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Gaza: piden investigar crímenes de guerra

El Colegio Nacional de Abogados de EEUU y otras organizaciones jurídicas instaron a la Corte Penal Internacional a que investigue los crímenes de guerra perpetrados por los dirigentes de Israel y Estados Unidos.

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El Colegio Nacional de Abogados (NLG, por sus siglas en inglés) de EEUU, el Centro por los Derechos Constitucionales, la Asociación Internacional de Abogados Democráticos, la Unión de Abogados Arabes y la Asociación Americana de Juristas envió una carta el pasado viernes 22 de agosto a Fatou Bensouda, fiscal de la Corte Penal Internacional (CPI), instándola a que inicie una investigación de los crímenes de guerra, genocidio y crímenes de lesa humanidad perpetrados en Gaza por los dirigentes israelíes con la ayuda y complicidad de las autoridades estadounidenses. En virtud del Estatuto de Roma, la CPI tiene potestad para juzgar penalmente a los individuos responsables de los crímenes de mayor gravedad.

«En vista de la extrema gravedad de la situación en la ocupada Franja de Gaza, en particular por la inmensa cifra de víctimas civiles y la destrucción a gran escala de propiedades civiles, incluidos colegios, mezquitas y hospitales, así como la permanente incitación al genocidio exhibida por los dirigentes y personalidades políticas israelíes, el NLG y las organizaciones citadas suscriben un enérgico llamamiento a la Oficina del Fiscal para que haga uso de su poder, en virtud del Artículo 15 del Estatuto de Roma, e inicie una investigación preliminar» de los delitos que caen bajo la jurisdicción de la CPI, se indicó en el documento.

Colaboración militar.

«En el marco del Estatuto de Roma, una persona puede ser acusada de crimen de guerra, genocidio o crimen de lesa humanidad… si él o ella ‘ayuda, incita o de alguna forma presta su apoyo a la comisión o intento de comisión del crimen ‘incluyendo la provisión de medios para su comisión'», se lee en el texto. «Al enviar asistencia financiera, armamentos y otra ayuda militar a Israel, los miembros del Congreso de EEUU, el presidente Barack Obama y el secretario de Defensa Chuck Hagel han ayudado e instigado la comisión de crímenes de guerra, genocidio y crímenes de lesa humanidad de las autoridades y comandantes israelíes en Gaza».

La carta afirma que el 20 de julio de 2014, en medio de esa conducta criminal, Israel solicitó, y el Departamento de Defensa de EEUU autorizó, el envío a Israel de munición procedente del Almacén de Munición de Reserva de Guerra. Y, en agosto de 2013, el Congreso aprobó por abrumadora mayoría, y Obama firmó, un pago de 225 millones de dólares destinado al sistema de defensa de misiles Cúpula de Hierro de Israel.

«El uso de la fuerza de Israel, claramente desproporcionado, contra los 1,8 millones de habitantes de Gaza tiene poco que ver con cualquier reclamación de seguridad», escribieron las organizaciones, «sino que parece haber sido calculado para ejercer la venganza contra los civiles palestinos». La carta cita afirmaciones de responsables israelíes defendiendo la venganza contra «todo el pueblo palestino» y «exigiendo el internamiento de los palestinos en campos de concentración en el Sinaí, así como la destrucción de la infraestructura civil en Gaza».

Acusaciones de crímenes de guerra.

La carta enumera los crímenes de guerra siguientes y cita de hecho las acusaciones de apoyo a cada crimen:

  • Asesinato deliberado (más de 2.000 palestinos, de ellos, el 80% civiles).
  • Provocar deliberadamente grandes sufrimientos y heridas de gravedad (hiriendo a alrededor de 10.000 palestinos, de ellos, 2.200 niños).
  • Extendida destrucción y apropiación de propiedades de forma ilegal, sin sentido e injustificadamente (decenas de miles de palestinos han perdido sus hogares, se han causado daños muy graves a las infraestructuras).
  • Privación ilegal del derecho a un juicio justo (450 palestinos están detenidos sin acusación ni juicio).
  • Ataques intencionados contra civiles u objetos civiles o vehículos, instalaciones y personal de ayuda humanitaria (bombardeo de numerosos colegios, lugares de refugio de la ONU, hospitales, ambulancias, mezquitas…)
  • Lanzamiento intencionado de ataques injustificados, sabiendo que van a servir para matar o herir a civiles, dañar objetos civiles o causar graves y duraderos daños en el medio ambiente. Es el uso de la «Doctrina Dahiya» para aplicar una «fuerza desproporcionada» y causar «enormes daños y destrucción en las propiedades e infraestructuras civiles y sufrimiento en las poblaciones civiles», como definió el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. De hecho, Israel arrasó totalmente la ciudad de Khuza’a.

