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¿Debe importar a los no católicos quién es nombrado papa? – Por Immanuel Wallerstein

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Por supuesto. El Vaticano es un importante actor geopolítico. Así como todo mundo puede sentir que le concierne quién arriba como líder de Estados Unidos, Alemania, Rusia, China o Brasil, así también nos concierne quién se vuelve papa. Se dice que Stalin preguntó alguna vez: «¿Cuántas tropas tiene el papa?» Pero la fuerza geopolítica es más que la fuerza militar.

Es cierto que el papa está constreñido por los intereses de largo plazo de la Iglesia católica y por su trayectoria histórica. Pero también están así de constreñidos los líderes designados de cualquier Estado importante. También es cierto que sí hace diferencia quién es el líder particular. Dentro de estas limitaciones, el líder puede inclinar las políticas en una u otra dirección.

En el caso del Vaticano, desde 1945 se han electo cinco papas. Los electos se apegaron más o menos a las expectativas –excepto uno. Se suponía que Juan XXIII, de edad avanzada, haría poco, siendo un papa interino en tanto se dirimían las diferencias entre los puntos de vista de los cardenales. No obstante, en su relativamente corta carrera lanzó un viraje importante de las políticas del Vaticano (tanto teológicas como mundanas) en lo que se conoció como un aggiornamento (una actualización) de la Iglesia en el Concilio Vaticano segundo. Su impacto fue tan grande que uno podría decir que el objetivo primordial de sus sucesores ha sido deshacer lo que él hizo, o por lo menos limitar lo que consideraban era el daño causado por él.

Es verdad que los debates teológicos al interior de la Iglesia (que son muchos y muy importantes) conciernen profundamente, casi que en exclusiva, a los fieles de la Iglesia. Pero los líderes de la Iglesia, a todos los niveles –en el Vaticano, en el nivel de las estructuras nacionales de los obispos, y a nivel local en cada una de las diócesis y parroquias– extraen conclusiones mundanas de la teología y, por tanto, buscan afectar lo que ocurre en la arena política.

Es bastante la diferencia política entre obispos que abrazan la teología de la liberación o, en el otro extremo, aquellos que abrazan los puntos de vista del Opus Dei o, aún más a la derecha, los de la Sociedad de San Pío X. Y aunque la Iglesia tiene variados números de adherentes en diferentes zonas del mundo, hay muchas zonas en las que forman una parte significativa de las poblaciones nacionales: el continente americano, mucho de la Europa occidental y del sur, algunas partes de Europa oriental, varias partes de África, algunas partes del este y el sureste asiático, y Australia. Es una lista larga. Los católicos son hoy cerca de 16 por ciento de la población mundial. El único grupo mayor son los musulmanes, que son cerca de 22 por ciento.

En estos países los líderes de la Iglesia con frecuencia respaldan implícitamente a algún candidato en las elecciones. Por lo regular asumen posturas fuertes en torno a varios tipos de legislaciones que afecten la moral social y su permisibilidad. Con frecuencia tienen posiciones sobre cuestiones de bienestar social. Y algunas veces toman posiciones en torno a cuestiones de guerra y paz. En el sistema-mundo como un todo, y ciertamente en muchos países, el resto de nosotros algunas veces encuentra aliados entre las figuras de la Iglesia y algunas otras veces encuentra oponentes.

En verdad, los no católicos no tienen decisión alguna acerca de quién es electo papa. Pero en realidad muy pocos católicos pueden decir algo al respecto. El Vaticano es una de las últimas monarquías absolutas. Y cuenta con un sistema electoral muy especial, en el cual aquellos miembros del colegio cardenalicio (todos escogidos por algún papa previo) que sean menores de 80 años votan en secreto y repetidas veces hasta que una persona logra una mayoría.

