Un paisaje de Jerusalén – Por Iosu Perales

Si el entorno de la Puerta Dorada es un espacio de discusión, la Mezquita al-Aqsa, cuya pared oeste, por el exterior, es nada más y nada menos que el Muro de las Lamentaciones, es uno de los escenarios más sangrientos del conflicto palestino-israelí. Para los judíos, el lugar ocupado por la Mezquita y la explanada que la alberga, edificada tras la muerte del Profeta en el año 632, es exactamente el sitio donde Salomón (965-928 a.c.) construyó el Primer Templo que sería destruido por el conquistador Nabucodonosor tras la caída de Jerusalén en el 586 a.c. Más tarde Herodes el Grande (37-4 a.c.) edificó el Segundo Templo que los romanos derribaron el año 66 de nuestra era, tras una revuelta judía.





Ahora, en pleno siglo XXI, los Fieles del Tercer Templo encabezan una campaña cuyo fin es reconquistar la totalidad del Monte Moriah 4 que es la colina sobre la que se levanta la Mezquita al-Aqsa. Esta colina, en el período bizantino (324-640) era un basurero. Tras la muerte del Profeta, el Califa Umar Ibn al-Jattab ordenó limpiar el área encontrándose con la imponente Sagrada Roca. Los fieles musulmanes lloraron de alegría y cuando se les secaron las lágrimas iniciaron la construcción de la primera mezquita en el Monte Moriah. Más tarde se construirían los recintos de la Sagrada Roca y de al-Aqsa, de ahí la denominación «Explanada de las Mezquitas». En un área reducida, donde creencias y pasiones chocan con violencia extrema, se juega el futuro del conflicto palestino-israelí.

De modo que cuando el 28 de septiembre de 2000, Ariel Sharon, protegido por cientos de policías irrumpió en la Explanada de las Mezquitas para reivindicar la soberanía israelí sobre el lugar sabía perfectamente que ese gesto desencadenaría una respuesta popular palestina: una Intifada. 5 Su presencia no fue sino una provocación calculada: inició una partida de ajedrez, siguiendo las normas más elementales de la Teoría de los Juegos que consiste en hacer un movimiento calculando con precisión que otros movimientos harán los adversarios. Su propósito era romper con lo que quedaba del ya frágil proceso de paz acordado en la ciudad noruega de Oslo y conducir el conflicto al borde del precipicio.

Sharon nunca creyó en los acuerdos de Oslo, a pesar de que dichos acuerdos eran favorables a las tesis israelíes. Veía en ellos la lógica implícita de un estado palestino que antes o después debería ser motivo de negociación y prefirió dinamitar el proceso de paz en un momento en el que éste estaba ya bastante desacreditado entre el pueblo palestino. Para lograrlo, violentar la Explanada de las Mezquitas era el método más seguro. Por algo ha sido escenario de matanzas.

Desde junio de 1967 la Explanada de las Mezquitas está sometida a un férreo control israelí. En los recintos de las dos mezquitas dicen que hay guardianes palestinos desarmados, pero como mis tres intentos de acceder a la explanada han cosechado otros tantos fracasos no he podido comprobarlo. Los fieles musulmanes entran y salen por las dos puertas del lado norte que dan a la calle Nuestra Señora de María, siendo los viernes el día en que una multitud llega de los barrios de Jerusalén Este, para orar y para fortalecer su resistencia al ocupante. Sin embargo fue un domingo de abril de 1982 cuando un judío llegado de Estados Unidos, Alan Goodman, entró por la puerta de al-Ghawanima armado con un M-16 y comenzó a disparar sobre los fieles musulmanes. En lugar de neutralizar al asesino, soldados israelíes se sumaron a la matanza disparando desde azoteas y desde el Monte de los Olivos.

Los muecines, desde la megafonía de al-Aqsa llamaron a la población palestina de la ciudad vieja para que acudieran a defender el sagrado lugar. Musulmanes y cristianos palestinos cerraron sus tiendas, abandonaron sus empleos y sus compras y corrieron hacia la Explanada de las Mezquitas donde fueron recibidos a balazos por el ejército israelí que ya había tomado posiciones. Doce muertos y cien heridos palestinos fue el saldo de unos hechos que dieron origen a manifestaciones populares masivas en los Territorios Ocupados. A partir de esa fecha los asaltos armados protagonizados por judíos ultraortodoxos se han sucedido, siendo de destacar el intento de voladura de las dos mezquitas que ocupan la explanada por un grupo de unos cuarenta israelíes que intentaron penetrar en el recinto a través de túneles subterráneos. Fue el 11 de marzo de 1983. Los jueces absolvieron a los asaltantes.

La ocupación de Jerusalén en junio de 1967 dio lugar a que el parlamento israelí, el Knesset, aprobara una Ley de Protección de los Santos Lugares que hace del gobierno el guardián arbitrario de los mismos. La ley consumó la apropiación del Muro de las Lamentaciones para los judíos. Cuentan los historiadores que en la mañana del 7 de junio los soldados judíos, precedidos de tanques que entraron en la ciudad vieja por la Puerta de San Esteban, se precipitaron a la conquista del muro empujados por la espera de dos mil años.





Durante años, arqueólogos y militares han buscado con ahínco restos del Segundo Templo. El resultado es igual a cero. ¿Qué decir del Arca de la Alianza, el gran tesoro protegido por Salomón? 6 Hoy día es un buen argumento para el cine de aventuras. Pero los Fieles del Tercer Templo no se rinden. Seguirán asaltando la Explanada de las Mezquitas.

Sin duda, desde lo alto del Monte de los Olivos, la vista de la vieja ciudad desvela que es más que un lugar.

Por Iosu Perales

Notas

4 Los judíos también denominan este lugar Monte del Templo, precisamente en referencia a la antigua presencia de los templos de Salomón y Herodes.

5 Levantamiento popular en lengua árabe.

6 El Arca de la Alianza, de un metro veinte por setenta centímetros, es considerada el envase de las Tablas de la Ley que recibió Moisés en el monte Sinaí.

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