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¿Ahora Barack Obama es “el bueno”?

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Como muchos, he estado siguiendo la visita de Barack Obama a nuestro país, experimentando sentimientos encontrados: de un lado el sano orgullo patriótico y revolucionario de ver un presidente norteamericano rectificando la política hacia Cuba y repitiendo en nuestro propio suelo que hay que terminar con el bloqueo, lo que ratifica el respeto a nuestra soberanía e independencia, esas que nos hemos ganado los cubanos con nuestro sacrificio, nuestro sudor, nuestra sangre, nuestra historia y, de otro, el peligro que significa que haya quienes piensen que con estos, por ahora tibios cambios, ha desaparecido la contradicción entre los intereses del imperialismo norteamericano y los de la nación cubana. Pero solo hoy, luego de escuchar su discurso en esta mañana de lunes, me he decidido a escribir estas líneas, porque -como alertó hace más de medio siglo Fidel-, en lo adelante todo será más difícil.

¿Quién podría poner en duda la enorme complejidad de la sociedad norteamericana, en la que poco valen análisis en blanco y negro?

Una historia turbulenta en la que se entremezclan las batallas contra el colonialismo inglés por la independencia y arremetidas genocidas contra la población autóctona, un impetuoso desarrollo industrial y una cruel guerra intestina que costó la vida a más de 600.000 seres humanos, una creatividad e inventiva paradigmáticas en la ciencia y la tecnología y un belicismo expansionista del cual México y Cuba -por poner solo dos ejemplos de nuestra región- han sido víctimas cercanas, una sociedad con extraordinarias manifestaciones culturales en la música, la literatura y el cine junto con un mesianismo que no honra esos valores, una ciudadanía laboriosa y emprendedora sobre la cual, sin embargo, descansa pesadamente una maquinaria estatal imperialista, el país más rico y el más endeudado del mundo, el que más reclama a los demás los derechos humanos y quien menos los respeta como demuestra más de medio siglo de bloqueo económico contra Cuba, una sociedad en la que la violencia sirve de hilo conductor para seguir su historia.

En resumen, un país lleno de contradicciones en el que, no obstante, sería ingenuo pensar que los acercamientos actuales hacia Cuba son simplemente el resultado de los criterios, la voluntad y la habilidad de Obama y no parte integrada a los intereses del poder real de los EEUU: el del gran capital.

Si Barack Hussein Obama resultara infuncional a los poderes fácticos que rigen el Estado norteamericano difícilmente habría sido elegido presidente en 2008, ni reelegido en 2011, ni habría iniciado el cambio de política hacia Cuba.

Es el mismo Obama que solo dos meses después de haber recibido el regalo del premio Nobel de la Paz envió decenas de miles de soldados a Afganistán, el que ha autorizado cientos de ataques con drones que han costado la vida de cientos de civiles en varios países del mundo, el que participó en el complot que destruyó a Libia, el que ha armado a la llamada oposición siria fortaleciendo al autotitulado Estado islámico, el que aprobó el suministro de armas a Kiev luego del golpe de Estado, el presidente que ha estado detrás de la “primavera árabe” de fatales consecuencias en esa zona del mundo. Es el mismo Obama; como diría el poeta: “No os asombréis de nada”.

En efecto, no hay dos Obama, uno “bueno” y “otro malo”. No estamos frente a una personalidad bipolar, sino uno único, el político de carrera, quien más allá de sus características e historia personal, de sus modos domésticos de hacer política, y hasta de sus inclinaciones como individuo y de su probable objetivo de dejar como legado el de ser el presidente norteamericano que cambió la política hacia Cuba, ha sido siempre y es funcional a los intereses estratégicos de los poderes fácticos que regulan el Estado norteamericano.

Es, eso sí, un político a quien hay que reconocerle carisma, dominio escénico, sentido de la oportunidad mediática, habilidad comunicativa; probablemente el mejor y más capaz a mano para enmascarar hoy los objetivos estratégicos del imperialismo norteamericano hacia Cuba y hacia América Latina y el Caribe.