Una mayoría de los miembros menores de 80 años del actual colegio de cardenales fueron elegidos por el papa Benedicto XVI, y parece que su criterio principal fue que compartían en gran medida la mayor parte de aquellas posiciones teológicas que él consideraba de importancia primordial. Pero dicho esto parece haber muchas diferencias en los puntos de vista y los énfasis entre ellos, y algunas de éstas podrían tener importantes consecuencias políticas. Así que está lejos de saberse a ciencia cierta quién emergerá como el siguiente papa y cuáles serán las consecuencias políticas de tal decisión.

Es extremadamente dudoso que volvamos a tener un Juan XXIII. Pero en ese entonces era extremadamente dudoso que lográramos el primer Juan XXIII. En un sistema electoral que guarda algunas similitudes estructurales con el del Vaticano, es decir, el sistema de China, todos estábamos inseguros, y hasta cierto punto lo seguimos estando, de cuáles serán las consecuencias de las decisiones recientes en torno a la siguiente ronda de líderes.

Una cosa que hay que resaltar es que aun los católicos prominentes que han sido tratados de manera áspera por la Iglesia, o los más desilusionados por el estado de la Iglesia –pienso en Frei Betto en Brasil, Ernesto Cardenal en Nicaragua, Hans Küng en Alemania o Garry Wills en Estados Unidos– no rechazan su membresía en la Iglesia. Persisten en intentar transformarla o, según su punto de vista, retornarla a su misión verdadera y original.

El resto de nosotros no puede ya «rendirse» en cuanto al Vaticano, como no podemos rendirnos respecto de China o Estados Unidos, ni de ningún sitio de actividad humana y potencial transformación social.

Traducción: Ramón Vera Herrera

Con informacióm de La Jornada

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Las iglesias evangélicas y el juego de Estados Unidos en el mundo árabe -Por Charles Saint-Prot

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Iglesias evangélicas

Empujando a los pueblos para un choque de civilizaciones

Desde 1947, numerosos jefes militares y dirigentes políticos estadounidenses, entre ellos los Bush, pertenecen a un grupo evangélico secreto, llamado «La familia», cuya sede se encuentra cerca del Pentágono, en la propiedad de los cedros. Esa organización, luego de aliarse al Vaticano en América Latina en contra de la teología de la liberación, dirige hoy una doble ofensiva contra católicos y musulmanes. De ella provienen también los principales personajes de la dirección política de Estados Unidos y extiende su influencia por el mundo mediante sus misioneros. El politólogo Charles Saint-Prot, quien participará en el coloquio Axis for Peace, analiza, en el trabajo que hoy les presentamos, la estrategia de ese grupo evangélico en el mundo árabe.

Hace varios años que el extremismo religioso, o sea la utilización de la religión en función de objetivos políticos, se convirtió en elemento esencial de la geopolítica del Cercano Oriente. En momentos en que ciertos sectores y medios de difusión atribuyen constantemente todos los problemas al Islam, los comentaristas no mencionan sin embargo la responsabilidad de las iglesias protestantes que contribuyen a la agravación del conflicto.

Ya se conoce la importancia que la iglesia evangélica conocida como «revivalista» adquirió en Estados Unidos, donde ejerce considerable influencia sobre la política de la administración Bush. Se sabe también que los miembros de esa iglesia son los más fervientes defensores de Israel y que rechazan toda concesión territorial a los palestinos.

Los evangélicos, quienes se inscriben en la vertiente de los cristianos sionistas –grupo fundamentalista protestante aparecido a fines del siglo XIX y que pretende que la institución de un Estado israelí constituye la realización de la profecía bíblica [1]-, no se limitan a prestar a Israel un apoyo moral. Su dinero contribuye a financiar la partida de los judíos de Rusia y de Ucrania hacia Israel.

Según el rabino Yechiel Eckstein, quien dirige una de las principales agencias de recolecta de fondos destinados a Israel entre los evangélicos estadounidenses, su asociación recogió, en siete años, más de 100 millones de dólares estadounidenses [2].

