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Hürrem, la favorita del Sultán

La Esclava que se transformó en  Sultana del Imperio Otomano

El origen de Hürrem y sus primeros años en el Harén

Nadie conoce los orígenes de Roxelana ni su verdadero nombre. Roxelana surgió de fuentes occidentales. Ella es más comúnmente conocida como Hürrem Sultana, que significa «La que ríe». Fuentes históricas afirma que su nombre era Aleksandra Lisowska y nació probablemente alrededor de 1504 en Rohatyn (pequeña ciudad al oeste de Ucrania, en el antiguo reino de Galitzia). También se afirma que ella era la hija de un sacerdote rutenio.

 Lo que se sabe es que fue comprada por el gran visir y mejor amigo de Suleiman, Ibrahim Pasha, y fue, a su vez, un regalo para el SultánRoxelana hizo lo mejor dada su situación. Superó grandes dificultades y se convirtió en la esposa de Suleiman. Daría al sultán seis hijos, uno de los cuales se convertiría en el próximo sultán. Era una mujer de gran belleza que se destacaba de la multitud por su pelo rojo llameante. Era inteligente y tenía una personalidad vibrante.

Suleimán alcanzaría el poder supremo del Imperio Otomano tras la muerte de su padre Selim I en el año 1520. En el momento de su ascensión el nuevo sultán se encontraba ya casado con Mahidevran Gülbahar, con quien tuvo 3 hijos; uno de ellos Mustafa estaba predestinado a ser el heredero del Imperio al ser el primogénito, pero la astucia de Hürrem cambiaría el destino sucesorio.

Pese a que el sultán tenía un numeroso Harén de concubinas y 2 esposas oficiales (Mahidevran y Gülfem Hatun), Suleimán fue atrapado en la red de seducción de Hürrem con quien establecería una intensa relación amorosa; la pasión o el deseo de poder llevaría a esta el solicitar su conversión al Islam, hecho que tenía importantes consecuencias ya que a partir de ese momento si Suleimán quería tener relaciones íntimas con ella, al ser ya musulmana, debería convertirla primero en su esposa, como así finalmente sucedió.

La mujer más poderosa del Imperio

Hürrem, como la esposa de Suleiman, era ahora la mujer más poderosa del Imperio Otomano. Ella dejó el palacio de Harem y se mudó a los aposentos del sultán en el Palacio de Topkapi.  Esto le dio la oportunidad de involucrarse en asuntos judiciales y estatales.  Cuando Hürrem se convirtió en su esposa, Suleimán liberó a todas sus concubinas y  casó a algunas de ellas con sus oficiales de alto rango.

Convertida al Islam, sería ya para siempre Hürrem sultana y pasaría a ser la favorita o “Haseki” del sultán; el hecho de que una concubina alcanzará tal rango, causó profundas críticas dentro de la corte de Topkapi al romper con esa decisión todas las tradiciones otomanas; pronto las envidias se agudizaron entre sus rivales de alcoba, hasta el punto de que Mahidevran acabaría por agredir a Hürrem hecho que provocó la ira del sultán y su caída en desgracia.

Aprovechando la tradición de que el príncipe heredero adquiriese experiencia actuando de gobernador en provincias, Solimán envió a Mustafá a la ciudad de Manisa, (normalmente en la corte otomana la madre del heredero acompañaba siempre a su hijo), hecho que allanó el camino de Hürrem, que comenzó a tener una importante influencia en las decisiones de estado hasta el punto que su figura fue analizada en profundidad por todos emisarios y embajadores extranjeros contribuyendo así a extender su fama. También se convirtió en una de las principales mecenas culturales del Imperio y pasó a controlar con rigor la vida del Harén de palacio.

No pasó mucho tiempo hasta que dio a luz a un hijo llamado Mehmed. Una de las razones por las que Hürrem fue favorecida por el sultán fue porque ambos amaban la poesía.  Suleiman escribiría más tarde el famoso poema a  su favorita:

«Trono de mi nicho solitario, mi riqueza, mi amor, mi luz de luna.

Mi amigo más sincero, mi confidente, mi propia existencia, mi sultán, mi único amor.

El más bello entre los hermosos …

Mi primavera, mi amor alegre, mi día, mi amor, la risa de la hoja …

Mis plantas, mi dulce, mi rosa, la única que no me angustia en este mundo …

Mi Estambul, mi Caraman, la tierra de mi Anatolia

Mi Badakhshan, mi Bagdad y Khorasan

Mi mujer del cabello hermoso, mi amor de la frente inclinada, mi amor de ojos lleno de travesuras …

Cantaré tus alabanzas siempre

Yo, amante del corazón atormentado, Muhibbi de los ojos llenos de lágrimas, soy feliz «.

La leyenda negra de Hürrem

Hürrem daría 6 hijos a Solimán (Mehmed, Abdullah, Selim, Bayezid, Cihangir) y una hija (Mihrimah) pero pese a contar con el amor incondicional de Suleimán, ninguno podría acceder al trono por pleno derecho mientras Mustafá estuviera vivo. Este tema originó uno de los sucesos más oscuros de la vida de Hürrem, ya que su astucia y la de su yerno Rüstem Paşa, gran visir y esposo de Mihrimah, provocaron la injusta muerte de Mustafá quien fue ejecutado por orden de Suleimán al ser falsamente acusado de un intento de destronar a su padre.

También se difundieron rumores de que Hürrem había ejecutado al gran visir de Suleimán, Ibrahim, porque favorecía a Mustafa y Mahidevran en lugar de a Hürrem y sus hijos. Sin embargo, aunque a Hürrem no le gustó Ibrahim, es posible que no haya influido en Suleimán para ejecutarlo. El mal juicio de Ibrahim sobre la larga guerra contra los safávidas puede haber perdido el favor de Suleiman.  Una vez que Ibrahim cayó en desgracia, fue prescindible. Suleimán lo ejecutó porque no tenía ningún uso para él.

