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¿Por qué no judíos toleran y difunden la propaganda del holocausto?

Los motivos que impulsaron a Inglaterra y a una reticente Francia a declarar la Guerra a Alemania el 3 de Septiembre de 1939, poco o nada tenían que ver con algún deseo idealista de apoyar al dictatorial Estado Polaco. Más bien, las intenciones de Inglaterra eran las de restaurar el equilibrio de poder en el Continente y el de mantener apartado de la competencia a un competidor en el mercado de la exportación.

Como la guerra se prolongó, los gastos se incrementaron cada vez más al demostrar Alemania ser mucho más dura de vencer de lo que inicialmente se pensaba. Finalmente una Inglaterra debilitada perdió la mayor parte del Imperio. La completa destrucción de las potencias anti-comitern como entidades militares dejó un vacío en Europa que fue rápidamente ocupados por las fuerzas comunistas. La gran cantidad de monumentos y de instituciones de la civilización occidental destruidos también impresionaron al mundo. La tesis del Holocausto fue de utilidad para justificar los tremendos gastos y la forma de llevar adelante la guerra por parte de Inglaterra y de sus aliados.

En relación con la Unión Soviética todo el mundo se vio obligado a reconocer el tremendo error cometido al confiar en ella y apoyarla en sus objetivos militares prácticamente sin reserva alguna. Aquellos que habían dado voz de alarma contra la Unión Soviética podían ahora ser acallados por medio de las acusaciones del Holocausto, que fueron entonces difundidas activamente para demostrar que una victoria alemana habría sido peor que la prepotencia de posguerra de la Unión Soviética.


Extrañamente podemos constatar que el gobierno de Alemania Occidental en Bonn, procesa aquellos que cuestionan las acusaciones del Holocausto. Este extraño comportamiento por parte de un gobierno «alemán» debe atribuirse al miedo a sufrir boicots a los productos alemanes en los mercados internacionales y a presiones de parte de las potencias vencedoras, las cuales, hasta cierto punto, controlan a la Alemania Occidental como si fuera territorio ocupado. La mayoría de los gobiernos suelen decir que sus súbditos están en mejor situación que los anteriores gobiernos. El gobierno de Bonn no es una excepción a este fenómeno. Por lo cual se esfuerza para denigrar al gobierno Nacional-Socialista. La actitud del gobierno de Bonn se resume acertadamente en las líneas 3581-2 del Fausto de Goethe:

«Wie schien mir ´s schwarz, und schwárzt’s noch gar,
Mir ´s immer doch nicht schwarz g´nug war».

Por C. E. Weber
Con información de Journal of Historical Review, Vol III, Nº 2, PP 105

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¿Por qué los judíos difunden las tesis del exterminio intensamente?

Después de sus experiencias durante la Segunda Guerra Mundial, los judíos europeos se sintieron aún más fuertemente atraídos que nunca hacia el sionismo, cuyo primordial objetivo era la fundación de un Estado Secular Judío.

Palestina era la ubicación más deseada para ése Estado, pero Palestina contaba con una numerosa población no judía que tenía que ser desalojada por el terror, el asesinato, presiones diplomáticas y financieras sobre el gobierno británico y por otros medios.

Exagerando el grado de la mortalidad judía durante la Guerra, los impulsores de la tesis del Exterminio podrían llevar adelante la idea de que la emigración judía a diversos países debería facilitarse ya que sería muy pequeña a causa de las grandes pérdidas estimadas.


Más aún, un complejo de culpabilidad podría fomentarse en los países receptores, (especialmente en los Estados Unidos), mediante la propagación de la idea de que ellos también habían sido culpables de no haber ayudado a los judíos mientras éstos estuvieron condenados al exterminio.

Mediante la constante reiteración de la tesis del holocausto, las organizaciones judías podían presionar a los judíos mismos más efectivamente para que hicieran mayores donativos para diversas medidas de protección en orden a prevenir futuros «holocaustos».

Las tesis del exterminio han servido para promover una conciencia étnica y solidaridad entre los judíos y para prevenir la pérdida de la identidad judía mediante los matrimonios mixtos y otros factores.

En un aspecto más inmediato y tangible, el asunto del «Holocausto« ayudó a los judíos y al Estado Judío fundado en 1948 en Palestina financieramente. Los esfuerzos judíos se vieron culminados con el tratado de Luxemburgo de 1952, que obligó al gobierno de Alemania Occidental (Bonn), a comprometerse a hacer fuertes pagos como reparación a largo plazo a judíos particulares y al recientemente creado Estado de Israel.


El tema del «Holocausto« también tuvo el efecto de silenciar cualquier crítica al Estado Judío, sin importar cuan criminales fueran sus actividades. Las abultadas exageraciones sobre la mortandad judía también sirvieron para provocar una especie de «apabullamiento por contraste», ya que otros grupos, por ejemplo las Naciones Bálticas habían sufrido grandes pérdidas durante y ciertamente después de la Guerra, a manos de la Unión Soviética, cuyo gobierno había dado la impresión de haber estado bajo la influencia judía en sus primeras etapas.

Por C. E. Weber

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Genocidios: Israel contra alemanes y árabes

Documentos revelan que la firma Monsanto estuvo vinculada a la fabricación de las prohibidas bombas de fósforo que lanzó el ejercito de Israel sobre Gaza en zonas civiles durante el 2008 y 2009.

Dejad decir; dejaos censurar, condenar, encarcelar; dejaos prender, pero divulgad vuestro pensamiento. Esto no es un derecho, es un deber. Toda verdad es para todos… Hablar está bien, escribir es mejor; imprimir es cosa excelente… Si vuestro pensamiento es bueno, se le aprovecha; si es malo, se le corrige, y se aprovecha todavía. ¿Pero el abuso?… Esta palabra es una tontería; los que la han inventado, ellos son los que verdaderamente abusan de la prensa, imprimiendo lo que quieren, engañando, calumniando e impidiendo el responder…

Paul-Louis Courier


En junio de 1960, Israel anunciaba la captura de Adolf Eichmann. Evidentemente, la campaña de cruces gamadas de enero había adolecido de muchas imperfecciones.

La nueva, mejor organizada, ofreció algunos resultados. Estos culminarán con el «proceso», empleando este término para designar esa situación confusa en la que se mezcla un acto de venganza – raptores, acusadores y jueces serán los mismos judíos – y una lucha política interna entre Nahum Goldmann y el Congreso Mundial Judío por una parte, y por otra el Mapai con Ben Gurion y Ben Zwi a su frente.

Una obra maestra de propaganda que denuncia la faceta exterior del «proceso» Eichmann, son las palabras del comandante de policía Abraham Selinger en Tel-Aviv:

«Con el proceso contra Eichmann, nosotros no sólo queremos sentenciar al más cruel enemigo del pueblo judío, sino refrescar también la memoria del mundo sobre los crímenes nazis contra los judíos. Los recuerdos de Eichmann, que él pone por escrito en su celda, demostrarán también la participación de los árabes en estos crímenes y la indiferencia de los aliados.».


