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Juan “El Bautista” – Unión entre Cristianos y Musulmanes

Mezquita Omeya – (Gran Mezquita de Damasco) – Cúpula del Tesoro

“El era antorcha que ardía y alumbraba; y vosotros quisisteis regocijaros por un tiempo en su luz”    (Juan 5: 35)

 Juan el Bautista nació en el seno de unos padres justos y devotos de linaje sacerdotal en un pequeño pueblo de Judea, tradicionalmente identificada como Ein Karem, un moderno suburbio de Jerusalén. Desempeñó un papel singular a principios del ministerio de Jesús. Cada evangelio proporciona información detallada sobre el ministerio de Juan como un Profeta, predicador, persona que bautizaba, y testigo en el desierto de Judea al este de Jerusalén, que culminó con el bautismo de Jesús en el río Jordán. Además, cada autor de evangelio destacó algunos aspectos de la vida de Juan, proporcionando un contexto para cada uno de los autores testigos de Jesús.

Basílica de San Juan Bautista

Cuando los musulmanes llegaron a la espectacular ciudad de Damasco hacia mediados del siglo VII, se encontraron con la basílica de San Juan Bautista, mandada construir por Teodosio, el último emperador romano que tuvo unido bajo su poder el Imperio Romano de Oriente y el de Occidente. No obstante, los cimientos del templo pueden retrotraerse hasta las culturas arameas y romanas, que eligieron este lugar para levantar su lugar sagrado.

Tras la muerte de Teodosio, sus hijos Honorio y Arcadio se repartieron el territorio, quedando Siria en la parte oriental del Imperio. Más tarde el país fue conquistado por el Imperio Bizantino y convirtiéndose después en la capital del Imperio Omeya, entre el año 661 y el 750, pasando así a formar parte, de manera definitiva, del Imperio Islámico.

Todos estos cambios históricos hicieron que la basílica conservara elementos de todas estas civilizaciones en el momento de ser conquistada por los árabes. Los materiales y vestigios fueron aprovechados por los nuevos moradores: lejos de destruir los muros, columnas y demás elementos constructivos, los arquitectos se encargaron de guardarlos para introducirlos de una manera u otra en la nueva construcción que Al Walid I mandó construir entre los años 705 – 706 y 715. Desgraciadamente no se conservan planos de la construcción original, la morfología que hoy en día podemos observar es de 1894, año de la mayor de las restauraciones tras el grave incendio que sufrió el edificio.

Al- Walid mandó asimismo conservar los muros originales del recinto, lo que hizo que la actual mezquita mida 100 por 157 metros, convirtiéndose, tras las halladas en La Meca y la Medina, en una de las mayores mezquitas del mundo islámico.


Arquitectura de la Mezquita de Omeya

El edificio fue diseñado reproduciendo la casa de Muhammad: el centro de la vida gira en torno al patio, de planta cuadrada, desde donde parten las distintas estancias. Alrededor del patio se distribuyen pilares y columnas mientras que en el segundo piso se disponen el doble de arcos que en el inferior. El patio resulta para la religión islámica más que un mero sitio de paso. Así, es un lugar de reunión, de rezo, de meditación e incluso de descanso. Los fieles pueden permanecer horas dentro del recinto, especialmente bajo la zona porticada.

Dentro del patio se encuentran tres pequeñas construcciones llamadas la Cúpula del Tesoro, dado que desde su origen eran el lugar donde se guardaba el dinero y demás posesiones con las que contaba la mezquita. Está levantada sobre ocho columnas corintias y está decorada, en sus ocho lados, por excepcionales mosaicos que hacen brillar su figura. La segunda levantada sobre planta cuadrada y rematada por una pequeña techumbre de madera, es la Cúpula de Las Abluciones donde los fieles acuden antes del rezo para lavarse la cara, las manos y los pies con el fin de acudir limpios a la oración. En último lugar nos referimos a la Cúpula del reloj, construida en el siglo XVIII para atesorar los relojes. Es la de menor tamaño.

