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Mujeres Sirias – El triunfo de la igualdad

El papel de las mujeres en Siria a pesar de la guerra no ha dejado de ser preponderantemente importante para la sociedad toda en medio de un conflicto que ha fortalecido la participación igualitaria en la política y las actividades sociales de ese país.

A pesar del conflicto, Siria no ha dejado de ser uno de los países más avanzados del mundo árabe en lo que a derechos de la mujer se refiere.

Cabe señalar que en el país levantino las mujeres pueden votar desde 1949. La constitución de 1973, además, llama a la igualdad de todos los ciudadanos y cuenta con un artículo que obliga al estado a eliminar todos los obstáculos para el desarrollo de la mujer.

Una de las principales bazas de la política del partido Baaz fue fomentar la integración de la mujer en la educación en un proceso de alfabetización de la población. Así lo remarca en estudio realizado por la Biblioteca del Congreso de EEUU en 1987, el cual señala que para esa década Siria había logrado la plena escolarización de los hombres y la inscripción del 85% de las mujeres en centros educativos. Pocos años después, en 2008, las mujeres llegaron a representar alrededor del 46% del estudiantado universitario, principalmente en grados relacionados con la literatura y la educación.

El gobierno Baaz también ha intentado integrar a las mujeres en el mundo laboral para que tengan una mayor independencia. Tal es así que la tasa de empleo femenino se duplicó entre la década de los 80’s y la de los 2000 según los datos que recoge el Banco Mundial. Estos cambios se han dado principalmente en las ciudades, por lo que en las zonas rurales no ha habido todavía una gran integración de la mujer, que sufre peores condiciones como por ejemplo tener que trabajar más de 15 horas al día.

El sector público es el lugar en el que hay mayor concentración de mujeres; alrededor del 73%. Siguiendo los roles tradicionales de la mujer que todavía se mantienen arraigados en gran parte de la sociedad siria, éstas representan el 63% del profesorado de primaria, el 43% de secundaria y solo un 15% en la universidad. Esta estructura de sociedad se hace más tangible en las áreas rurales, donde debido al colapso del sistema por la crisis, algunos grupos tribales impiden a sus mujeres acceder a los derechos legales que les otorga el gobierno. Esto sucede principalmente en aquellas zonas más conservadoras donde proliferan con mayor facilidad los fundamentalistas islámicos.

Las desigualdades entre ambos sexos en el país generalmente son heredadas de las leyes basadas en la Sharía como por ejemplo son la idea de que lo hombres deben encargarse de las finanzas de la familia o que la mujer solo pueda obtener la mitad de lo que recibe su hermano de una herencia.



Otro de los grandes problemas a los que se está intentando hacer frente en Siria es la inseguridad de la mujer. El gobierno decidió tomar medidas en 2009 después de que las encuestas sacasen a la luz que un 67% de las mujeres habían sufrido algún tipo de violencia física o verbal. Esto forzó un mayor endurecimiento de las penas, pero con el inicio del conflicto en 2011 quedó en papel mojado ya que apenas se aplican.

Hada Half Abás

 

En junio de 2016, Hada Half Abás fue elegida presidenta del Parlamento, convirtiéndose en la primera mujer del país en ocupar un cargo similar. La Unión General de Mujeres Siria, financiada por el gobierno sirio y afiliada al partido Baaz es una de las principales herramientas por la que se apuesta para promover la igualdad de las mujeres. Esta formación nació de la unión de varias organizaciones y asociaciones de asistencia social en 1967 con el objetivo de movilizar a las mujeres y hacer que cuenten con una herramienta para mejorar su nivel educativo, conciencia política en definitiva, prepararse para tener un papel más efectivo en el desarrollo social y económico. Según la presidenta de la Unión General de Mujeres Sirias Soad Bakkur, cuentan con 14 sucursales a lo largo del país, 114 asociaciones y 1850 centros.

La Unión General de Mujeres Sirias no solo se involucra en el movimiento feminista si no que también tiene posiciones políticas tales como el rechazo de la intervención estadounidense en el país o la ocupación israelí de Palestina y los Altos del Golán.

El aspecto militar sin duda es uno de los puntos en los que resulta más destacable el papel femenino en la sociedad siria. El Ejército Sirio ha intentado fomentar la afiliación a sus filas de mujeres, principalmente en las Fuerzas de Defensa Nacional; milicias locales creadas en 2012 con el fin de defender sus pueblos. “Nos unimos al ejército para proteger nuestra ciudad y nuestra gente. Tenemos los mismos derechos que los hombres para proteger nuestra ciudad. Siria es un país que aboga por la igualdad de género”, declara Jiana Eid, una de las 50 mujeres que decidieron unirse como voluntarios a las FDN a finales de 2017.