Sólo se ha olvidado Abraham de recoger un aspecto: el económico. Los 16.000.000.000 de marcos con los que la República federal alemana indemniza a Israel, constituyen la principal fuente de ingresos de este país y posibilitan su subsistencia.

Pocas personas dirigieron durante la guerra la «cuestión judía» en ambos bandos contendientes. Himmler murió en una forma que aún está por aclarar. El Dr. Kasztner, en el proceso de Tel-Aviv en 1954, tuvo la desgracia de decir entre otras casas – que Saly Mayer, presidente del American Joint Committee, (organización de los judíos de Estados Unidos), había intervenido ante el gobierno suizo para que no abriese sus fronteras a los judíos que Alemania quiso poner en libertad durante la guerra. El Dr. Kasztner, como es sabido, fue asesinado durante el proceso. Eichmann y Ben Gurion estaban en Israel.

Que Eichmann debe limitarse a hablar de ciertas cuestiones, parece evidente después de las irritadas protestas de Ben Gurion a que fuese un tribunal internacional el que le juzgase. Israel, en resumen, va a participar más activamente en la política mundial.

En los Protocolos de los Sabios de Sión tales cosas sólo se insinuaban. Mientras tanto, el escritor judío Ben Hecht, ya famoso en la TV norteamericana por sus entrevistas con el tema de «Dios y la homosexualidad», ha podido decir por la American Broadcasting Corp:

«Yo profeso un odio contra los alemanes, con sus carnosos cogotes, con sus ojos inexpresivos, y con un hueco frío en su corazón que sólo puede ser calentado por medio del asesinato…»

Y según daba a conocer una publicación católica de St. Benedict, (Oregon), en 1959, Ben Hecht, en una de sus obras sobre perversidades, asesinatos por placer, morfinismo, etc., en A Jew in Love, escribe lo siguiente:

«Uno de los hechos más exquisitos que la plebe haya podido realizar, fue la crucifixión de Jesucristo. Desde el punto de vista espiritual fue una gesta brillante. Pero hay que reconocer que la masa actúa sin capacidad suficiente. Si yo hubiera sido encargado de la crucifixión de Cristo, habría actuado de otra manera. Le habría enviado a Roma y le hubiese echado como despojos a los leones. Del cuerpo en carne picada nunca se hubiera podido hacer un redentor.».

Con razones semejantes a aquellas por las que se acusa a Eichmann de la muerte de seis millones de judíos, un recalcitrante nazi que pensase que Roosevelt y Churchill iniciaron la segunda guerra mundial, podría afirmar que ellos son los responsables de la muerte de 52 millones de seres.

Eichmann es un genocida porque transportó varios centenares de miles de judíos a los campos. Harry Salomón Truman, que exterminó a 94.620 japoneses en unas horas, parece ser que no lo es, pues, al cumplir sus 75 años de edad, dijo que de la única cosa injusta de la que tenía que arrepentirse en su vida era de haberse casado a los 30 años.

Si en Dachau mueren unas 25.000 personas en doce años es un genocidio; si los angloamericanos al destruir el «seudoarte europeo de baratija» matan en un par de días de 200.000 a 300.000 habitantes de Dresde y refugiados que dormían en las calles, se considera como una «operación de castigo».

Los partisanos que matan a 55.810 soldados alemanes -estadística checa- son unos héroes; los alemanes que con arreglo a las convenciones internacionales fusilan a esos partisanos o los envían a los campos de concentración son unos bárbaros dignos de aparecer como tales en el cine.

Un judío inocente que muere por hambre o en una cámara de gas evidentemente es asesinado, un hamburgués que arde vivo en un bombardeo con fósforo constituye un lamentable episodio de la guerra. Por ello, como los vencidos fueron los malos, nadie podría pensar en juzgar al mariscal Harris por las 80.000 bombas de fósforo y millones de otros tipos que lanzó sobre Hamburgo entre el 24 y el 27 de julio de 1943, y por los 55.000 muertos que causó el bombardeo.


La organización internacional de defensa de los derechos humanos Human Rights Watch (HRW), denunció que Israel cometió «crímenes de guerra» al utilizar bombas de fósforo blanco contra la población de Gaza. La ONG presentó en Jerusalén el informe Lluvia de fuego: el uso ilegal de fósforo blanco en Gaza por parte de Israel, en el que aporta testimonios sobre el uso de este arma durante la ofensiva militar contra Gaza, que se produjo entre el 27 de diciembre y el 18 de enero de 2009. En contacto con la piel, esta sustancia provoca profundas quemaduras y puede causar daños mortales en el hígado, los riñones y el corazón.

Human Rights Watch recogió más de 20 restos de bombas de fósforo blanco de 155 milímetros en calles residenciales, tejados de viviendas, una escuela de la ONU, un hospital, un mercado y otras instalaciones civiles.

Los militares suelen usar el fósforo blanco para ocultar sus operaciones bajo una espesa capa de humo. También, para incendiar determinadas áreas con los más de 800 grados centígrados que alcanzan estas bombas. Y ambos usos están permitidos. Pero, según HRW, Israel empleó el fósforo blanco repetidamente en áreas densamente pobladas, provocando al menos «unas 12 muertes»  (sic), innecesarias entre la población civil palestina.

Con respecto a su uso afirma, Safwat Al-Zayat, “en el caso que un territorio esté contaminado con fósforo blanco, se almacena y se extiende en el suelo, o en el cauce de un río, lago o en los peces. Cuando un humano tiene contacto con el fósforo blanco, se quema la piel y la carne, hasta quedar sólo los huesos.” Agrega que esta arma prohibida, la usa el Estado de Israel. “Esto que hace Israel contra los civiles”, agrega “es contra los derechos humanos protegidos internacionalmente” y lo convierte en un criminal de guerra.

Un genocidio tal como lo definió el artículo dos de la Convención de Prevención y Castigo al Delito de Genocidio, asumido por las Naciones Unidas el mismo año en que los israelíes expulsaron cerca de setecientos cincuenta mil palestinos de sus casas y aldeas, a las que todavía no pudieron regresar.  Para el mundo, 1948 es el año de la declaración de los derechos humanos y de la sanción de la Convención de Genocidio, para el pueblo palestino, el año de la Nakba o tragedia.

¿No es una verdadera paradoja de que, en el discurso oficial sionista y de buena parte de historiadores, el Estado de Israel es el producto de un genocidio -en el sentido de que se constituye como respuesta al supuesto terror diseminado por el nazismo, el  terror a que se repitiera un genocidio semejante- y al mismo tiempo, para su constitución arrasa otro pueblo, negando su identidad nacional, generando el terror de los palestinos por ya más de setenta años?.

El creador del concepto de Genocidio, Raphael Lemkin, fue un abogado polaco de origen judío que buscaba una clasificación penal adecuada a lo que, entendía él, constituía un fenómeno de nuevo tipo surgido de la mano del fascismo y la Segunda Guerra Mundial: no solo la destrucción de la identidad de un grupo nacional, no solo la destrucción del grupo nacional como tal sino la imposición de la identidad del sujeto genocida, (sea un Estado o un conjunto de fuerzas diversas), al grupo agredido.

