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Cuarenta y Ocho horas en Dubai

Burj Khalifa, Dubai

Arquitectura impactante, coloridos mercados y excursiones al desierto, en una guía para descubrir este rincón de Medio Oriente.

Descomunal, intrigante, intensa, atrapante, seductora, lujosa, arquitectónicamente apabullante. Un oasis de modernidad en medio del desierto. A orillas del golfo Pérsico o Arábigo, Dubai –uno de los siete emiratos que, desde 1971, conforman Emiratos Arabes Unidos– supo colocarse en el horizonte de los viajeros como destino deseable a fuerza de construcciones y emprendimientos llamativamente desmesurados, una línea aérea de servicio impecable y varios galardones en su haber –Emirates Airline– y muchas inversiones de lujo, grandes marcas y exquisitas cadenas hoteleras que atrajeron a ricos & famosos de todo el mundo.

Si hay algo que define a este pequeño territorio que sólo se reconoce en la grandilocuencia, es que aquí, en Dubai, “nada es imposible”. Pasó de pequeña villa de pescadores a vibrante ciudad en crecimiento constante.

La visión y la determinación de los últimos jeques de la dinastía Al Maktoum –Rashid, luego su hijo Maktum y, el actual jeque de Dubai, su otro hijo Mohammed, quien también es vicepresidente y primer ministro de los Emiratos– ha sido decisiva. Sabiendo que el petróleo traería mucho dinero, pero que en algún momento se acabará, decidieron apostar al turismo y las finanzas como fuentes de ingresos.

El puntapié inicial estuvo dado, en gran parte, con la inauguración del Burj Al Arab, ese hotel que parece una vela en donde todos quieren pasar, aunque sea, una noche (tenga en cuenta que la habitación más económica cuesta US$ 2.700).

El resto se impuso como por arte de magia: la torre más alta del mundo –el Burj Khalifa–, uno de los shoppings más grandes, el Dubai Mall –hay 75 centros comerciales–, el mercado de oro más importante, el desembarco de reconocidos chefs –Gordon Ramsay, Marco Pierre White y Heinz Beck que acaba de abrir Social by Heinz Beck en el Waldorf Astoria de Palm Jumeirah– y hasta excentricidades como un centro de esquí dentro de un centro comercial –Mall of the Emirates– y emprendimientos inmobiliarios como Palm Jumeirah –un barrio con forma de palmera que ganó terreno al mar– y The World, similar, pero con islas que imitan formas de diversos países (aunque tuvo varias idas y vueltas).

The Palm, un gran barrio de casas privadas y resorts que, como indica su nombre, tiene forma de palmera (Emirates)

Es curiosa la multiplicidad de orígenes de su población: de los dos millones y medio de habitantes, el 80 por ciento proviene de otros países (India, Pakistán, Sri Lanka, Filipinas, Egipto, Inglaterra, Irán, Jordania, entre muchos otros). Son los “expatriados”. Aprecian la posibilidad de ingresos que les ofrece Dubai, aunque saben que nunca serán ciudadanos. Sus hijos, aunque nazcan en los Emiratos, tampoco. Muchos de ellos, incluso, trabajan aquí pero tienen a su familia en su país de origen.

Dubai ofrece cada vez más atractivos que lo convierten en un destino en sí mismo –playas, compras, un paisaje desértico para explorar, acuarios gigantes, parques acuáticos, discotecas, excelente infraestructura hotelera, muy buenos restaurantes–, pero es también la escala perfecta para quienes viajan desde Buenos Aires rumbo a otros destinos asiáticos. Desde el Creek, el famoso canal o cala natural que divide a la ciudad en dos, hasta los vertiginosos paisajes que regala el Burj Khalifa, la cultura emiratí y la soledad abismal del desierto, sugerimos aquí algunas propuestas para disfrutar este lugar en dos días. Y dejarse asombrar.

PRIMER DÍA

En Dubai la actividad comienza temprano. Es que al mediodía, el sol y el calor arrecian. Aunque la modernidad se impone y hay un estado de construcción constante, Dubai también tiene un pasado de pequeñas casas, pequeñas comunidades de pescadores, de torres de viento –algo así como los antepasados del aire acondicionado–, de buscadores de perlas y comerciantes marítimos.