En octubre de 2003, extremistas sionistas y evangélicos se reúnen en el hotel Rey David de Jerusalén en presencia de Richard Perle –a la sazón presidente del Consejo para la Política de Defensa del Pentágono e influyente consejero de George Bush II– y de varios ministros del gobierno de Sharon para celebrar «el surgimiento de la Jerusalén celeste que tendrá lugar después de la destrucción del Islam » [3].

También se sabe que la corriente evangélica, que dice contar con más de 70 millones de fieles en Estados Unidos y que dispone al parecer de cientos de miles de «pastores-propagandistas » pagados, se expande ampliamente por América Latina (Evangelical Union of South America, principalmente en Brasil donde esa iglesia podría tener más de 30 millones de adeptos [4]), Japon, África (ver, por ejemplo, el papel que desempeñaron los evangélicos, favorables al presidente Gbagbo, en los sucesos de Costa Marfil (Côte d’Ivoire)), Europa y hasta en la India (Indian Missions Association -IMA) o en China… Menos conocido es el papel de los evangélicos en la política de Estados Unidos hacia el mundo árabe.

Es notorio que la Casa Blanca, el Congreso y la CIA siguen y favorecen con gran interés la expansión de las iglesias evangélicas. El odio que estas profesan al Islam, al igual que su desprecio por los cristianos árabes, hacen de ellas el instrumento favorito de la política estadounidense tendiente a ocasionar la ruptura en el seno del mundo árabe para lograr organizar un «Gran Medio Oriente» enteramente sometido a la influencia de Washington y de sus aliados israelíes.



La acción de las iglesias evangélicas en el mundo árabe tiene tres aspectos:

  1. La propaganda antimusulmana, que cuenta con medios considerables y achaca a los musulmanes todos los problemas del mundo. Los evangélicos fueron así los primeros en organizar, en complicidad con los neoconservadores estadounidenses cuyos compromisos proisraelíes son harto conocidos, campañas tendientes a asociar Islam y terrorismo, o sea a asociar esa religión con el «Eje del Mal».

  2. Uno de sus objetivos predilectos es Arabia Saudita, país contra el cual mantienen una campaña constante al tiempo que estimulan ciertas hermandades a sembrar la división religiosa dentro de ese reino.

  3. La utilización de las comunidades cristianas árabes que actualmente desarrollan en Líbano, Palestina, Siria e Irak.

En Líbano, misionarios evangélicos recorren el país cada verano siguiendo un itinerario trazado en colaboración con la embajada de Estados Unidos. Grupos de jóvenes organizan conciertos, festivales, encuentros en las playas, antes de pasar a reuniones más precisas con vistas a convencer a los jóvenes cristianos, sobre todo a los maronitas, a sumarse a la iglesia evangélica ofreciéndoles el pago de sus estudios, visas para viajar a Estados Unidos y todo tipo de ventajas.

Esas actividades van acompañadas de un fuerte proselitismo antimusulmán que tiene mucho que ver con la agravación del confesionalismo en el país del cedro [5]. Los evangélicos usan esos mismos métodos en Siria, aunque de manera más discreta debido a la vigilancia de las autoridades.

En Irak, los misioneros de las sectas evangélicos llegaron con las tropas estadounidenses y gozan hoy de gran influencia. A golpe de dólares, se esfuerzan por conquistar a los cristianos iraquíes para que abandonen sus prácticas tradicionales, de carácter oriental y árabe, y se establezcan en comunidades separadas.

Los argumentos son siempre los mismos, se trata de incitar a los cristianos árabes al abandono de su religión tradicional a cambio de un empleo, de subvenciones para sus hijos o de una promesa de otorgamiento de visa. Al igual que el Vaticano, las iglesias tradicionales iraquíes denuncian el peligro que representan los evangélicos estadounidenses, algunos de los cuales han sido ejecutados por la resistencia.

Según el cura de la aldea cristiana de Ain-kawa, cerca de Mosul, «Durante ceremonias religiosas explicamos a los fieles que tales misioneros son en realidad agentes estadounidenses que tratan de sobornar a los iraquíes con su dinero, extranjeros que quieren acabar con nuestra historia y provocar conflictos confesionales en Irak.

