está escrito, escrito está y no se borra nunca! ¡Y lo que no está escrito no hay porqué temerlo!¡Y tú, Señor! ¿Podré dejar pasar un día sin cantar tus alabanzas? ¿Para quién reservaría sino el don maravilloso de mi estilo rimado y mi lengua de Poeta?¡Cada nuevo don que recibo de tus manos, ¡oh Señor! es más hermoso que el precedente v se anticipa a mis deseos!.Por eso, ¿cómo no cantar tu gloria, toda tu gloria, y alabarte en mi alma y en público?¡Pero he de confesar que nunca tendrán mis labios elocuencia bastante, ni mi pecho fuerza suficiente para cantar y para llevar los beneficios de que me has colmado!¡Oh tu que dudas, confía tus asuntos a las manos de Alah , el único Sabio! ¡Y así que lo hagas tu corazón nada tendrá que temer por parte de los hombres! ¡Sabes también que nada se puede hacer por tu voluntad, sino por la voluntad del Sabio de los Sabios!¡No desesperes pues, nunca y olvida todas las tristezas y todas las zozobras! ¿No sabes que las zozobras destruyen el corazón más firme y más fuerte?¡Abandónaselo todo! ¡Nuestros proyectos no son más que proyectos de esclavos impotentes ante el único Ordenador!. ¡Déjate llevar! ¡Así disfrutarás de una paz duradera!

Cuando se presentó el médico Ruyán, el rey le dijo: «¿Sabes por qué te he hecho venir a mi presencia?» Y el médico contestó: «Nadie sabe lo desconocido, más que Alah el Altísimo».Y el rey le dijo: «Te he mandado llamar para matarte y arrancarte el alma». Y el médico Ruyán, al oír estas palabras, se sintió asombrado, con el más prodigioso asombro, y dijo: «¡Oh rey! ¿porqué me has de matar? ¿Qué falta he cometido?» Y el rey contestó: «Dicen que eres un espía y que viniste para matarme. Por eso te voy a matar antes de que me mates». Después el rey llamó alporta-alfanje y le dijo: «¡Corta la cabeza a ese traidor y líbranos de sus maleficios!» El médico le dijo: «Consérvame la vida, y Alah te la conservará. No me mates, si no Alah te matará también».Después reiteró la súplica, como yo lo hice dirigiéndome a ti ¡oh efrit! sin que me hicieras caso,pues, por el contrario, persististe en desear mi muerte.Y en seguida el rey Yunán dijo al médico: «No podré vivir confiado ni estar tranquilo como no te mate. Porque si me has curado con una cosa que tuve en la mano, creo que me matarás con otra cosa que me des a oler o de cualquier modo». Y dijo el médico: «¡Oh rey! ¿es ésta tu recompensa? ¿Así devuelves mal por bien?» Pero el rey insistió: «No hay más remedio que darte la muerte sin demora». Y cuando el médico se convenció de que el rey quería matarle sin remedio, lloró y se afligió al recordar los favores que había hecho a quienes no los merecían.

Ya lo dice el poeta:¡La joven y loca Moimuna es verdaderamente bien pobre de espíritu! ¡Pero su padre, en cambio,es un hombre de gran corazón y considerado entre los mejores!¡Miradle, pues! ¡Nunca anda sin su farol en la mano, y así evita el lodo de los caminos, el polvo de las carreteras y los resbalones peligrosos… !En seguida se adelantó el porta-alfanje, vendó los ojos del médico, y sacando la espada, dijo alrey: «Con tu venia». Pero el médico seguía llorando y suplicando al rey: «Consérvame la vida, y Alah te la conservará. No me mates, o Alah te matará a ti».

Y recitó estos versos de un poeta:¡Misconsejos no tuvieron ningún éxito, mientras que los consejos de los ignorantes conseguían su propósito! !No recogí más que desprecios!¡Por esto, si logro vivir, me guardaré mucho de aconsejar! ¡Y si muero, mi ejemplo servirá a los demás para que enmudezca su lengua!Y dijo después al rey: «¿Es ésta tu recompensa? He aquí que me tratas como hizo un cocodrilo».Entonces preguntó el rey: «¿Qué historia es esa de un cocodrilo?» Y el médico dijo: «¡Oh señor!No es posible contarla en este estado. ¡Por Alah sobre ti! Consérvame la vida y Alah te laconservará!»Y después comenzó a derramar copiosas lágrimas. Entonces algunos de los favoritos del rey se levantaron y dijeron: «¡Oh rey! Concédenos la sangre de este médico, pues nunca le hemos visto obrar en contra tuya; al contrario, le vimos librarte de aquella enfermedad que había resistido a los médicos y a los sabios». El rey les contestó: «Ignoráis la causa de que mate a este médico; silo dejo con vida, mi perdición es segura, porque si me curó de la enfermedad con una cosa que tuve en la mano, muy bien podría matarme dándome a oler cualquier otra.

