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¿Quién bombardea a quién en Siria?

El destructor norteamericano USS Ross lanza un misil Tomahawk contra la base siria de Shayrat ©Reuters

El ataque ordenado por Trump contra una base siria abre el enésimo frente de batalla en el país.

Al cuadrilátero sirio se le multiplican los frentes abiertos: el régimen sirio ataca a las fuerzas rebeldes; los rusos también lo hacen, pero además golpean a los yihadistas del Estado Islámico; estos últimos son objetivo diario de la coalición internacional, aunque también han recibido bombardeos de Turquía, que a su vez ha lanzado misiles a grupos armados kurdos; no hay que olvidar además las incursiones israelíes contra las fuerzas desplegadas por la milicia chií Hezbolá en el país, ni sin duda, las campañas unilaterales de Estados Unidos, primero contra los grupúsculos de Al Qaeda en el país árabe y, ahora, contra el potencial militar aéreo del régimen. Así son los frentes:

– El lanzamiento de más de medio centenar de misiles Tomahawk contra la base aérea siria de Shayrat, en la provincia de Homs, como represalia al ataque químico de Jan Seijun es la tercera vía abierta por Estados Unidos en la guerra siria. La primera es la que comanda para acabar con el Estado Islámico (ISIS, en sus siglas en inglés). En torno a este frente antiyihadista, EE UU ha reunido a más de 80 países, pero la realidad es que de los 7.469 ataques llevados a cabo en Siria desde septiembre de 2014 hasta marzo de 2017, el 95% corren a cargo de la fuerza aérea estadounidense (también participan en la ofensiva sobre el papel Reino Unido, Australia, Bahréin, Canadá, Dinamarca, Francia, Jordania, Holanda, Arabia Saudí, Turquía y Emiratos Árabes Unidos). Las bombas se concentran en la franja norte y noreste del país.

En segundo lugar, Washington ha mantenido una ofensiva regular contra los líderes de Al Qaeda que han viajado a Siria para aprovechar el vacío territorial dejado por la guerra. Aviones tripulados y no tripulados han matado a veteranos líderes de la red, sobre todo en la provincia de Idlib, como Abu al Khayr, histórico aliado de Osama bin Laden. Acciones unilaterales contra líderes yihadistas también han alcanzado la cúpula del ISIS, como sucedió en agosto de 2016 con el ataque que mató al portavoz y dirigente Abu Mohamed al Adnani.

– La aviación rusa encabeza en el seno de la coalición de aliados del régimen de Bachar el Asad el segundo gran frente abierto en el país árabe. La teoría es que esta alianza, que sobre el terreno cuenta también con milicias iraníes y de la libanesa Hezbolá, está comandada por Damasco, pero en la práctica son los aparatos de Moscú, pilotados por los propios rusos o por militares sirios, los que bombardean en prácticamente toda la zona con presencia de fuerzas rebeldes, con especial intensidad en la actualidad en la provincia de Idlib, donde el paraguas de fuerzas rebeldes radicales bajo el nombre Tahrir al Sham se ha hecho fuerte. Fue la aviación rusa, en apoyo de los cazas sirios, la que contribuyó definitivamente al asedio y caída de Alepo. Pero el apoyo de Vladímir Putin a El Asad no termina ahí, sino que se extiende hasta los focos del ISIS que ponen en riesgo el avance de Damasco, ya sea Palmira o Deir Ezzor.

Turquía ha surcado también los cielos de Siria en el marco de la operación lanzada el pasado verano para expulsar al ISIS de la frontera. La aviación ha acompañado desde agosto a los tanques del Ejército y las milicias rebeldes aliadas en la Operación Escudo del Éufrates. Desde la localidad fronteriza de Jarablus hasta Al Bab, bastión yihadista en la provincia de Alepo, Turquía ha logrado su objetivo y ha dado por terminada la misión —aunque Ankara podría retomar las operaciones más adelante en torno a Raqa, cuna del califato—. La fuerza aérea de Recep Tayyip Erdogan no ha desaprovechado la gran batalla del norte para golpear a milicias kurdo-sirias por el este y oeste y evitar que uniesen territorio bajo su control (algo que culminaría el proyecto de autonomía que los kurdos denominan Rojaba y que linda con territorio turco).

– Por último, hasta ahora y de forma más esporádica, la aviación israelí ha realizado varias incursiones en territorio sirio, con la milicia chií libanesa Hezbolá en el punto de mira. El incidente más grave tuvo lugar el pasado 17 de marzo, cuando el régimen de El Asad disparó misiles tierra-aire contra cazas israelíes que atacaban objetivos de Hezbolá. Uno de los cohetes sirios fue interceptado por el sistema de defensa antimisiles Arrow al norte de Jerusalén, según informó la prensa israelí.

Por Óscar Gutiérrez
Con información de El País

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Las ruinas de Homs inspiran a artistas sirios

Jud Said rodó "Llueve en Homs" en verano de 2014
Jud Said rodó «Llueve en Homs» en verano de 2014

Las adversidades que ha tenido que soportar la ciudad vieja de Homs, desfigurada por bombardeos y combates entre ejército y rebeldes a lo largo de 20 meses, persiguen a los artistas sirios.

En medio de las ruinas, Jud Said rodó «Llueve en Homs» en verano de 2014, tres meses después de la retirada de los insurgentes de este enclave que tanto habían defendido.

«Al principio, se trataba de una obra cerrada entre un hombre y una mujer que se encuentran en un edificio asediado, en frente de una iglesia donde vive encerrado un sacerdote. Pero cuando los rebeldes se fueron de la ciudad, cambié el guión y decidí rodar en el lugar», explica este director de 35 años.