En torno al patio, y con el fin de llamar a la oración, se disponen tres minaretes construidos en épocas diferentes pero igual de curiosos y es que, a diferencia de otros, son de planta cuadrada o hexagonal, y no circular como es común en el arte islámico. El más antiguo de ellos es el llamado de La novia: situado en el centro de la pared norte su base data del siglo XI, mientras que su remate es del XII. En el ángulo suroeste se encuentra el minarete que adoptó el nombre del sultán que lo mandó construir en 1488: Qayt Bey. El último de ellos llamado Blanco o de Jesús, fue reconstruido en el periodo otomano, alrededor del siglo XIII. Es el minarete más alto de la mezquita. Según la tradición musulmana, Jesús, considerado un Profeta en el Islam, volverá el día del juicio final, se subirá a ese minarete y dirá Allâh es el único Dios, y Muhammad es su Profeta“.

El edificio techado, con planta rectangular muy alargada, está distribuido en tres naves divididas por dos hileras de columnas dobles con capiteles corintios, que se desarrollan paralelas al muro de la Qibla. Es muy probable que las arquerías fuesen las encontradas por los musulmanes en el antiguo templo. Como ocurre en el patio exterior, las columnas superiores con ostensiblemente menores que las situadas en la parte inferior.

Ya dentro de la mezquita, el transepto de la sala de oración, decorado con motivos geométricos, conduce al nicho de la oración, llamado en árabe mihrab, datado de la primera construcción. En el centro y cortando el transepto se encuentra la cúpula del Águila, alzada sobre un octógono.

Dentro de esta gran sala de oración también se encuentra el cenotafio de San Juan Bautista donde se supone que reposa la cabeza del santo. Cerrado prácticamente a la vista de los turistas y los fieles por medio de anchos cristales verdes, el pequeño panteón, que imita un edificio de dos alturas, está coronado por una cúpula de pequeñas dimensiones. Es muy común ver alrededor del santuario a decenas de fieles rezando al Profeta, que es venerado no sólo por los cristianos, sino también por los musulmanes.

La decoración de mosaicos, herencia del arte bizantino, es un ejemplo único y muy diferente a los gustos presentes en el arte islámico. Sobre las paredes de las galerías distribuidas a lo largo del amplio patio central y alrededor de la Cúpula del Tesoro, se dibuja en una franja ancha la representación de un paisaje que tal vez reproduzca el Edén. En él puede verse un camino de agua en movimiento en cuyas orillas se alzan enormes árboles entre los que se advierten edificios de distintas alturas.

Otro de los enclaves más importantes de la mezquita es la tumba de Hussein bin Ali, el nieto del Profeta Muhammad, y uno de las figuras claves de la ramificación chií del Islam. Se trata de una sala que se diferencia del resto de la mezquita a primera vista. Mientras que toda la construcción se basa en los parámetros sunís, la habitación rebosa de colores y espejos, propios de los chiitas

A las afueras del templo y coincidiendo con los muros del Templo romano de Júpiter, se alza un pequeño cuarto que alberga la tumba de Saladino, lugar visitado por decenas de sirios y turistas que buscan conocer el lugar yacen los restos de uno de los sultanes más conocidos a lo largo del mundo.

Reliquias de Juan El Bautista

La gran mezquita de Damasco, Siria también pretende tener la cabeza de Juan el Bautista. Esta cabeza se mantiene en una pequeña capilla dentro de la cúpula Islámica.

Protegido dentro de la mezquita es la pequeña capilla y santuario de Juan el Bautista, (Profeta Yahia para los musulmanes), donde la tradición sostiene que está enterrada la cabeza de Juan. Una leyenda dice que cuando la iglesia fue demolida, su cabeza fue encontrada debajo, con piel y cabello. Esta cabeza se cree que posee poderes mágicos y sigue siendo el foco de la peregrinación anual de los mandeos, cuando ponen sus frentes contra la reja metálica del Santuario de la prensa y al parecer experimentan visiones proféticas.


