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Magreb: Topos, policías del camuflaje

Policías de paisano listos para mezclarse entre los grupos radicales en una protesta en Barcelona Pedro Armestre afp

Los agentes infiltrados se introducen en células yihadistas, grupos de ultraderecha y extrema izquierda, bandas de narcos… A los más implicados en la lucha antiterrorista se les busca un destino cómodo si son descubiertos. Se mueven en un terreno resbaladizo. «No tienen bula para infringir la ley».

Como esos animales que se mimetizan con el entorno, hay policías y agentes secretos que se camuflan en las bandas criminales y se funden y confunden con delincuentes de toda laya. En los años de plomo de ETA, lograban infiltrarse en los comandos terroristas. Ahora, cuando las células yihadistas han tomado el testigo del horror, los topos del siglo XXI hablan el dialecto del árabe que se usa en el Magreb, suelen ser musulmanes y tienen un profundo conocimiento de las costumbres y la cultura islámicas. En estos territorios hostiles y reservados, España tiene una valiosa experiencia acumulada tanto en el combate contra ETA como en el esclarecimiento de la trama que perpetró la matanza del 11-M.

Hay que, sin embargo, alega que se han cometido errores de bulto. Frente a lo que cuentan las películas, adentrarse en el seno de una organización delictiva no es una tarea que se realiza de un día para otro. Exige una preparación y una logística cuidadosas. El alcance de la presencia de las fuerzas de seguridad del Estado en los grupos islamistas radicales es un secreto guardado bajo siete llaves. Lo que sí se sabe es que cuando son descubiertos, los funcionarios policiales son retirados y enviados a destinos más cómodos y menos expuestos. A mediados de los años 90, la Policía logró entremeter en el ‘comando Donosti’ a una agente encubierta. Cuando después de mucho tiempo ETA se percató, la funcionaria se esfumó. Fue destinada a una embajada. Gracias a un trabajo que duró siete años, el grupo fue desarticulado y capturados Sergio Polo y Kepa Etxebarria. Fue ella quien trasladó en su coche a los dos etarras a una cita que era en realidad una trampa. Los terroristas fueron apresados el 10 de marzo de 1999, según un reportaje publicado en su día por la revista de la izquierda abertzale ‘Ardi Beltza’ y que avalan fuentes policiales.

Un caso parecido lo protagonizó un policía nacional que trabajó en la lucha contra ETA. Logró hacerse uña y carne con algunos etarras, a los que engañó haciéndose pasar por carnicero. Aquel mostrador de chuletones y ‘txistorras’ era la tapadera. «Cuando se quemó, se le buscó acomodo como profesor en la Academia de Policía de Ávila», desliza un agente del cuerpo. «No es igual la protección a posteriori que se da a un funcionario infiltrado en ETA que a uno metido en un grupo de guarros [okupas]», explica. Sobra decir que el primero se juega más el tipo. «Si los malos levantan al infiltrado, se le retira rápidamente de la operación. El afectado adopta un perfil bajo, patrulla por la calle o cambia de destino», sostiene una fuente cercana al Centro Nacional de Inteligencia (CNI).

Identidad falsa

«Muchos agentes antiyihadistas son reclutados en las comisarías de Policía de Ceuta y Melilla»

Desaparecida ETA, la prioridad la constituye ahora el control de los afectos al Estado Islámico. Las fuentes consultadas coinciden en que traspasar el cerco con que se dotan los miembros de las redes yihadistas locales es muy difícil. Puede hacerse de dos maneras: bien pagando a un confidente, al que se retribuye con dinero de los fondos reservados; bien introduciendo a un agente en un grupúsculo. «Los agentes antiyihadistas que ejercen de espías son reclutados en las comisarías de Policía de Ceuta y Melilla. Se les pide que dominen bien el dariya, el dialecto del árabe que se habla en el Magreb, y que sean musulmanes. Y se les proporciona una identidad falsa y un trabajo acorde con el ambiente en que se van a desenvolver. Puede ser un empleo de barrendero o un mecánico de taller», dice un agente veterano, buen conocedor de la lucha antiterrorista.

A raíz de los atentados islamistas del 11 de marzo de 2004 en Madrid contra los trenes de cercanías de Renfe, se recabó mucha información, incomprensible muchas veces, porque los terroristas hablaban en dariya. Por eso se tuvo que recurrir a un buen puñado de traductores y policías procedentes de las ciudades españolas en el norte de África.

Este funcionario, que no se prodiga en halagos hacia la cúpula policial, cree sin embargo que las fuerzas de seguridad españolas tienen mucho que enseñar a los cuerpos policiales europeos en lo que atañe al combate contra los fanáticos del islam. «Por desgracia, el combate contra ETA ha sido una buena escuela».

No piensa lo mismo una fuente que estuvo vinculada a los servicios secretos. A su entender, últimamente se han producido algunos yerros inadmisibles. Este ex agente del CNI se refiere, por ejemplo, a la ‘operación Serkan’, una actuación contra una célula yihadista en Madrid de la que se decía estaba preparada para atentar en Navidad de manera inminente. Un policía se introdujo en el grupo. La investigación policial fue desacreditada de forma contundente por el juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz. En uno de los vídeos incautados, se ve a un extremista con el torso desnudo. «Un islamista jamás aparece mostrando la piel del pecho, está estrictamente prohibido. Se nota enseguida que está tomando el pelo a los agentes. Hasta en los vídeos que graba el ISIS en la guerra de Siria y que muestran cadáveres destrozados se pixela la piel si la barriga o el pecho están al descubierto». Esto mueve al exagente de la inteligencia española a pensar que el grado de penetración de la policía y la Guardia Civil en las redes yihadista es deficiente.