En esta visita a nuestro país, el presidente Obama no ha perdido oportunidad para reclamar el fin del bloqueo, lo que de últimas son palabras de alguien pronto a desaparecer de la escena gubernamental norteamericana, frases que puede ahora pronunciar, de las cuales puede ahora hacerse responsable porque no aspira, ni podría aspirar a un nuevo período presidencial y porque las formalidades del sistema político del país norteño le permiten presentarse olímpicamente como alguien no responsable del bloqueo, opuesto al bloqueo, sostenedor de una nueva política, cuando durante casi toda su actuación presidencial lo avaló con su inercia.

Pero volviendo al discurso de marras, no puede ser objeto de un breve artículo un análisis exhaustivo de esa intervención [1], de modo que solamente voy a recalcar algunos aspectos que resaltan a primera vista donde como han expresado varios analistas mucho hay de lo que no se dijo y es poco lo que concede, aunque lo adorna bien. Es el mismo Obama que podría hacer mucho más desde sus atribuciones presidenciales y aún no la ha hecho.

Y de eso se trata, de leer la letra chica de sus declaraciones, algo importante especialmente para los jóvenes cuyas experiencias de vida con el vecino del norte no cuentan con los sabotajes criminales, los episodios de Girón, la crisis de Octubre, las bandas contrarrevolucionarias, los atentados contra nuestros líderes, las agresiones biológicas, y un largo etcétera, y a quienes los efectos del bloqueo les han llegado amortiguados por la protección de la sociedad y de las familias.

No hay dudas: Obama es la cara gentil y seductora del mismo peligro. No se disculpó por los crímenes contra Cuba, no mencionó la Base Naval de Guantánamo, no habló de la Ley de Ajuste Cubano, no dijo por qué no hace más contra el bloqueo pudiendo hacerlo, y muchas otras increíbles omisiones.

Mientras, fue evidente que él no quiere colaborar con Cuba, sino con aquella parte de nuestra sociedad a la que supone mejores condiciones para los intereses estratégicos que representa, él quiso seducir a la juventud, estimular en ella el egoísmo y el afán de mejoramiento puramente individual presentando el crecimiento capitalista como la panacea universal y no la causa de las crisis y del peligro del agotamiento de la naturaleza y la desaparición de la especie humana, él quiso contribuir a fragmentar la sociedad cubana para el propósito de recuperar la hegemonía norteamericana aquí y en nuestra región, en su discurso asomó el tono sobrador de alguien que “nos concede el derecho –que nadie tiene que otorgarnos- de resolver nuestros propios problemas”. Nos toca ahora explicar y evidenciar eso.

La visita de Obama es una victoria del pueblo cubano y de todos los pueblos de América Latina y del Caribe por lo que entraña el que los Estados Unidos de Norteamérica se hayan visto obligados a reconocer que se estrellaron contra nuestra dignidad y ahora optan por hacer un rodeo amañado. Por eso hay que recordar aquellas palabras de Julius Fucík al final de su histórico “Reportaje al pie de la horca” y “estar alertas”.

Obama terminó su visita a Cuba, fue -junto con su bella familia hacia la que los cubanos hemos sentido natural simpatía- recibido, tratado y despedido cortésmente por un pueblo y unas autoridades que hacen gala de su hospitalidad, respeto y disposición al diálogo sin imposiciones, pero cuyas mayorías saben bien el terreno que pisan y en las que bulle el espíritu soberano, martiano y fidelista, ese que coreó en el estadio latinoamericano: “Raúl, Raúl, Raúl…”.

[1] En un libro en proceso editorial en la Editorial de La Mujer de La Habana dedico un capítulo completo al análisis del discurso que ofreció el 17 de diciembre de 2014 en la Casa Blanca y del cual retomó partes en este.

Por Darío Machado
Con información de Cuba Periodistas

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EEUU y el Daesh buscan derrocar al León sirio

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Assad en árabe significa león. En el discurso al país anunciando el ataque al Daesh (1), que el presidente Barack Obama pronunció no casualmente un día antes del recordatorio del atentado del 11-S, se ponen en evidencia lineamientos de la política exterior que está desarrollando Estados Unidos en un mundo con tendencia multipolar, y que siguen basándose en dos patas principales de su poder. La económica, con el sistema del dólar como principal moneda fiduciaria para las transacciones internacionales que crea la dependencia de cada país a través de sus fuentes y sumideros en esa divisa (en que el préstamo y deuda externa son instrumentos de peso para la dominación), y por otro lado su superioridad como primera potencia militar mundial.