En Al Bastakiya, zona restaurada, se pueden ver y recorrer calles estrechas y casas antiguas con patios en donde hoy funcionan galerías, museos, cafés y restaurantes. Hay unas 50 casas originales. También está la mezquita de Bastakiya –no está abierta a las visitas– y hasta se puede ver una parte de la antigua muralla de Dubai, que data de 1822.

Más cerca de la boca del canal, Shindagha también propone un recorrido por la historia ya que es el punto de inicio y posterior crecimiento de Dubai. Allí puede visitarse la casa del Sheikh Saeed Al Maktoum, de 1896 y con una interesante colección de fotos.

9.30 Museo de Dubai

​Construido en 1787, el fuerte Al Fahidi alberga el Dubai Museum (Museo de Dubai) desde 1971. Es una interesante muestra de la vida cotidiana en estas tierras antes del descubrimiento del petróleo. Hay antiguas barcas, objetos en exhibición con explicaciones en árabe e inglés y se destacan la recreaciones de escenas del Creek, casas árabes tradicionales, mezquitas, mercados, la vida en el desierto y la vida de los buscadores de perlas.

Las exposiciones dan cuenta de la evolución de Dubai en los últimos años: en 1912 se creó la primera escuela; en 1951, el primer hospital, en 1960, el aeropuerto, en 1966 se descubrió el petróleo, en 1997 se estableció el turismo como fuente de ingreso. También tienen su lugar los proyectos futuros. La entrada cuesta 3 dirhams (casi un dólar) y funciona de 8.30 a 20.30 (los viernes, a partir de las 14.30).

11.30 En los mercados

Busque una estación de cruce, súbase a un abra –barcazas con capacidad para hasta 20 personas– y atraviese el canal. También puede hacer un paseo a bordo, previo arreglo con el conductor, pero por ahora, cruce. Sólo hay que seguir el bullicio y los aromas para dar con al Mercado de las Especias, básicamente controlado por los iraníes (de allí provienen muchos productos).

Los grandes bolsones coloridos sobre la calle y los pasillos muestran canela, anís, pimienta negra, lima, sal, azufre, pimienta blanca, azafrán, chile, cúrcuma, ajo seco. En la tienda de Abdul Jalil me dejan probar unos pedacitos de chocolate de colores. Asegura que tiene el mejor puesto y que aquí se consiguen, además de las especias que están a la vista, otros productos como viagra natural, un aceite de Argán para el cuidado del pelo y de la piel y también un aceite de hormiga para depilarse. Y un montón de objetos ideales para turistas que no compran especias, pero sí souvenires. Como en todo mercado hay que regatear (podrá obtener hasta un 20 o 30 por ciento de descuento sobre la tarifa inicial).

Junto al puesto de Abdul hay un local que prepara jugos naturales. Si tiene sed, este es el momento (5 dirhams los pequeños, 10 los más grandes).

Mercado de Especias, Dubai

Tras detenerse a revisar pashminas, zapatitos en punta como los de los cuentos de Aladino, alfombras y promesas de “los mejores productos de Dubai”, desembocará en el gran Zoco del Oro, una suerte de galería semicubierta, con aire acondicionado, que concentra más de 300 tiendas –en todo Dubai hay cerca de 700 joyerías– que venden anillos, pulseras, colgantes y hasta lingotes de oro.

Mercado del Oro en Dubai ©AP Photo/Kamran Jebreili

Aunque no tenga pensado comprar joyas, tiene que conocer este lugar. Me detengo en una vidriera y un hombre, desde adentro, levanta un cartel que tienta con un 70 por ciento de descuento. En otro negocio, la gente se agolpa para tomar fotos del Najmat Taiba, el anillo de oro más pesado del mundo que tiene 5,71 kilos de piedras preciosas engarzadas. Un récord Guinness. En algunos pasillos laterales hay tiendas que ofrecen productos de plata.

Al salir, dése una vuelta por los negocios que venden perfumes. El fuerte son las fragancias árabes, bien potentes, pero también tienen las marcas famosas presentes en todo Duty Free Shop.

