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Genocidios: Israel contra alemanes y árabes

Documentos revelan que la firma Monsanto estuvo vinculada a la fabricación de las prohibidas bombas de fósforo que lanzó el ejercito de Israel sobre Gaza en zonas civiles durante el 2008 y 2009.

Dejad decir; dejaos censurar, condenar, encarcelar; dejaos prender, pero divulgad vuestro pensamiento. Esto no es un derecho, es un deber. Toda verdad es para todos… Hablar está bien, escribir es mejor; imprimir es cosa excelente… Si vuestro pensamiento es bueno, se le aprovecha; si es malo, se le corrige, y se aprovecha todavía. ¿Pero el abuso?… Esta palabra es una tontería; los que la han inventado, ellos son los que verdaderamente abusan de la prensa, imprimiendo lo que quieren, engañando, calumniando e impidiendo el responder…

Paul-Louis Courier


En junio de 1960, Israel anunciaba la captura de Adolf Eichmann. Evidentemente, la campaña de cruces gamadas de enero había adolecido de muchas imperfecciones.

La nueva, mejor organizada, ofreció algunos resultados. Estos culminarán con el «proceso», empleando este término para designar esa situación confusa en la que se mezcla un acto de venganza – raptores, acusadores y jueces serán los mismos judíos – y una lucha política interna entre Nahum Goldmann y el Congreso Mundial Judío por una parte, y por otra el Mapai con Ben Gurion y Ben Zwi a su frente.

Una obra maestra de propaganda que denuncia la faceta exterior del «proceso» Eichmann, son las palabras del comandante de policía Abraham Selinger en Tel-Aviv:

«Con el proceso contra Eichmann, nosotros no sólo queremos sentenciar al más cruel enemigo del pueblo judío, sino refrescar también la memoria del mundo sobre los crímenes nazis contra los judíos. Los recuerdos de Eichmann, que él pone por escrito en su celda, demostrarán también la participación de los árabes en estos crímenes y la indiferencia de los aliados.».


Sólo se ha olvidado Abraham de recoger un aspecto: el económico. Los 16.000.000.000 de marcos con los que la República federal alemana indemniza a Israel, constituyen la principal fuente de ingresos de este país y posibilitan su subsistencia.

Pocas personas dirigieron durante la guerra la «cuestión judía» en ambos bandos contendientes. Himmler murió en una forma que aún está por aclarar. El Dr. Kasztner, en el proceso de Tel-Aviv en 1954, tuvo la desgracia de decir entre otras casas – que Saly Mayer, presidente del American Joint Committee, (organización de los judíos de Estados Unidos), había intervenido ante el gobierno suizo para que no abriese sus fronteras a los judíos que Alemania quiso poner en libertad durante la guerra. El Dr. Kasztner, como es sabido, fue asesinado durante el proceso. Eichmann y Ben Gurion estaban en Israel.

Que Eichmann debe limitarse a hablar de ciertas cuestiones, parece evidente después de las irritadas protestas de Ben Gurion a que fuese un tribunal internacional el que le juzgase. Israel, en resumen, va a participar más activamente en la política mundial.

En los Protocolos de los Sabios de Sión tales cosas sólo se insinuaban. Mientras tanto, el escritor judío Ben Hecht, ya famoso en la TV norteamericana por sus entrevistas con el tema de «Dios y la homosexualidad», ha podido decir por la American Broadcasting Corp:

«Yo profeso un odio contra los alemanes, con sus carnosos cogotes, con sus ojos inexpresivos, y con un hueco frío en su corazón que sólo puede ser calentado por medio del asesinato…»

Y según daba a conocer una publicación católica de St. Benedict, (Oregon), en 1959, Ben Hecht, en una de sus obras sobre perversidades, asesinatos por placer, morfinismo, etc., en A Jew in Love, escribe lo siguiente:

«Uno de los hechos más exquisitos que la plebe haya podido realizar, fue la crucifixión de Jesucristo. Desde el punto de vista espiritual fue una gesta brillante. Pero hay que reconocer que la masa actúa sin capacidad suficiente. Si yo hubiera sido encargado de la crucifixión de Cristo, habría actuado de otra manera. Le habría enviado a Roma y le hubiese echado como despojos a los leones. Del cuerpo en carne picada nunca se hubiera podido hacer un redentor.».

Con razones semejantes a aquellas por las que se acusa a Eichmann de la muerte de seis millones de judíos, un recalcitrante nazi que pensase que Roosevelt y Churchill iniciaron la segunda guerra mundial, podría afirmar que ellos son los responsables de la muerte de 52 millones de seres.

Eichmann es un genocida porque transportó varios centenares de miles de judíos a los campos. Harry Salomón Truman, que exterminó a 94.620 japoneses en unas horas, parece ser que no lo es, pues, al cumplir sus 75 años de edad, dijo que de la única cosa injusta de la que tenía que arrepentirse en su vida era de haberse casado a los 30 años.

Si en Dachau mueren unas 25.000 personas en doce años es un genocidio; si los angloamericanos al destruir el «seudoarte europeo de baratija» matan en un par de días de 200.000 a 300.000 habitantes de Dresde y refugiados que dormían en las calles, se considera como una «operación de castigo».

Los partisanos que matan a 55.810 soldados alemanes -estadística checa- son unos héroes; los alemanes que con arreglo a las convenciones internacionales fusilan a esos partisanos o los envían a los campos de concentración son unos bárbaros dignos de aparecer como tales en el cine.

Un judío inocente que muere por hambre o en una cámara de gas evidentemente es asesinado, un hamburgués que arde vivo en un bombardeo con fósforo constituye un lamentable episodio de la guerra. Por ello, como los vencidos fueron los malos, nadie podría pensar en juzgar al mariscal Harris por las 80.000 bombas de fósforo y millones de otros tipos que lanzó sobre Hamburgo entre el 24 y el 27 de julio de 1943, y por los 55.000 muertos que causó el bombardeo.


La organización internacional de defensa de los derechos humanos Human Rights Watch (HRW), denunció que Israel cometió «crímenes de guerra» al utilizar bombas de fósforo blanco contra la población de Gaza. La ONG presentó en Jerusalén el informe Lluvia de fuego: el uso ilegal de fósforo blanco en Gaza por parte de Israel, en el que aporta testimonios sobre el uso de este arma durante la ofensiva militar contra Gaza, que se produjo entre el 27 de diciembre y el 18 de enero de 2009. En contacto con la piel, esta sustancia provoca profundas quemaduras y puede causar daños mortales en el hígado, los riñones y el corazón.

Human Rights Watch recogió más de 20 restos de bombas de fósforo blanco de 155 milímetros en calles residenciales, tejados de viviendas, una escuela de la ONU, un hospital, un mercado y otras instalaciones civiles.