El 10 de septiembre, Obama decía ‘…En el extranjero, el liderazgo estadounidense es la única constante en un mundo incierto. Es América (Estados Unidos) que tiene la capacidad y la voluntad para movilizar al mundo contra los terroristas. Es América que ha reunido al mundo contra la agresión rusa, y en apoyo del derecho de los pueblos ucranianos para determinar su propio destino. Es América – nuestros científicos, nuestros médicos, nuestros conocimientos técnicos – que pueden ayudar a contener y curar el brote de ébola. Es América que ayudó a eliminar y destruir las armas químicas declaradas por Siria para que no puedan constituir una amenaza para el pueblo sirio o el mundo de nuevo. Y es América que está ayudando a las comunidades musulmanas de todo el mundo y no sólo en la lucha contra el terrorismo, sino también en la lucha por la oportunidad, por la tolerancia, y por un futuro más esperanzador… Como estadounidenses, damos la bienvenida a nuestra responsabilidad de liderar. De Europa a Asia, desde los confines de África a las capitales devastadas por la guerra de Oriente Medio, estamos a favor de la libertad, de la justicia, de la dignidad. Estos son los valores que han guiado a nuestra nación desde su fundación’. La prepotencia del autoproclamado destino manifiesto de Estados Unidos y su misión de imponer los valores de su libertad y justicia, es decir su ‘Lex’ en todo el mundo, hoy llamada excepcionalidad sigue presente. Su visión geopolítica apunta a conservar el liderazgo global en una multipolaridad que pretende debilitada y ficticia.

El 3 de marzo de 2011, Obama afirmaba sobre el líder libio Muammar Kadafi ‘…Ustedes han visto con gran claridad que él ha perdido legitimidad con su pueblo, así que no seré ambiguo. El Coronel Kadafi necesita dar un paso al costado y dejar el poder. Esto es bueno para su país y su pueblo. Es lo correcto para hacer… Kadafi debe irse’. El 20 de octubre de 2011, la Secretaria de Estado Hillary Clinton festejaba jocosamente en Libia con los líderes del Consejo Nacional de Transición ‘…Vinimos, vimos y murió’.



En Siria, Washington está repitiendo el guión, la estrategia para el cambio de régimen aplicada en Libia. Una furibunda campaña de bombardeo aéreo en aquel caso ‘humanitario’ a cargo de la OTAN liderado por Francia y con el imperio detrás, mientras el trabajo sucio terrestre lo realizaron los entonces llamados ‘luchadores por la libertad y la democracia’, en realidad mercenarios, terroristas y opositores a Kadafi funcionales a Washington, a países europeos de la OTAN, Turquía, Arabia Saudí, regímenes del Golfo e Israel. Hoy Libia está fragmentada de hecho, debilitada y en conflicto intestino permanente donde prevalece la barbarie y la intolerancia, justamente la inversa de un país unido, fuerte, anti-occidental y con un líder que defienda su soberanía. La intervención, produjo el caos organizado que necesita Washington y sus socios. Libia dividida nunca será de nuevo un obstáculo para la hegemonía occidental en Africa.

Así el 18 de agosto de 2011, Obama repetía ‘…El futuro de Siria debe ser determinado por su pueblo, pero el presidente Bashar al Assad está interpuesto en su camino… Para el bien del pueblo de Siria, ha llegado el tiempo para que el presidente Assad dé un paso al costado’. Un año y medio después, el 24 de marzo de 2013, Obama reiteró ‘…Bashar al Assad ha perdido su legitimidad y debe irse’.

Al respecto, sobre la estrategia contraterrorista actual para destruir al Daesh, Obama dijo ‘…conduciremos una campaña sistemática de ataques aéreos contra los terroristas… no vacilaremos en tomar acciones contra el ISIL (Daesh) en Siria, y en Irak. Este es el principio central de mi presidencia: Si ustedes amenazan a Estados Unidos, no encontrarán un santuario seguro… Incrementaremos nuestro apoyo a las fuerzas terrestres que pelean contra esos terroristas’, y agregó alevosamente y con toda impunidad ‘…Hemos incrementado nuestra ayuda militar a la oposición siria. Plantearé de nuevo en el Congreso que nos dé autoridad adicional y recursos para entrenar y equipar a estos combatientes. En la lucha contra el ISIL, no podemos confiar en el régimen de Assad que aterroriza a su propio pueblo – un régimen que nunca va a recuperar la legitimidad que ha perdido. En su lugar, debemos fortalecer a la oposición como el mejor contrapeso a extremistas como ISIL, mientras perseguimos la solución política necesaria para resolver la crisis siria de una vez por todas… Esta estrategia para erradicar a los terroristas que nos amenazan, apoyando socios en las líneas del frente de combate, es como la que seguimos exitosamente por años en Yemen y Somalia’.