La muerte de Mustafá  provocó revueltas en Anatolia y en el seno del ejército, acabando con la influencia de Rüstem Paşa pero no la de Hürrem, quien a ojos del sultán no estuvo implicada y que indirectamente fue la gran beneficiada del suceso ya que sus hijos se ponían en primera línea sucesoria del trono y conseguía el destierro definitivo de Mustafá.

Madre del futuro Sultán

Tras la muerte de Mustafá, Selim, tercer hijo de Hürrem, se convirtió en el principal candidato a la línea de sucesión al trono del Imperio Otomano, dado que sus hermanos mayores Mehmed (el predilecto de Suleimán) y Abdullah, habían fallecido tiempo atrás.

Con todo, el camino de Selim se allanaría aún más con la muerte del joven Cihangir (algunas fuentes consideran que fue de tristeza por conocer el trágico destino de su hermanastro) y la de Bayezid, el cual, tras rebelarse a la decisión de Suleimán de destinarlo como gobernador de Amasya, fue derrotado en Konya por las tropas de Selim, para posteriormente refugiarse en el Imperio Safávida que lo acabaría devolviendo a Suleimán (tras aceptar por él valiosos regalos) para que este lo ejecutase.

Tras la muerte de Suleimán en el año 1566, Selim ocuparía el rango de sultán otomano, cumpliendo así el máximo anhelo de Hürrem de ver a uno de sus hijos como máximo dirigente del Imperio.

Como reina, Húrrem, dio dones generosos a los pobres. Ella construyó mezquitas, escuelas religiosas, casas de baños y lugares de descanso para los peregrinos que viajaban a La Meca.  También encargó a Mimar Sinan, uno de los mejores arquitectos del Imperio Otomano, que construyera la mezquita de Suleimán.  Sin embargo, su trabajo de caridad más famoso fue el Gran Waqf de Jerusalén, que se completó en 1541. Este fue un gran comedor de beneficencia que alimentó a los pobres y necesitados. Hürrem no vivió para ver  la ascensión de su hijo  Selim al trono.

Hürrem sigue siendo una de las figuras más controvertidas de la historia del Imperio Otomano. Muchos afirman que era una mujer intrigante y despiadada, que había ejecutado a cualquiera que se interpusiera en su camino. Sin embargo, sus obras filantrópicas hablan de una reina que cuida a los pobres y hambrientos. Al final, su legado como reina es casi tan elusivo como sus orígenes.

El templo donde descansan los restos de Hürrem está situado apenas a unos metros del lugar donde reposan los restos de Suleimán, el cual tiene eterno descanso en un mausoleo independiente; ambas tumbas, pese a ser relativamente discretas, son uno de los monumentos más visitados de Estambul.

Con información de: History of Royal Women

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Süleyman I El Magnífico – (En turco otomano: سلطان سليمان اول)

Señor de Estambul

Nacido en 1494 en la costa del Mar Negro, Suleimán era el único hijo de Selim I, quien había subido al poder matando a sus hermanos y sobrinos, por lo que ordenó asesinar a los hermanastros de Suleimán para que no tuviera los mismos problemas al heredar el trono. Lo hizo en 1520, a la edad de 26 años, recibiendo también como legado el gran objetivo estratégico que su abuelo Mehmet II no había podido conseguir: conquistar Hungría. ¿Por qué? Porque era la puerta hacia Europa, la primera línea de defensa en la que personajes como Matías Corvino, Janos Hunyadi o Vlad Tepes habían resistido todos los intentos de invasión turca.

El Imperio Otomano conoció su máximo esplendor bajo su gobierno, no sólo por la solidez de la organización administrativa y militar, sino por la ampliación de sus fronteras a su máxima extensión y por el hecho de que Estambul se constituyó en un brillante centro intelectual. Conocido también como Suleimán (o Süleyman, en turco), fue por ello llamado «El Magnífico» en Occidente y «El Legislador» por sus compatriotas.

Suleimán no fue únicamente un gran conquistador. Su labor en el Imperio Otomano fue vasta, modernizando las fuerzas armadas y reformando el sistema judicial; promovió la urbanización de sus ciudades, construyendo presas y acueductos, escuelas y baños públicos, puentes y jardines. Una ingente labor que se le reconoció con el nombre de Süleyman I Kanuni (Legislador); Suleimán el Magnífico, para los europeos.

De estatura superior a la media y miembros bien proporcionados, Suleimán era de tez morena, con una frente amplia y unos ojos negros un poco saltones, cejas prominentes, nariz aguileña y boca bella pero no sensual, labios finos y poblado bigote. Con su porte altivo y reservado y su inteligencia vivaz y reflexiva, Suleimán era un hombre más proclive a la meditación y al juicio que a las decisiones repentinas. La crueldad que había caracterizado a su padre, Selim I el Inflexible, reforzó en Suleimán, como reacción, su amor a la justicia y la paz, y también su gran necesidad del afecto de su familia y amigos, por lo que amó intensamente a Mustafá, su hijo primogénito, a Ibrahim, su amigo de siempre, su brazo derecho y uno de sus grandes visires, y a Roxelana, la favorita de su harén, que se convirtió en su esposa. Su sentimiento por ellos era ciego.