La oposición al régimen de Bashar al Asad llamó a la ciudad de Homs «la capital de la revolución» porque se convirtió en su epicentro en marzo de 2011.

Cuando la revuelta se militarizó, el ejército consiguió retomarla excepto la parte vieja, que quedó en manos de los rebeldes de diciembre de 2012 hasta mayo de 2014.

La película relata los últimos tres meses de asedio a través de la historia de una mujer y de su hermana pequeña. Aprovechan la primera evacuación de civiles en febrero de 2014 para entrar en la ciudad y buscar a su hermano desaparecido. Las dos hermanas sobrevivirán gracias a la ayuda de un cura, que será asesinado.

«Las ruinas son uno de los personajes de la película porque muestran de lo que es capaz el ser humano en cuanto a destrucción y masacres : no sólo de otros seres humanos sino también de nuestra cultura, de nuestro patrimonio», explica Said, laureado con el premio a la mejor película árabe en el festival de El Cairo 2015 por «Esperando el otoño».

Durante 100 días, el equipo vivió en medio de las ruinas de este barrio sin alma.

«Estas ruinas cuentan la memoria de sus habitantes. Con los balcones, las ventanas y las cortinas, todavía se siente la presencia de la gente, hoy desaparecida. No sabemos qué ha sido de ellos: refugiados, quizás muertos», añade el director, que estudió en la escuela francesa de cine Louis Lumière.

Al comentarle que es el ejército el responsable de la mayoría de las destrucciones, responde: «Nosotros, los sirios, somos todos culpables, responsables de nuestras propias desgracias. Poco importa quién ha hecho qué, dónde o cómo. Somos nosotros los que tenemos que encontrar los medios para curar nuestras heridas, del alma y de las piedras».

Traumatizada por todo lo que ha sufrido la ciudad, Yara Issa se expresa a través de la pintura. «Todos mis cuadros están inspirados en la guerra. Gente muerta, explosiones, obuses… utilizo colores fríos que sugieren tristeza», dice esta artista de 26 años.

Yara Issa
Yara Issa

Originaria de Bab Sebaa, un barrio de la ciudad vieja, tuvo que exiliarse a Damasco tras la destrucción de su casa y de «todos los lugares» donde acostumbraba  ir.

El fotógrafo Jaafar Merhi ha decidido inmortalizar a parejas de novios vestidos de fiesta en lugares destrozados por la guerra, como fachadas acribilladas por balas, edificios derrumbados o apartamentos ennegrecidos por las bombas incendiarias.

«Ya hice tres bodas en estos decorados. Cuando le propuse a una pareja fotografiarse aquí por primera vez, se sorprendió. Al explicar que quiero mostrar que el amor existe a pesar de las ruinas, algunos aceptan, otros no», cuenta el artista.

Ferviente partidario del régimen, este fotógrafo de 22 años acusa a los «terroristas» de toda la destrucción y dice que el ejército cumplió con su deber al tomar el barrio a la fuerza.

Ahora inmortaliza la boda de Hasan Yusef, un oficial de 27 años, con Rana, de 18 años. «He aceptado ser fotografiada en este sitio devastado porque, más tarde, enseñaré la imagen a mis hijos y les diré que, pese a esta tristeza, la vida continúa», explica la novia.

El fotógrafo Jaafar Merhi ha decidido inmortalizar a parejas de novios vestidos de fiesta en lugares destrozados por la guerra
El fotógrafo Jaafar Merhi ha decidido inmortalizar a parejas de novios vestidos de fiesta en lugares destrozados por la guerra

Con información de Telemetro

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De Alepo a Gaza,historia de huidas,dolor,amor y éxito

Un cocinero de Alepo comienza una nueva vida en la Franja con un restaurante de éxito.

Warif Hamido prepara comida para los clientes de su restaurante en la ciudad de Gaza ©Mohammed Salem
Warif Hamido prepara comida para los clientes de su restaurante en la ciudad de Gaza ©Mohammed Salem

Las cosas no tienen porqué salir siempre mal. Pero escapar de la guerra civil en Siria para acabar en Gaza no parece ofrecer una garantía de éxito. El cocinero Warif Hamido desmiente la fatalidad. Sorteó el cerco de su Alepo natal, y se coló por un túnel desde el Sinaí hasta el sur de la Franja palestina, que ha sufrido tres guerras en un lustro, la última hace un año.

Warif, de 34 años, parece un hombre feliz, casado con una periodista gazatí que le entrevistó al poco de llegar a la Franja, y chef en el establecimiento que ha abierto recientemente en el centro de la ciudad de Gaza. “La cocina de Alepo es probablemente la más refinada de la zona porque fusiona especialidades de Siria, Líbano y Turquía”, explica en el restaurante Suryana, que gestiona junto con un socio local.

El comedor está concurrido y las mesas se ocupan de nuevo a medida que los comensales saborean las shawarmas y los kebabs exquisitamente especiados de cordero o pollo con pan de pita. O los delicados koke, albóndigas rebozadas con salvado de trigo, servidos junto a los mezes (entremeses) típicos del Levante mediterráneo. “Hay buenos cocineros en Gaza, pero ninguno se atreve a salirse de las formas tradicionales; ni, por supuesto”, se jacta, “es un auténtico chef sirio”.

Wariz reconoce que cuando dejó atrás su restaurante en Alepo tras la muerte de un familiar en la guerra no conocía su destino final. Las balas silbaban sobre su cabeza al atravesar la frontera turca en 2012 y todas las señales del camino apuntaban hacia Europa. Viajó primero a Egipto, donde trabajó en Port Said, en la embocadura mediterránea del canal de Suez, mientras esperaba a embarcarse. “Quería ir a Francia, a España…, quién sabe; pero las informaciones sobre los naufragios de inmigrantes en los barcos de la muerte me hicieron cambiar de opinión”, relata en su nuevo establecimiento mientras dirige a pinches y camareros. Unos amigos palestinos le animaron a establecerse en Gaza, un enclave costero sellado por las Fuerzas Armadas de Israel. “Entre arriesgarme a morir ahogado buscando un nuevo país y afrontar las amenazas que existen en la Franja, decidí la segunda opción”, se justifica.