Tengo mucho miedo de que me asesine para cobrar el precio de mi muerte, pues debe ser un espía que ha venido a matarme. Su muerte es necesaria; sólo así podré perder mis temores». Entonces el médico imploró otra vez: «Consérvame la vida para que Alah te la conserve; y no me mates, para que no te mate Alah».Pero ¡oh efrit! cuando el médico se convenció de que el rey lo iba a hacer matar sin remedio,dijo: «¡Oh rey! Si mi muerte es realmente necesaria, déjame ir a casa para despachar mis asuntos,encargar a mis parientes y vecinos que cuiden de enterrarme, y sobre todo para regalar mis libros de medicina. A fe que tengo un libro que es verdaderamente el extracto de los extractos y la rareza de las rarezas, que quiero legarte como un obsequio para que lo conserves cuidadosamente en tu armario».Entonces el rey preguntó al médico: «¿Qué libro es ese?» Y contestó el médico: «Contiene cosas inestimables; el menor de los secretos que revela es el siguiente: Cuando me corten la cabeza,abre el libro, cuenta tres hojas y vuélvelas; lee en seguida tres renglones de la página de la izquierda; y entonces la cabeza cortada te hablará y contestará a todas las preguntas que le dirijas».Al oír estas palabras el rey se asombró hasta el límite del asombro, y estremeciéndose de alegría y de emoción, dijo: «¡Oh médico! ¿Hasta cortándote la cabeza hablarás?» Y el médico respondió:»Sí, en verdad, ¡oh rey! Es, efectivamente, una cosa prodigiosa».

Entonces el rey le permitió que saliera, aunque escoltado por guardianes, y el médico llegó a su casa, y despachó sus asuntos aquel día, y al siguiente día también. Y el rey subió al diván, y acudieron los emires, los visires,los chambelanes, los nawabs (lugartenientes o representantes del rey) y todos los jefes del reino,y el diván parecía un jardín lleno de flores.

Entonces entró el médico en el diván y se colocó de pie ante el rey, con un libro muy viejo y una cajita de colirio llena de unos polvos. Después se sentó y dijo: «Que me traigan una bandeja». Le llevaron una bandeja, y vertió los polvos, y los extendió por la superficie. Y dijo entonces: «¡Oh rey! coge ese libro, pero no lo abras antes de cortarme la cabeza. Cuando la hayas cortado colócala en la bandeja y manda que la aprieten bien contra los polvos para restañar la sangre.Después abrirás el libro».Pero el rey, lleno de impaciencia no le escuchaba ya; cogió el libro y lo abrió, pero encontró las hojas pegadas unas a otras. Entonces metiendo su dedo en la boca, lo mojó con su saliva y logró despegar la primera hoja. Lo mismo tuvo que hacer con la segunda y la tercera hoja, y cada vez se abrían las hojas con más dificultad. De ese modo abrió el rey seis hojas, y trató de leerlas, pero no pudo encontrar ninguna clase de escritura. Y el rey dijo: «¡Oh médico, no hay nada escrito!»Y el médico respondió: «Sigue volviendo más hojas del mismo modo». Y el rey siguió volviendo más hojas. Pero apenas habían pasado algunos instantes circuló el veneno por el organismo del rey en el momento y en la hora misma, pues el libro estaba envenenado. Y entonces sufrió el rey horribles convulsiones, y exclamó: «¡El veneno circula!»Y después el médico Ruyán comenzó a improvisar versos diciendo:¡Esos jueces! ¡Han juzgado, pero excediéndose en sus derechos y contra toda justicia! ¡Y sin embargo, oh Señor, la justicia existe!¡A su vez fueron juzgados! ¡Si hubieran sido íntegros y buenos, se les habría perdonado! ¡Pero oprimieron y la suerte los ha oprimido y les ha abrumado con las peores tribulaciones!¡Ahora son motivo de burla y de piedad para el transeúnte! ¡Esa es la ley! ¡Esto a cambio de aquello! ¡Y el Destino se ha cumplido con toda lógica!Cuando Ruyán el médico acababa su recitado, cayó muerto el rey. Sabe ahora, ¡oh efrit!, que si el rey Yunán hubiera conservado al médico Ruyán, Alah a su vez le habría conservado. Pero al negarse, decidió su propia muerte.Y si tú, ¡oh efrit!, hubieses querido conservarme, Alah te habría conservado.