Al adoptar el concepto, luego de largos debates, las Naciones Unidas dijeron  en la Convención ya mencionada:

“Artículo II :   En la presente Convención, se entiende por genocidio cualquiera de los actos mencionados a continuación, perpetrados con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso, como tal:

a) Matanza de miembros del grupo;
b) Lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo;
c) Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial;
d) Medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo;
e) Traslado por fuerza de niños del grupo a otro grupo.”

Como cualquier observador medianamente  imparcial debería confirmar sin dudas, el Estado de Israel, con el apoyo entusiasta de amplios sectores de su población y el apoyo indispensable y fundamental del gobierno de los EE.UU. y del sionismo internacional, someten al pueblo palestino a un proceso genocida, que como todo proceso genocida, tiene características particulares y únicas.

En el caso palestino, una de las particularidades viene del lado de la duración.

Se podría decir, al menos de manera tentativa, que el proceso genocida comenzó en 1948 con lo que los palestinos llaman la Nakba, la tragedia, que consistió en la expulsión de sus aldeas y hogares de unos 750 mil palestinos, separados de su pueblo y sometidos a condiciones de existencia que inevitablemente acarrearían “su destrucción física, total o parcial”.

Cada palestino que viva fuera de Jerusalén o el Estado de Israel, desde que nace hasta que muera, vivirá encerrado entre muros que solo podrá traspasar cruzando un “check point” militar en el que deberá mostrar pases administrativos emitidos por la autoridad militar, que de cualquier modo podrá demorarlo el tiempo que quiera o directamente negarle el paso sin mayores fundamentos que las armas largas que portan las soldadas y los soldados israelíes en cada punto de paso.  En esos “encierros temporales” extrajudiciales, se han registrado muertes de madres embarazadas que esperaban llegar a un centro de salud o un hospital al cual nunca las dejaron ingresar, lo que de por sí amerita la aplicación del punto D del Artículo dos de la Convención: “Medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo”.


¿En qué articulo del Convenio encuadrar el asesinato de los niños en Gaza, sorprendidos mientras jugaban al fútbol en la playa o la de los niños del Campo de Refugiados Aída de Belén, cazados como animalitos con rifles de mira telescópica por los soldados israelíes que deberían garantizar su seguridad?.   La letra fría diría que en el primer inciso del articulo dos, el que condena “la matanza de miembros del grupo”, pero uno presiente que en obstinado ataque a los niños hay algo mucho más profundo y revelador sobre el proceso genocida en curso: los matan, los arrestan, los torturan, y si uno de ellos alza una piedra, los tratan como terroristas y ahí aparece el coro de voces  “progresistas” clamando por la seguridad de Israel, o sea, justificando el genocidio presente.

También, y eso corresponde al ya citado punto C del artículo dos: “Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial”, los palestinos son limitados en la provisión del agua potable y en el acceso a la energía eléctrica, impedidos de mejorar sus viviendas o de tener un pleno acceso a los servicios de salud, esparcimiento, cultura y turismo.

Mientras tanto, el sionismo internacional, dueño de la mayoría de los medios de información mundiales, sigue difundiendo la mentira y falsedad de ser las eternas víctimas de la historia…

Con información de El País, Resumen Latinoamericano y P. Rassinier

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¿Por qué la autenticidad del holocausto es vital para todo americano?

¿Por qué la cuestión de la autenticidad de las acusaciones del holocausto es importante para todo americano?

Estas acusaciones han influido en la determinación de importantes aspectos de la política exterior desde alrededor de 1944 y han tenido probablemente influencia incluso sobre leyes domésticas. La política exterior americana, a su vez, ha tenido como resultado una cortina de hierro comunista que atraviesa el centro de Europa, (madre de la Civilización Occidental), ha provocado la hostilidad de veintenas de millones de personas de Fe Islámica, (que controlan enormes reservas de petróleo de interés vital para los americanos), y quizá ha sido responsable en parte de la amenaza de aniquilación nuclear a nuestra nación o de la esclavización comunista. Las acusaciones ciertamente han convertido nuestras relaciones con el pueblo alemán en menos cordiales de lo que habrían sido sin las mismas.


Fuentes: Journal of Historical Review, Vol III, Nºl, P.5. / Instauration, March 1983,p.12 donde aparece un resumen de los costos inmediatos para el contribuyente americano, a causa de nuestro constante apoyo al Estado Judío en Palestina


* ¿Qué significa la palabra «holocausto«?

Esta palabra, (holocausto), es de origen griego y originalmente hacía referencia al sacrificio de una víctima que era enteramente consumida por las llamas. La palabra ha sido utilizada por los propagandistas sionistas en su pretensión de que millones de judíos fueron asesinados, (en su mayoría por gases letales), durante la Segunda Guerra Mundial en Europa como resultado de una política de exterminio por parte de Alemania y de sus aliados. El número de judíos muertos como resultado de esta supuesta política es frecuentemente, aunque no siempre, cifrado en unos seis millones. Se afirma en ocasiones, que una política similar se aplicó a los gitanos, pero éstos apenas son mencionados. Esta denuncia ha sido llamada la Tesis del Exterminio. La palabra holocausto se podría aplicar mucho mas apropiadamente a la destrucción por el fuego de un cierto número de ciudades europeas, tales como Dresde, o los ataques con bombas de fósforo en Irak y Palestina.


Por C. E. Weber


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Revisionismo:Auschwitz,los hechos y la leyenda

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“Este texto es el mejor resumen de la verdadera situación y origen del Mito del Holocausto, de forma concreta, sin adornos inútiles, se expone el núcleo del problema y nuestra forma de verlo”.

A comienzos de 1940, Auschwitz sólo era una pequeña ciudad de la Silesia alemana de 13.000 habitantes. Pero en el mes de Mayo, en las afueras se empezó a edificar un “campamento de tránsito” para 10.000 detenidos polacos, en el emplazamiento de una guarnición de artillería del ejército polaco.

En los años siguientes, con el empeoramiento de la guerra, Auschwitz se convirtió en el centro de un conjunto de casi cuarenta campos y sub-campos, y la capital de un extenso complejo agrícola e industrial, (minas, petroquímica, fábricas de armas, etc…), donde trabajaban numerosos detenidos polacos, y judíos sobre todo, al lado de trabajadores civiles.

Auschwitz fue, a la vez o sucesivamente, un campo de prisioneros de guerra, un campo de tránsito, un campo-hospital, un campo de concentración y un campo de trabajos forzados y de trabajo libre. Pero nunca fue un campo de “exterminio”, (expresión inventada por los aliados).

A pesar de las drásticas medidas higiénicas, de la abundancia de edificios y barracones hospitalarios, dotados algunos de los últimos adelantos de la ciencia médica, el tifus, (una enfermedad endémica entre la población judía polaca y entre los prisioneros rusos), ocasionó junto a las fiebres tifoideas y otras epidemias, auténticas matanzas en los campos, y en la ciudad de Auschwitz, entre la población reclusa y entre los propios médicos alemanes y la población civil.