“Me había quedado sin dinero y me vine con lo puesto en 2013. Como Egipto mantiene casi siempre bloqueada la frontera, tuve que entrar por uno de los túneles que utilizan los contrabandistas”, recuerda, antes de controlar la temperatura del asador vertical giratorio de estilo turco. “El menú de Suryana es el mismo que preparaba en Alepo”, detalla, “aunque aquí he incorporado el delicioso tabulé palestino”.

El chef prefiere no hablar sobre la guerra que dejó atrás. “La generosidad de los palestinos me ha ayudado a sentirme muy a gusto en Gaza, pero espero poder volver algún día a mi país, aún tengo familia en Siria…”.

El cocinero sirio no parece haberse visto afectado por la ofensiva israelí que se prolongó durante 50 días el verano pasado, ni por la destrucción y la pobreza que guerras y bloqueos han traído a la Franja. Poco después de casarse con Maha Abdul Kaas, periodista de la Televisión Palestina en Gaza y colaboradora de France 24, Israel desencadenó la Operación Margen Protector. El exiliado sirio se resiste a hablar de su vida privada, pero el semanario palestino El Arabiye informaba el pasado mayo de que la pareja se tuvo que instalar en un hotel para periodistas durante el conflicto armado por razones de seguridad.

Después de huir de la tragedia de Siria, a Warif Hamido la vida le empieza a sonreír. Ha encontrado esposa en Gaza. Su restaurante ha saltado a la fama y parece cada día más concurrido. Incluso un canal de televisión local le ha ofrecido presentar un programa de televisión sobre cocina creativa. El chef sirio ha podido volver a empezar en la conflictiva Franja de Gaza —el lugar del planeta con la más alta tasa de desempleo— porque ya nada tenía que perder.

Por Juan Carlos Sanz
Con información de El País

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Siria:de la guerra al refugio en América Latina

Varias personas guardan cola para recibir ayuda humanitaria iraní en el barrio de Al Zahira en Damasco (Siria). ©Youssef Badawi-efe
Varias personas guardan cola para recibir ayuda humanitaria iraní en el barrio de Al Zahira en Damasco (Siria). ©Youssef Badawi-efe

Nadie tiene el número exacto, pero son por lo menos 6000. Y siguen llegando, náufragos de la guerra civil en Siria. Buscan refugio en América latina, escapando de un conflicto que desde 2011 ya expulsó a 3,2 millones de inocentes fuera de las fronteras de una nación convertida en la más violenta del mundo.

Llegan con lo puesto, quizá con unos ahorros y -sin duda- con lágrimas y recuerdos de su país, de sus familiares y amigos perdidos entre las balas y la artillería de esa tierra arrasada. Echan anclas en Brasil o en Argentina, donde las comunidades sirio-libanesas son las más numerosas. Son ellas las que les dan una mano para empezar una nueva vida, aunque otros países de la región también les abren las puertas.

«La mayoría de la gente en Siria piensa sólo en una cosa: en que todo termine«, dice Yussef, el nombre de que elige sobre la marcha un refugiado de 25 años, y que por seguridad prefiere ocultar su identidad. «Los que están con el gobierno o contra el gobierno llegaron a un punto en que ya no pueden más. Cuando salen de sus casas no saben si van a volver o no«, añade.

Yussef deja inconcluso un partido de backgammon que jugaba con otro refugiado, Firas, en la Asociación Cultural Siria, del barrio porteño de Caballito. Aclaran que en Siria el juego se llama tawle y sostienen que sus ancestros lo aprendieron de los turcos, de cuando la Siria actual formó parte durante largos siglos del Imperio Otomano.

Mientras juegan al tawle, los dos amigos toman mate. ¿Será la adopción de una costumbre criolla una forma de sentirse a gusto en su nuevo país, un paso en la integración social? No necesariamente. Se trata más bien de un hábito que ya traían de Siria, donde la infusión tiene miles de adeptos y se importa desde Argentina, Uruguay y Paraguay. La diferencia es que cada uno tiene su propio mate, como si fuera un café, en vez de hacerlo circular de mano en mano.

Yussef estudiaba Derecho en Damasco, la antiquísima ciudad que vio pasar imperios y crecer civilizaciones, y que desde 2011 vive una guerra sin cuartel que comenzó como una protesta ciudadana de la extendida «primavera árabe«.

Otra refugiada que viajó a Argentina cuando estaba estudiando es Mariana. Al relatar su historia, esta chica de 19 años demuestra una perfecta adaptación al porteño: «Al principio, en mi pueblo, no pasaba nada. Vivíamos en paz, tranquilos, y todo el quilombo estaba en las ciudades lejanas. Cuando entraron los terroristas -por los rebeldes sirios- no pensábamos que iban a matar gente. Con ellos estaba todo bien«.

La ‘primavera árabe‘ fue flor de un día. A las primeras marchas pacíficas contra el régimen del presidente Bashar al-Assad siguió una rápida escalada hasta la guerra total. El conflicto ya dejó más de 200.000 muertos, 7,6 millones de desplazados internos y otros 3,2 millones fuera del país, repartidos casi todos en campos de refugiados y otras viviendas precarias de sus vecinos Jordania, el Líbano y Turquía.