Suleimán vivió una juventud tranquila, pero marcada por el rigor de su severo padre, que lo preparó para su deber futuro. En los palacios de Estambul, la maravilla del mundo, la ciudad ideada y creada para la soberanía, aprendió tanto el uso de las armas como el conocimiento de las letras. Se educó en compañía de los pajes de origen cristiano que algún día se convertirían en sus visires, sus pachás, sus generales y sus gobernadores.

Suleimán El Magnífico

El 30 de septiembre de 1520, Suleimán Khan se subió a una embarcación dorada de 36 remos y se sentó en la popa, entre cojines de terciopelo, telas de seda y algunos eunucos blancos que permanecían de pie frente a él. Poco después, la embarcación navegaba veloz sobre las aguas del Bósforo para entregarlo para siempre a la historia: a los 26 años, tras la muerte de su padre Selim I, Suleimán se convirtió en sultán de los otomanos. El tercer día de la ceremonia de su coronación se dirigió a su pueblo ataviado con un rico vestido de oro, adornado con perlas y diamantes, luciendo en la cabeza un altísimo turbante decorado con una corona de piedras preciosas y con varios penachos compuestos de plumas de garza real, que simbolizaban las diversas partes del mundo sometidas al sultán. Su vida y su destino se ponían bajo el signo del diez, el número de la fortuna para los turcos.



El Gran Conquistador

Cuando Suleimán sucedió a su padre en el trono otomano en 1520, este pueblo belicoso que los mongoles habían empujado hasta la península de Anatolia (la actual Turquía) había llevado a cabo numerosas batallas con los países europeos. Ya en 1354, Orjan conquistó Gallípoli, el primer dominio otomano en Europa, al tiempo que fundaba un nuevo ejército formado por un escuadrón de caballería ligera (akhingi) y un ala constituida por los grandes señores feudales (spahis), que estaba compuesta por los célebres y temibles jenízaros.

Pero en 1521 los húngaros estaban sumidos en una crisis dinástica y Suleimán supo ver en ello la oportunidad. Así que, con un enorme contingente de tropas, avanzó, tomó Belgrado, hizo un alto para embarcarse al mando de una flota descomunal con la que conquistó la isla de Rodas y regresó para atacar Hungría, que también cayó en sus manos levantando la alarma en el resto de Europa.

En 1529, su audacia llegó hasta el extremo de asediar por primera vez Viena, campaña en la que fracasó, pero que volvió a intentar en 1532, año en el que Carlos I, el gran abanderado del catolicismo, hubo de pactar con los protestantes para lograr rechazar la ofensiva. Más tarde Suleimán orientaría sus conquistas fuera del territorio europeo, invadiendo Bagdad y Mesopotamia y llegando hasta la India; pero a la muerte de su vasallo Juan Zapolya en 1541, Hungría quedó anexionada al Imperio Otomano; y en 1543, el mismo año en que Persia pasaba a sus dominios, Fernando I de Habsburgo quedó obligado a pagar al Imperio un tributo anual de 30.000 ducados. Precisamente como consecuencia de la negativa de su sucesor, Maximiliano II, a pagar el tributo, se produjo en 1566 el asalto turco a Szeged, ciudad defendida valientemente por el héroe nacional húngaro Zriny.

Desarrolló campañas en dirección contraria hasta dominar casi todo el mundo árabe; por otro, se alió con el rey de Francia, Francisco I, para adueñarse del Mediterráneo. Así, los corsarios de Barbarroja se hicieron con Argel, Túnez y Trípoli, convirtiéndose en un quebradero de cabeza para Carlos V, que sólo los pudo detener en Malta muchos años después, en 1565, en colaboración con los caballeros de la orden homónima que la defendían.

En 1566, Suleimán se dirigió de nuevo con su ejército hacia los Balcanes. Era su octava campaña continental europea, esta vez contra Maximiliano de Habsburgo, y la decimotercera expedición de su vida. Por entonces, la edad y los achaques habían debilitado su salud. Lo atormentaban la gota y la hidropesía, la hinchazón de las piernas y la inapetencia, y también sufría desvanecimientos. Pese a ello, dirigió en persona el asedio a la fortaleza húngara de Szigetvar.

Roxelana, la favorita de Suleimán

Roxelana, a quien apodó Hürrem (“la risueña”). “Suleimán se distinguió como el primer sultán en someterse a la influencia de una mujer. Había encontrado a alguien que era su par, que no sólo lo satisfacía sexualmente sino que también era su compañera en los asuntos de Estado (…) Con ella, el harén se transformó en un lugar de belleza, de iluminación, en vez de una oscura mazmorra”.

Alev Lytle Croutier

Hürrem (“la risueña”)

Aleksandra Anastazja Lisowska, célebre esposa del sultán Suleimán, ha tenido innumerables denominaciones a lo largo de la historia, así los turcos la llaman Hürrem mientras que la mayoría de los extranjeros han apostado por recordarla por su rojiza melena, de ahí que la denominen como Roxelana.

Los orígenes de Alexandra están envueltos en misterio y existen dispares teorías sobre quien era en realidad, aunque la mayoría de las fuentes citan que sus raíces se encuentran en Galitzia en la actual Ucrania, aunque de aquella pertenecía al Reino de Polonia.

Nacida en un entorno cristiano de principios del siglo XVI, Alexandra tenía unos hermosos rasgos eslavos entre los que destacaba su melena pelirroja, unas características que la convertían en una mujer muy atractiva; fue secuestrada por los Tártaros quienes rápidamente vieron su potencial como esclava sexual (aún era virgen cuando fue capturada) y la misma acabó siendo vendida en un mercado de Estambul para posteriormente recalar en el Harén imperial.