Pese a que los peligros que entraña ser descubierto, pertenecer a la Brigadas Provinciales de Información supone engrosar la élite policial. Es un buen lugar para ascender y recibir medallas.

Más pasivo que activo

El terreno en el que se mueven los topos es resbaladizo. No conviene que el infiltrado aporte ideas a los criminales que, luego, revisadas por un magistrado, puedan ser interpretadas como una inducción al delito. «Es necesario ser más pasivo que activo. Una técnica a la que recurre el infiltrado con frecuencia es repetir los argumentos que emplean los demás. Un agente encubierto no tiene bula para infringir la ley», aducen fuentes próximas a los servicios secretos. Vuelta a la ‘operación Serkan’, tumbada por el juez Pedraz. Por ser demasiado incitador, un agente encubierto se hizo pasar por traficante de armas y vendió a los acusados de yihadismo el cargador de un Kalashnikov. Pedraz dejó a todos los detenidos en libertad por entender que la Policía había inducido a cometer un hecho ilícito.

Pero donde especialmente han demostrado su habilidad los agentes españoles es en la vigilancia de los narcos que operan en Galicia y la Costa del Sol. Y eso que los traficantes cuentan entre sus huestes con un buen número soplones. En fuentes policiales goza de cierta reputación una funcionaria que se hizo pasar por chica de compañía y que obtuvo abundante información. «Lo hizo además sin acostarse con nadie. Cuando se reveló su verdadera identidad, pronto fue apartada y destinada a labores de documentación», apunta un compañero de la agente.

La Policía cree que los grupos de extrema izquierda, como okupas y grupúsculos cercanos a los independentistas abertzales, están menos vigilados que los de ultraderecha. Los primeros son más numerosos, mientras que los segundos tienen una predisposición innata a confiar en las fuerzas del orden. «Infiltrarse en la extrema izquierda es fácil. «Basta con no lavarse, hacer que fumas porros y llevar pendientes», dice una fuente que, como todas las que salen en este reportaje», pide el anonimato. Sin embargo, no suscribiría esta opinión el agente que fue descubierto en la protesta ‘Rodea el Congreso’. Cuando se percataron de su identidad, los manifestantes le agredieron y perdió un 30% de la visión en un ojo.

Por Antonio Paniagua
Con información de Hoy

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Sghaïer Ouled Ahmed, el poeta más rebelde de Túnez

Sghaïer Ouled Ahmed, poeta

Fustigó en sus versos al dictador Ben Alí y tras su caída fue perseguido por los islamistas.

Seguramente, no fue casualidad que Sghaïer Ouled Ahmed, uno de los poetas contemporáneos tunecinos más queridos y admirados en todo el mundo árabe, naciera el 4 de abril de 1955, en plena agitación nacionalista, solo un año antes de lograr la independencia de Francia. Ni que el nombre de pila de su madre fuera Tounes (Túnez en árabe). Sus más conocidos poemas fueron los de temática patriótica, como el que empieza con el verso “Nosotros amamos el país como nunca nadie lo ha amado”, que los compositores, Mohamed Mejri y Mouhanned Naser convertirían en un himno de amor a la patria al añadirle melodía.

Probablemente, tampoco fue una cuestión de azar que el poeta más rebelde del país, el que se atrevió a rechazar la Orden Nacional al Mérito Cultural en 1993 al temido dictador Ben Alí, fuera originario de un pueblo de la provincia de Sidi Bouzid, cuna de la Revolución de los Jazmines. No lejos de su aldea, “en el desértico sur, el sur profundo”, se inmoló en diciembre de 2010 Mohamed Bouazizi, un vendedor de frutas desesperado por una vida sin expectativas ni dignidad. “Una luz que resplandece entre los planetas del sistema solar”, señaló en su homenaje literario al primer mártir de la primavera árabe.

Mientras los políticos y diplomáticos occidentales rendían pleitesía a Ben Alí y los analistas del FMI alababan la estabilidad y el crecimiento económico de Túnez, en los años noventa los versos de Sghaïer Ouled Ahmed ya presagiaban una revuelta que en menos de un mes terminó con una de las más brutales autocracias árabes y cambió la historia de Oriente Próximo. “El viento se anuncia y sus techos son de paja. / La palma de la ira es alta y sus cristales son frágiles”, advertía su pluma ácida.

La noticia de su muerte el pasado 5 de abril sumió a Túnez en un estado de conmoción. Medios de comunicación, políticos, personalidades del mundo de la cultura y simples ciudadanos le han rendido homenaje de formas diversas. Muchos, simplemente compartiendo su poema favorito en las redes sociales. El presidente del país, Béji Caïd Essebsi, ofreció su pésame a la familia del difunto y en un comunicado destacó que Ouled Ahmed “defendió la causa del pueblo tunecino, compartió sus penas y militó por su libertad y dignidad”.

