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Invocación a Iraq – Amyad Muhammad Sa’id

al-Basra

Invocación a Iraq




 

Entre al-Basra y al-Mawsul
hay un huerto árabe al que no se acercarán los cuervos.
Entre al-Basra y al-Mawsul
hay mil profetas
que elevan al Sol sus leyes
y cantan la gloria del hombre.
Entre al-Basra y al-Mawsul
hay un millón de combatientes
alineados como las palmeras de Dios.
Dios los protege
y les concede la nobleza árabe.
Con sus generosas manos
Dios cubre al-Basra

al-Mawsul

Bagdad

al-Küt

y Misan

protege Ur

Asür

y Babil.

Entre al-Basra y al-Mawsul
hay un millón de combatientes
que rondan envueltos en túnica sagrada

frente al ogro bárbaro

maldito…

permanecen firmes
entre la flor

y la peste.




Amyad Muhammad Sa’id

Por Ingrid Bejarano Escanilla

©2020-paginasarabes®

Breve relato de los judíos que traicionaron Tiro y la quisieron tomar

Ciudad de Tiro

Cuando Cosroes asedió Constantinopla, el territorio de Siria se encontró sin soldados bizantinos (ğund al-rūm). En la ciudad de Tiro (Ṣūr) había cuatro mil judíos (yahūdī). Los judíos que se encontraban en Tiro mandaron cartas a los judíos de Jerusalén (Bayt al-Quds), de Chipre, de Damasco, de Galilea y de Tiberiades invitándolos a reunirse todos en la noche de la Pascua (Faṣah) de los cristianos (naṣāra) desde donde exterminar a los cristianos que se encontraban en Tiro, para después subir a Jerusalén, matar a cada cristiano que se encontrara allí y adueñarse de la ciudad.

Sabida la noticia, bien por el patricio (baṭrīq) de estancia en Tiro, bien por la población de Tiro, tomaron a los judíos que estaban en Tiro, los ataron con cadenas de hierro y los arrojaron a la cárcel. Después atrancaron las puertas de Tiro y colocaron las catapultas y las balistas. Cuando llegó la noche de la Pascua de los cristianos, los judíos de cada pueblo vinieron a Tiro como les habían escrito los judíos (de Tiro), y según el entendimiento acordado. Eran aproximadamente veinte mil hombres.




Los habitantes de la ciudad lucharon con saña contra ellos desde lo alto de las murallas. Los judíos se encargaron entonces de abatir cada iglesia (kanīsa) que se encontraban fuera de la muralla de Tiro. Pero por cada iglesia que abatían, los habitantes de Tiro hacían llevar sobre las murallas cien judíos que tenían prisioneros, los decapitaban y arrojaban fuera las cabezas. Decapitaron así a dos mil hombres. Después se elevó un griterío entre judíos y fueron derrotados. Los habitantes de Tiro salieron, los persiguieron, los pusieron en fuga e hicieron una gran masacre. Los que sobrevivieron regresaron humillados a sus respectivos lugares de proveniencia 1.

Por C. Martínez Carrasco (Univ. de Granada)


Notas:

  1. Eutiquio, Annales, I, XVII.29, pp. 308-309 [Ed. del texto: I, pp. 218-219].

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