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El Burka como excusa. Terrorismo intelectual, religioso y moral

Entrevista a Wassyla Tamzaly escritora y feminista argelina. La revolución no puede ser solo feminista, debe ser de todos los sectores.

La escritora argelina sostiene que en el imaginario occidental la mujer árabe ha pasado de ser «combativa y con el cabello suelto a esa imagen de mujer velada». Reconoce que su posición es «incómoda» porque la derecha xenófoba se ha apropiado del discurso contra el velo.

«El burka como excusa. Terrorismo intelectual, religioso y moral contra la libertad de las mujeres». El título de uno de los libros más famosos de Wassyla Tamzali, feminista argelina militante, deja poco lugar a la imaginación. Tamzali lleva décadas alzando la voz por la igualdad y libertad de la mujer árabe.

Su historia, narra en su libro, es «la conquista de la calle, que desde la infancia hemos podido recorrer, con los cabellos al viento, bajo la mirada cómplice de nuestras abuelas, vestidas de blanco. Nuestra historia es la del desvelamiento (…). Yo, que nunca he estado velada, llevo la historia del velo escrita en mi piel». Abogada en Argelia antes de dirigir el programa de Igualdad de la UNESCO durante 20 años, Tamzali ha continuado su labor por los derechos de la mujer a través de artículos, libros y charlas, en los que se rebela contra la ideología del velo y un tipo de izquierda «condescendiente» a la que tacha de «adepta del relativismo cultural».

Aunque Wassyla entiende que la suya es una «posición incómoda», ya que la derecha xenófoba se ha apropiado del discurso contra el velo (por motivos diametralmente diferentes), recuerda que «lo que está en juego aquí no son trozos de trapos, de colores, de formas y de longitudes diversas, sino visiones del mundo, proyectos de vida diametralmente opuestos». De un lado, los derechos humanos y de otro, un islamismo que ha convertido la dominación de la mujer «en el corazón de esta religión que vive un período de oscurantismo y de absolutismo sin precedentes en la historia del islam».


En un encuentro en la Fundación Tres Culturas de Sevilla, la escritora septuagenaria habla sobre feminismo, velos y racismo.

¿Qué significa para usted el feminismo islámico?

Es un oxímoron, una contradicción absoluta. Se puede ser musulmana feminista, hasta se puede luchar por la igualdad en el interior del Islam, pero no es suficiente para que eso sea ser feminista. El feminismo es la deconstrucción del patriarcado, algo que no hacen ellas. Me parece que estas mujeres tienen derecho de existir, pero lo que me molesta no es lo que digan o hagan, sino que su discurso se haya construido para deslegitimar el discurso feminista. Eso sí que me molesta.

¿Es peligroso en el imaginario occidental que la mujer musulmana vaya con velo?

Yo abogo por los imaginarios libres. Occidente no tiene suficiente cultura para saber lo que es el mundo árabe. Es lo que ocurre con los orientalistas. Con la globalización, cualquiera puede saber perfectamente lo que ocurre en Argelia, pero hay periodistas que no hacen ningún tipo de esfuerzo por informarse y al final nos quedamos con imágenes orientalistas que nada tienen que ver con el verdadero mundo árabe.

¿Por qué en el debate sobre el velo no aparecen más mujeres como usted?

El problema es que en el imaginario del que usted habla yo no ocupo lugar, porque la gente no conoce nuestra historia. En mi libro ‘Mi Tierra Argelina’ se ve cómo hemos pasado de una imagen de la mujer árabe combativa, con el cabello suelto y que trabajaba en el campo a esa imagen de la mujer velada. Lo que usted dice es muy importante, porque yo siempre digo que cuando se debate, la gente no me ve. Si a mi lado hay una mujer velada, se la va a escuchar y ver a ella, no me van a escuchar a mí.

¿Cuál es la raíz del problema?

La relación con Occidente está contaminada por el colonialismo y por su complejo de superioridad hacia otros pueblos. Occidente tiene dificultad para escapar de esta idea de dominio. Ve el mundo exterior a través de un prisma donde prima lo pintoresco, la diferencia con el otro, cuando la diferencia no es lo primero que se debería evocar cuando se dialoga con el otro.

¿Por qué la izquierda europea parece tener problemas para criticar el burka, como usted critica?

Porque ya no hay izquierda europea. Ya no hay personas de pensamiento progresista y lo han convertido en post-solidaridad. Han dejado de luchar.

¿Entra en juego el tabú del racismo?

Sí, no quieren que nadie los tache de racistas. Son decadentes, viven de ideas decadentes. La libertad se vive como un producto de consumo, como vestir o hacer lo que a uno le dé la gana. Sin embargo, no reflexionan sobre lo que es la libertad y terminan dándosela a personas que no la respetan. Ese no es el sentido de la libertad, no se le puede dar carta libre a los islamistas, para que hagan con ella lo que quieran.

¿Ha empeorado la situación de la mujer tras la Primavera Árabe?

La situación de la mujer está ligada a las mejoras del resto de la sociedad. Las sociedades musulmanas y árabes necesitan hacer su revolución. Sin embargo, cuando esto ocurre, también hay una contrarrevolución. Eso es lo que nos ha enseñado la historia. Las ideas que nacen de una revolución resurgen una y otra vez, mientras que las contrarrevoluciones se pierden. En la plaza de Tahrir (El Cairo), las mujeres y los homosexuales salieron a luchar por la libertad, mientras que los islamistas y los militares salieron para detenerlos. Han detenido a unos y otros, pero esas ideas no se han muerto, sino que resurgirán. Cuando una sociedad comprende el sentido de la libertad en sus entrañas, su mente y su corazón, ya no hay nadie que se la pueda arrebatar.