Acusaciones de genocidio.

El artículo 6 del Estatuto de Roma define como «genocidio» cualquiera de los actos siguientes, perpetrados con la intención de destruir total o parcialmente a un grupo nacional, étnico, racial o religioso: a) Matanza de miembros del grupo; b) Lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo; c) Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que acarreen su destrucción total o parcial.

La carta indicó: «En vista del hecho de que los palestinos de Gaza no tenían posibilidad alguna de huir a un lugar seguro, debe asumirse que los oficiales israelíes responsables conocían muy bien que los masivos bombardeos por tierra, mar y aire de la ocupada Franja de Gaza iban a provocar un número inmenso de víctimas y la destrucción de las propiedades e infraestructuras civiles». La carta enumera también «las declaraciones públicas, repetidamente provocadoras, hechas por los responsables israelíes antes y durante la Operación Marco Protector, así como la historia de repetidos bombardeos de los campos y poblaciones de refugiados palestinos en el Líbano y Gaza» como prueba de que «las autoridades israelíes pueden estar poniendo en marcha un plan para destruir a la población palestina, al menos en parte».

Crímenes de lesa humanidad.

El artículo 7 del Estatuto de Roma define como «crímenes de lesa humanidad» cualquiera de los actos siguientes cuando se cometa como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil y con conocimiento de dicho ataque: a ) Asesinato; b) Exterminio; c) Esclavitud; d) Deportación o traslado forzoso de población; e) Encarcelación u otra privación grave de la libertad física en violación de normas fundamentales de derecho internacional; f) Tortura; g) Violación, esclavitud sexual, prostitución forzada, embarazo forzado, esterilización forzada o cualquier otra forma de violencia sexual de gravedad comparable; h) Persecución de un grupo o colectividad con identidad propia fundada en motivos políticos, raciales, nacionales, étnicos, culturales, religiosos, de género definido en el párrafo 3, u otros motivos universalmente reconocidos como inaceptables con arreglo al derecho internacional, en conexión con cualquier acto mencionado en el presente párrafo o con cualquier crimen de la competencia de la Corte; i) Desaparición forzada de personas; j) El crimen de «apartheid»; k) Otros actos inhumanos de carácter similar que causen intencionalmente grandes sufrimientos o atenten gravemente contra la integridad física o la salud mental o física.

El documento de las organizaciones afirmó: «Las fuerzas israelíes han asesinado, herido, ejecutado sumariamente y detenidos administrativamente a los palestinos, tanto civiles como fuerzas de Hamas. Las fuerzas israelíes destruyeron intencionadamente la infraestructura de Gaza». También dice que Israel mantiene enjaulados a los palestinos en la «mayor prisión al aire libre del mundo» y que «controla todos las entradas y salidas de Gaza, y limita… el acceso a las medicinas y otros productos básicos». Finalmente, la carta citó los arrestos arbitrarios y las detenciones administrativas; la expropiación de propiedades; la destrucción de casas, cosechas y árboles; las áreas y carreteras separadas; las viviendas y los sistemas jurídicos y educativos segregados para palestinos y judíos; el ilegal muro de separación que invade el territorio palestino; los cientos de asentamientos judíos ilegales sobre tierra palestina; y la denegación del derecho de los palestinos al retorno a su patria por el hecho de no ser judíos.

Jurisdicción.

Los firmantes de la carta concluyeron que «el inicio de una investigación enviaría un claro mensaje a todos los implicados en la comisión, ayuda o instigación de los crímenes arriba mencionados de que han de rendir cuentas personalmente de todos sus actos».Está por ver si la CPI ejercerá su jurisdicción en este caso ya que ni Israel ni Estados Unidos son parte en el Estatuto de Roma. Pero si la CPI determina que Palestina puede acceder al Estatuto de Roma, la CPI podría tener jurisdicción sobre los crímenes perpetrados por israelíes y estadounidenses en territorio palestino.