Pero la llamada oposición ‘moderada’ contra al Assad, como el Ejército Libre Sirio, no es tal, sino ideologicamente afín al Frente al Nusra vinculado a su vez con al Qaeda y con el Daesh. Es decir, tanto los moderados como los extremistas cumplen el mismo rol de terrorismo útil, se trata de los enemigos funcionales de Washington y sus aliados. Sobre el tema, en la conferencia de París donde el imperio intentó mostrar su liderazgo en la convocatoria para una coalición contra el Daesh y el ataque en Siria, el canciller ruso Serguéi Lavrov afirmó ‘…El eje de la lucha antiterrorista siempre ha sido la disponibilidad de combatir todas sus formas, sin dividir a los terroristas en ‘malos’ y ‘buenos’. Por desgracia, este principio ha comenzado a fallar’.

Una de las causas por la que la oposición terrorista al gobierno de Siria no ha logrado derrocar a al Assad después de luchar más de tres años, a partir de los movimientos disparados por la llamada primavera árabe que terminó con la caída de los regímenes de Túnez, Egipto y Libia, es que no cuenta con el apoyo de la mayoría del pueblo sunita sirio. Los terroristas no pueden reunir la masa crítica de población necesaria para que la rebelión no se auto-extinga. Por ello necesitan apoyo militar externo como la del núcleo Estados Unidos-OTAN-Golfo que para justificar la intervención utiliza su herramienta, el Daesh .

Lo que poco se dicen los grandes medios sobre la conferencia de París es no hubo acuerdo sobre el ataque en Siria. Los países que aceptaron el bombardeo sobre Siria sin su autorización, son los que patrocinan el terrorismo funcional a Washington y la OTAN, como Francia, Canadá, Arabia Saudí, Qatar, Omán, Kuwait, Emiratos Arabes Unidos. Mientras otros acompañaron con reservas como Alemania, Turquía y Gran Bretaña (que se le abrió un frente de potencial inestabilidad con la independencia de Escocia), o tuvieron diferencias por la intención de derrocar a al Assad, como Rusia y China. Ausentes, estuvieron dos países que son los que realmente vienen resistiendo a los terroristas, Siria e Irán y hasta hace poco Irak con al Maliki. Tampoco asistió Israel, que notablemente no es ni siquiera mencionado ni tocado por los terroristas del Daesh.

El gobierno de Siria ha advertido que cualquier operación militar unilateral de Estados Unidos en su territorio, será considerada una violación de su soberanía. Por su lado el régimen de Obama, al no coordinar con el presidente al Assad los ataques contra el Daesh en Siria, dá lugar al bombardeo no solo de los extremistas sino de las mismas fuerzas del Ejército Arabe Sirio. Es más, Obama advirtió ‘…si las fuerzas del gobierno de al Assad se atreven a atacar aeronaves estadounidenses en el espacio sirio durante las operaciones militares contra el Daesh, ordenaré a las fuerzas estadounidenses destruir el sistema de defensa aérea sirio, lo que llevará al derrocamiento de Assad’. Y ha ido aún más allá. El Secretario de Defensa, Chuck Hagel, afirmó que si Siria ataca a la oposición moderada, como el Ejército Libre de Siria, Estados Unidos atacará a su vez a las fuerzas sirias. Aquí, la respuesta de canciller Lavrov dada en la conferencia de París, marca una jugada importante ‘…Bagdad y Damasco son aliados naturales en la lucha contra el Estado Islámico. En Irak y en Siria el enemigo es el mismo y aquí no puede haber lugar para dobles raseros… Moscú prestará toda la ayuda militar posible a Siria e Irak para combatir el terrorismo’. En otras palabras, Rusia se involucrará militarmente apoyando al gobierno de al Assad.