14.00 Almuerzo frente al mar

No es una buena hora para exponerse al sol, pero si se acerca a la playa Jumeirah Beach verá mucha gente disfrutando del mar. Claro, aquí es otoño y las temperaturas son más agradables como para permitirse estar en la playa. En verano, el calor es abrumador. La propuesta es darse una vuelta y almorzar en The Walk o The Beach, complejos de negocios, bares, heladerías y restaurantes a orillas del mar. Hay de todo, desde hamburgueserías y heladerías, hasta restaurantes especializados en comida étnica.​

16.00 Del té de lujo al esquí

Si almorzó recién y de manera abundante, quizá aún no esté listo para esta propuesta… pero es una de las posibilidades para conocer el hotel Burj Al Arab. El hotel 5 estrellas tiene el ingreso restringido: sólo pueden entrar los huéspedes o quienes tengan reserva para comer o tomar el té. Por US$ 170 (más US$ 30 si quiere una mesa junto a la ventana) se puede tomar el té en el Sky View Bar, en el piso 27. Las infusiones o el café se sirven acompañados de canapés de caviar, salmón, palta, tarteletas, frutos rojos con crema y tortas. Y se paga de manera anticipada para confirmar la reserva.​

Burj Al Arab Hotel en Dubai

El hotel es excéntrico y lujoso, pero si quiere ver con sus propios ojos algo más increíble aún, acérquese al Mall of the Emirates. Sí, es un centro comercial; no, no lo estoy mandando de compras. La sugerencia viene a cuento de que allí, dentro del shopping, hay un complejo de esquí: una ladera cubierta de nieve, aerosillas, gente envuelta en abrigadas camperas que calza esquís y tablas de snowboard y gomones para hacer culipatín. En el medio del desierto, esquiar sobre nieve ¡también es posible!

19.30 Cena en el Creek

Para terminar un día apasionante, una buena alternativa es recorrer el Creek a bordo de uno de los tantos barcos (dhows) con cena a bordo (no todos tienen el mismo horario). Los precios varían, esencialmente, en función de la comida que ofrecen. Pero todos regalan bonitas vistas nocturnas de la ciudad. Incluso los mismos barcos tienen luminarias que recorren su perímetro. Así, el canal también atrae con estas embarcaciones que, suavemente, vienen y van, coloreando la noche.​

SEGUNDO DÍA​

10.00 En la mezquita​

Quienes están interesados en acercarse a la cultura emiratí e islámica, la mezquita Jumeirah ofrece una visita guiada todos los días a las 10 de la mañana, excepto los viernes. Hay que llegar unos minutos antes para registrarse y abonar la visita (US$ 5,50). Se trata de una charla de 75 minutos sobre los pilares de esta religión, los rezos, la indumentaria, las creencias… incluyendo un espacio en el que se contestan inquietudes. Para ingresar, se requiere que las mujeres cubran su cabeza (si no tiene un pañuelo a mano, le ofrecerán uno) y los hombres no pueden entrar con bermudas o shorts, así que también podrán utilizar kanduras (vestimenta tradicional) que tienen a disposición y cubren todo el cuerpo. El calzado debe quedar afuera. La charla es en inglés.​

Mezquita Jumeirah en Dubai

Si este no es plan para su mañana, un paseo en lancha (no por el Creek sino por mar abierto) para ver la ciudad desde el agua es una alternativa divertida. Parten desde Dubai Marina. Un paseo de 75 minutos cuesta US$ 56; de 90 minutos, US$ 79. Los precios y los recorridos varían según la empresa. Si contrata el paseo en una lancha descubierta, no olvide llevar gorro y abundante protector solar.

12.00 Desde las alturas

Como una aguja que busca alcanzar el cielo, el Burj Khalifa, con sus 828 metros, el edificio más alto del mundo, es una visita ineludible, a menos que sufra de vértigo. Parte del complejo del Dubai Mall, el Burj Khalifa ofrece vistas panorámicas de la ciudad y la experiencia de estar en una leyenda arquitectónica. Hay distintas opciones para la observación: el piso 124, por un lado, y la experiencia premium que combina observaciones desde el piso 125 (456 metros) y el 148 (555 metros), recientemente inaugurado. Los tickets suelen agotarse rápidamente. Se recomienda comprarlos con anticipación. La hora más solicitada es la del atardecer.​

Ya con los pies en la tierra, es tiempo de ver de cerca la Fuente de Dubai y de recorrer el Dubai Mall, interesante por su tamaño, por las tiendas, por el Aquarium y Underwater Zoo y por The Waterfall, caída de agua circular, que atraviesa varios pisos y tiene esculturas de hombres tirándose de cabeza.