Los militares suelen usar el fósforo blanco para ocultar sus operaciones bajo una espesa capa de humo. También, para incendiar determinadas áreas con los más de 800 grados centígrados que alcanzan estas bombas. Y ambos usos están permitidos. Pero, según HRW, Israel empleó el fósforo blanco repetidamente en áreas densamente pobladas, provocando al menos «unas 12 muertes»  (sic), innecesarias entre la población civil palestina.

Con respecto a su uso afirma, Safwat Al-Zayat, “en el caso que un territorio esté contaminado con fósforo blanco, se almacena y se extiende en el suelo, o en el cauce de un río, lago o en los peces. Cuando un humano tiene contacto con el fósforo blanco, se quema la piel y la carne, hasta quedar sólo los huesos.” Agrega que esta arma prohibida, la usa el Estado de Israel. “Esto que hace Israel contra los civiles”, agrega “es contra los derechos humanos protegidos internacionalmente” y lo convierte en un criminal de guerra.

Un genocidio tal como lo definió el artículo dos de la Convención de Prevención y Castigo al Delito de Genocidio, asumido por las Naciones Unidas el mismo año en que los israelíes expulsaron cerca de setecientos cincuenta mil palestinos de sus casas y aldeas, a las que todavía no pudieron regresar.  Para el mundo, 1948 es el año de la declaración de los derechos humanos y de la sanción de la Convención de Genocidio, para el pueblo palestino, el año de la Nakba o tragedia.

¿No es una verdadera paradoja de que, en el discurso oficial sionista y de buena parte de historiadores, el Estado de Israel es el producto de un genocidio -en el sentido de que se constituye como respuesta al supuesto terror diseminado por el nazismo, el  terror a que se repitiera un genocidio semejante- y al mismo tiempo, para su constitución arrasa otro pueblo, negando su identidad nacional, generando el terror de los palestinos por ya más de setenta años?.

El creador del concepto de Genocidio, Raphael Lemkin, fue un abogado polaco de origen judío que buscaba una clasificación penal adecuada a lo que, entendía él, constituía un fenómeno de nuevo tipo surgido de la mano del fascismo y la Segunda Guerra Mundial: no solo la destrucción de la identidad de un grupo nacional, no solo la destrucción del grupo nacional como tal sino la imposición de la identidad del sujeto genocida, (sea un Estado o un conjunto de fuerzas diversas), al grupo agredido.

Al adoptar el concepto, luego de largos debates, las Naciones Unidas dijeron  en la Convención ya mencionada:

“Artículo II :   En la presente Convención, se entiende por genocidio cualquiera de los actos mencionados a continuación, perpetrados con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso, como tal:

a) Matanza de miembros del grupo;
b) Lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo;
c) Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial;
d) Medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo;
e) Traslado por fuerza de niños del grupo a otro grupo.”

Como cualquier observador medianamente  imparcial debería confirmar sin dudas, el Estado de Israel, con el apoyo entusiasta de amplios sectores de su población y el apoyo indispensable y fundamental del gobierno de los EE.UU. y del sionismo internacional, someten al pueblo palestino a un proceso genocida, que como todo proceso genocida, tiene características particulares y únicas.

En el caso palestino, una de las particularidades viene del lado de la duración.

Se podría decir, al menos de manera tentativa, que el proceso genocida comenzó en 1948 con lo que los palestinos llaman la Nakba, la tragedia, que consistió en la expulsión de sus aldeas y hogares de unos 750 mil palestinos, separados de su pueblo y sometidos a condiciones de existencia que inevitablemente acarrearían “su destrucción física, total o parcial”.

Cada palestino que viva fuera de Jerusalén o el Estado de Israel, desde que nace hasta que muera, vivirá encerrado entre muros que solo podrá traspasar cruzando un “check point” militar en el que deberá mostrar pases administrativos emitidos por la autoridad militar, que de cualquier modo podrá demorarlo el tiempo que quiera o directamente negarle el paso sin mayores fundamentos que las armas largas que portan las soldadas y los soldados israelíes en cada punto de paso.  En esos “encierros temporales” extrajudiciales, se han registrado muertes de madres embarazadas que esperaban llegar a un centro de salud o un hospital al cual nunca las dejaron ingresar, lo que de por sí amerita la aplicación del punto D del Artículo dos de la Convención: “Medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo”.


¿En qué articulo del Convenio encuadrar el asesinato de los niños en Gaza, sorprendidos mientras jugaban al fútbol en la playa o la de los niños del Campo de Refugiados Aída de Belén, cazados como animalitos con rifles de mira telescópica por los soldados israelíes que deberían garantizar su seguridad?.   La letra fría diría que en el primer inciso del articulo dos, el que condena “la matanza de miembros del grupo”, pero uno presiente que en obstinado ataque a los niños hay algo mucho más profundo y revelador sobre el proceso genocida en curso: los matan, los arrestan, los torturan, y si uno de ellos alza una piedra, los tratan como terroristas y ahí aparece el coro de voces  “progresistas” clamando por la seguridad de Israel, o sea, justificando el genocidio presente.

También, y eso corresponde al ya citado punto C del artículo dos: “Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial”, los palestinos son limitados en la provisión del agua potable y en el acceso a la energía eléctrica, impedidos de mejorar sus viviendas o de tener un pleno acceso a los servicios de salud, esparcimiento, cultura y turismo.

Mientras tanto, el sionismo internacional, dueño de la mayoría de los medios de información mundiales, sigue difundiendo la mentira y falsedad de ser las eternas víctimas de la historia…

Con información de El País, Resumen Latinoamericano y P. Rassinier

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Orígenes del genocidio perpetrado en Palestina

« ¿Cómo vamos a devolver los territorios ocupados? No hay nadie a quien devolvérselos. No hay tal cosa llamada palestinos»

Golda Meir, 1969

Lo sucedido en Palestina en la década del ’40, y lo que continúa sucediendo hoy en día, no responde meramente a factores tan esquivos como las circunstancias, el ejército, las guerras, la defensa o la política, sino también a la puesta en marcha de un accionar planificado y sustentado por la ideología sionista que como señalara Menahem Beghin, afirma: “Eretz Israel será devuelta al pueblo judío. Toda entera y para siempre”. 1 En la creación del Estado de Israel el movimiento sionista no libró una guerra que condujo a la “inevitable” y “trágica” expulsión de “una parte” de la población nativa; su meta contemplaba la posibilidad de una limpieza mediante el traslado de cientos de miles de personas para lograr construir sobre el territorio un Estado exclusivamente judío, colocando de esta manera su derecho por encima de todo Derecho Internacional.

Por otra parte, el hecho de que la mayoría de los ideólogos y ejecutores de este proceso fueran europeos recién llegados al país y formaran parte de un proyecto colonial, hace que los sucesos de Palestina se asemejen a otras historias de colonización donde la limpieza étnica jugó un rol central: América, África, Australia 2. El espíritu de esta ideología que apunta a un espacio étnicamente puro se puede observar en las propias palabras de Yosef Weitz 3: «Debemos tener clara una cosa: en este país no hay sitio para dos pueblos […] y la única solución es la tierra de Israel sin árabes […]. No tiene que quedar ni un solo pueblo, ni una sola tribu beduina” 4.