Mujeres soldados Kurdas

Su contraparte son las mujeres en el territorio controlado por grupos rebeldes. Según el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, existen alrededor de 5.000 mujeres en las filas del Ejército Libre Sirio y organizaciones afines de tendencia islamista.

Uno de los principales batallones femeninos se puede encontrar en el Batallón al-Mouminin Aisha, en referencia a la esposa del Profeta Muhammad.

Um Mohamed, líder de ésta unidad que combatió bajo la bandera de la Brigada al-Tawhid en la batalla de Alepo, estableció que todas las mujeres que quisieran alistarse debían formar parte de la comunidad islámica de Alepo, tener buena reputación y cumplir con sus oraciones además de todos los demás deberes religiosos. El uniforme de la brigada son el niqab y una diadema con el tawhid la ilâha ila allâh (no hay más Dios que Dios ‘Allâh’), con el fin de demostrar su compromiso para con el Islam.

En el norte de Siria se encuentran las YPJ; brigadas femeninas ligadas al PYD y su milicia armada YPG. Una de las particularidades del discurso de las YPJ que no se da en los otros bandos es que trata el feminismo de un modo que ha hecho que se ganen el apoyo de gran parte de los izquierdistas occidentales.

Las zonas donde operan éstas brigadas kurdas no son grandes núcleos urbanos, y si las mujeres no hubiesen participado en la lucha contra el Estado Islámico, hay poblaciones que no podrían haber resistido los hostigamientos de la organización terrorista.

Consecuencia de esta amenaza, muchas mujeres se han incorporado a espacios públicos que antes tenían vetados. Sin embargo, estos cambios tienen más que ver con las brigadas y ciertos espacios políticos que con los hogares, donde las lógicas tradicionales patriarcales como lo son el burka o el niqab se siguen imponiendo.



Pero ¿qué ocurrirá en Siria cuando el conflicto termine? La sociedad ha pasado por grandes procesos de cambio y transformación en todos los ámbitos en los últimos años; principalmente tras el inicio del conflicto armado.

El investigador y profesor Pablo Sapag presentaba brevemente la convivencia en el país levantino de la siguiente manera:

La sociedad siria es una sociedad multiconfesional que se rige por un estado aconfesional, que no laico (…) El estado sirio es un estado aconfesional para garantizar la existencia de una sociedad que es históricamente multiconfesional como resultado de la geografía (…) la historia (…). Hasta bien entrado el siglo XVII en Siria el Islam no llega a ser una mayoría relativa en términos cuantitativos.

Es por ello que una de las claves para la reconciliación debe hallarse en la secularidad, la cual ha sido representada por la propia sociedad durante su historia, donde las mujeres independientemente de su religión y etnia han podido convivir sin la existencia de conflictos.

Es innegable que el estatus de la mujer en Siria está pendiente todavía de experimentar mayores cambios que equiparen las definitivamente no solo a nivel jurídico si no a nivel práctico tanto en las urbes con en las zonas rurales tribales. Si bien el futuro es todavía incierto, hay algo evidente, y es que las mujeres van a jugar un papel imprescindible en la reconstrucción del país.

Con información de  Descifrando la Guerra

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Las kurdas que no temen a la muerte

Unas 1.000 soldados integran la división femenina de las fuerzas armadas kurdas.Las últimas acometidas de los yihadistas de IS han disparado el reclutamiento de mujeres.

Mujeres 'peshmerga' (tropas kurdas) en el campo de entrenamiento de Zawita (norte de Irak)
Mujeres ‘peshmerga’ (tropas kurdas) en el campo de entrenamiento de Zawita (norte de Irak)

Leila Yusef se arregla el peinado y se perfila los labios en el espejo retrovisor de un todo terreno. Luce un flamante traje militar. «Quería estudiar un postgrado en Reino Unido pero esto es más importante. Nuestras familias y nuestra patria están en peligro», cuenta rodeada por una treintena de compañeras.

