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Un paseo religioso por Siria: Ma’alula – Pueblo de la lengua de Cristo

Ma’alula

Malula, (o Ma’alula), es una ciudad siria situada a menos de 60 kilómetros al norte de Damasco, en dirección a la ciudad de Homs, en la provincia de Rif Dimashq, en el distrito de Al-Qutayfa y cerca de la frontera con Líbano.

Es un pequeño pueblo en el que las casas, pintadas de color arena y azul plateado, cuelgan de las escarpadas paredes de un acantilado. La mayoría de los cristianos locales pertenecen a la iglesia greco-católica melquita. La ciudad es conocida en Oriente Medio por la ferviente solidaridad con que celebran cada 14 de septiembre la fiesta de la exaltación de la cruz.

La ciudad, que en 2004 apenas superaba los 2.000 habitantes, está protegida por un desfiladero que se asoma al desierto sirio, un accidente geográfico que ha permitido ese aislamiento y ha jugado a favor de la conservación de esta lengua semítica dentro de un país árabe.

Ma’alula

Un pueblo antiguo y pintoresco

Ma’alula es un pintoresco pueblo troglodita, que se encuentra en un valle encajonado al pie de una serie continua de acantilados, a más de 1.600 metros de altitud. Bajo escarpadas paredes pétreas, un enjambre de casas se eleva una encima de otra dispuesta de tal manera que las azoteas de unas sirven de callejones y pasos a las de más arriba.

Algunas están literalmente colgadas de los salientes de los acantilados casi desafiando la ley de la gravedad. Los colores de las casas pintadas de colores pastel amarillo, azul y malva contrastan con el ocre de las rocas. Sus diminutas ventanas y aberturas, pequeñas galerías sostenidas por inseguros tablones de madera y pequeñas puertas adornan estas construcciones cúbica que se alza al pie de un risco.

El arameo, la lengua de Cristo

Junto con otras dos que hay en la región, (Jaba’deen y Bakh’a), tiene la particularidad de que sus habitantes hablan todavía arameo, lengua utilizada por Cristo.

La lengua de enseñanza y de culto es el árabe. Aunque las tres aldeas están situadas sólo a una pequeña distancia unos de otros, hay diferencias notables en el lenguaje, de modo que se puede hablar de tres dialectos diferentes.

El neo-arameo occidental ha sido objeto de estudios filológicos desde el siglo XIX. Esto se debe a su posición única como la única continuación de los dialectos arameos occidentales de la antigüedad.

La lengua aramea constituye en la antigüedad del Medio Oriente el lazo de comunicación, (como el inglés en nuestros días), preponderante entre los pueblos semitas. Alrededor del siglo VIII a.C. prácticamente el imperio de la lengua aramea se extiende desde Egipto hasta regiones muy apartadas de Asia. Los primeros testimonios en lengua aramea se hallan sobre la tumba del rey Kilamu, (siglos IX-VIII a.C), o en Neirab sobre las estelas funerarias del dios Luna al sur de Aleppo.

A partir del siglo VII a. C. el arameo es utilizado en todo el Imperio Asirio. Hacia el año 500 a. C. también los persas adoptan el arameo como lengua “oficial”. La escritura con caracteres alfabéticos se extiende rápidamente. Una vez que el Imperio Persa se extiende el arameo se generaliza. Documentos encontrados en la India, (siglo III a.C.) nos muestran que el arameo se utilizaba en toda Asia Menor.  Nos queda claro que la palabra cristiana fue difundida por Cristo y sus discípulos en arameo; idioma hablado y escrito por ellos.

Lo que hoy llamamos siriaco es en realidad un dialecto del arameo hablado en Mesopotamia, (y en lo que hoy es Urfa, Turquía), y que luego se convirtió en la lengua de los cristianos de Siria. A su vez, el siriaco sufre la presión de los invasores árabes sobre todo a partir del siglo V de nuestra era. La distinción entre siríaco oriental y siríaco occidental, (este último hablado en Ma’alula), aparece también en la escritura.

El siriaco oriental utiliza los viejos caracteres unciales, es decir una escritura en mayúsculas; mientras que la escritura del siriaco occidental es más bien cursiva.

