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La Raíz – Huda Al-Daghfag

La Raíz

Escribe tu último poema
y cálzalo con tu renuncia;
anuncia tu nueva derrota
y vuelve a empezar, que ese es tu sino.
Escribe tu poema en un deseo,
no temas,
con un bolígrafo
o un lápiz;
habita en él.
No se ha de convertir en un cuadro
cuyos colores habrán de revelar su naturaleza;
extiende, pues, todas tus lágrimas.
Que no haya tinta que las llore contigo.
Recoge lo poco que queda de tu ánimo
Y vuelca en él tu optimismo.
No busques las causas:
Tú eres una de ellas
y también la más ardua.
El dolor de la rebeldía que en ti bulle nunca se acostumbrará a ellos;
El dolor de la rebeldía que en ti bulle nunca dejará de combatirlos;
No te retires,
tus otras vidas,
les proporcionarán, a ellos,
escalas
con las que treparán hasta ti.
Te superarán,
vamos,
no te dejes llevar por la tentación del retorno al origen;
resiste a los niños que hay en ti.
Llévatelos,
no les concedas tregua.
¿Lo harás?
Sé que no.
Despliega la negrura de tu caída
sin hacerla seguir de deseo alguno.
Seguirás retrocediendo
si no eliges un lugar dónde detenerte;
modérate
para que no se te castigue.
O sumérgete
para que no te conviertas en otro.
Seguirás yendo hacia atrás;
escoge un colofón apropiado
y encórvate,
después extiéndete
para formar un círculo que de ti
se compadezca.
Pero sigue así, arqueado,
para luego estirarte.
Rasga tu último poema.
Y con…ti…nú…a

Huda Al-Daghfag


Huda al-Daghfag nació en Magmaa, Arabia Saudita el 4 de octubre de 1967. Poeta, narradora, periodista y profesora. Licenciada en Lengua y literatura árabe en la Universidad de Riyadh en 1990. Es miembro de la asociación internacional de prensa, ha laborado en la prensa Saudita y ha sido una activista en pro de los derechos de las mujeres. Durante 5 años consecutivos participó en el prestigioso festival Al Ganadriyah de Arabia. También ha representado a su país en festivales poéticos en Bahrein, Omán, Emiratos Árabes, Túnez, EgiptoJordania y Suiza. En 2004, obtuvo el premio a la mejor actividad poética en Arabia.  Ha publicado los poemarios: La sombra hacia arriba, 1993; Nueva pasión, 2002; y El bosque de las mariposas, 2005.


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Cafés: jóvenes saudíes detrás del mostrador

Interior de una cafetería saudí ©Ángeles Espinosa
Interior de una cafetería saudí ©Ángeles Espinosa

La pasión por el café genera autoempleo entre los jóvenes y ayuda a vencer el tabú.

La decisión de Abdullatif Abdullah Alwshigry de ponerse detrás de un mostrador de café conmocionó a su familia. No sólo el joven acaba de regresar de Estados Unidos con un máster en sistemas informáticos, sino que en su país, Arabia Saudí, el sector servicios es cosa de inmigrantes extranjeros. “Es cierto que en nuestra cultura no se espera que hagamos [este tipo de trabajos], pero una vez superada la sorpresa, me han apoyado mucho”, confía orgulloso de haber podido convertir su pasión por el café en un modo de vida.

“He crecido oliendo como mi madre tostaba los granos en casa [para hacer el café árabe mucho más claro], luego en la universidad me aficioné al café negro y empecé a desarrollar interés por el producto y a comprar mis propios granos”, rememora.

Abdullatif (en Arabia suele utilizarse el primer nombre incluso en los ámbitos profesionales) montó The Camel Step, una tienda gourmet de degustación de café, junto a otros dos amigos, en 2014. Pero a diferencia de lo que viene siendo tradicional entre los árabes del Golfo, no se limitaron a poner el dinero y contratar media docena de asiáticos para gestionarla.

Su entrada en el mundo laboral ha coincido con un momento complicado para el reino que ya no puede garantizar puestos de funcionario para la oleada de jóvenes que cada año busca trabajo. Así que las autoridades promueven el autoempleo. A la vez, triunfaba entre los jóvenes urbanos la moda del café. Espresso, americano, con leche o sólo, ese líquido negro empezaba a desplazar a las bebidas tradicionales.

“Hace 20 años no bebíamos café, sólo te o café árabe”, señala Samer al Hashim, copropietaria de Accoustic, una de las cafeterías más acogedoras de la calle Tahlia, en el centro de Riad.

En esa conversión algo ha tenido que ver Gustavo Pérez Figueroa, a quien sus clientes conocen como Mustafa. Este colombiano de familia de cafeteros abrió en 2006 el primer tostadero en Riad, pero no se ha limitado a vender café que importa directamente de su país, sino que transmite su pasión por el producto. Junto a su mujer, Radilca Hernández, ha preparado a 350 baristas, una quincena de ellos saudíes. “Incluidas varias chicas”, apuntan orgullosos.

Sara al Akeel está entre sus preferidas. La joven, recién licenciada en Administración de Empresas, ha desarrollado una especial sensibilidad hacia las notas y los matices de los granos, que impresiona al propio Pérez Figueroa. Ahora busca un inversor que le ayude a hacer realidad su proyecto de café gourmet en el que, explica, “la degustación de una especialidad se convierta en una experiencia”. Y ella estará detrás de la barra para hacerla inolvidable.