Un lugar de culto para el pueblo cristiano

El 6 de mayo de 2001 visitó el papa san Juan Pablo II la Mezquita de los Omeyas en Damasco, (Siria). No era una visita accidental. La actual mezquita sustituye un templo bizantino, en el que era venerado el sepulcro de san Juan Bautista y se trata del cuarto lugar más sagrado del Islam.

Sobre la catedral bizantina, dedicada a Juan el Bautista desde la época del emperador romano Constantino I. Tiene una capilla donde se venera la cabeza de san Juan Bautista, considerado como Profeta también por el Islam. Este edificio, habría ocupado un anterior templo romano dedicado a Júpiter Damascenus, originalmente el dios sirio Hadad, y modelo del templo del Sol, (Palmira).

Los musulmanes, al igual que los cristianos, consideran sus lugares de oración como oasis donde encuentran al Dios misericordioso a lo largo de su camino hacia la vida eterna, y a sus hermanos y hermanas mediante el vínculo de la religión. Cuando, con ocasión de matrimonios, funerales u otras celebraciones, los cristianos y los musulmanes guardan silencio por respeto a la oración del otro, dan testimonio de lo que los une, sin ocultar o negar lo que los separa.

En las mezquitas y en las iglesias las comunidades musulmanas y cristianas forjan su identidad religiosa, y los jóvenes reciben en ellas una parte significativa de su educación religiosa. ¿Qué sentido de identidad se inculca en los jóvenes cristianos y en los jóvenes musulmanes que frecuentan nuestras iglesias y mezquitas? Espero ardientemente que los líderes religiosos y los maestros musulmanes y cristianos presenten nuestras dos grandes comunidades religiosas como comunidades en diálogo respetuoso, y nunca más como comunidades en conflicto. Es fundamental enseñar a los jóvenes los caminos del respeto y la comprensión, a fin de que no abusen de la religión para promover o justificar el odio y la violencia. La violencia destruye la imagen del Creador en sus criaturas, y nunca debería considerarse como fruto de convicciones religiosas.

Espero de verdad que este encuentro en la mezquita de los Omeyas sea un signo de nuestra decisión de proseguir el diálogo interreligioso entre la Iglesia católica y el islam. Este diálogo ha cobrado mayor impulso en las últimas décadas; y hoy podemos estar satisfechos por el camino recorrido hasta ahora, referìa el Papa en ocasiòn de su viaje al lugar.

Por Ana Molina Reguilón
Con información de Arteguias 

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Mihrimah Sultana – La Heredera de Suleimán y Hurrem

Mihrimah Sultana: (turco otomano:مهر ماه سلطان, pronunciación turca [mihɾiˈmah suɫˈtan]), era la hija del sultán otomano Suleiman El Magnífico y su esposa Hürrem Sultana. Su nombre en turco significa Sol y Luna.

Nació en Estambul el 21 de marzo de 1522, justo el día de equinoccio. Viajó por todo el Imperio Otomano con su padre mientras éste inspeccionaba las tierras y conquistaba nuevas. Acompañándolo incluso en las batallas como la de Gizah en el norte de Egipto, fuera de Alejandría, en la que según aparece en la literatura persa viajaba en un caballo llamado Batal.

Al cumplir la edad de diecisiete años contrae nupcias con el Gran Visir Rüstem Pasha (1500-1561) el 26 de noviembre de 1539, con el cual tendría tres hijos. Mihrimah floreció como patrona de las artes y continuó viajando con su padre hasta la muerte de su marido.

Ocupó el puesto de Valide Sultan o Directora del Harem, para su padre tras la muerte de su madre la sultana Hurrem, desde 1558 hasta 1566.

Durante este periodo Mihrimah animó a su padre para poner en marcha la campaña contra Malta, con la promesa de construir 400 galeras con su propio dinero; sosteniendo correspondencia directa con el rey Segismundo II de Polonia.