Firas, dejó a sus padres y cinco hermanos en la ciudad de Homs, en el centro de Siria. Dice que mientras más se acercaba la violencia, más lejos tenían que mudarse. Hasta que una de las ciudades más activas del país se convirtió en un polígono de tiro. Eludir la muerte se volvió una práctica insostenible, incluso para los más atentos a cualquier peligro al acecho.

«El que tenía parientes en otro barrio se mudaba para allá, pero después hubo que irse a las afueras, y de ahí a Tartus o Damasco, buscando zonas más seguras. Los que tenían familiares o conocidos fuera del país pedían un visa para irse«, cuenta.

Firas pidió la visa argentina en Damasco y desde hace un año vive en Buenos Aires, donde trabaja de herrero, el oficio que aprendió en su tierra. Desde entonces, tiene un ojo en la Argentina y otro en Siria.

«Me gusta la natación, jugar al fútbol, al tawle, pero más que nada en los ratos libres sigo las noticias de mi país. Estoy muy preocupado por lo que está pasando allá, porque están mis padres y mis hermanos

Y tiene razones para inquietarse. En una mezcla de árabe y castellano, enumera una larga lista de víctimas del conflicto dentro de su familia: el cuñado que murió de un disparo a quemarropa, el primo intoxicado con gases venenosos, otro primo que fue blanco de un francotirador, uno más que voló por un coche bomba.

Así describe la toma de Homs por parte de grupos rebeldes, muchos de ellos radicalizados por la ofensiva del gobierno y el hechizo mortal del extremismo islámico.

Escapar de una de las zonas más calientes del mundo es sólo parte del problema. Hay que instalarse en el nuevo país, aprender el idioma y conseguir trabajo, quizá la fase más compleja y, a menudo, inalcanzable. Aunque se hacen amigos rápidamente y se sienten cómodos en sus nuevos hogares, son muchos los que a falta de oportunidades laborales tienen que volver a Siria y a su estruendo cotidiano, o buscar suerte en otra parte.

El mayor receptor

Brasil es, por lejos, el centro de la nueva ola de refugiados sirios en América Latina. Entre el enorme tamaño de la comunidad árabe, las facilidades del gobierno a quienes huyen de la guerra y la colaboración de la oficina de la ONU para refugiados (Acnur), hoy 1500 sirios tienen oficialmente el estatus de refugiados. Otros 4000 entraron con otras visas.

Sin duda, tanta compañía tiene sus contras. Bu Suleiman, un chef de 42 años que busca trabajo en una cocina, contó en una entrevista con la BBC que con la afluencia de compatriotas es difícil conseguir un puesto en un restaurante de comidas típicas sirias. «Hay muchos sirios que vienen y todo está muy lleno«, se lamenta.

La Argentina puso un marcha en noviembre el llamado Programa Siria para facilitar el ingreso y la estadía de refugiados. Según cifras oficiales, desde que estalló la guerra llegaron al país 174, aunque la cantidad real sería mayor.

El de Dana, una profesora de inglés que llegó hace un año a Brasil, parece el testimonio de una conversa religiosa o el secreto del éxito de una empresaria en ascenso. Pasó por cuatro trabajos mientras se adaptaba y aprendía el portugués. «Al principio fue muy difícil -le dijo a un sitio web de O Globo-. Pero después de que me hice amigos brasileños, con ayuda de la comunidad árabe de aquí se hizo fácil. Ahora estoy feliz.» Como buenos inmigrantes, ninguno se resiste a trabajar en algo ajeno a su profesión. Lo esencial es parar la olla, sostener a la familia y construir una nueva vida.

En la Asociación Cultural Siria de Caballito, Haizam, un abogado de 46 años, dice que perdió su estudio, su casa, su auto y hasta un campo en Homs, y que ahora vive para sus hijos, de 12 y 15 años. «Mi cuñado vivía en Argentina y siempre nos decía que viniéramos para acá. Llegué con los bolsillos vacíos; no pude vender nada. Ahora preparo y reparto comida. Mi vida pasa por mis hijos, yo no tengo futuro«, se resigna.

Está por verse el futuro de un grupo de refugiados que se instalaron en octubre pasado en Uruguay. Gracias a un programa de la Secretaría de Derechos Humanos y la Acnur, unos 120 refugiados aterrizaron en Montevideo con un programa de reasentamiento diseñado especialmente para ellos. Consiste en ayudar a las familias a obtener trabajo, vivienda y asistirlas durante dos años. Un lujo que las autoridades uruguayas, al principio, dijeron que esperaban ampliar y «contagiar» al resto del continente. De hecho, la Argentina puso un marcha en noviembre el llamado Programa Siria para facilitar el ingreso y la estadía de refugiados. Según cifras oficiales, desde que estalló la guerra llegaron al país 174, aunque la cantidad real sería mayor.

Uno de muchos dramas detrás de la guerra

7,6 millones Es la cantidad de sirios que, empujados por la violencia, tuvieron que dejar sus hogares y desplazarse dentro del país, según la ONU.

3,2 millones Son los refugiados sirios que ya dejó el conflicto; los países más cercanos son los que recibieron a la mayoría de los desplazados (Turquía, Líbano, Jordania, Irak y Egipto).

6000 sirios Se estima que llegaron a América latina tras escapar de la guerra civil que azota a su país.

Por Ramiro Pellet Lastra
Con información de El Comercio

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La guerra; siempre la guerra

En algunos casos no lo llaman guerra, sino conflicto, eufemismo que esconde intereses geoestratégicos y espurios...
En algunos casos no lo llaman guerra, sino conflicto, eufemismo que esconde intereses geoestratégicos y espurios…

Este año se cumplen cien años desde que estalló la Primera Guerra Mundial. Desde entonces no han parado: guerras mundiales, civiles, locales, regionales, de agresión o de defensa; de religión, ideológicas, coloniales, de clase y económicas, del petróleo, contra la droga, informáticas, contra el terrorismo, el independentismo o contra insurgentes; guerras relámpago o interminables, sin cuartel, abiertas, sin declarar o declaradas; hasta guerra fría ha habido, porque calientes lo son todas.