En su visión, el cliente elige los granos entre una variedad de procedencias y tuestes, ve cómo se muelen en el momento y puede elegir la forma de infusión: a través de una máquina de espresso, una cafetera francesa o una de las versiones modernas del tradicional café de goteo, que triunfan entre los paladares más exquisitos. “Es toda una filosofía que enlaza con la tendencia del slow food”,señala Pérez Figueroa en referencia al movimiento de consumo alternativo.

“El café está en la cultura árabe; la misma palabra café viene del árabe qahwe”, defiende Abdullatif, mientras atiende a unos clientes. Pasada la sorpresa inicial, aprecian su presencia. De alguna forma sienten que su implicación personal es una garantía de calidad que va más allá del mero negocio.

Por Ángeles Espinosa
Con información de El País

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Las Rosas de Taif

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Una sola especie de flor de color rosa, de perfume intenso, es la responsable de que las comunidades rurales de al-Hada y al-Shafa se envuelvan en un fragante esplendor de color rosado. Durante tres siglos, la rosa de Damasco (Rosa x Damascena trigintipelata) de treinta pétalos ricos en aceite, se ha cultivado y procesado aquí para convertirse en el perfume de rosas, y su homóloga, aún más antigua: el agua de rosas.

Bendecida por un clima que lo convierte en un refugio del calor de la vecina Yedah y La Meca, el remanso montañoso de Taif es considerado uno de los huertos de Arabia Saudí, y un sitio de veraneo muy popular también. Al este de la ciudad el terreno se alza hasta alcanzar los 2000 metros, y es aquí donde se han combinado factores como una temperatura favorable, la gran abundancia de aguas subterráneas, un buen sistema de regadío y una excelente calidad del suelo, para hacerse merecedora del sobrenombre de “la Rosa de Arabia” desde que la rosa comenzase a cultivarse aquí en tiempos de los otomanos.

La palabra attar es en la actualidad un sinónimo de aceite de rosas, y viene del árabe ‘itr, que significa “perfume” o “esencia”. La primera descripción de la destilación de los pétalos de rosa la realizó al-Razi en el siglo X, y uno de los primeros centros de producción de agua de rosas estaba en el sur de Persia. Más tarde, en el siglo XIII, el agua de rosas se producía a gran escala en Siria, de modo que el nombre del aceite que contenía rosas del género Damascena puede que hunda sus raíces en la ciudad de Damasco. Sin embargo, el auténtico attar –el aceite de rosas tal y como lo conocemos hoy– no llegó a producirse hasta finales del siglo XVI, cuando se desarrolla la técnica de la doble destilación.

Nadie sabe a ciencia cierta cómo llegó a Taif la rosa de Damasco de 30 pétalos. El impulso de su cultivo, sin embargo, parece estar claro que se produjera en Taif por su proximidad a La Meca. El hecho de que la rosa de Taif sea prácticamente idéntica a la de la cepa de la famosa rosa de Bulgaria “kazanlik” nos hace pensar que las rosas de Taif se pudieron haber trasplantado aquí desde los Balcanes por los turcos otomanos, que ocupaban el área desde mediados del siglo XIV y el Hijaz desde el XVI. Sin embargo, la rosa kazanlik –que es su nombre turco y significa “apta para destilarse en una caldera”– tiene su propio origen en las plantaciones de rosas de Persia, en los alrededores de Shiraz y Kashan, que a su vez abastecían los cultivos de Siria. Existe una leyenda entre los cultivadores de al-Hada que cuenta que la flor es originaria de la India.

La producción de ‘attar’ en Taif

La producción de Taif hoy en día es modesta, aunque de muy alta calidad, si se compara con las grandes cantidades orientadas a la exportación que producen en Turquía, Bulgaria, Rusia, China, la India, Marruecos e Irán. Sin embargo, el mercado no está saturado, ya que tanto ayer como hoy, la obtención del attar es muy laboriosa; su potencia, al igual que su precio, sigue siendo tan alta que un regalo de este preciado aceite supone el mayor de los cumplidos que pueda hacérsele a alguien.

Al principio, hace unos 200 años, los pétalos de rosa de Taif se almacenaban y empaquetaban en sacas que se transportaban en camello unos 65 kilómetros aproximadamente hasta la ciudad sagrada de La Meca. Allí eran destiladas por farmacéuticos indios que obtenían el attar según un proceso no muy distinto al que se utiliza hoy. Estos artesanos llegaron a ser maestros en la elaboración de un tipo de attar muy especial, que conseguían mediante la infusión de rosa destilada en aceite de sándalo. El resultado era una mezcla con refrescantes notas florales y de madera. Curiosamente, esta mezcla se puede encontrar todavía en la India, aunque en el mercado de Arabia Saudí sea raro encontrarla.

Hace dos siglos que los destiladores trajeron su oficio hasta el mismo Taif. Aquí, más cerca de los campos de rosas, la manufactura del aceite de rosa era más eficaz, ya que la materia volátil del aceite de rosa se evaporaba rápidamente una vez cosechados los pétalos. Poco después de que se establecieran estas destilerías, el aceite de la rosa de Taif empezó a ganarse el prestigio en todo el mundo musulmán. Cualquier peregrino que se lo pudiera permitir compraba al menos un tubito –llamado tolah, por su peso– del afamado perfume como souvenir del Hajj (peregrinación a La Meca). Los peregrinos que viajan por tierra desde Levante habrían de tomar a menudo la ruta que cruza por Taif para comprar expresamente el aceite de rosas. En nuestros días, el aceite de rosa de Taif es la variedad preferida de las autoridades de La Meca, donde el attar se utiliza para perfumar la denominada Esquina Yemení, en la sagrada Kaaba, en la Gran Mezquita de La Meca.

Por Michael R. Hayward
Las Rosas de Taif  . Adaptado del libro Saudi Aramco y su Mundo

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