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Medellín: dos ciudades y un solo nombre

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Cuando en Medellín de Badajoz, la villa española de la que Medellín de Antioquia toma su nombre, muere una persona de 90 años, les parece que falleció relativamente joven.

Con más de 2.000 años, como es de suponerse, los distintos grupos humanos que la han habitado –romanos, visigodos, musulmanes y cristianos–, pertenecientes a épocas disímiles de la historia –Edad Antigua, Edad Media, Renacimiento, Edad Moderna, Edad Contemporánea– han dejado en ella su impronta.

Esas señales del pasado quedan representadas en un puente, el de los Austria; un castillo, el Medellín; unas iglesias –tal vez demasiadas para sus 2.306 habitantes, según datos del año pasado–, Santa Cecilia, Santiago, San Martín; un teatro romano; fragmentos de murallas y de una puerta de entrada, elementos, estos últimos, la muralla y la puerta, para recordar que en tiempos idos los poblados europeos vivían en zozobra, temblando ante posibles ataques.

El puente, cuenta Darío Pérez, un bodeguero extremeño de un pueblo de Cáceres, se ganó el premio a la mejor obra extremeña en 2002. “Pese a la destrucción de parte de su patrimonio mantiene un gran legado arquitectónico y romano. La plaza de la ciudad, dedicada a Hernán Cortés, y que se reordenó a finales del siglo XIX, destruyéndose 23 casas, entre ellas la de Hernán Cortés”.

Ese territorio atravesado como el nuestro por un río, el Guadiana, aunque allá de este a oeste y el de aquí de sur a norte, se diferencia de nuestra Medellín en que es más bien plana y con unos cuantos cerros que se levantan en el paisaje, mientras la nuestra es una geografía quebrada, con un valle más bien estrecho.

“Es espectacular –sigue Darío– divisar desde la montaña del castillo, las vegas del Guadiana a sus 360 grados alrededor. Por doquier encuentras restos romanos, y se vienen descubriendo muchas villas romanas que estaban soterradas”.

Más detalles

Del mismo modo que la historia nuestra no comienza con la fundación hecha por los españoles, sino que el territorio estuvo habitado por los pueblos aburráes desde el siglo V antes de nuestra era, Medellín de Badajoz no comenzó su vida civil con la fundación de los romanos, en el año 79, antes de Cristo.

Antes de eso fue habitada por los conios, un pueblo prerromano cuyo poblado fue destruido por los lusitanos, quienes serían sometidos, ellos sí, por los romanos, entre el 61 y el 60 antes del año cero.

Dieciocho años después fue fundada por el político tartamudo Quinto Metelo Pío (también escrito Quintus Caecilius Metellus Pius).

Dice la historia que del apellido de ese gobernador deriva su nombre. Por su parte, el escritor colombiano Enrique Serrano López (¿Por qué fracasa Colombia?) señala que Medellín es un nombre de origen árabe, plural de Madina’ in, que quiere decir dos ciudades. Con ese nombre se referían a que era una ciudad doble, que crecía a lado y lado de un río.

La presencia del Imperio era fuerte en esta región. Varias obras de infraestructura fueron construidas. Entre ellas, un puente sobre el mencionado río, un teatro, un castillo.

En la página web Viajar por Extremadura explican que fue un punto estratégico y que “la riqueza agrícola de sus tierras, clave para romanos, visigodos, árabes y cristianos, que fueron dejando a lo largo del tiempo su impronta en la ciudad y sus alrededores”.

Si en ese municipio están orgullosos porque fue cuna de Hernán Cortés en 1495, el conquistador de México, y de unos 280 metelinenses que abandonaron su tierra para embarcarse en la empresa americana, también lo están porque, al parecer, fue en una escena sucedida allí que Pedro Calderón de la Barca se inspiró para parte de la trama de La vida es sueño.

Era el siglo XV y la señora Beatriz de Pacheco, titular del entonces condado de Medellín, encerró por años a su hijo en unas mazmorras, por ser partidario de negociar con el bando de la reina Isabel la Católica.

La Medellín nuestra, fundada por españoles en 1616 –comenta el historiador Germán Suárez Escudero– vino a incluir este nombre en 1675, cuando fue bautizada Villa de Nuestra Señora de La Candelaria de Medellín por el gobernador de la provincia de Antioquia Miguel de Aguinaga y Mendigoitia, en honor a un protector suyo, don Pedro de Portocarrero y Luna, conde de Medellín –en Extremadura– y comendador de Indias, “quien apoyó siempre la creación de la villa”.

Medellín –otra vez la nuestra– fue renombrada como Medellín, en 1813, cuando fue elevada a la categoría de ciudad.

“Resulta curioso –menciona el historiador Suárez Escudero–, que en más de 2000 años la Medellín española no haya crecido”. Sigue siendo una pequeña villa, dedicada a la agricultura. Darío precisa que “es una ciudad rica por su agricultura avanzada y tecnificada, gracias a la abundancia de agua y la actividad turística”.

Lleva Medellín de Badajoz una vida tan apacible. El periodista Alberto Velásquez Martínez cuenta que no es raro ver a los viejos en la plaza, cerca de la casa donde afirman que nació Hernán Cortés, jugando dominó.

El cotilleo es común. Cuando él visitó esta localidad había un enfrentamiento entre el cura y el alcalde y esta era la materia de las conversaciones de todos. En episodios como este –dice Velásquez– debió inspirarse el escritor italiano Giovannino Guareschi para escribir Don Camilo.

El abogado Felipe Velásquez, de su visita a Medellín recuerda más la estatua de Hernán Cortés pisando la careta de un indígena, la cual ofende a los mexicanos. Y la temperatura, que no se enmarca en los datos que se leen en las páginas de internet, de una mínima de 8° C y una máxima de 23° C. Fue en verano y el calor superaba los 30°. El suelo era más bien árido.

Una visita

El Medellín de España es un pueblo pequeño. En la plaza no hay iglesia, como en cualquier pueblo antioqueño, aunque sí está el ayuntamiento, que es lo mismo que decir alcaldía. En la mitad está la estatua mencionada de Cortés, con un Méjico en letras mayúsculas.

María Paula Botero Márquez, quien vive en Madrid, pero es del Medellín colombiano, estuvo hace dos semanas. Iba para Cádiz, Andalucía, y cuando vieron el nombre de Medellín, se emocionaron y entraron. “Es un pueblito muy pequeño, atravesado por un río y la arquitectura es muy romana”.

No se le pareció a su Medellín. En nada, pese a lo del río que las atraviesa. El Guadiana, que en fotos se ve azul, limpio, y en color no se acerca al café que corre paralelo al metro.

A María Paula le causó gracia que a la orilla del río la gente se asolea, como si fuera la playa. Lo más cercano a asolearse por el río de estas tierras llegó hace poco, con Parques del Río. Bañarse en él, imposible por ahora.

