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Un puente festivo en Córdoba – Ikram en Maktub

Ha pasado ya un atareado mes desde aquellos acontecimientos que pasaré a narrar:

Luego de un agobiante viaje de trabajo, complicado por la situaciòn imperante en el país, (cortes en carreteras por reclamos varios), con un agobiante calor y una amenaza de tormenta desde que ingresé a la provincia de Córdoba; por fin regresé a la docta luego de transcurridas casi cuatro décadas.

Ni bien llegar y dejar el móvil a buen recaudo, la tormenta, (que estuvo gran parte del viaje a mi izquierda y acompañàndome), se abatió sobre esta bella ciudad de forma torrencial, anegando calles y dejando el aire limpio y puro. De todos modos, ello no fue impedimento para que aceptase la invitación de los queridos amigos del Ballet Ikram de llegarme a presenciar su clase de dabke. Grato fue ver en acción a Chibli, Juliete y Cecilia y corroborar que, la misma pasión y energía que despliegan en el escenario es puesta en cada una de sus clases.

Hermosas instalaciones tiene la Sociedad Sirio-Libanesa y el Ballet Ikram ensaya en una sala a la que nada le falta, (así es como se debe apoyar a aquellos que mantienen nuestras tradiciones con vida). Bien por ellos!

Luego de la clase, me invitaron a cenar en Al-Malek, comida árabe, (con ese nombre no podía fallar), agradable ambiente e imperdible charla con amigos que, cuanto más compartimos, más imprescindibles se van volviendo, porque en definitiva, lo que uno atesora, (o debería hacerlo), son los bellos y agradables momentos, y a la hora de partir, será lo único que nos  llevaremos.

Al día siguiente, luego de una tarde visitando familia en Cosquín, emprendí el regreso a la Docta. Entré en la ciudad ya noche, y como corresponde, anduve a las perdidas 45 interminables minutos observando detenidamente la periferia, transcurridos los cuales, retorné al hotel con el tiempo casi justo para una ducha y cumplir con la invitación a Maktub Multiespacio, que esa noche cambiaba de dueños.

Ya sin ganas de conducir por esa noche, fui salvado de tal situación por el querido Gabriel Bufe, que no sólo me transportó sino que, me llevó a cenar; claro que, contagiado por su juventud, no tomé en cuenta la edad de mi hígado que, posteriormente me pasó factura.

Llegamos a Maktub en el preciso instante en que el Ballet Ikram comenzaba su presentación y fuimos recibidos por una excelente anfitriona, Gisella Antonello, bailarina y una de las dueñas del lugar, que nos situó en una mesa con una visual estupenda y en la cual estaba una hermosísima pareja que luego nos deleitó bailando un dabke asirio, María Cler Saleme y Abd Abdalaha.

El Ballet Ikram demostró una vez más porque está entre los mejores, el verlos bailar ya alegra el espíritu, y lo hacen con la misma pasión y profesionalismo ante dos mil personas que ante cien.

La Orquesta de Raffi Avakian no tuvo respiro en toda la noche y su música llenaba el ambiente. Capítulo aparte merece la ejecución del derbake a manos de Pablo Elazhar, un virtuoso que nos deleitó en un maratón de excelentes temas de Oriente Medio.

Posteriormente bailaron danzas griegas la pareja de Chiqui y Adriana Stepanian, cantó e hizo bailar Levon Kevorkof y pudimos disfrutar de esta hermosa amalgama de lo árabe-armenio-griego, cuya fusión desdibuja los contornos y al igual que la vida misma compartida en las tierras de Oriente y aledaños, uno ya no distingue donde termina una y comienza la otra. Así de unidas, así de retroalimentadas las comunidades.

Compartir la velada con Gaby Bufe fue de vital importancia en este nuevo desembarco, (luego de tantas décadas), en tierras mediterráneas; es un gran anfitrión. Me presentó gente maravillosa que hizo de la velada un momento inolvidable. Juan Pablo Marengo Blanas, Viviana Saf, (que junto a Gaby Bufe y María Cecilia Abuh han hecho posible, a través de los datos aportados, que esta nota pueda ser, ya que transcurrido casi un mes, muchos detalles y nombres se desdibujan), y entre otros, el prestigioso Facundo Toro.