En algunos casos no lo llaman guerra, sino conflicto, eufemismo que esconde intereses geoestratégicos y espurios, provocados por canallas justicieros o iluminados de la muerte. Han muerto más personas civiles que militares, inocentes que culpables, hasta los niños son considerados combatientes, terroristas o «daños colaterales». Y los golpes de estado, que sin ser guerras, han supuesto muertes y desaparecidos, como en Chile, Argentina o Camboya y en tantos lugares de la Tierra. No se puede decir que son actos inhumanos, porque somos humanos quienes lo provocamos.

No son los intereses del pueblo los que están en juego. No se respetan las declaraciones de derechos humanos, ni los tratados internacionales. Las Naciones Unidas, que se constituyeron para evitar las guerras, no cumplen con su propósito. El cinismo de muchos dirigentes no tiene precio; no se les cae la cara de vergüenza, porque no tienen vergüenza. Algún día Obama, premio Nóbel de la paz —que por dignidad tiene que devolver—, tendrá que rendir cuentas sobre por qué el gobierno de los EEUU permite lo que permite y provoca lo que provoca. Alguno pide ahora el premio Nóbel de la Paz para Israel por su «contención»; más eufemismos. Pese a todo hay que seguir en el empeño contra las guerras, aunque algunos estemos convencidos de que es como clamar en el desierto; y si no que se lo pregunten al pueblo saharaui que sigue sufriendo.

Observemos desde las alturas la historia: guerras del Peloponeso, Termópilas, las Púnicas, las Médicas, de las Galias; las de Egipto y las de la Roma Imperial y los esclavos. Guerras de los Hunos y los otros. Cruzadas y conquista de América, la de secesión americana, las napoleónicas e imperialistas europeas, las de siempre. Las de sucesión en Castilla, las Carlistas borbónicas, la de la Independencia, Cuba y Filipinas. Guerras por los dioses verdaderos, los del Olimpo o los del dinero.

Las más atroces, por cercanas, las del siglo XX en Europa. La Primera Guerra Mundial (1914 a 1918), produjo la muerte de entre 10 a 31 millones de personas. En la Segunda Guerra Mundial (1939 y 1945), murieron entre 60 a 73 millones de personas, siendo el país más afectado la Unión Soviética con 19 a 34 millones y China con 13 a 20 millones. Cerca de ¡cien millones de muertos! Durante la Guerra Civil Española, provocada por un golpe de estado, murieron entre 500.000 y un millón de españoles. Hoy siguen desaparecidos más de 150.000, esparcidos por las cunetas y fosas comunes.

Guerras de cien años, treinta, diez años, seis días o treinta y ocho minutos; de las naranjas, del opio, de las Malvinas y las mandarinas chinas contra Japón. Revoluciones rojas, culturales y de los claveles. Se terminó la guerra fría, aunque parece que vuelven las relaciones a calentarse. EEUU retoma planes de contingencia de la «Guerra Fría» por la crisis ucraniana. Guerras que caen en el olvido, por las noticias de otras guerras: nucleares, químicas o bacteriológicas, de información y económicas; «operaciones» contra el terrorismo o contra el narcotráfico. Guerra santa, relámpago o eterna.

También guerra total o madre de todas las guerras. Pocas contra la miseria y la pobreza. Abundantes contra el bienestar y los derechos humanos. Escasas contra la corrupción.

Pese a lo que parece, las guerras han cambiado poco en la historia, salvo en los instrumentos para la destrucción y la muerte. Ahora proliferan las guerras de «cuarta generación», con armas de destrucción masiva, que algunos denuncian y todos fabrican: guerra de guerrillas, asimétrica, de baja intensidad, guerra sucia, terrorismo de estado, operaciones encubiertas y utilización de drones que provocan la muerte a los mismos de siempre, la mayoría civiles, mujeres y niños. Ahora están con la bomba antimateria. No sé exactamente en qué consiste, pero seguro que ni se ve ni se siente, pero mata y destruye como todas. La guerra saca a la luz lo peor del ser humano. Actualmente se calcula que cerca del 90% de las bajas en las guerras, son personas civiles, producto de batallas, masacres, hambrunas, pestes y genocidios durante los conflictos.

Mientras esto escribo, más de cincuenta guerras, conflictos armados o de «baja intensidad», que causan al menos 1.000 muertes violentas al año, están abiertas en nuestro planeta, según El Departamento de la Paz y los Conflictos. Independentistas, de insurgencia islámica, otras religiosas, tribales o de identidad cultural, étnicas y contra el narcotráfico. Casi todas con la ayuda de los llamados países occidentales que suministran armamento: Afganistán, Angola, Argelia, Birmania, Chad, China, Colombia, Corea del Norte y Corea del Sur, Egipto, Etiopía, Filipinas, Gambia, India, Indonesia, Irak, Irán, Líbano, Mauritania, Marruecos, México, Níger, Nigeria, Pakistán, Perú, República Centroafricana, República Democrática del Congo, Sahara, Senegal, Somalia, Sudán, Tailandia, Túnez, Uganda, Yemen. Y no olvidemos la guerra en Mali que lleva más de un año, Siria que va para cuatro años y la reciente contra Libia, que está por definirse todavía el resultado.