El día antes de su deceso, en la celebración de su 61º aniversario, ya presentía cerca su final. Su último poema, escrito ese mismo día en su lecho de muerte, sonaba a despedida: “No tengo otra tumba / en el más allá / que estas tres sílabas tu-ni-sie”.

Desde hace meses la opinión pública tunecina era consciente de su delicado estado de salud, provocado por un cáncer en estado avanzado. En julio del 2015, un tuit anunció su muerte por equivocación y el rumor corrió como la pólvora por las redes sociales. Él mismo lo desmentiría con un mensaje irónico en su página de Facebook: “Buenos días… Soy yo, Sghaïer Ouled Ahmed”, que acompañó de un vínculo a una canción titulada No quiero reventar. Y es que su furor revolucionario no ahogaba su sentido del humor, que a menudo utilizaba para fustigar al poder. Para muestra, esta ingeniosa frase: “La esperanza de vida de los tunecinos es de dos presidentes y medio”.

En 1984 terminó su primer libro de poemas, pero fue inmediatamente prohibido por la censura por su contenido contestatario. Entonces trabajaba aún de animador cultural en un centro público para jóvenes. Un año después, como castigo por su activismo político, perdería su empleo y optó por emigrar a Francia para estudiar psicología. A mediados de los noventa, en un intento por parte del régimen de congraciarse con los intelectuales de izquierda, le ofrecieron hacer realidad su sueño de más de una década: dirigir un instituto cultural dedicado a difundir la poesía tunecina. No obstante, duró poco tiempo en el cargo.

Ni tan siquiera la caída de la dictadura le alejó definitivamente del clima de amenazas e incertidumbre. Musulmán a la vez que antiislamista, fue acusado de ateo por algunos clérigos fundamentalistas, a los que tildaba con sarcasmo de “embajadores de Allâh”. En agosto del 2012, de las palabras pasaron a los actos, y fue brutalmente agredido en la calle por un grupo de jóvenes salafistas. Pero tampoco ellos le amedrentaron, pues continuó fustigando su intolerancia “con las bombas de la poesía”.

Por Ricard González
Con información de El País

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El islamismo radical y el populismo se alimentan

Bichara Khader, experto en relaciones euro-árabes
Bichara Khader, experto en relaciones euro-árabes

ENTREVISTA A BICHARA KHADER, EXPERTO EN RELACIONES EURO-ÁRABES

Las migraciones árabes a Europa comenzaron en los 60, pero es ahora cuando el recelo se ha hecho más patente

-La primera generación vino sin el objetivo de quedarse y no ha sido hasta que las familias se han asentado de modo duradero cuando se ha producido un proceso de visibilización. El inmigrante, para integrarse, tiene que tener posibilidades objetivas de educación y empleo, posibilidades de escapar del gueto urbano y de su propia comunidad. Cuantos más recursos simbólicos, culturales y financieros tiene, más fácil es su integración. Hay que acabar con el espejismo de que es el islam el que impide la integración, porque no hay una comunidad musulmana, sino musulmanes que viven su religión de modo muy diferenciado.

Sin embargo, el discurso formal presenta un todo monolítico

-No lo es, hay musulmanes de perfiles educativos, culturales, económicos y orígenes distintos. Desde hace una veintena de años observo una fractura identitaria que conduce a replegarse sobre símbolos religiosos y a retradicionalizar las conductas sociales a aquellos sectores que no han podido acceder a buenos niveles económicos y educativos, y que no han podido desarrollar su propia conducta individual. Esos repliegues comunitarios, al mismo tiempo, nutren los movimientos xenófobos populistas.

¿El repliegue identitario musulmán y la xenofobia populista van de la mano?

-Se autoalimentan y se refuerzan mutuamente. Son producto de una crisis económica, ética y moral, y suponen un retorno a formas caducas de identidad concebida como una prisión, yo lo llamo el muro invisible. Los movimientos populistas utilizan la crisis política y social para inventar una narrativa que utilizan la inmigración como amenaza de su identidad.

¿Cómo se rompe ese proceso?

-Tenemos que revitalizar la dimensión democrática de los estados como motor del desarrollo humano y social porque han perdido la capacidad para crear una narrativa diferente a la del trabajo, el consumo y el tener.

¿Tiene Europa estrategia?

-He constatado con tristeza que todas las políticas europeas se han asentado sobre el comercio y la seguridad, sin fomentar un verdadero diálogo de los pueblos asentado en el respeto, el reconocimiento y la asociación. Sin embargo, el desarrollo del mundo árabe es un interés europeo. Cuanto más seguros, prósperos y estables sean los países árabes más segura, estable y próspera será Europa. En 2025 los 22 países árabes tendrán 470 millones de habitantes, de los que 90 millones tendrán entre 15 y 26 años. Esos jóvenes quieren trabajo, perspectivas y esperanzas. Si no respondemos a sus aspiraciones el Mediterráneo se sumirá en una situación de inseguridad perpetua. Mira solo cómo impacta en la Unión Europea lo que ocurre en Siria.