¿Hay esperanza de una revolución feminista en el mundo árabe?

No, la revolución debe ser global. Si los obreros lo hacen por su cuenta es una revuelta de obreros. Si los estudiantes lo hacen por su lado, es una revuelta estudiantil. Si, en cambio, se unen los estudiantes, los obreros y las mujeres, entonces habrá revolución.

Por Alejandro Ávila Villares
Con información de La Haine

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Yasmina Khadra: «Un militar también puede tener talento»

Yasmina Khadra

Yasmina Khadra, seudónimo femenino literario del ex coronel argelino Mohamed Moussehoul, ha dicho en Barcelona que «un militar también puede tener talento» al reivindicar su faceta como escritor en la presentación de sus novelas «La última noche del Rais« y «Què esperen els micos…».

Khadra, que se mantuvo en la clandestinidad durante 11 años, ha conseguido ser «el escritor en lengua francesa más traducido» y ha publicado más de 20 libros, que escribía durante su época como militar: «Aunque ya hace 16 años que estoy fuera del ejército, creo que hoy en día soy un orgullo para todos los militares del mundo».

«Precisamente la fabulación en torno al seudónimo es lo que me salvó», ha recordado el autor, pues «nadie creía que alguien que estaba luchando en la guerra pudiese publicar un libro cada año y cuando se supo que era yo, la jerarquía militar me llegó a cambiar de destino y unidad unas 11 veces en 10 años para acabar con mi vocación».

El periodista Bouziane Ahmed, conocedor de la obra de Khadra, ha señalado que el autor «ha estado siempre presente donde había sufrimiento», además de tratar la situación de los países árabes y el mundo islámico, como en el caso de «La última noche del Rais» (Alianza).

En este libro, Khadra ha narrado los últimos momentos del líder libio Muamar el Gadafi, que gobernó su país durante 42 años, para explicar los entresijos de su controvertida figura, tan temida y a la vez tan adorada por el pueblo de Libia, además de adentrarse en «el humano detrás del monstruo». (sic)

En primera persona, Khadra ha imaginado los pensamientos de Gadafi cuando está «solo con sus fantasmas», como si de un monólogo se tratase, para elaborar un retrato «más allá de los medios de comunicación» y acercarse a la intimidad de su figura, con alusiones al  iraquí Sadam Hussein o al pintor Van Gogh.

En «Què esperen els micos…» («Qué esperan los monos»), su primer libro traducido al catalán, publicado también por Alianza, Khadra ha retomado sus orígenes en una novela negra ambientada en su país natal y ha adoptado la visión del espectador para sacar a relucir la «realidad cruel» de Argelia a través de un asesinato en la capital, un crimen envuelto en la corrupción.

Khadra ha augurado un «futuro brillante» para Argelia a pesar de que la corrupción «es algo que lo contamina todo y todos los pueblos sufren de ella», y ha explicado que será el mismo pueblo quien acabará exigiendo la recuperación de la «elite argelina» que fue expulsada: «No hay ninguna desgracia que sea eterna», sentencia.

Junto a las circunstancias del país, la peculiaridad del libro ha residido en la homosexualidad de su personaje principal, la comisaria encargada del caso del asesinato, Nora Bilal, con la que Khadra ha intentado «romper el tabú en las sociedades árabes» y dar visibilidad a la mujer, tal y como ya realizó con su seudónimo.

El autor ha explicado que el nombre de Yasmina Khadra es «un homenaje a mi mujer, que ha asumido los mismos riesgos que yo, pero también se ha convertido en una especie de revolución y una manera de militar a favor de la mujer», especialmente dentro del mundo árabe, donde la revelación del seudónimo fue «todo un escándalo».

«El régimen de Argelia teme a una persona que se vuelva una especie de consciencia para el país, pero los argelinos no son tontos», ha añadido el escritor, que ha aprovechado para lamentar y criticar que en su país no se promueva la lectura.

Khadra ha expresado que actualmente está preparando un nuevo libro, bajo el título de «Un escritor en París», en el que tratará sus roces personales con «un pequeño sector de la elite parisina», aunque ha destacado los 4 millones de lectores que leen su obra: «París no es Francia», ha aclarado el escritor.

Con información de El Diario

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Refugiado Saharaui construye albergues resistentes al clima

Un joven refugiado Saharaui construye un albergue resistente al clima con botellas plásticas llenas de arena en un campamento en Tinduf, Argelia. © ACNUR/Russell Fraser

En el remoto desierto del suroeste de Argelia, un joven refugiado Saharaui llena botellas desechadas con arena para construir albergues resistentes al difícil clima.

Con una maestría en eficiencia energética, el refugiado Saharaui, Tateh Lehbib Breica, tenía el plan original de construir una casa energéticamente eficiente en el desierto, usando botellas desechadas para un tejado verde.

Pero, como la forma circular del tejado presentaba algunos desafíos de construcción, el joven de 27 años notó que tenía muchas botellas de sobra que no le funcionarían para el fin que les tenía, que era cultivar plantas.

“Me pregunté a mí mismo: ¿Qué puedo hacer con esto?”, dijo Breica, quien nació y creció en el campamento de refugiados Awserd, asistió a la universidad de Argel gracias a una beca DAFI, y realizó su maestría en una universidad española.