Me detengo un momento en la figura de Facundo porque me sorprendió gratamente su humildad, su bonhomía, su generosidad. Bien es sabido que de buen árbol sólo puede salir buena madera, y de ésto hablamos un buen rato ya que, su padre, Daniel Toro, es toda una institución en mi familia, y sus bellas canciones me acompañan desde mi más tierna infancia. La alegría y reconocimiento que mis palabras reflejaron en su rostro, demuestran el tipo de hombre, de hijo que es, y que no sólo ha heredado el talento y la voz del padre sino también su hombría de bien, su sencillez y su grandeza.

Luego de un buen rato a gaseosa con jugo de limón, (el hígado lo pedía a gritos), y de ver pasar delante de mis ojos un helado y apetecible arak, comenzó el baile y la pista se llenó.

Tengo presentes algunos rostros, en los cuales se disfrutaba el goce reflejado por el placer de bailar: Susana Wassan Taha, María Cecilia Abuh, Viviana Saf, Gabriel Bufe, Juan Pablo Marengo Blanas, Samir El Sukaria, y un plus, la pareja de Yamil Mustafa y Ceci Minetto Vázquez, ver un raksa bien bailado por enamorados es sublime.

Para Maktub fue un cierre de ciclo, para mí un reencuentro con amigos, con familia, con las raíces, con la memoria de la sangre. De la Qûrtuba argentina procede el 50% de mi código genético, que se hace el 100% en la Qûrtuba andaluza. Volver luego de tantos años fue muy movilizante, muchos recuerdos se agolparon…y golpearon. Aromas, vistas, ausencias. Las imponentes sierras de mi niñez estaban allí, tal cual las recordaba.

Ilâl liqâ Qûrtuba, que esta vez la espera sea menor.

Por Moro
Para Páginas Árabes

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Las ciudades imperiales de Marruecos

Mezquita Hassan II, en Casablanca ©Oriol – mivueltalmundo.com

Zocos, medinas, madrazas, babuchas y chilabas: el encanto de la puerta de África a través de tres de sus más famosas ciudades.

Casablanca es la gran olvidada. Esta ciudad cuenta con un lugar especial en el imaginario occidental gracias a la película de Humphrey Bogart. Los pocos que lleguen hasta aquí no pueden dejar de visitar su famosa mezquita Hassan II, que cuenta con el minarete más alto del mundo.

El rey Hassan II mandó construir el templo sobre el mar, inspirado por el versículo del Corán “El trono de Allâh se hallaba sobre el agua”.

Vista aérea de Fez ©Oriol – mivueltalmundo.com

Fez cuenta con una impresionante medina. Esta ciudad imperial es el centro religioso y cultural de Marruecos. Su laberíntica medina -barrio histórico y antiguo núcleo principal de las ciudades árabes- es una de las zonas peatonales y emplazamientos medievales más grandes del mundo.

Es inevitable perderse en sus callejones, y tener la sensación de retroceder en el tiempo. En ella se esconden las curtidurías medievales de Derb Chouwara, las más importantes del Norte de África. En estas poceras se curten y tiñen las pieles a base de una mezcla de agua, orina de vaca y excremento de paloma que produce un olor terrible.

Un hombre en una tienda de Marrakech ©Oriol – mivueltalmundo.com

Marrakech es la famosa. El corazón de esta ciudad fundada por nómadas bereberes del desierto es Jemaa El-Fna, una de las plazas más concurridas del mundo. Todo en Marrakech gira en torno a este espacio caótico, en el que se puede encontrar de todo: vendedores ambulantes, músicos, bailarines, tatuadores, monos y halcones encadenados, encantadores de serpientes, acróbatas, cuenta-cuentos, videntes…

La plaza está rodeada de bazares que forman el mercadillo más grande del país. Los viajeros pueden pasar horas recorriéndolo, saltando de un zoco a otro sin darse cuenta, encontrar de todo y de nada al mismo tiempo, perderse mil veces, ver algo que les gusta y no ser capaces de volver a encontrarlo jamás.

Y, ¿qué mejor forma de terminar el día que en un riad? Estos pequeños palacios convertidos en hoteles parecen escenarios de Las mil y una noches, con sus patios luminosos y sus elaboradas decoraciones árabes. Estas residencias se encuentran escondidas tras las fachadas toscas de las medinas: en la cultura árabe, la belleza se guarda de puertas para adentro.