Aunque comenzó en las posiciones más bajas de las labores del serrallo, Roxelana destacaría muy pronto por su simpatía por el que ganaría el apodo de Hürrem (risueña); esta virtud añadida a su belleza y oratoria llamaron rápidamente la atención de Ayşe Hafsa Sultan, madre de Suleimán, que se encargaría en darle una buena educación, tanto en idiomas como en artes palaciegas.



Amor eterno entre Hürrem y Suleimán

El amor de Hürrem y Suleimán se mantuvo firme con los años y de hecho el sultán volvería a romper la tradición al permitir que Hürrem continuase viviendo en palacio, eludiendo la costumbre otomana de que la madre del príncipe heredero se marchase a vivir con el mismo durante su período de formación como gobernador en las provincias remotas del Imperio. Hürrem moriría en 1558 provocando un gran pesar en el alma de Suleimán quien escribiría en desgarrado verso:

“Languidezco en la montaña del pesar
donde suspiro y gimo día y noche
preguntándome qué destino me aguarda
ahora que mi amada se ha ido”.

El sultán hizo construir un mausoleo a su amada justo al lado del suyo en el interior del recinto de la Mezquita de Süleymaniye en Estambul. Hoy este memorial al amor eterno, es visitado por miles de turistas quienes buscan la tumba de Hürrem con el fin rendir homenaje a una mujer excepcional, una concubina que con sus armas de mujer y su extrema inteligencia no solo consiguió apasionar a un sultán sino que hizo cambiar la historia de todo un Imperio.

La muerte del Sultán

Fue en 1566, durante el sitio de la ciudad de Szigetvár. Los defensores se refugiaron en el castillo y resistieron cinco desesperadas semanas. Habían perdido su caballería en una heroica carga suicida y su número era exiguo comparado con el del enemigo. Sin embargo, como era frecuente, la peste se extendió entre los sitiadores matando a 20.000 de sus 100.000 hombres; el sultán fue uno de ellos, cuando estaba a punto de cumplir 72 años. Irónicamente, Szigetvár cayó al día siguiente.

El cuerpo se envió a Constantinopla pero se le extrajeron los órganos internos para enterrarlos allí mismo y darle la satisfacción de reposar, aunque fuera sólo en parte, en el lugar cuya conquista no había llegado a ver por tan poco. Cuenta la leyenda que el corazón y las otras vísceras se guardaron en un ataúd de oro que fue sepultado en un sepulcro de la localidad de Turbek, donde se ubicaba el campamento turco. Los restos de este asentamiento, que acabó arrasado por las tropas imperiales cuando echaron a los invasores en el año 1680, se descubrieron en 2013 siguiendo las indicaciones de un mapa de la época que tiene la inscripción «Aquí yace Suleimán».

Con información de National Geographic y Biografías y Vidas

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Hayr-Reddín – El Pirata Barbarroja

Hayr-Reddín - El Pirata Barbarroja
Hayr-Reddín – El Pirata Barbarroja

Desde que  Barbarroja, un aventurero de origen greco-turco, conquistó Argel, la ciudad se convirtió en un reino creado y desarrollado alrededor de una actividad: la piratería.

Durante los siglos XVI, XVII y en menor medida el XVIII, sus corsarios asolaron las costas cristianas y abordaron barcos de toda nación, aunque especialmente españoles e italianos, llegaron al Atlántico e incluso atacaron Islandia. El secreto de su éxito estribaba en una original sociedad constituida por una casta peculiar: los renegados.

Ramiro Feijoo. Belacqva

Barbarroja, el temido Corsario

Nacido en Lesbos en 1475, su verdadero nombre era Hızır bin Yakup (de donde deriva Hayr-reddín), pues Hayr-reddín era una distinción que se le concedió (y cuyo significado es algo así como el Mejor de la religión)

El más famoso corsario musulmán nació en la isla griega de Lesbos, entonces bajo control turco. Su nombre era Hayr al-Din, Jeireddín, para los cristianos, y fue uno de los cuatro hijos del caballero otomano Yakup. Nació en Mitilene, una isla del Egeo, que había sido conquistada por los turcos. Hijo de un jenízaro de origen griego y de una cristiana, no tenía nada de turco. El nombre de Barbarroja, tiene su origen en esta apariencia física, en sus cabellos y barba, de un color rojizo, con marcados rasgos europeos.

Todos los hermanos se dedicaron a la marinería, pero fueron Aruch y después Hayr-reddín, bajo las órdenes del sultán Suleimán, quienes comandaron una organización pirata que llevó a los berberiscos a controlar el comercio en el Mediterráneo bajo los auspicios del Imperio Turco y a convertirse en una pesadilla para el Imperio Español y para los demás estados cristianos de su tiempo. Converso de origen griego, Barbarroja se labró su fama de corsario en los primeros años del siglo XVI junto a su hermano Aruch, que también recibió este mismo apelativo. Desde joven se embarcó en un barco pirata turco, y se dedicó a la piratería por el Mar Egeo. Desde su base en Argel llevó a cabo una fuerte campaña de hostigamiento contra la navegación cristiana, al tiempo que se enfrentaba a los pobladores del interior del país. El desarrollo de la piratería berberisca representó un escollo insalvable para la expansión norteafricana propugnada por el cardenal Cisneros.