El pueblo del otro lado del océano se recorre caminando, y hay algunas calles de piedra, aunque también de pavimento, cuenta la joven.

“Solo se nos pareció en el nombre –sigue ella–, pero nada más. La gente sabe que existe Medellín, Colombia, y te dicen, ah, pero este es Medellín, España. Lo reconocen”.

Nada de bandeja paisa. María Paula cree que por estar cerca al sur se comen muchos mariscos y pescados. Ni un chicharrón o unos frijoles cercanos a estas tierras.

Del clima, para ella hizo calor, porque en España por estos días están en verano. Dice que, también por estar al sur, el verano es fuerte y el invierno es suave.

“Nos explicaron que viven del cultivo de Tabaco, y que su economía, en general, funciona por lo agrario. Hay muchos cultivos de trigo y de olivo”.

Medellín está situado en el centro de la comunidad autónoma (lo que son departamentos para nosotros) de Extremadura.

Darío lo explica así: “La comunidad autónoma comprende dos provincias, Cáceres y Badajoz. En esta última está Medellín. En verano, en su teatro romano, se festejan los festivales sobre obras y tragedias clásicas griegas y romanas, así como festivales y conciertos. Está ubicada a 88 kilómetros de Cáceres, ciudad digna de visitar por su casco antiguo renacentista y de mucha historia y cultura de la América Hispana. Medellín está además a 325 kilómetros de Madrid y a unos 1.000 de Barcelona. De Sevilla, impresionable ciudad, está a 231 kilómetros”.

Medellín de Medellín está a más de diez horas de avión y algunas en carro y, es más, no son las únicas medellines del mundo. Contamos tres más: Medellín, localidad del departamento Atamisqui de la Provincia de Santiago del Estero, en Argentina; Medellín, municipio de la provincia de Cebú, en Filipinas, y Medellín, una localidad del estado de Veracruz de Ignacio de la Llave, en México.

Un solo nombre, para distintas medellines.


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DETALLES DE MEDELLÍN, ESPAÑA

· Provincia de Badajoz

Comunidad Autónoma de Extremadura.

· País: España.

Fundación: romana, año 79 antes de nuestra era.

Altura: 264 msnm.

Distancia de Madrid: 325 km.

Superficie: 65 km2

Población: 2.306 habitantes (en 2015)

Gentilicio: metelinense.

Clima: mediterráneo subtropical. Temperatura promedio al año: 15,8° C. Invierno 8,2° C y verano 23,6° C

Economía: agraria: cultivos de trigo, cebada, uva y olivo.

· Nombre de Medellín: Se nombra Metellinum, en honor a su fundador, el cónsul Quintus Caecilius Metellus Pius.

Topografía: plana. Solo algunos cerros: Sierra de Enfrente, 370 m; Remondo, 362 m, y Sierra de Yelbes, 392 m.

Río que lo atraviesa: Guadiana, de este a oeste.


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DETALLES DE MEDELLÍN, COLOMBIA

· Departamento y país: Antioquia, Colombia

· Fundación: colonial, 2 de marzo de 1616.

Superficie: 382 km2 (1.152 km2, Valle de Aburrá)

· Altura media: 1.495 msnm.

· Distancia de Bogotá: 414 km.

· Clima templado. Temperatura promedio: 22° C. No estaciones.

· Población: 2’464.322 habitantes (cálculo 2016)

· Gentilicio: medellinense

Primer nombre con palabra Medellín: Villa de Nuestra Señora de la Candelaria de Medellín, 1670. Nombre Medellín: 21 de agosto de 1813.

· Capital de Antioquia desde 1826.

· Río que lo atraviesa: Medellín, de sur a norte

· Topografía: un valle que presenta ondulaciones y las laderas que lo conforman están pobladas de humanos.

· Cerros que se destacan: Nutibara, El Volador, Picacho y Pan de Azúcar.

· Economía: industria, servicios y comercio.


Por Mónica Quintero Restrepo y John Saldarriaga
Con información de El Colombiano

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Árabes en Macondo – Diáspora árabe en América

En homenaje a los diez años del fallecimiento del poeta, investigador y gestor cultural Jorge García Usta, la editorial Áncora Editores hace una recopilación de algunos de sus poemas y ensayos en el libro ‘Árabes en Macondo’. Arcadia comparte algunos extractos de un capítulo sobre la emigración árabe en el que el tema central es la llegada de sirios, libaneses y palestinos a las tierras americanas.

Izquierda: Portada del libro. Derecha: Shakira en la semana árabe organizada por el Centro Cultural Colombo Árabe. (1988) ©arcadia
Izquierda: Portada del libro. Derecha: Shakira en la semana árabe organizada por el Centro Cultural Colombo Árabe. (1988) ©arcadia

La emigración árabe

I. 100 años en busca de la segunda patria

También con la maleta de supervivencia, pero de procedencia siria, Jorge Báladi, un emigrante de excepción de algo más de treinta años que ha salido de Damasco, por su firme y riesgosa militancia política, observa a bordo del barco Argentina, de 18 mil toneladas, a un grupo de sonrientes alemanes, recogidos en Cannes y que vienen como él a América. Pero mientras que Báladi viene a labrarse un camino difícil, los alemanes, son conducidos a un intercambio cultural. Lo que se comenta en el barco es que a los alemanes los traen “para que los gringos les muestren su democracia”.

En el barco deambulan además tres centenares de italianos embarcados en Génova y Nápoles, rumbo a Nueva York, donde sus compatriotas —con paciente, metódica y muchas veces violenta organización de clanes familiares— tienen ya gran parte de los negocios más poderosos de la ciudad en sus manos. En el Argentina vienen algunos sirios, además de la hermana de Báladi, Georgette, su esposo Emilio Manzur y sus dos hijos, Rauf y Rosy. La familia tuvo que salir de Palestina hacia Siria, ante las amenazas de invasión en la turbia noche de la creación del Estado Sionista. La madre de Jorge y Georgette Báladi, Adele Khayata, les recomendó la salida hacia América, aunque fuera de manera temporal.

(…)

Al igual que otros grupos sociales y étnicos de la ciudad, aunque con algunas excepciones, los árabes tuvieron que atrincherarse, al principio, en los límites de su  territorio social, en la pirámide social de la Cartagena feudal de entonces. Aproximadamente hasta 1930, la mayoría de ellos vivió en la Calle Larga, en las vecindades del mercado. Inclusive, a pesar de traer un pasado fragoroso de discordias religiosas, especialmente entre cristianos y musulmanes, el tácito pacto de paz establecido  se convirtió sin problemas en tratos de paisanaje, con cordialidad diaria, atenciones recíprocas en casa y evocaciones de las tierras lejanas.