La tarde apura los últimos rayos de sol cuando el batallón de uniformadas alcanza el campo de entrenamiento de Zawita, en el norte de Irak. Hace un calor sofocante y cunde el nerviosismo. «Desde que en junio surgiera la amenaza del Estado Islámico recibimos a diario decenas de mujeres dispuestas a alistarse. Hoy son ellas las que se gradúan», explica la coronel Viyan Yusef, una de las primeras féminas en ingresar hace 16 años en los peshmergas (tropas kurdas).

El ejército «de facto» de la región autónoma del Kurdistán iraquí -administrado por las dos formaciones hegemónicas, el Partido Democrático y la Unión Patriótica del Kurdistán- abrió sus cuarteles al sexo femenino en 1996 pero el fantasma de los yihadistas y su alarmante ofensiva del pasado agosto han sido el aldabonazo definitivo.

«Los terroristas del IS nos odian. Aterrorizan a la población secuestrando a mujeres y niños pero en el fondo nos temen. Dicen que morir a manos de una mujer es una deshonra. A quien le sucede le está vetado el paraíso», dice Viyan mientras sus subalternas desfilan por una pista de asfalto de la finca militar, a un tiro de piedra de la frontera turca.

Cuatro batallones femeninos

Unas 1.000 soldados, repartidas en cuatro batallones, integran la división femenina de las fuerzas armadas kurdas. «En la década de 1960 hubo mujeres que formaron parte de los escuadrones pero no de manera oficial. Ahora tenemos la suerte de contar con un cuerpo», señala la coronel.

Las acometidas yihadistas han llevado a muchas de ellas -a cargo hasta ahora de tareas administrativas o logísticas- a la primera línea de batalla. «He estado en el frente en cuatro ocasiones. He visto con mis propios ojos a los barbudos y he supervisado a unos 80 ‘peshmergas’ retirados que han vuelto a empuñar las armas», detalla Viyan. «Las mujeres somos muy bien recibidas. Al vernos, nuestros camaradas varones fortalecen su compromiso de defender los valores de nuestra sociedad frente al IS», agrega.

Desde hace semanas el reclutamiento se ha disparado. El fenómeno ha superado los confines de la región. «Están llegando kurdas que viven en Europa o Estados Unidos preparadas para dar su vida por el país», apunta Viyan orgullosa del eco que ha tenido su labor entre la nutrida diáspora.

Zary Nauset, periodista de 26 años y madre de dos retoños, comparte las mismas dosis de entusiasmo. «Nuestra habilidad en el campo de batalla no es peor que la de los hombres», advierte poco antes de acudir a la llamada a filas. Y apostilla: «No tenemos otra opción: o les vencemos o nos convertirán en sus prisioneras». Las conquistas de las últimas semanas -impulsadas por los ataques aéreos estadounidenses y el envío de armamento de Irán, EEUU y varios países europeos- ha aliviado el pánico de primeros de agosto.

Una historia familiar

Para las recién licenciadas, los «peshmerga» (los que se enfrentan a la muerte, en kurdo) y sus décadas de resistencia a los adláteres de Sadam Husein resultan una historia familiar. «Mi marido es ‘peshmerga’ y mi hijo de tres años se disfraza de ‘peshmerga'», reconoce Avid Sidqi, una treintañera rendida a la causa. «Nuestro papel es fundamental. Los políticos kurdos presumen de que vivimos en una sociedad donde se garantiza la igualdad. Es el momento de demostrar que el ejército no es una excepción», arguye consciente de que en la mayoría de los países árabes la mujer ni siquiera tiene hueco en el estamento castrense.

Su presencia, sin embargo, no está exenta de polémica. «Ésta no deja de ser una sociedad conservadora. Hemos recibido críticas desde algunos sectores pero siempre sucede cuando se producen novedades. Estamos listas para romper las barreras», asevera la coronel, ávida por quebrar el techo de cristal que aún reina en los cuarteles kurdos. «Los hombres han limitado hasta ahora nuestro margen de acción. Suelen decirnos que, si nos necesitan para luchar, ya nos llamarán. Sigue siendo una cultura diferente a la occidental».

A Leila, que ha aprendido a usar el ‘kalashnikov’ tras 10 días de duro adiestramiento en Zawita, su repentino ardor guerrero le ha costado algún disgusto. «Mis padres y hermanos no se lo tomaron bien pero ahora están orgullosos. Mis amigas siguen insistiendo en que no es un buen trabajo. Necesitamos cambiar la sociedad», admite la soldado con la certeza de que resultará una contienda más ardua que la misión de alejar de tierras kurdas el terror de los «muyahidines» (guerreros santos).

Por Francisco Carrión
Con información de  El Mundo

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