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La antigua ciudad Asiria de Mardaman

Mardaman

Las traducciones de escritos asirios encontrados por los arqueólogos de la Universidad de Tübingen han revelado un secreto perdido en la historia: el lugar donde se encontraron las tablas de arcilla, Bassetki, en la Región Autónoma del Kurdistán en Irak, parece ser la antigua ciudad real de Mardaman. Esta importante ciudad mesopotámica del norte se cita en fuentes antiguas, pero los investigadores no sabían dónde se encontraba.

 Existió entre 2,200 y 1,200 años antes de Cristo, fue a veces un reino o una capital provincial y fue conquistada y destruida varias veces.

Para sorpresa de los arqueólogos, el Dr. Faist pudo identificar el sitio del hallazgo como la antigua ciudad de Mardama. Como lo muestran los guiones cuneiformes, fue la sede administrativa de un gobernador asirio medio. Esto revela una nueva provincia del imperio, hasta ahora desconocida, que se extendía a gran parte del norte de Mesopotamia y Siria en el siglo XIII aC. Incluso el nombre del gobernador asirio, Assur-nasir, y sus tareas y actividades se describen en las tabletas. «De repente, quedó claro que nuestras excavaciones habían encontrado el palacio de un gobernador asirio», dice Pfälzner.


Los arqueólogos del Instituto de Estudios del Antiguo Cercano Oriente de Tübingen encontraron tablas de arcilla en el verano de 2017. Encabezado por el profesor Peter Pfälzner, el equipo está trabajando en el sitio de la Edad de Bronce con el Dr. Hasan Qasim del Departamento de Antigüedades de Duhok. Las tablillas de arcilla datan del Imperio Asirio Medio, alrededor de 1,250 a.C. Las pequeñas tabletas, en parte desmoronadas, ahora han sido leídas cuidadosamente por la filóloga de la Universidad de Heidelberg, la Dra. Betina Faist, que colabora como especialista en el idioma asirio con el proyecto arqueológico en Tübingen. Utilizó fotografías de los textos, que poco a poco arrojaron luz sobre la historia de la ciudad y la región en el momento del Imperio Asirio Medio.

La traducción revela la ubicación de la ciudad nombrada como Mardaman en fuentes de la Antigua Babilonia desde alrededor de 1,800 a.C, y que probablemente sea la Mardama asiria. Según las fuentes, fue el centro de un reino que fue conquistado por uno de los más grandes gobernantes de la época, Shamshi-Adad I, en 1.786 a. C., y se integró en su imperio del Mesopotamia superior. Sin embargo, unos años más tarde se convirtió en un reino independiente bajo un gobernante hurriano llamado Tish-ulme. Siguió un período de prosperidad, pero poco después la ciudad fue destruida por Turukkaeans, gente de las montañas Zagros al norte. «Los textos cuneiformes y nuestros hallazgos de las excavaciones en Bassetki ahora dejan en claro que no fue el final», dice Pfälzner.

«Las tablas de arcilla de Bassetki hacen una nueva contribución importante a la geografía de Mesopotamia», explica la asirióloga Betina Faist. Este descubrimiento puede proporcionar pistas sobre la ubicación de otras ciudades antiguas en Mesopotamia, dice Pfälzner. “Mardaman ciertamente se convirtió en una ciudad influyente y en un reino regional, basándose en su posición en las rutas comerciales entre Mesopotamia, Anatolia y Siria. A veces era un adversario de los grandes poderes mesopotámicos. Así que las futuras excavaciones de la Universidad de Tübingen en Bassetki seguramente producirán muchos descubrimientos más emocionantes”.

Mardaman

El sitio de la ciudad de la Edad de Bronce de Bassetki fue descubierto en 2013 por arqueólogos del centro de investigación colaborativa de Tübingen 1070, Resource Cultures. Las tablas de arcilla encontradas en 2017 se habían depositado en un recipiente de cerámica utilizado como archivo y se habían envuelto en una cubierta gruesa de arcilla junto con otros recipientes. “Es posible que se hayan escondido de esta manera poco después de que el edificio circundante haya sido destruido. Quizás la información que contenía estaba destinada a ser protegida y preservada para la posteridad «, explica Pfälzner.

