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Carmen del Campillo, la magia de una “tetería” en una casa morisca

La española casa de té Carmen del Campillo, no es una tetería convencional. Es de esos lugares con encanto, que te permitirá tener una mágica experiencia.

Descubrirás una antigua casa morisca, situada entre Murcia y Alicante, que parece hubiera detenido el tiempo, para ofrecerte el té más exquisito con auténticas masas marroquíes. También ofrecen batidos y cafés, aunque, siguiendo la filosofía de un establecimiento árabe, no sirven alcohol.

La casa morisca es el fetiche de muchos, aunque más gente debería saber de su existencia. ¿Quién puede resistirse a pasar la tarde en un patio enorme repleto de plantas, fuentes y majestuosos pavos reales?

Está repleto de rincones donde tomar un delicioso té en un entorno ajardinado precioso. Una casa de inmensas dimensiones y difícil de llegar, escondida entre la huerta alicantina. Todo un regalo para los ojos. Un disfrute en sí misma tomar un té en cualquiera de sus muchas estancias, tanto al aire libre como dentro de la casa.

Tendrás a tu disposición la cantidad de cojines y fachadas con arabescos más hermosas, acompañado por un suave hilo musical de toques orientales.

La experiencia merece cualquier precio, en este caso, dos teteras de té y un plato de pastas ronda los 15€. Y cuando llega la noche, el espectacular jardín se llena de la casi exclusiva luz de una gran cantidad de velas. Prepará los cinco sentidos si vas a visitarla.

Llegar a Carmen del Campillo no es sencillo, pero merece la pena el sabor del que es probablemente el mejor té moruno cerca de Murcia.

Por Hebe Costa
Con información de Buena Vibra

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Tesoros granadinos forjados por el paso del tiempo

A los pies de la Alhambra emerge la historia de una ciudad forjada por el paso del tiempo. Bajo las faldas del monumento más visitado de Andalucía, donde los atardeceres son el sueño de los genios del pincel, Granada oculta algunos tesoros fruto de un pasado glorioso. El Reino de Granada fue vanguardia cultural y en la genética de la ciudad que la marca está aquel deseo hecho realidad.

Una ruta por el pasado

El Cuarto Real de Santo Domingo es un palacio del pasado almohade en cuyo interior se puede descubrir su impresionante «qubba», estructura arquitectónica con base cuadrada y cúpula que solía usarse en monumentos funerarios o en salones del trono. La visita puede seguir por la Casa nazarí de Zafra, en pleno Albaicín, símbolo de la aristocracia árabe de Granada. Y por la Abadía del Sacromonte, donde se encuentran las reliquias de los discípulos del Apóstol Santiago. Unas placas de plomo escritas en árabe relataban el martirio de San Cecilio, San Tesifón y San Hisicio.

Vista de la Alhambra, al atardecer, desde la Casa de Zafra

El bono invita a recorrer los grandes símbolo de la ciudad, entre ellos la imponente Alhambra o la Catedral de Granada, templo del renacimiento español encomendado en 1506 a Enrique Egas, que concibió un templo de estilo gótico, que concluyó Diego de Siloé en 1563. Desde allí el viajero puede dirigirse a la Capilla Real. Lugar de enterramiento de los Reyes Católicos, su hija Juana «la Loca» y su consorte Felipe «el Hermoso». La visita histórica pasa por el Monasterio de La Cartuja o por el Monasterio de San Jerónimo, fundado por los Reyes Católicos tras la toma de la ciudad.

La extensa historia de la ciudad puede conocerse de un vistazo en el Museo de Caja Granada. Es posible realizar un recorrido por las diferentes épocas, pero también ceñirse a una época o cultura determinada.

Y del pasado al futuro, que tiene cabida en el Parque de las Ciencias. Es el primer museo interactivo de la región. Más de 70.000 metros cuadrados, que desde 1995 han visitado más de siete millones de personas.

Ciudad de la Música

Ballet en el Generalife

«Granada es música» es el eslogan de la ciudad en su propósito de ser Capital Europea de la Cultura en 2031. Es, en efecto, lugar de festivales, entre los que destaca el de Música y Danza, en el Generalife. El flamenco emerge en todos sus rincones. En el Sacromonte nace de las gargantas un sentimiento que se extiende por el Albaicín al son de la guitarra.

El Jazz tiene festival propio. Y la mezcla de culturas, parte esencial de la genética granadina, permite que entre las empedradas cuestas suene algún tango sensual.

Y es historia del rock, claro. En sus entrañas se han gestado algunos de los grupos míticos de Andalucía. El proyecto «Ciudad del Rock» intenta rescatar ese pasado de reivindicación musical. Se incluye una ruta por los rincones donde este género emergió y se hizo fuerte.