El Burj Khalifa, Dubai

15.30 Rumbo al desierto

El desierto, las dunas, los orix, las gacelas. A fin de cuentas, el desierto es el paisaje natural de esta región y no conocerlo, no sentir la inmensidad del terreno, sería minimizarlo. Varias empresas ofrecen safaris en una zona cercana al centro de la ciudad. La compañía Arabian Adventures trabaja con zonas exclusivas, en este caso con la Dubai Desert Conservation Reserve, más alejada. Allí se llega en vehículos 4×4. La primera propuesta es disfrutar de un espectáculo en el que muestran cómo los halcones –ave de rol preponderante en la cultura de Medio Oriente– ayudaban a los beduinos con la caza.

Al Maha Resort & Spa de Dubai, un hotel de lujo en medio del desierto.

Luego, la diversión comienza: las camionetas, con menos presión en las gomas, surcan las dunas –siempre por rutas preestablecidas, se trata de una reserva– a modo de montaña rusa. La parada es para ver la puesta del sol, imperdible, en un horizonte de arena. Luego se puede cenar en una suerte de campamento beduino con todas las comodidades. Dátiles y café para la recepción, comida buffet que se disfruta en mesas bajas y almohadones, tatuajes de henna a disposición, breves paseos en camello, shisha (arguile) para fumar tabaco, un puesto de Al nassma, que vende chocolates hechos a base de leche de camello y, para el final, los seductores movimientos de una odalisca.

Paseos en camello por el desierto (Emiratos)

Con la noche, la oscuridad en el desierto es total. La 4×4 desanda la ruta. Allí, a lo lejos, nos esperan las luces de Dubai, ese oasis urbano, de vanguardia, que desafía al desierto y sorprende constantemente a los visitantes.​

Por Grisel Isaac
Con información de Clarín

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Los dos entierros del señor Balfour

El político británico Lord Arthur Balfour señala una característica de la Iglesia del Santo Sepulcro al gobernador Sir Ronald Storrs durante una visita a Jerusalén, abril de 1925 [Getty]

El cristiano sionista frente al judío antisionista

Hace cien años hubo un político británico racista, obsesivo e imbuido de una mística cristiana por la que se creía representante de designios divinos. Se llamaba Arthur James Balfour. Era el paradigma del hombre blanco británico colonial fabricado en la matriz evangélica e imperialista de la era Victoriana. Como primer ministro en 1905 promulgó una ley de extranjería prohibiendo la entrada en Gran Bretaña de los judíos que huían de pogromos (masacres) en la Rusia zarista. Años después, en 1917, como Ministro de Asuntos Exteriores, hizo que el gobierno británico prometiera entregar un trozo de tierra, Palestina, al minúsculo movimiento sionista internacional de entonces (Weizmann, Rothschild) sin preguntar su opinión a los nativos de esa tierra.

Es la Declaración Balfour que cumple este año su centenario, una inmoral e ilegítima decisión, desencadenante del genocidio y limpieza étnica del pueblo palestino a manos de extranjeros que invadieron su tierra empujados por el Imperio Británico. Cuatro millones de judíos habían abandonado Europa desde 1880 hasta Balfour, mayoritariamente al continente americano, y sólo 100.000 judíos europeos emigraron a Palestina siguiendo la llamada del sionismo. La idea mayoritaria era que, como judíos, nada se les había perdido en Palestina como para ir a vivir allí. Lo mismo que piensan los miles de millones de cristianos del mundo.

Así que se debía invertir esa tendencia, y como dijo el propio Balfour: “el sionismo, equivocado o acertado, bueno o malo, es más importante que los deseos o prejuicios de los 700.000 habitantes árabes que viven en esa tierra”. Nada diferente a la tradición colonial de Europa, que llevaba 500 años disponiendo de tierras y nativos a su criminal capricho. Lo único novedoso es que esta aberración ocurrió en ese siglo XX de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Las razones para apropiarse de Palestina eran imperialistas, económicas, racistas y simbólicas-bíblicas. Entre ellas, controlar el Canal de Suez y la ruta a la India, poseer una vía de salida al Mediterráneo para el petróleo descubierto en lo que hoy es Iraq, y que otros (los palestinos) pagasen la factura de la irresuelta intolerancia y xenofobia occidental contra nuestros compatriotas judíos europeos, mostrándoles la puerta de salida del continente en lugar de asumir valores inclusivos con este grupo social/religioso.

