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Amr Diab – Un ícono de la Música Árabe Pop

Amr Diab en el World Music Awards 2007

Se transformó en un icono indiscutido de la música árabe contemporánea. Sus canciones han trascendido las fronteras del mundo árabe para ser absolutamente representativas en todo el mundo. Un éxito rotundo acompaña a este artista desde hace tres décadas, que llegó para quedarse como uno de los mayores referentes de la música pop árabe que fusiona el género pop con la tan característica poesía árabe, que lo distingue de otros géneros por sus letras y melodías tan particulares para el mundo occidental.


Los comienzos de un artista indiscutido

Amr Abdel Basset Abdel Aziz Diab, AKA Amr Diab, nació el 11 de octubre de 1961 en Port Said, Egipto. Su padre, Abdul Basset Diab, trabajaba como presidente de Construcciones de la Marina y Barcos, lo alentó a cantar en incluso lo llevó al Festival del 26 de Julio de 1967 cuando él solo tenía 6 años y donde ganó una guitarra.

Fue allí que la voz de Amr fue oída por primera vez en la Radio Egipcia, interpretando el Himno Nacional Biladi, Biladi. Amr comenzó a estudiar en la facultad de música de la Academia de Artes de El Cairo y consiguió su licenciatura en música árabe en el año 1886. Su primer álbum fue Ya Tareeq, el cual fue un éxito.

Ya nada detenía al joven cantante, que a continuación, lanzó discos como Mayal (1988), Hala Hala (1988), Shawakna (1989) y Matkhafesh (1990).

Una carrera exitosa

En el año 1990, el cantante fue elegido para representar a Egipto en el 5to. Torneo deportivo en África, donde interpretó canciones en árabe, inglés y francés.

El Afareet

Ese mismo año, la estrella decidió incursionar en cine con la película El Afareet con Madiha Kamel.

Su exitosa carrera lo llevó a grabar Habibi (1991), Ayamna (1992) y Ya Omrena (1993).

En los años 1992 y 1993, Amr ejecutó dos roles más en las películas Ice cream ,Fe glym y Dehk we la`ab we hob, donde compartió la escena con el aclamado Omar Shariff , la cual fue elegida en el Festival egipcio de cine.

En el año 1994, lanzó we Youlomouny y luego Rage`in y Zekrayat en 1995, los cuales lo posicionaron como “la superestrella de los países árabes”.

Fue en 1996 que salió a la venta su disco más popular Nour el ain, el cual trascendió las fronteras del mundo árabe para hacerse conocer en el occidente, por lo cual recibió el premio triple platino por sus logros en las ventas y el Premio mundial de música el 6 de mayo de 1996 en Mónaco.

En  1999, Amr Diab estaba listo para saturar las ventas con su nuevo álbum Amarien, en el cual se incluyó un dúo con Cheb Khaled con la canción Alby y otro con la griega Angela Dimitrou en la canción Ana bahebak aktar.

Los años 2000, 2001 y 2003 no fueron diferentes a los anteriores, en los cuales lanzó los discos Tamally Maak, Aktar Wahed y Allem Alby, los cuales se escuchan alrededor del mundo.

En el año 2003, realizó un nuevo film titulado El Motamared.

En julio del 2004, Amr Diab lanzó su último éxito titulado Leily Nahary, el cual suena con entusiasmo en todo el Medio Oriente y también en el Occidente.

Amr Diab ha realizado recitales en muchos países, incluyendo Australia, Canadá, Estados Unidos y países europeos.


En su vida personal, Amr Diab tiene 4 hijos, uno de su primer matrimonio con Sherine Reda, y los otros tres de su segunda y actual esposa de origen saudí Zeina.

Fue el primer cantante árabe en realizar videoclips como Tamally Maak, A nour el ain, Amarien, entre otros.

Es famoso por su estilo árabe  mediterráneo, su música es una fusión de sonidos árabes, flamencos y de pop moderno.

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Asesinato de Mohamed Anuar el Sadat

Mohamed Anuar el Sadat

ANUAR EL SADAT
Nacido en 1918, Mit Abu al-Kum, al Minufiyah, Egipto
Fallecido en 1981, El Cairo
Presidente egipcio

El 6 de octubre de 1981, el presidente egipcio Mohamed Anuar el Sadat fue tiroteado por un grupo de pistoleros que abrieron fuego durante un desfile militar que conmemoraba el octavo aniversario de la guerra de Yom Kippur.

Por regla general, los ganadores del premio Nobel de la Paz no son asesinados, pero siempre existe la excepción fatal. Anuar el Sadat es recordado sobre todo como el primer líder árabe que realizó una visita oficial a Israel, donde se reunió con el primer ministro de ese país, Menajem Begin, y habló ante el Knesset, (parlamento), en Jerusalén el 19 de noviembre de 1977, creando una concordia sin precedentes entre antiguos enemigos. Sadat, sin embargo, no siempre había oficiado de pacificador. Su ascenso hacia la reputación mundial se inició cuando, como oficial de carrera en el ejército egipcio, tomó parte en el golpe de 1952 que destronó al rey Faruk y llevó al nombramiento de Gamal Abdel Nasser como presidente de Egipto.