Aquello no significaba la deposición individual de los principios religiosos: los musulmanes seguirían pensando que la minoría cristiana sirvió a la intromisión europea para desmembrar el futuro de una grandiosa nación siria, y los cristianos se referían a la horca de “los moros”.  Pero estas recriminaciones fueron languideciendo ante la perspectiva de un futuro exigente en tierra ajena y en una ciudad cuya aristocracia peninsular no se pondría en distinciones religiosas triviales: para ella, todos eran “turcos” sin alfanje, advenedizos mezclados con el resto de la población, con la diferencia de su inquietante obstinación empresarial que ya, a principios del siglo XX, había convertido a tres o cuatro familias en poderes económicos indiscutibles en la ciudad, con grandes inversiones en bienes raíces y centros de comercio.

(…)

La mayoría de los emigrantes buscó la ruta incierta de la América cerril de entonces por razones económicas. La aventura, anunciada en los vecindarios árabes como una salida de apuros y acompañada, tenía de fondo los destrozos regionales ocasionados por el dominio turco. Contra los argumentos de algunos emigrantes, que parecen tener sus bases en la subjetividad defensiva de algunos de ellos (que hablan de ventajosas condiciones de trabajo en el Medio Oriente descuadernado de fines del siglo XIX), la emigración comenzó desde mediados de dicha centuria, cuando el imperio otomano daba sus primeras boqueadas agónicas. “Fueron motivos religiosos, y hubo alguno de problemas económicos”, dice Teófilo Barbur, un comerciante que llegó en 1923. “Aunque no se diga, en verdad, el 95 por ciento de los emigrantes salió por razones económicas”, sostiene Jorge Báladi.

(…)

Era un torrente de jóvenes empleados y desempleados sirios, libaneses y palestinos, que empezaron de la única forma posible, con pocas excepciones: vendiendo mercancías, gracias al apoyo de algún familiar o paisano, del que se separaría, inevitablemente, uno, dos o tres años después para formar y dirigir un negocio propio. Este era el sueño dorado de la época, al inicio de la carrera, y también el destino invariable: una tienda, con su mostrador de buena madera, su tijera inmensa, los bloques de ropa arrumados en los mostradores o las provisiones de víveres alineados al lado de la hamaca, las latas de tajine, el retrato de la madre lejana.

II. Tienda y telas, primeras piedras en el camino

A Mustafá Kemal muy afectuosamente

Locales y locales y locales
de turcos y más turcos… ¡Quién diría
que sin fez y con fines comerciales
se nos volcase allí media Turquía,
para vender botones con ojales
y ojales sin botones! … Y de día
merendar, entre agujas y dedales,
quibbe, pepino, rábano, sandía!…
Y en tanto, milenarias, indiscretas,
las carretas aún violan esa faja
que ha invadido Estambul y el sol abruma,
pues no han muerto esas fósiles carretas,
como aún viven, después de la tinaja
y el lebrillo, el anafe y la totuma!…

Luis Carlos López
1936

III. Las barreras del idioma y las compras callejeras

A pesar de su escritura semítica, de derecha a izquierda, y de sus lógicas turba-multas lingüísticas, los árabes lograron sobreponerse a esta barrera, que fue, sin duda, durante algún tiempo más difícil que la aduana colombiana. Sin embargo, hubo —y hay— casos extraordinarios de enredos para abordar el español. Uno de antología, siempre comentado en el Sinú, es el de la señora Isabel Nassar. Cuando se le preguntaba dónde vivía, la señora Nassar, descomplicada y amable, respondía enigmáticamente: “Cínica de Puntián”, que pretendía traducir “Ciénaga de Punta de Yanez”, aunque usted no lo crea. A todo esto se sobrepuso el ansia de sedentarismo y de seguridad social. “El árabe quería hacer su casa y comer bien, no tenía otras presunciones”, dice una de sus descendientes. De allí quedaron en Cartagena restaurantes sensuales y muestras aisladas de una arquitectura de ensueño, en barrios como Manga, Getsemaní, Bocagrande y Pie de la Popa.

(…)

Los apuros de los primeros tiempos de la emigración se reflejaron también en los hábitos domésticos, que no excluían la colaboración laboral pública de las mujeres de la casa, y terminó por ser una tradición, alentada por los padres de familia.

Bellas árabes de ojazos balsámicos, cuyas pantorrillas, según algunos piropeadores del Sinú, parecían ensambladas con molduras de nácar, se levantaban a las cuatro de la mañana para hacer diabolines. O se les veía haciendo compras en el mercado de Getsemaní y volviendo a un caserón en Bocagrande o a un taller de zapatería en la Calle de la Media Luna. Esta devoción por el trabajo originó un dicho popular:

“Vas más cargada que una turca”. Los patriarcas seguían caminando por la casa o cortando telas en la tienda y exclamando: “Este es un pueblo hospitalario. Pero, ¡ay de aquel que debe abandonar su patria!”.

IV. Historias de muchachos por los puertos de América

La primera empresa fuerte de emigrantes, capaz de competir en importancia con las de algunas familias señoriales cartageneras, fue la Casa Rumié Hermanos, cuya extensión en el país y el continente marcó la ruta de los siete hermanos que la fundaron. La sede principal se fundó en Nueva York en 1904, con el nombre de Rumié Brothers of New York, Inc., en la Cunard Building de Broadway. Dos años antes de la fundación de la sede principal de la firma, una parte de los hermanos había llegado a Cartagena: Elías, Miguel, Alejandro, Abraham y José. Los tres primeros se quedaron en Cartagena, los dos últimos se fueron a Chocó y Montería, a abrir frentes de comercio para importación de artículos extranjeros que la Casa Rumié encabezó en Cartagena hasta la tercera década del siglo XX.

Vendían arroz, alambre, cemento, fuel-oil y hasta papel de imprenta, galletas de soda, manteca americana, hierro corrugado, rulas Collins e inclusive whisky. En sus mejores tiempos tuvieron una fábrica de velas esteáricas, de nombre Flor del Chocó, y comerciaban tagua, café y algodón a través de su bien equipado Vapor Cartagena, que navegaba entre Cartagena y Quibdó con escala en Tolú y otros puertos intermedios.

 (…)

No muchas de las prácticas culturales ni de las prédicas religiosas se han transmitido a las generaciones venideras, y muchos nietos no saben de qué lado del mundo llegaron sus abuelos ni la razón de aquellos cantos pasionales ni de esa enigmática escritura de atrás para adelante. Los primeros emigrantes y otros pocos de las últimas y pequeñas migraciones sí mantuvieron los lazos de comunicación con sus familias, escribiéndose con regularidad o retornando después de quince o veinte años (y esto lo han hecho muchos) a Líbano o Siria. Saludaban a sus madres y hermanos, redescubrían los cambios de sus barrios, el aire de guerra eterna de la región, y regresaban luego a Colombia, su segunda y definitiva patria, en donde, sin remedio, se habrán de quedar sus huesos.

*Todos estas secciones fueron tomadas de distintas ediciones de 1984 del periódico El Universal .  

