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Talismanes: características de la Cruz Tau

Cruz Tau
Cruz Tau

 

Según King y otros arqueólogos, la cruz descubierta en las ruinas del Serapión de Alejandría era el símbolo de la vida eterna y se usaba en los misterios eleusinos a semejanza de la tau o cruz egipcia. Era también emblema de la dual potencia generadora, y la colocaba el hierofante sobre el pecho del recién nacido a nueva vida luego de recibir el bautismo, para denotar que su naturaleza inferior se había elevado por la regeneración hasta unirse con su divino espíritu, capacitándole para ascender a la gloriosa y lumínica mansión eleusina.



La cruz tau era talismán mágico a la par que emblema religioso, y los cristianos la tomaron de los gnósticos y cabalistas entre quienes gozaba de mucho predicamento, como lo atestiguan las numerosas joyas en que se ve grabada.

Los gnósticos recibieron a su vez de los egipcios la tau o cruz con mango, y la cruz latina la importaron de la India los misioneros budistas dos o tres siglos antes de Cristo. Tanto los indos como los indígenas de la América pre-colombiana, los asirios, egipcios y romanos usaban la misma cruz con ligeras modificaciones.

Hasta muy entrada la Edad Media se consideró la cruz como un potente amuleto contra la epilepsia y la obsesión demoníaca; y el “sello del Dios vivo”, que según el Apocalipsis llevaba el ángel que venía de Oriente para estigmatizar la frente de los “siervos de Dios”, no era ni más ni menos que la tau egipcia. En una vidriera de la abadía de San Dionisio (Francia) está representado el ángel del Apocalipsis en actitud de sellar la frente del elegido con este sello, cuya inscripción dice: signum Tay. Por otra parte, observa King que las imágenes del eremita egipcio San Antonio Abad llevan generalmente este mismo sello.

El cristiano San Juan, el egipcio Hermes y los brahmanes indos nos explican el verdadero significado de la cruz tau, que para el evangelista era indudablemente el “Nombre inefable”, puesto que llama a la cruz “sello del Dios vivo” y más adelante dice: el nombre del Padre escrito en su frente.

El brahmâtma o jefe de los iniciados indos llevaba en su atavío dos llaves cruzadas, como símbolo del misterio de vida y muerte. En algunas pagodas budistas de Tartaria y Mongolia, la entrada del recinto interior, la escalera que conduce al daghôba y los pórticos de algunos prachidas  están adornados con dos peces en cruz, análogos a los del Zodíaco; y no debe extrañarnos que la Vesica piscis de las catacumbas de Roma sea remedo del signo zodiacal budista. Tan antiguo es este símbolo, que según tradición masónica, los cimientos del templo de Salomón tenían la forma de tau triple.

El significado místico de la cruz egipcia se refiere al dualismo andrógino de todas las manifestaciones de la Naturaleza dimanantes del concepto de una Divinidad también andrógina, mientras que el emblema cristiano no tiene ningún fundamento metafísico.

Si hubiese prevalecido la ley mosaica, sin duda que sufriera Jesús la pena de lapidación, pues la cruz era el instrumento de suplicio acostumbrado entre los romanos, que le llamaban “árbol de infamia”, desconocido como tal en las naciones semíticas. Hasta mucho después no lo adoptaron los cristianos por símbolo, sino que al contrario, durante las dos primeras décadas lo recordaban los apóstoles con horror. Así, pues, resulta indudable que al hablar San Juan del “sello del Dios vivo” no se refería en modo alguno a la cruz cristiana sino a la tau egipcia, Tetragrámaton o nombre inefable, que en los más antiguos talismanes cabalísticos aparecía expresado por las cuatro letras hebreas componentes de la “palabra sagrada”.



La famosa señora Ellenborough, conocida entre los árabes de Damasco y las tribus del desierto por el sobrenombre de Hanum Medjuye, tenía un talismán, regalo de un druso del monte Líbano, que por cierto signo del extremo izquierdo se coligió que era una de aquellas piedras llamadas en Palestina amuletos mesiánicos del siglo II o III de la era cristiana. Este talismán es una piedra pentagonal de color verde, en cuya parte inferior aparece grabado un pez, encima del cual se ve el sello de Salomón  y más arriba las cuatro letras caldeas: jod, he, vau, he, componentes de IAHO (nombre de la Divinidad), dispuestas de abajo arriba en orden inverso a estilo de tau egipcio, cuyo significado místico, lo mismo que el de la cruz ansata, es árbol de la vida.

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El concepto de La Trinidad en las religiones

Trinidad
Trinidad

Los Oráculos caldeos tratan explícita y acabadamente de la Trinidad, diciendo a este propósito:

Desde esta Tríada, en los profundos senos, están gobernadas todas las cosas.