Un pueblo Cristiano

Si bien el arameo es hablado también en otras localidades limítrofes, Ma’alula es la única con mayoría cristiana. La población está compuesta mayoritariamente de cristianos, (principalmente ortodoxos de Antioquía y greco-católicos melquitas), además de musulmanes.

San Sergio

Monasterio de Mar Sarkis, (San Sergio)

En el monasterio de San Sergio, se puede escuchar el “Padrenuestro” en lengua aramea. Conocido como Mar Sarkis, fue construido en el siglo IV sobre las ruinas de un templo romano. De estilo bizantino, guarda en su seno uno de los primeros altares cristianos asirios. Desde su construcción hasta la fecha este monasterio ha sido utilizado como lugar de culto. El monasterio es guarda una importante colección de íconos religiosos de los siglos XVI al XVIII, entre los que se destacan un bello ícono de la Santa Virgen María y otro de los mártires Sergio y Bachos. El pasado, presente en cada rincón de, donde más se ve es en el monasterio de San Sergio que fue construido en el siglo IV sobre las ruinas de un templo pagano.

Los monjes del monasterio han grabado algunas oraciones en arameo occidental que luego lo venden a los turistas. Este monasterio fue así llamado en honor de San Sarkis, caído en mártir durante el reinado de Maximianos. Saliendo del pueblo, a la derecha de la ruta, se encuentra un camino escarpado que conduce a una terraza donde una pequeña cascada da la bienvenida al peregrino.

Monasterio de Santa Tekla

Convento de Mar Tekla, (Santa Tekla)

El Convento de Santa Tekla donde se encuentra la tumba de la Santa, una fuen­te milagrosa y el convento de San Sergio donde el padre encargado del lugar ofrece vino a los visitantes y les hace escuchar una grabación de una misa en arameo.

Es de rito ortodoxo con un edificio que fue construido sobre varios pisos lo que le confiere una presencia suntuosa. Siguiendo las escalaras se llega al último piso donde  una se erige una iglesia moderna con cúpula y una gruta que deja filtrar un agua que ha dado prueba de prodigios. Curioso monumento religioso que recibe incesantes muestras de devoción, no sólo de peregrinos cristianos, sino también muchos musulmanes convencidos de la santidad del lugar. El convento guarda celosamente los restos de Santa Tekla, hija de un príncipe Selyúcida, y adepto de San Pablo.

Otros vestigios de la vida religiosa pasada se atesoran en el convento. Pero lo que sin duda atrae al curioso es la paz del lugar. Una ocasión insuperable para meditar y entrar en comunión con la belleza del paisaje. Otras iglesias, quizá menos prestigiosas, atestiguan de un fervor religioso intacto.

Iglesia de Santa Tekla

Santa Tekla

Tekla de Iconio, más conocida como Santa Tekla, fue una mártir anatólica del siglo I, venerada como santa por la Iglesia Católica y la iglesia Ortodoxa.

Tekla fue reverenciada como un modelo de castidad femenino por los primeros movimientos ascéticos cristianos, especialmente en Egipto, Siria y Armenia. Su culto estuvo muy difundido en las ciudades de Seleucia, (donde se dice que fue sepultada), Iconium, (actual Konya) y Nicomedia.

Tecla era una joven virgen de Konya, Anatolia. Tras escuchar durante varios días los sermones de San Pablo sobre la resurrección y el valor de la virginidad, su madre y su prometido temieron que se convirtiera en seguidora del apóstol y se confabularon para castigar a ambos. Pablo fue azotado y expulsado y Tekla condenada a morir en la hoguera.

Al menos tres lugares reclaman ser el sitio donde descansan sus restos: Aya Tekla, (Mersin en Turquía), Ma’alula y Roma. En Ma’alula, se encuentra el monasterio ortodoxo griego de Santa Tekla, Deir Mar Takla, construido cerca de una cueva donde se dice que fue sepultada.

Los habitantes de Ma’alula atesoran, oralmente, un cancionero religioso-festivo único.

Tres grandes fiestas destacan como importantes en la vida de los habitantes de este mágico lugar.

El 14 de septiembre en honor de la Santa Cruz. El 22 de septiembre fiesta de Mar Tekla y el 7 de Octubre fiesta de Mar Sarkis. Durante esos días centenas de turistas acuden a gozar de uno de los festivales más religiosos de toda Siria.