La mitología bíblica se encargará de encubrir todos esos factores con un “renacimiento de Israel”. Israel, el sujeto; los palestinos, los objetos.

Así pues, tenemos en Balfour al prototipo de hombre cristiano, racista, antijudío, pero sionista. Muy parecido a lo que son EEUU o la UE hoy en día con sus leyes rechazando a refugiados y a la vez actuando de metrópolis coloniales del enclave israelí.

Ser antisemita (utilizaré este término como símil equivocado de antijudío) y ser sionista (defensor de Israel como estado colonial de extranjeros que buscan reemplazar a la población nativa), son dos características casi siempre ligadas en estos cien años, tal como vaticinó en su diario el fundador del sionismo Theodor Herzl “los antisemitas serán nuestros amigos más confiables, y los países antisemitas nuestros aliados”.

Y frente a Balfour, sentado en el mismo Consejo de Ministros, otro miembro del gabinete se opuso enérgicamente a ese destino para Palestina. Era el único judío, era antisionista, y además Secretario de Estado para la India: Edwin Samuel Montagu. Era lo más parecido a un progresista actual, contrario a las matanzas británicas en la India y partidario de entenderse con Gandhi. A la postre estas posiciones le valieron su marginación de la política. Respecto a Palestina, firmó un Memorándum (del que también se cumplen cien años) denunciando el antisemitismo del gobierno británico y la tragedia que provocaría el plan sionista de ocupación colonial de Palestina.

En su brillante y lúcido texto que, cien años después, sigue hoy atronando, advirtió de que “no existe un pueblo judío; nada tienen que ver un judío francés o un judío moro, salvo la religión, como tampoco son de la misma nación un cristiano francés y un cristiano británico (…) quizá se busca que la ciudadanía se obtenga ahora por medio de un intolerante test religioso”, “Palestina ha tenido un papel importante en la historia judía, pero aún mayor en la cristiana y musulmana. A partir de ahora todos los países expulsarán a sus ciudadanos judíos, y al apropiarse de Palestina, ellos expulsarán a sus habitantes actuales palestinos”.

Sostener el artefacto israelí profundiza el fracaso democrático europeo

Puede parecer extraño que Montagu, judío, tuviera que ser el que denunciara la “dañina ideología sionista”, pero tal como llevan repitiendo muchos intelectuales judíos o rabinos antisionistas, “la mayoría de los sionistas del mundo no son judíos, sino cristianos evangélicos”. Un ejemplo reciente es el de la primera ministra británica Theresa May, que se confiesa cristiana anglicana, y sionista, y hace unas semanas declaraba que en este año del centenario “los británicos deben enorgullecerse de Balfour y su legado”.

Por el contrario, otras británicas combaten y combatieron el sionismo, como la misionera cristiana Frances Emily Newton, que se enfrentó a Balfour cuando éste visitó Palestina en 1925, donde ella vivió 50 años. Acusó al gobierno británico, a la Sociedad de Naciones y al Gobernador británico de Palestina de privilegiar injustamente a la minoría judía recién llegada frente a los palestinos, y denunció la represión brutal inglesa a las protestas. Cuando murió, desde Londres quisieron despreciarla diciendo que “en apariencia era una mujer británica pero con mentalidad palestina”.

Theresa May elige la huida hacia adelante saltando por encima de los cadáveres y refugiados palestinos. Aún peor, los humilla. Hace unos meses, una ONG Palestina realizó una petición oficial al Gobierno Británico para que Londres pidiera disculpas por Balfour y sus efectos catastróficos. La respuesta de Theresa May fue humillante, arrogante y respaldando incondicionalmente a Israel en sus acciones fuera de la ley. Añadió su profundo orgullo en crear un estado basado en la religión y un “hogar seguro” para los judíos por las persecuciones que sufrieron en Europa. En su respuesta va implícito el fracaso de las supuestas ideas democráticas europeas inclusivas y el fracaso de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. ¿Habría que crear un estado cristiano para que los miles de millones de cristianos del planeta huyan a vivir a Belén o Nazaret como predican opinólogos indocumentados europeos en los medios?

En este año del centenario de la Declaración Balfour y sus criminales consecuencias, no hay ningún recuerdo para Montagu o Emily Newton. Y menos aún, ningún recuerdo ni petición de perdón a los palestinos. Cualquier reflexión autocrítica sobre Balfour resquebrajaría la legitimidad del Estado de Israel. Los imperios coloniales, incluida España, han preferido justificar sus crímenes mediante su superioridad moral frente a los bárbaros, en lugar de reconocer y pedir disculpas por sus actos.