En Ucrania, el gobierno de Kiev contra los independentistas del este. Con la ayuda inestimable de la OTAN de EEUU, pretenden mayor influencia en la zona, en perjuicio de Rusia, que también, sin decirlo, apoya a los prorrusos ucranianos. Casi 500 muertos —la mayoría población civil— desde que comenzó el conflicto hace cinco meses. Además está el derribo del avión malasio en el que han muerto 298 personas, entre tripulantes y pasajeros. Unos acusan sin pruebas y otros se defienden atacando y nada se aclara. Todo por intereses económicos y posición geoestratégica en beneficio de los poderosos y EEUU reconociendo que ha sacado las pruebas contra Rusia por las redes sociales. Se dice, que en una base de Polonia, la OTAN almacena armamento, preparándose para una operación militar contra Rusia. Si es así pronto lo veremos.

Lo de Israel contra Gaza es un horror insostenible y no cabe neutralidad. El conflicto proviene desde que Naciones Unidas, al terminar la Segunda Guerra Mundial, con el fin de favorecer al pueblo judío, partieron Palestina en dos, de forma irreconciliable.

Lo de ahora «Es una guerra de ocupación y de exterminio contra un pueblo sin medios, confinado en un territorio mínimo, sin agua y donde hospitales, ambulancias y niños son blancos y presuntos terroristas» (Javier Bardem en eldiario.es). Más de 1.000 palestinos han muerto, en menos de veinte días, por la operación «Margen protector».

Lo de Israel no se entiende, sino es por el odio que encarnan. Ahora reconocen que los asesinos de los tres jóvenes israelíes, no actuaban bajo las órdenes de Hamás. Lo usaron como casus belli y comenzó la operación militar. Resulta que el motivo de guerra era falso, pero no hay corrección. Una vez más es vergonzosa la postura de la comunidad internacional, incluidos los países árabes, que siguen permitiendo el genocidio. Con privilegios, sin sanciones y sin interponer a los «cascos azules».

Ante las guerras pasadas, activas y larvadas, en tantos países y numerosas zonas del mundo que las sufren o están al borde del conflicto bélico, maldigo a la guerra, sus señores y sus ejércitos. Maldigo a los gobiernos canallas que ordenan y provocan y a quienes se benefician de la destrucción y del dolor inocente. Maldigo a los que trafican con armas, particulares y gobiernos indecentes por dinero y a quienes las compran para matar. Parece como que si al principio de la humanidad, alguien hubiera dicho: ¡anda y a ver si os matáis los unos a los otros! Desde entonces la guerra es su sino.

Por Víctor Arrogante
Con información de Nueva Tribuna

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La paz,entreacto entre dos guerras – Por Moro

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En los tiempos que nos toca vivir, vemos casi con normalidad hechos violentos de todo tipo, saqueos, violaciones, asesinatos, ataques a niños por parte de pederastas de todo color, credo y religión, y siempre que ocurran en otras latitudes, o a un vecino lejano, lo tomamos como un hecho anecdótico, sin darnos cuenta que siempre estamos en guerra con el medio que nos rodea, y que en cualquier momento nos puede tener como protagonistas, como víctimas … o como victimarios.

Nos pronunciamos por lo general en contra de la guerra «convencional», que no es otra cosa que la reacción lógica ante el atropello de un otro. Lo vemos en Ucrania por la puja de poderes, lo vemos en la sufrida Palestina tratándo de liberarse del pesado yugo sionista y la violencia diaria, en casi todo el Tercer Mundo tratando de sacudirse al FMI. En definitiva, el factor común a todos es, la miseria y detritos que genera el N.O.M.

Mucho se ha hablado en contra de la guerra. Pero evidentemente no todo es negativo en ella. Es en la lucha donde se remueven las más profundas vetas de la personalidad de los pueblos; es en la lucha donde aflora lo mejor de sus valores y lo peor de sus defectos; es en el momento supremo del «ser o no ser» cuando se ve lo que en realidad contiene un pueblo y lo que guarda celosamente como tesoro no de todos los días.

(No puedo dejar de retrotraerme a aquella vieja imagen del niño palestino armado con una piedra, haciendo frente a un tanque sionista, sin importarle su integridad física. Tanto así es la bronca y dolor provocados por la inhumana, injusta y violenta ocupación).


Más antiguo que el deseo de paz es el deseo de guerra. Paz es cesación de lucha; paz es el reverso de un estado exacerbado de actividad y combate por la existencia. La ausencia de lucha es la «paz», es decir, paz es falta de algo. Todo lo que vive, lucha. La guerra es una amplificación gigantesca del espíritu de los pueblos y de los hombres, en la que afloran vivencias ocultas. En ella no solamente hay el significado de un conflicto entre dos gobiernos o entre dos pueblos: hay también significados más profundos e invisibles; quizá por eso es una necesidad esporádica de los pueblos y de la humanidad misma. No simplemente por un capricho irreflexivo, sino por una necesidad potente y misteriosa, es por lo que grandes masas de hombres en la plenitud de su existencia salen al encuentro de la muerte.

Lo hemos visto en todos los estadios de la historia, desde la más antigua hasta la más reciente. Es una cualidad innata y potencial en el hombre.

Paradójicamente, pese a sus cenizas de destrucción, la guerra es también creadora. No fueron los reposados y sabios senadores los que forjaron el Imperio Romano, sino la espada de César y el empuje de sus legiones; no fueron sólo los siete sabios de Grecia los que hicieron de Grecia el corazón de una época y de una civilización, sino el arrojo espartano de sus guerreros.

Los pueblos crecen y se hacen grandes y maduros al golpe de sus luchas a través de la historia. Y esa lucha es dolorosa, pero inevitable y sagrada; es la que va forjando el futuro por más que pacifistas de etiqueta y sabios de salón se empeñen en hacer un mundo sin guerras. En la naturaleza todo es lucha y el hombre no puede sustraerse de la vida superior de la cual es apenas trasunto y brizna.