Le repetimos a los fieles que no acepten a esa gente en sus casas ni en lugares donde se reúnan sus hijos». Los cristianos iraquíes afirman que esos evangélicos «no sólo pueden causar la dispersión de los fieles sino crear también un clima de enfrentamiento confesional que no existía antes en Irak. Esos extranjeros tratan de perturbar nuestras buenas relaciones con los musulmanes y [de acabar con] un clima milenario de entendimiento» [6]. Un proceso punto por punto similar se desarrolla en la Palestina ocupada, donde los evangélicos realizan esfuerzos considerables por conquistar a los fieles e incitarlos después a abandonar el país.

En tercer y último lugar, el trabajo de conversión de musulmanes constituye el aspecto más espectacular de la actividad de los evangélicos. La estrategia estadounidense de evangelización dirigida hacia los pueblos musulmanes cuenta con el apoyo de verdaderas redes así como con la elaboración de un mensaje evangélico adaptado al mensaje coránico.

Ese tipo de evangelización tiene como blanco específico ciertas comunidades musulmanas cuyos orígenes étnicos podrían ser explotados en el marco de proyectos secesionistas y antiárabes, como en el caso de las minorías kurdas de Irak y Siria, así como los kabiles y los bereberes en Maghreb.

Según el diario argelino Al Watan [7], la evangelización en Kabilia es «el resultado de un proselitismo organizado y financiado por una estrategia de evangelización de los pueblos musulmanes. En Argelia, los evangélicos se aprovechan del factor humanitario y escogen sus blancos entre la gente más desfavorecida, personas que se convierten al cristianismo por dinero (2 000 dinares, el equivalente de 20 euros), para obtener atención médica o a cambio de visas para partir al extranjero ya que las cancillerías europeas conceden más fácilmente visas de entrada a la zona Schengen a los argelinos que se presentan como cristianos «perseguidos».

Más del 74% de las personas que asisten a misa lo hacen sobre todo para obtener la ayuda financiera de los misioneros» [8]. Una de las acciones más recientes de la iglesia protestante en Constantina estuvo dirigida a los estudiantes de la enseñanza media, proponiéndoles «un apoyo escolar gratuito. Además de las clases que les proponían, los alumnos recibieron CDs, libros y otros documentos de propaganda evangélica. Ese mismo proceder (…) se utilizó en Tiaret y en otras ciudades» [9].

Según nuestras informaciones, los «diplomáticos» de la embajada estadounidense en Argelia visitan frecuentemente los territorios kabiles y estimulan el proselitismo evangélico.

En Marruecos, un sinnúmero de organizaciones evangélicas, mayormente estadounidenses, operan de forma más o menos encubierta en las regiones pobres así como en las grandes ciudades. Una organización como Arab World Ministries, sociedad misionera evangélica internacional, tiene como objetivo oficial «el anuncio de la Buena Nueva de un Salvador a los musulmanes del mundo árabe».

Esa iglesia dispone al parecer de más de 800 agentes clandestinos, más del triple de los que contaba en 2002. Estos se presentan bajo distintos disfraces, como médicos, enfermeros, militantes humanitarios, maestros, ingenieros e incluso como empresarios [10]. En enero de 2005, durante la visita a Marruecos del predicador evangelista y presentador televisivo Josh McDowell, como representante de la Crusade for Christ International (7 000 voluntarios a través del mundo), la publicación Journal-hebdo escribió «Asaltado Marruecos por los neoprotestantes estadounidenses» [11].

Al trabajo de los evangélicos estadounidenses se suma la propaganda de numerosas estaciones de radio y televisión que gozan del apoyo de Estados Unidos, sobre todo del Congreso y la CIA, como Radio El Mahabba, que transmite las 24 horas mediante el canal de audio del satélite Eutelsat Hotbird 3, la cadena CNA-Channel North Africa, Arabvision, Life-TV, Miracle Channel, etc., sin hablar de la cadena estadounidense de propaganda en árabe Al Hurra.

