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Los naipes y su origen Árabe

Cartas Mamelucas

Los juegos de naipes llegaron a Europa procedentes desde Oriente, pero no como un objeto tangible, sino en forma de descripción en los relatos y textos de distintos viajeros. De este modo se expandió por Europa la idea de los naipes, que generó posteriormente los diversos modelos de barajas.

Los persas remontan su invención anterior a los tiempos bíblicos y los árabes usaban la baraja o naib, como la nombraban, en el siglo XIII.

Naipes Mamelucos

Forman parte del acervo del museo Topkapi Sarayi, en Estambul, un conjunto de cartas de juego. Son cartas de grandes dimensiones, (25,5 x 9,5 cm), pintadas a mano, con detalles en oro. Hay indicios que habría sido un regalo del gobernador mameluco de Egipto al sultán Otomano, a mediados del siglo XV.

Al estudiar estas cartas en 1938, L. A. Meyer, un importante investigador de influencia árabe en Europa, ha concluido que el modelo podría haber sido el precursor de las barajas europeas. Aunque sin las tradicionales cartas figurativas, (reyes, reinas, caballeros y sotas, comunes en las barajas más antiguas de la región), la semejanza estructural y de los símbolos que identifican a los naipes es notable.

La inexistencia de las figuras se relaciona con la tradición árabe de evitar la representación figurativa de las personas, explicada por algunos como una prohibición formal de base religiosa y por otros, simplemente, por ser considerada de mal gusto estético. Pero, en su baraja, identificaba cartas que representaban a reyes, virreyes de primera y virreyes de segunda; exactamente tres ‘figuras reales’, como en la mayoría de las barajas europeas. Constaba de 52 cartas, como también se encuentran en muchos tipos de barajas, especialmente en la versión más popular de las barajas modernas.

El descubrimiento de otras cartas con dimensiones menores y presentaciones menos lujosas que las encontradas en el museo Topkapi Sarayi, probablemente producidas en el siglo XII, ha mostrado evidencias consistentes de que nuestras barajas actuales fueron, casi seguramente, originarias de este juego mameluco. Estudios y análisis realizados en la década de 1970, principalmente por miembros de la International Playing Card Society, (IPCS, Sociedad internacional de juegos de cartas), como el Prof. Sir Michael Dummett, de la Universidad de Oxford, consolidaron la versión del origen mameluco de la baraja europea.


Cartas de una baraja turca del siglo XV

Legado Árabe

Afirmar que los naipes llegaron de Oriente es sólo una primera y poco específica aproximación a su origen, ya que esta evidencia sólo sirve como indicación de que no son una creación europea pero no definía su origen exacto. A finales del siglo XIV, principios del XV, Oriente comprendía el norte de África, el sur de la Península Ibérica ocupado por los árabes, el este europeo y los países asiáticos comprendidos entre los mares Mediterráneo y Rojo y el golfo Pérsico.

Giovanni di Covelluzzo, en las Crónicas de Viterbo dice: “En el año 1379, ha llegado un juego de cartas a Viterbo proveniente del país de los sarracenos, denominado naib”. También se encontraron referencia y barajas de origen árabe, con características semejantes en la península Ibérica. No es coincidencia que Italia y España fueran los principales puntos de contacto entre los mamelucos y europeos, durante el siglo XIV. Es por esta razón que las ‘barajas’ en España se denominan naipes.

Los naipes o cartas para jugar se han atribuido asimismo, a Marco Polo, quien los habría traído de China, pero parece que Marco Polo no llegó a China y que todas las historias que de allí contó las había oído en Oriente Medio. Otras teorías atribuyen la expansión de las cartas en Occidente a las Cruzadas, e incluso, durante mucho tiempo circularon historias atribuyendo la invención de las cartas a ciertos personajes, (Vilhán, Nicolás Papin…), que en muchos casos resultaron ficticios.

Lo cierto es que fue en Oriente Medio donde se encontraron las primeras barajas de 52 naipes, pintadas a mano y con los cuatro palos que han llegado nuestros días.