Por Jorge García Usta
Con información de Arcadia

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La poesía, lo imposible realizable

palestino (2)

Para muchos incrédulos la poesía a cada tanto sufre de catalepsia. Ese trastorno  nervioso produce en los humanos una inmovilidad y rigidez que en muchos casos presupone la muerte. Miles de casos registra la historia de personas que a punto de ser enterradas se incorporan en la camilla o en el féretro y regresan de la catalepsia, de una pequeña expedición por la muerte. Otras veces los forenses se dan cuenta de su error cuando practican una exhumación, y descubren, muy a su pesar, el terrible error de haber enterrado a quien estaba vivo. Por algo la etimología de la palabra griega catalepsia significa sorpresa. Lo mismo pasa para asombro de muchos con la poesía, que a veces parece hibernar en un sopor intrascendente, en una falta de aliento o en una parálisis de estatuaria, pero que muchas veces vive en la trasescena una vida real y plena, lejos de lo que Paul Valery llamaba “la antigua industria de lo bello”.  No pocos se apresuran a enterrarla, como ocurre en las sociedades pragmáticas que repelen el sueño y la utopía, en esto que hoy llamamos “lo imposible realizable”.

Me agrada señalar esta apreciación en una ciudad con fama de fenicia, de valoradora solamente de lo que tintinea, en un conglomerado que no pocas veces reemplaza el tic tac del corazón por el sonido de una máquina registradora. Y en una ciudad que, precisamente, sin alardear de la cantidad, convoca hace 25 años cuando nos atronaban las bombas, el imposible realizable de poner como centro de resistencia la palabra poética durante unos días de extraño y febril festejo. Por fortuna la poesía, una musa cataléptica para una sociedad desvitalizada y mustia que todo lo mide en el poder adquisitivo, no fue enterrada viva sino que pudo despertar de un velorio adelantado por el tartufismo y el expolio, por aquello que John Kennedy Toole llamaría “la conjura de los necios”, incluídos dentro de esta conjura los expoliadores, los correcercas, la derecha perseguidora desde diferentes capas de la sociedad y de no pocos medios de comunicación. La derecha extrema siempre ha intentado ignorar la libertad que propician la poesía y el pensamiento libertario, y lo hace a través de la imposición de la banalidad en las artes y del caudillismo político. Lo decía con su claridad habitual Walter Benjamin: “a la violación de las masas, que el fascismo impone por la fuerza en el culto a un caudillo, corresponde la violación de todo un mecanismo puesto al servicio de la fabricación de valores culturales”.

La poesía es también el afincamiento del individuo y a la vez el punto de encuentro con el otro, un asunto que no admite la uniformidad, la sumisión ni el unanimismo, el espíritu gregario ni la idea de que lo imposible no sea realizable. Todo es realizable desde el poema. Todo  lo que atañe al hombre le atañe a la poesía y no solo cuando habla de la paz ejerce una praxis política. Lo hace a través de casi todo hecho artístico y cultural, a contramarcha de todo totalitarismo, nacido en cualquier orilla. La poesía ama los fines libertarios pero no lo hace desde ningún medio que contemple la destrucción por la destrucción, la escisión del hombre del legado de la naturaleza. En la reparación de víctimas, ¿cuál de los bandos reparará la naturaleza muerta? La enseñanza de Camus de dudar de los medios que a toda costa buscan un fin, es también y de manera evidente el camino del arte, un talante que contempla un camino de ida y venida entre la ética y la estética. Hablo como militante de mí mismo cuando digo que cada vez soy más consciente de mi repulsa a la guerra. Hace mucho creo que quien esgrime un arma ya está derrotado, así triunfe en el conflicto.

Quien ama la guerra, y de ahí el lenguaje barbarizado y primario de quienes se oponen a la paz, se odia a sí mismo sin darse cuenta de que practica la autofagia. Sólo ama la guerra quien se beneficia de ella. Creo que ya es hora de desatrasar el reloj estático de una caduca confrontación y de ponerlo en la hora de escucharnos, de desaturdirnos en medio de una coral de dogmas aplastados por las explosiones. Y ya es hora también de que un estado entreguista deje de vender nuestras riquezas al pulpo del capital mientras habla a boca llena de la patria.

No quiero extenderme sin antes decir que más allá de lo que tenga ocurrencia final en las conversaciones de La Habana, que creo y deseo que termine con un acuerdo de paz y reconciliación, siento como un deber propiciar lo que esté a nuestro alcance por la paz. Que es lo que en últimas hemos hecho todos los que nos dedicamos, con logros o sin ellos, a transitar los caminos pedregosos del arte. En cuanto a  la vieja consigna setentera de un poeta español que afirmaba que “la poesía es un arma cargada de futuro”, creo que es más justo, metafóricamente hablando, decir que es un arma cargada de presente. O si no, ¿para cuándo vamos a dejar el porvenir? Me parece esa divisa de Gabriel Celaya muy cercana a la de un tendero malicioso de mi infancia que colgaba a sus espaldas un cartelito que decía: “hoy no fío, mañana sí”, en una caligrafía de emergencia. El presente es, para bien o para mal, un futuro ya cumplido.

Para finalizar quisiera narrar una historia sobre el carácter social de la poesía. En un viejo filme -o a lo mejor fue en un sueño-, se registra el pabellón de un hospital con decenas de camas y de heridos. Solo uno de ellos tiene acceso a una ventana con vista a la calle. El hombre entreabre sus dos hojas y cuenta lo que pasa en el afuera: una mujer joven cruza bajo un paraguas rojo, dos niños patean un balón entre los charcos, una monja casi enana les da comida a las palomas del parque, una pareja de novios se besa a la entrada de un café, un cartero se empina frente a un timbre…

Una noche el enfermo que narra los sucesos muere y, por supuesto, todos quieren su camastro con vista a la calle. Cuando el hombre al que le asignan su lecho entreabre la ventana, descubre asombrado que solo hay al frente un muro infranqueable de ladrillo que le impide a cualquiera ver el paisaje. Creo que no hay nada más parecido al poeta que el personaje de esta historia. Se trata de alguien capaz de fabular desde el encierro, de alguien que puede ver más allá del muro cerrado del presente, de alguien que desde la condición de reo del mundo fabula nuevos mundos. Sin duda se trata de una poderosa analogía sobre la insatisfacción con la más pedestre realidad.

No importa si los burócratas de la cultura o de la política, de una orilla o de otra, lo entienden o no. Bien vale la pena recordar estos versos de Auden, el insumiso poeta de York:

“Nuestros burócratas seguirán construyendo
este mismo jaleo sin gracia que es la Historia:
todo lo que nosotros rogamos es que los artistas,
los cocineros y los santos, sigan sin hacerles caso”.

Por Juan Manuel Roca
II Cumbre Mundial de la Poesía por la paz y la Reconciliación en Colombia. Festival Internacional de Poesía de Medellín.

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Una suerte de Evangelio según Giovanni Quessep

Perfil del poeta y ensayista Giovanni Quessep (Sucre, 1939), ganador del Premio Mundial de Poesía René Char en su primera edición, invitado al Festival Internacional de Poesía de Medellín.