Héroe de los Musulmanes

Los dos hermanos Barbarroja, un apelativo que les pusieron en Italia, llevaron a cabo desde su base en Argel una fuerte campaña de hostigamiento contra la navegación cristiana que impidió la expansión del imperio español por el Norte de África propugnada por Cisneros. Aruch, el mayor de los dos, fue quien primero tuvo su propio barco, al frente del cual capturó cerca de la isla de Djerba, frente a las costas de Túnez, tres naves españolas y participó en el traslado de mudéjares desde Andalucía hasta el Norte de África. Para su desgracia, murió en 1518 en una batalla contra los españoles que trataban de reconquistar la ciudad de Tremecén, situada al noroeste de la actual Argelia. Es en ese momento cuando Heyr-reddín entra en escena asumiendo el papel protagonista. Lo primero que hace es pedir ayuda y refuerzos al sultán otomano Suleimán I para mantener su dominio sobre Argel, amenazado por una sublevación de la población local. Una vez sofocada ésta, Barbarroja continuó con sus maniobras de acoso a las naves cristianas,

La fama de Hayr-reddín se extendió por todo el mundo musulmán del Próximo Oriente. Desde el Levante llegaron a Argel corsarios experimentados en busca de fortuna, como Sinán el Judío o Alí Caramán. Del mismo modo, cuando el condotiero genovés Andrea Doria, a instancias de Carlos V, se adentró en el Mediterráneo oriental y consiguió capturar los puertos de Corón, Modón y Naupacto, en el Peloponeso, Suleimán mandó llamar de inmediato a Hay-reddín. Éste se apresuró a atender la convocatoria. Para impresionar al sultán, abarrotó sus navíos con presentes de lo más suntuoso: tigres, leones, camellos cargados de sedas y paños de oro, vasos de plata y oro, y también doscientas mujeres destinadas al harén de Estambul, así como buen número de esclavos jóvenes. Suleimán, sin duda complacido, nombró a Hayr-reddín gran almirante de la flota otomana.

En 1519 derrotó a una expedición al mando de Hugo de Moncada. Sorprendió a unas galeras, que confiadas hacían el viaje entre Génova y Civitavecchia, escoltando un envió de mercancías, bajo mandato del Papa Julio II. Primero abordó a una que viajaba confiada,ya que no solía haber ataques piratas, por esa zona del Mediterráneo, y en ningún caso se atrevían con barcos grandes. El capitán cristiano permitió que se les acercase una galeota, y fue abordado. Después, remolcó a su galeota, como si hubiera sido capturada, y disfrazó a su tripulación con las ropas de los cristianos capturados. Cuando la segunda galera Papal, se acercó para ver la captura, fueron sorprendidos por una lluvia de flechas, y fueron abordados y capturados.

Tras un paréntesis durante el cual se vio obligado a replegarse a causa de una nueva rebelión en Argel, en 1520 Barbarroja volvió a pasar a la ofensiva, esta vez en combinación con un ataque desde Túnez. Recuperó Argel para conquistar, a continuación, el peñón de Gibraltar, defendido por una guarnición española, echando por tierra las esperanzas del rey y emperador Carlos V. Durante su mandato, Hayr-reddín llegó a coordinar una flota de 36 barcos con la que trasladó a 70.000 mudéjares de España en el transcurso de siete viajes para reubicarlos en Argel, que se convirtió en una plaza fuerte contra los intereses españoles.

En 1533, convertido en almirante de la flota otomana, unió sus fuerzas con las de Francisco I de Francia para desencadenar una contundente ofensiva contra Carlos V que le llevaría a conquistar Túnez y saquear las Baleares, Reggio, Niza y la costa catalana, a pesar de los esfuerzos del almirante genovés al servicio de España, Andrea Doria, a quien derrotó. Sólo la paz de Crépy, concertada entre Francia y España en 1544, puso freno a sus ataques.



Desembarco en Costa Brava

Las costas españolas del Mediterráneo vivieron una pesadilla en tiempos de Barbarroja, que atacó en varias ocasiones islas, puertos y ciudades. Una de sus acciones más violentas, recogida en un documento notarial del Ayuntamiento de Palamós, fue el saqueo de esta población gerundense en octubre de 1543, y que sufrieron algunos de sus vecinos, como el mosén Joan Anfreu, Pere Roig o Geroni Soler. Ellos y muchos más murieron dentro de la ciudad, entonces protegida por una muralla, intentando defender su casa del ataque de las huestes berberiscas comandadas por el lugarteniente de Barbarroja, Salah Reis.

Los turcos llegaron a la Costa Brava pertrechados con 20 galeras y tres fustas,  y bombardearon Palamós con su artillería, lo que hizo huir a la mayoría de sus habitantes. Los pocos que se enfrentaron a los turcos y salieron con vida terminaron también por escapar, abandonando todas sus pertenencias. Cuando volvieron al día siguiente, encontraron muertos a los que se habían quedado, algunos con la cabeza cortada, otros quemados e incluso un hombre ensartado. Los turcos robaron todo lo que pudieron, incluidos algunos barcos y las campanas de la iglesia, donde destrozaron los libros y los retablos.

Conquistador de Túnez y Argel

En sus últimos años, Hayr-reddín se retiró a Estambul para disfrutar de su palacio a orillas del Bósforo.

En 1545, Barbarroja se retiró a Estambul, donde vivió el último año de vida, dictando serenamente sus memoriasFalleció el 4 de julio de 1546. Su tumba, el Mausoleo Verde (Yesil Turbe), construída por el famoso arquitecto Mimar Sinan, «el Miguel Ángel otomano», aún se alza en la orilla europea del Bósforo, en el barrio de Besiktas. Durante años, ninguna nave turca abandonó Estambul sin realizar una salva en honor a su más temido corsario al pasar ante su sepultura, donde se lee el siguiente epitafio: «Ésta es la tumba del guerrero de la fe, el almirante Hayr-reddín Barbarroja, conquistador de Túnez y Argel. Dios lo tenga en su misericordia».