Pero el proceso de expulsión no se limitó tan solo a un traslado de población, (lo cual ya constituiría un crimen). En 1947, en el edificio de Tel-Aviv conocido como la “Casa roja”, se desarrollaron los preparativos para el Plan de limpieza étnica denominado Plan “D” o Dalet, (en hebreo). Éste consistía básicamente en la expulsión sistemática de palestinos de su país; el Plan también hacía mención de los métodos que deberían emplearse, demostrando que la violencia ejercida no respondía a la espontaneidad o a los excesos de algunos sino a las ordenes emitidas por militares y líderes del sionismo 5: intimidación a gran escala, asedio y bombardeo de aldeas y centros poblados, incendio de casas, demolición de viviendas y otros edificios públicos, siembra de minas en los escombros para evitar el regreso de los expulsados y saqueo de bienes personales en las propiedades (objetos, muebles, ropa, dinero) que luego se entregarían como ayuda humanitaria a los inmigrantes recién llegados sin informarles el origen de tales “donaciones” 6.



La Haganá, (lo que conocemos hoy como Ejército de Defensa de Israel), sus desprendimientos, el Irgún (1930) y la banda de Stern (1940), y el Palmaj, (sus unidades de comando), serían los organismos ejecutores; ellos habían surgido por la incitación que el oficial británico, Orde Wingate, hiciera al movimiento sionista para que organice una fuerza paramilitar, que ya desde los 20’ participaba en acciones punitivas y represivas junto a las fuerzas británicas ocupantes de Palestina.

A partir de la Guerra de los Seis Días y hasta la actualidad el estereotipo negativo de fanático, violento, retrógrado, misógino y terrorista cobró preponderancia. Segunda etapa, el hostigamiento. Aquí el otro comienza a erigirse como una objetiva peligrosidad que lleva a los pares a tomar como natural una actitud defensiva que se traduce en hostigamiento e incluso en violencia directa. Desde el plano estatal esta dinámica lleva a establecer en el plano jurídico la demarcación de los espacios de ese “otro”; se lo limita, se lo expulsa y se le prohíben sus posibilidades de desarrollo.

El Plan Dalet apuntaba precisamente a ello, al vaciamiento de tierras habitadas por “no-judíos” para asentar las colonias y Kibutz de los colonizadores, mediante la compra de terrenos a los grandes propietarios, pero también, y sistemáticamente, mediante el accionar violento de los comandos ya citados de la Haganá y el Irgún, que siguiendo un plan detallado invadieron aldeas y ciudades a punta de fusil, expulsando y fusilando a sus moradores, dinamitando viviendas y arrasando literalmente el lugar; la matanza de Deir Yassin del 9 de abril de 1948 es un triste emblema de este accionar repetido cientos de veces. Pero a lo largo de los 50’ y especialmente luego del 67’ y hasta la actualidad, las expulsiones se siguen sucediendo.



675 ciudades y aldeas destruidas serían sustituidas por urbanizaciones israelíes, (con nombres hebreos), e inaccesible por ley a los palestinos que se animaran, entonces y hoy a regresar, o cubiertas de plantaciones de árboles como parte de la campaña “hacer florecer el desierto” a cargo del Fondo Nacional Judío (FNJ) y que actualmente sigue siendo publicitada como una “empresa ecológica” 7. Moshe Dayan ya daba testimonio de esto: “todos y cada uno de nuestros pueblos ha sido construido sobre antiguos pueblos árabes. Nadie recuerda cómo se llamaban (…), Nahalal se levantó sobre Mahlul; Gvat sobre Jibta; Sarid sobre Haneifa y, Kfar-Jehoshua sobre Tel-Shaman” 8.

Por  Laura Lescano


Notas:

  1. Menahem Beghin: The revolt: story of the Irguen, p. 335. Ver Garaudy, Roger: Los mitos fundacionales del Estado de Israel, Historia XXI, Barcelona, 1997
  2. La relación del sionismo y el colonialismo puede verse en los trabajos de Gershon Safir y Beruch Kimmerling, ver Pappé, I.: La limpieza étnica de Palestina, Crítica, Barcelona, 2008, p. 27
  3. Jefe del Departamento de colonización de tierras del Fondo Nacional Judío.
  4. Citado en Mendigutia Gijón, Mar: “Los “nuevos historiadores” israelíes Mitos fundacionales y desmitificación”, en Revista de Estudios Internacionales Mediterráneos, Madrid, Nº 5, mayo-agosto 2008, pp. 27-41
  5. Como por ejemplo: David Ben Gurion, Yigael Yadin, Moshe Dayan, Yigal Allon e Isaac Sadeh.
  6. Pappé, I.: Op. Cit., p. 11 y Caps. 5 a 9
  7. Para este tema ver Pappé, I.: Op. Cit.: cap. 10
  8. Citado en, Massad, Joseph: “Resistir a la Nakba”, Fuente: Nodo50

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Gregorio, el experto en dolor; Doctor de la Iglesia Católica

Gregorio «el Narek»

Todos los pueblos de la tierra han padecido a lo largo de su historia etapas de indecible sufrimiento. Pero algunos han capitalizado el dolor de un modo especialmente agudo. Es el caso de Armenia, desde su primer bautismo –bautismo de sangre-, en torno al año 300, pasando por las sucesivas invasiones selyúcidas y mongoles, hasta el trágico genocidio de 1915 en que fueron exterminados un millón y medio de cristianos (Declaración común de Juan Pablo II y Karekin II, 27 de septiembre de 2001). Y para las sucesivas generaciones armenias que han arrostrado con increíble valentía el inmenso dolor soportado durante los últimos mil años, dos libros han sido los únicos instrumentos de consuelo y esperanza: la Biblia, y el Libro de las Lamentaciones de Gregorio de Narek.

Gregorio nació hacia 950 en Antsévatsik, actualmente en territorio turco. Huérfano de madre desde muy niño, fue confiado por su padre al superior del monasterio de Narek. Allí recibió una completísima formación que abarcaba todas las ramas de la cultura de la época; desde la literatura hasta la matemática, desde la teología hasta la astronomía. Dentro de su saber enciclopédico, no desconocía desde luego la doctrina de los Padres (Basilio, Gregorio de Nisa, Cirilo, Efrén…), y muy pronto comenzó él mismo a escribir diversas obras: poesía religiosa (Himnos y Odas), panegíricos (sobre la Cruz, sobre la Virgen y sobre los apóstoles), las oraciones conocidas como “el tesoro” (sobre el Espíritu Santo, la Iglesia y la Cruz)… y, muy especialmente, el Libro de las Lamentaciones.

