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Alardah Alnajdiyah – (Danza con espadas)

Alardah – Danza con espadas

Historia y significado de la danza con espadas

El Alardah más común en Arabia Saudita, llamado Najdi Alardah, fue realizado inicialmente por guerreros árabes en la región central de Najd en Arabia Saudita antes de encontrarse con sus enemigos en el campo de batalla. El baile de espadas era una forma de que los hombres mostrarán sus armas y mostraran su espíritu heroico. El Najdi Ardah también recuerda las batallas lideradas por el rey Abdulaziz Al Saud, el fundador de Arabia Saudita.

Hoy en día, la danza folclórica se realiza en todas las provincias sauditas y se ha convertido en un símbolo de la cultura tradicional saudí. En 2015, Ardah fue inscrito en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO.

¿Qué sucede durante un Alardah?

La danza de la espada presenta dos líneas de artistas, (generalmente, pero no siempre, hombres), parados hombro con hombro y uno frente al otro. Los hombres visten ropa tradicional que es específica de la región de Najd en Arabia Saudita: abrigos largos bordados llamados daghla con cuellos verticales y seis botones, que se superponen sobre túnicas de algodón blanco llamadas murowdin que tienen mangas largas triangulares. Los hombres usan cinturones de munición de cuero en diagonal sobre el pecho y sostienen sus espadas en la mano derecha.

El Alardah es interpretado por bailarines, tamborileros y poetas. Comienza con una sola línea de recitados rítmicos que se repite cuando un segundo grupo de hombres lleva pasos de tambores entre los hombres que sostienen espadas y se mueve al unísono al ritmo de sus tambores. Los hombres que llevan espadas se balancean de un lado a otro mientras cantan. Doblando la rodilla e inclinándose hacia adelante, levantan y bajan sus espadas rítmicamente. Otro artista lleva la bandera nacional. El ambiente es festivo y animado.

Una actuación de danza de espada puede continuar durante varias horas, con breves intermedios, con hasta 50 líneas de poesía cantadas. Si un bailarín se cansa, periódicamente puede apoyar su espada en su hombro y seguir caminando con el grupo.

¿Dónde ver una actuación de baile de espadas en Arabia Saudita?

Uno de los mejores lugares para ver la actuación de Ardah es en uno de los muchos festivales culturales, que se llevan a cabo en diferentes regiones durante todo el año. Uno de los festivales más importantes es el Festival Nacional del Patrimonio y la Cultura en Al Janadriyah, que se celebra durante dos semanas a finales del invierno o principios de la primavera en el exterior.

Con información de Visit Saudi

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De Persia,Drusos y Magos

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De Persia,Drusos y Magos.

Dice Platón que la mística religión maga denominada Machagistia es la forma cultual menos adulterada. Posteriormente, uno de los Zoroastros le añadió los Misterios de los santuarios caldeos, y Darío Hystaspes la perfeccionó con los conocimientos adquiridos entre los ascetas de la India, cuyos ritos eran idénticos a los de los magos iniciados . Amiano Marcelino, al relatar la expedición de Darío, dice que este monarca llegó en su avance por la India septentrional a una selva donde moraban en apartado retiro los samanos o brahmanes eremíticos, quienes le instruyeron en la ciencia astronómica y en los verdaderos ritos con que después depuró la religión de los magos, quienes, ya expertos en su peculiar ciencia del vaticinio, transmitieron el reformado sistema a sus descendientes y sucesores. De estos magos aprendieron los sufíes de Persia y Siria la astronomía, la medicina y la filosofía esotérica.



Dice King sobre el particular:

La doctrina sufí enseñaba que toda confesión religiosa era perfectamente compatible en su aspecto externo con el secreto mantenimiento de una creencia universal. Así es que los sufíes consideraron las religiones cultuales desde el mismo punto de vista que los filósofos antiguos.

Los drusos del monte Líbano, actuales descendientes de los iniciados de la antigüedad, están esporádicamente difundidos por las arenosas soledades de Egipto, Arabia Pétrea, Palestina y los impenetrables bosques de Abisinia. Son los drusos ardorosos estudiantes que rara vez se prestan a salir de su retiro para tratar con los profanos, y entre ellos los hay de todas las nacionalidades. Puede considerarse esta escuela como una confraternidad subalterna de la suprema confraternidad cuyo sigilo estuvo siempre en directa proporción del recrudecimiento de las persecuciones religiosas, hasta el punto de que en la actualidad el prevaleciente materialismo ha puesto en más hondo misterio su existencia.