“Recordé un documental que había visto…sobre construcción con botellas de plástico, y pensé: ¿Por qué no intentarlo?”.

“Entonces recordé un documental que había visto durante la universidad, sobre construcción con botellas de plástico y pensé: ¿Por qué no intentarlo?”.

En el campamento Awserd, brindar casas adecuadas que puedan resistir las dificultades climáticas del desierto resulta un desafío. Este es uno de los cinco campamentos que alberga refugiados Saharaui, quienes huyeron de los combates de la Guerra de Sahara Occidental hace más de 40 años.

Las casas construidas con ladrillos de barro o adobe son vulnerables ante las fuertes lluvias que periódicamente azotan el Desierto del Sahara, incluyendo una tormenta a finales de 2015 que destruyó miles de hogares. Las frecuentes tormentas de arena también cubren las casas y tiendas tradicionales Saharaui, con un asfixiante polvo, lo que provoca evacuaciones temporales.

La primera casa que Breica construyó usando botellas desechadas llenas de arena fue para su abuela, quien caminaba con dificultad y que quedó herida cuando la llevaban a un centro comunitario en el campamento, donde esperaba a que pasara la tormenta de arena.

Aparte de tener una mejor resistencia estructural al agua, la casa circular de paredes gruesas también presenta un perfil más bajo para el viento y prueba ser mejor para que no entre el penetrante polvo y la arena de las tormentas de arena o “haboobs”.

El interés de Breica en construir con plástico desechado le ganó el sobrenombre de “Majnoun al qarurat” (el loco de las botellas). La particularidad de la estructura, junto con las publicaciones que Breica hizo en Facebook, aseguraron que la casa recibiera mucha atención fuera del campamento.

“Después de las fuertes lluvias de octubre de 2015 que dañaron y destruyeron decenas de miles de casas de adobe, ACNUR ha estado trabajando con los Saharaui para mejorar las técnicas de construcción, y hacer que soporten de mejor manera las condiciones climáticas de la región”, dijo Juliette Murekeyisoni, Coordinadora en el Terreno del ACNUR en Tinduf. “Hemos apoyado el uso de ladrillos fortificados con cemento, y ahora estamos apoyando el uso de botellas plásticas”.

“Las casas de adobe pueden destruirse con lluvias muy fuertes o prolongadas, el uso de botellas plásticas…creará estructuras más duraderas”.

Otis Moore, Oficial encargado de albergues, explica que las botellas plásticas tienen ventajas sobre los ladrillos de adobe y las tiendas familiares tradicionales que usan la mayoría de los Saharaui, así mismo, que el diseño circular de las casas también tiene sus propios beneficios.

“Las casas de Adobe pueden destruirse con lluvias muy fuertes o prolongadas, el uso de botellas plásticas en lugar de ladrillos de barro creará estructuras más duraderas. Y hemos adoptado la forma circular porque es aerodinámica y puede soportar las tormentas de forma más efectiva”.

Ahora, en un proyecto financiado por el Fondo de Innovación del ACNUR, Breica está trabajando con la Agencia de la ONU para los Refugiados en la construcción de 25 casas usando botellas plásticas llenas de arena en lugar de ladrillos en los cinco campamentos: Awserd, Boujdour, Dakhla, Smara y Laayoune. Las viviendas, que estarán listas este mes, se destinarán a personas vulnerables.

Como reconocimiento a sus creativos diseños, Breica recientemente recibió el premio de Personalidad del Año 2016 en una revista local. Sin embargo, el sobrenombre que le dieron se ha quedado: “Las personas todavía me ven como el chico obsesionado con reciclar botellas y construir casas inusuales”, dijo él.

Con información de: ACNUR

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Jean Lartéguy y Yasmina Khadra – Antagónicos literatos combatientes

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Los momentos más grandes de nuestra vida son aquellos en que por fin tenemos el valor de declarar que el mal que llevamos en nosotros es lo mejor de nosotros mismos.

Nietzsche

A través de la lectura de Yasmina Khadra, he recordado otra crónica de Argel desde la óptica contraria, la de Jean Lartéguy. Son veredas opuestas de la misma realidad, la una independentista, la otra colonialista, y en verdad me pregunto si el pueblo argelino ha salido favorecido con alguna de ellas.

El mismo Yasmina Khadra, (que ha luchado en el bando de los independentistas), nos cuenta en  «El otoño de las quimeras» que los campos siempre estaban sembrados en el período colonial, (a pesar de que el pueblo pasaba necesidades y los sembrados eran ajenos), y que posteriormente, (con el advenimiento de la «revolución»), llegó otro tipo de corrupción, y los traidores de siempre comenzaron a manejar los hilos de la economía, los destinos del país y el hambre del pueblo fue de mal en peor.

¿Cómo no vibrar con el intelectual capitán Philippe Esclavier, el imperturbable capitán Julien Boisfeuras, el duro coronel Pierre Raspeguy, el aristócrata capitán Jacques De Glatigny cuando, defendiendo los que creen son los «valores franceses» llegan a poner orden en los levantamientos de Argel que, posteriormente, devienen en revolución libertadora del yugo francés para constituírse en yugo de su pueblo.

Lartéguy nos plantea, en la figura del oficial argelino Mahmudi al luchador por la independencia de  su país, a aquél que ha luchado por la fusión e integración de la colonia con la metrópoli francesa, con aquella Francia por la que él ha combatido, ha caído prisionero y ha sobrevivido. A cambio de ello, su gente ha sufrido el oprobio, la humillación, segregación, racismo y la opresión de la corrupta administración colonial, por tanto, y en oposición a la misma, optaron por una revolución de «carácter contrario», la ligada al comunismo de extracción soviética. Mahmudi es un romántico, y el romanticismo ya no tiene cabida en las guerras revolucionarias.