Los naipes españoles

La historia deja clara constancia de que en 1331 esta forma de entretenimiento gozaba de cierto arraigo en España, ya que justamente ese año, Alfonso XI prohibió a los caballeros de la Orden de la Banda por él fundada que interviniesen en partidas de naipes, quienes pasarán su tiempo libre en el “nefasto juego”.

Una de las referencias escritas más antigua que se dispone data de 1371 y se encuentra en el “Diccionario de la Rima” del poeta catalán Jaume March, en el que por primera vez aparece la palabra “naip”. Se cree que lo trajeron los árabes o Mamelucos, pero como era difícil de entender los símbolos árabes, los sustituyeron por otros de la tradición popular.

En el museo Británico de Londres existe un manuscrito de 1377, de un monje alemán, mencionando el juego de las cartas para enseñar y educar.

En Italia, una crónica de Viterbo del año 1379 trata del “Gioco della Carta”. En Francia, se hace referencia al juego de los naipes en un manuscrito de 1381 de la Notaría de Laurent Aycardi de la ciudad de Marsella.

En el Archivo Histórico de ciudad de Barcelona se recogen unas Ordenanzas publicadas en 1382, donde se prohibía el empleo de los juegos de azar, entre ellos estaban los naipes, y fueron leídas por el pregonero en las calles y plazas barcelonesas; “no gos jugar a nengun joch de daus, ni de taules, ni de naips..”.

Por último en 1384, el Consejo General de la ciudad del Turia, en Valencia, dispuso la prohibición de un novel joch apellat dels naips.

En 1387, Juan I prohibió por precepto la práctica de los juegos de cartas. En 1397, el Preboste de París, Francia, publicó una orden prohibiendo el uso de la baraja.

En 1543, se acuerda que nadie pueda entrar naipes en España para dar, un año más tarde, la exclusiva de las ventas al banquero de Medina e imponer, en el siglo XVII, el impuesto conocido como “renta de naipes”.


Primera baraja española, Sevilla 1390

Fabricación de los naipes

En un principio, las barajas no estaban al alcance de todos. Comerciantes, burgueses y nobleza eran los únicos que podían pagar a un miniaturista para que en las piezas, normalmente de madera, dejara impresas alusiones a oficios, naturaleza, orfebrería o trajes propios de sus países y de la época.

Primero los naipes se realizaban totalmente a mano por artistas llamados pintores naiperos, más tarde, en pleno siglo XV se industrializa su fabricación mediante la impresión xilográfica, dicha técnica consiste en imprimir mediante moldes de madera de boj o peral, grabados en alto relieve. Los colores se aplicaban por dos procedimientos: MORISCA o TREPAS.

El pintado a la MORISCA se realizaba sin pincel, es decir con los dedos, consistía en dar unos toques de color sobre el grabado ya impreso en color negro. El procedimiento de TREPAS, consistía en emplear patrones de cartón, troquelados, sobre los que se pasaba una brocha con el color correspondiente.

La evolución de la baraja francesa a la inglesa se produjo por accidente. En 1628, para favorecer la fabricación interna de naipes se prohibió la importación de las reputadas cartas francesas; los grabadores ingleses, menos talentosos que sus colegas continentales, optaron por unos trazos más sencillos.

Durante las décadas siguientes, con el voraz colonialismo británico, la baraja inglesa se convirtió en la más usada en el mundo entero.

En 1832, el fabricante Thomas de la Rue, de Londres implanta un nuevo sistema de impresión, llamado litografía que sustituye a la xilografía, con este descubrimiento, obtiene una distinción de la Corona Inglesa, el nuevo proceso consistía en dibujar perfiles y colorear sobre una piedra litográfica, lo cual permitía un perfecto ajuste entre los colores, llegando a hacer naipes con 16 colores diferentes.

Hacia el año 1868, los naiperos españoles emplean moldes de plomo y comienzan a grabar los dibujos sobre planchas de cobre.

En la actualidad la plancha de zinc y aluminio ha sustituido a la piedra litográfica.