 De ahí que, durante toda la vida del campo, estas epidemias, aliadas, según algunos, a las duras condiciones de trabajo en esta zona pantanosa, al hambre y el calor o frío, causaron la muerte probablemente de 150.000 detenidos (1) desde el 20 de Mayo de 1940 al 18 de Enero de 1945.

Los rumores sobre Auschwitz

 Como viene siendo normal en tiempos de guerra y de propaganda bélica, a partir de estos dramáticos hechos se tejieron múltiples rumores. Hacia el final de la guerra y sobre todo en los medios judíos de fuera de Polonia, se propagó la especie de que los alemanes mataban sistemáticamente, siguiendo órdenes de Berlín.

Según estos rumores, los nazis habían instalado «fábricas de la muerte» especialmente para eliminar a los judíos, los disecaban vivos, (vivisección), los quemaban vivos, (en las fosas, en los altos hornos o en crematorios), o antes de quemarlos, gaseaban a los judíos en mataderos químicos llamados «cámaras de gas». En todos estos rumores se recogen determinados mitos de la Primera Guerra Mundial (2).


La Confusión de los libertadores Soviéticos

Los soviéticos ocuparon Auschwitz el 27 de Enero de 1945. Lo que descubrieron era tan contrario a lo que  difundía la propaganda que se puede afirmar que se quedaron boquiabiertos. Por su organización y sus instalaciones sanitarias, (muy modernas a ojos de los soviéticos), este campo era todo lo contrario a un «campo de exterminio». Por éso durante varios días Pravda, (diario oficial soviético de Moscú), guardó silencio sobre el tema y, en un principio, los rusos no invitaron a comisión aliada alguna a venir a constatar sobre el terreno toda la verdad sobre Auschwitz.

Por fin, el 1º de Febrero Pravda rompe su silencio. Pero únicamente para poner en boca de un prisionero, (sólo uno), las siguientes frases:

«Los hitlerianos asesinaron por medio de gas a los niños, a los enfermos y a los hombres y mujeres que no podían trabajar, incinerando sus cadáveres en hornos especiales. En el campo había 12 hornos de éstos».

Pravda añade que el número de muertos se cifra en miles, y no en millones. Al día siguiente el gran reportero oficial del periódico, el judío Boris Polevoi, aseguró que el medio esencial utilizado para exterminar a sus víctimas era … la electricidad.

«Se utilizaba una cadena eléctrica en las que centenares de personas eran asesinadas simultáneamente por la corriente eléctrica. Los cadáveres caían sobre una cinta transportadora movida por una cadena y los llevaban hacia el alto horno».

La propaganda soviética estaba desconcertada y, en sus películas, sólo pudo mostrar a las personas muertas o moribundas que los alemanes en retirada habían abandonado. Pero también dejaron, como lo demuestran las noticias de la época sobre la liberación del campo, numerosos niños y adultos vivos y gozando de buena salud. Pero entonces la propaganda judía vino a echar mano a la propaganda soviética.

(Nota de la Bitácora: fueron probando distintas versiones hasta dar con aquella que espantara más al público, debía sonar en el imaginario popular como un verdadero «holocausto». Tal como vaticinara Paul Joseph Goebbels… «miente, miente, miente, que algo quedará»… en este caso, millones de marcos alemanes, dólares y hoy euros, en las arcas israelíes de la Palestina usurpada… Si quieren ver un verdadero genocidio, no hay más que transitar cualquiera de las calles de la arrasada e invadida tierra palestina, un día cualquiera y a la hora que le plazca…).

La Propaganda a finales de 1944

Durante el verano de 1944, dos judíos evadidos de Auschwitz en el mes de Abril se refugiaron en Eslovaquia. Allí, con la ayuda de sus correligionarios, comenzaron a fabricar una historia de los campos de Auschwitz, Birkenau (campo anexo a Auschwitz) y Majdanek, en la que se describen estos campos como «campos de exterminio». El más famoso de estos judíos era Walter Rosenberg, más conocido con el nombre de Rudolf Vrba, que todavía vive en Canadá.

Su relato, plagado de fantasías, pasó a los medios judíos de Hungría y Suiza, y por último llegó a los EE.UU., donde tomó la forma de un informe dactilográfico que publicó el War Refugee Board, en Noviembre de 1944, con el sello de la Presidencia de los EE.UU. El War Refugee Board era un organismo creado por Henry Morgenthau hijo (1891-1967), el Secretario del Tesoro que iba a hacerse célebre por su «Plan Morgenthau» que, si se hubiese aplicado por Roosevelt y Trumann, habría llevado al aniquilamiento físico de millones de alemanes después de la guerra.

Este informe sirvió de matriz a la «verdad oficial sobre Auschwitz». Los soviéticos se inspiraron en él para redactar el documento URSS-008 del 6 de Mayo de 1945. Tanto éste como el otro informe ruso sobre Katyn fueron considerados como documentos de «valor auténtico» y que, por tanto, no se podían discutir en el proceso de Nurenberg. Según el citado informe ruso los alemanes habrían asesinado en Auschwitz más de 4.000.000 de personas, la mayoría de las cuales habían sido gaseadas con un insecticida llamado Zyklon-B. Pero esa «verdad oficial» iba a hundirse en 1990.

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La confesión de Rudolf Höss

El 15 de Abril de 1946, uno de los tres comandantes que tuvo Auschwitz, Rudolf Höss, (al que no hay que confundir con Hess), confesó bajo juramento ante sus jueces y ante los periodistas de todo el mundo que, en la época en que dirigió el campo, (es decir del 20 de Mayo de 1940 al 1º de Diciembre de 1943), al menos 2.500.000 detenidos de Auschwitz habían sido ejecutados con el gas y que, al menos, otros 500.000 habían sucumbido de hambre y de enfermedades, lo que arrojaba una cifra de unos 3.000.000 de muertos en este período. En ningún momento Höss fue interrogado por la acusación o por la defensa sobre la «materialidad» de los hechos extraordinarios que contaba. Fue entregado a los polacos. Bajo la vigilancia de sus carceleros comunistas redactó a lápiz una confesión en toda regla. Tras lo cual fue ahorcado en Auschwitz el 16 de Abril de 1947.

Curiosamente hubo que esperar a 1968 para tener acceso parcial a esta confesión, conocida por el gran público como «Commandant  á Auschwitz» («Comandante de Auschwitz»).

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Imposibilidades Físico-Químicas

La descripción, extremadamente corta e imprecisa, de la operación de gaseamiento de los detenidos, tal como la cuenta Höss en su confesión escrita, era materialmente imposible de realizar por razones físicas y químicas. No hay que confundir un gaseamiento para matar con un gaseamiento accidental o suicida. El objetivo de una ejecución por gaseamiento es matar sin ser matado.

El Zyklon-B es un insecticida a base de cianhídrico utilizado desde 1922, y que todavía se usa hoy en día. Es de una gran peligrosidad, se adhiere a las superficies y es muy difícil de eliminar, además de ser explosivo. Los norteamericanos utilizan el gas cianhídrico para ejecutar las penas de muerte en algunos Estados. Una cámara de gas para ejecutar es necesariamente una obra muy sofisticada y el procedimiento para las ejecuciones por gaseamiento es largo y peligroso. 