Este Libro, escrito hacia 1002, poco antes de su fallecimiento, “da voz al grito, que se convierte en oración de una humanidad que sufre y es pecadora, oprimida por la angustia de la propia impotencia pero iluminada por el esplendor del amor de Dios y abierta a la esperanza de su intervención salvífica, capaz de transformar todo” (Mensaje del Santo Padre Francisco a los Armenios, 12 de abril de 2015).

Conocido también como “el Narek”, habitualmente es situado en la cabecera de la cama de los enfermos y moribundos, y en general constituye el consuelo de todos aquellos armenios a quienes asola el dolor físico o espiritual. Consta de 95 oraciones, escritas como un coloquio con Dios, en las que se muestra Su misericordia como refugio y remedio para todo pesar.

Realmente este libro ha supuesto un extraordinario bálsamo para un pueblo tan atormentado como el armenio, cuya espiritualidad “está impregnada de un sano orgullo por el signo supremo del don de la vida en el martirio” (Carta Apostólica del Santo Padre Juan Pablo II en el XVII Centenario del Bautismo del Pueblo Armenio, 2 de febrero de 2001, n. 4). Este “sano orgullo” se puso ya de manifiesto en la batalla de Avarayr (451) contra el rey sasánida Yazdegerd (que significa “hecho por Dios”) II, el cual intentó imponer a sangre y fuego la religión mazdeísta a los cristianos armenios. Éstos resistieron heroicamente la opresión porque “quienes creían que el cristianismo era para nosotros como un vestido, ahora sabrán que no podrán arrebatárnoslo, como no nos pueden quitar el color de la piel” (Eliseo, Historia de la guerra de Vartán y de los armenios).

Posteriormente llegarían las crueles invasiones mongoles, y la dominación otomana. Durante ésta, los cristianos armenios fueron siempre ciudadanos de segunda. Se distinguió entre los Turcos y los “Raya” (literalmente, ganado). Y además del “conjunto de incapacidades legales que les denegaban protección y reparación institucionales en el caso de ser víctimas de una agresión, también estaban sometidos a imposiciones arbitrarias, de las que la peor era el tributo de los niños (Devshirme). Los temidos jenízaros (soldados de élite) se llevaban a los niños cristianos, arrancándolos de sus padres. Una de las penosas tareas de los obispos armenios era la de reunir o seleccionar este tributo humano en el seno de los hogares armenios. Un caso bien conocido es cuando, en el siglo XVIII, se ordenó al obispo armenio de Sivas que enviara 5.000 niños armenios al Sultán. Berberian, el cronista armenio contemporáneo, describe gráficamente cómo, conducidos a pie, en pleno invierno, la mitad de los pequeños jamás llegó a su destino.” (George Hintlian, El Genocidio armenio, en: Historia y Política: ideas, procesos y movimientos sociales, nº 10, 2003, pp. 66-67).

Durante estos siglos de oscura opresión, “los cristianos armenios, guiados por la certeza de la ayuda divina, supieron repetir constantemente la oración de san Gregorio de Narek: “Si mis ojos contemplan el espectáculo del doble riesgo en el día de la miseria, ¡que vea tu salvación, oh próvida Esperanza! Si dirijo mi mirada a las alturas, hacia el sendero terrible que lo abarca todo, ¡que me salga al encuentro con dulzura tu ángel de paz!” (Carta apostólica… n. 4)

Pero indudablemente el momento más crítico de la historia de Armenia, donde estuvo amenazada su propia supervivencia como pueblo, fue el “Gran Crimen” (Medz Yeghern), calificado como genocidio por la sistemática brutalidad con la que un número indeterminado de civiles, no inferior al millón y medio de personas, fue exterminado en los albores del siglo XX. Esta masacre, que se había anticipado con episodios de violencia extrema ya desde finales del siglo XIX, tuvo su culmen con la llegada al poder de los Jóvenes Turcos y la aprobación en 1915 de la Ley de Deportación Temporal. “La población armenia formada por mujeres, niños y ancianos, recibió la orden de trasladarse hacia destinos no especificados y con un escaso margen de tiempo. Entre abril y septiembre, en un tiempo relativamente corto, un millón de armenios fue sistemáticamente asesinado en esas marchas de la muerte. Parece que el último destino era el desierto sirio, específicamente Alepo. Cuando las autoridades turcas vieron que quedaban cerca de medio millón de supervivientes los reenviaron hacia el desierto. Allí, bandas de delincuentes, preparadas por las autoridades otomanas y formadas en su mayor parte por chechenos y circasianos, asesinaron a cerca de 300.000 armenios. Los desiertos de Deir el Zor se convirtieron en los mayores cementerios de los deportados armenios.” (George Hintlian, pp. 81-82).

En aquel desierto, Eitan Belkind, un soldado judío del ejército otomano vio cómo “un soldado circasiano ordenó a los armenios que juntaran cardos y espinos y que los apilaran en una gran pirámide. Después ataron por las manos a todos los armenios que estaban allí, casi 5000 almas, cercándolos como un anillo en torno a la pila de cardos y espinos y prendiéndoles fuego en una llamarada que subió hasta los cielos junto con los gritos de los desdichados que fueron quemados hasta la muerte. Huí del lugar porque no podía soportar semejante visión. Azoté al caballo para que galopara con todas sus fuerzas y después de una loca carrera de dos horas todavía podía seguir escuchando sus lastimosos gritos, hasta que volví al lugar y vi los cuerpos abrasados de miles de seres humanos» (Yair Auron, The Banality of lndifference, 2000, p. 183).

“Un millón y medio de seres humanos asesinados: caravanas interminables de personas hambrientas, sedientas y en harapos, madres ultrajadas que, a su vez, presenciaban cómo violaban, robaban o vendían a sus hijos e hijas, personas mutiladas, torturadas o asesinadas delante de sus familiares, gendarmes que arrojaban los bebés al cielo y los esperaban con sus bayonetas caladas, vejámenes de todo tipo a mujeres embarazadas… El horror se podría resumir sencillamente: “Uno de los trofeos más preciados que podía tener un turco era un collar hecho con pezones de mujeres armenias” (Andrés Vartabedian, Centenario del Genocidio Armenio 1915 – 2015)

Han pasado ya más de 100 años desde aquellos horribles sucesos. Pero como dice el papa Francisco, recordar lo sucedido es un deber no sólo para el pueblo armenio y para la Iglesia universal, sino para toda la familia humana, para que el llamamiento que surge de esa tragedia nos libre de volver a caer en semejantes horrores, que ofenden a Dios y la dignidad humana.

“San Gregorio de Narek, formidable intérprete del espíritu humano, parece pronunciar palabras proféticas para nosotros: «Yo cargué voluntariamente todas las culpas, desde las del primer padre hasta las del último de sus descendientes, y de ello me consideré responsable» (Libro de las Lamentaciones, LXXII). Cuánto nos impacta ese sentimiento suyo de solidaridad universal. Qué pequeños nos sentimos ante la grandeza de sus invocaciones: «Acuérdate, [Señor,]… de quienes en la estirpe humana son nuestros enemigos, pero para su bien: concede a ellos perdón y misericordia (…) No extermines a quienes me muerden: ¡conviértelos! Extirpa la viciosa conducta terrena y arraiga la buena conducta en mí y en ellos» (ibid., LXXXIII)”. (Mensaje…)

El papa Francisco, tan sensible como sus predecesores a los sufrimientos del admirable pueblo armenio, declaró a Gregorio de Narek Doctor de la Iglesia el 21 de febrero de 2015.