Intervención política

Mihrimah junto con su madre Hürrem sultan y su esposo Rüstem el Gran Visir otomano, hicieron una alianza y se convirtieron en el poder que dominaba el diván, (gabinete), y el círculo interior de palacio. Desafortunadamente para Mustafá, esta condición se convirtió en un gran obstáculo para él acceder al trono, aunque fue apoyado por los jenízaros.

Las fuentes otomanas y extranjeras indican que se creía ampliamente que los tres trabajaron primero para eliminar al principe Mustafá para asegurar el trono al hijo de Hürrem y hermano mayor de Mihrimah, el príncipe Bayezid. La rivalidad terminó con la ejecución de Mustafá a manos de los enviados de su propio padre en 1553 durante la campaña contra la Persia safávida debido al miedo a una rebelión por parte del sultán.

Vida caritativa

La Sultana tuvo acceso a abundantes recursos financieros por lo que financió diferentes centros caritativos como las Mezquitas de Üsküdar y Edirne, ambas llevan su nombre y fueron construidas por el arquitecto imperial Mimar Sinan.

La Mezquita Mihrimah en la Puerta de Edirne fue construida entre 1562 y 1565 ubicada en la pared occidental de la vieja ciudad de Constantinopla, (Estambul), fue uno de los diseños más imaginativos de Sinan, utilizando nuevos sistemas de apoyo y espacios laterales para aumentar el área disponible para las ventanas. Mientras que la mezquita de Mihrimah Sultan en Üsküdar también conocida como mezquita de İskele se construyó entre 1546 y 1548, considerada uno de los monumentos más destacados de la ciudad de Üsküdar. Tras la muerte de su padre le prestó a su hermano sultán Selim II 50 000 monedas de oro para cubrir sus necesidades inmediatas.

Junto a su único esposo Rüstem Pasha tuvo tres hijos:

Ayşe Hümaşah sultan, Sultanzade Osman Bey y Sultanzade Mehmed Bey.

Muerte

La vida de Mihrimah sultana es incierta después de la muerte de Selim II en 1574, retirándose al Palacio Viejo o Esky Saray. Muere en Constantinopla el 25 de enero de 1578 durante el reinado de su sobrino Murad III, sobreviviendo a todos sus hermanos. Fue enterrada en el complejo de la Mezquita Süleymaniye junto a su familia.

Leyenda

Hay muchas leyendas sobre el amor de arquitecto Sinan y la hija del sultán Suleiman; Mihrimah. Cuando la hija del sultán Suleiman; Mihrimah llegó a la edad de diecisiete años, dos personas querían casarse con ella. Uno de los candidatos era gobernador de Diyarbakir Rustem Pasha y el otro era el famoso arquitecto Sinan. El Sultán elige a Rustem Pasha sobre Sinan, porque Sinan ya estaba casado y tenía cincuenta años. Sin embargo, él estaba desesperadamente enamorado de Mihrimah.

Cuando él comenzó a construir mezquitas en Estambul, Mihrimah reflejaba su amor a estos magníficos edificios. Mihrimah es una articulación de nombres juntos, Mihran y Mah que significa sol y luna en persa.

Estas dos mezquitas siguen en pie en Üsküdar y Edirnekapi, localidades de la ciudad. Cuando se contemplan desde Estambul, el sol se pone tras la mezquita de Mihrimah en Edirnekapi y la luna sale detrás de los dos minaretes de la mezquita de Mihrimah en Üsküdar el dìa del cumpleaños de la Sultana Mihrimah, es decir el 21 de marzo ,que ademàs es cuando sucede el equinoccio. 

Con información de Ecured

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Un paseo religioso por Siria: Yabrud, la ciudad de Júpiter

Yabrud, la ciudad de Júpiter Yabroudis

La ciudad de Yabrud cuyo nombre procede de una palabra aramea que significa “frío” se levanta 80 km de Damasco, en la falda de las montañas del Qalamoun (Cordillera del Anti-Líbano) a una altura de 1.550 m sobre el nivel del mar.

Esta pequeña y hermosa ciudad se encuentra en medio de un anfiteatro de piedra caliza, con sombra de muchos albaricoques, álamos y sauces llorones.