En el campo de batalla se descorre toda cortina de diplomacia; dejan de ser válidas las apariencias, la palabrería insidiosa y el doblez político y sólo queda en pie la profunda y auténtica voluntad de la lucha, el peso de la convicción, el valor del sacrificio para morir por lo que se proclama.

Ahí sólo rige la entereza de marchar hasta el final; ahí se esfuma lo que era apariencia vocinglera y se libera de ropajes engañosos lo que era auténtica realidad.

Allí es donde realmente aflora la naturaleza del hombre: su arrojo o su cobardía, su altruismo o su mezquindad, su hombría de bien o su malicia … su verdadero ser!.

Los argentinos, en nuestra última guerra «convencional», hemos tenido sobradas muestras de ello. Basta nombrarlos tan sólo para que el pecho se hinche de orgullo y emoción: El Capitán de Fragata infantería de marina (post-mortem Cruz al Heroico Valor en Combate) Pedro Edgardo Giachino, el Teniente 1ro Roberto Estevez (post-mortem Cruz al Heroico Valor en Combate) , Teniente (PM) Oscar Silva, Sargento 1ro (PM) Mario Cisnero y todos aquellos combatientes que dejaron su vida, su juventud y sus sueños en el suelo malvinero. Honor y Gloria para todos y cada uno de ellos!.



Por más que los intelectuales se empeñen abstractamente en afirmar lo contrario, la fuerza de las armas en guerra es un hecho solemne e incontrastable; siniestro, pero grandioso. Que los países desarmados hablen de pacifismo vestidos de frac y que ensalcen el derecho internacional, como el máximo coordinador entre los pueblos, es tan explicable como que el gusano menosprecie la rapacidad del águila y como que el haragán adule a los que puedan arrojarle algunas migajas.

Pero todo pueblo con sanos instintos no rehuye jamás el sacrificio de la lucha suprema para asegurar sus derechos que ninguna ley internacional le garantiza. Así ha ocurrido en toda la historia de la humanidad.

Para los pueblos jóvenes y fuertes la guerra siempre ha sido siniestra, pero honrosa; sombría y trágica hasta el extremo de la miseria y de la muerte, pero gloriosa hasta el sacrificio o el brillar de la victoria. En ella el hombre se encara ante la muerte no por el camino desfalleciente de la enfermedad, ni por el apacible sendero de la vejez, sino por la puerta luminosa de un ideal que trasciende los límites personales del individuo y de una generación y vive en los individuos y en las generaciones que aún están por llegar.

A pesar de los pacifistas sinceros o hipócritas —y de los representantes de una época debilitada y en proceso de desintegración— seguirá imperando el relámpago de la espada como signo que escriba en el firmamento de los siglos la historia profunda y arcana de las culturas.

El Conde de Keyserling precisa en «La Vida Íntima»:

«Desde el punto de vista de la vida terrestre, el derrotista no vale nunca nada —y la vida de los pueblos es sólo terrestre—. Quien no admite el principio de la conquista y de la supresión del derecho vigente, rehúsa ipso facto admitir el progreso; de lo que se deduce desgraciadamente, que es para siempre imposible abolir la guerra, pues siempre habrá momentos en que sólo el empleo de la fuerza permitirá romper los estatismos caducos o contrarios al instinto vital de una nación dada».

No es por casualidad, ni por caprichos del azar, por lo que tantos hombres han percibido esa dolorosa grandeza de la guerra.

«Deben amar la paz como un medio de guerras nuevas, y la paz corta mejor que la larga. Que el trabajo de ustedes sea una lucha, ¡que su paz sea una victoria!… No su piedad, su bravura es la que salvó hasta el presente a los náufragos», dice Nietzsche en Así Habló Zaratustra.

Y añade en El Crepúsculo de los Dioses:

«Los pueblos que han tenido algún valor no lo han ganado con instituciones liberales; el gran peligro los hizo dignos de respeto».

El Dr. Gustavo Le Bon, en «La Civilización de los Árabes», reconoce la grandeza de las fuerzas que en el choque de las guerras van fraguando la silueta de los pueblos:

«Se ha de ser cazador o caza, vencedor o vencido. La humanidad ha entrado en una edad de hierro en la cual todo lo débil ha de perecer fatalmente… Los principios de derecho teórico, expuestos en los libros, no han servido jamás de guía a los pueblos; y la historia nos enseña que los únicos principios que han obtenido el respeto son aquellos que se hacen prevalecer con las armas en las manos».

Contestando un folleto pacifista del Instituto de Derecho Internacional von Moltke dijo:

«La paz perpetua es un sueño, y ni siquiera un sueño hermoso. La guerra forma parte del orden universal creado por Dios y en ella se desarrollan las más nobles virtudes del hombre: el valor, el espíritu de sacrificio, la lealtad y la ofrenda de la propia vida. Sin la guerra el mundo se hundiría en el fango del materialismo».

Juan Fichte, en Discursos a la Nación Alemana, habló del poder aglutinante de la guerra:

«Se llega a la unidad perfecta cuando cada miembro mira como suyo propio el destino de los demás. Cada cual sabrá que se debe enteramente al todo y que con él será feliz y sufrirá… Sólo reposan los que no se sienten bastante fuertes para luchar».

Oswaldo Spengler, en Años Decisivos:

«Muy pocos soportan una larga guerra sin que su alma se corrompa; nadie una larga paz… La lucha es el hecho primordial de la vida, es la vida misma, y ni siquiera el más lamentable pacifista consigue destruir, desterrar de su alma el placer que despierta. Por lo menos teóricamente quisieran combatir y aniquilar a los adversarios del pacifismo».