Con información de Diario Armenia

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El genocidio de Darfur avergüenza a la humanidad

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Saadiya vive en Suleya, en la región occidental de Darfur, cerca de la frontera de Sudán con el Chad. A los 17 años recibió dos balazos en una pierna mientras juntaba leña en el monte y aún espera que alguna organización humanitaria la traslade al hospital de Juneina, distante 80 km, para que reciba atención médica.

Ha tenido suerte, la ayuda rudimentaria que recibió en su aldea impidió que su herida se le infectara pero con el tiempo su problema se agravará y puede quedar inválida. Ella es una estadística más, como los 200.000 muertos y los dos millones de desplazados que ha provocado la cruenta guerra en Darfur, una región de Sudán, desde 2003.

Por estos lados Sudán no es muy popular. Baste con decir que es una guerra como todas las guerras, cada quien defendiendo lo suyo. En este país unos lo tienen casi todo (árabes musulmanes del norte) y los de Darfur casi nada (minoría africana negra, también musulmana revuelta con cristianos), por eso se levantaron en armas, formando el Ejército de Liberación del Sudán(SLA).

Como los del norte ya habían cedido a una rebelión similar en el sur del país y su estado islamista se podía desdibujar, optaron por la limpieza étnica; pero como su ejército tiene muchos negros de Darfur, decidieron armar un tenebroso grupo paramilitar, los Yanyawid, para retomar el control y de paso apoderarse de las mejores tierras.

Nada nuevo para este mundo acostumbrado a tragedias peores y olvidadas. ¿Pero por qué los poderosos se reunieron en Etiopía para tratar de resolver esta crisis humanitaria? ¿Qué hace tan especial a Darfur que obliga a resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU, intervención de las grandes potencias, la Liga Árabe, la Unión Africana (UA) y la Unión Europea?

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Petróleo es el nombre del juego

Sencillo, dinero y política. Sudán está bien colocado en la geografía y tiene recursos que los ricos necesitan (exporta 320.000 barriles diarios de petróleo y se estima que puede llegar a tener el 10% de las reservas del planeta). De ahí que haya tantos convidados a la fiesta.

Por un lado se encuentra un grupo que apoya al gobierno musulmán (Francia, China, la Liga Árabe y los musulmanes), el otro, al sur africano (EUA y sus aliados) y uno más, los organismos internacionales (la UE, la Unión Africana y la ONU).

¿Qué hace Francia ahí metida? Aparte de preservar su influencia política, su petrolera Total tiene concesiones en el Sur que aún no ha podido ejecutar por la guerra. Esto ha hecho que desde 2004 tenga tropas apostadas en el Chad, cerca de Darfur, para defender estos intereses.

China anda en las mismas. Necesitada de reservas petroleras seguras para su creciente demanda industrial ha hecho buenas migas con el gobierno sudanés. Dos empresas chinas (China National Petroleum Corporation –CNPC– y Petrodar) operan allí y está invirtiendo en oleoductos para exportar el crudo por el Índico a través de Port Sudan.

Aparte de las afinidades religiosas, la Liga Árabe tiene velas económicas en este asunto. Los TLC abundan por todos lados y Sudán no es la excepción. En 2002 firmó con los Emiratos Árabes Unidos (los más fuertes inversionistas) y Jordania. Arabia Saudita también tiene grandes inversiones. Y todos sabemos que la estabilidad política protege la económica. De ahí el silencio cómplice de los países árabes.

¿Y los Estados Unidos? Votos, fundamentalismo y business los mantienen allí. El electorado negro (11%) que simpatiza con la minoría sudanesa, los evangélicos que defienden las minorías religiosas y los recursos que Darfur tiene de petróleo, cobre y uranio.

Y hay que verlos empujándose, haciendo cuentas alegres (y tristes también), como lo hace la Unión Africana (UA) que quiere conseguir credibilidad, lo mismo que la ONU, a cuyos cascos azules no se les permite la entrada porque según el presidente sudanés se requiere una solución africana, quizás como la de Ruanda: todos muertos.

¿Genocidio?

Los expertos dicen que no. En su momento (2004), la UE advirtió que hay una «matanza silenciosa de amplias proporciones» y la ONU señaló que se trata de actos genocidas que no constituyen genocidio. La importancia de esta cuestión radica en que de ser calificado como genocida el régimen de Sudán, la comunidad internacional está autorizada para intervenir directamente en el conflicto.

Es indudable que esto dañaría muchos negocios. No obstante, la Corte Penal Internacional al parecer está pronta a iniciar un juicio contra los responsables de los crímenes contra la humanidad allí causados. Mientras tanto, la ayuda humanitaria no llega a su destino, las débiles fuerzas de la Unión Africana no pueden hacer nada para impedirlo y los organismos humanitarios son expulsados, acusados de espionaje.

Al resto del mundo le queda un sinigual recurso. Jugar Darfur is Dying, un videojuego gratuito cuyo objetivo es evitar ser asesinado en Sudán. La tercera conferencia de Games for change espera de esta forma que los jóvenes tomen conciencia de las tragedias que vive la humanidad.

A los dos meses de su lanzamiento fue descargado 750.000 veces, un número inferior a los desplazados que atestan los campamentos de refugiados. No sabemos cuántos han logrado ganar el juego, salvando la vida. En el real, 10.000 personas mueren cada mes sintiendo su propio game over.

Por Marsares
Con información de Equinoxio

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La música y el genocidio del pueblo armenio

El 24 de abril, el mundo conmemoró el centenario del primer genocidio del siglo XX, el del pueblo armenio a manos del imperio Otomano.

Solomon Solomonian (Komitas) ©Revista Arcadia
Solomon Solomonian (Komitas) ©Revista Arcadia

Ese día, el gobierno de los llamados “jóvenes turcos” ordenó la deportación y posterior asesinato de cientos de miles de habitantes de esa minoría. La orden se cumplió a cabalidad. Se estima que un millón y medio de personas -de una población de tres millones de armenios que vivían bajo dominio otomano-, fueron masacradas o murieron de hambre o fusilamiento en atroces marchas forzadas a los desiertos de Siria y Líbano. Pocas figuras representan para el pueblo armenio la memoria del genocidio como el músico Komitas Vardapet.