La propaganda evangélica se inserta también en los proyectos de programas para el desarrollo de Internet, como el programa de desarrollo del uso de Internet (GIPI, Global Internet Policy Initiative) emprendido por el Departamento de Estado en el marco de la Iniciativa de Asociación del Medio Oriente (MEPI), que ya se extiende a Argelia, Túnez, Marruecos, Egipto, Siria, Líbano, Jordania, Irak, Arabia Saudita, Bahrein, Kuwait, Omán, Qatar, los Emiratos Árabes Unidos, Yemen y Palestina.

Por supuesto, esa acción de supuesta evangelización, estimulada, financiada y protegida por el gobierno de Washington, no responde a ningún sentimiento religioso sincero. Su objetivo es crear focos de discordia dentro de los países árabes con el fin de desestabilizarlos y debilitarlos. Su desarrollo atiza artificialmente el choque de civilizaciones y se inscribe en el marco del proyecto en marcha desde el 11 de septiembre de 2001 para demonizar el Islam.

Simplemente forma parte de la política de Estados Unidos tendiente a remodelar el «Gran Medio Oriente» y a extender la hegemonía estadounidense.

Charles Saint-Prot (20 de noviembre de 2005)




Notas:

[1] Donald Wagner in Daily Star (Beirut), 8 de octubre de 2003.

[2] Fuentes: Radio-Canadá, programa «Zone libre» del 23 de enero de 2004: «Les chrétiens sionistes»…

[3] Ver nuestro artículo «Sommet historique pour sceller l’Alliance des guerriers de Dieu, Voltaire, 17 de octubre de 2003.

[4] cf. Le Monde, 7 de mayo de 2005: «L’Église brésilienne face à la montée des évangélistes».

[5] Testimonios recogidos en Líbano…

[6] Cf. Hebdomadaire Magazine, Beirut.

[7] Al Watan, 26 y 27 de julio de 2004.

[8] Argel (AP), 15 de mayo de 2004.

[9] Diario argelino le Jeune Indépendant, 16 de agosto de 2004.

[10] Diario marroquí Le Matin, 17 de marzo de 2005.

[11] Ver Le Journal-hebdo del 8 de enero de 2005.

Charles Saint-Prot

Director del Observatorio de estudios geopolíticos.

 Con información de Red Voltaire

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México vota a favor de Palestina como Estado observador

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Los países de América Latina, que en su mayoría reconocen a Palestina como un Estado libre y soberano, contribuyeron hoy consecuentemente con sus votos a elevar su estatus en la ONU, de «entidad observadora» a «Estado observador no miembro».

Panamá fue el único país latinoamericano entre los nueve que no dieron su respaldo a una resolución calificada de «histórica» , y Paraguay, Guatemala y Colombia están entre los 41 que se abstuvieron en la votación en la Asamblea General.

El resto de América Latina votó a favor de que Palestina sea un Estado observador de la ONU, como lo es el Vaticano. En total, la resolución fue aprobada por 138 países.

Las dos sorpresas fueron el voto a favor de México, pese a que no reconoce al Estado palestino, y la abstención de Paraguay, que en 2011, siendo presidente Fernando Lugo, destituido en junio pasado, hizo el mismo reconocimiento que otros países suramericanos.

Con respecto al voto negativo de Panamá, el canciller Rómulo Roux había dicho el 20 de noviembre pasado que su Gobierno no reconoce a Palestina como un Estado, aunque sí admite el derecho que tiene de llegar a serlo siempre que demuestre que tiene la «capacidad de vivir en paz con sus vecinos».

Guatemala, que no reconoce a Palestina como un Estado independiente, ya había adelantado que se abstendría.

El caso de Colombia, otro de los abstencionistas, es parecido al de México, pues no reconoce a Palestina como Estado independiente, pero en 1995 tomó la decisión diplomática de formalizar la Misión Especial, o embajada de Palestina en Bogotá.