Con información de  Universität Tübingen


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Antiguos pueblos de Oriente Medio- Asirios

Palacio Nimrud

Los asirios fueron un conjunto de pueblos nómadas de origen semita que se desplazaban por lo que es conocido hoy como Medio Oriente. El núcleo geográfico originario del pueblo asirio estaba constituido por dos áreas. Por un lado, incluía el denominado triángulo de Asiria, entre el alto Zab y el Tigris, con Nínive como centro principal. Y por otro, más al sur, se hallaba la ciudad de Assur, que daba nombre a los propios asirios. El triángulo de Asiria era una región abierta, intensamente poblada, muy rica desde un punto de vista agrícola y con un importante y antiguo urbanismo.

Origen del nombre Asirio

El origen de su nombre, corresponde a lo que fue la principal capital del pueblo asirio, Assura o Ashura en árabe. Esta palabra estaba dedicada al dios Assur, que según la mitología de la Antigüedad significa “el Dios de la Vida”, representado en sus inicios en forma de árbol.

Aunque el Dios Assur representaba la creación del todo, de la vegetación, de la vida, del orden y de lo infinito, conforme iba expandiéndose el imperio asirio, su figura fue tergiversando, hasta llegar a dársele un significado más perverso y guerrero para animar a los soldados a impulsar nuevas conquistas. Era el rey de los Dioses y Dios de los reyes, y todo ciudadano o gobernante asirio debía proceder a un ritual para obtener su bendición.

Según los descubrimientos arqueológicos realizados en la ciudad de Assura, al-Charquat en el actual Irak, a orillas del espléndido río Tigris, esta fue una colonia de los babilonios que pasó a ser de los asirios después de su total destrucción. Esta antigua ciudad se reveló en 2003 y fue declarada Patrimonio de la Humanidad en peligro de desaparición por la UNESCO.

Existieron 3 etapas en el Imperio Asirio, las cuales fueron el Imperio Antiguo Asirio, el Imperio Medio Asirio y el Imperio Neo Asirio.


Antiguo Imperio Asirio

Fue en este período, (1814-1781 a.C.), donde el Imperio Asirio se consolidó con tal categoría. El aumento de la población asiria fuera de sus regiones hizo estallar las primeras tensiones y batallas con las naciones vecinas. Bajo el mandato del rey Shamshi Adad I hasta el 1760 a.C, ya que en ese año fue derrotado por el Imperio de Babilonia.

El Imperio Medio Asirio

Comenzó con Assur-uballit I, (1363-1328 a.C.), que consiguió sustraerse de la tutela mitannia, y, dando la vuelta a la situación, impuso momentáneamente en el trono mitannio a un filoasirio. Mitanni, ahora en decadencia, acabó cayendo en la órbita del Imperio hitita. Assur-uballit controló Asiria hasta la Alta Mesopotamia central y los territorios más orientales de Mitanni. Consciente de su renovado poder, se hizo llamar Rey de la totalidad, y estableció relaciones diplomáticas directas con el Egipto de Amenhotep IV.

Es aquí donde los asirios empezaron a labrar su legado, un legado temido en los años venideros. Resistieron contra todos los ataques sufridos por todos los frentes ante los hititas, egipcios, arameos o los mitani. Extendieron territorialmente sus dominios.

En cada región se instauró una provincia con un gobernador y sus respectivos edificios representativos, (normalmente, templos).

El Imperio Neo Asirio

El rey Sargón II, de la dinastía Sargónidas, se encargó de llevar otro elemento menos bélico a su imperio: el arte, la arquitectura y la modernización urbanística. Los jardines y plantas es uno de los atributos resplandores de la época, convirtiendo a la capital Nínive en una de las más bellas de Mesopotamia.

No obstante, todo ello -incluso con el acomodamiento de las masas- se hizo con mano de hierro y de manera despótica. La desigualdad y crueldad con la que eran tratados los habitantes de segunda clase hizo caer al imperio en una espiral de debilidad y descontrol, que culminaría con la reconquista de los babilonios allá por el año 609 a.C.