Pero la reacción ha sido cerrar, hasta el punto de poner en riesgo el espacio Schengen

-El conflicto de los refugiados ha puesto contra las cuerdas a la Unión Europea amenazando su propio proyecto, su existencia y su mensaje ético. Poner cordones sanitarios en las fronteras externas simplemente hace que el inmigrante se desplace y arriesgue más su vida. El Mediterráneo se está transformando en un cementerio de sueños fracasados.

¿Se encierra Europa en el concepto occidente y deja de mirar al Mediterráneo?

-Se está desenterrando la estúpida idea de que el musulmán es el otro, el enemigo y la amenaza. Toda esta narrativa es muy peligrosa. Es una victoria de movimientos radicales como Daesh que buscan a través de atentados suscitar una guerra civil entre los europeos y los musulmanes que viven en territorio europeo.

Turquía ha pasado de ser ejemplo de democracia en un país musulmán a tomar una deriva muy incierta

-La imagen de Turquía como modelo de un islam democrático está desapareciendo. Ahora se ve cómo un polo geopolítico que trata de imponer su agenda. La política exterior turca hace unos años tenía un eslogan: ningún problema con los vecinos. Hoy día Turquía tiene muchos problemas y pocos vecinos. Tiene problemas con Irak, con el régimen de Bashar al Asad, con EgiptoTurquía tiene malas perspectivas y temo mucho por su estabilidad. Pienso que los grandes actores de Oriente Próximo, como Arabia Saudí, Egipto, Irán y Turquía tienen que ponerse de acuerdo en una conferencia regional de la paz y seguridad, poner en marcha un mecanismo de seguridad, acabar con las rivalidades y definir el papel de cada uno de forma constructiva. No se puede hablar de ejes chií/suní. Estas no son guerras de religión, sino guerras geopolíticas, de poderes políticos que quieren imponer su agenda utilizando la religión como una herramienta de movilización y justificación.

Por Encarna Maldonado
Con información de Diario de Sevilla

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Libros e Historia, excelentes antídotos contra la islamofobia

Restos del Madrid andalusí en el plano de Texeira (1656)
Restos del Madrid andalusí en el plano de Texeira (1656)

La islamofobia se traduce en actitudes de rechazo, agresiones y abusos hacia personas por el mero hecho de ser musulmanas. Según el Informe Anual de la Plataforma Ciudadana contra la Islamofobia, los casos denunciados en España aumentaron en un 9% en 2014 respecto a 2013. Todo apunta a que este fenómeno crecerá todavía más tras los atentados yihadistas en París, como ya lo hizo tras los atentados a la revista satírica Charlie Hebdo.

El escritor y filósofo Santiago Alba Rico comenzó a escribir el libro Islamofobia. Nosotros, los otros, el miedo (Icaria Editorial) tras la matanza en el medio satírico francés, para alertar sobre el gran peligro que supone este tipo de xenofobia: «Hay que empatizar con aquellos franceses y musulmanes que sufren ahora un doble terror, una doble presión: el miedo a ser víctimas del terrorismo, y el miedo a ser excluidos de una sociedad a la que pertenecen», apunta. Añade además otro riesgo que implica este fenómeno: «El ISIS sabe que provocando miedo también se genera islamofobia, y crea así una situación en la que algunos musulmanes europeos, frente a la xenofobia, podrían radicalizarse», dice Alba Rico.

Islamofobia, de Santiago Alba Rico
Islamofobia, de Santiago Alba Rico

El filósofo señala una ventaja en este sentido con la que parte España frente a otros países europeos: además de que el porcentaje de población musulmana es mucho menor que en países como Francia, se mantiene una mejor convivencia que no separa en guetos a la población inmigrante. Y existe un factor importante: en España, al contrario que en Francia o Alemania, no existe una clase intelectual prestigiosa y mediática que alimente la islamofobia.

Alba Rico tiene claro qué hay que hacer para romper mitos y derribar la barrera cultural y así lo analiza en  Islamofobia: por un lado, es una responsabilidad de gobiernos e instituciones, “que no deben ampararse en leyes que llamen la atención sobre comunidades enteras, que vinculen la radicalización y el yihadismo a hechos como visitar algunas páginas web o ciertas formas de vestir”.

Pero también es una labor pedagógica, social, mediática y cultural. “Estamos asistiendo más a una islamización de la radicalidad que a una radicalización del Islam”, apunta el filósofo. “La Historia es un basurero lleno de material de deshechos, de clichés positivos y negativos; como la memoria es muy corta, los informadores deberían escoger los positivos, los lugares comunes, que es la única manera de entendernos”, señala Alba Rico. De esta manera, quizá sería necesario como parte de esta labor pedagógica tratar dentro de las aulas aspectos como, por ejemplo, el Renacimiento cultural árabe conocido como la Nahda, o el legado andalusí.

La muralla andalusí en el parque del emir Mohamed I con la Almudena al fondo
La muralla andalusí en el parque del emir Mohamed I con la Almudena al fondo

De Madrid a Mayrit

En este sentido habla también el arabista Daniel Gil-Benumeya, que en su libro Madrid islámico (Ediciones La Librería) se acerca al origen histórico de la capital. Gil-Benumeya encuentra interesante conocer la fundación islámica de Madrid para librarse de prejuicios islamófobos: “hubo una época en que esta parte de la historia de Madrid estuvo más valorada, había rutas específicas sobre el tema”. Apunta que sería un buen momento para volver a establecer un punto de conexión con las culturas musulmanas, “porque el islam es una realidad viva en el Madrid actual, viven miles de musulmanes, tanto extranjeros como españoles. Sería interesante una intervención cultural en ese sentido, a los madrileños les vendría bien para combatir prejuicios, a los musulmanes madrileños para sentirse más identificados con su ciudad y la historia de su país».