En Chile, donde residen unos 400 mil palestinos, en su mayoría descendientes de emigrados en el siglo XX y de religión católica, que constituyen la mayor comunidad palestina fuera de los territorios, la votación y su resultado tuvieron un gran eco.

Aunque hay una embajada palestina en Chile desde 1991, el reconocimiento chileno de Palestina como un Estado «libre, independiente y soberano» data del 7 de enero de 2011.

Desde finales de 2010 varios países latinoamericanos se decidieron a dar el paso de reconocer oficialmente a Palestina, entre ellos, además de Chile, Brasil (2010), Bolivia (2010), Ecuador (2010) , Uruguay (2011), Argentina (2011), Paraguay (2011), Perú (2011), Honduras (2011) y el Salvador (2011).

De ellos, todos, salvo Chile y Perú, han expresado en su reconocimiento que las fronteras del Estado palestino deben ser las anteriores al 4 de junio de 1967, es decir antes de la «guerra de los seis días» , lo que está en la resolución aprobada hoy.

Cuba y Nicaragua están entre los 94 países que reconocieron la proclamación unilateral de un Estado palestino hecha por el Consejo Nacional de ese pueblo en una reunión en Argel en 1988 y también fueron de las primeras naciones en reconocer a la Autoridad Nacional Palestina (ANP) , establecida en 1994 tras los Acuerdos de Oslo.

El presidente venezolano, Hugo Chávez, ha apoyado al Estado palestino desde su llegada al poder en 1999 y en abril de 2009, cuatro meses después de haber roto relaciones con Israel por una ofensiva en Gaza, formalizó el establecimiento de relaciones diplomáticas con la apertura de una embajada palestina en Caracas.

Costa Rica reconoce a la Autoridad Nacional Palestina y estableció relaciones diplomáticas con ese Gobierno en 2008, dos años después de haber trasladado su embajada en Israel de Jerusalén a Tel Aviv.

La República Dominicana reconoció en julio de 2009 al Estado Palestino, con el que tiene relaciones diplomáticas, y El Salvador y Honduras lo hicieron en agosto de 2011.

«Esta declaración de la ONU, que implica un reconocimiento indirecto de Palestina como Estado, es un acto de justicia con un pueblo que desde hace décadas lucha por su identidad internacional, su libertad y por la paz en la región», resaltó hoy el presidente salvadoreño, Mauricio Funes.

Es «un paso para reafirmar los anhelos de paz de ambos pueblos y contribuir a preservar la solución de dos estados», subrayó la Cancillería costarricense.

El Gobierno ecuatoriano confía en que este reconocimiento «sea un paso» hacia adelante en la búsqueda de «un arreglo pacífico, justo y duradero» entre Palestina e Israel, «con el establecimiento pleno de fronteras reconocidas» por ambos Estados, dijo la Cancillería.

Brasil, por su parte, reiteró su apoyo a la reanudación «inmediata» de unas negociaciones entre Israel y la ANP que «conduzca a una paz sostenible y duradera basada en la solución de los dos estados» , según un breve comunicado del Ministerio de Exteriores.

La votación de hoy era el cuarto intento de las autoridades palestinas por lograr un mayor respaldo internacional desde que Naciones Unidas reconoció el derecho a la autodeterminación del pueblo palestino en 1974.

El último intento fue en septiembre del año pasado, cuando la petición palestina para que la ONU le reconociera como Estado miembro de pleno derecho fue bloqueada en el Consejo de Seguridad por Estados Unidos.

Sin embargo, el 31 de octubre de 2011 la UNESCO reconoció a Palestina como miembro de pleno derecho, pese al rechazo de Israel, Estados Unidos y Alemania.