Los terroristas de 83 nacionalidades no se están uniendo al Daesh por afinidad con los musulmanes, sino porque están siendo coordinados por los cuerpos de inteligencia de los Estados foragidos (sea Estados Unidos, algunas potencias de la OTAN, Israel, Arabia Saudí y otros del Golfo) haciendo de cabezas de grupo. Inversamente en Estados Unidos, Obama aseguraba en su discurso pre11-S que ‘… Nuestra comunidad de Inteligencia estima que miles de extranjeros (incluyendo europeos y estadounidenses) se han unido al ISIL en Siria e Irak. Estos combatientes entrenados y endurecidos por la batalla podrían tratar de volver a sus países de origen y desarrollar ataques mortales’. Al tiempo preparando la matriz de opinión occidental, las grandes usinas mediáticas han lanzado sus campañas de operaciones psicológicas para lavar el cerebro de la opinión pública, difundiendo miedo. Afirman que los terroristas del Daesh podrían haberse infiltrado en Estados Unidos, en otros países Europeos, y en Australia. Justo cuando Gran Bretaña anunció que no participará en el ataque Siria, el Daesh publicó otra presunta decapitación esta vez de un ciudadano británico y culpó al premier David Cameron.

Luego del impacto mediático que causaron las salvajes pero oportunas decapitaciones de los periodistas, 2/3 de la población estadounidense dice sentirse insegura, confía que el gobierno la protegerá y está apoyando el bombardeo en Siria. No hay que olvidar que en la civilización occidental y cristiana, ya en 1789 durante la segunda revolución Liberal, los revolucionarios franceses por la igualdad, libertad y fraternidad utilizaban la decapitación no solo en forma sistemática sino mecanizada, lo que fue el inicio del capitalismo liberal.



La visión espacial de las elites de poder del imperio anglosajón y sus estrategas no es regional sino de alcance planetario, y en lo temporal no calcula en téminos de micro-historia sino de macro-historia, es decir por varias generaciones a futuro. Así Oriente Medio, Ucrania y la cuenca del Donbas, el Cáucaso y el Transcáucaso, aunque geograficamente diferentes son regiones energéticas adyacentes y geopoliticamente conexas. Desde 2011, la política exterior de Washington re-enfocó su atención hacia el corazón de Asia: Rusia y China las únicas potencias con capacidad real para resistir a Estados Unidos y Gran Bretaña. Mientras mantiene a Rusia ocupada en el frente abierto en Ucrania, lanza el ataque a Siria. En Ucrania, la OTAN y Washington necesitan que el conflicto armado no se extinga, para justificar su despliegue contra Rusia y continúan armando fuertemente y modernizando al ejército fascista de Kiev, ganando tiempo con el endeble alto el fuego, aceptado por el gobierno de los oligarcas porque sus fuerzas estaban perdiendo la batalla con el pueblo independentista del Donbas (que en realidad no busca anexarse a la Federación de Rusia y rechaza el sistema euroatlántico), y por la urgencia de la llegada del invierno con la dependencia del país del gas ruso.

Basado en el axioma histórico del emperador romano Julio César, ‘divide et impera”‘, desde los 80’s Occidente está sembrando la violencia e inestabilidad en Oriente Medio y Africa basándose en la doctrina de balcanización Carter-Brzezinski, llamada del caos constructivo, ordenado o controlado. El proceso se observa en Libia, Palestina, Líbano, Irak, Yemen, Somalia y Siria. Según Brzezinsky geopolítico asesor de Jimmy Carter y hoy de Obama, en las regiones con diversidad étnica y religiosa, Washington debe manipular hábilmente los potenciales conflictos para provocar y dirigir las crisis aprovechándolas para sus objetivos geoestratégicos.

En Eurasia, las regiones susceptibles a desestabilización interna y externa comprenden a Ucrania (conexa a Europa, con litoral en el mar Negro y fronteriza con Rusia), Azerbaiyán (en el Cáucaso con acceso a las cuencas del mar Caspio, gasoductos hacia Europa, y fronteriza con Rusia e Irán) y Uzbekistán donde como en Ucrania existe oposición a una integración con Moscú (situada en la región del Transcáucaso, llamada Balcanes Euroasiáticos por el vacío de poder similar a los Balcanes europeos). En China, las regiones autónomas de Tibet al sur y Xinjiang (Sinkiang) al norte. En estas regiones un factor común para la desestabilización es una combinación de islamismo y diversidad étnica.