Pues bien, en sus declaraciones Höss decía que el equipo encargado de sacar 2.000 cadáveres de una cámara de gas entraba en ella desde el momento en que se ponía en marcha el ventilador y procedía a esa labor hercúlea comiendo y fumando, es decir, sin máscara de gas!.

Imposible!. Nadie podría haber entrado así en un lugar con ácido cianhídrico para manipular miles de cadáveres llenos de cianuro, y a los que no se les puede tocar porque quedan impregnados de un fortísimo veneno que mata por contacto. Incluso con una máscara de gas dotada de un filtro especial para cianuro, la tarea habría sido imposible, porque estos filtros no podrían resistir en caso de respiración acelerada debido a un esfuerzo físico, incluso de baja intensidad.

Por Robert Faurisson

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Notas:

1. Esta cifra de 150.000 muertos quizás corresponda al número de muertos del mayor «crematorio para vivos» del mundo: el del bombardeo de Dresde, la «Florencia del Elba», en el mes de Febrero de 1945, por aviones anglonorteamericanos.
2. Durante la Primera Guerra Mundial los aliados acusaron a los alemanes de utilizar iglesias como cámaras de gas y poner en marcha fábricas de cadáveres. Sobre el primer asunto véase: «Atrocities in Serbia. 700.000 victims» (The Daily Telegraph 22 de Marzo de 1916,p.7) y compararlo con «Germans Murder. 700.000 Jews in Poland. Travelling Gas Chambers» (The Daily Telegraph del 25 de Junio de 1943,p.5).


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Revisionismo:Auschwitz,los hechos y la leyenda por Robert Faurisson se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.
Basada en una obra en https://paginasarabes.com/2015/05/06/revisionismoauschwitzlos-hechos-y-la-leyenda.

Estafa de sobrevivientes del holocausto?

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El término “sobreviviente del Holocausto” originalmente designó a quienes sufrieron el singular trauma de los ghettos judíos, los campos de concentración y los campos de trabajos forzados; frecuentemente en esa secuencia. El número de estos sobrevivientes al final de la guerra se calcula generalmente en unos 100.000. [1]

La cantidad de sobrevivientes actualmente vivos no puede ser hoy más que una cuarta parte de esa cifra. Dado que el haber soportado los campos confiere una corona de mártir, muchos judíos que habían pasado la guerra en otros lugares se hicieron pasar por sobrevivientes de los campos. Aparte de ello, el otro motivo para esta impostura fue material. El gobierno alemán de postguerra pagaba compensaciones a judíos que habían estado en los ghettos o en los campos. Muchos judíos se fabricaron un pasado acorde con los requerimientos de este beneficio. [2]

Mi madre solía exclamar: “Si realmente son sobrevivientes todos los que dicen serlo, ¿a quién mató Hitler?”

De hecho, muchos académicos han manifestado dudas sobre la confiabilidad del testimonio de los sobrevivientes. “Una gran cantidad de errores que descubrí en mi propio trabajo”, recuerda Hilberg, “podía ser atribuido a testimonios”. Aún dentro de la industria del Holocausto Deborah Lipstadt, por ejemplo, observa secamente que los sobrevivientes del Holocausto manifiestan con frecuencia haber sido examinados personalmente por Josef Mengele en Auschwitz. [3]

Aparte de las fragilidades de la memoria, algunos sobrevivientes del Holocausto pueden llegar a ser sospechosos por razones adicionales. Debido a que los sobrevivientes resultan hoy reverenciados como santos seculares, nadie se atreve a cuestionarlos. Las afirmaciones más ridículas pasan sin comentarios. Elie Wiesel recuerda en su famosa memoria que, recién liberado de Buchenwald y con sólo dieciocho años, “Leí La Crítica de la Razón Pura” – ¡no se rían! – “en yiddish”. Dejando de lado que Wiesel reconoce que por ése entonces “Yo ignoraba completamente la gramática del yiddish”, La Crítica de la Razón Pura jamás se tradujo al yiddish. Wiesel también recuerda con intrincado detalle a un “misterioso sabio talmudista” quien “dominó el húngaro en dos meses, tan sólo para sorprenderme”. Wiesel le dice a un semanario judío que “con frecuencia se vuelve ronco o pierde su voz” mientras lee sus propios libros “en voz alta, interior”. Y ante un periodista del New York Times recuerda que una vez fue atropellado por un taxi en Times Square: “Volé una cuadra entera. Me atropellaron en la Calle 45 y Broadway, y la ambulancia me levantó en la 44”. “La verdad que yo presento no tiene barniz”, suspira Wiesel, “no puedo hacerlo de otro modo”. [4]

En años recientes, el término “sobreviviente del Holocausto” ha sido redefinido para designar no sólo a los que soportaron sino también a los que consiguieron evadir a los nazis. Incluye, por ejemplo, a más de 100.000 judíos polacos que hallaron refugio en la Unión Soviética después de la invasión nazi a Polonia. “Sin embargo, los que vivieron en Rusia no fueron tratados de un modo diferente que los demás ciudadanos del país”, observa el historiador Dinnerstein, mientras que “los sobrevivientes de los campos de concentración tenían el aspecto de muertos vivos”. [5]

Uno de los aportantes a un sitio web dedicado al Holocausto sostuvo que, si bien pasó la guerra en Tel Aviv, se consideraba un sobreviviente del Holocausto porque su abuela había muerto en Auschwitz. A juzgar por Israel Gutman, Wilkomirski es un sobreviviente del Holocausto porque su “dolor es auténtico”. La oficina del Primer Ministro israelí calculó la cifra de “sobrevivientes del Holocausto con vida” en cerca de un millón. El principal motivo que hay detrás de esta revisión inflacionaria es, de nuevo, no muy difícil de hallar.

Es fatigoso exprimir nuevos reclamos masivos por indemnizaciones si sólo un puñado de sobrevivientes del Holocausto siguen todavía vivos. De hecho, los principales cómplices de Wilkomirski estaban, de un modo o de otro, enganchados a la red de indemnizaciones por el Holocausto. Su amiga de la niñez en Auschwitz, la “pequeña Laura”, cobraba dinero de un fondo suizo para el Holocausto a pesar de que, en realidad, era una frecuentadora de cultos satánicos nacida en los Estados Unidos. Los principales patrocinadores de Wilkomirski o bien estaban activos en, o bien eran subsidiados por, organizaciones involucradas en las indemnizaciones por el Holocausto. [6]

La cuestión de las indemnizaciones ofrece una privilegiada aproximación a la industria del Holocausto. Tal como hemos visto, al alinearse con los EE.UU. durante la Guerra Fría, Alemania fue rápidamente rehabilitada y el holocausto se olvidó. Sin embargo, a principios de los 1950, Alemania entró a negociar con instituciones judías y firmó acuerdos de indemnización. Con poca presión externa, si es que hubo alguna, Alemania ha pagado al día de la fecha unos 60.000 millones de dólares.