Sistemas de comunicación

Los asirios también desarrollaron un eficiente sistema de comunicaciones para administrar su imperio de forma más práctica. Se formó una red de estaciones de correo que utilizaban relevos de caballos, (y mulas o burros en los terrenos montañosos), para llevar mensajes a través de todo el imperio. El sistema resultó tan eficaz, que un gobernador provincial de cualquier parte del imperio, (excepto Egipto), podía enviar una pregunta al palacio del rey, y recibir respuesta en cuestión de una semana. Las misivas iban rodeadas por una envoltura, también de tierra cocida, en que figuraban la dirección del destinatario y un texto de “protección”. Se escribía también sobre tablas de madera recubiertas de cera y probablemente se empleaba asimismo la escritura de tinta sobre madera, pergamino o papiro. Se han encontrado numerosos diccionarios bilingües y trilingües, métodos para aprender el babilonio y el asirio, así como numerosas copias de obras literarias, escritas en caracteres cuneiformes.


Arte Asirio

Todo el arte asirio se inspira en el de Persia, Siria, los hititas y Babilonia. Las estatuas son macizas. Bajo el reinado de Asurbanipal los escultores de animales alcanzan en los bajorrelieves una gracia y un movimiento raramente igualado, que, desde luego, no existe en las efigies reales de convencionales rasgos, con sus barbas rizadas y sus cabellos lisos, en las que sólo el perfil semita y los labios gruesos ofrecen una nota realista. La arquitectura refleja el poder de este pueblo. La orfebrería alcanzo con los asirios mayor nivel de realización y utilizaron metales como la plata el oro y el bronce para sus bellas creaciones.

Entre las técnicas que se desarrollan destacan la elaboración de armamento militar, carruajes, espadas, lanzas, arcos flechas y carros de dos ruedas guiados por caballos. Los asirios fueron los primeros en reconocer las ventajas que tenía el hierro sobre el bronce tan temprano como en el 1000 A.C su ejército había sido equipado con armamentos, carros y armaduras hechas de hierro. Estas armas fueron sistemáticamente mejoradas atreves del tiempo y no solo eran sólidas y efectivas en el combate sino que también estaban en muchos casos bellamente decoradas.

La Lengua y la religión

Lo que aseguraba su identidad a los asirios mismos era su lengua, aunque incluso ésta era semejante a la de sus vecinos sureños de Babilonia. Los asirios empleaban para anotar su lengua—un dialecto acadio, emparentado con las lenguas semitas, el hebreo, el arameo y el árabe—caracteres que, escritos de izquierda a derecha, en líneas horizontales, resultaban muy complicados. Por eso, a partir del reinado de Sargón I, se extenderá cada vez más el empleo de la lengua y escritura arameas —que era silábica, y, por tanto, más fácil—, no solamente entre el pueblo sino en la corte. La religión igualmente fue una fuerza cohesiva.

Asiria era literalmente “la tierra de Ashur”, en referencia a su principal dios. El rey —representación humana del dios Ashur— brindaba un enfoque final de unidad. El «vencedor del caos», era el verdadero soberano del país y de su primera capital: Assur. Exigía el sometimiento completo de todos los hombres a su voluntad y por ello las guerras asirias eran consideradas «santas» en nombre de su dios, con el objetivo de extender su culto. La religión asiria era totalmente fanática y estaba dominada por el fatalismo, la magia y los oráculos. Estos eran tan importantes que el gobierno del Imperio podía quedar paralizado por un mal augurio.

Sus ceremonias no eran extrañas al mundo oriental, pero tras su acatamiento como dios principal, venía la aceptación de tributo al gobernador asirio que pasaba a controlar el territorio en «nombre del dios Assur». Debido a esto, eran muchos los pueblos que se negaban a someterse y era entonces cuando comenzaba la guerra total sin piedad contra aquellos que osaran oponer resistencia. Assur,  (dios de los dioses), que moraba en la ciudad de Assur.        Ishtar, (la batalla y el amor).  Ninurta, (dios de la caza y de la guerra). Samash y Adad, (Baal), dios de las tormentas, presidían la adivinación. Harran, (dios de la luna tomó gran importancia hacia final del imperio asirio). Nin, (fue también la diosa Luna), dio nombre a Nínive una de las ciudades asirias.