Este sacerdote, cantante, etno-musicólogo y director de orquesta fue víctima de las crueldades infligidas a su pueblo. Su verdadero nombre era Solomon Solomonian. Nacido en 1869, en Kütahya, ciudad situada en la región del Egeo, al oeste de Turquía, llevaba la música en las venas. Su padre, un zapatero, era el jefe del coro de la iglesia armenia de la localidad, y su madre, compositora de canciones, además de tejedora de alfombras. Su vida estuvo marcada por la tragedia. A los once años había perdido sus dos padres. La experiencia de la orfandad imprimió un sello a su carácter y a su música. A esa edad, el pequeño Solomon ya había mostrado las luces de su enorme talento y por ello fue enviado a estudiar a Echmiadzin, la ciudad más santa de Armenia. Fue entonces que adoptó el nombre de Komitas, en honor a un renombrado poeta del siglo VII.

Durante sus años de estudiante cultivó su voz y su talento armónico. Tras ordenarse como sacerdote (Vardapet) dentro del rito ortodoxo armenio, el artista emprendió una serie de viajes dentro y fuera de su país. Pasó un año estudiando teoría musical europea en Tiflis (Georgia), antes de viajar a Berlín donde estuvo tres años estudiando piano, técnica coral, teoría y composición musical. A París viajó en dos ocasiones a dictar conferencias sobre música armenia y a interpretar su repertorio ante auditorios arrobados. Tras su regreso a Echmiadzin en 1910, Komitas inició un intenso recorrido por distintas provincias del imperio Otomano en un afán por recopilar la música tradicional de los campesinos.

Entonces sobrevino el desastre. Turquía entró a la Primera Guerra Mundial del lado de las Potencias Centrales (Alemania y el Imperio Austro-Húngaro). El Imperio Otomano se encontraba en decadencia y, en medio de una profunda crisis económica y social, la colectividad armenia, cuya presencia en suelo turco era milenaria, fue culpada de la situación. Los pogromos y episodios de violencia contra las minorías cristianas no eran nuevos en Turquía y sufrían una discriminación cotidiana. A pesar de ello lograron crear una vibrante y prospera comunidad.

La sociedad turca, salvo notables excepciones como el premio nobel de literatura Orhan Pamuk, sigue negando el genocidio y este es una espina en las relaciones entre los dos países. La frontera con Armenia sigue cerrada y las relaciones diplomáticas reducidas a su mínima expresión. Hay decenas de periodistas encarcelados en Turquía por reconocer el genocidio, tema que no se puede mencionar en las mesas de muchas familias. Es una verdad incómoda, un tabú sin discusión pública. A la fecha, sólo 20 estados han reconocido el genocidio. Colombia no está entre ellos.

El comienzo del genocidio armenio suele ser señalado el 24 de abril. Ese día, las autoridades turcas arrestaron en Constantinopla (la actual Estambul) a los 290 más importantes líderes políticos, religiosos, científicos y culturales. Komitas estaba en ese grupo. Sin líderes y con la moral destrozada, fue fácil eliminar el resto de la población.

Komitas Vardapet se había establecido en Constantinopla en 1910, donde dirigía un grupo coral, y trabajaba como arreglista y etnomusicólogo. Con el primer grupo de intelectuales deportados, Komitas marchó al interior de Anatolia observando el exterminio de la mayoría del grupo. Gracias a la mediación de Henry Morgenthau, embajador estadounidense ante el Imperio Otomano y admirador del músico, Komitas, con la muerte respirándole en el rostro, se salvó de ser asesinado. Sin embargo, las experiencias de las que fue testigo, las masacres de sus amigos más cercanos y el martirio de la nación armenia, afectaron profundamente su naturaleza sensible y nunca se recuperó emocionalmente. Primero fue hospitalizado en Constantinopla, para luego ser trasladado a un asilo en París en 1919, donde murió en la más absoluta alienación, el 22 de octubre de 1935. Un año después su cuerpo fue trasladado a Ereván y enterrado en el panteón de la nación.

Estatua de Komitas en Yerevan,Armenia ©Revista Arcadia
Estatua de Komitas en Yerevan,Armenia ©Revista Arcadia

Komitas es, por tanto, un símbolo del martirio del pueblo armenio. Para esta nación, su música es su memoria, y este religioso representa el recuerdo del pasado, su trauma y su huella. El intérprete es reconocido por su gente como el más grande representante de sus ritmos. No sólo fue un brillante compositor, el más grande de la tradición litúrgica de la iglesia armenia, sino aquel que recorrió el país en busca de su esencia musical. Antes de Komitas, en Turquía y todo el Medio Oriente, la música se consideraba un simple entretenimiento o una actividad al servicio de la religión. Komitas le dio un estatus de arte. Su actividad de recopilación de los ritmos del campesinado reavivó el interés por la música en las provincias del imperio Otomano. En esto fue un absoluto pionero.

Viajero incansable, Komitas comprendió y describió el rol de la música en la configuración de la sociedad. El compositor coleccionó, entre 1890 y 1913 cerca de 5.000 piezas del folclor armenio, turco y kurdo; canciones de amor, de cosecha, de desarraigo, de cuna y de culto, algunas de más de mil años de antigüedad. Gran parte de sus estudios desaparecieron o fueron destruidos durante el genocidio y los años posteriores.

Lo más asombroso de los resultados de las investigaciones de Komitas fue la imposibilidad de hallar la esencia de la música de su país y las múltiples interrelaciones y préstamos entre esta y la tradición musical, kurda, turca, árabe y persa. Su trabajo es un puente de reconciliación entre Turquía y Armenia. El compositor e investigador se rehusó a reconocer diferencias sustanciales entre los ritmos de los dos países. 

Komitas Vardapet cantó al alma de su nación. Recopiló sus ritmos y sentó las bases de su tradición clásica. Hizo por su país lo que Bartok por Hungría, Bach por Alemania o Dvorak  por la República Checa. Fue un músico que convirtió simples canciones rurales en complejas composiciones orquestales y operísticas.

Sus compatriotas conocen y se reconocen en su música. Hoy Armenia es un pequeño Estado cuyo territorio es menos de una sexta parte del país histórico que se extendía entre los ríos Tigris y Éufrates, a la sombra del sagrado monte Ararat. El genocidio redujo la población de armenios en Turquía a cifras insignificantes. La mayoría de ellos vive en la diáspora en países como Francia, Argentina, Canadá y los Estados Unidos. Menos de cien armenios viven en Colombia. Para la mayoría de ellos lo que queda de esa nación, además de su pequeño Estado, es su música. La música es un camino para regresar al pasado, para rememorarlo. Y cuando un armenio piensa en música, piensa en Komitas. Su trabajo es importante no sólo por su valor musical y académico, sino como medio para recordar el genocidio y la cultura de su pueblo.

Por Marco Bonilla
Con información de Revista Arcadia

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Centenario del genocidio armenio

genocidio_armenio_1915

Dedicado al guía que me enseñó Tierra Santa, en el otoño de 1995. Era nieto de uno de esos santos. Me contó detalles irreproducibles.

En 2015 que comienza se cumple el primer centenario de una masacre que acabó con la vida de 1,5 millones de cristianos armenios a manos de los turcos. Una etapa negra de la historia que Turquía se niega a reconocer y que prohíbe por ley decir lo contrario.

