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Franklin Delano Roosevelt y el “matrimonio” con la casa de Saud

Franklin Delano Roosevelt y el rey Abdulaziz


El presidente Franklin D. Roosevelt hizo un trato secreto con Arabia Saudí en relación al petróleo.

En 1933, Estados Unidos estableció relaciones diplomáticas formales con Arabia Saudí, apenas un año después de que el reino fuese fundado por su gobernante, el rey Abdul Aziz. La conexión quizá no se hizo por razones totalmente inocentes, ya que en esa región se habían descubierto importantes reservas de petróleo.

El reino saudí firmó un acuerdo con la Standard Oil de California aquel mismo año, esperando que la compañía estadounidense descubriese la misma riqueza petrolífera que había sido encontrada en el vecino Irak unos años antes. En 1938, Estados Unidos envió varios equipos de científicos al reino saudí con el propósito manifiesto de ayudar a ese país desértico a encontrar un recurso básico: agua. Estos equipos, en cambio, descubrieron enormes yacimientos de petróleo.


Aunque el reino mostraba una gran reticencia a la presencia de extranjeros en su territorio, la familia real negociaba una serie de acuerdos con proveedores de petróleo estadounidense a través de su compañía nacional, Aramco.

Una vez concluida la segunda guerra mundial, Estados Unidos inició conversaciones con los países productores de petróleo de Oriente Medio en un intento de asegurar un suministro regular del llamado oro negro. Se dice que en 1945 Franklin Delano Roosevelt y el rey Abdul Aziz se reunieron en secreto en un barco amarrado en el canal de Suez para sellar un acuerdo por el cual, a cambio de un suministro regular de petróleo, Estados Unidos proveería al país árabe de seguridad militar, entrenamiento y armas.

La amistad continúa hasta hoy, y ello ayuda a explicar los estrechos lazos que mantuvo George W. Bush con la Casa de Saud, y también la curiosa reticencia de Estados Unidos a reconocer el hecho de que la mayoría de los terroristas que intervinieron en los ataques del 11-S eran, de hecho, saudíes.

Con información de Conspiracy Encyclopedia


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El día que los Persas ganaron la batalla con una lluvia de gatos

Tras fallecer el faraón egipcio Amasis II su joven hijo, Psamético III, se haría cargo del reino; un faraón demasiado inexperto que tenía como única misión defender su pueblo y trono de la amenaza persa, cada vez mayor.

El rey Persa Cambises tenía puesto sus ojos sobre Egipto, así pues todo anunciaba una ardua batalla en la que Psamético debería esforzarse al máximo para no sufrir una gran derrota.


La batalla más decisiva de este enfrentamiento fue la batalla de Pelusium, librada en el año 525 a.C. A las puertas de Pelusio, en el Bajo Egipto, las tropas del rey Persa Cambises II se preparaban para dar muerte a todos los egipcios que se pusieran en su camino. Siendo ésta una ciudad bastante importante, no bastaba con tener más hombres que el enemigo: se debía idear una estrategia infalible que minara la moral del enemigo haciendo que poco a poco fueran cayendo uno a uno.

Cambises II estudiaría minuciosamente a su enemigo, y tras ese estudio dio con la solución. Sabía que los egipcios sentían gran respeto por los gatos, pues pensaban que eran imágenes de la diosa local Bastet. Así pues ésta sería la pieza clave de su victoria.

Dos fueron las acciones decisivas que tomó Cambises en esta batalla. Para empezar, sus hombres combatirían con escudos en los que se reflejara la imagen de Bastet. De esta forma, la inmensa mayoría de los hombres egipcios no se atrevieron a pelar. Mientras tanto, los persas aniquilaron a un importante número de hombres.


Habiendo perdido más de la mitad de su ejército, Psamético decidió ordenar una retirada. Muchos lo hicieron con éxito mientras otros intentaron cobijarse en la fortaleza de Pelusio. Cambises, para evitar el asedio, puso en marcha su segunda estrategia. Lanzó una oleada de gatos desde el exterior, algo que los egipcios tomaron como un mal presagio.

No podían entender como Bastet permitía este tipo de acción con un animal tan sagrado, así que decidieron escapar sin mirar atrás. Los hombres que consiguieron evadir el fuego enemigo no pararon hasta llegar a Menfis.

Tras conquistar Pelusio, los persas se dirigirían hasta Menfis. Allí conseguirían hacer caer la ciudad y al mismísimo Psamético III. Éste sería el último faraón de la dinastía XXVI de Egipto, pues a partir de ese momento Cambises sería coronado como faraón y daría inicio a la dinastía persa en Egipto.