Por Marjorie Cohn (Profesora de la Thomas Jefferson School of Law, ex presidenta del Colegio Nacional de Abogados. Ha escrito varios libros, el último de ellos «Drones and Targeted Killing: Legal, Moral and Geopolitical Issues». Rebelión.)
Con información de La Arena

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¿ Existe la Comunidad Judía en Chile ?

Moisés Scherman
Moisés Scherman

Los dolorosos sucesos acaecidos a raíz de del conflicto que hoy día enfrentan a Israel y a Palestina, donde el gobierno de Israel ha utilizado el cobarde atentado de grupos terroristas palestinos que costó la vida de tres jóvenes israelíes en Cisjordania como pretexto para ejercer el más brutal Terrorismo de Estado sobre la población civil de Gaza, ha tenido variadas reacciones en Chile.

Al respecto, vemos con rabia e indignación como un grupo de chilenos y chilenas de origen judío que apoyó la invasión israelí a los países árabes en la “guerra de los 6 días” en 1967 y que formó parte de la escalada golpista que derrocó al gobierno popular en 1973 en nuestro país, apoyando luego a la dictadura militar encabezada por Augusto Pinochet, es el mismo que hoy se arroga la representatividad de la “comunidad judía” en Chile, apareciendo como la voz tanto de inmigrantes como de chilenas y chilenos de origen judío.

Este mismo pequeño y priviligiado grupo, donde solo encontramos a grandes empresarios, altos ejecutivos de trasnacionales y profesionales que están a su servicio, y que controlan instituciones como el Estadio Israelita, el Colegio Hebreo y el Club de Golf de La Dehesa, apoya al gobierno de Netanyahu , justificando el genocidio del ejército israelí al pueblo palestino en la Franja de Gaza, apoyado por las grandes potencias occidentales encabezadas por Estados Unidos.

La comunidad judía en Chile no existe, es solo un eufemismo. En Chile somos un poco más de 20.000 los inmigrantes y las chilenas y chilenos de origen judío.

Hay judíos fascistas, judíos derechistas, judíos sionistas, judíos democratacristianos, judíos socialistas, judíos comunistas. Hay judíos religiosos y por cierto que también los habemos agnósticos y/o ateos.

En Chile much@s judías y judíos somos de izquierdas y estamos absolutamente en contra del gobierno de extrema derecha que gobierna hoy en el Estado de Israel, reprimiendo tanto a palestinos como a judíos que están de acuerdo con el legítimo derecho a la existencia de un Estado Palestino en los territorios delimitados en 1948 cuando se fundó el Estado de Israel a instancias de la ONU.

El ser judío es reconocer nuestros orígenes, nuestra cultura, nuestras costumbres, nuestras comidas, nuestra música, en definitiva nuestra historia.

Estamos por la convivencia pacífica entre los pueblos palestino e israelí. Estamos por gobiernos democráticos en ambos estados. Estamos en contra del terrorismo de estado del Gobierno Israelí y en contra del terrorismo de los grupos extremistas tanto de terroristas palestinos como de terroristas israelíes.

Así como Israel no es un estado judío, ni Estados Unidos es un estado blanco, en Chile no existe la comunidad judía. Solo chilenas y chilenos de origen judío, donde nadie puede atribuirse ser la “voz oficial” de quienes están por el exterminio del pueblo palestino.

Por Moisés Scherman (economista y militante de Convergencia de Izquierdas)
Con información de El Ciudadano

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De mi supuesta vida con Hamas

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Yo apoyé al grupo terrorista Hamas. Así reza estúpidamente todavía en una página de Youtube, colgada por un autodenominado Foro Protector —de Israel, naturalmente— a propósito de la segunda flotilla de la libertad que pretendía romper inútilmente el cerco a Gaza, varios años atrás. Los propagandistas del sionismo manipularon un vídeo que había grabado y me hicieron decir lo que nunca dije: entre otros albures, ese manifiesto apoyo a una formación política a la que nunca había mencionado, con la que no simpatizo un ápice pero que había ganado las elecciones de 2006 en dicho territorio.