La trilogía de Jean Lartéguy, (Los Centuriones, Los Pretorianos y Los Mercenarios), nos narra los sucesos hasta los «Acuerdos de Evián» de 1962 y el reconocimiento de la Independencia de Argel. Antes de escritor, combatiente y Caballero de la Legión de Honor de Francia.

La cuestión es que, cuando leemos a Yasmina Khadra, combatiente también, pero en las antípodas políticas de Jean Lartéguy, nos encontramos con que las condiciones de vida para el ciudadano común dieron un vuelco de 360º, fue un cambio netamente gatopardista, hicieron realidad aquello de «cambiemos todo para que nada cambie». y simplemente el opresor pasó de ser un extranjero a ser un coterráneo.



No se puede reprochar a los combatientes que todo lo han dado por servir a su patria, cuyos gobiernos, por lo general, son los que terminan traicionándolos. Ambos autores coinciden en ésto, de hecho, Jean Lartéguy comienza “Los Centuriones” con esta cita, dejando en claro que la traición es tan vieja como el género humano:

Nos habían dicho, al abandonar la tierra madre, que partíamos para defender los derechos sagrados de tantos ciudadanos allá lejos asentados, de tantos años de presencia y de tantos beneficios aportados a pueblos que necesitan nuestra ayuda y nuestra civilización.

Hemos podido comprobar que todo era verdad, y porque lo era no vacilamos en derramar el tributo de nuestra sangre, en sacrificar nuestra juventud y nuestras esperanzas. No nos quejamos, pero, mientras aquí estamos animados por este estado de espíritu, me dicen que en Roma se suceden conjuras y maquinaciones, que florece la traición y que muchos, cansados y conturbados, prestan complacientes oídos a las más bajas tentaciones de abandono, vilipendiando así nuestra acción.

No puedo creer que todo esto sea verdad, y, sin embargo, las guerras recientes han demostrado hasta qué punto puede ser perniciosa tal situación y hasta dónde puede conducir.

Te lo ruego, tranquilízame lo más rápidamente posible y dime que nuestros conciudadanos nos comprenden, nos sostienen y nos protegen como nosotros protegemos la grandeza del Imperio.

Si ha de ser de otro modo, si tenemos que dejar vanamente nuestros huesos calcinados por las sendas del desierto, entonces, ¡cuidado con la ira de las Legiones!

                                  MARCUS FLAVINIUS

Centurión de la 2* Cohorte de la Legión
Augusta, a su primo Tertullus, de Roma.

A estos valerosos combatientes los ha ganado la desazón, y así lo hacen saber a través de sus personajes, (¿reales o ficticios?, ¡qué más da!), que en definitiva, al salir de su pluma, son su propia voz.

Declaraciones como la del capitán Esclavier , en “Los Pretorianos”:

Mi tío se equivocó, señor Donadieu; no es por cansancio por lo que he dejado el Ejército, sino porque este Ejército no podía llegar a ser el que habíamos soñado entre unos cuantos en un campo de prisioneros de Indochina. Hemos llegado muy lejos, hemos pasado incluso el Rubicán, como hubiera dicho el tío Paul. Sólo que, mire usted: el hombre a quien pusimos en el poder no es de los nuestros. Es de otro ejército y de otra historia. Uno de mis amigos, Boisfeuras, ha caído en el combate, otros se han resignado y hasta se han entendido con el poder, los más locos se han comprometido en complots sin esperanza. Yo he preferido marcharme”.

Porque, a diferencia de los magnates del imperialismo, ellos habían comprendido que hacer la gue­rra y conquistar tierra no era suficiente. Para cons­truir un reino, importaba ante todo tener al pueblo de su parte”. Lección que aún no han comprendido los saqueadores Libia y del Oriente Medio, que aún siguen derramando sangre inocente y generando odio en aquellos a los que pretenden llevar su modo de vida “occidental y cristiano”.

Porque en definitiva, así se trate del “amor” o  la política, las palabras del médico Día, (de la trilogía de Lartéguy), aplican perfectamente:

“El amor tiene un olor, el del sudor de la pareja y su deleite. Está hecho de esa lucha del hombre y la mujer, incesante, cruel, porque cada uno quiere imponer al otro su sueño y destruir el que no es el suyo».

Por eso mismo, en Argelia, el ejército francés, para ganar y para convencer, había llegado a emplear los mismos métodos de tortura que los inquisidores y los comisarios. Pero a causa de sus escrúpulos, no había erigido esta tortura en sistema, y tampoco había mostrado la discreción que debe rodear a este género de prácticas y que al mismo tiempo les confiere un horror casi sagrado.

Lartéguy, en boca del capitán Jacques de Glatigny nos cuenta:

“Quise a una chica jellouze y la obligué a entregar a sus amigos. Me repugna que por causa mía traicionara a sus camaradas para nada. «Cuando voy a Argel, siempre me acerco a ver a Aicha. Ya no la toco: ella me habla de su país,-pues ha seguido siendo nacionalista. Con ella fui a hacer una visita a su hermano, el capitán Mahmudi, que ha sido trasladado desde París. Continúa recluido en la fortaleza de Fort-l’Empereur.