Fue una figura clave en las guerras con Israel, libradas en los años cincuenta y sesenta, y después de la muerte de Nasser en 1970 le sucedió como presidente. En 1973 lanzó la guerra de Yom Kippur contra Israel, y aunque su enemigo consiguió la victoria, algunos éxitos iniciales de la campaña contribuyeron a recuperar la moral egipcia y allanaron el camino para el acuerdo de paz que se firmó años más tarde, un hecho que fue, a la vez, el mayor logro histórico de Sadat y la causa directa de su muerte.


La teoría de la conspiración

Pocos dudan de que el asesinato de Anuar el Sadat fuese otra cosa que lo que realmente sucedió. Sadat fue asesinado por fundamentalistas islámicos, furiosos de que hubiese establecido esa relación armónica entre Egipto e Israel, pero también se ha dicho que algunos miembros de la seguridad personal de Sadat formaban parte de la conjura y permitieron deliberadamente que los asesinos se acercaran a su objetivo.

Las pruebas

Sadat visitó Israel en 1977, aceptando una invitación cursada por Menajem Begin, en un movimiento radical y deliberado hacia el establecimiento de un acuerdo de paz permanente que llevó a los acuerdos de paz de Camp David, de 1978, impulsados por el presidente de Estados Unidos, Jimmy Cárter. Sadat y Begin recibieron el premio Nobel de la Paz por sus esfuerzos, pero el acuerdo entre Egipto e Israel fue terriblemente impopular en el mundo árabe, especialmente para los fundamentalistas islámicos. Muchos estaban convencidos de que sólo una amenaza de fuerza obligaría a Israel a negociar una patria para los palestinos, y los acuerdos de Camp David eliminaban la posibilidad de que Egipto, la mayor potencia militar de la región, representase esa amenaza.

La oposición fundamentalista aumentó de un modo tan virulento que, en 1981, Sadat reprimió de forma drástica a las organizaciones islámicas y los grupos estudiantiles, haciendo casi mil seiscientas detenciones. En esa época, el apoyo de Sadat entre el pueblo llano estaba menguando a causa de los métodos violentos empleados por el presidente y también porque los fracasos económicos estaban ampliando la brecha entre ricos y pobres.

Los asesinos lanzaron su ataque después de que Sadat hubiese saludado y colocado una corona de flores, mientras estaba contemplando una exhibición a cargo de la fuerza aérea egipcia. Primero hicieron explosión dos granadas, luego los pistoleros saltaron de un camión militar frente al palco presidencial y corrieron hacia los espectadores, barriendo a los oficiales con fuego graneado de sus armas automáticas. A pesar de la presencia de numeroso personal de seguridad, los atacantes continuaron disparando durante más de un minuto.

Para cuando los guardaespaldas del presidente devolvieron el fuego, al menos diez personas yacían muertas o gravemente heridas en el suelo del palco presidencial. Las fuerzas de seguridad dispararon y mataron a dos de los atacantes y redujeron al resto, mientras cientos de espectadores, militares y civiles, huían en busca de refugio.

El presidente Sadat fue trasladado en helicóptero a un hospital militar, donde murió dos horas más tarde. Varios dignatarios, incluyendo a diplomáticos extranjeros, murieron durante el ataque o quedaron gravemente heridos.


El veredicto

La organización Yihad Islámica, que se oponía a las negociaciones de Sadat con Israel, así como también al uso brutal que hizo de la fuerza durante los sucesos de septiembre, se atribuyó su muerte. No existe prueba alguna que sugiera que el responsable del atentado fuese otro. A Ayman al-Zawahiri, el líder de los asesinos, se le atribuye el reclutamiento de Osama bin Laden para el movimiento.

Con información de Conspiracy Encyclopedia

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Juan El Bautista – La voz que clama en el desierto

“Cabeza de san Juan Bautista”- Auguste Rodin (1887/88)

 

En la Judea pre-cristiana, surgió la figura de un joven revoltoso cuya voz predicaba la conversión y la penitencia.

¡Apareció un Profeta! El silencio del cielo se rompió y desde el vado de Betabara, a orillas del río Jordán, creció un rumor que estremeció el alma humana. En ese claro del desierto, entre espinosos matorrales y sobre un tímido césped, cientos de caravaneros escuchaban sedientos una voz, abrasadora como el fuego.

Hacía más de 500 años que Zacarías, en ocho visiones monumentales, anunció la gloria de Israel. Sin embargo, nada ocurrió. Aparecieron impostores de toda laya revestidos de peludos mantos, viles y aduladores.

Pero este retumbaba. Su figura grandiosa e hirsuta señalaba con el dedo los pecados del mundo; anunciaba catástrofes y no respetaba ni costumbres ni poderes. Se enfrentó a Herodes Antipas, el Tetrarca de Judea –hijo de Herodes el Grande–, adúltero con su cuñada Herodías, esposa de su hermano Herodes Filipo.