Compárese esto con el historial de los EE.UU. Como resultado de la guerra norteamericana en Indochina murieron unos 4 o 5 millones de hombres, mujeres y niños. Un historiador recuerda que, después de la retirada norteamericana, Vietnam necesitaba ayuda desesperadamente. “En el Sur se habían destruido 9.000 de los 15.000 asentamientos existentes, 10.00.000 de hectáreas de tierras cultivadas, 4.860.000 hectáreas de bosques, la ganadería había perdido 1.5 millones de animales; había estimativamente 200.000 prostitutas, 879.000 huérfanos, 181.000 discapacitados y un millón de viudas. Las seis ciudades industriales del Norte estaban severamente dañadas, al igual que los pueblos distritales y provinciales, así como 4.000 de las 5.800 comunidades agrícolas.

Sin embargo, negándose a pagar indemnizaciones, el presidente Carter explicó que “la destrucción fue mutua”. Wiliam Cohen, el Secretario de Defensa del presidente Clinton, después de declarar que “no veía ninguna necesidad de pedir disculpas, ciertamente, por la guerra en si” opinó:“Ambas naciones fueron heridas por esto. Tienen sus cicatrices por la guerra. Nosotros, por cierto, tenemos las nuestras.[7]

El gobierno alemán trató de compensar a las víctimas judías a través de tres diferentes acuerdos firmados en 1952. Los damnificados individuales recibieron pagos de acuerdo a la Ley Federal de Indemnizaciones (Bundesentschädigungsgesetz). Un acuerdo por separado con Israel subsidió la absorción y rehabilitación de varios cientos de miles de refugiados judíos. Al mismo tiempo, el gobierno alemán negoció un acuerdo financiero con la Conference on Jewish Material Claims Against Germany (Conferencia de Demandas Materiales Judías Contra Alemania), una organización integrada por todas las principales instituciones judías, incluyendo al Comité Judío Norteamericano, al Congreso Judío Norteamericano, al B’nai Brith, al Joint Distribution Committee y así sucesivamente.

Se suponía que la Conferencia de Demandas utilizaría los valores – 10 millones de dólares anuales durante 12 años, o sea aproximadamente mil millones a valores actuales – en beneficio de víctimas de la persecución nazi que habían quedado fuera del proceso de indemnizaciones. [8] Mi madre fue uno de esos casos. Sobreviviente del Ghetto de Varsovia, el campo de concentración de Majdanek y los campos de trabajos forzados de Czestochowa y Skarszysko Kamiena, mi madre recibió del gobierno alemán una indemnización de tan sólo U$S 3.500. Sin embargo, otras víctimas judías (y muchos que, de hecho, no fueron víctimas) recibieron pensiones vitalicias de Alemania por un total que llegó a sumar centenares de miles de dólares.

Los valores entregados a la Conferencia de Demandas estaban reservados para aquellas víctimas judías que habían recibido sólo una indemnización mínima. Más aún, el gobierno alemán trató de dejar explícitamente establecido en su acuerdo con la Conferencia de Demandas que los valores se destinarían exclusivamente a sobrevivientes judíos, estrictamente definidos, que habían sido compensados de una manera injusta o inadecuada por las cortes alemanas. La Conferencia expresó que se sentía ofendida porque se estaba dudando de su buena fe. Después del acuerdo, la Conferencia emitió un comunicado de prensa subrayando que los valores serían destinados a “judíos perseguidos por el régimen nazi para quienes la legislación existente y propuesta no podía proveer una indemnización.”

El acuerdo final instaba a la Conferencia a utilizar los valores “para el alivio, la rehabilitación y la reubicación de las víctimas judías.” La Conferencia de Demandas anuló el acuerdo rápidamente. En una flagrante violación de la letra y el espíritu del acuerdo, la Conferencia destinó los valores, no para la rehabilitación de víctimas judías sino para la rehabilitación de comunidades judías.

Mas todavía: una norma rectora de la Conferencia de Demandas prohibió el uso de valores para “asignaciones individuales directas”. En un clásico ejemplo de velar por la propia tropa, sin embargo, la Conferencia estableció excepciones para dos categorías de víctimas: rabinos y “líderes judíos destacados”. Estas dos categorías recibieron pagos individuales. Las organizaciones constituyentes de la Conferencia de Demandas utilizaron la mayor parte de los valores para financiar varios proyectos. Cualquiera que haya sido el beneficio que recibieron las verdaderas víctimas judías (si es que recibieron alguno), fue un beneficio indirecto o incidental. [9]

Grandes sumas se derivaron indirectamente a comunidades judías en el mundo árabe y otras facilitaron la emigración de Europa Oriental. [10] También subsidiaron emprendimientos culturales tales como museos del Holocausto, cátedras universitarias para estudios sobre el Holocausto, así como pensiones graciables de propaganda para “gentiles virtuosos”.

Más recientemente la Conferencia de Demandas intentó apropiarse de propiedades judías recuperadas del Estado en la ex-Alemania Oriental por un valor de cientos de millones de dólares, propiedades que, en justicia, pertenecían a herederos judíos vivientes. Cuando la Conferencia resultó atacada por judíos defraudados por éste y otros abusos, el rabino Arthur Herzberg estigmatizó a ambas partes exclamando: “no se trata de justicia; es una pelea por el dinero”. [11]

Cuando los alemanes o los suizos se niegan a pagar indemnizaciones, hasta los cielos resultan insuficientes para contener la justiciera indignación de la judería norteamericana organizada. Pero cuando los sobrevivientes judíos son robados por las élites judías, allí no surgen cuestiones éticas: se trata tan sólo de una cuestión de dinero.
Si bien mi madre recibió solamente U$S 3.500 como compensación, otros involucrados en el proceso de indemnizaciones se las arreglaron bastante bien.

El salario anual, públicamente informado, de Saul Kagan, por largo tiempo Secretario Ejecutivo de la Conferencia de Demandas, es de U$S 105.000. Mientras gestionaba sus períodos al frente de la Conferencia, Kagan fue sentenciado por 33 denuncias de administración fraudulenta de fondos y de créditos desempeñándose como gerente de un banco de Nueva York. (La pena fue anulada sólo después de múltiples apelaciones).

Alfonse D’Amato, el ex-senador por Nueva York, gestiona demandas judiciales contra bancos alemanes y austríacos por U$S 350 la hora más gastos. Por los primeros 6 meses de su labor, cobró U$S 103.000. Antes de eso, Wiesel elogió públicamente a D’Amato por su “sensibilidad para con el sufrimiento judío”. Lawrence Eagleburger,
Secretario de Estado durante la gestión del presidente Bush, gana un salario anual de U$S 300.000 como presidente de la International Commission On Holocaust-Era Insurance Claims (Comisión Internacional de Reclamos de Seguros de la Era del Holocausto). “Sea cual fuere la suma que cobra”, opinó Elan Steinberg del Congreso Mundial Judío, “es una absoluta ganga”. Kagan se embolsa en 12 días, Eagleburger en 4 días y D’Amato en 10 horas lo que mi madre recibió por seis años de persecución nazi. [12]

Sin embargo, el premio al mercachifle más emprendedor en el área del Holocausto seguramente le corresponde a Kenneth Bialkin. Prominente dirigente judío norteamericano por décadas, Bialkin encabezó a la ADL y presidió la Conferencia de Presidentes de las Principales Organizaciones Judías Norteamericanas.