«A veces doy la razón a Aicha y a su hermano. Me digo que es imposible conservar un país contra la voluntad de quienes lo habitan. Ya no soy entonces más que el defensor de un caduco orden colonial. Otras veces, cuando estoy entre los colonos junto a quienes combatí en Italia, les doy la razón por haber des­brozado esta tierra y encuentro inadmisible que se les abandone. Han pagado el doble precio del sudor y de la sangre.

«En otras ocasiones, también sueño con un entendimiento entre las dos comunidades. Aicha me dijo un día: «La única paz po­sible será la de los combatientes. Si se me pidiera que hiciese un cuartel para unir a los hombres del maquis, exhibiría un paracaidista y un jellouze, cada uno con la mano del otro, pero conservando sus metralletas, y como divisa «Juntos haremos la Argelia nueva». Desde luego, habría que empezar por fusilar a algunos colonos gordos y a unos cuantos bachagas bien cebados.

Y así Lartéguy nos describe la guerra, su guerra, su particular visión de la realidad, (su realidad), desde un punto de vista más marcial. Sin embargo Khadra lo hace más desde el llano en la Trilogía de Argel, tanto en la sencilla y sapiente filosofía pueblerina del comisario/escritor Brahim Llob , como en la fascinante galería de personajes que lo circundan.

En la adolescencia, la lectura de la trilogía de Jean Lartéguy mostróme el universo particular de los paracaidistas franceses, de sus códigos de honor, espíritu de cuerpo, de esa Stirps Virilis, (Lema de la gloriosa Agrupación de Comandos Anfibios (APCA), la Fuerza de Operaciones Especiales de la Infantería de Marina Argentina, de destacada actuación en la Guerra de Malvinas en 1982). Una trilogía que comienza en Corea, sigue por Indochina y termina en Argel. La historia de siempre, de gobiernos que exigen a sus grupos de élite el máximo sacrificio para luego, abandonarlos a las manos de Dios y las garras de una justicia vengativa y desmemoriada que olvida que sus sueños fueron velados por esos mismos hombres que hoy condena.

Más que gracia, genera bronca ver al pueblo francés declamar por los derechos humanos, rasgarse las vestiduras por la historia reciente del Tercer Mundo, las redes exhibiendo pancartas con el “Je suis”, sin el menor asomo de autocrítica, ni del gobierno, ni del pueblo. La ocupación francesa de Argel ha hecho escuela en el Tercer Mundo, las prácticas de tortura se han exportado en los setentas, han viajado para enseñarlas. Y no hace falta ser agricultor para saber que, “si siembras vientos… recogerás tempestades”. En aquellos años, USA y Francia se repartían la enseñanza, unos apadrinaban una fuerza y otros otra. Fue famoso en aquellos años cierto librito de métodos para “recabar información” recopilado por la CIA que competía en “efectividad” con la experiencia argelina de Francia. No debemos olvidar tampoco que, ambas naciones venían de guerras en el sudeste asiático, en las cuales, su bagaje de métodos “disuasivos” se había incrementado enormemente al incorporar los brutales empleados por el enemigo.

¿Qué les acontece a los gobiernos, los imperios, las revoluciones, que terminan traicionando a los hombres que les ayudaron a ascender y mantenerse en el poder? ¿Qué los lleva a abandonar a aquellos que confiaron ciegamente en ellos? ¿Qué ocurre con las promesas dadas al pueblo que puso su cuerpo, sus sueños e ideales en sus manos que, al final de cuentas, volverán a estar vacías? ¿Qué valor tienen las revoluciones que forjan millonarios mandatarios de pueblos hambreados y empobrecidos? ¿Con qué derecho se arrogan la potestad de matar el sueño de los justos, el futuro de los niños, el bienestar de los ancianos?

Quizás sea como nos dice Khadra en boca del viejo Da Achur:

«Es un proceso biológico. El mundo está padeciendo el metabolismo de su senilidad. Entramos en una era extática, el milenio de los gurús. Las civilizaciones van a ser barridas a lo bestia y vamos a volver a los principios. Las fronteras se van a hacer añicos, igual que las razas y los valores fundamentales. Ya no habrá patrias, ni himnos nacionales, sino cofradías y encantamientos. Las sectas tentaculares gangrenarán la tierra, que estará infectada de fakires y de profetas colgados, y hasta los rellanos de las casas se convertirán en tierra de nadie. Se acabaron sus majestades, se acabaron sus señorías, se acabaron los escrutinios y las leyes electorales: la gente elegirá, entre aprendices de morabitos, a sus propias divinidades y practicarán rituales estúpidos y exaltaciones suicidas. El integrismo ya ha convertido la fe en un culto a la charlatanería. Las religiones del mundo no podrán resistir mucho tiempo al vértigo de las demonizaciones. Las iglesias serán sustituídas por templos heréticos. Las mezquitas ya no se atreverán a alzar sus minaretes frente al palco de los mutantes… El tercer milenio será fundamentalmente místico, Llob. El Apocalipsis será percibido como el orgasmo de los encantamientos…»

Si Lartéguy representa al brazo ejecutor del colonialismo francés, Khadra es la otra cara de la moneda, es el representante de la resistencia argelina que puso fin al mandato francés a costa de su propia sangre. Es el mismo que nos cuenta como se degradó la revolución. Que nos cuenta como la revolución perpetrada por muchos fue para beneficio de unos pocos. (Como fue en el pasado y seguramente repetirá el futuro). Las revoluciones las pergeñan los del medio, cuyo fin es llegar arriba, valiéndose de los de abajo. En la revolución francesa, la burguesía azuzó al pueblo para derrocar a la aristocracia y quedarse con sus negocios. En Libia ocurrió lo mismo, en busca del petróleo. En definitiva, el fin siempre es el mismo, (así lo hagan por “derechas” o por “izquierdas”), enriquecerse, obtener y ostentar mayor poder y dominación.