Hay quien asegura que las 52 cartas de la baraja representan las semanas del año; las 12 figuras, los signos zodiacales; las 13 cartas de cada palo, los 13 meses lunares, y las cuatro estaciones. Sin embargo, esta teoría resulta bastante improbable teniendo en cuenta que después del tiempo transcurrido deberían haberse visto afectadas por mutaciones en sus símbolos y formas.

Algo más creíble resulta la consideración de que los palos de la baraja tienen significaciones mucho más concretas. Según este criterio, en la Baraja Española de 48 naipes, divididos en los cuatro símbolos apuntados: Oros simbolizarían el comercio; las Espadas, la nobleza y al ejército; los Bastos, la agricultura o estado llano, y las Copas, la religión. Cada serie es de doce cartas cada una, siendo su numeración del uno, (conocido por As hasta el doce. Esta última carta y las dos anteriores, o sea el 11 y el 10, se conocen por los nombres de ReyCaballo Sota respectivamente).

En la Baraja Francesa, (también llamado la Baraja Americana), se compone de 52 naipes, divididos también en cuatro palos que reciben la denominación de PicaTrébolDiamante y Corazón.

El simbolismo de estos palos es por el estilo del español, ya que los corazones representan a la Iglesia; los diamantes, como emblema de riqueza, a la aristocracia; los tréboles simbolizan al ejército y las picas a los obreros.

Con información de Historia y Arabismo


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Cine Palestino: El Ídolo (Ya tayr el tayer)

“NO DEJES QUE NADIE TE DIGA QUE TUS SUEÑOS NO SE HARÀN REALIDAD”

Un film de Hany Abu-Assad, cineasta nacido en Nazaret, reconocido mundialmente por sus obras con contenido real de la vida en la Palestina actual.

Entre sus más importantes producciones se pueden mencionar “La boda de la rana”(2002)

Paradise Now  (2005), film ganador del Globo de Oro y nominado para los Oscar, y Omar (2013).

El Ídolo es una historia basada en la vida de Mohammad Assad, el joven palestino ganador de “Arab Idol”.

El film narra la infancia del niño de 10 años, su hermana de 12 y sus dos mejores amigos, sus deseos de conseguir instrumentos para conformar una banda, las excepcionales dotes de cantante del pequeño Mohammed y, claro, el contexto de violencia y rigores en la región (aunque nunca forzado ni exagerado). Tras un hecho trágico que es mejor no adelantar, esta épica salta a la juventud del ya veinteañero protagonista (Tawfeek Barhom) y su intento por competir en Arab Idol, lo que implica viajar primero a El Cairo (Egipto) y luego a Beirut (Líbano).

Un niño en Gaza, Mohammad Assaf, sueña con cantar en la Ópera de El Cairo con su hermana y mejor amiga, Nour. Un día, Nour colapsa y es llevado al hospital donde se descubre que necesita un trasplante de riñón. Nour deja a Mohammad con un deseo moribundo de que algún día cante en El Cairo. Escapando de Gaza a Egipto contra las probabilidades increíbles, Assaf hace el viaje de su vida. Basado en la increíble historia de Mohammad Assaf, el cantante de bodas de Gaza que se convirtió en una sensación mundial después de ganar ‘Árabe Idol’ en 2013.

Assaf nació en Libia pero se crió en el campamento de refugiados de Khan Younis en Gaza. Su talento musical quedó sin descubrir excepto para cantar en bodas y una aparición en un espectáculo de talento palestino. Esto fue hasta que fue alentado por su madre a competir por Árab Idol . Las audiciones en Egipto eran fáciles de alcanzar para la mayoría de los competidores árabes, pero no para un palestino de Gaza.


Estreno mundial- Festival Internacional de Cine de Toronto 2015 –

Ficha técnica:

Título original: Ya tayr el tayer
Origen: Holanda-Palestina-Qatar-Reino Unido (2015).
Dirección: Hany Abu-Assad.
Guión: Hany Abud-Assad, Sameh Zoabi.
Música: Habib Shehadeh Hanna
Intérpretes: Tawfeek Barhom, Kais Attalah, Hiba Attalah. Distribuidora: Mont Blanc Cinema.100 min. ATP.