Por otro lado, en la visión de Brzezinski, el núcleo de la resistencia que realmente amenaza al liderazgo supremo de Estados Unidos en una multipolaridad debilitada está, en Asia en los países de la Organización de Cooperación de Shanghai (Shanghai Cooperation Organization; SCO) compuesta por China, Rusia, Kazajistán, Kirgistán, Tajikistán, Uzbekistán; en Oriente Medio en Irán, y en América Latina en el ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América), Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Cuba, El Salvador, Surinam y países del Caribe.

El golpe de Estado en marcha en Siria a favor de Washington y sus socios, es un paso más hacia la configuración Gran Oriente Medio, no es menor que el Daesh opere como califato con fronteras móviles, y es parte de un proceso global para debilitar la tendencia multipolar. En lo regional busca la pérdida de influencia de Irán en Líbano, y en Irak con el desplazamiento de al Maliki y el aumento de la presencia militar estadounidense con permanencia en el largo plazo con el apoyo de sus aliados europeos y del Golfo, todo gracias a sus enemigos a muerte, pero funcionales, del Daesh. Observando la propagación de los patrones de movimientos desestabilizadores y la distribución de los santuarios de los yihadistas fundamentalistas, pueden observarse polos en Malí y Argelia (un nodo de oleoductos hacia Europa), en Libia, Egipto, Arabia Saudí, Qatar, Afganistán, Irak, Siria, Turquía. Desde estos tres últimos países no hay razón que impida que los próximos pasos de las hordas de terroristas herramientas de Occidente, sean hacia Irán y el Cáucaso (como en Azerbaiyán), y luego a Rusia, abriéndole otro frente de conflicto importante, que se sumará a la amenaza de Washington y la OTAN desde Ucrania que ya ha plantado una nueva división Este-Oeste. La Federación Rusa es un Estado federal multiétnico que se extiende desde el Báltico hasta el Pacífico, que incluye un gran número de repúblicas autónomas y pueblos que no son de cultura rusa, lo cuál crea condiciones favorables para una susceptible fragmentación.

Pero hay más, en vista del ahogamiento económico-financiero y militar que el Imperio está aplicando a Rusia, no es casual que en América Latina esté reactivando sus campañas de inestabilidad y penetración para impedir que Moscú ocupe espacios, y porque en las cercanas elecciones presidenciales en varios países hay probables cambios hacia regímenes pro-estadounidenses. En el caso de Venezuela existe una poderosa doble razón para la desestabilización, por un lado su rol como uno de los principales actores hacia la integración y unidad latinoamericana con un carácter ideológico anti-imperialista hostil para Washington, y por otro, por constituir la segunda reserva mundial de petróleo a cinco días por barco, de Texas…

(1) En lengua árabe Daesh significa Estado Islámico en Irak y Siria. Con toda intención, mal llamado por Obama ISIL (Islamic State of Iraq and the Levant). En la región del Levante pueden incluírse a Irak, Siria, Turquía, Egipto, Líbano, Israel, Palestina, Jordania, Chipre.

Por Gustavo Herren
Con información de Argenpress

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Crónica: Guantánamo se ha convertido en un "legado tóxico" para los DDHH

11 de Enero 2012 – DENUNCIA DE AMNISTÍA INTERNACIONAL

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La continuidad del centro de detención de Guantánamo, en Cuba, supone un «legado tóxico» para los Derechos Humanos, según ha denunciado este martes Amnistía Internacional (AI) con motivo del décimo aniversario del traslado de los primeros detenidos a esta «tristemente conocida prisión estadounidense».

La sección española ha abierto una ciberacción en www.actuaconamnistia.org , en la que se pide al presidente de Estados Unidos, Barack Obama, que libere a todos los prisioneros que no hayan sido acusados ni procesados con las debidas garantías, que prohíba las comisiones militares, que renuncie a la pena de muerte para algunos detenidos y que lleve ante la justicia a los responsables estadounidenses que hayan cometido violaciones de Derechos Humanos.