El historiador judío Tito Flavio Josefo, de la secta de los fariseos, y los cuatro Evangelistas dan carta de autenticidad a la existencia de Juan el Bautista. San Lucas es quien aportó más datos sobre su vida y su mensaje.

Algunos soñadores sostienen que el Bautista fue educado en un monasterio del grupo judío disidente de Qumrán y, los más disparatados, lo asocian con Gilgamesh, el héroe mitológico babilonio.

Con 30 años emergió de las arenas desérticas, entre la desembocadura del río Jordán y el Mar Muerto.


Una escultura de Rodin lo muestra seco de carnes, enjuto, barbudo y una expresión ígnea. Su aspecto incendiario nada tiene que ver con esas imágenes edulcoradas de infante pelirrubio regordete, que mata el tiempo jugando con el Niño Dios.

Aquel hombre vino al mundo –en el año 6 a. C.– de la forma más insólita : su padre, Zacarías, era un sacerdote justo pero menospreciado, y su madre –Isabel–, una anciana estéril.

Un sábado, en el Altar de los Perfumes, cuando ofrecía incienso a Dios, el Ángel Gabriel apareció entre la humareda y le anunció que tendría un hijo, a quien llamaría Juan. Por incrédulo, quedó mudo.

La literatura evangélica ofrece pocos datos para trazar la infancia y juventud del Bautista; Lucas escribió que el Ángel pidió a Zacarías consagrar el bebé a los nazarenos: luciría el pelo largo, no tomaría vino ni nada embriagador y un día, caminaría delante de la faz de Dios.

Heraldo divino

Penitente inclaudicable forjó su carácter en las carencias del desierto. El Bautista comía langostas –endulzadas con miel silvestre–, un platillo nada excéntrico registrado en el Levítico como una de las variedades de animales comestibles. La ropa correspondía a su talante: un vestido de pelo de camello, ceñido a los riñones por un cinturón de cuero. El mismo atuendo que Elías.

Gente de todo pelaje acudía a sus prédicas: publicanos, soldados y paganos. Anunciaba la conversión, el cambio radical de vida, la separación entre el grano y la paja, y la plenitud de los tiempos.

Una comisión de sacerdotes y levitas, versados en las sagradas escrituras, lo visitó para medir su grado de locura: –¿Eres el Mesías? No, no lo soy. ¿Qué debemos hacer? Quien tenga dos túnicas, regale una; quien tenga de comer, que comparta. ¿Y los recaudadores de impuestos –el ser más odiado por los judíos–? No exijan nada por encima de lo legal.

Y, por si fuera poco, bautizaba. La tradición artística lo expone con una concha o una vasija, derramando agua sobre los conversos. En la simbología ese líquido lavaba los pecados y era el inicio de una vida nueva.

A pesar de su discurso antisistema, tenía amigos entre los poderosos, uno de ellos Herodes Antipas. Este lo vigilaba a la distancia, entre el respeto, la inquietud y la sospecha.

La emprendió contra Herodías, poco indulgente con quienes tocaban sus ambiciones y sus amores; por eso, buscó la manera de deshacerse de aquel incómodo predicador, empeñado en exhibirla como adúltera.

Azuzado por su mujer, el tirano mandó prender al Bautista –en mayo del 28 d. C.– y durante 10 meses lo tuvo preso en la fortaleza de Maqueronte; en un calabozo sombrío, el Bautista siguió, por medio de sus discípulos, las andanzas del Mesías.

Entre el invierno de los años 28 y 29 d. C., los romanos firmaron un pacto con Artabán, rey de los medos, y como Herodes formó parte de esa delegación negociadora organizó una fiesta en su palacio. Ese día, el Tetrarca celebró su cumpleaños.

Fue ahí, al calor de las suaves melodías que acompañan el vino, que Salomé –hija de Herodías– bailó para el reyezuelo. La joven tendría 13 años. En una pintura de Bernardino Luini, en el Museo de Louvre, la vemos con su cabellera roja, ojiverde, enigmática, con una belleza entre el vicio y la virtud.

La danzarina enardeció los sentidos del “fino zorro” y al final le dijo: “Pídeme lo que quieras y te lo daré”. Esta no se hizo de rogar y, aconsejada por su madre, exigió en una bandeja la cabeza del Profeta.

Triste, pero fiel a su palabra, Herodes ordenó a un guardia decapitar a Juan el Bautista; tal vez así evitaría una revolución en aquella caldera del diablo.

Una piadosa leyenda afirma que el cuerpo del mártir fue sepultado en tierra samaritana, y con el tiempo levantaron una mezquita en su memoria.

Los discípulos llevaron la noticia a Jesús, a fines de marzo del año 29, y él no dijo nada, pero todos recordaron que meses antes lo elogió: “entre todos los hijos de mujer, ningún profeta fue mayor que Juan”.


Con información de La Nacion

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