El Madrid islámico es un tema muy estudiado pero circunscrito a un ámbito muy específico. Los madrileños saben poco de la historia de la fundación de Madrid: “las fuentes medievales nos dicen que Madrid es de origen islámico, y así lo confirma la arqueología e historiografía”, incide Gil-Benumeya. Pero en el imaginario popular tradicional, la capital tiene un origen anterior: “las leyendas nacen cuando Madrid se convierte en la capital más importante de su tiempo, el Imperio de Felipe II: reino católico por excelencia, no podía aceptarse que tuviese un origen humilde, de ciudad pequeña y fronteriza, y sobre todo, mora. Le inventaron unos orígenes ilustres, anclados en la antigüedad clásica”, defiende Gil-Benumeya. El trasfondo de esta tendencia a renegar de los orígenes andalusíes es simbólico. El «gran otro» de la Historia de España, el enemigo contra el que nos contaron que se construyó el estado, es el musulmán. “Que la capital de España, la ciudad que representa a la nación, la fundara el enemigo es algo que hay gente que no puede admitir”, subraya el arabista.

Este legado andalusí se puede encontrar todavía, y Gil-Benumeya lo repasa en Madrid islámico. El resto material más visible es la muralla árabe de Madrid. Pero también existe un rastro inmaterial, no evidente, que hay que interpretar. Como lo son partes del trazado urbano original islámico: la principal calle de Madrid históricamente, la de Alcalá, que enlazaba con el camino hacia Guadalajara ( Wadi Al- Hiyara) y Zaragoza (Saracusta). También la toponimia: hay quien apunta el término árabe  Mayrit como origen de Madrid. O la virgen de la Almudena, que vincula con una islámica en dos sentidos: por su nombre árabe, y porque su culto se estableció cuando la mezquita se convirtió en iglesia.

Maqueta de puerta andalusí de terracota encontrada en las excavaciones de la casa de san Isidro
Maqueta de puerta andalusí de terracota encontrada en las excavaciones de la casa de san Isidro

En el callejero de Madrid pueden sin embargo encontrarse pocas muestras de este legado. Una de ellas, junto a las murallas, es el Parque de la Memoria, en honor al emir Mohamed I, fundador de Mayrit. Creado por iniciativa de Enrique Tierno Galván, aunque inaugurado durante la administración de Juan Barranco, constituyó un homenaje a la diversidad de culturas que han habitado la ciudad, y contaba con diversas placas en castellano y árabe que recordaban esta causa. Gil-Benumeya denuncia sin embargo que estas insignias se fueron deteriorando hasta acabar desapareciendo. “Creo que forma parte de un proceso: la visión del pasado siempre está politizada, y la forma de percibir el legado de Al-Andalus está muy influida por los acontecimientos posteriores al 11-S y 11-M. La década del 2000 ha sido un punto de inflexión en el que se ha comenzado a relacionar el pasado islámico con la islamofobia”, concluye Gil-Benumeya.

Por Belén Remacha
Con información de El Diario

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Riad: 8.000 millones para difundir el islamismo más sectario

Pierre Conesa, experto francés en Arabia Saudita ©RP
Pierre Conesa, experto francés en Arabia Saudita ©RP

Los saudíes aportaron el mayor contingente de combatientes extranjeros, 5.000 hombres, en la guerra contra los soviéticos en Afganistán; 15 de los 19 terroristas del 11-S, 115 de los 611 prisioneros de Guantánamo. Hoy los saudíes son mayoría en el colectivo extranjero del Estado Islámico que combate en Siria e Irak: 2.500 personas. Sin embargo, tras el 11-S Estados Unidos no señaló a Arabia Saudí, sino a Irán, Irak y… Corea del Norte, e invadió Afganistán e Irak.

Quince años después, Obama veta –y tiene problemas por ello– una ley para perseguir judicialmente a Arabia Saudí. La Unión Europea le comunica por carta, el 21 de septiembre, su apoyo al veto, por miedo a que desmanes occidentales puedan ser llevados a juicio: “La inmunidad de un Estado es un pilar del derecho internacional, toda excepción a ese principio se arriesga a provocar represalias de otros estados”, dice la carta.

Arabia Saudí propaga también, desde hace décadas, la versión más sectaria, misógina, homófoba, racista y antisemita del islamismo: el wahabismo. Riad se gasta en ello una fortuna: “8.000 millones de dólares anuales”, algo semejante a lo que se gasta en comprar armas o ingresa en la peregrinación a los santos lugares del Islam. Una enormidad. En España han financiado con 6,5 millones de euros el Centro Cultural islámico de Madrid (la mezquita de la M-30), y en Málaga, un centro islámico de 3.842 metros cuadrados. Así en toda Europa. La Universidad de Medina ha formado a “25.000 o 30.000 cuadros” que propagan todo eso desde hace décadas. Lo dice Pierre Conesa, ex alto funcionario del Ministerio de Defensa francés, que acaba de publicar un libro fundamental sobre la diplomacia religiosa de Arabia Saudí ( Dr. Saoud et Mr. Djihad) que ilumina el agujero negro de esta escandalosa indulgencia.