Con información de:  Historia General

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Antiguos pueblos de Oriente Medio – Las ciudades de la Gran Sûrya

Ugarit

Ugarit era una próspera ciudad cosmopolita en el segundo milenio a.C., situada en un montículo conocido como Ras Shamra, en la costa mediterránea de lo que actualmente es el norte de Siria. Abarcaba un territorio de aproximadamente 60 kilómetros desde el monte Casio en el norte hasta Tell Sukas en el sur, y de 30 a 50 kilómetros desde el Mediterráneo en el oeste hasta el valle del Orontes en el este.

Las Ciudades más antiguas

En las regiones costeras del Levante mediterráneo prosperaron, a lo largo de II milenio aC, diversas ciudades –estado, como Ugarit, Byblos, Alalakh, Karkemish o Tell Abu Hawan, que basaban su esplendor en las actividades comerciales y sobre todo en la eficacia de sus complejos sistemas administrativos. En todas ellas aparecieron minorías hegemónicas que desarrollaron el sistema parcial como forma de control político, social y económico instaurando verdaderas dinastías que llegaron a tener relaciones comerciales y diplomáticas con los grandes Estados del entorno. En estas ciudades convergían las culturas cananeas, hititas, amorreas, fenicias, egipcias entre otras. Sin lugar a dudas, la cuna de la civilización en la Edad de Bronce que dejó un legado de valor incalculable para toda la civilización de Oriente Medio.

Ugarit, la cuna de la escritura

 La ciudad cananea de Ugarit (o Ras Shamra), en la costa de Siria, (cerca de la actual Latakia), descubierta y excavada por C. Schaeffer en 1929, llega a su apogeo en el II milenio a.C. Sus relaciones comerciales incluían hititas y egipcios, así como las tierras del interior, por donde se comunicaba con Mesopotamia a través de centros intermedios, como Ebla, (Siria).

Su puerto de Minet-el-Beida conoció entonces una desbordante actividad gracias a su potente flota, convirtiendo a la ciudad  en el principal enclave portuario y comercial del Levante mediterráneo, desde el que se exportaba grano, aceite, vino, madera, cerámica y objetos suntuarios a diversos lugares del Mediterráneo. Pero además, Ugarit controlaba un territorio de unos dos mil kilómetros cuadrados, dedicado a las actividades agrícolas y ganaderas. Su apogeo urbano se centra entre 1400 y 1182 a.C., cuando se inicia la dinastía real del Bronce reciente, con el reinado de Amistamru I, finalizando con el de Ammurapi, poco antes de ser destruída por los “Pueblos del Mar”.

Ugarit se extendía sobre 20 hectáreas y tenía entonces, hacia mediados del II milenio a.C., un complejo palacial que ocupaba unos diez mil metros cuadrados, con amplias estancias, sala de recepciones, biblioteca y estancias reales dotadas de agua corriente mediante un complejo y eficaz sistema de canalización.


Ugarit

Baal, el señor de Ugarit

El gran templo de la ciudad estaba consagrado a Baal “señor” de Ugarit. Su entramado urbano estaba dotado de calles enlosadas y se distribuía por barrios. Las casas señoriales de los ricos comerciantes y de la nobleza contaban con amplias estancias y espacios para el almacenamiento. Muchas de ellas contaban con un hipogeo bajo el piso de la vivienda, con una entrada por medio de un corredor descendente dotado de escaleras, donde se inhumaban a los difuntos con ricos ajuares funerarios que   denotaban su elevada condición social. Otros barrios eran de trabajadores portuarios y de comerciantes. La ciudad estaba rodeada de una gran muralla pétrea con una amplia puerta principal en bóveda por aproximación de hiladas pétreas, al estilo hitita.

El alfabeto Ugarítico

En el contexto de sus sistema palacial se comenzó a utilizar la escritura, primero acádica, de origen mesopotámico, que muy pronto se convirtió en alfabética, con 30 letras que se ampliaron a 32 a inicios del siglo XIV a. C. La escritura ugarítica fue la primera escritura alfabética en el mediterráneo, de la que partieron otros sistemas posteriores. Ha sido considerada por algunos autores como la base de la escritura fenicia y de otros sistemas contemporáneos. La lectura de los archivos de Ugarit supuso una revelación en muchos aspectos, puesto que los textos literarios, en los que, además de la administración palacial se recogían mitos, leyendas y tradiciones ugaríticas, han puesto de manifiesto que el origen de algunos textos bíblicos posteriores como los salmos del Rey David parecen proceder de poemas ya conocidos en Ras Shamra.