Fuente : El Universal

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La política exterior de Estados Unidos y su opinión pública interna – Por Immanuel Wallerstein

Conforme se aproximan las elecciones en Estados Unidos, con gran cautela se vuelve la política exterior uno de los puntos a debatir. No es secreto que durante los últimos 50 años ha existido cierta consistencia de largo plazo en la política exterior estadunidense. Las diferencias internas más agudas ocurrieron cuando George W. Bush asumió la presidencia y lanzó un intento supermacho, deliberadamente unilateral, por restaurar la dominación de Estados Unidos en el mundo mediante las invasiones de Afganistán e Irak.

Bush y los neoconservadores confiaban en intimidar a todos en el mundo utilizando la fuerza militar para cambiar los regímenes que el gobierno estadunidense juzgara poco amistosos. Como resulta claro hoy, la política neoconservadora falló en su propio objetivo. En vez de intimidar a todos, tal política transformó la lenta decadencia estadunidense en una precipitada caída. En 2008, Obama compitió con una plataforma que proponía revertir estas políticas, y en 2012 alega que ya cumplió su promesa y que, por tanto, deshizo el daño que ocasionaron los neoconservadores.

Pero, ¿acaso sí deshizo el daño? ¿Pudo haber deshecho el daño? Lo dudo. Pero mi intención aquí no es discutir qué tan exitosa es o no la política exterior estadunidense en este momento. Más bien quiero discutir lo que el pueblo de Estados Unidos piensa acerca de ésta.

En la opinión pública el elemento más importante relacionado con la política exterior estadunidense es la incertidumbre y la falta de claridad. Las encuestas recientes muestran que por vez primera una mayoría de estadunidenses piensa que las intervenciones militares que emprendió Bush en Medio Oriente fueron un error. Lo que todas estas personas parecen ver es que hubo un enorme derroche de vidas y dinero estadunidenses, con que se obtuvieron resultados que a la gente le parecen muy negativos.

Perciben que el gobierno iraquí está más cerca en sentimiento y en política al gobierno iraní que a Estados Unidos. Perciben que el gobierno afgano tiene bases muy endebles –con un ejército infiltrado por los suficientes simpatizantes talibanes que pueden disparar a los soldados estadunidenses con quienes trabajan. Quieren que las tropas de Estados Unidos abandonen Afganistán en 2014 como lo prometieron, pero no creen que, una vez que las tropas se retiren, vaya a haber un gobierno estable en el poder, uno que sea relativamente amistoso hacia Estados Unidos.

Es significativo que, en el debate entre los dos candidatos a la vicepresidencia, el demócrata Joe Biden haya afirmado con vigor que no enviarían tropas estadunidenses a Irán. Y que el republicano Paul Ryan dijera que nadie en su bando estaba pensando en enviar tropas. Ambos pueden o no estar diciendo la verdad acerca de sus posturas. Lo notable es que ambos piensen que cualquier amenaza de su parte relacionada con enviar tropas de tierra podría lastimar las posibilidades de su partido con los votantes.

Entonces, ¿qué? Ésa es precisamente la cuestión. La misma gente que dice que las intervenciones estadunidenses fueron un error todavía no está dispuesta a aceptar la idea de que Estados Unidos no debería continuar manteniendo o expandiendo el alcance de sus fuerzas militares. El Congreso estadunidense continúa votando en favor de presupuestos para el Pentágono que son mucho más vastos de lo que el propio Pentágono solicita. Esto es, en parte, resultado de que los legisladores quieren mantener empleos en distritos donde tales empleos se vinculan con las fuerzas armadas. Pero también es porque el mito de la superpotencia estadunidense sigue siendo un compromiso emocional muy fuerte para virtualmente todos en el país.

¿Hay en la perspectiva un aislacionismo oculto? Hasta cierto punto, no hay duda. Hay, sin duda, votantes más a la izquierda o más a la derecha que comienzan a afirmar con más contundencia lo deseable y necesario que es reducir el involucramiento militar estadunidense en el resto del mundo. Pero creo que al momento esto no representa una gran fuerza. No todavía.