Y Spengler mismo añade, en Decadencia de Occidente:

«La guerra es la creadora de todas las cosas grandes. Todo lo importante y significativo en el torrente de la vida nació de la victoria y de la derrota… Los derechos del hombre, la libertad y la igualdad son literatura, pura abstracción y no hechos. El pensamiento puro, orientado hacia sí mismo, ha sido siempre enemigo de la vida, y por tanto, hostil a la historia, antiguerrero, sin raza. Antes muerto que esclavo, dice un viejo proverbio aldeano de Frisia. Lo contrario justamente es el lema de toda civilización postrera… La vida es dura, si ha de ser grande. Sólo admite elección entre victoria y derrota, no entre paz y guerra. Toda victoria hace víctimas. Sólo es literatura la que, lamentándose, acompaña los acontecimientos… La guerra es la política primordial de todo viviente, hasta el grado de que en el fondo lucha y vida son una misma cosa y el ser se extingue cuando se extingue la voluntad de la lucha. »

La raza es algo cósmico, una dirección, la sensación de unos signos concordantes, la marcha por la historia con igual curso y los mismos pasos. Y de una idéntica pulsación nace el amor real… Contemplad una bandada de pájaros volando en el éter; ved cómo asciende siempre en la misma forma, cómo torna, cómo planea y baja, cómo va a perderse en la lejanía; y sentiréis la exactitud vegetativa, el tono objetivo, el carácter colectivo de ese movimiento complejo, que no necesita el puente de la intelección para unir el yo con el tú… Así se forja la unidad profunda de un regimiento cuando se precipita como una tromba contra el fuego enemigo; así la muchedumbre ante un caso que la conmueve, se convierte de súbito en un solo cuerpo que bruscamente, ciegamente, misteriosamente, piensa y obra.

Quedan anulados aquí los límites del microcosmos… Un sino se cierne sobre todas las cabezas».Y así el pueblo alemán en armas, ante la imposibilidad de eludir la guerra en Occidente y ante su necesidad ideológica de hacer la guerra al Oriente bolchevique, cruzó el umbral de la paz y se internó en la siniestra grandeza de la guerra. Con sereno entusiasmo su juventud lo sacrificó todo y se precipitó desde las frías tierras de Noruega hasta los candentes desiertos de África, y desde las floridas campiñas de Francia hasta las polvorosas estepas de Rusia.

Absolutamente todo, en mayor o menor medida, es una guerra… Desde el momento del parto, una característica común a todas las especies es la lucha por la supervivencia. Las Naciones luchan por conservar o ampliar sus fronteras, los burgueses capitalistas luchan por ser cada vez más ricos … caiga quien caiga, los ángeles y arcángeles contra los demonios, los Caballeros Hiperbóreos contra el demiurgo; y el «pueblo elegido» contra todos aquellos que no tuvimos la desgracia de haberlo sido y que nacimos, (Al Hamdû Lillâh), goyim.


Por Moro
Para Páginas Árabes

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La paz,entreacto entre dos guerras por Moro se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.
Basada en una obra en https://paginasarabes.com/2014/06/06/la-pazentreacto-entre-dos-guerras-por-moro.

Youssef Abdelke:la guerra en dibujos al carbón de leña

Un artista sirio ha presentado sus obras de arte realizadas al carbón, a través de las cuales trata de mostrar la visión de cualquier ciudadano sirio acerca del conflicto que agita a este país árabe.

© Reuters- Jamal Saidi
© Reuters- Jamal Saidi

Decenas de dibujos en carboncillo del pintor e ilustrador sirio Youssef Abdelke, exhibidos desde el 5 de febrero en una galería en Beirut (Líbano), parecen tener un efecto tan poderoso como cualquiera de los miles de fotos y videos de la guerra en Siria que destellan a través de pantallas de ordenadores y televisores en todo el mundo.

Abdelke, un hombre de 63 años de cabellos plateados, ha encontrado su manera personal de informar sobre las penurias del pueblo sirio usando carbón y papel. «Creo que todas las obras de una manera u otra tratan de expresar las inquietudes y emociones del ciudadano sirio ordinario en medio de este enorme río de sangre», explicó pintor durante el evento.

© Reuters- Jamal Saidi
© Reuters- Jamal Saidi

Muchas de sus obras se centran en pequeños momentos íntimos, en lugar de tratar de hacer declaraciones generales acerca de una guerra que ha causado la muerte de 130.000 personas, llevando a millones a abandonar sus hogares.

Abdelke, un nombre importante en la escena del arte sirio, añadió: «En este momento estamos en el corazón de la tormenta, así que es muy difícil para uno ver los verdaderos efectos culturales en la producción artística creativa». El pintor opina que su patria sufre una crisis abierta que afecta a todos los civiles, incluso a aquellos que se consideran a sí mismos fuera del conflicto.

© Reuters- Jamal Saidi
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Otros artistas sirios se han instalado en Líbano y en los países del golfo Pérsico, presentando sus exposiciones en galerías de Londres, París y Nueva York y alimentando un creciente interés internacional hacia el arte contemporáneo sirio. Abdelke también ha estado de gira por Oriente Medio con sus obras, pero siempre vuelve, obstinadamente, a su estudio en Damasco. Sin embargo, dentro de Siria, mientras que las escuelas de arte siguen funcionando y unas pocas docenas de artistas mantienen su residencia, es casi imposible organizar exposiciones, confesó Abdelke.

En Siria los eventos culturales, como muestras en galerías y conferencias, están desapareciendo debido a la violencia, que se ha apoderado de gran parte del país. «Exponer en sí es muy difícil», dijo Abdelke. «Y no tiene ningún sentido, porque nadie viene», concluyó.

© Reuters- Jamal Saidi
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Por Jamal Saidi
Con información de RT

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