Por Victoria Vidal y Oriol Querol
Con información de La Vanguardia

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Cinco de los poblados más hermosos de España están en Andalucía

Mojácar – Almería ©andalucíainformación

Cinco localidades andaluzas están incluidas dentro del selecto grupo de los pueblos más bonitos de España, una selección de villas que destacan por su calidad, excelencia y su belleza, una asociación que reconoce a poblaciones con menos de 15.000 habitantes, aunque a los de mayores de 5.000 se les exige sólo un casco histórico en perfectas condiciones, y que destaquen por tener un patrimonio arquitectónico o natural certificado. Entre el medio centenar de poblaciones españolas que cuentan con este certificado, nos encontramos cinco andaluzas: Mojácar, Pampaneira, Lucainena de las Torres, Vejer de la Frontera y Frigiliana, que vamos a descubrirles.

Mojácar – Almería

En primer lugar nos trasladamos hasta Almería, a la localidad de Mojácar, considerada como uno de los pueblos más bellos de la provincia, especialmente por su marcado carácter morisco, en el que destacan especialmente su arquitectura y su cultura, encantos y contrastes paisajísticos entre la montaña y la playa.

Desde sus casas encaladas con arcos y cúpulas a su mirador del castillo, pasando por las iglesias y ermitas de notable gusto y cómo no, su fuente mora de doce caños, Mojácar merece estar entre los mejores de esta selección privilegiada.

Entre los espacios a visitar se encuentra la Plaza del Parterre, que se cree que fue una antigua necrópolis árabe, ya que se han encontrado restos orientados hacia el oeste (La Meca).

Actualmente porticada junto a los muros de la iglesia, en uno de sus rincones se encuentra la reproducción exacta de una de las escenas de la Reconquista, que se recrean en la sillería del coro de la catedral de Toledo y que fue realizada artesanalmente por la artista Itziar Ortuzar.

A destacar también la Puerta de la Ciudad, el acceso originario a Mojácar. La actual puerta fue reconstruida en el siglo XVI, sobre la original puerta árabe, que se abría en la muralla. Sirvió de vía de comunicación hacia la cuesta de La Fuente y la Plaza del Caño. Ostenta el Escudo de la ciudad, con el águila bicéfala de la casa de los Austria.  En él se pueden ver una torre, una llave y una cimitarra, y la leyenda “A la muy noble y leal ciudad de Mojácar, llave y amparo del reino de Granada. Otro de los monumentos es la iglesia de Santa María, construida a finales del siglo XVI sobre la antigua mezquita mayor que se encontraba ubicada en este recinto.

Lucainena de las Torres – Almería

Lucainena de las Torres – Almería ©andalucíainformación

También en la provincia de Almería se encuentra otro de los pueblos más bellos de España: Lucainena de las Torres, situado en la Sierra Alhamilla, en la comarca Sierra de Filabres. Sorprende de Lucainena su estampa blanca e inmaculada amenizada por el calor y cercanía que desprenden sus vecinos.

Llama poderosamente la atención de la localidad, el exquisito cuidado con el que se mantienen sus calles y fachadas de las casas así como la delicadeza con el que sus vecinos adornan sus viviendas con flores, colores y aromas que suponen una experiencia inolvidable para el viajero. Hay que recorrer la localidad y disfrutar de esta joya casi desconocida. Destacan entre sus atractivos la iglesia parroquial del siglo XVIII y el sorprendente coto minero que posee.

Vejer de la Frontera – Cádiz

Vejer de la Frontera – Cádiz ©andalucíainformación

En el otro extremo de la región, en la provincia de Cádiz, nos encontramos otro de los pueblos más bonitos de España. Es Vejer de la Frontera, situado en la comarca de la Janda y con dos zonas bien diferenciadas, la costa y el interior, el que nos interesa: un conjunto urbano sobre una colina bajo la sombra de su castillo cuyo trazado nos remonta a la época nazarí, con calles estrechas y sinuosas de casas blancas y cuidadas.

Declarado Conjunto Histórico Artístico en 1976 y I Premio Nacional de Embellecimiento de Pueblos en 1978, Vejer se nos descubre como un típico pueblo blanco, de gran belleza monumental y paisajística.