La “Epopeya de Gilgamesh“, trata sobre las proezas de un héroe cuya figura parece haber sido popular en Asiria alrededor  del año 2600 A.C. Su leyenda proviene de Sumeria y todavía se contaba en Asiria y Babilonia más de mil años después. Fue representada en el arte Asirio.

Agricultura y comercio, principales fuentes económicas

La agricultura constituía la principal base de la vida asiria. Asiria era una tierra de villas campesinas y, relativamente, pocas ciudades importantes, sobre todo en comparación con la parte sur de Mesopotamia. A diferencia de los valles ribereños —donde la agricultura requería la organización meticulosa de un gran número de personas para controlar la irrigación—, los campos agrícolas asirios recibían suficiente humedad de las lluvias regulares.

El comercio era la segunda actividad en importancia económica. El comercio interior dependía de un sistema que utilizaba los metales —como el oro, la plata, el cobre y el bronce— como medio de intercambio. Diversos productos agrícolas también servían como una forma de pago o de intercambio. Debido a su localización geográfica, los asirios fungían como intermediarios y participaban en el comercio internacional, del que importaban madera, vino, metales y piedras preciosas, mientras que exportaban materiales textiles o tejidos fabricados en los palacios, templos y quintas privadas.


Cultura

La cultura del Imperio Asirio fue híbrida por naturaleza. Los asirios asimilaron muchos elementos de la civilización mesopotámica y se consideraron a sí mismos guardianes de la cultura sumeria y babilónica. Por ejemplo, Asurbanipal coleccionó una gran biblioteca en Nínive, que incluía las obras disponibles de la historia mesopotámica. La religión asiria reflejaba también la asimilación de otras culturas. Aunque los asirios consideraban su propio dios nacional, Ashur, su deidad principal, reconocieron también a casi todos los dioses y diosas de Mesopotamia.

Entre los objetos mejor conocidos del arte asirio se encuentran las esculturas en relieve encontradas en los palacios reales de tres de las ciudades capitales asirias: Nimrud, Nínive y Khorsabad. Estos relieves —comenzados durante el reinado de Asurbanipal en el siglo IX y que alcanzaron su culminación en el reinado de Asurbanipal en el siglo vi— ilustraban dos distintos tipos de motivos: las escenas ceremoniales o rituales, agrupadas alrededor de la persona del rey, y escenas de caza y guerra.

Las últimas mostraban instancias de acción vividas del rey y sus guerreros librando batallas o cazando animales, sobre todo, leones. Estos relieves ilustran un mundo vigoroso masculino, donde la disciplina, la fuerza bruta y la rudeza son valores perdurables: en verdad, los verdaderos valores de la monarquía militar asiria.

La caída del imperio Asirio

En el año 609 A.C Las tropas Asirias se enfrentan a una serie de eventos que debilitan el poder del imperio tanto internamente como bajo la presión de Babilonia y Medes. El último rey asirio, Ashur-uballit II, organizó en Harran la última resistencia, con el apoyo del faraón egipcio Nekao, pero no pudo resistir mucho tiempo, pues Harran cayó en 610 a.C. El gran imperio Asirio desaparece de la historia luego de cientos de años en control de la región de Mesopotamia y tierras adyacentes y luego de haberse impuesto por un ejército muy disciplinado y entrenado para conquistar y avasallar a su paso sin misericordia.

Con información de Historia Universal

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Arpas de Ur – Arte musical Sumerio

El instrumento de cuerdas más antiguo, legado de la civilización Sumeria

El hallazgo más importante relacionado con la música mesopotámica tuvo lugar en 1929. El arqueólogo británico Leonard Woolley, considerado primer arqueólogo moderno, se encontraba excavando desde hacía varios años en la antigua ciudad sumeria de Ur. Allí se encontró con el que sería uno de los descubrimientos arqueológicos más importantes del siglo XX.