Para Giovanni Quessep Dios es una especie de infinito azul ©El Espectador
Para Giovanni Quessep Dios es una especie de infinito azul ©El Espectador

En uno de los pueblos más añejos del departamento de Sucre nació Giovanni Quessep un día en el que la Tierra termina su vuelta al sol. Huyendo sus abuelos en el siglo XIX de la persecución del Imperio otomano en Líbano, país que moja el Mediterráneo, llegaron a dar a Belén de Pará, desembocadura del río Amazonas. Su padre nació en el Valle del Cauca y por casi treinta años estuvo en el Cercano Oriente antes de regresar al Caribe colombiano, donde se estacionó. Aun cuando le enseñó el idioma árabe a su hijo, él ríe asegurando que sólo recuerda las malas palabras, aunque unas cuantas confidencias. Va la primera: cuando era un adolescente escribió numerosos poemas en papeles que un día rasgó; fue su padre quien lloró por esta especie de osadía.

Bien es cierto que años más tarde, con asistencia de lectores y atención de la crítica, le proveyeron una especie de virtud metafísica en sus versos, pero él no escribe sobre la realidad exterior, y ha sido claro. “Yo escribo sin velo sobre lo que me rodea”, y me señala una mesa: “Se canta esta mesa pero no la madera, ¿de dónde viene? Del árbol. ¿Y el árbol? De un bosque, quizá. ¿Y qué hay en el bosque? Un pájaro o un riachuelo. Eso es lo que yo canto si cantara a una mesa”. Siendo uno de los buenos poetas más longevos del país, cuenta que una tarde en San Onofre, aquel poblado viejo y caluroso donde creció, estaba su padre en una mecedora y una mujer apareció para decirle a hurtadillas: “Señor Quessep, váyase de su casa que lo van a matar a las once de la noche. ¡Váyase!”. Total que toda la familia se fue y exactamente a la hora anunciada llegó la policía en compañía de personas de la misma corriente política —conservadora— y destruyeron la casa por dentro. Todo. Incluyendo la mecedora.

Hay quienes le han dicho al poeta que por esta historia podría hacer elegías o poesía política, y sí, lo hizo dos veces en su vida, pero no tiene el temperamento para hacerlo una vez más, asegura. Roberto García Peña publicó ambos poemas en El Tiempo —hablamos de la época de Rojas Pinilla—. Uno se llama Noche y fusiles, en cuya última estrofa se nombra a Carlos Castro Saavedra, y el otro Elegía, dedicado a un compañero muerto en disturbios universitarios con una bomba de gas que le dispararon justo en la cara.

Cuando eso, Quessep era estudiante de la Universidad Javeriana, de donde egresó de filosofía y letras y donde también fue docente. Allí presentó a Borges, de quien dice no necesitaba presentación —lo cual podríamos juzgar como cierto—, y para la ocasión escribió tres sonetos que terminaban con líneas del argentino, quien dijo al oírlos: “Espléndidos versos, espléndidos”. Puede que María Kodama, quien se quedó con ellos, tal vez los conserve todavía.

Como docente escribió además un bellísimo poema: “Penumbra de castillo por el sueño / Torre de Claudia aléjame la ausencia / Penumbra del amor en sombra de agua / Blancura lenta (…)”. Claudia fue su alumna. Cuando entraba a la clase, cuenta, y veía a esa niña tan hermosa, empezaba luego de las miradas a hacer bolitas de papel que le lanzaba a los pies desde la tarima, al lado de la pizarra. Ella las recogía, escribía alguna cosa y tac, se las devolvía. Siempre le decía: “Claudia, te voy a escribir un poema”, a lo que ella contestaba: “Giovanni, no seas mentiroso, siempre mentiroso.” Sacó de su bolsillo Canto del extranjero en un examen oral e individual de literatura y se lo leyó cuando ella entró a presentar su prueba frente a él. De este idilio queda una fotografía de Claudia en su habitación al lado de la de su padre, que murió a los 68 años, de la de su abuelo, que murió a los 106 años, y al lado de una fotografía suya, que espera no morir mientras tenga lucidez.



Quessep escribe con un lenguaje práctico y natural (nada que ver con lo bucólico, advierte) sobre la ensoñación y los elementos habitados. Por ejemplo, una piedra que contiene tigres en su interior. Él sabe, como todo el mundo, que la piedra es inerte, pero él no puede verla sólo como una piedra. “Busco un lugar feliz, no un paraíso cristiano, es un lugar que no sé si existe. Me gusta el sentido de las cosas soñadas. Cuando mi papá murió lo vi en un sueño recurrente: era un punto de plata que venía y después se iba, cada vez más lejos. Luego me levanté como un sonámbulo, me senté en el escritorio y escribí el poema tal como está ahora, como si él me lo hubiera dictado. Así pasa con muchos poemas, se van creando aquí, en mi cabeza, y cuando me siento a escribirlos ya están hechos. Yo me aferro a los sueños por muchas cosas. Soñé, esto parece más invención de novela, que había una mujer de pelo muy muy largo en un jardín y pasaba un ser invisible que con una tijera se lo cortaba. Cuatro veces lo tuve y cuatro veces murió alguien de mi familia”.

La idea de Dios para Quessep es muda. Si lo ha nombrado dos veces en su poesía ha sido demasiado, y no es ateo. Tiene un poema en el que menciona el silencio y luego dice: “¿Acaso Dios es el artista del silencio?”, y pasa algo semejante con otro: “Dios… silencio”. Cree en algo, pero no puede decirme en qué. Cuando refiere el silencio, en ese sentido, piensa a veces en una especie de presencia azul en todo el universo, algo indefinible. Y si la mudez pudiera entenderse como la muerte, de pronto recuerda una anécdota con un gran amigo a quien le preguntó: “¿Qué pasa cuando uno se muere?”. “Vea, Giovanni, esa pregunta se contesta muy fácilmente. Cuando uno se muere, se muere y ya”. Y aunque para él es misterioso todavía, siendo casi un octogenario, no puede explicarlo racionalmente porque es un ser más intuitivo, por eso no descree de Dios, aunque prefiere hablar de un color celeste, como dije.

A propósito del cielo recita de repente un verso de uno de los tantos cantos de la Divina Comedia: “Dolce color d’oriental zaffiro (dulce color de oriental zafiro)”. Señala rápidamente un pasaje del viaje de Dante buscando a Beatriz, mujer amada que sólo ve dos veces en su vida (a los nueve años, vestida de blanco, y a los 18, vestida de rojo) y cómo emprende un vuelo guiado por los planetas hasta llegar al Empíreo, el más alto de todos los cielos. Esto para decir que él en materia de energías superiores o silencios, como lo expresó Borges, “no cree en infiernos ni en paraísos como Dante lo cuenta, pero sí en la Divina Comedia”.