Este pueblo tiene evidencia de que el hombre se había establecido aquí hace miles de años. La Catedral de Constantino y Elena, una iglesia católica griega, se construye a partir de muchos de los bloques que provienen de un antiguo templo dedicado a Júpiter conocido por los lugareños como Júpiter Yabroudis. Esta iglesia contiene una interesante colección de iconos, y también se pueden encontrar casos de algunas columnas romanas.

La ciudad es conocida por sus cuevas antiguas, especialmente por la cueva de Iskafta, (donde, en 1930, con treinta años, el viajero alemán, Alfred Rust, que más tarde sería arqueólogo, hizo una gran cantidad de importantes descubrimientos prehistóricos), y el templo romano de Yabrud, que entonces era el templo de Júpiter Yabroudis, pero en la actualidad es la “Catedral de Constantino y Helena”.

Monasterio de Mar Musa al Habashi (San Moisés el Abisinio)

Mar Musa o Deir Mar Musa al-Habashi Dayr Mar Musa al-Habashi, literalmente “Monasterio de San Moisés el Abisinio” es una comunidad monástica de rito sirio-católica, situado cerca de la ciudad de Nabek, a unos 80 kilómetros al norte de Damasco. La iglesia principal del complejo monástico alberga preciosos frescos que datan del siglo XI y XII.

El sendero de piedra rosa que trepa por la garganta rocosa parece la cicatriz de una inmensa herida. Una especie de débil sutura cicatrizada zigzagueando para evitar barrancos y peligrosos riscos en la aspereza de una de las montañas del Jabal al-Qalamoun, entre Damasco y Aleppo. Allí abajo, el desierto de donde sube el viento tibio de primavera se extiende hacia Irak. En cambio, allá arriba, la luz rasante de la tarde hace aún más difícil de distinguir la escarpada silueta del monasterio de Mar Musa al Habashi, San Moisés el Abisinio.

Los bastiones milenarios asomados a las rocas, donde una vieja torre romana velaba como un centinela contra el hostil limes persa, aún hoy sigue dando la impresión de ser una ciudadela inaccesible a los bandidos, de fortaleza izada sobre el precipicio por alguien que quería vivir a salvo de las tempestades de la historia. Pero no hay más que subir la cuesta durante una media hora y llegar a la cumbre para darse cuenta de que se trata de algo muy diferente. La puerta del monasterio sigue siendo baja, para entrar hay que agachar la cabeza, pero por lo menos ahora está siempre abierta.

Aquí, precisamente en tiempos del Profeta Muhammad, llegó Moisés el Abisinio, hijo del rey de Etiopía, que escapaba de su destino dinástico por su deseo de hacerse monje. Se había instalado en una de las cuevas de la montaña para dar gracias a Dios con una vida de oración. Luego, mientras a su alrededor se extendían los siglos de la civilización islámica, sobre la montaña de Mar Musa la vida cristiana había seguido floreciendo en un monasterio de rito sirio, encajado en una colmena de cavernas habitadas por los monjes como celdas cenobíticas. El declive había comenzado sólo en el siglo XVIII. El último monje se había ido ya en 1830 cuando el monasterio pasó a ser propiedad de la Iglesia sirio-católica. Desde aquel entonces todo parecía encaminarse hacia el desastre. El viento y la nieve, los vándalos y la lluvia estaban desmigajando la roca monástica arrastrando hasta el valle fragmentos de frescos milenarios y pilas bautismales junto con detritos de las dolomías.

Diez mil años de historia

Un edificio antiguo, círculos de piedra, líneas y tumbas fueron descubiertas recientemente cerca del monasterio en 2009 por Robert Mason, arqueólogo del Real Museo de Ontario. Mason sugirió que las ruinas podrían remontarse 10.000 años y fueron construidas probablemente en el período neolítico (como la cultura neolítica de Qaraoun del Anti-Líbano).