Aparte, Amnistía Internacional-España ha pedido al presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, que siga reclamando el cierre de Guantánamo y continúe acogiendo a detenidos de la base estadounidense, «tal y como se ha hecho en los últimos años».

En un informe publicado este martes con motivo del aniversario, titulado ´Guantánamo: Una década de daños a los Derechos Humanos´, Amnistía Internacional ha puesto de relieve «el trato ilegítimo» que se inflige a los detenidos de Guantánamo y ha expuesto las razones por las que el centro de detención «sigue representando un atentado contra los Derechos Humanos».

«Guantánamo ha llegado a simbolizar durante diez años la falta sistemática de respeto a los Derechos Humanos por parte de Estados Unidos en su respuesta a los atentados del 11-S», denunció el investigador de Amnistía Internacional sobre Estados Unidos Rob Freer.

«El Gobierno estadounidense ha ignorado los Derechos Humanos desde el primer día de detenciones en Guantánamo, y con el comienzo del undécimo año de vida del centro de detención, esta falta de respeto continúa», añadió. El Ejecutivo de Obama, según AI, ha adoptado el marco de la «guerra» global ideado durante la presidencia de su antecesor, George W. Bush.

171 PRISIONEROS

Pese al compromiso del presidente Obama de cerrar el centro de detención de Guantánamo antes del 22 de enero de 2010, a mediados de diciembre de 2011 el centro albergaba a 171 hombres. Al menos 12 de los trasladados a Guantánamo el 11 de enero de 2002 seguían recluidos en el centro, según la organización. Uno de ellos cumple una condena a cadena perpetua después de ser declarado culpable por una comisión militar en 2008 y ninguno de los once restantes ha sido acusado formalmente.

Al respecto, la organización recordó que el Ejecutivo norteamericano ya dejó claro en enero de 2010 que cabía la posibilidad de que alrededor de 40 prisioneros de Guantánamo no fueran enjuiciados ni puestos en libertad, sino que permanecieran en detención militar indefinida sin cargos ni juicio penal, «en virtud de la interpretación unilateral de Estados Unidos de las leyes de la guerra».

«Hasta que Estados Unidos aborde estas detenciones como una cuestión de Derechos Humanos, el legado de Guantánamo pervivirá con independencia de si se cierra o no el centro de detención», advirtió Rob Freer.

El centro de detención de Guantánamo, según AI, «se convirtió en un símbolo de las torturas y de los malos tratos cuando se abrió, cuatro meses después de los atentados del 11-S». Entre los detenidos que permanecen en el centro en la actualidad figuran algunas personas que fueron sometidas a tortura y desaparición forzada por Estados Unidos antes de ser trasladadas a Guantánamo.

La rendición de cuentas por estos crímenes contra el Derecho Internacional, cometidos en el marco de un programa de detención secreta gestionado por la autoridad presidencial, es «escasa o nula», denunció AI. Aparte, el Gobierno estadounidense ha bloqueado «sistemáticamente» todos los intentos de los antiguos prisioneros para obtener una reparación por estas violaciones.

En diez años, solo uno de los 779 detenidos de la base ha sido trasladado a Estados Unidos para ser juzgado por una corte federal ordinaria. Otros han sido sometidos a «juicios injustos» ante comisiones militares y, en la actualidad, el Gobierno trata de obtener en estos procesamientos militares la pena de muerte para seis de los detenidos, prosiguió la organización.

DERECHO INTERNACIONAL

El Gobierno de Obama ha justificado el incumplimiento de su compromiso de cerrar el centro de detención de Guantánamo con el argumento de que el Congreso no ha garantizado el cumplimiento por parte de Estados Unidos de los principios internacionales de Derechos Humanos relacionados con este asunto.

«En virtud del Derecho Internacional, no se pueden invocar las leyes y la política nacionales para justificar el incumplimiento de las obligaciones contraídas en un tratado», advirtió Freer. «Es una respuesta inadecuada que uno de los tres poderes del Estado culpe a otro de que en el país se vulneren los Derechos Humanos», prosiguió. «El Derecho Internacional exige que se busquen soluciones, no excusas», concluyó Rob Freer.

Fuente: Diario Progresista

Nota de la Bitácora: a punto de finalizar el 2012,y siendo Obama reelecto para un nuevo período,la situación sigue sin cambio alguno.

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