¿Cómo explicarla?

En los ochenta, Inglaterra vendió 120 Tornados al reino, el contrato Yamamah, que salvó a British Aeroespace. Una asociación descubrió que el 30% del contrato se fue en comisiones y apeló al Tribunal de Cuentas. Tony Blair vetó la investigación, así que eso viene de lejos. Hay que explicar el dañino agujero negro que es Arabia Saudí.

¿Cuál es la dualidad que expresa el título de su libro?

Ese régimen se compone de dos familias; los Saud y los Al ash-Sheij, descendientes de Abd el Wahhab. Los primeros representan la fachada de país aliado en la guerra fría, con su cohorte de cuadros sofisticados encargados de las finanzas, la defensa y el control de las élites a través de su compra. Los segundos se encargan de la dimensión integrista, con los asuntos religiosos y la educación en sus manos. Ambos se necesitan mutuamente y actúan en paralelo. En Afganistán, Occidente sólo miraba la dimensión Este/Oeste, mientras que al mismo tiempo ellos financiaban las madrasas wahabitas. Los resultados los vemos hoy.

¿Esa dualidad no es al mismo tiempo su debilidad?

Sí, cada vez que los Saud necesitan de los occidentales, tienen que dar explicaciones a los ulemas, que a cambio les piden más poder. Por ejemplo, en 1979, cuando los radicales toman la gran mezquita de La Meca y los Saud llaman a los policías franceses para liberarla, tienen que transferir más poder a los religiosos para compensar; se cierran todos los cines de Riad, se obliga a llevar velo a las mujeres extranjeras. En 1991, cuando Bin Laden propone defender Arabia Saudí contra Sadam Husein y los Saud prefieren apelar a 100.000 soldados americanos, se producen los primeros atentados que muestran el desacuerdo con la apelación a los “infieles”. Y hoy tenemos al Estado Islámico, que es un producto del salafismo que contesta a Arabia Saudí y se pone por encima de ella. Es una debilidad porque vemos cómo están siendo superados por los monstruos que crearon.

¿La diplomacia religiosa nació en reacción a Nasser?

Había en el mundo árabe un discurso muy potente contra las monarquías, así que se opuso el panislamismo al panarabismo de Nasser. Se fue a buscar a los estudiantes de la Universidad Al Azhar de El Cairo para llevarlos a Medina con becas. Años después eso tuvo consecuencias devastadoras, que nosotros conocemos bien en la zona del Sahel; hoy todos los responsables de las grandes organizaciones musulmanas de Senegal, Malí, Níger, etcétera, son gente que ha pasado por la Universidad de Medina.

¿Y qué ocurre?

Pues, por ejemplo, que el jefe del Consejo musulmán de Mali se opone al derecho familiar, discriminando a las mujeres y favoreciendo la concepción salafista. Allí estos cuadros de Medina se imponen, pueden leer el Corán mientras que los Nurid en Senegal, los Tidjanitah de Mali o los Peul no hablan árabe. Ellos se presentan como verdaderos musulmanes y partidarios de un islam igualitario, no comprometido con los regímenes locales establecidos, lo que les da una aureola revolucionaria…

Por todo eso ha habido un aumento del salafismo en toda la región subsahariana: una consecuencia de 30 años de diplomacia religiosa. Y hay una cosa que llama la atención: en los contratos que firman los becarios extranjeros de Medina figura la obligación de regresar a sus países una vez terminados los estudios. Acuérdese de la Universidad Lumumba de Moscú. La idea era crear cuadros para esparcirlos por el Tercer Mundo. Es un poco la misma lógica, pero apoyada por mucho más dinero: hasta 8.000 millones anuales, seis o siete veces lo que la URSS empleaba en propaganda en sus mejores años. Para hacerse una idea, el presupuesto anual del Vaticano del año 2011 fue de 245 millones…

¿Cuánto determina la venta de armas la política exterior de Francia?

Mucho. Arabia Saudí es nuestro mejor cliente desde hace, por lo menos, 25 años. Con la importancia de Airbus, Thalès, Dassault, etcétera, es evidente que se cuida al cliente, lo que lleva a situaciones ridículas como las lecciones que se da a Irán por cosas que son mucho peores en Arabia Saudí. Valls siempre responde diciendo que tenemos 10.000 millones en contratos con Arabia Saudí. Y además el reino ha contratado a las cuatro mayores agencias de relaciones públicas francesas para gestionar su imagen.

China también es un gran cliente y eso no impide la tontería de enviar barcos franceses a patrullar el mar de China.

Casi todo el petróleo del Golfo va a Asia. El día que los chinos metan un barco allá alegando su suministro se hablará de inadmisible injerencia. La crisis más mortífera desde el fin de la Segunda Guerra Mundial ha sido la del Congo: 2,5 millones de muertos. ¿Quién decide que Siria es más importante que Congo? Se nos dice que Francia tiene allí “responsabilidades históricas”. Si lo dicen por el plan Sykes-Picot, mejor sería callarse. A la opinión publica se le vende que nosotros somos el bien y ellos el mal. En la campaña electoral francesa nadie se plantea la cuestión de fondo: ¿cómo es que nuestros soldados no mueren allá mientras que aquí los civiles son asesinados? Tras los atentados de enero del 2015 todo el mundo reflexionaba sobre cómo contrarrestar la radicalización, el único ministerio que no hizo ninguna autocrítica fue el de Exteriores.