Por Ramiro Feijoo. Belacqva

Con información de: Corsarios

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Sayyida al-Hurra (السيدة الحرة) – La Pirata de Granada

«La Pirata de Granada»

Sayyida al-Hurra fue un personaje clave en su época, sin el que no podrían entenderse los acontecimientos que sucedieron en el Estrecho durante aquellos años. Cuando la Edad Media quedaba atrás y un nuevo orden mundial estaba naciendo, ella se negó a seguir los dictados de un hombre y forjó su propia ley. Envió barcos a asesinar, utilizó los medios de que disponía y los que le habían sido negados por ser mujer. Manipuló las alianzas de su país y se construyó un nombre, que habría de ser temido por todo el Mediterráneo.

Sayyida era del Reino de Granada, el último estado gobernado por musulmanes en España al final de la Reconquista (la retomada de siglos de la Península Ibérica de los moros). Su familia huyó a Marruecos tras la caída de Granada en 1492.

Un nuevo contexto histórico

En 1453, Constantinopla cayó en manos de los turcos, por lo que desaparecía el Imperio Romano de Oriente y se constituía el Imperio Otomano, nombrando a esta ciudad su capital. El sultán Mehmed II se convirtió en Cabeza del Islam, y las rutas comerciales de las especias entre Europa y Asia se vieron alteradas de forma absoluta. Algunos intentos de rodear las zonas de control otomano y llegar a China con fines comerciales fueron el viaje por África de Vasco de Gama o la ilusión de Cristóbal Colón de cruzar el mundo entero navegando hacia el Oeste por el Océano Atlántico, lo que llevó al descubrimiento de América.

Por su parte, en 1492, los reyes Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón completaban la Reconquista al ocupar el Reino Nazarí de Granada, por lo que fueron nombrados en 1496 como Reyes Católicos. Su poder se afianzaba y así, junto a la conquista del Nuevo Mundo y la alianza con el Papado, daba comienzo una época de esplendor y hegemonía mundial. Como consecuencia, una enorme población musulmana fue obligada a convertirse al cristianismo o abandonar la Península Ibérica, estableciéndose en la costa de Berbería.

 “La Dama Libre”

Sayyida al-Hurra era descendiente de una de esas veteranas familias andalusíes obligadas a emigrar, y cuyo odio y nostalgia hicieron de ellas poderosos enemigos del Imperio español. Por culpa del hostigamiento llevado a cabo por los cristianos, grandes jefes guerreros se establecieron en la zona de Marruecos, buscando alianzas para continuar su guerra. Dos de tales jefes fueron Alí ibn Rashid (fundador de la ciudad de Chefchauen en 1471) y Sidi al-Mandri (antiguo jefe militar de Granada y luego refundador de Tetuán en 1485-86, tras haber sido arrasada ésta por tropas de Castilla y Portugal, en represalia por su apoyo a la piratería en el Estrecho). Ambos eran amigos y líderes de sendos grupos de emigrados.

Su influencia en el área era importante, relacionándose con el sultán de Marruecos (reino cuya capital entonces era Fez), pero manteniendo un gran nivel de independencia, lo que los convertía, de hecho, en las principales defensas fronterizas del Islam en aquella zona. Y hemos de tener en cuenta, además, que Marruecos era el destino de numerosas caravanas que llevaban a Europa oro, marfil, sedas y esclavos negros, por lo que quien controlara la región tendría en sus manos enormes riquezas.

Alí ibn Rashid tuvo dos hijos: Ibrahim (quien le sucedería como gobernador de Chefchauen y además valido del sultán de Marruecos) y Aysha (según algunos historiadores, éste era su nombre de pila, a quien casó hacia el año 1500 con su viejo amigo, Sidi al-Mandri, garantizando así la estabilidad del poder). La pareja gobernó con sabiduría el área de Tetúan, a pesar de haber entre ellos una diferencia de edad de unos treinta o cuarenta años. Reforzaron su influencia y promovieron la piratería, lo cual les garantizaba unos importantes ingresos.

Con el paso de los años, Sidi al-Mandri fue perdiendo capacidad de decisión, debido al avance de unas heridas de guerra que terminaron por dejarlo ciego. En esa época, en torno al año 1510-12, su esposa Aysha asumió por sí misma las tareas de gobierno, por lo que obtuvo el sobrenombre de Sitt al-Hurra o Sayyida al-Hurra, que significa «La Noble Dama». Su voluntad era de hierro, su mano nunca temblaba al ordenar los ataques de los corsarios contra las flotas portuguesa y española. En un mundo eminentemente masculino, la palabra de Sayyida era ley, y los monarcas cristianos aprendieron a temerla.

Aliada del legendario Barbarroja

En esta guerra naval halló un aliado en Baba Aruj, el corsario conocido como Barbarroja, que fue gobernador de Argel y se unió al Imperio Otomano. De esta manera, el sultán de Estambul (entonces Bayezid II y después Selim I) veía garantizada su influencia en el Mediterráneo Occidental mediante las actividades de estos temidos reyes piratas, a cada cual más sanguinario.

Tal vez por el recuerdo de verse obligada a huir de su hogar en la infancia, Sayyida, como muchos otros musulmanes en la zona, recurrió a la piratería contra su enemigo cristiano. Se acercó a Barbarroja de Argel, que controlaba el mar Mediterráneo Oriental mientras controlaba el Oeste, y formó su propia flota. Ella causó estragos en las líneas navieras españolas y portuguesas, y fue el líder indiscutible de los piratas en la región.

Sin embargo, los años pasaban, y Sidi al-Mandri y su esposa Sayyida se ganaban cada vez más enemigos. Una hija de la pareja contrajo matrimonio con el joven Ahmad, hijo de Hasan Hashim, rico aristócrata granadino que había emigrado junto a Sidi al-Mandri y se disputaba con él la posesión de Tetuán. Mediante el enlace de sus hijos, Sayyida pretendía garantizar la estabilidad en la zona, tal y como su padre había hecho con ella. Pronto se vería que no iba a ser tan fácil.