El primer entierro del señor Balfour y los aniversarios de su herencia: 100, 70, 50, 10

Balfour tuvo su primer entierro al morir en 1930 y no llegó a ver la totalidad de la catástrofe humana y geopolítica que impulsó. A pesar de su muerte, dejó un legado cómplice de aumentar la intolerancia europea y la dominación a pueblos del mundo a los que se negó la voz y la autodeterminación.

Esa herencia se expresó durante el represor mandato británico sobre Palestina con miles de encarcelamientos, muertos y ejecutados, para poder cumplir la voluntad de Balfour de entregar la tierra a los extranjeros. Su legado continuó en la ilegítima partición de Palestina en 1947 por la recién nacida ONU (50 países, muchos semicoloniales). De nuevo la ilegalidad de silenciar a los habitantes de la tierra e impedirles decidir su destino, entregando el 50% de la tierra a los recién llegados que sólo eran un 30% de la población en Palestina. De esa Resolución de la ONU también estamos en su 70 aniversario. Al año siguiente se aprobó la Declaración Universal de Derechos Humanos. Aprobar una cosa y la contraria en apenas doce meses. Por cierto, los españoles y portugueses sabemos mucho de utilizar a una autoridad mundial para repartirnos el mundo de forma aberrante sin preguntar a los nativos: el Papa Alejandro VI y el Tratado de Tordesillas.

La herencia de Balfour prosiguió entre 1947 y 1949 con la limpieza étnica por los israelíes expulsando a 800.000 palestinos de su tierra y asesinando a miles, continuó con la expulsión de 1 millón de judíos de países árabes y musulmanes como presagió Montagu, y continúa hasta hoy con más apropiación de tierra por Israel, más desposesión, más expulsiones y más masacres de palestinos. 50 años de la ocupación del resto de territorios palestinos y los Altos del Golán. Hoy en los territorios ocupados, los palestinos viven en guetos urbanos y rurales desconectados por centenares de checkpoints, y en Gaza en el mayor campo de concentración del mundo del que se cumplen también 10 años de su bloqueo inhumano. Fuera y dentro de Palestina, sobre un total de 12 millones, 8 millones de palestinos viven como refugiados o desplazados internos (350.000 israelíes-palestinos dentro de Israel) a escasos kilómetros de la que era su casa, con o sin estatus y atención legal.

Todos estos aniversarios de la genética colonizadora del artefacto Israelí: 100, 70, 50, 10, han sido encubiertos por la eterna y falsa charlatanería de mesas de negociación, “procesos de paz” y “solución de dos estados”. Tras el telón de esta farsa de escenario se esconde la mayor cantidad de legislación internacional incumplida impunemente por ningún otro estado en el planeta. Cada aniversario ha ido profundizando el cambio de terminología para abordar la situación de Palestina en los medios occidentales: “guerra de Gaza” en lugar de masacre a población civil encerrada, “terrorista” para negar el legítimo derecho a la resistencia frente a un invasor.

El propio concepto indebido de “antisemita” también ha sido manipulado: hace 80 años era muy “antisemita” decirle a la alemana Ana Frank que no debía vivir en Frankfurt y tenía que ser expatriada a Jerusalén. Hoy, por el contrario, los sionistas y los grandes medios de comunicación nos llaman “antisemitas” a quienes rechazamos que deba existir un estado para y por las personas de religión judía, construido sobre la colonización de la población nativa y la impunidad de incumplir toda la legalidad internacional.

El segundo entierro del señor Balfour, en el horizonte aunque sin fecha

Y sin embargo, el señor Balfour tendrá un segundo entierro. Será enterrada su ideología y será enterrada la construcción estatal sionista. El experimento de ingeniería social que representó el nacimiento de Israel, y el laboratorio de represión y control social en que se ha convertido, tendrán un final.

Por supuesto, como dice el periodista y ex-preso político palestino Mussaab Bashir, “no se trata de solucionar la catástrofe palestina creando un desastre para los judíos. Significa que tenemos que pensar en un futuro común, en un nuevo pacto social sobre esta tierra, en un país que tenga una nueva Constitución, una nueva bandera y dos idiomas oficiales, el árabe y el hebreo”. Se trata de construir un estado democrático para todos los habitantes desde el río Jordán hasta el Mediterráneo.