La zona fue habitada por primera vez por los cazadores y pastores prehistóricos por sus cisternas naturales y pastos ideales para la cría de cabras. Tal vez los romanos construyeron una atalaya aquí. Más tarde, ermitaños cristianos utilizaron las grutas para la meditación, y esto creó el primer pequeño centro monástico. Según la tradición local San Moisés el Abisinio era el hijo de un rey de Etiopía. Se negó a aceptar la corona, los honores, y el matrimonio, y en su lugar miro hacia el reino de Dios. Viajó a Egipto y luego a Tierra Santa.

Después, vivió como un monje en Qara (Siria), y luego como un ermitaño, no lejos de allí, en el valle de lo que es hoy el monasterio. Allí fue martirizado por soldados bizantinos. La historia cuenta que sus familiares se llevaron su cuerpo, pero el dedo pulgar de su mano derecha se separó por un milagro, y dejó como reliquia, hoy conservada en la iglesia siriaca de Nabk. El monasterio de San Moisés existió desde mediados del siglo VI, y pertenecía al rito sirio de Antioquía. La iglesia actual monasterio fue construida en el año 1058, según las inscripciones en árabe que hay en las paredes, que comienzan con las palabras: “En el nombre de Dios el Clemente, el Misericordioso”.

Los frescos se remontan a los siglos XI Y XII. En el siglo XV, el monasterio fue reconstruido y ampliado en parte, pero en la primera mitad del siglo XIX fue completamente abandonado, y poco a poco cayó en ruinas. Sin embargo, permaneció en propiedad de la diócesis católica Siria de Homs, Hama y Nabk. Los habitantes de Nabk visitaban continuamente el monasterio con devoción y la parroquia local luchó por mantenerlo.

En 1984, comenzaron las obras de restauración a través de una iniciativa común del Estado Sirio, la Iglesia local, y un grupo de voluntarios árabes y europeos. La restauración del edificio del monasterio terminó en 1994 gracias a la cooperación entre los estados Italianos y Sirios. Una escuela italiana y siria para la restauración de los frescos ha sido creada en Dear Mar Musa y completará el trabajo en el contexto de la cooperación europea Siria. La nueva fundación de la comunidad monástica se inició en 1991.

©Effi Schweizer

Los frescos de Dear Mar Musa

La iglesia del monasterio fue construida en 1058. El espacio es de aproximadamente 10 x10 metros cuadrados y se divide en dos secciones. El mayor de ellos es de una nave con dos pasillos, y está iluminada por una gran ventana situada en el este. La segunda sección es el santuario, que contiene el altar y el ábside que están separados del resto de la iglesia por una piedra y el coro de madera.

Hasta el momento, tres capas de frescos han sido reveladas. La primera capa es de mediados del siglo XI, la segunda es de finales del siglo XI, y la tercera es de finales del XII o principios del siglo XIII. Las imágenes de la capa más reciente son bastante completas, y comprenden dos ciclos iconográficos bien integrados. El primer ciclo y el más grande se centra en la dimensión de la historia sagrada. El segundo, en el santuario, representa el misterio del eterno y presente instante.

El primer ciclo comienza con la imagen de la Anunciación. Gabriel se encuentra en el lado norte y la Virgen María se encuentra en el lado sur de la ventana del este, el Emmanuel, el niño Jesús y el sol de la Justicia, se sitúan por encima. (Esta imagen fue destruida, junto con otras imágenes, en 1983 y más tarde fue parcialmente reconstruida de piezas.). Debajo de la ventana, Jesucristo, con los apóstoles y evangelistas, inaugura el tiempo de la Iglesia, que recibe sustento del Misterio del Templo, el Santísimo. La nave de la iglesia está decorada con santos, mujeres en los arcos y hombres en los pilares. Los cuatro evangelistas están pintados sobre las cuatro columnas que miran hacia arriba para copiar una página celeste con letras en siriaco en sus Evangelios. Seis santos mártires, pintados como caballeros en la parte más alta de la nave, pasean hacia el Este luchando por la buena batalla de la fe.