Hoy, (como en las décadas anteriores en Latinoamérica y el Tercer Mundo), vemos a líderes enriquecidos, (millonariamente enriquecidos), dirigiendo masas juveniles fanatizadas, (que en el caso del yihadismo occidental y pro-sionista de Daesh), esperan acceder a un paraíso al que jamás van a acceder. Es hora de que la juventud deje de ser rebaño de estos depredadores y entienda que, (como dice el teniente Lino): “la manera más razonable de servir a una causa no consiste en morir por ella, sino en sobrevivirle”.

Como bien dice Yasmina Khadra: “Una vez arriba, ya nada hay que envidiar a los dioses. Al carácter más horrible se le califica de singular, y los antecedentes infamantes se presentan como hazañas bélicas. Cuando se tiene el dinero en una mano y el poder en la otra, el cielo importa un bledo”.

Justamente por ello, elijo cerrar con las palabras del comisario Brahim Llob:

“La auténtica carrera de un hombre, Lino, es su familia. Tiene éxito en la vida quien tiene éxito en su casa. La única ambición justa y positiva es la de sentirse orgulloso en el propio hogar. Lo demás, todo lo demás, (promoción, consagración, vanagloria), no es sino pura fachada, huída hacia adelante, engañifa… “

Por Moro
Para Páginas Árabes

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Cantillana rinde honor a la figura del maestro sufí Abu Madyan

Vista general del municipio de la Vega sevillana de Cantillana ©Francisco J. Domínguez
Vista general del municipio de la Vega sevillana de Cantillana ©Francisco J. Domínguez

La Cantillana de la actualidad poco conserva de su época de dominación musulmana. Ciertos vestigios históricos, parte de su trazado urbanístico, cuestiones concretas de la cultura –palabras, costumbres– y de la gastronomía. Pero, sobre todo, el vínculo con un afamado sufí de gran importancia en el mundo árabe, Abu Madyan. Cantillanero del siglo XII, su figura va a ser reivindicada y puesta en valor desde su localidad natal a través de unas jornadas internacionales con las que el Ayuntamiento también potencia su pasado histórico.

Se cumplen 900 años del nacimiento de Madyan, cuestión que se ha aprovechado para impulsar la recuperación y valoración de este personaje histórico de gran calado en el ámbito musulmán. Para ello, durante tres días, se profundizará en el conocimiento del místico poeta, patrón de la ciudad de Tlemecén, en Argelia. A través de un ciclo de conferencias, conciertos, representaciones teatrales y una exposición, Cantillana reivindicará la figura del maestro sufí y los valores de sus enseñanzas.

Desde sus orígenes humildes, como pastor huérfano en Cantillana, lugar en el que nació en 1116, llegó a ser maestro de maestros sufíes. El recinto amurallado al que su pueblo se circunscribía en aquellos entonces –el entorno conocido como barrio alto o barrio de la Iglesia– pronto le resultó insuficiente para sus ansias de aprender.

Con esa necesidad, inició un viaje de conocimiento y perfección espiritual con el que, a través del sufismo –doctrina mística del Islam– llegó a ser considerado un santo de renombre, un excelente poeta, maestro de enseñanzas que han determinado el Islam argelino y marroquí y que se han extendido por todo el mundo musulmán.

Su tumba, en las afueras de Tlemecén, es lugar de peregrinación donde se erigen en su memoria un mausoleo, una mezquita, una madraza y un baño árabe. Honores máximos que la sociedad rinde al que consideran patrón y patriarca y parte indisoluble de su cultura. Y es ahora Cantillana la que también rinde honor a uno de sus paisanos más universales.

La potenciación de la figura de Abu Madyan y su relación con el mundo árabe está recogida como uno de las ejes de actuación del Plan estratégico para el desarrollo económico de Cantillana. La recuperación de su figura se orienta hacia dos vertientes: valoración y difusión del personaje, su obra y legado desde su origen y, por otra parte, abrir vías para el turismo internacional desde la reivindicación de este icono fundamental para el mundo musulmán.

Desde la celebración del noveno centenario de su nacimiento, Cantillana apostará por profundizar en la significación histórica de su persona y de sus enseñanzas, de proyección universal.

Ello dedicándose especialmente a contribuir al desarrollo de una cultura de paz y hermanamiento con los países musulmanes del Mediterráneo.

Siguiendo las directrices marcadas por el referido plan estratégico, durante tres días se desarrollará un intenso programa de actividades orientadas al conocimiento de Madyan. Propuestas de distinto cariz para toda la población, apostando por el conocimiento académico de su obra y su legado y el acercamiento de la población a la figura de un cantillanero poco conocido.

Un ciclo de 12 conferencias se desarrollará entre las tres jornadas del evento. Serán tratados temas como la obra de Madyan, sus enseñanzas, su influjo en el Magreb, su poesía, el sufismo o la vigencia de sus enseñanzas.

Profesores de la Universidad de Sevilla, como Gracia López Anguita; Pablo Beneito, de la Universidad de Murcia; artistas como el cordobés Hashim Ibrahim; personalidades del entorno musulmán, como Cherif Ouazzani Abdellah (Casablanca, Marruecos) o Mohamed Baghli (de Tlemecén) serán parte del amplio elenco de ponentes.