Y ese horizonte llegará. Aún no tenemos fecha para él y el camino seguirá anegado de sangre palestina. Pero en términos históricos ningún estado colonial ha podido perpetuarse. No hace falta remontarse a los estados cruzados medievales, tenemos Sudáfrica muy próxima. En términos demográficos tampoco tiene futuro ese modelo de estado. Un 22% de la población actual de Israel es palestina (casi dos millones), israelís-palestinos de aquellos 100.000 nativos que consiguieron resistir a la expulsión de 1948. Las previsiones son que en unas décadas llegarán a ser el 30%-40% de la población de Israel y eso aterroriza a Tel-Aviv, que ya está ideando cómo profundizar su Apartheid interno (también hay judíos de segunda y tercera clase en Israel), advirtiendo de que los israelopalestinos “deberán irse, quedarse como extranjeros o enfrentarse al ejército israelí”.

El motor para aproximar ese horizonte histórico y demográfico serán las estrategias y decisiones políticas.

En occidente no tenemos ni idea de lo difícil que es para un pueblo establecer unas estrategias de resistencia a más de un siglo de perspectiva, y sus fluctuaciones entre éxitos-fracasos. Desde los tiempos de la lucha armada abierta, a las terribles concesiones palestinas de los Acuerdos de Oslo, pasando por la actual huelga de hambre de 1.600 presos y presas políticas palestinas silenciada en Europa, y en los últimos años la creciente llamada de Boicot a Israel, que por supuesto no es antijudía como tampoco era “anti-hombre blanco” el Boicot a Sudáfrica del Apartheid. Igual que la demografía aterroriza, también las estrategias políticas exitosas palestinas llevan a Israel a la histeria. Y esto es así con el incremento del boicot internacional, al que intentan combatir destinando todo un Ministerio y multiplicando por veinte los recursos, esfuerzos, y su represión, pero de forma fallida como Tel Aviv reconoce en informes internos.

Así que el horizonte del segundo entierro de Balfour se aproxima aunque nos pueda parecer lo contrario. Hay momentos históricos en los que se acerca más rápido y otros más despacio, según la gasolina de las circunstancias y estrategias políticas, pero el motor del avance palestino a la paz con justicia es la resistencia. Existir es resistir, y la resistencia proporciona un avance unidireccional hacia ese día en que el sionismo saldará su deuda a Montagu, a Emily Newton y, sobre todo, al pueblo palestino, porque como dicen en Palestina, y aunque hayan pasado cien años, una deuda no prescribe si alguien con legitimidad la sigue reclamando.

Por Daniel Lobato
Activista en solidaridad con Palestina, Kurdistán y Oriente Medio.
Con información de: Infolibre

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Estos son los refugiados que Europa no quiere

Las mujeres sirias con sus hijos hablan entre ellas en el campo de refugiados de Ritsona, a unos 86 kilómetros al norte de Atenas (AP)

Cientos de miles de afganos, iraquíes, pakistaníes, nigerianos o malienses, entre otros, huyen del horror que dejan a su paso los conflictos armados y el terrorismo en busca de una nueva vida en Europa. Sin embargo, la mayoría de los miembros del bloque comunitario rechazan un gran número de peticiones de asilo procedentes de estos países. A ojos de la Unión Europea, no son refugiados ni merecen la protección internacional. Son los denegados.

Afganistán es la segunda nacionalidad en número de refugiados en el mundo, con 2,5 millones de personas

Al margen del caso de los europeos que piden asilo a los 28, como los albaneses o serbios y kosovares, los países a cuyos habitantes más deniega refugio la UE, en términos absolutos y a partir de los datos de Agencia de Naciones Unidas par los Refugiados (ACNUR) del año 2016, son Afganistán, con 41.1637 solicitudes denegadas, Irak (con 35.044), Pakistán (con 27.558) y Nigeria(con 21.427). Todos ellos, con altos niveles de inseguridad y violencia.

Afganistán es la segunda nacionalidad en número de refugiados en el mundo, con 2,5 millones de personas, después de Siria (5,5 millones), y por delante de Sudán del Sur (1,4 millones). Sus habitantes, a diferencia de los sirios, a quienes se les ha concede casi la totalidad de las solicitudes, no siempre son considerados aptos para la protección internacional.