Es más que recomendable visitar su recinto amurallado y monumentos como la Iglesia Parroquial del Divino Salvador, el Castillo, el Museo de Costumbres y Tradiciones, los patios y los molinos de viento, además de su magnífica gastronomía y el encanto de sus alojamientos.

Frigiliana – Málaga

Frigiliana – Málaga ©andalucíainformación

Saltando a la provincia de Málaga nos encontramos con Frigiliana, uno de los pueblos blancos de la provincia con más encanto y galardonado con el I Premio Nacional de Embellecimiento en 1982, siendo su casco histórico Conjunto Histórico Artístico desde 2014.

Situado en la ladera de Sierra Almijara, en la zona más oriental de la Axarquía, su origen se remonta a la época romana, pero es durante el perí­odo árabe cuando adquiere carácter su fisonomí­a urbana, con paredes encaladas, calles estrechas y sinuosas, y un sinfín de escaleras que recorren todo el Barribarto, herencia morisca que el paso del tiempo ha dejado en el casco antiguo de Frigiliana, uno de los mejores conservados de la provincia.

Además del atractivo del conjunto, ofrece lugares de gran interés como las Hoces del Higuerón y edificios como el Ingenio azucarero, donde se elabora la famosa miel de caña, que fue en el pasado Palacio de los Condes de Frigiliana.

Cuenta con una amplia gama de servicios turísticos para satisfacer la demanda del visitante, con una variada gama de alojamientos y restaurantes.

Pampaneira – Granada, el pueblo marcado por el desnivel
Pampaneira – Granada ©andalucíainformación

Pampaneira es otro de los pueblos que ha conseguido ser reconocido como uno de los más bonitos de España. Ubicado en la Alpujarra granadina y marcado por el barranco de la Poqueira, es uno de los pueblos más hermosos de la zona y compite en atractivo con sus vecinos, Capileira y Bubión. Si decide visitar la comarca, puede optar por hospedarse en este último pueblo, en la Villa de Andalucía de Bubión, un establecimiento más que recomendable.

Pero centrándonos en Pampaneira, la geografía marca la belleza de este pueblo, con grandes desniveles, calles estrechas, casas encaladas y rincones característicos de la arquitectura bereber de la zona. Pampaneira, nombre de origen latino (“pampinus”, pámpano) en alusión a la frondosidad de sus tierras regadas por el rí­o Poqueira, no sólo tiene la consideración de conjunto histórico-artí­stico sino que ha recibido galardones como el Primer Premio Provincial de Embellecimiento de Pueblos (1976) y, por dos veces (1977 y 1978), el Premio Nacional de Turismo de Embellecimiento y Mejora de los Pueblos Españoles.

Entre los monumentos que componen el patrimonio de la localidad se encuentra la Iglesia Parroquial de la Santa Cruz – siglo XVI-, de planta rectangular y con artesonado mudéjar, construida sobre una antigua mezquita, cuya característica más singular es mantener rasgos del arte musulmán y del nuevo arte renacentista cristiano. Junto a ella, la fuente de San Antonio, uno de los puntos con más leyendas de la localidad.

Aunque lo más interesante es pasear por las calles del Barrio Bajo partiendo de esa misma iglesia, donde contemplar dos rasgos principales de su arquitectura popular: los “tinaos”, a modo de soportal sobre la entrada de las viviendas que incluso llegan a cubrir toda la calle, y la disposición de las calles sin trazado, como una vereda empedrada que en un principio sirvió de acceso entre los huertos colindantes a cada vivienda.

Otra de las características de la arquitectura de Pampaneira la encontramos en los “terraos”, especialmente entre las calles Cristo y Real, en el que los tejados de las viviendas se encuentran al mismo nivel que la calle. El más interesante es el denominado Terrao de las Cámaras, que fue el lugar elegido para leer los pregones.

Es en este barrio donde aún se puede disfrutar de las antiguas tradiciones de la zona, tanto de su gastronomía con la chacina de cerdo como protagonista, como por los telares, con talleres de tejeduría que mantienen, en parte, la herencia de la sedería del pasado, aunque ahora se centran en realizar las jarapas, muy tradicionales en toda la Alpujarra.

Con información de Andalucía Información

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