Por Rafael Poch
Con información de La Vanguardia

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Daesh: masacres al ritmo de rap

'Desso Dog' rapero alemán afiliado al Daesh ©diariovasco
‘Desso Dog’ rapero alemán afiliado al Daesh ©diariovasco

La relación de un cantante islamista de este estilo con los últimos detenidos en Francia por preparar atentados pone de relieve la influencia de esta música de origen norteamericano en las bases del califato.

El poder de la cultura norteamericana llega incluso al Estado Islámico (EI), por mucho que este país sea para ellos el cuartel general de Satán. El rap -la música creada por los negros en los ghetos estadounidenses y popularizada por la ‘pecaminosa’ MTV-, es uno de los sonidos con mayor influencia en los militantes del Califato. Todos los expertos en islamismo coinciden en señalar que la influencia de este estilo, muy difundido por internet, es clave para entender la captación masiva de jóvenes que se han radicalizado en las redes sociales al utilizar un lenguaje dinámico y actual . Pero además, algunos de los cantantes se han convertido en líderes terroristas capaces de organizar comandos y ordenar masacres, lo que ha dotado a sus canciones de una aura aún más mítica a la hora de influir en los jóvenes.

Rachid Kassim, el rapero que ha coordinado los últimos ataques de Daesh en Francia ©diariovasco
Rachid Kassim, el rapero que ha coordinado los últimos ataques de Daesh en Francia ©diariovasco

El último caso conocido del poder de esta música es el de Rachid Kassim, un rapero francés de 29 años, que según las investigaciones llevadas a cabo en París, era quien desde Siria estaba en contacto con los terroristas que han actuado en Francia y les animaba para cometer sus acciones. Los dos islamistas que el 26 de julio asesinaron al párroco Jacques Hamel en una iglesia próxima a Normandía se comunicaban con este antiguo músico galo. También se mensajeaban con él algunas de los arrestadas la pasada semana por los preparativos para atentar en la capital francesa, en lo que ha supuesto el descubrimiento del primer comando femenino del EI en Europa.

Kassim, vivía en Roanne, una ciudad próxima a Lyon. Allí era conocido como un fanático de las artes marciales que trabajaba como asistente social, en especial con jóvenes inadaptados. En 2011 grabó un disco titulado ‘Primera arma’ bajo el seudónimo del Oranés (por la ciudad de Orán, en Argelia) en el que alentaban a cometer atentados y, por ejemplo, defendía la decapitación. Un año más tarde viajó al país argelino y allí se radicalizó. No tardaría en acudir a Siria para ponerse al servicio del Estado Islámico.

Su caso es similar al del rapero alemán Denis Cuppert, cuyo seudónimo como cantante es Desso Dog, uno de los músicos más conocidos que se pasó al yihadismo y se convirtió en uno de sus propagandistas más siniestros. Este artista, que ha llegado a aparecer en vídeos con las cabezas decapitadas de prisioneros, es hijo de una alemana y un ghanés que abandonó la familia. Su madre mantendría más tarde una relación con un soldado norteamericano destinado en Alemania, con el que Denis Cuppert siempre tuvo problemas. Tuvo una infancia problemática, con continuas detenciones por tráfico de drogas que le llevaron a los reformatorios. Allí se convirtió en miembro de las bandas de emigrantes de origen árabe o turco que se enfrentaban a los neonazis. En 2010, cuando su carrera como rapero estaba iniciándose, sufrió un accidente de tráfico que aceleró su conversión al islam. En ese momento contactó con un sector social al que denominan los ‘Dark nazis’, apodo que se da a los musulmanes que simpatizan con el nacionalsocialismo.

Apología del terror

Según los expertos en yihadismo, los vídeos que Desso Dog grabó a partir de esos contactos son claves para entender los procesos de radicalización de jóvenes musulmanes que, tras ser captados por Internet, se obsesionaban con viajar a Siria. En ellos, Cuppert aparecía rodeado de armas y defendiendo la violencia de forma explícita. Su estética reunía todos los iconos de los jóvenes que triunfan en el rap estadounidense más salvaje pero adobada con guiños a las tradiciones musulmanas.

En 2013, tras grabar varios temas investigados por su apología del terrorismo y tras haber sido procesado, se marchó a Siria. En este país, que ya estaba sumergido en su sangrienta guerra civil, se afilió a grupos islamistas radicales de todo tipo hasta que acabó en las filas del ‘Global Islamic Media Front’, el aparato de propaganda del califato y de otros grupos. Su imagen de músico comenzó a fusionarse con la de un soldado, lo que le convirtió en un personaje mítico en las filas yihadistas. Era el artista asesino.

'Desso Dog', en Siria ©diariovasco
‘Desso Dog’, en Siria ©diariovasco

Cuppert es uno de los pequeños enigmas del Estado Islámico. Desde el 2014 se le ha considerado muerto en numerosas ocasiones, tanto por ataques de Estados Unidos como por atentados llevados a cabo por grupos terroristas que operan en Siria. Sin embargo, su fallecimiento no ha podido ser comprobado de forma fehaciente en ningún momento.