En 1539 murió Ibrahim, hermano de Sayyida, y en 1540 lo hizo Sidi al-Mandri. La reina pirata se quedaba sola. Sus dos principales apoyos habían desaparecido, y ni todo su coraje bastaría para soportar los ataques de los jefecillos locales. El sustituto de Ibrahim en Chefchauen fue su hermanastro Muhammad, quien pronto quiso hacerse también con Tetuán y deponer a Sayyida.

En 1541 la situación cambió por completo: Sayyida contrajo matrimonio con Ahmed al-Watasi, sultán de Marruecos. Nada menos que el rey de toda aquella región, y a quien el resto de jefes debía obediencia. Y, como gran gesto de carácter, la Noble Dama exigió que el enlace se realizara en Tetúan, su ciudad, en lugar de en Fez, la capital del reino. Ésta es la única ocasión en la que un rey de Marruecos se ha casado en cualquier lugar que no fuera la capital, y eso fue una clara muestra al mundo de quién era Sayyida al-Hurra, capaz de gobernar incluso a un rey. Y las actividades de los corsarios prosiguieron, más reforzadas que nunca.

Los enemigos de la Noble Dama no cejaban en combatirla. Tal era su empeño que hicieron cualquier cosa por derribarla. En 1541 el gobernador portugués de Ceuta cerró el puerto al comercio con Tetúan, y un año después Hasan Hashim y su hijo Ahmad lanzaron un ataque demoledor sobre Tetúan y se hicieron con la plaza.

 El precio de ser mujer

Después de tantas vicisitudes y luchas por reafirmar su posición, Sayyida no pudo mantener su hogar ni sus posesiones, y fue desterrada. Se dice que ni el sultán ni sus propias hijas la ayudaron, y al final se encontró totalmente sola. Ahmad gobernó en Tetúan y ella se resguardó en la casa de sus padres, en Chefchauen. Allí vivió hasta su final y allí está su tumba, que hoy recibe multitud de visitas, sobre todo mujeres, que alaban su capacidad, independencia y valor en un mundo masculino. Ahora su cuerpo ocupa una pequeña tumba, en un rincón discreto de la zawiyya raysuniy . Hay una reducidísima ventana que da al exterior y, por fuera, muchas mujeres de Chefchauen depositan flores en el alféizar.

No supo continuar siendo una mujer extraordinaria apoyada en un hombre, en una sociedad de hombres, y quiso ser ella misma el hombre con un comportamiento de tal y con desafio; lo cual, en aquella época, era imposible de imponer y de mantener. El hecho de que nadie se opusiera abiertamente a su caída, lo prueba.

Sayyida al-Hurra nunca ha dejado de ser una Noble Dama y continúa siendo un símbolo de libertad para muchos, y de esperanza.

Rodolfo Gil Grimau

Con información de Amazing Women in History

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Carlos Salim Balaá (Carlitos Balá) – La risa con ascendencia libanesa

Carlitos Balá es el nombre artístico de Carlos Salim Balaá, nacido el 13 de agosto de 1925 en Buenos Aires, un actor cómico argentino famoso por su dedicación al entretenimiento de los niños. Realizó destacados espectáculos en televisión, cine, circo, y teatro además de una vasta carrera discográfica dedicada especialmente a los  niños.

Infancia y juventud

Carlos Salim Balaá, descendiente de inmigrantes libaneses, nació en Buenos Aires en 1925, en el barrio de Chacarita. Su padre fue Mustafá Balaá, de origen libanés, nacido a fines del siglo XIX en Beirut, de profesión comerciante, llegó a  Argentina como todos los inmigrantes, buscando nuevas oportunidades. Era propietario de una carnicería en el barrio de Chacarita , ciudad de Buenos Aires. Allí nacieron sus hijos y su madre, Juana Boglich descendiente de croatas. Tercer hijo del matrimonio, Carlitos Balá desde pequeño mostró grandes cualidades de artista. Improvisaba teatros con cajones de manzanas del comercio de su padre, y recortaba figuras de personas de revistas, para componer al público y actores.

Mustafá Balaá

Sus raíces libanesas se ven reflejadas en la capacidad de relacionarse con las personas desde el humor. Su padre dejó en él como legado el “don” de buen vendedor así como una infancia llena de costumbres aromas y sabores del país de los Cedros.

En sus inicios y a modo de práctica, realizaba monólogos y hacía chistes a los pasajeros de la línea de colectivos 39 (transporte público de Buenos Aires), que le permitió relacionarse con el público y adquirir experiencia.

En su juventud, fue ayudante en la tienda de su padre, y desde los 18 años se desempeñó como peón de imprenta, repartidor y administrador. En una fiesta conoció a Martha, quien es la mujer que lo acompaña hasta el día de hoy. Uno de sus amigos, Isaías, junto con su pareja: Morena Galé, una vedette de la época, le propusieron a Balá hacer una prueba para poder actuar, la cual aceptó. Tras realizar la prueba (actualmente llamadas castings) en Radio Splendid frente a Délfor Amaranto, lo integró en su equipo y lo reservó en 1955 para La revista Dislocada, con Jorge Porcel y Mario Sapag, y luego realizó giras por el interior del país.