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Un paseo religioso por Siria: Homs la antigua ciudad de Emesa

Monasterio de San Jorge o Deir Mar Georges en la ciudad de Meshtaye

La ciudad de Homs (en árabe: حمص) denominada antiguamente como Emesa (griego: Ἔμεσα, Emesa), es la tercera ciudad más importante de Siria después de Damasco y Alepo. Según el historiador Al Muqaddasi, Homs era entonces la ciudad más grande de toda Siria.

Tenía, (hasta antes de la guerra), una población de unos 900.500 habitantes y es la capital de la gobernación de Homs, localizada al oeste del país. Ciudad industrial situada a 501 metros sobre el nivel del mar, junto al río Orontes, a 140 km al norte de Damasco, es también un importante centro carretero y ferroviario. Las industrias de la ciudad comprenden refinamiento de petróleo, procesamiento de remolacha azucarera, textiles, joyería y obras metalúrgicas. Durante aproximadamente 2,000 años, Homs ha servido como un mercado agrícola clave, centro de producción y centro de comercio para pueblos cercanos. Comenzó a declinar bajo el Imperio Otomano, y recuperó su importancia económica después de 1946 cuando Damasco financió la industria del algodón que llenó una porción significativa de tierras fértiles en toda la provincia.

“Emesa” es una composición de “Ham-Es”,  haciendo una referencia al Dios del Sol, (El-Gabal), en los tiempos de la antigüedad.​ El nombre “Emesa” o “Hemesa” es también atribuido a “Emesenoi”, el nombre de la tribu árabe que habitó la zona antes de su incorporación al Imperio Romano. También se cree que los romanos usaron este nombre en su tiempo. “Emesa” fue reducido a “Homs” o “Hims” por los árabes, muchos de los cuales habitaban aquí antes de la conquista musulmana de Siria.​ Este nombre ha sido preservado en el tiempo, superando incluso el periodo de ley islámica que está hoy en día vigente. Es también conocida como “la Chamelle” por los Cruzados, aunque ellos nunca gobernaron la ciudad.

Es sede de la Arquidiócesis Metropolitana de Homs, del Patriarcado de Antioquía.

Iglesia de San Elián, (Julián), en Homs

Iglesia de San Elián (Julián)

San Elián o Julián, nació en la tercera centuria de padres paganos en la ciudad de Emesa (la actual Homs).  Se desconoce cómo se convirtió al cristianismo, pero su vida y muerte testifican como lo vivió y sufrió. Él era un afamado y hábil médico  cirujano.

Fue conocido por no cobrar sus honorarios y por su gran altruismo filantrópico. Además de ser médico de cuerpos, condujo a muchos hacia el camino de la Fe en Cristo. Todo esto causó la envidia de otros doctores de la ciudad celosos de su capacidad y generosidad. Los gobernadores romanos recibieron órdenes de perseguir a los cristianos y el padre de Elián o Julián era un oficial de alto rango en la ciudad. Fue el responsable de arrestar al obispo Silouan, al diácono Lucas y al lector Mokimos, para torturarlos. Los golpearon y arrastraron por la ciudad amarrados a una carroza para aterrorizar públicamente a los cristianos, después fueron torturados continuamente.

Iglesia de San Elián, (Julián), en Homs

Elián se escabulló dentro de la prisión intentando curar sus heridas pero fue sorprendido, arrestado y presentado ante su padre quien a su vez lo remitió al gobernador, presenció la ejecución de Silouan, Lucas y Mokimos.

Después su padre lo amarró a un caballo y lo arrastró por las calles, lo apresó y torturó por meses, pero Elián nunca renunció a su fe, sufriendo todos los suplicios de Cristo.

Finalmente su padre le clavó un gran clavo en la cabeza y en los pies. Alcanzó a caminar hasta una cueva en las afueras de Homs, donde finalmente falleció el 6 de Febrero de 284.

Catedral de Santa María o Iglesia del Cinto de la Virgen

La iglesia del Cinturón de la Virgen, (en árabe Kanisat Umm Az Zinar), es uno de los lugares de mayor interés de Homs. En la primera época del cristianismo el cinto de la virgen fue escondido en un cilindro de metal, bajo el altar de la iglesia.