Pero de este misterio no debe inferirse que la aludida confraternidad sea ficción nominalista con nombre propio, pues no importa que sus adeptos lo lleven indistintamente egipcio, indo o persa. Algunos investigadores fidedignos, tuvieron trato con individuos de la citada confraternidad, y pueden publicar sobre ella determinados informes por licencia especial del que tiene derecho de concederla.

Sobre este punto dice Mackenzie:

Desde tiempos muy remotos subsiste una oculta confraternidad con su jerarquía de dignatarios y signos secretos, que por peculiares procedimientos didácticos enseñan ciencias, religión y filosofía… Si hemos de creer a los que hoy día dicen pertenecer a ella, entre sus secretos conocimientos se cuentan la piedra filosofal, el elixir de larga vida, el arte de hacerse invisibles y la facultad de comunicarse directamente con el mundo ultraterrestre.

En cuanto a nosotros, hemos conversado con tres personas que aseguran pertenecer a la confraternidad subsistente hoy día.

No había motivo alguno para recelar de aquellos tres individuos, que dan pruebas de conocerse entre sí y que en la austeridad de su vida, sobrios gustos y ascéticas costumbres tenían la más valiosa prueba de veracidad. Representaban de cuarenta y cuarenta y cinco años, y desde luego se colegía su vasta erudición y el conocimiento que de varios idiomas demostraban. No permanecían mucho tiempo en una misma población, sino que se marchaban de improviso, sin que nadie lo advirtiese.

Otra confraternidad subalterna es la llamada de los Pitris en la India, que no obstante haber divulgado Jacolliot su nombre, es todavía más secreta que la llamada Hermanos herméticos por Mackenzie. Si Jacolliot supo algo de esta hermandad de Pitris lo debió a los manuscritos que los brahmanes le permitieron consultar, por razones de ellos conocidas. El Agruchada Parikshai dice algo sobre esta hermandad secreta, tal como era en antiguos tiempos; pero nada en concreto resulta de las explicaciones que da de los ritos místicos y los conjuros mágicos, de suerte que las místicas palabras: L’om L’Rhum, Sh’hrum y Sho-rim Ramaya-Namaha, quedan tan enigmáticas como antes. Sin embargo, preciso es justificar a Jacolliot, porque acepta los hechos plenamente sin entrar en estériles especulaciones.

Quien quiera convencerse de que hoy mismo existe una religión que durante siglos ha burlado las osadas pesquisas de los misioneros y las cachazadas investigaciones de los arqueólogos, procure sorprender en su retiro a los drusos de Siria, que en número de unos ochenta mil se extienden desde la llanura oriental de Damasco hasta la costa occidental. No apetecen prosélitos, eluden toda notoriedad y mantienen amistoso trato con cristianos y musulmanes cuando las circunstancias lo exigen, pues respetan las religiones extrañas, aunque sin revelar jamás los secretos de la suya. En vano los misioneros intentan intimidarlos con amenazas, excitarlos con los dicterios de infieles, idólatras, bandidos y ladrones, o atraerlos con halagos y dádivas, pues nada puede persuadir a un druso a convertirse al cristianismo.



Respecto a los profanos, no se les deja ver siquiera los libros sagrados ni tienen el más remoto indicio del lugar donde se custodian; y aunque algunos misioneros se alaban de poseer ejemplares de estos libros, como los que Nasr-Allah regaló al rey de Francia y tradujo Petis de la Croix en 1701, no son mas que una exposición de doctrinas más o menos divulgadas sin secreto alguno entre los montañeses de Líbano, compiladas por un derviche apóstata que fue expulsado de la comunidad hanafita por malversar dinero de los huérfanos y de las viudas. Tampoco tiene ningún valor esotérico la obra de Silvestre de Sacy titulada: La religión de los drusos, que se reduce a un enjambre de hipótesis. El año 1870 un viajero inglés encontró un ejemplar de esta obra en el alféizar de la ventana de una de las capillas de los unitarios, y al preguntarle al okal sobre la utilidad de aquel libro, respondió irónicamente después de hojearlo: “Leed esta instructiva y verídica obra, porque no podría yo explicaros mejor ni más acabadamente los misterios de Dios y de nuestro bienaventurado Hamsa”. El viajero comprendió la ironía de esta respuesta …

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