Un siglo después de este conflicto olvidado el genocidio armenio sirve como reflejo de la realidad que hoy se vive no demasiado lejos de allí. Salvando las distancias, la limpieza étnica y religiosa perpetrada por el Estado Islámico en este momento y la persecución a los cristianos en el mundo islámico recuerda en cierto modo a lo que ocurrió entonces y lo que puede ocurrir si no se pone freno al mal.

Los armenios, uno de los primeros pueblos que abrazó la fe cristiana y la primera nación cristiana de la historia, se han empeñado en recordar a sus miles de mártires y contar al mundo lo que ocurrió entonces. Así lo ha hecho el patriarca armenio Karekin II a través de una carta encíclica.

En ella anuncia un hecho hasta ahora inédito e inaudito: el próximo 23 de abril serán canonizadas todas las víctimas del genocidio. Será una ceremonia en la que serán declarados santos para la iglesia armenia en torno a 1,5 millones de cristianos armenios.

En su histórica misiva, el Patriarca Karekin II anuncia que presidirá el 23 de abril la liturgia en la cual proclamará santos a todas las víctimas del genocidio, “asesinados por la fe y por la patria” mientras que el día posterior será la Jornada de la Memoria por “los santos mártires del genocidio”.

El genocidio comenzó en 1915 y duró varios años aunque ya desde antes los armenios eran un objetivo. Las matazas se dieron al final del imperio otomano con el sultán Abdul Hamid II y continuaron con los llamados “Jóvenes Turcos” y más tarde con el propio Kemal Ataturk, padre de la actual Turquía.

Los armenios fueron puestos en el punto de mira por varios motivos: eran cristianos, instruidos, tenían una gran cohesión social y además eran miembros de la clase media. En 1915 los turcos comenzaron a cerrar sus escuelas, sus iglesias y todos sus centros y organizaciones.

De ahí se pasó a la violencia física y a la humillación. Muchos fueron ya entonces asesinados. De manera masiva llegaron las deportaciones al desierto donde muchos murieron. Luego llegaron las fosas comunes. Otros cientos murieron en trenes incendiados. En total, 1,5 millones de armenios fueron aniquilados. Los hay que lograron vivir gracias a que llegaron a Líbano, Siria o la actual Armenia, que entonces ya era parte de la Unión Soviética.

Ahora el pueblo armenio está dispersado por el mundo. Existe una gran diáspora. Poco más de 3 millones viven en el actual territorio que conforma Armenia mientras que hay otros nueve millones repartidos por el mundo. En total hay en el mundo 12 millones y hace un siglo en apenas tres años mataron a más de millón y medio.

El patriarca armenio afirma en su carta que “cada día del año 2015 será un día de recuerdo y devoción para nuestro pueblo, un viaje a los memoriales de nuestros mártires en la patria y en la diáspora, delante de los cuales con humildad nos arrodillaremos en oración, ofreciendo incienso por las almas de nuestras víctimas inocentes que yacen en tumbas sin nombre pues aceptaron morir en vez de repudiar su propia fe y su nación”.

Karekin II tiene igualmente un recuerdo para todos aquellos que no han callado ante esta atrocidad. “Expresamos nuestra gratitud a las naciones, a las organizaciones y a los individuos que han tenido el coraje y la convicción de reconocer y condenar el genocidio armenio. Expresamos gratitud a los países y pueblos amables que han aceptado a los hijos de nuestra tierra como hermanos y hermanas. Estos ejemplos de justicia y humanidad son páginas luminosas en la historia de la humanidad. Ellos serán siempre recordados y apreciados por generaciones”.

Por último, el patriarca lanza una mirada al futuro: “hagamos fecundo nuestro centenario, valorizando el recorrido de nuestros pesares y el renacimiento de nuestro pueblo de modo que nuestros hijos -reconociendo la voluntad heroica de sus abuelos y padres de vivir y crear sus esfuerzos iniciados para el bien de la nación y de la patria- puedan crear un nuevo día luminoso para nuestra patria y nuestra gente dispersa por todo el mundo. Transformemos la memoria de nuestros mártires en energía y fuerza para nuestra vida espiritual y nacional y delante de Dios y de todos los hombres, iluminemos el recorrido de nuestro camino para guiar nuestro paso hacia la realización de la justicia y de nuestras sagradas aspiraciones”.

El aniversario del resto de los genocidios del siglo pasado vendrán a lo largo de los años inmediatos. Siempre habrá personas para contarlos, para recordarlos, para invitar a conocer lo que pasó y no volver a repetirlo.

Felicito al guía turístico, teológico y espiritual, que me llevó por la Tierra de Jesús, junto al sacerdote ya fallecido don Fernando Gallardo. El guía se llama Marcus Stopsis.

Deseo a todos los amigos lectores un feliz año nuevo. Que el Señor nos bendiga a raudales.

Por Tomás de la Torre Lendínez
Con información de El Olivo

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Gaza: piden investigar crímenes de guerra

El Colegio Nacional de Abogados de EEUU y otras organizaciones jurídicas instaron a la Corte Penal Internacional a que investigue los crímenes de guerra perpetrados por los dirigentes de Israel y Estados Unidos.

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El Colegio Nacional de Abogados (NLG, por sus siglas en inglés) de EEUU, el Centro por los Derechos Constitucionales, la Asociación Internacional de Abogados Democráticos, la Unión de Abogados Arabes y la Asociación Americana de Juristas envió una carta el pasado viernes 22 de agosto a Fatou Bensouda, fiscal de la Corte Penal Internacional (CPI), instándola a que inicie una investigación de los crímenes de guerra, genocidio y crímenes de lesa humanidad perpetrados en Gaza por los dirigentes israelíes con la ayuda y complicidad de las autoridades estadounidenses. En virtud del Estatuto de Roma, la CPI tiene potestad para juzgar penalmente a los individuos responsables de los crímenes de mayor gravedad.

«En vista de la extrema gravedad de la situación en la ocupada Franja de Gaza, en particular por la inmensa cifra de víctimas civiles y la destrucción a gran escala de propiedades civiles, incluidos colegios, mezquitas y hospitales, así como la permanente incitación al genocidio exhibida por los dirigentes y personalidades políticas israelíes, el NLG y las organizaciones citadas suscriben un enérgico llamamiento a la Oficina del Fiscal para que haga uso de su poder, en virtud del Artículo 15 del Estatuto de Roma, e inicie una investigación preliminar» de los delitos que caen bajo la jurisdicción de la CPI, se indicó en el documento.

Colaboración militar.