En el año 1852, con motivo de unas obras de restauración del templo, ordenadas por el obispo Julius Butrus IV, se encontró esta reliquia de la Virgen María, se colocó nuevamente en el altar y se cerró con una enorme piedra para preservarla de los saqueos.

El santuario quedó en el olvido durante casi un siglo. Por segunda vez el cinturón se encontró el 20 de julio de 1953, después de descifrar los textos de su ubicación.

En la actualidad, una parte de este cinturón de la virgen (la otra parte está en Jerusalén) se exhibe en una caja con un lado transparente. El edificio de la iglesia se construye sobre parte de la capilla subterránea del año 59 d.C, siendo una de las capillas cristianas más antiguas en Siria.

Monasterio de San Elián El Viejo (Qaryatein)

Qaryatein es un monasterio que se encuentra en la carretera que va de Palmira a Damasco, Mantuvo a cierto número de fieles que vivieron en el lugar y trabajaron en la agricultura y el cultivo.

El primer documento que se conoce sobre este monasterio se encuentra en el Museo Británico, (sustraído en su momento de los archivos del monasterio de Mar Mousa), indica que la edad de este monasterio es de aproximadamente 1.000 años, aunque evidencias encontradas revelan que tiene  más de 1.500 años.

Se convirtió en un centro espiritual en el siglo XVI, hasta el siglo XVIII para sumergirse otra vez en la oscuridad. Sin embargo el cementerio de San Elián se mantuvo y fue venerado tanto por musulmanes como por cristianos. Para los cristianos era San Elián, y para los musulmanes era  Sheikh Ahmad Al-Houri.

Durante todo el siglo pasado el lugar fue visitado por campistas y por grupos de enseñanza. En la actualidad y tras el derrumbe de algunas partes de la estructura original, se reconstruyó una nueva iglesia y se llevaron a cabo varias excavaciones y trabajos de restauración.

Monasterio de San Jorge (próximo al Krak de los Caballeros)

Situado en el llamado Wadi al Nasara o el “Valle de los Cristianos”, el Monasterio de San Jorge o Deir Mar Georges, cuenta con salas subterráneas y un iconostasio.

Desde el monasterio se puede ver la fortaleza del Krak de los Caballeros. Es una zona llena de verdor y muy agradable para visitar sobre todo en los cálidos meses del verano.

El monasterio de San Jorge o Deir Mar Georges es un histórico monasterio ortodoxo antioquiano situado en la pequeña ciudad de Meshtaye en el llamado “valle de los Cristianos” o Wadi al Nasara. Este valle es el centro regional de los cristianos greco-ortodoxos desde el siglo VI.

Veintisiete de sus treinta y dos localidades son hoy en día habitadas por cristianos, otras cuatro están habitadas principalmente por musulmanes alauitas y solo uno, el pueblo del Al Hosn, (adjunto al Krak de los caballeros), está habitado por musulmanes sunitas.

Se dice que el monasterio fue construido sobre los restos de una estatua del dios Homero por el emperador bizantino Justiniano en el siglo V. El monasterio ocupa 6,000 m²  y fue construido enteramente con piedras de estilo bizantino. La moderna iglesia fue reconstruida en 1857. Gran parte de los objetos del antiguo monasterio fueron conservados y están expuestos en el monasterio en la actualidad. Su entrada tiene un triple arco y dos columnas de soporte de origen bizantino. En la entrada sur del monasterio se puede encontrar una gran piedra histórica con grabados religiosos.

El iconostasio de madera que se encuentra en el interior de la iglesia está decorado con impresionantes grabados y son magníficas obras de arte, sus dorados iconos representan varias escenas de la vida de Cristo.

Debajo del principal patio del monasterio se halla una capilla más antigua que data del siglo XIII con un más pequeño iconostasio, que tiene más de 300 años de antigüedad. Sus iconos representan escenas de la vida de San Jorge, (un santo muy venerado entre los cristianos de Oriente Medio).

En este plano inferior también hay lo que se cree es la entrada del monasterio original del siglo VI y varias grandes ánforas. También el Monasterio de San Jorge exhibe muchos otros antiguos artefactos como cruces, escritos, libros, grabados, copas y otros instrumentos. También guarda un manuscrito redactado  por el califa Omar bin al Khattab, que trataba de las relaciones entre los musulmanes y cristianos.