Ugarit alcanzó su apogeo entre 1400 y 1200 a.C. Por entonces sus relaciones comerciales incluían las orillas del Mediterráneo oriental, desde Chipre a Egipto y por el interior, a través de Alalakh y Khalba, llegaban a Karkemish y por el hasta Mari, como punto intermedio hacia el valle medio del Éufrates. Poco después tras la batalla de Kadesh entre hititas y egipcios por el dominio de la franja levantina (1286 a.C.), la ciudad quedó bajo la órbita hitita convirtiéndose en tributaria de Hattusha. Poco después de 1200 a.C- fue destruída, cuando las incursiones de los “Pueblos del Mar” llegaron   hasta la costa siria, coincidiendo con la crisis generalizada en el Mediterráneo oriental. El final definitivo de Ugarit se atribuye a un jefe libio llamado Sheshou, que hacia 935 se apodera de la ciudad, pasando a ser fenicia, (con la infraestructura portuaria intacta), posteriormente  griega y, por fin, romana.


Byblos Ciudad Estado de las costas Libanesas

En la costa libanesa la ciudad-estado de Byblos, con sus dos puertos comerciales, desempeñó un papel semejante, muy relacionado con Ugarit, Egipto y centros del interior, como Ebla, que también le servía de enlace con los Estados de Mesopotamia. A inicios del II milenio a.C. alcanzó un primer momento de apogeo como capital urrita, estableciendo una red de relaciones comerciales que llegaba hasta Egipto, Anatolia y Mesopotamia. A mediados del milenio estaba rodeada de un complejo de murallas y tenía dos santuarios y un gran templo consagrado a Baalat Gebal. En su barrio noble había un gran palacio con diversas dependencias y una biblioteca en la que se guardaban documentos escritos en jeroglífico de origen egipcio; sus señores se hacían enterrar en grandes hipogeos excavados en la roca con suntuosos ajuares funerarios.

En uno de sus barrios hubo una delegación de comerciantes egipcios. También se aprecia una fuerte influencia hitita, perceptible en algunos materiales arqueológicos, como el conocido sarcófago del rey Ahiram, jalonado con figuras de leones como los de Hattusha. Sus relaciones con Micenas, en el Peloponeso, también quedan reflejadas en los vasos cerámicos con asas de estribo y en los marfiles decorados al estilo micénico, así como en los hallados en la tumba del rey Ahiram, del siglo XIII a.C. Su esplendor  llega hasta la crisis de finales del milenio, cuando también es destruida por las incursiones de los “Pueblos del Mar”, como otros centros cananeos y amorreos del Levante.

Ugarit

Ebla, la ciudad de las caravanas

Algo más al interior, en los límites del desierto de Siria, la ciudad-estado de Ebla, (Tell Mardikh), alcanzó también sus momento de plenitud entre 1500 y 1350 a.C., configurándose como un gran centro de poder situado en una zona estratégica de la ruta caravanera que unía el norte de Siria con Jordania, Palestina y Mesopotamia con las costas mediterráneas. Entre sus materiales, la misión italiana que excavó el yacimiento entre 1985 y 1990 ha encontrado objetos de la Baja Mesopotamia, de los puertos mediterráneos de Ugarit , Byblos y de otros puntos de Siria e Irak, que se encuentran en los museos arqueológicos de Alepo, Damasco e Ibilch.

Un gran complejo palacial, con archivo de documentos, presidía el centro de la ciudad, que estaba rodeada de una larga muralla en todo su amplio perímetro, en el que se ha calculado una población de más de tres mil personas, dos grandes templos, dependencias de almacenamiento y puestos caravaneros para los comerciantes.


Alalakh, un puente  entre Europa y Medio Oriente

En el sureste de Turquía, en las fronteras con Siria, la ciudad de Alalakh, (Tell Atchana, llanura de Amuq), excavada por Sir Leonard Wooley  y el British Museum del Levante, situado en la intersección de dos grandes rutas comerciales de la Edad de Bronce: la que unía Oriente Medio y Europa, por un lado, y la que unía Anatolia y el Levante Mediterráneo, por otro.

En su fase de esplendor, entre 1700 y 1500 a.C., contaba con un complejo palacial, que había sido construido ya en la fase del nivel XII (2700-2350 a.C.), con los archivos y almacenes que estaba rodeada de una muralla con un acceso porticado decorado con leones esculpidos.

 El palacio  de su fase final (nivel VII), contaba con un archivo en el que había documentos escritos en cuneiforme, en los que se relatan sus relaciones con otras ciudades-estados y reinos entre ellos el de Yamkhad, (Alepo, Siria). Algunas estancias de su palacio estaban decoradas con frescos de estilo semejante a los del palacio de Cnossos en Creta, aunque por lo menos un siglo anteriores a aquellos. Aunque se detecta una destrucción de la ciudad entre 1650 y 1630 a.C. atribuida a una incursión de Hatusilis I de Hattusa, la ciudad se recuperó y continuó con sus actividades hasta finales de la Edad de Bronce.

Por J.J Eiroa

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