Pero actualmente, Bialkin representa a la compañía de seguros Generali en contra de la Comisión de Eagelburger habiéndose conocido que hay una “gran suma de dinero” involucrada. [13]

Durante los años recientes, la industria del Holocausto se ha convertido directamente en un filón de chantaje. Pretendiendo representar a la totalidad de la judería mundial, viva o muerta, está arrogándose derechos sobre propiedades judías de la era del Holocausto. Muy adecuadamente denominado como el “último capítulo del Holocausto”, esta doble extorsión, tanto a países europeos como a demandantes judíos legítimos, apuntó primero contra Suiza…

Por Norman Finkelstein


Notas:

1)– Henry Friedlander, «Darkness and Dawn in 1945 The Nazis, the Allies, and the Survivors,» en US Holocaust Memorial Museum, 1945—the Year of Liberation (Washington 1995), Il-35.
2)– Véase, por ejemplo, Segev, Seventh Million, 248.
3)– Lappin, Man With Two Heads, 48. D.D. Guttenplan, «The Holocaust on Trial,» en Atlantic Monthly (Febrero 2000), 62 (pero véase el texto más arriba en dónde Lipstadt iguala el dudar del testimonio de un sobreviviente con negación del Holocausto)
4)– Wiesel, AR Rivers, 121 – 30, 139, 163 – 4, 201 – 2, 336. Jewish Week, 17 Septiembre 1999. New York Times, 5 Marzo 1997.
5)– Leonard Dinnerstein, America and the Survivors of the Holocaust (New York: 1982), 24.
6)– Daniel Ganzfried, «Binjamin Wilkomirski und die verwandelte Polin,» en Weltwoche (4 Noviembre 1999).
7)– Marilyn B. Young, The Vietnam Wars (New York: 1991), 301 – 2. «Cohen: US Not Sorry for Vietnam War,» en Associated Press (11 Marzo 2000).
8)– Para el trasfondo, véase esp. Nana Sagi, German Reparations (New York: 1986), y Ronald W. Zweig, German Reparations and the Jewish World (Boulder: 1987). Ambos volúmenes son historias oficiales comisionadas por la Conferencia de Demandas
9)– En respuesta a una pregunta recientemente formulada por Martin Hohnmann, miembro del Parlamento alemán (DCU), el gobierno de Alemania reconoció (si bien que en un lenguaje enrevesado) que solamente el 15% de los valores pagados a la Conferencia de Demandas benefició realmente a las víctimas judías de la persecución nazi. (comunicación personal, 23 de Febrero 2000).
10)– En su historia oficial, Ronald Zweig reconoce explícitamente que la Conferencia de Demandas violó los términos del acuerdo: “El flujo de los fondos de la Conferencia le permitió al Joint (Distribution Committee) continuar con sus programas en Europa que de otro modo habría abandonado, y a encarar programas que de otro modo no hubiera considerado por falta de fondos. Pero el cambio más significativo en el presupuesto del JDC como resultado de los pagos de indemnizaciones, fueron los aportes a los países musulmanes en dónde las actividades del Joint aumentaron en un 60 por ciento durante los tres primeros años de los aportes de la Conferencia. A pesar de las restricciones formales sobre el uso de los fondos de indemnizaciones existentes en el acuerdo con Alemania, el dinero fue utilizado allí dónde las necesidades eran mayores. Moses Leavit (un funcionario principal de la Conferencia de Demandas) . . . observó: »Nuestro presupuesto estuvo basado sobre la prioridad de las necesidades tanto dentro como fuera de Israel, los países musulmanes, todo incluido . . . No consideramos a los fondos de la Conferencia sino como parte de un fondo general puesto a nuestra disposición a fin de enfrentar el área de necesidades judías por la que éramos responsables, el área de la mayor prioridad.” (German Reparations, 74).
11)– Véase, por ejemplo: Lorraine Adams, «The Reckoning,» en Washington Post Magazine (20 Abril 1997), Netty C. Gross, «The Old Boys Club,» y «After Years of Stonewalling, the Claims Conference Changes Policy,» en Jerusalem Report (15 Mayo 1997, 16 Agosto 1997), Rebecca Spence, «Holocaust Insurance Team Racking Up Millions in Expenses as Survivors Wait,» en Forward (30 Julio 1999), y Verena Dobnik, «Oscar Hammerstein’s Cousin Sues German Bank Over Holocaust Assets,» en AP Online (20 Noviembre 1998) (Hertzberg).
12)– Greg B. Smith, «Federal Judge OKs Holocaust Accord,» en Daily News (7 Enero 2000). Janny Scott, «Jews Tell of Holocaust Deposits,» en New York Times (17 Octubre 1996). Saul Kagan leyó un borrador de esta sección sobre la Conferencia de Demandas. La versión final incorpora todas sus correcciones específicas.
13)– Elli Wohlgelernter, «Lawyers and the Holocaust,» en Jerusalem Post (6 Julio 1999).


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Estafa de sobrevivientes del holocausto? por Norman Finkelstein se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.
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¿Holocausto? – EEUU y el monopolio de las cámaras de gas

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Cuando alguien menciona la IMPOSIBILIDAD de haber sido muertos 6.000.000 de judíos por gas, en los campos de concentración alemanes, consigue en el acto, dos enemigos; que deberían ser los primeros en alegrarse con el hecho; el sionismo y el gobernante alemán.

El primero, por ser el responsable directo por la MENTIRA DEL SIGLO, responsable por haber introducido ésa MENTIRA en la propia COMUNIDAD JUDAICA, que así como los demás, no tuvo por qué, no creer en algo que, por falta de divulgación por un lado; y control de las informaciones por otro; no venía siendo puesto en duda.

¡LA DESESPERACIÓN del sionista para no ser, en el futuro, tildado de MENTIROSO; lo obliga a presentar, cada vez más películas y cuentos, sobre los alemanes y sus campos de concentración, o sus «maldades» y «perversidades»…!

Esa insistencia, completamente sospechosa, y más los actos de guerra y terrorismo, perpetrados por Israel contra sus vecinos Egipto, Jordania, Líbano, Siria, Irak, y la expulsión y dispersión de palestinos, diariamente asesinados, contra soldados de la ONU, actos que ya resultaron en millones de víctimas en éstos 40 años de su «independencia«; dejan a los espectadores cada vez más convencidos de que fueron engañados todos éstos años.

No es en vano que vemos manifestaciones de judíos  mas bien lúcidos, — y honestos; — con manifestaciones en Nueva York, gran ciudad Judaica, ciertamente la mayor «Jerusalén» del mundo actual, exhibiendo carteles públicamente, donde se lee: «ISRAEL IS A CÁNCER FOR JEWS«. o sea, ISRAEL ES UN CÁNCER PARA LOS JUDÍOS.