Un gran número de peregrinos asisten al monasterio durante la fiesta de San Jorge celebrada el 6 de Mayo y en la fiesta de la elevación de la Sagrada Cruz  el 14 de Septiembre.

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Un paseo religioso por Siria: Yabrud, la ciudad de Júpiter

Yabrud, la ciudad de Júpiter Yabroudis

La ciudad de Yabrud cuyo nombre procede de una palabra aramea que significa “frío” se levanta 80 km de Damasco, en la falda de las montañas del Qalamoun (Cordillera del Anti-Líbano) a una altura de 1.550 m sobre el nivel del mar.

Esta pequeña y hermosa ciudad se encuentra en medio de un anfiteatro de piedra caliza, con sombra de muchos albaricoques, álamos y sauces llorones.

Este pueblo tiene evidencia de que el hombre se había establecido aquí hace miles de años. La Catedral de Constantino y Elena, una iglesia católica griega, se construye a partir de muchos de los bloques que provienen de un antiguo templo dedicado a Júpiter conocido por los lugareños como Júpiter Yabroudis. Esta iglesia contiene una interesante colección de iconos, y también se pueden encontrar casos de algunas columnas romanas.

La ciudad es conocida por sus cuevas antiguas, especialmente por la cueva de Iskafta, (donde, en 1930, con treinta años, el viajero alemán, Alfred Rust, que más tarde sería arqueólogo, hizo una gran cantidad de importantes descubrimientos prehistóricos), y el templo romano de Yabrud, que entonces era el templo de Júpiter Yabroudis, pero en la actualidad es la “Catedral de Constantino y Helena”.

Monasterio de Mar Musa al Habashi (San Moisés el Abisinio)

Mar Musa o Deir Mar Musa al-Habashi Dayr Mar Musa al-Habashi, literalmente “Monasterio de San Moisés el Abisinio” es una comunidad monástica de rito sirio-católica, situado cerca de la ciudad de Nabek, a unos 80 kilómetros al norte de Damasco. La iglesia principal del complejo monástico alberga preciosos frescos que datan del siglo XI y XII.

El sendero de piedra rosa que trepa por la garganta rocosa parece la cicatriz de una inmensa herida. Una especie de débil sutura cicatrizada zigzagueando para evitar barrancos y peligrosos riscos en la aspereza de una de las montañas del Jabal al-Qalamoun, entre Damasco y Aleppo. Allí abajo, el desierto de donde sube el viento tibio de primavera se extiende hacia Irak. En cambio, allá arriba, la luz rasante de la tarde hace aún más difícil de distinguir la escarpada silueta del monasterio de Mar Musa al Habashi, San Moisés el Abisinio.

Los bastiones milenarios asomados a las rocas, donde una vieja torre romana velaba como un centinela contra el hostil limes persa, aún hoy sigue dando la impresión de ser una ciudadela inaccesible a los bandidos, de fortaleza izada sobre el precipicio por alguien que quería vivir a salvo de las tempestades de la historia. Pero no hay más que subir la cuesta durante una media hora y llegar a la cumbre para darse cuenta de que se trata de algo muy diferente. La puerta del monasterio sigue siendo baja, para entrar hay que agachar la cabeza, pero por lo menos ahora está siempre abierta.

Aquí, precisamente en tiempos del Profeta Muhammad, llegó Moisés el Abisinio, hijo del rey de Etiopía, que escapaba de su destino dinástico por su deseo de hacerse monje. Se había instalado en una de las cuevas de la montaña para dar gracias a Dios con una vida de oración. Luego, mientras a su alrededor se extendían los siglos de la civilización islámica, sobre la montaña de Mar Musa la vida cristiana había seguido floreciendo en un monasterio de rito sirio, encajado en una colmena de cavernas habitadas por los monjes como celdas cenobíticas. El declive había comenzado sólo en el siglo XVIII. El último monje se había ido ya en 1830 cuando el monasterio pasó a ser propiedad de la Iglesia sirio-católica. Desde aquel entonces todo parecía encaminarse hacia el desastre. El viento y la nieve, los vándalos y la lluvia estaban desmigajando la roca monástica arrastrando hasta el valle fragmentos de frescos milenarios y pilas bautismales junto con detritos de las dolomías.