Este ciclo, además, contará con la participación de hasta 100 alumnos universitarios de diferentes titulaciones, que obtendrán de su asistencia créditos de libre configuración.

Una delegación argelina participará también en las jornadas, que se complementarán con propuestas culturales.

Las actuaciones musicales de la orquesta sufí de Tlemecén, de la coral polifónica Misericordiae Chorus, de Cantillana, el grupo Túrat Al Ándalus fusión de Granada y la orquesta de la asociación Gharnata de Tlemecén; declamación de poemas de Madyan y escenificación de su vida a cargo de las Ampas de Cantillana y la exposición de unas 300 piezas del legado de Abu Madyan –cedidas por el doctor Mohamed Baghli de Tlemecén– completarán el programa.

La inauguración de una placa conmemorativa en este aniversario del nacimiento de Abu Madyan servirá para mostrar el reconocimiento explícito de Cantillana, cuyo Ayuntamiento trabaja en el hermanamiento con la localidad argelina donde descansan sus restos, para estrechar los lazos de unión entre las dos localidades que condicionaron su vida y su obra. Ambas además de plena vigencia por su testimonio de libertad, de elevación sobre el mundo material y superación de los prejuicios, el fanatismo y el sectarismo. Valores que el Ayuntamiento de Cantillana, a través de estas jornadas, apuesta también por reivindicar.

Por Francisco J. Domínguez
Con información de El Correo

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Yasmina Khadra: “Dios no vive en La Habana”, éxito en Francia

Dios no vive en La Habana
Dios no vive en La Habana

Historia de amor entre un veterano cantante de cabaret y una joven que representa la nostalgia por la belleza de la juventud, la novela Dieu n’habite pas La Havane, o Dios no vive en La Habana intenta descubrir los misterios de una ciudad fascinante, a través del improbable idilio entre Juan del Monte Jonava, apodado Don Fuego, quien viene de vuelta de todo, y Mayensi, una joven con cabellos rojos que quisiera tenerlo todo.

La novela es también un viaje al país de las paradojas y los sueños, pues Yasmina Khadra combina la reflexión nostálgica sobre la juventud perdida, la promesa de un mañana dichoso, con las contingencias de la vejez, la jubilación, el declive, al tiempo que la novela accede a la música y la cultura cubana.

La trama novelesca juega con ficciones como la privatización del Buena Vista Café que condena al protagonista a vagabundear de un lugar a otro, con la sensación de haberlo perdido todo. En su deambular nocturno es que encuentra a esta joven misteriosa y pierde la cabeza por ella, que tiene un tercio de su edad.

Después de su novela anterior La dernière nuit du Raïs que intentaba entrar en la piel del líder libio Mouammar el Gueddafi, el escritor argelino Yasmina Khadra prefirió dejar de lado todos los conflictos de su Argelia natal y del mundo árabe, y viajó a Cuba durante varios meses para reunir material e inspiración para Dieu n’habite pas La Havane, publicada simultáneamente por ediciones Julliard (Francia) y Casbah (Argelia).

Autor de novelas como L’Attentat, Ce que le jour doit à la nuit, A quoi rêvent les loups y la mencionada La dernière nuit du Raïs, Yasmina Khadra regresa a la popularidad con este cuento apasionado, violento y destructivo, que responde al principio de Erase una vez en La Habana, en el cual la ciudad ocupa un lugar esencial, protagónico.

La crítica francesa más seria apunta sobre la superficialidad del retrato de un país que Khadra pretende retratar a través de evidentes clichés y de personajes estereotipados cuyos diálogos carecen de profundidad. Sin embargo, Dieu n’habite pas La Havane ha reconquistado al público para un escritor habituado al éxito, mientras que otro sector de la crítica le reconoce una construcción sólida al relato, redactado con una escritura lúcida y afectuosa.

Por Joel del Río
Con información de CiberCuba

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La Batalla de Argel

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La Batalla de Argel a partir de su aparición en 1966 causó un gran impacto, por su temática anticolonialista y su estilo cinematográfico. Filmada en blanco y negro, en un estilo semidocumental  transmite con gran fuerza expresiva la lucha de los combatientes argelinos, ocupando un papel relevante la población, y la legendaria Casbah.

Francia, que era entonces una potencia colonial. Empleó todos los medios para impedir la liberación de ésta, su más preciada joya en su otrora vasto imperio colonial. ¿Por qué Argel? Desde 1830 Francia, por su importancia, le dio el estatuto de Departamento de Francia. Cientos de miles de franceses vinieron de Europa y se asentaron en este territorio africano, apoderándose de las riquezas de este país con costas mediterráneas. Francia no desarrolló a los argelinos, explotaron su territorio y reprimió a la población sistemáticamente.

En 1954, mientras a otros territorios bajo el dominio de Francia le otorgaban la independencia, a Argelia le fue negada esa posibilidad por la vía pacífica y comenzó una larga y sangrienta guerra de liberación que terminó en 1962.

Francia tuvo que ceder, el General Charles de Gaulle, con su inmenso prestigio político y militar intervino para que Argelia fuera libre, lo cual le concitó el odio de la derecha francesa que como veremos en otro trabajo y en otra película: Chacal, hizo todo lo posible por asesinarlo.

La guerra de liberación argelina fue una batalla que abarcó no solo el territorio de Argel sino que tuvo gran influencia en la Metrópolis Francia y en todo lo que se llamaba tercer mundo que iniciaba un fuerte movimiento libertario.