La Tarasca

La Tarasca

Cada miércoles de la Feria del Corpus sale La Tarasca acompañada de gigantes y cabezudos. Es una criatura mitológica -especie de dragón– cuyo origen está en una leyenda sobre Santa Marta. Esta criatura habitaba en Tarascón (Provenza) y devastaba el territorio por doquier. Santa Marta encantó a la bestia con sus plegarias y volvió a la ciudad con ella domada. Los habitantes la atacaron y murió. Fue cuando Santa Marta predicó un sermón que los convirtió al cristianismo.

Por J.J. Madueño
Con información de ABC

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La frontera de la Sierra Sur

Fortaleza de la Mota desde el barrio de las Cruces de Alcalá la Real

La fortaleza de La Mota es el emblema monumental no ya sólo de Alcalá la Real sino de toda la comarca de la Sierra Sur, límite geográfico y político con las tierras del norte de Granada. Desde este conjunto monumental, esparcido en el más alto otero de la ciudad, se distinguen los relieves montañosas de Sierra Nevada y los horizontes planos de Granada a los que estuvo íntimamente ligada desde el principio de su historia. Es uno de los hitos irrenunciables de la Ruta de los Castillos y las Batallas y su gestión turística la realiza la empresa Tu Historia, que además de organizar las entradas nos propone recreaciones teatrales y visitas guiadas con expertos.

La Mota toma asiento sobre una muela rocosa habitada por el hombre desde épocas prehistóricas. Como punto estratégico entre valles y serranías los romanos ubicaron en ella atalayas de vigilancia que siglos después sirvieron de marca e inspiración a los primeros gerifaltes árabes que llegaron hasta aquí a mediados del siglo VIII.

Bajo el gobierno de al-Andalus, Alcalá la Real se convierte en una de las ciudades más prósperas primero del califato y luego de los gobiernos almorávides y almohades.

El punto de inflexión se produce con la llegada de la dinastía de los Banu Said, una saga familiar que convierte el conjunto monumental en meca de cultura, pujanza económica y progreso social. Los Banu Said pertenecían a esa estirpe de familias legendarias que a lo largo de sus ocho siglos de historia dio al-Andalus. Cuentan que durante el siglo XII mantuvieron una cierta autonomía con respecto a las autoridades almorávides, llegando a alcanzar todo su esplendor social bajo dominio almóhade.

A finales del siglo XIII la fortaleza pasó a formar parte del reino nazarita de Granada. En 1341, Alfonso XI la anexionó a Castilla, distinguiéndola con el apelativo de real. La antigua ciudad amurallada vio crecer sobre las ruinas de la mezquita árabe una iglesia mayor abacial cuyas naves y campanarios aún señorean sobre el conjunto monumental. La iglesia luce en su interior bocanadas góticas que se manifiestan, por ejemplo, en la delicada escalera de caracol que trepa hasta la zona del coro donde hay una exposición permanente que ilustra al visitante sobre el proceso de restauración del templo. Este es el lugar más recomendable para contemplar las tumbas antropomorfas que se extiende por toda la planta de la iglesia, abierta en decenas de huecos que en otro tiempo acogieron los restos mortales de los monjes que religiosos que habitaron este desierto.

Las tareas de restauración procuraron dotar al templo de una techumbre de madera bien resulta e integrada en los muros renacentistas. Ya por fuera destaca la soberbia torre campanario cuya altura parece rivalizar con la torre del homenaje del vecino castillo. Una veintena de metros separa la iglesia de la primitiva alcazaba. En ese tramo, a uno y otro lado, destacan los trazados de viejas calles y los arranques de viviendas que ya no están. Las tareas de restauración arqueológicas han evidenciado la existencia de una gran ciudad intramuros cuyo apogeo alcanzó la fundación del vecino reino nazarita de Granada.

La primitiva fortaleza árabe, hoy recuperada de los estragos del tiempo y el olvido, acoge en el interior de la torre del Homenaje un interesante museo histórico, cuyas principales piezas arqueológicas han quedado reunidas en épocas históricas. Una puerta enmarcada por un arco de herradura da acceso al patio de armas, recuperado como escenario de actividades culturales. Desde el camino de ronda que recorre el perímetro de la pentagonal fortaleza se divisan extraordinarias vistas del caserío blanco y tradicional de Alcalá la Real, ensalzado en su barrio viejo por iglesias renacentistas y palacios señoriales del mismo estilo. En tono a la fortaleza de La Mota se han recuperado senderos que conducen hasta los lienzos de muralla que aún sobreviven y que mantiene en pie la memoria histórica de un lugar mágico, poblado de leyendas y poseedor de algunos de los capítulos más notables de la ancha y fascinante historia de al-Andalus.

Por Manuel Mateo Pérez
Con información de El Mundo

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