Hasta ahora, todos aquellos que hemos denunciado los excesos de la maquinaria de la guerra israelí contra la población civil de la zona, hemos sido convenientemente caricaturizados como antisemitas; olvidando por cierto que, históricamente, bajo el paraguas de la denominación de origen de los pueblos semitas no sólo se incluía a los judíos sino, entre otros pueblos, a los árabes. Y, dado que se trata de un término lingüístico y no étnico ni religioso, habrá que subrayar que engloba a todos aquellos que hablan o que hablaron las formas antiguas y modernas del acadio, el amhárico, el árabe, el arameo, el fenicio, el ge’ez, el hebreo, el maltés, el yehén y el tigriña.

Excusatio non petita, acusatio manifiesta, que diría el latino a cuya tradición si pertenezco. Sin embargo, comprendan que estemos hasta la coronilla de lugares comunes y, en román paladino, gilipolleces. ¿Qué relación guarda el atroz sufrimiento judío en el ghetto de Varsovia con la razón o la sinrazón de esa guerra sempiterna que tiene mucho más que ver con los intereses políticos o con la propiedad de la tierra y del agua, en Oriente Próximo, que con la religión, la cultura o la historia? ¿Cómo puede utilizarse de coartada el dolor inocente de Ana Frank para justificar a los niños palestinos muertos en la operación Plomo Fundido o en las azoteas, escuelas y hospitales de las últimas semanas en Gaza? ¿Es que acaso Goebbels era de la Organización para la Liberación de Palestina y no nos hemos enterado? Dos primos de mi padre, por cierto, murieron a manos de los nazis en el campo de concentración de Gusen y su memoria no me sirve para justificar otros crímenes de Estado, sino para condenarlos todos.

Nadie ignora que Israel constituye una democracia formal, un Estado de Derecho en toda regla, en donde además existe un segmento de la población que abomina de las prácticas inspiradas por la declaración Balfour de 1917 y aplicadas tras la Segunda Guerra Mundial, tras el holocausto y como justiprecio histórico por la diáspora judía. ¿Es posible la coexistencia? Sin duda. ¿Es viable? No lo parece. Hay muchos otros muros además del de piedra que impiden cualquier acercamiento de posturas. El miedo guarda la viña. Y los votos.

A quienes llevamos media vida asistiendo a la prolongada guerra de Oriente Próximo ya no se nos ocurre cuestionar esa formidable operación de quita y pon, similar a la que pudiera llevarse a cabo por cualquier carambola a la hora de restituir la península ibérica a los moriscos y a los restantes pobladores de Al Andalus, injustamente desposeídos de propiedades y costumbres tras la vulneración flagrante de las capitulaciones de Santa Fe por los Reyes Católicos y sus sucesores. Sin embargo, ¿no podemos siquiera cuestionar la utilización de los colonos como una especie de marcha verde sobre Palestina, vulnerando acuerdos bien concretos de Naciones Unidas en cuyo consejo de seguridad la sombra de Tel Aviv sigue siendo alargada?

La impunidad internacional de Israel, la corrupción de Al Fatah y la muerte de Yasir Arafat, a quien le falló finalmente la baraka, permitieron la irresistible ascensión de Hamas o de su actual brazo armado, las Brigadas de Azedim al Kasam. Del laicismo inicial de la OLP, hemos pasado al auge del Corán entre los combatientes contra sus poderosos vecinos e invasores; quizá porque la fe sea el único clavo ardiendo que les queda, dado que la mayor parte de las potencias occidentales han ignorado su causa, presionados por los lobbies de poder israelíes, por una contundente estrategia de comunicación y por la pericia del HaMossad le Modiʿin uleTafkidim Meyuḥadim, la inteligencia militar israelita más conocida por su apócope Mossad y que ha llegado a actuar ocasionalmente en España, como cuando asesinó en Tarifa a uno de los autores del siniestro atentado de las olimpiadas de Berlín.

Israel, junto con las monarquías saudíes, resultaron dos formidables mascarones de proa en el mantenimiento de un statu quo en la región, favorable a las potencias occidentales. Tras los sucesos de Libia, Siria o Egipto, el mapa de Oriente Próximo y del Mashrek está cambiando a marchas forzadas y quien parece ganar posiciones en dicho ámbito es Al Qaeda, que empieza a franquiciar antiguas mesnadas yihadistas en un polvorín en donde, hasta ahora, sólo se había hablado aparentemente de banderas y territorios. Es injusto que los seguidores de Bin Laden se apropien de esa bandera blanquinegra, verde y roja, que tan poca relación guarda con el mito de las huríes que aguardan a los muyaidines en la otra vida. Sin embargo, buena parte de los errores israelitas y occidentales, cometidos en torno a Palestina, empujan hacia las inmolaciones, la desesperación y el Allâh es Grande grabado en vídeo por un alucinado antes de cargarse a una muchedumbre. ¿Debemos seguir aceptando ese riesgo?