El reverendo Maurice admite la expresión oracular, según la que “la divina Tríada, cuya cabeza es la Mónada, brilla en toda la extensión del mundo”. El Phos, Pur y Phlox a que alude Sanchoniathon , significan Luz, Fuego y Llama. La Trinidad caldea está formada por Bel-Saturno, Bel-Júpiter y Bel-Chom, tres manifestaciones de Bel o el Sol uno y trino . Por su parte, dice Dunlap:

Los caldeos consideraban al dios Bel en el trínico aspecto de Belitan, Bel-Zeus (mediador) y Bel-Chom (Apolo chomeo). Éste era el trínico aspecto del supremo Dios, el Padre .

En el templo de Gharipuri se ven representaciones de Brahma, Vishnu y Siva correspondientes al Poder, Sabiduría y Justicia, que a su vez se relacionan con el Espíritu, la Materia y el Tiempo y con el Pasado, Presente y Futuro. Millares de brahmanes adoran estos atributos de la Divinidad védica, mientras que los austeros monjes y monjas budistas del Tíbet reconocen tan sólo la sagrada trinidad de las tres virtudes monásticas: pobreza, castidad y obediencia .

Las personas de la Trinidad persa son: Ormazd, Mithra y Ahriman. Sobre esto, dice Porfirio que es “aquel principio al que, según el autor del Sumario caldeo, llaman los parsis principio de todas las cosas y le declaran uno y bueno” .

El dios chino Sanpao está representado en triple imagen idolátrica , y los peruanos, según dice Faber , creían que su dios Tanga-tanga era uno en tres y tres en uno. La Trinidad egipcia constaba de las tres personas Emepht, Eicton y Phta .

De todos los dogmas teológicos que en estos últimos años hubieron de quebrantarse a los golpes de la crítica orientalista, ninguno quedó tan al descubierto como el de la Trinidad, pues conocidos sus precursores y antecedentes, no cabe ya en modo alguno creer que fuese exclusivamente revelado a los cristianos por voluntad divina. Los orientalistas han señalado, mucho más precisamente de lo que convenía al Vaticano, las semejanzas entre el hinduismo, budismo y cristianismo. De día en día se va comprobando cuanto Draper dice en el pasaje siguiente:

El paganismo quedó modificado por el cristianismo y éste por aquél en mutua influencia. Los dioses del Olimpo tomaron distintos nombres y las provincias más poderosas del imperio recabaron de Constantino la intangibilidad de los tradicionales principios religiosos. Así aceptó el cristianismo el dogma de la Trinidad según el concepto egipcio, y prosiguió el culto de Isis, metamorfoseada su imagen de pie sobre la media luna y con el niño Horus en brazos, en la conocida imagen de la Virgen y el Niño, que ha servido de asunto a tantas y tan hermosas creaciones artísticas .

Pero la figura de la Virgen como madre de Dios y reina del cielo tiene origen todavía más antiguo que el egipcio y caldeo, pues aunque también Isis era reina del cielo y se la representa generalmente con la cruz ansata en la mano, es muy posterior a Neith, la virgen celeste.

En el Libro de Hermes, expone Pymander inequívocamente el dogma cristiano de la Trinidad, según puede inferirse del siguiente pasaje:

Yo soy la luz; el pensamiento divino. Yo soy el Nous; la mente. Yo soy tu Dios. Soy muy anterior al principio humano que elude la sombra. Soy el germen del pensamiento; el Verbo resplandeciente; el Hijo de Dios. Sabe que lo que así ves y oyes en ti es la Palabra del Maestro, es el Pensamiento, es el Dios Padre… El AETHER, océano celestial que fluye de Oriente a Occidente, es el aliento del Padre, el Principio donador de vida, el Espíritu Santo… Porque no están separados en modo alguno y su unión es VIDA.




Mas, por muy remoto que sea el origen de Hermes, cuyo nombre se pierde entre las brumas de la colonización de Egipto, tenemos otra profecía mucho más antigua en el Krishna indo. Resulta sumamente curioso que los cristianos fundamenten su religión en la supuesta promesa que de enviar un Salvador del género humano hizo Dios a Adán y Eva , pues en el pasaje anotado, ni la más aguda penetración es capaz de encontrar el más leve asomo de lo que han supuesto los cristianos. En cambio, según las tradiciones indas y los Libros de Manú, Brahma prometió a la primera pareja humana que les enviaría un Redentor para mostrarles el camino de salvación, según se declara en este pasaje:

Un mensajero de Brahma anunció que en Kurukshetra, en el país de Pantchola llamado también Kanya-Cubja , nacería Matsya, de quien todos los hombres aprenderán a cumplir con su deber .

 

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