El filme se estrenó en 1966 dirigido por el italiano Gillo Pontecorvo y con la participación del joven Estado argelino que propició todo el apoyo para hacer el filme.

Para comprender el empecinamiento de las fuerzas de derecha francesas, hay que hacer un poco de historia. El Ejército francés tenía unas unidades de élite: Paracaidistas y tropas de asalto, que se suponían invencibles.

Estas tropas élites sufrieron un gran descalabro en Viet Nam, otra de las joyas de su imperio. En una batalla célebre, que fue seguida por los medio de difusión de todo el mundo, el ejército descalzo, cómo llamaban a los vietnamitas seguidores de Ho Chi Min, sorprendieron y cercaron a estas tropas élites en un sitio llamado Dien-Bien-Pu. Durante días y semanas se prolongó el combate en el que los vietnamitas hicieron prodigios con su estilo de guerra irregular que derrocaría no sólo al imperio francés, sino muchos años después al norteamericano.

La derrota de Dien-Bien-Pu fue muy publicitada en los grandes medios de información franceses. Después de perder Viet Nam y sufrir la derrota humillante de las tropas especiales y los paracaidistas que se dieron en llamar “paras”. Este odio por la humillación sufrida lo llevaron consigo a Argelia.

A medida que avanzaban los combates y se evidenciaba su impotencia y derrota, esta fuerza de élite se degradó completamente y comenzaron a aplicar masivamente medios de tortura. Un libro: “La Tortura” de Henri Alleg, conmovió profundamente la opinión pública francesa.

Era una guerra insostenible para la mentalidad tradicional francesa. La izquierda comenzó a ayudar desde la Metrópolis a los argelinos, convirtiéndose la guerra en una lucha anticolonialista donde muchos franceses de la Metrópolis también fueron reprimidos.

Pero concentrémonos en el filme, como decíamos fue filmado en blanco y negro con una fotografía que mostraba duramente los contrastes. No es un filme realizado en el estilo de ficción, con planos, contraplanos y actores profesionales.

La película se centra en un personaje: Ali La Pointe, legendario luchador que representaba el vasto movimiento insurreccional que tenía como escenario la propia ciudad capital: Argel.

La Casbah jugó un papel importante en el filme, este es un barrio con una construcción típica de la cultura árabe. Aquí no vivía ningún francés, solamente las tradicionales familias nativas, sus pequeñas calles y su geografía complicada era el marco ideal para las acciones clandestinas. Los franceses nunca pudieron ocupar la Casbah y se limitaron a custodiar los accesos con tropas fuertemente armadas.

Varias secuencias del filme son antológicas. En una las protagonistas son las mujeres árabes que vestían su atuendo tradicional y eran objeto del mayor desprecio por parte de los colonialistas. Para apoyar una acción insurreccional y poder salir de la Casbah, el filme nos muestra cómo un grupo de muchachas se disfrazan, cambian el vestuario tradicional árabe por ropas occidentales, se pintan hasta parecer no árabes. Este grupo de muchachas, bellísimas por cierto, llegan a las entradas custodiadas, se sonríen con las tropas y éstos las dejan pasar.

Otra secuencia inolvidable es cuando en la noche, en la Casbah ocupada se escucha el sonido típicamente árabe que emiten las mujeres con un movimiento de la boca y la lengua. Este es un sonido ancestral que en esta película juega un gran papel como forma de comunicarse y también de expresar el dolor. Ali La Pointe es cercado, pero para ser atrapado vende muy cara su vida. Esto entusiasmó a la población francesa que vivía en el país: un millón de colonos que se habían apoderado de la colonia.

Como sabemos, los argelinos tuvieron que pagar un altísimo precio por su independencia, se afirma que un 15 por ciento de la población argelina fue masacrada por los franceses. Hasta que logró su independencia el 5 de julio de 1962.

Pero aunque no es parte de esta película, quiero contar lo que pasó después y que daría origen, primero al libro y después a la película Chacal.

Un millón de franceses tuvo que regresar a Francia. La derecha y las fuerzas más retrógradas, no se consolaban con la pérdida y le achacaban al General Charles de Gaulle que fue el Presidente que propició el fin de la guerra.

Los antiguos “paras”, licenciados del ejército, se unieron con fuerzas de derecha en el país y en su delirio fascistoide pensaron que eliminando físicamente a De Gaulle volverían al poder, no comprendieron nunca que los tiempos habían cambiado. En la propia Francia era un hecho consumado que ya el país no era una potencia colonial y tenía que ajustarse a los nuevos tiempos.

La Argelia socialista avanzó al principio con muchas dificultades porque los colonialistas no formaron profesionales ni personas capaces de dirigir un país, tuvieron que aprender sobre la marcha.

Hoy, Argelia es un país independiente de tendencia socialista que apoya otras causas justas como la de los palestinos. La cruenta batalla de Argelia rindió sus frutos. El filme La Batalla de Argel, ganó el premio del Festival de Venecia de 1966, ha sido exhibida en todo el mundo, y en nuestro país tuvo una gran difusión. Quien ha visto esta película no puede olvidarla.

Por Miguel Torres (reconocido director de Cine y de televisión cubano, fue un connotado realizador del Noticiero ICAIC Latinoamericano. Ha sido profesor de la Escuela de Cine y de Televisión, tiene en su haber varios largometrajes y decenas de documentales.) Con información de Cubadebate

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