Otro de los músicos que trabajó de forma activa para los yihadistas es Abdel Majed Abdel Bary, ‘L Jinn’, el hijo de un islamista egipcio que estuvo investigado por sus relaciones con Al Qaeda, cuando este movimiento comenzó a extenderse por Europa. ‘L. Jinn’ nació hace 26 años en Londres, donde su familia había buscado refugio en su huida de Egipto. Su carrera comenzó con canciones en las que, frente a otros estilos de rap que defendían el uso de drogas, promovía la vida sana y la defensa de la familia. Se sabe que en 2013 huyó a Siria para unirse al Estado Islámico. Para muchos jóvenes musulmanes británicos se convirtió en un héroe, una fama que aumentó cuando las fuerzas de seguridad le atribuyeron erróneamente ser parte de ‘Los Beatles’, apodo de un grupo del Estado Islámico formado por británicos y que se especializó en decapitaciones. Su caso es paradójico, puesto que hace un año se le perdió la pista cuando, supuestamente, huyó a Turquía como desertor del EI. Su rastro se esfumó pese a que estaba siendo buscado tanto por los islamistas como por los turcos y los servicios secretos occidentales.

'Sheik Terra' ©diariovasco
‘Sheik Terra’ ©diariovasco

El pionero de toda este rap yihadista es ‘Sheik Terra’, un músico británico que en 2004 lanzó la denominada ‘Digihad’, jugando con los términos digital y jihad. Este rapero se convirtió en un referente para todos los futuros islamistas músicos ya que combinaba de forma profesional las imágenes de los atentados de Al Qaeda con los desmanes de los ejércitos occidentales en países como Irak o Afghanistan. Con su canción ‘Dirty Kuffar’ (sucio infiel) ofrecía una venganza musical al imaginario musulmán al tiempo que llamaba a la lucha contra Occidente. En una época en la que el Estado Islámico no era todavía conocido, ‘Sheik Terra’ aparecía ya con una capucha negra y una pistola en la mano amenazando a todos los europeos infieles. Este fue el primer vídeo de la yihad.

Por Óscar B. de Otálora
Con información de Diario Vasco

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¿Por qué lo llamamos Islam y no islamismo?

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Los ciudadanos de a pie del mundo occidental, no tienen muy claro, la mayoría de las veces, que es el Islam y que es el islamismo. Y esta confusión además, viene acentuada por la forma que han tenido los medios occidentales de cubrir las noticias en relación con el mundo arabo-islámico. El Islam hoy en día es la segunda religión en importancia del planeta, y persistir en su demonización o retratarla con un carácter intrínsecamente antidemocrático y alérgico a la modernización, no es sino tener un pobre conocimiento de ella.

El mundo occidental no puede seguir hoy en día manteniendo las teorías del norteamericano Bernard Lewis, usando fraudulentamente la etimología para plantear cuestiones culturales demasiado generales, sobre un mundo árabe complejo y poliédrico, como lo es el Islam. Edward Sa’id, ya nos recordaba que no podíamos seguir manteniendo una total incapacidad para reconocer que los pueblos islámicos tienen derecho a mantener sus propias prácticas históricas, políticas y culturales, y que ello no significa que no sean buenos, porque no son Occidentales.

El islamismo nacerá en el siglo XX como un movimiento político y social, en contra del protectorado británico en Egipto, que después se expandirá a los demás países árabes. Éste apelará al Islam como única fuente de inspiración ética y política para transformar los sistemas políticos y sociales de las sociedades musulmanas. Por lo tanto el islamismo es una ideología que utiliza la religión como base para realizar un cambio social, por lo cual no va a estar relacionado con la creencia o el dogma religioso. El islamismo se va a convertir en una afirmación de identidad que el mundo musulmán había perdido con la occidentalización.

El auge del islamismo se va a deber a las traiciones que la modernidad ha tenido con el mundo árabe, una modernidad que las élites de los regímenes que gobiernan estos países, con la connivencia en muchos de los casos del mundo occidental, no sólo ha sido contraria a su cultura, sino que ha sido un modelo sin alma, desnaturalizado, alienado y sinónimo de deshumanización y marginalidad. La modernidad no ha cumplido con su promesa de llevar libertad a las sociedades musulmanas, porque debemos recordar, que miles de musulmanes luchan todos los días contra la tiranía de unos regímenes autoritarios que les han amputado todos sus derechos y libertades en nombre de un Islam que solo predica la ta´a, la obediencia ciega al líder, sin dejar ningún espacio a la razón y al pensamiento individual.

Los movimientos islamistas se han visto fortalecidos por la adhesión de toda la masa de desheredados que la única aspiración que tienen es recuperar su dignidad. El islamismo les va a hablar de sus raíces, del valor humanista de la solidaridad, de la esperanza de que sean contemplados como seres humanos, a falta de haber sido reconocidos como ciudadanos. ¿Cuánta responsabilidad tenemos los países occidentales en el incremento del islamismo? mucha, pero eso sería cuestión de otro artículo…

Por Esther Puntero
Con información de Levante

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