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Las Musas del Poeta

Kamile Rahme ©Gibrán Khalil Gibrán

LAS MUJERES

“Fueron las mujeres quienes abrieron las ventanas de mis ojos y las puertas de mi Espíritu”  

Gibrán Khalil Gibrán.

Mujeres que formaron y acompañaron la vida del artista en su corto paso por esta tierra.

Ellas fueron parte de sus obras, inspiradoras activas de su arte.

 Kamile Rahme, su madre

Su nombre significa “la perfecta”

Nacida en el seno de una familia maronita, oriunda de Becharre, ubicado en la zona montañosa al norte de Líbano.

Poseedora de  una gran sensibilidad por el arte, tocaba el laúd. Bella e inteligente, Kamile  fue  quien sostuvo al joven Gibrán en su exilio cuando éste tenía apenas 12 años.

Marianna y Sultana, sus hermanas:

Marianna, costurera de profesión, dedicaba su tiempo a confeccionar con delicadeza y devoción, las prendas que lucía Gibrán, con  gusto exquisito. Nunca se casó. La gratitud y admiración por su hermana se ve plasmada en  El Profeta, un tejedor pide: Háblanos del vestir. Y el protagonista le dice: Vuestra ropa cubre mucho de vuestra belleza y, sin embargo, no cubre lo que no es bello.

Sultana, Según Fred Holland Day, era la que más se le parecía. Gibrán sentía gran afecto por ella y su inesperada muerte, en 1902 lo afectó profundamente.

Mary Hanskell:

Propietaria de un reconocido colegio de señoritas en esa ciudad. Con gran capacidad intelectual, conoce a Gibrán durante la inauguración de su primera muestra de dibujos al carbón. Se inicia la relación intelectual y amorosa más trascendente de Gibrán. Mary es quien instiga al escritor a escribir sus obras en inglés. Es ella la que le paga las estancias en París para estudiar pintura. Es ella quien después de la muerte de Gibrán, junto con Marianna y Barbara Young, conserva y difunde el patrimonio del autor.

Cuando estoy triste, querida Mary, leo tus cartas. Cuando la bruma vence a mi yo, saco dos o tres cartas de su pequeña caja y las releo. Ellas me recuerdan la verdad de mí mismo. Me hacen dejar de lado todo aquello que no es ni alto ni hermoso en la vida. Cada uno de nosotros, querida Mary, debe tener un lugar de descanso en algún sitio. El lugar de descanso de mi alma es un bello huerto donde vive mi conocimiento de ti.

Josephine Preston Peabody:

Conocida también como Posy, poeta y dramaturga, constituirá con Gibrán una relación intelectual. Fotografías de ella forman parte del menaje más íntimo de Gibrán.

Gran crítica literaria, se dice que la máxima obra del libanés, El Profeta, se debe al ingenio y profundidad inventiva de la autora de Canciones (1923), cuando advirtió, tras conocer el manuscrito en 1903, que se trataba, efectivamente, de un texto profético. Ella le llamó mi joven profeta. Él dedicará el emblemático libro a su memoria.

 Barbara Young:

Cuyo verdadero nombre era Henrietta Breckenridge Boughton, fue crítica literaria en la década de los veinte.  Conoce al autor en Nueva York en 1926. Ella desempeñará un papel fundamental en la administración y difusión del archivo personal y los manuscritos del artista quien profesaba por Barbara un profundo amor y admiración recíprocos.

Bárbara Young escribió el libro This man from Lebanon, un ensayo sobre la vida y obra de Gibrán Khalil Gibrán. Al hacerlo, Henrietta Breckenridge Boughton, debió decir de él lo que Decroix de Chaplin: “Al artista cuya alma seguramente rebasa al oficio”.

Con información de Museo Soumaya / Mónica López Velarde Estrada

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