En las últimas semanas, por primera vez en décadas, la imagen de Israel se ha desplomado ante los poderes fácticos internacionales. A pesar, por supuesto, de que el grueso de las muertes las sigue poniendo Palestina y, en su mayoría, se trata de civiles con especial abundancia de mujeres y de niños. Hasta Naciones Unidas ha puesto el grito en el cielo aunque no parece probable que establezca sanciones serias sobre el Gobierno del aguerrido primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, empeñado en encontrar túneles de las milicias en las guarderías infantiles.

No hay equidistancia posible ante la evidencia estadística de la muerte en esta zona del planeta. Los combatientes palestinos han llegado a ser crueles, pero también se han visto históricamente masacrados sin que nadie mueva un dedo a su favor. ¿Quién se atreve a comparar las decenas de muertos entre los soldados israelíes, ante la sorpresiva resistencia de Gaza en la franja, con los casi tres mil muertos palestinos a granel? ¿Qué les importará a los caídos las razones que esgriman a su favor sus verdugos? Fue infame el asesinato a sangre fría de tres adolescentes como ahora lo es el secuestro y presumible homicidio de un soldado israelí, vulnerando las convenciones internacionales. Pero, ¿qué cara habríamos puesto si al día siguiente de que ETA matase a Miguel Ángel Blanco, el Gobierno de José María Aznar hubiera decidido el bombardeo indiscriminado de Ermua?

Nada es comparable, dirán desde cualquiera de los foros protectores los fabricantes de entelequias. Y justificarán lo injustificable, pero ganarán la partida, porque Palestina ha perdido ya su peor batalla, la del olvido: cada vez menos jóvenes, a esta orilla del mundo, recuerdan cuando su resistencia nos emocionaba y nos indignaba a partes iguales, como nos había indignado y emocionado al mismo tiempo la dignidad y rebeldía de los judíos frente a todas las persecuciones de la historia.

Quizá el mejor arma que tendría Israel contra Hamas no cause muertos. Se trata de las urnas. Si alguien se preocupara de contrastar las cifras de pobreza en Gaza frente a las de Cisjordania, tal vez el apoyo a Hamas no sería tan abultado. O si se subrayara el número de refugiados palestinos que viven todavía allí de las ayudas de Naciones Unidas en lugar de recibir el respaldo de los malos gestores de su Gobierno. Claro que a lo peor eso no interese porque no parezca claro de que Al Fatah vaya a recobrar las posiciones perdidas y la Yihad Islámica aguarda ahí el relevo, quizá más sangriento, más inoperante que el de Hamas. Pero, al mismo tiempo, más desesperado, casi terriblemente lógico. “El infierno son los otros”, insisten en citar a Jean Paul Sartre todos los actores de esta tragedia. Pero también el escritor francés nos enseñó que es imposible hacer política sin mancharse las manos. Las manos sucias, en este caso, son de sangre.

Jerusalén no tiene derecho a seguir traicionando la memoria pacífica del pueblo al que su Gobierno dice representar. Y los palestinos debieran saber que no es bueno escapar de las brasas para caer en el fuego. Todos aquellos que no estamos de acuerdo en la célebre máxima de “cuanto peor, mejor”, no podemos permitir que Palestina termine convirtiéndose en un siniestro emparedado entre Israel e Irán. Con el Premio Nobel de la Casa Blanca, por cierto, mareando más la perdiz que la Unión Europea.

Frente al muro de la historia, hay un nuevo checkpoint. O reconstruimos una verdadera paz y duradera, o los próximos colonos de la zona serán los carniceros. Aquellos que no fuimos compañeros de viaje de Hamas, pero tampoco navegamos a bordo del “Exodus”, nos gustaría pensar que todavía cabe un final feliz en ese polvorín mundial. Pero lo mismo nos lo secuestran; o nos lo masacran; o lo torturan; o lo humillan; o lo entierran, entre bonitos discursos y pomposas declaraciones de misses y de gobernantes a favor del alto el fuego, de los derechos humanos y del comieron perdices.

Por J.J. Téllez
Con información de Público

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