Adora la poesía de Rubén Darío y le sigue pareciendo el mayor poeta de la lengua española desde el Siglo de Oro hasta hoy, después de la muerte de Calderón de la Barca, claro. Su obra comprende ahora cerca de veinte títulos. Junto a Álvaro Mutis estuvo incluido en una antología de poesía latinoamericana que se hizo en Alemania y ha sido el único de la misma esquinita besada por dos océanos publicado por Galaxia Gutenberg, sello que, dicho sea de paso, lanzó el libro, una antología personal, en Cartagena de Indias, con presencia de los poetas Juan Gelman y José Emilio Pacheco. Entre numerosos reconocimientos obtuvo este año el Premio Mundial de Poesía René Char, en su primera edición, promovido por la revista Prometeo y el Festival Internacional de Poesía de Medellín, que celebra justo ahora un cuarto de siglo con el rezo “Estallará la paz sobre la Tierra como un sol”.

Entre poetas de los cinco continentes invitados por dicho certamen está Quessep, alguien con quien conversé sólo porque ama sentarse en su casa a mirar la marquesina y ver pasar las nubes e imaginar que es el tiempo el que va pasando.

Por Manuela Saldarriaga Hernández
Con información de El Espectador

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No se vence el Estado Islámico con bombardeos

Victoria Fontan es una académica que llegó a Cali como docente. Esta experta del Estado Islámico explica cómo este grupo llegó a convertirse en el objetivo número uno.

Victoria Fontan, experta en conflictos internacionales ©El País
Victoria Fontan, experta en conflictos internacionales ©El País

Victoria Fontan es una académica que llegó a Cali para trabajar en la maestría de Derechos Humanos y Cultura de Paz de la Universidad Javeriana.

Con años de estudio en la investigación de conflictos es una experta en el Estado Islámico, el grupo yihadista convertido en el objetivo número uno de Estados Unidos y más de 30 aliados, incluyendo países árabes y europeos. (Nota de la Bitácora: también creemos que el E.I es el objetivo de EEUU, más no el enemigo, sino más bien un aliado de la política exterior del imperio).

Esta francesa, quien ha trabajado con la ONU, ha vivido en Iraq y ha viajado por Oriente Medio y África, se convirtió a la religión musulmana. “Ocurrió en Pakistán hace muchos años. Tenía esto como proyecto, después de muchos años en el Medio Oriente. Me siento más cerca de esta cultura que de la francesa. Allá, en estos países, me siento en casa, con su sentido de fraternidad”, dice.

¿Cómo se creó el Estado Islámico?

Todo esto empezó en 2010. Antes los Estados Unidos habían tenido el apoyo de las tribus sunitas de Iraq para combatir Al Qaeda. Hicieron muchas promesas y ni Estados Unidos ni el sectario Gobierno chiita de Iraq las cumplieron. Cuando Nur al Maliki roba las elecciones en 2010 comienza una represión contra los suníes.

En ese año, en septiembre, llega Turquía, que empieza a hacer contactos con antiguos miembros de Al Qaeda en todo el país y les da dinero para que preparen ataques terroristas en las grandes ciudades. Entre 2010 y 2013 Turquía financia directamente, con la ayuda de los kurdos en el norte, al Estado Islámico.

Y en el 2012 empieza el conflicto en Siria, y allá es también un conflicto entre chiítas y sunitas, igual que en Iraq. Entonces, van a ayudar a Al Qaeda en Siria, que es el frente Nusra. Son todos juntos contra Bachar al Asad, pero en algún momento hay un sismo entre los dos. Y en 2013, Turquía empieza a apoyar a Nusra, esa es la razón por la que tenemos 49 secuestros de empleados turcos en Iraq.

¿Y cuál es el interés de Turquía?

Ellos quieren mandar en la región. Como hay una gran influencia de Irán, que es chiita, ellos quieren ser la influencia sunita. Y es una influencia contra Arabia Saudita, que está aliada con Estados Unidos. Tenemos un montón de fuerzas regionales que tienen una influencia con lo que está pasando en Iraq y Siria.

El EI se armó con gente normal, como usted y yo. Tomé té y galletas con ellos en mi casa en el norte de Iraq, en Erbil. Había un maestro de escuela, un trabajador de una empresa internacional de Bagdad. Era gente normal que quería enfrentarse al estado chií de Al Maliki.

¿En qué momento se convirtieron en el grupo que actualmente publica videos degollando personas o al que se le atribuyen crucifixiones?

Después del 2012 con el conflicto en Siria muchos internacionales vienen a apoyar a Nusra y a EI. Para mí fue la llegada de los extranjeros los radicalizó. Son musulmanes de Europa y Canadá que se sintieron rechazados con las diferentes políticas, o de integración en Inglaterra o de asimilación en Francia, pero que marginalizaron a todas esas gentes y generaron mucho odio. Esto es una respuesta de años y generaciones de marginación.

Les hacemos promesa de igualdad pero no son ciertas. Esta gente que llega de Europa está súper enojada, entonces se enfrenta con esta gente normal, como el maestro de escuela, que es una persona que no va a cortar una cabeza. Entonces los dos están cambiando el foco de EI.

Claro que hay que aclarar que los medios de comunicación han tenido una tendencia a exagerar todo. Es importante decir que el barbarismo de una decapitación es igual que el barbarismo del que suelta una bomba contra una población civil. O el barbarismo de lo que pasó en Gaza. No hay diferencias entre el barbarismo estatal y el de EI.

¿Y cuál era ese foco?

El foco primero era una revolución social. El proyecto de vida era muy lindo pero se confronta con unos horrores y errores estratégicos que se ven ahora.

¿Pero cómo una revolución social termina en una radicalización tan brutal?

La matanza de David, por ejemplo, es un acto de terror. Y sabemos en los estudios de terrorismo, para qué un acto de terror, para incitar la respuesta de un Estado. No hay terroristas, sino insurgentes contra un Estado. Y el EI es un grupo insurgente que está contra el Estado de Iraq y sus actos de terror van dirigidos a una intervención y Obama cayó en esa trampa.(sic) (Nota de la Bitácora: seguimos sosteniendo que Obama, lejos de «haber caído en una trampa», está desarrollando una estrategia minuciosamente planeada, que como siempre, perjudicará al mundo árabe no aliado y favorecerá al imperio del N.O.M.)

¿Pero por qué quieren una intervención de Estados Unidos y sus aliados con todo su poderío militar?

Ellos buscan una intervención militar o aérea internacional para generar un apoyo de la población suní. Hay diferentes partes sunitas de Iraq que no quieren el proyecto del Estado Islámico y la forma de una intervención extranjera es para lograr un apoyo de algunas tribus.

Uno de sus estudios fue en Faluya, ¿cómo logra el EI apoderarse de grandes poblaciones como Faluya y Mosul?