Países Peticiones procesadas Denegadas Porcentaje de denegadas sobre el número de procesadas
Mali 12.434 7.324 58,90
Algeria 15.292 8.756 57,26
Iran 40.886 8.820 21,57
Ucrania 41.801 10.099 24,16
Macedonia 21.297 11.920 55,97
Rusia 34.739 12.810 36,87
Bangladesh 30.689 13.910 45,33
Desconocido 495.894 18.298 3,69
Nigeria 42.528 21.427 50,38
Pakistán 66.100 27.558 41,69
Irak 162.002 35.044 21,63
Afganistán 169.888 41.637 24,51
Serbia y Kosovo 71.698 43.533 60,72
Albania 66.961 46.207 69,01

A pesar de ser uno de los países con más solicitudes y de vivir un conflicto armado desde 2001, sus habitantes no cuentan con el amparo del refugio en todos los países de la Unión. En los acuerdos de reubicaciones de 2015, Bruselas dejó fuera a Afganistán del reparto ya que únicamente se tuvieron en cuenta las nacionalidades que, en el conjunto de los 28, tenían un porcentaje de protección superior al 75%. Un trato muy distinto al que recibe Siria que, además de acaparar los focos mediáticos de la crisis de refugiados, alcanzó 824.400 peticiones aceptadas a escala global en 2016.

Los criterios de aceptación de peticiones de asilo no se aplican uniformemente en todo el sistema europeo y esto, alerta la coordinadora estatal del servicio jurídico de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), Paloma Favieres, lleva a grandes desigualdades y desconciertos, “empezando por los mismos refugiados”. Además, “en Grecia hay más de 20.000 afganos en el limbo: no les dan ni protección internacional, ni los reubican, ni les deportan. Su situación es lamentable”, sentencia la experta. “En CEAR ya alertamos desde el principio de que los afganos no podían estar fuera de la reubicación”, añade.

Alemania es uno de los países que más rechaza a los afganos (aunque también de los que más acoge). La canciller Angela Merkel, que fue la abanderada de la política de acogida en los inicios de la oleada, es ahora la responsable de llevar a cabo expulsiones colectivas de miles de afganos (80.000 en el último año, según el Gobierno alemán).

La política de la líder alemana ha sido duramente criticada tanto por un centenar de ONGs dedicadas a los refugiados como por la población alemana, sobre todo después del mortífero ataque suicida con un camión bomba que el pasado 31 de mayo que dejó más de 150 víctimas e hirió a otras 463 en la zona de alta seguridad de Kabul. Berlíntuvo que aceptar la gravedad de la situación y suspender las deportaciones de forma temporal.

 Albania: 77.198
Serbia y Kosovo: 78.961
Afganistán: 331.190
Irak: 229.659
Paksitán: 92.705
Nigeria: 80.909
Desconocido: 82.508
Bangladesh: 35.208
Rusia: 50.898
Macedonia: 23.165
Ucraina: 34.992
Irán: 69.399
Algeria: 20.408
Mali: 18.829

Respecto a Mali, nacionalidad a la que España rechazó todas las solicitudes, Fervieres explica la política adoptada por el Ejecutivo español: Desde el aumento de solicitudes procedentes de este país en 2012 y 2013, España primero denegó las peticiones a las personas procedentes del sur del país porque entendía que el conflicto estaba en el norte. “Pero ahora la situación se da por normalizada y si se deniegan todas las peticiones”, añade. Entre los otros países que también han sido rechazados se cuentan Argelia, Colombia y Venezuela.

Además, en 2016 España cumplió con solo el 8% del compromiso de reubicación y reasentamiento, cuyo fin de plazo termina en casi tres meses. A nivel europeo el cumplimiento asciende a un 20%. Mientras, 1.800 personas ya han perdido la vida en el mar Mediterráneo en lo que va de año, una cifra que se prevé que supere las más de 5.000 muertes del año pasado.

“Una pequeña minoría de las personas que huyen en el mundo lo hacen a algún país europeo y, sin embargo, la UE es incapaz de cumplir sus compromisos de mínimos y apenas mueve un dedo para que el Mediterráneo se convierta en una fosa común cada vez más grande”, sentenció la secretaria general de la entidad, Estrella Galán, durante la presentación del informe la semana pasada.

Por Gina Tosas
Con información de: La Vanguardia

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