En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.

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Las Mujeres citadas en el Sagrado Corán

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El Corán relata historias de muchas mujeres en la historia de la civilización que han dejado sus huellas para la eternidad, mujeres creyentes y devotas, mujeres místicas, piadosas, mujeres madres y mujeres rebeldes contra las injusticias, todas ellas elegidas por Allāh para dar ejemplo a la humanidad. Pero una sola mujer es nombrada en el Corán con su nombre propio, y es notoriamente (para muchos), la preferida de Allāh: María, la virgen madre de Jesús. Todo un capítulo del Corán viene con su nombre y es consagrado a su hermosa historia: “La delgada palmera cargaba dátiles dulces para ella y cuando se agarraba en sus dolores de parto, su hijo recién nacido daba prueba de su pureza”.

María, la silenciosa y abnegada alma, altamente honrada en el Islam, descrita en muchos versículos coránicos de una manera tan bella: “María, Dios te ha escogido, te ha purificado y te ha exaltado sobre todas las mujeres de la creación”, “Y Dios presenta otro ejemplo a los que creen, el ejemplo de María, que aceptó la verdad de las palabras de su Señor y fue de las verdaderamente devotas”, “Y recuerda a María que guardó su castidad, y luego insuflamos en ella algo de nuestro espíritu e hicimos de ella y de su hijo un signo de nuestra gracia para toda la humanidad”. Así es ella, María, en el Corán, la elegida de Allāh.

También se narran en el Corán otras historias de mujeres, como la de la reina de Saba, descrita como un modelo de sabiduría, con inmenso poder político, que gobernaba a su pueblo con inteligencia y un sentido extremo de la justicia. La historia coránica relata la maravillosa leyenda del poder espiritual de la princesa inspirada por Allāh y su amor por el Profeta Salomón, gracias al cual encuentra ella la fe. Además, en el Corán leemos la historia de la mujer de Abraham (Agar), esa mujer que Dios dejó como emblema para uno de los rituales de la peregrinación a la Meca. Junto a su hijo Ismael estuvo corriendo siete veces en un lugar del desierto, buscando agua para su sediento hijo e invocando a Allāh, hasta que una fuente de agua pura empezó a brotar, y desde ese momento hasta hoy en día se hizo inagotable y se la conoce como la fuente de “Zamzam” en la Meca. Este es el motivo por el que los peregrinos musulmanes caminan siete veces a este lugar santo y beben de esta agua pura.

Otra mujer que Allāh dio como ejemplo es la creyente hermana del faraón, que salvó al pequeño Moisés. Ella es el modelo de la mujer creyente que adoptó y protegió al futuro Profeta a pesar de las crueles disposiciones de su hermano, y de este modo Allāh le prometió el paraíso.

La madre del Profeta Moisés es también descrita en el Corán como una mujer muy abnegada a quien Allāh solicitó dejar a su hijo en el río y que después recuperó gracias a su clemencia.

También el Corán relata la historia de pasión y amor de una mujer con el Profeta Joseph (Yussuf), quien es descrito en la revelación como la encarnación de la belleza. Aunque su nombre no es citado en el Corán, ella es conocida en la literatura islámica como Zulaika, una mujer espiritual que pasa su vida en dura penitencia y en interminable anhelo. La historia de Zulaika y Joseph ha inspirado a muchos poetas y escritores del mundo islámico. Así lo describe un místico en el siglo IX, Yusuf Arrazi: “Mientras que Zulaika adoraba a Joseph, cada día estaba más hundida. Cuando abandonó su adoración, le devolvió Allāh juventud y belleza. Cuando el amante avanza, el amado retrocede, pero cuando el amante está satisfecho sólo con el amor, entonces se acerca el amado”.

En otro cuento se dice que “Zulaika fue alcanzada por una flecha. Cuando goteó la sangre en la tierra, escribió en muchas partes Yussuf, Yussuf, porque este nombre siempre lo ha repetido constantemente y fluía como sangre en sus venas”. Así se convierte esta mujer en la personificación del alma humana que, como el Corán dice, es incitada al mal, pero que con una continua lucha interior, purificada por el sufrimiento y finalmente como alma en paz, puede regresar con su Señor.

Referencia :
Fragmentos de una Conferencia de Asma Lamrabet : «La mujer en la cultura árabo-musulmana»
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El destino – Cuento sufí

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El destino – Cuento sufí

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Las apariencias engañan – cuento árabe

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