Fui la última extranjera en estar en Faluya. Me entrevisté con el jefe de los indignados allá. Ellos pensaron que al utilizar la misma forma que en España o de la Primavera Árabe, el mundo los iba a escuchar. Tenían tres demandas muy claves: el fin de Nur al Maliki y su sectarismo; el fin del federalismo, querían un Iraq unido, y querían inclusión. Nadie los escuchó. Durante muchos meses hubo protestas, y en ese tiempo se presentó una gran represión.

Y qué hizo la ONU ante eso: Nada. Calló. Escogieron el lado de Al Maliki. Qué hizo la embajada estadounidense, lo mismo. Yo estaba trabajando para la Universidad de la Paz de la ONU y les llamé la atención y no hicieron nada. Lo que pasa después es que la población de Faluya se junta y en marzo le dan la bienvenida al EI y se declara la capital del califato. Todo esto hubiera podido ser prevenido, pero nadie quiso hacer nada porque decidieron que Maliki era el aliado. (Nota de la Bitácora: calló la ONU, calló la embajada yankie … ¿más claro?…échale agua!).

¿Y la salida de Maliki no alivia el problema?

No. El nuevo Gobierno todavía bombardea a Faluya diciendo que están bombardeando a terroristas, pero es mentira. Es una hipocresía decir que el mundo civilizado enfrenta al EI porque si se quiere enfrentar realmente se tiene que trabajar para que las poblaciones sunitas no los apoyen. Derrotar al EI no se puede hacer con bombardeos.El primer ministro va por el mismo camino no ha habido inclusión no ha cambiado nada.

¿Qué papel juegan los kurdos? Ellos son quienes les están haciendo frente al EI.

Ellos quieren su independencia y fueron facilitadores de la venida del EI porque estaban contra el Gobierno de Maliki. Lo que pasó en agosto cuando EI llegó a la represa de Mosul. Los kurdos sacrificaron a los yazidis —una tribu— para que la comunidad internacional los apoyara y les dieran armas. Y van a tener su independencia con estas armas. Iraq se va a desunir más. El sistema internacional es una hipocresía total.

¿Ve una salida para Oriente Medio?

Para mí lo que pasó con mi amigo David fue un deyabú de las decapitaciones del 2005. Nunca hubiera pensado que Iraq cayera más y eso está pasando. No veo ninguna salida por la influencia de Irán, Estados Unidos e Israel, que son el cáncer de la región.(sic)(Nota de la Bitácora: ¿mete dentro de la misma bolsa a los aliados de la región junto al Irán, el único régimen que se contrapone abiertamente a las políticas imperiales y expansionistas del lobby judeo-yankie?). Todo el mundo tiene intereses en estos países más débiles, como Iraq, Líbano, Siria. Y todos estos poderes que están quebrando estos países, con un impacto sobre la población civil terrible.

Ha habido muchas críticas de inoperancia a la ONU, especialmente del Consejo de Seguridad…

La ONU solo sirve para el poder, no trabaja para la gente, sino que es un brazo de los estados poderosos. La gente aquí debe entender que todas estas agencias internacionales que vienen a construir la paz en Colombia no están trabajando para los colombianos, sino el poder internacional.

Hablando de ese punto, ¿cómo ve el proceso de paz en Colombia?

Es importante que se esté abriendo una puerta, esta negociación abre un campo, pero es la gente corriente, la comunidad, la que tiene que construir su paz, no es el Estado.

Al compararlo con otros conflictos que ha estudiado, como Irlanda, Líbano y Suráfrica, ¿qué enseñanzas cree que tenemos que aprender?

En África del Sur fueron importantes los comités de Verdad y Reconciliación.

Ellos tuvieron perdón y olvido, acá hay una polémica frente a si los jefes de las Farc van a la cárcel o a la política.

Para mí lo más importante es que no se fuerce a la población a aceptar algunas cosas. No podemos hablar de perdón con impunidad. Estos temas se deben manejar más a un nivel social, más que a uno político. Los políticos solo quieren llenarse los bolsillos de dinero y nada más. Y las organizaciones internacionales son un negocio, están aquí para pagar salarios a sí mismos, comprar 4×4, hacer proyectos que no les importa que generen un cambio en las comunidades.

En la maestría hicimos un estudio de la construcción de paz desde abajo y vimos como en Ipiales, en la frontera con Ecuador, están construyendo su paz sin el Estado, sin la comunidad internacional. Y lo están haciendo con trabajo, cultura, deporte, baile, comida. Los procesos deben venir de la gente.

Por Ana María Saavedra
Con información de El País

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Rumbo de relaciones Colombo-Palestinas causa optimismo

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©colprensa

Consciente de que Colombia es el mejor aliado de Estados Unidos en la región y, que como tal, no desea deteriorar su relación con Israel, el asesor político de la Misión Especial de Palestina en nuestro país, el nortesantandereano Alexander Montero, está convencido de que el presidente Juan Manuel Santos ha dado pasos valiosos para el fortalecimiento de unas relaciones colombo-palestinas que no se circunscriben a lo institucional.

La presencia en Colombia de una numerosa colonia de origen palestino, la mayoría de la cual ha perdido mucho de sus vínculos culturales con la tierra de sus ancestros, revela bastante acerca de unos nexos fácticos que deberían extrapolarse al plano político, económico y comercial.

Todo ello, en el marco de esa larga tradición mediante la cual Colombia ha jugado siempre en la política internacional: al compás de los tiempos que dicta el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, en cuyo seno la oposición de Estados Unidos, ha impedido que Palestina sea admitida como miembro pleno de la ONU.

De familia pamplonesa, este politólogo de la Universidad Nacional y magister en Análisis Político de la Universidad Externado, cree, sin embargo, que al margen de esa casi que comprensible posición de Colombia frente al conflicto del Medio Oriente, el Gobierno de Santos no ha revertido la tendencia de acercamiento a Palestina iniciada por el presidente Ernesto Samper en la Conferencia de los No Alineados de 1995, celebrada en Cartagena.

En diálogo con La Opinión, Montero se refirió a los principales tópicos del momento por el que atraviesan las relaciones entre Colombia y Palestina:

¿Resulta inevitable que Santos no pueda reconocer a Palestina por la alianza que tiene Colombia con Estados Unidos?

No es un obstáculo insalvable, pero frente a la posición asumida por Colombia en la ONU, cuando decidió no acompañar a sus socios suramericanos para aceptar a Palestina en la Asamblea General de la ONU, hay que entender que Colombia estaba pendiente de que el Congreso de Estados Unidos aprobara el Tratado de Libre Comercio. En esas condiciones era apenas lógico y predecible el sentido con el que se pronunció la delegación colombiana en el Consejo de Seguridad.

¿Cómo cayó entre los diplomáticos palestinos esa posición asumida por Santos?

Hay que recordar que en el Consejo de Seguridad de la ONU, Colombia –como titular en ese entonces de un escaño no permanente en esa instancia- no votó en contra de la admisión de Palestina en la ONU, sino que se abstuvo, lo cual dice mucho acerca del cuidado con el que Santos actuó en un momento que, como repito, no hacía proclive que Colombia se sumara al grueso de los países suramericanos. Para nosotros esa abstención fue un éxito, aunque hayamos entendido, como lo entendemos, que Colombia proteja su relación con Israel.