El segundo, totalmente connivente con los vencedores, en la calidad de dirigente de un país ocupado, gobernante gracias a la derrota de su patria, tampoco desea alguna disminución del número de judíos muertos, pero por un motivo aun más fuerte, pues en vez de promover una revisión de las historias, pasivamente indemnizó, 6.000.000 de ellos.

Existen enormes sospechas de haber sido hechas verdaderos negociados en las indemnizaciones, tanto en lo que toca al supuesto y pretendido número de «víctimas«, como en lo correspondiente a las indemnizaciones de propiedades. Cualquier alteración de ése número dejaría al dirigente en dificultades, además de conferirle el inevitable Diploma de Burro, que tendría que pasar a usar oficialmente…

Un lector me escribió para que yo presenciase a fin de mes, en cualquier consulado alemán, la fila de miembros de la comunidad judaica, que allá van a buscar sus indemnizaciones, él escribió que se quedó asombrado…

¡Yo creo que ése dirigente alemán va a perder su rico empleo aún en este siglo, y quien va a ayudar a que eso suceda, es su propio hijo, o nieto!…

Cada «testigo ocular» describe las cámaras de gas de forma diferente, cada vez; a veces son duchas de donde sale gas en lugar de agua, sin explicar como el gas llega a la ducha cuando se abre la llave… Otras veces, el gas sale de tubos llenos de agujeros; otras veces, el gas era arrojado en forma de copos (como el jabón de máquina), por pequeñas aberturas en el techo de las «cámaras», etc. etc… Existían «cámaras de gas» para 500 y hasta para 10.000 personas a la vez…

En algunas cabían de 40 a 80 personas por metro cuadrado… Simón Wiesenthal explica que la industria de la muerte en Auschwitz era TAN SECRETA, siguiendo órdenes de Berlín, que poquísimos oficiales alemanes y soldados alemanes, estaban a la par de lo que allí ocurría… ¡Qué secreto!- ¡Qué perfección!…

Matar seis millones, o sea, la población de toda la ciudad de Río de Janeiro, con media docena de militares, y aún en el mayor secreto, con maquinaria y equipos que NADIE AÚN FUE CAPAZ DE RECONSTITUIR… ¡sin que dos personas hasta hoy puedan describirlos de la misma manera!

(Cortar cabello, arrancar dientes de oro, examinar una por una todas las aberturas naturales del cuerpo de toda ésa gente, en busca de oro, joyas, diamantes y dólares, para finalmente transformarlos en ceniza y humo en los hornos crematorios, SIN DEJAR UN SÓLO TESTIGO OCULAR QUE MEREZCA NUESTRO CRÉDITO; ÉSO ES PERFECCIÓN Y SECRETO EN DEMASÍA PARA MI GUSTO!.

Los Estados Unidos, siempre tan «inteligentes» y eficientes en el espionaje y en su Central de Inteligencia (CIA) no siempre tan inteligente, se llevaron millares y millares de patentes industriales alemanas, después de la guerra. Simplemente las confiscaron, LAS ROBARON. La única cosa que no llevaron, fue el secreto de cómo matar seis millones de personas sin dejar rastros.

Por ése motivo explicaré cómo ellos, los norteamericanos, ejecutan sus criminales, POR FALTA DE TECNOLOGÍA: ¡en cámaras de gas!

En la prisión estatal de Maryland, en Baltimore, PARA EJECUTAR APENAS UN CONDENADO, es necesario observar y ejecutar cuarenta (40) prescripciones de manipulación del equipo de la cámara.

Los preparativos para la ejecución REQUIEREN DOS DÍAS, en un total de 16 horas de trabajo. Dos funcionarios, especialmente nombrados, acompañan, cada uno, su lista de control y tests. Entre los primeros actos es comprobada toda la estructura estanca de la cámara, bombas, compartimientos, cepillos y todo el sistema de exahustores. A continuación siguen otros 15 detalles individuales antes de que el condenado sea introducido en la cámara.

Él entra entonces, y es amarrado fuertemente en una silla. Un aparato EKG es traído a la cámara y un terminal es fijado en su cuerpo para indicar cuándo morirá. Se siguen otros 9 tests y controles diversos, hasta la cuidadosa entrada de los productos químicos debidamente proscriptos, entre los cuales está el gas.

Sigue la estancación total de la puerta. Después de que el aparato EKG indica la muerte del condenado, siguen nada menos que 14 diferentes instrucciones, para retirar el gas venenoso por medio de los exahustores, y la chimenea; y entra en funcionamiento un equipo automático de agua a presión.

Con la cámara aparentemente limpia, entran en ella el médico y dos asistentes, TODOS PROVISTOS DE MÁSCARAS ANTIGASES; Y ROPA Y GUANTES DE GOMA.

El médico sacude el cabello del condenado difunto, para retirar las moléculas de veneno que aún existen, los asistentes, con mangueras de agua a presión, lavan cuidadosamente el cuerpo del ex criminal, así como todas sus aberturas naturales, y de modo especial su boca.

En San Quintín, prisión de San Francisco (California), la cámara de gas está situada en el sexto piso, teniendo una chimenea de más de 30 metros de altura. Cuando se retira el gas, con todo el sistema de filtraje que existe, después de las ejecuciones, hay gaviotas en los tejados que caen muertas al suelo, lo que provocó las protestas de la Sociedad Protectora de Animales.

Es interesante notar que en Auschwitz nadie vio algún miembro de las SS, o algunos pajaritos caerse muertos del tejado…

¡Para una operación de 16 horas, con el objeto de ejecutar un condenado, en los EEUU; los alemanes ejecutaban millares a cada 16 minutos, sin exahustores, sin chimeneas, sin máscaras antigases, sin guantes, sin nada!.

Lo que los «testigos» nunca explicaron es para dónde iban las nubes de gas que tenían que estar en el interior de las «cámaras«, principalmente, teniendo en cuenta, que próximo al lugar en el que afirman que estaban las «cámaras de gas», existía el pabellón hospital de los soldados alemanes, y la alberca, y el campo de fútbol para los prisioneros…

Esas nubes, ciertamente habrían alcanzado también los alojamientos de los prisioneros…

¿Saben porqué no sucedió éso? ¡¡¡PORQUE NUNCA EXISTIERON!!!

Serge Klarsfeld, que participó activamente en el proceso contra Klaus Barbie, en Lyon, estuvo de acuerdo, recientemente, en que hasta el momento, realmente no fueron presentadas pruebas consistentes, sobre la existencia de cámaras de gas. ¡¡¡PERO ÉL PROMETE ÉSAS PRUEBAS!!!

Si en casi medio siglo, un cazador de brujas como Klarsfeld no encontró UNA ÚNICA PRUEBA REAL de la existencia de cámaras de gas; ¿porqué se permite tal leyenda y la posterior DIFAMACIÓN Y EXTORSIÓN DE ALEMANIA ANTE EL MUNDO?

¿Será que tendremos que esperar otros cincuenta años, para entonces aparecer una «prueba», que vuelva ésa leyenda una realidad?

¡Parece que sí, pues Serge PROMETIÓ!…

Por S.E.C.

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