En cambio, lo que podemos esperar es una lenta y callada revisión, no por eso menos importante, de cómo sienten los estadunidenses acerca de series particulares de aliados. El alejamiento de Europa, sea cual fuere la forma en que definamos Europa, lleva ya largo tiempo ocurriendo. A Europa se le considera un tanto «ingrata», tomando en cuenta todo lo que Estados Unidos hizo por ella en los últimos 70 años militar y económicamente. Para muchos ciudadanos estadunidenses Europa parece muy poco deseosa de respaldar las políticas de Washington. Actualmente se están retirando tropas de Estados Unidos de Alemania y de otras partes.

Por supuesto, Europa es una categoría grande. ¿Acaso el estadunidense ordinario tiene diferentes puntos de vista acerca de Europa oriental (los satélites ex soviéticos)? ¿O acerca de Gran Bretaña, con quien se supone que Estados Unidos mantiene una «relación especial»? La «relación especial» es más un mantra de los británicos que de los estadunidenses. Estados Unidos recompensa a Gran Bretaña cuando se mantiene en la línea, pero no cuando se sale de ésta. Y el estadunidense ordinario apenas si es conciente de este compromiso geopolítico.

Europa oriental es diferente. Ha habido presiones reales de ambas partes para mantener una relación cercana. Por el lado estadunidense, ha habido un interés del gobierno por utilizar el vínculo con Europa oriental como forma de contrarrestar las tendencias de actuación independiente que mantiene Europa occidental. Y hay presiones por los descendientes de los migrantes de estos países para expandir los vínculos. Pero Europa oriental comienza a sentir que el compromiso militar estadunidense se adelgaza y se torna poco fiable. Comienza a sentir que los lazos económicos con Europa occidental, Alemania en particular, son más importantes para ellos.

El antagonismo hacia México debido a los migrantes indocumentados ha llegado a jugar un papel importante en la política estadunidense y ha estado socavando los supuestos lazos económicos cercanos con México. Y en cuanto al resto de América Latina, el crecimiento de su postura geopolítica independiente es fuente de frustración para el gobierno estadunidense y de impaciencia para el público en ese país.

En Asia, golpear a China es un juego que crece en popularidad, pese a los esfuerzos de los gobiernos estadunidenses (tanto republicanos como demócratas) de mantenerlo a raya. A las firmas chinas se les impiden algunos tipos de inversión en Estados Unidos que incluso Gran Bretaña permite.

Y finalmente está Medio Oriente, área central de preocupación estadunidense. Actualmente el foco está puesto sobre Irán. Y al igual que en América Latina, el gobierno parece frustrado con sus limitadas opciones. Está presionado constantemente por Israel para hacer más, aunque nadie está muy seguro de lo que significa ese «más».

El respaldo para Israel de todos los modos posibles ha sido una pieza central de la política exterior estadunidense desde por lo menos 1967, si no es que desde antes. Poca gente se atreve a cuestionarla. Pero esos «pocos» comienzan a tener el respaldo de figuras militares que sugieren que la política de Israel es peligrosa en términos de los intereses militares estadunidenses.

¿Continuará imbatible en los próximos 10 o 20 años el penetrante respaldo hacia Israel? Lo dudo. Israel puede ser el último de los compromisos emocionales de Estados Unidos que se desvanezca. Pero es casi seguro que habrá de esfumarse.

Es probable que para 2020 y para 2030 la política exterior comience a digerir la realidad de que Estados Unidos no es la única superpotencia todo poderosa, sino simplemente uno de los cuantos loci de poder geopolítico. El cambio en la perspectiva será impulsado por la evolución en los puntos de vista de los estadunidenses ordinarios, quienes continúan estando más preocupados por su bienestar económico que por los problemas que yacen más allá de las fronteras. Y conforme el «sueño americano» atrae a menos y menos no estadunidenses, se vuelve hacia dentro en Estados Unidos.

Traducción: Ramón Vera Herrera

© Immanuel Wallerstein

Fuente : La Jornada

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