Marta, el amor de su vida

 Nos conocimos en un casamiento hace sesenta años y nunca más nos separamos. Recuerdo que había como quinientos invitados y apenas la vi le dije a mi amigo: «Mirá qué linda chica». La saqué a bailar y después me ofrecí a acompañarla a su casa. Vivía en Boedo. «Yo te llevo», le dije, y así fue: ¡la llevé en colectivo! [Se ríe]. Eran las cuatro de la mañana y para sacarle una sonrisa me puse a vender una lapicera en el colectivo. Después me animé a hacerle un chiste y a pesar de la hora, ella se rió. Ahí supe que era mía. Por eso siempre digo que gracias al humor, conquisté a la mujer de mi vida.

-Nos conocemos de memoria. Así como es de exigente, Martha también me da todos los gustos. Por ejemplo, me cocina todo lo que quiero: empanadas de choclo, empanadas de pollo y sopa de sémola para que yo crezca fuerte y lindo.

-Nos llevamos muy bien, preparándome para la fiesta de los 100. Ya tengo reservada la botella de champagne y todo. No le tengo miedo a la muerte, en realidad me inquieta lo que me espera después. Y no creo que Dios sea tan injusto para mandarme al infierno, ¿no?

Su nombre

El propio Balá cuenta que su primer nombre artístico fue «Carlitos Valdéz», con el que ganó un concurso de imitaciones y ruidos en la radio, pero que lo cambió por «Carlitos Balá», recuperando el sonido de su propio apellido, cuando su padre, luego de haber escuchado el concurso, no se enteró de que su hijo había ganado.

Comienzos

Tras un desacuerdo con Délfor en 1958, integró un famoso trío cómico junto a Jorge Marchesini y Alberto Locati y protagonizaron Los tres…, por Radio El Mundo, con la locución del periodista Antonio Carrizo. Luego de su éxito, el trío adquirió una gran popularidad y participó en El show de Andy Russell. Luego protagonizaron ¡Qué plato!, y estuvieron juntos hasta 1960.

Posteriormente de haber celebrado varios éxitos con el mencionado grupo, cada uno inició su propia carrera de forma individual, logrando Balá afirmarse sólidamente en el espectáculo, convirtiéndose en una figura de permanente presencia en los medios, aún hasta el día de la fecha -si bien con no tanta regularidad- continúa realizando espectáculos y desplegando un humor sano y muy gracioso, que hace especialmente feliz a los niños y a quienes -no siendo tan niños- lo recuerdan por sus programas infantiles tan seguidos en épocas de sus respectivas infancias.

Carlitos Balá y Javier Portales

Comienza a participar en “La Telekermese Musical” en Canal 7, y también le ofrecieron ser Joe Bazooka y participó en “El show de Antonio Prieto” y en “El show de Paulette Christian”, y con su personaje de Jacobo Gómez participó en Radio Splendid. En 1962 participa en “Telecómicos”, por Canal 9 y en “Calle Corrientes”, por Canal 7 y también debutó en “El show super 9”, con Mirtha Legrand y Duilio Marzio. En 1963 debutó en la obra teatral “Canuto Cañete, Conscripto del Siete”, donde se convirtió en uno de los mejores cómicos de ese año, y por su gran éxito en Canal 9 lo contratan para que conduzca su propio ciclo “Balamicina”. A fines de 1963 filma la película “Canuto Cañete, conscripto del siete”. En 1964 es contratado por Canal 13 para protagonizar “El soldado Balá”, y comienza una larga carrera televisiva durante la década del «60 y 70″: “El flequillo de Balá”, “El clan de Balá”, donde actuó junto a Adolfo Linvel y Blanca del Prado, “Sábados circulares”, de Nicolás Mancera, “Balabasadas”, “El circus show de Carlitos Balá”, “El circo mágico de Carlitos Balá”, y “El show de Carlitos Balá”.

Su carrera cinematográfica continuó con el gran éxito de “Canuto Cañete”, donde se estrenaron diferentes versiones. Participó en 18 películas hasta la fecha, entre ellas se encuentran “Canuto Cañete y los 40 ladrones”, “¡Esto es alegría!”, “Brigada en acción”, “El tío Disparate”, “¡Qué linda es mi familia!”, entre otras.

En 1979 es contratado para protagonizar “El show de Carlitos Balá”, de Enrique Acosta, por ATC. Luego realiza varias giras por el interior con el circo. En 1987, Roberto Fontana lo contrata para participar en “Sábados de la bondad”. Luego es nuevamente convocado por ATC. Ese mismo año regresa “El show de Carlitos Balá”, que gana un Martín Fierro como mejor programa infantil., en 1988 el programa pasa a Canal 2. Ese mismo año realiza su última aparición cinematográfica hasta la fecha en “Tres alegres fugitivos”, de Enrique Dawi. En 1990 ATC produce con Carlitos Balá y la troupe de Margarito Tereré un programa que duró poco tiempo en el aire. En 1995 Carlitos Balá protagoniza “A jugar con Teddy y Carlitos Balá”. Después participa en ciclos como “Son de diez” y “Como vos y yo”, por canal 13.

Actualmente realiza giras por el interior con su circo. En 2009 acompañó a Piñón Fijo en su show.

El 10 de Abril de 2017  en la Legislatura Porteña  fue distinguido con la mención de Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires.

Sin lugar a dudas, un ícono de la infancia de muchos argentinos. Personajes como Joe Bazooka, Petronilo, el paseador del perro Anguetto, Canuto Cañete entre otros. La pregunta infaltable ¿qué gusto tiene la sal?, o el logro de que miles de niños dejaran el chupete, quedarán en el recuerdo de todos. El hombre que veía cuatro películas diarias de Chaplin, hacía reír a grandes y chicos, el que hacía cantar sus canciones se siente agradecido por su carrera y trayectoria a través de tantos años, de tantas generaciones de niños. –«Soy un tipo feliz haciendo reír a la gente”.

Con información de Historia y biografías

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