¿Qué lectura darle a la visita que el presidente palestino Mahmud Abas hiciera a Bogotá para entrevistarse con Santos en busca de un apoyo diplomático a su causa en la ONU?

Es importante aclarar que esa visita, realizada en octubre de 2011, no tuvo como fin presionar el voto colombiano. La visita a Colombia tuvo dos propósitos esenciales: enviar un gesto de acercamiento a la inmensa comunidad palestina que vive en este país y conocer de primera mano los esfuerzos de paz que hace Colombia. Queremos mirar y aprender de esa experiencia.

¿Hubo resultados más allá de lo esperado?

Creemos que sí. Después de la gira del presidente Abas a Colombia, la canciller María Ángela Holguín viajó a Palestina y acordó el histórico viaje a Ramallah que hiciera Santos en su gira por Medio Oriente el año pasado. Es un viaje importante por lo que connota para Palestina.

¿El foro de los No Alineados sigue siendo la herramienta indicada para un acercamiento bilateral entre Colombia y Palestina?

Creo que más allá de eso, el mejor foro de acercamiento es el que ofrece el mundo árabe en su relación con Colombia y ahí vemos mejores oportunidades. En Bogotá hoy hay solo cinco embajadas de naciones árabes (Marruecos, Argelia, Egipto, Líbano y Palestina), por lo que es reconfortante saber del interés que tienen países como Emiratos Árabes Unidos, Catar, Kuwait y Arabia Saudí por abrir representaciones diplomáticas en Colombia.

¿Si tuviese que señalar al presidente colombiano que mejor trato ha dispensado a Palestina, a quién citaría?

Creo que todos en general, desde el presidente Samper hacia acá, han tenido gestos valiosos de apoyo a la causa palestina, si bien entendemos la tradición colombiana de condicionar el reconocimiento del estado Palestino a que este sea el fruto de un acuerdo de paz en la región. A Samper hay que reconocerle la valentía que tuvo de autorizar la apertura de la sede diplomática palestina; a Pastrana la de haber fortalecido esa misión dándole a su titular el rango de embajador; y a Uribe los avances en materia de negocios.

¿Cuentan con la influyente comunidad palestina en Colombia para impulsar en el Gobierno el respaldo al reconocimiento del Estado palestino y a su admisión en la ONU?

Los palestinos que viven en Colombia y sus descendientes forman parte de una comunidad dispersa y aunque mantienen vivas muchas de sus manifestaciones culturales, no hacen parte de una colonia homogénea. De hecho, suele ser confundida con la colonia sirio-libanesa que igualmente se ha integrado tanto en la sociedad colombiana, hasta el punto de perder mucho de su capacidad de trabajar unida por una causa.

¿Y cómo rescatarlos para mantener vivo el legado de su herencia palestina?

Primero que todo tenemos que hacer un censo para determinar el número exacto de palestinos que viven en Colombia. La idea que tenemos es que, aproximadamente, hay 40.000 palestinos en el país, quienes han llegado en varias oleadas migratorias, muchas de ellas relacionadas con las incursiones bélicas de Israel.

Con información de El Universal

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El marqués Gabriel García – Traducción árabe cambia apellido materno del Nobel

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El marqués Gabriel García
Debido al error, el escritor colombiano quedó erróneamente vinculado a un título nobiliario

¿Se puede decir algo nuevo sobre Gabriel García Márquez que no hayan expresado anteriormente biógrafos, cronistas o allegados del escritor? Resulta un grato descubrimiento encontrar un dato que posiblemente el mismo autor desconozca.

Como expresarían periodistas y medios de comunicación, cuando lanzan las primicias noticiosas, estoy en capacidad de informar que el premio Nobel de Literatura del año 1982 pertenece a la nobleza, a pesar de sus convicciones ideológicas. Aunque uno no se imaginaría a García Márquez defendiendo a la institución monárquica como lo hace Álvaro Mutis, puede que su ardiente sangre caribeña tenga tintes azules.

La vida del autor colombiano es tan fascinante como su obra, da para muchas anécdotas, incluso indirectas y no provocadas por él mismo, como la que le escuché al escritor y traductor egipcio Ahmad Yamani hace algunas semanas durante el lanzamiento en Abu Dhabi del libro Diez poemas colombianos, selección lírica que tradujo Yamani al idioma árabe, en un esfuerzo editorial para divulgar la literatura colombiana en los países del golfo Arábigo concretamente.

En medio de un ameno diálogo literario, concertado en la Embajada de Colombia en los Emiratos Árabes Unidos, entre el poeta y profesor colombiano Juan Felipe Robledo y el mencionado Ahmad Yamani, quien reside en España, este último explicaba que en el mundo árabe no se conoce mucho de la rica literatura colombiana, básicamente a García Márquez, por tratarse de un clásico universal, cuya obra ha venido ganando terreno incluso en países que la tenían censurada por motivos políticos o religiosos.

El detalle simpático es que cuando aparecieron los primeros títulos del escritor colombiano publicados al idioma árabe, quien realizó la traducción tomó el segundo apellido del escritor colombiano como Marqués y no como Márquez, por lo cual algunos lectores de Oriente Medio y posiblemente de otras latitudes del mundo creen que se trata del marqués Gabriel García, otorgándole al autor colombiano un título adicional a su laureada existencia, esta vez de índole nobiliaria.

Esto pone de manifiesto varios temas interesantes en un solo caso. Ante todo, la importancia de las traducciones y sus riesgos implícitos. Está visto que una buena traducción, incluso, puede mejorar obras que en su lengua original no son tan afortunadas, mientras que una mala traducción puede cambiar hasta la identidad del escritor original. Asimismo, la necesidad de tener siempre presentes las tildes que hacen la diferencia en todas las palabras de nuestra lengua castellana, incluidos los apellidos, algo que antiguamente los profesores de gramática acentuaban en sus clases.

Así las cosas, sin proponérselo, Gabriel García se incorpora al grupo de escritores que han ganado un título nobiliario, bien sea por su origen, como el conde Tolstói, o por su trabajo, como el marqués Vargas Llosa. Aunque en la historia será difícil encontrar un parangón al caso de un escritor signado tanto por su título, por su obra, sus pasiones personales y su apellido, como ha resultado el marqués de Sade.

Lo mejor del caso es que el título de marqués se lo han dado al caribeño Gabo, como lo llaman sus amigos, la literatura misma. Un episodio que transcurre en el reino de la imaginación, ese rico patio de juego donde Gabriel García Márquez suele divertirse.

Alguien dirá que la vida se encarga de demostrar que es capaz de crear situaciones que sólo se le ocurrirían al rey del realismo mágico.

Por: Dixon Acosta

Con información de : El Espectador

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