Diez mil años de historia

Un edificio antiguo, círculos de piedra, líneas y tumbas fueron descubiertas recientemente cerca del monasterio en 2009 por Robert Mason, arqueólogo del Real Museo de Ontario. Mason sugirió que las ruinas podrían remontarse 10.000 años y fueron construidas probablemente en el período neolítico (como la cultura neolítica de Qaraoun del Anti-Líbano).

La zona fue habitada por primera vez por los cazadores y pastores prehistóricos por sus cisternas naturales y pastos ideales para la cría de cabras. Tal vez los romanos construyeron una atalaya aquí. Más tarde, ermitaños cristianos utilizaron las grutas para la meditación, y esto creó el primer pequeño centro monástico. Según la tradición local San Moisés el Abisinio era el hijo de un rey de Etiopía. Se negó a aceptar la corona, los honores, y el matrimonio, y en su lugar miro hacia el reino de Dios. Viajó a Egipto y luego a Tierra Santa.

Después, vivió como un monje en Qara (Siria), y luego como un ermitaño, no lejos de allí, en el valle de lo que es hoy el monasterio. Allí fue martirizado por soldados bizantinos. La historia cuenta que sus familiares se llevaron su cuerpo, pero el dedo pulgar de su mano derecha se separó por un milagro, y dejó como reliquia, hoy conservada en la iglesia siriaca de Nabk. El monasterio de San Moisés existió desde mediados del siglo VI, y pertenecía al rito sirio de Antioquía. La iglesia actual monasterio fue construida en el año 1058, según las inscripciones en árabe que hay en las paredes, que comienzan con las palabras: “En el nombre de Dios el Clemente, el Misericordioso”.

Los frescos se remontan a los siglos XI Y XII. En el siglo XV, el monasterio fue reconstruido y ampliado en parte, pero en la primera mitad del siglo XIX fue completamente abandonado, y poco a poco cayó en ruinas. Sin embargo, permaneció en propiedad de la diócesis católica Siria de Homs, Hama y Nabk. Los habitantes de Nabk visitaban continuamente el monasterio con devoción y la parroquia local luchó por mantenerlo.

En 1984, comenzaron las obras de restauración a través de una iniciativa común del Estado Sirio, la Iglesia local, y un grupo de voluntarios árabes y europeos. La restauración del edificio del monasterio terminó en 1994 gracias a la cooperación entre los estados Italianos y Sirios. Una escuela italiana y siria para la restauración de los frescos ha sido creada en Dear Mar Musa y completará el trabajo en el contexto de la cooperación europea Siria. La nueva fundación de la comunidad monástica se inició en 1991.

©Effi Schweizer

Los frescos de Dear Mar Musa

La iglesia del monasterio fue construida en 1058. El espacio es de aproximadamente 10 x10 metros cuadrados y se divide en dos secciones. El mayor de ellos es de una nave con dos pasillos, y está iluminada por una gran ventana situada en el este. La segunda sección es el santuario, que contiene el altar y el ábside que están separados del resto de la iglesia por una piedra y el coro de madera.

Hasta el momento, tres capas de frescos han sido reveladas. La primera capa es de mediados del siglo XI, la segunda es de finales del siglo XI, y la tercera es de finales del XII o principios del siglo XIII. Las imágenes de la capa más reciente son bastante completas, y comprenden dos ciclos iconográficos bien integrados. El primer ciclo y el más grande se centra en la dimensión de la historia sagrada. El segundo, en el santuario, representa el misterio del eterno y presente instante.

El primer ciclo comienza con la imagen de la Anunciación. Gabriel se encuentra en el lado norte y la Virgen María se encuentra en el lado sur de la ventana del este, el Emmanuel, el niño Jesús y el sol de la Justicia, se sitúan por encima. (Esta imagen fue destruida, junto con otras imágenes, en 1983 y más tarde fue parcialmente reconstruida de piezas.). Debajo de la ventana, Jesucristo, con los apóstoles y evangelistas, inaugura el tiempo de la Iglesia, que recibe sustento del Misterio del Templo, el Santísimo. La nave de la iglesia está decorada con santos, mujeres en los arcos y hombres en los pilares. Los cuatro evangelistas están pintados sobre las cuatro columnas que miran hacia arriba para copiar una página celeste con letras en siriaco en sus Evangelios. Seis santos mártires, pintados como caballeros en la parte más alta de la nave, pasean hacia el Este luchando por la buena batalla de la fe.