«En el marco del Estatuto de Roma, una persona puede ser acusada de crimen de guerra, genocidio o crimen de lesa humanidad… si él o ella ‘ayuda, incita o de alguna forma presta su apoyo a la comisión o intento de comisión del crimen ‘incluyendo la provisión de medios para su comisión'», se lee en el texto. «Al enviar asistencia financiera, armamentos y otra ayuda militar a Israel, los miembros del Congreso de EEUU, el presidente Barack Obama y el secretario de Defensa Chuck Hagel han ayudado e instigado la comisión de crímenes de guerra, genocidio y crímenes de lesa humanidad de las autoridades y comandantes israelíes en Gaza».

La carta afirma que el 20 de julio de 2014, en medio de esa conducta criminal, Israel solicitó, y el Departamento de Defensa de EEUU autorizó, el envío a Israel de munición procedente del Almacén de Munición de Reserva de Guerra. Y, en agosto de 2013, el Congreso aprobó por abrumadora mayoría, y Obama firmó, un pago de 225 millones de dólares destinado al sistema de defensa de misiles Cúpula de Hierro de Israel.

«El uso de la fuerza de Israel, claramente desproporcionado, contra los 1,8 millones de habitantes de Gaza tiene poco que ver con cualquier reclamación de seguridad», escribieron las organizaciones, «sino que parece haber sido calculado para ejercer la venganza contra los civiles palestinos». La carta cita afirmaciones de responsables israelíes defendiendo la venganza contra «todo el pueblo palestino» y «exigiendo el internamiento de los palestinos en campos de concentración en el Sinaí, así como la destrucción de la infraestructura civil en Gaza».

Acusaciones de crímenes de guerra.

La carta enumera los crímenes de guerra siguientes y cita de hecho las acusaciones de apoyo a cada crimen:

  • Asesinato deliberado (más de 2.000 palestinos, de ellos, el 80% civiles).
  • Provocar deliberadamente grandes sufrimientos y heridas de gravedad (hiriendo a alrededor de 10.000 palestinos, de ellos, 2.200 niños).
  • Extendida destrucción y apropiación de propiedades de forma ilegal, sin sentido e injustificadamente (decenas de miles de palestinos han perdido sus hogares, se han causado daños muy graves a las infraestructuras).
  • Privación ilegal del derecho a un juicio justo (450 palestinos están detenidos sin acusación ni juicio).
  • Ataques intencionados contra civiles u objetos civiles o vehículos, instalaciones y personal de ayuda humanitaria (bombardeo de numerosos colegios, lugares de refugio de la ONU, hospitales, ambulancias, mezquitas…)
  • Lanzamiento intencionado de ataques injustificados, sabiendo que van a servir para matar o herir a civiles, dañar objetos civiles o causar graves y duraderos daños en el medio ambiente. Es el uso de la «Doctrina Dahiya» para aplicar una «fuerza desproporcionada» y causar «enormes daños y destrucción en las propiedades e infraestructuras civiles y sufrimiento en las poblaciones civiles», como definió el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. De hecho, Israel arrasó totalmente la ciudad de Khuza’a.

Acusaciones de genocidio.

El artículo 6 del Estatuto de Roma define como «genocidio» cualquiera de los actos siguientes, perpetrados con la intención de destruir total o parcialmente a un grupo nacional, étnico, racial o religioso: a) Matanza de miembros del grupo; b) Lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo; c) Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que acarreen su destrucción total o parcial.

La carta indicó: «En vista del hecho de que los palestinos de Gaza no tenían posibilidad alguna de huir a un lugar seguro, debe asumirse que los oficiales israelíes responsables conocían muy bien que los masivos bombardeos por tierra, mar y aire de la ocupada Franja de Gaza iban a provocar un número inmenso de víctimas y la destrucción de las propiedades e infraestructuras civiles». La carta enumera también «las declaraciones públicas, repetidamente provocadoras, hechas por los responsables israelíes antes y durante la Operación Marco Protector, así como la historia de repetidos bombardeos de los campos y poblaciones de refugiados palestinos en el Líbano y Gaza» como prueba de que «las autoridades israelíes pueden estar poniendo en marcha un plan para destruir a la población palestina, al menos en parte».

Crímenes de lesa humanidad.

El artículo 7 del Estatuto de Roma define como «crímenes de lesa humanidad» cualquiera de los actos siguientes cuando se cometa como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil y con conocimiento de dicho ataque: a ) Asesinato; b) Exterminio; c) Esclavitud; d) Deportación o traslado forzoso de población; e) Encarcelación u otra privación grave de la libertad física en violación de normas fundamentales de derecho internacional; f) Tortura; g) Violación, esclavitud sexual, prostitución forzada, embarazo forzado, esterilización forzada o cualquier otra forma de violencia sexual de gravedad comparable; h) Persecución de un grupo o colectividad con identidad propia fundada en motivos políticos, raciales, nacionales, étnicos, culturales, religiosos, de género definido en el párrafo 3, u otros motivos universalmente reconocidos como inaceptables con arreglo al derecho internacional, en conexión con cualquier acto mencionado en el presente párrafo o con cualquier crimen de la competencia de la Corte; i) Desaparición forzada de personas; j) El crimen de «apartheid»; k) Otros actos inhumanos de carácter similar que causen intencionalmente grandes sufrimientos o atenten gravemente contra la integridad física o la salud mental o física.

El documento de las organizaciones afirmó: «Las fuerzas israelíes han asesinado, herido, ejecutado sumariamente y detenidos administrativamente a los palestinos, tanto civiles como fuerzas de Hamas. Las fuerzas israelíes destruyeron intencionadamente la infraestructura de Gaza». También dice que Israel mantiene enjaulados a los palestinos en la «mayor prisión al aire libre del mundo» y que «controla todos las entradas y salidas de Gaza, y limita… el acceso a las medicinas y otros productos básicos». Finalmente, la carta citó los arrestos arbitrarios y las detenciones administrativas; la expropiación de propiedades; la destrucción de casas, cosechas y árboles; las áreas y carreteras separadas; las viviendas y los sistemas jurídicos y educativos segregados para palestinos y judíos; el ilegal muro de separación que invade el territorio palestino; los cientos de asentamientos judíos ilegales sobre tierra palestina; y la denegación del derecho de los palestinos al retorno a su patria por el hecho de no ser judíos.

Jurisdicción.

Los firmantes de la carta concluyeron que «el inicio de una investigación enviaría un claro mensaje a todos los implicados en la comisión, ayuda o instigación de los crímenes arriba mencionados de que han de rendir cuentas personalmente de todos sus actos».Está por ver si la CPI ejercerá su jurisdicción en este caso ya que ni Israel ni Estados Unidos son parte en el Estatuto de Roma. Pero si la CPI determina que Palestina puede acceder al Estatuto de Roma, la CPI podría tener jurisdicción sobre los crímenes perpetrados por israelíes y estadounidenses en territorio palestino.

Por Marjorie Cohn (Profesora de la Thomas Jefferson School of Law, ex presidenta del Colegio Nacional de Abogados. Ha escrito varios libros, el último de ellos «Drones and Targeted Killing: Legal, Moral and Geopolitical Issues». Rebelión.)
Con información de La Arena

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