El segundo ciclo, que es sobre la realidad del misterio, está presente y comienza desde la propia puerta del templo. En la cara exterior de la parte de piedra de la pantalla, junto a la puerta del espacio sagrado del altar, están pintadas las diez vírgenes del Evangelio de Mateo 25. Muy poco queda de esta pintura, pero ha sido posible reconstruir parcialmente las imágenes. Cinco tenían las luces encendidas en su mano derecha y cinco habían extinguido las luces en su mano izquierda.  Detrás del altar se encuentra la Virgen, su Niño sentado en el trono de su vientre. A su alrededor destacan los Padres de la Iglesia. En la semi-cúpula de la ábside, sobre el altar, todavía podemos ver algo de la representación de Cristo como Hijo del Hombre, en su trono, rodeado de querubines. María, la Madre del Salvador, y Juan el Bautista están pintados en el gran arco que está cerca del trono, para actuar como intercesores.

©James Gordon

Los dos ciclos, uno de historia y uno de sacramento, están unidos en la gran representación del juicio final en la pared oeste de la nave. La mayor parte del fresco se perdió y probablemente representaba a Cristo en su gloria dando a Pedro las llaves del Reino. Todavía se ve Pedro de pie en el lado derecho, con Pablo a la izquierda. Debajo de la ventana oeste, vemos la cruz con los símbolos de la pasión de Jesús: clavos, escaleras, y la corona de espinas. En la parte superior del trono, pintado al estilo oriental con cojines y alfombras, vemos el sudario blanco, símbolo de su resurrección de la tumba. Sentados a su izquierda y su derecha, en calidad de jueces, están diez apóstoles y evangelistas. Con Pedro y Pablo, completando el número de doce.

El resto de la representación está dividida a la derecha (el Paraíso) y a la izquierda (Infierno). En el Paraíso, bajo el trono, Adán y Eva oran por todos sus hijos. Junto a ellos las personas salvadas abrazan a la Virgen María, a Abraham, a Isaac y a Jacob. En el siguiente nivel, dos ángeles tocan las trompetas del juicio, y encontramos a los profetas Moisés con Elías; así como a David con Salomón de pie junto a los Padres de la Iglesia.

En el siguiente nivel se encuentra el nicho, que probablemente ocupaban la reliquia de San Moisés. Junto a él, un ángel de la intercesión tira hacia abajo la placa de las buenas acciones de la balanza de la justicia divina. Junto a él, San Pedro abre la pequeña puerta del paraíso con una llave blanca. Los mártires San Esteban y Santiago se encuentran en primer lugar, junto con otros cuatro antiguos monjes sirios y tres monjas.

A la izquierda, debajo de los tronos de los apóstoles, los diferentes grupos de obispos sufren el dolor del fuego y lloran amargas lágrimas. Debajo de ellos pecadores pertenecientes a diferentes culturas y religiones sufren los efectos de una fuerte lluvia de fuego. Debajo de ellos, al lado de un terrible Satanás que estrangula a una persona impía, los monjes y monjas arden en el infierno. Debajo está un pequeño demonio, con una lengua roja de escándalos y mentiras, tira del plato izquierdo de una balanza, el de las malas acciones. Junto a él están representados cuatro pecadores están al límite, como momias, con los símbolos de sus pecados atadas a sus cuellos.

El primero adoraba el dinero, el segundo era violento, y quizás el tercero fuera un usurero. El último fue un comerciante deshonesto que engañaba con su balanza. Al final, una fila de hombres y mujeres desnudos atados con una cadena, con serpientes que entran en sus cuerpos a través de sus orificios de los sentidos, representan la condena del adulterio y la fornicación.

En la parte inferior, una base de mármol, pintada de color, tal vez indique la cristalización final del mundo material. En la segunda serie de frescos, en el pasillo norte, cerca de la pila bautismal, descansa una imagen del bautismo de Jesús con un ángel que sirve como diácono, y con San Simeón Estilita sentado encima de su columna. En el muro sur de la nave, en la parte superior del primer pilar, admiramos a Elías desde el primer período, ascendiendo en su carro.

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