El segundo ciclo, que es sobre la realidad del misterio, está presente y comienza desde la propia puerta del templo. En la cara exterior de la parte de piedra de la pantalla, junto a la puerta del espacio sagrado del altar, están pintadas las diez vírgenes del Evangelio de Mateo 25. Muy poco queda de esta pintura, pero ha sido posible reconstruir parcialmente las imágenes. Cinco tenían las luces encendidas en su mano derecha y cinco habían extinguido las luces en su mano izquierda.  Detrás del altar se encuentra la Virgen, su Niño sentado en el trono de su vientre. A su alrededor destacan los Padres de la Iglesia. En la semi-cúpula de la ábside, sobre el altar, todavía podemos ver algo de la representación de Cristo como Hijo del Hombre, en su trono, rodeado de querubines. María, la Madre del Salvador, y Juan el Bautista están pintados en el gran arco que está cerca del trono, para actuar como intercesores.

©James Gordon

Los dos ciclos, uno de historia y uno de sacramento, están unidos en la gran representación del juicio final en la pared oeste de la nave. La mayor parte del fresco se perdió y probablemente representaba a Cristo en su gloria dando a Pedro las llaves del Reino. Todavía se ve Pedro de pie en el lado derecho, con Pablo a la izquierda. Debajo de la ventana oeste, vemos la cruz con los símbolos de la pasión de Jesús: clavos, escaleras, y la corona de espinas. En la parte superior del trono, pintado al estilo oriental con cojines y alfombras, vemos el sudario blanco, símbolo de su resurrección de la tumba. Sentados a su izquierda y su derecha, en calidad de jueces, están diez apóstoles y evangelistas. Con Pedro y Pablo, completando el número de doce.

El resto de la representación está dividida a la derecha (el Paraíso) y a la izquierda (Infierno). En el Paraíso, bajo el trono, Adán y Eva oran por todos sus hijos. Junto a ellos las personas salvadas abrazan a la Virgen María, a Abraham, a Isaac y a Jacob. En el siguiente nivel, dos ángeles tocan las trompetas del juicio, y encontramos a los profetas Moisés con Elías; así como a David con Salomón de pie junto a los Padres de la Iglesia.

En el siguiente nivel se encuentra el nicho, que probablemente ocupaban la reliquia de San Moisés. Junto a él, un ángel de la intercesión tira hacia abajo la placa de las buenas acciones de la balanza de la justicia divina. Junto a él, San Pedro abre la pequeña puerta del paraíso con una llave blanca. Los mártires San Esteban y Santiago se encuentran en primer lugar, junto con otros cuatro antiguos monjes sirios y tres monjas.

A la izquierda, debajo de los tronos de los apóstoles, los diferentes grupos de obispos sufren el dolor del fuego y lloran amargas lágrimas. Debajo de ellos pecadores pertenecientes a diferentes culturas y religiones sufren los efectos de una fuerte lluvia de fuego. Debajo de ellos, al lado de un terrible Satanás que estrangula a una persona impía, los monjes y monjas arden en el infierno. Debajo está un pequeño demonio, con una lengua roja de escándalos y mentiras, tira del plato izquierdo de una balanza, el de las malas acciones. Junto a él están representados cuatro pecadores están al límite, como momias, con los símbolos de sus pecados atadas a sus cuellos.

El primero adoraba el dinero, el segundo era violento, y quizás el tercero fuera un usurero. El último fue un comerciante deshonesto que engañaba con su balanza. Al final, una fila de hombres y mujeres desnudos atados con una cadena, con serpientes que entran en sus cuerpos a través de sus orificios de los sentidos, representan la condena del adulterio y la fornicación.

En la parte inferior, una base de mármol, pintada de color, tal vez indique la cristalización final del mundo material. En la segunda serie de frescos, en el pasillo norte, cerca de la pila bautismal, descansa una imagen del bautismo de Jesús con un ángel que sirve como diácono, y con San Simeón Estilita sentado encima de su columna. En el muro sur de la nave, en la parte superior del primer pilar, admiramos a Elías desde el primer período, ascendiendo en su carro.

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