Las Arpas de Ur, también llamadas Liras de Ur, están consideradas como los instrumentos de cuerda más antiguos. Datan del año 2400 a. C. y fueron elaborados en época de la civilización sumeria, que se considera la primera y más antigua civilización de la historia, que se extendió por el sur de Mesopotamia, en la zona de los ríos Tigris y Eufrates, (actual Irak) concretamente forma parte del Período Dinástico Arcaico, un período arqueológico de la historia de Mesopotamia entre el año 3000 a. C. y el 2334 a. C.

La música desempeñaba un papel importante en la cultura sumeria. Los músicos aprendían a tocar en una escuela y formaban parte de la clase alta de la jerarquizada sociedad. La música y el baile estaban muy presentes en los rituales religiosos, sobre todo en los de la diosa Inanna, en las celebraciones de nacimiento y matrimonio y en los recitales de poesía. Antes de tocar cualquier instrumento de cuerda, los intérpretes se lavaban las manos para purificarse. Entre los instrumentos de cuerda típicos sumerios destacan las liras y las arpas, de numerosas cuerdas y construídas en madera con incrustaciones de cristales y lapislázuli y el pantur (laúd), que más tarde se pasaría a llamar pantura por los griegos. Tenía un mástil extremadamente largo y se componía de dos o tres cuerdas.

Las denominadas «Arpas de Ur», también llamadas «Liras de Ur», se consideran los instrumentos de cuerda más antiguos descubiertos hasta ahora en todo el mundo. Datan aproximadamente del año 2.400 a. C. y fueron creadas por la civilización sumeria, una de las primeras y más importantes civilizaciones de la historia de la humanidad. El «Arpa Dorada» o «Arpa del Toro» estaba considerada la más bonita de las cuatro halladas en dicho lugar, pero desgraciadamente fue, casi en su totalidad, destruida durante la invasión de EE.UU. a Irak en el año 2003.

Gracias a diversas entidades y universidades, una réplica fue construida. Además se pudo recuperar la cabeza original del toro. El arpa de la reina Pu-abi se encuentra en el Museo Británico. El arpa en forma de barco y otra con una cabeza de toro de oro (similar a la de la reina) se guardan en Museo de Arqueología y Antropología de la Universidad de Pennsilvania.

Los instrumentos  más antiguos

También se tocaba el laúd, llamado panthur en sumerio, con un largo cuello y pequeña caja de resonancia, tocado generalmente por las mujeres. Como instrumentos de viento usaron flautas, chirimías y trompetas. En cuanto a la percusión, tocaban instrumentos variados, como calderos de metal a modo de timbales o el sistro.

Formación musical

En cuanto a instrumentos de viento se podría destacar el uso de las flautas, que están presentes desde tiempos inmemoriables en todas las civilizaciones. Estas flautas serían versiones primitivas de los neys actuales, aunque dudo que existan muchas diferencias entre ambas. No disponían de embocadura y se tocaban en vertical. Las trompetas, que surgieron en el periodo asirio y las chirimías dobles. En la percusión: sistros, pequeños tambores, crótalos y los grandes timbales de metal.

Las primeras partituras de la historia

Las fuentes cuneiformes explican el uso de las escalas pentatónicas y heptatónicas, además del sistema monódico, aunque sería muy probable que conocieran la polifonía. Las liras y las arpas se punteaban con ambas manos y la chirimía, aparte de hacer sonar la melodía, emitía la nota del bordón. Era importante el uso de las quintas y las cuartas en los instrumentos de cuerda y la percusión venía a menudo de manos de las propias bailarinas. Existía ya por aquel entonces el concepto de orquesta.

El descubrimiento de las tablas hurritas, una colección de canciones escritas en cuneiforme, que datan del 1.400 a.C y fueron descubiertas en la ciudad de Ugarit. En una de estas tablas se encuentra el himno hurrita a Nikkal (h.6), el más famoso de todos.

Con información de Haraldwartooth

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Las legendarias reinas de Asiria

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El óleo de Christian Kölher sobre estas líneas muestra la enérgica reacción de Semíramis al estallar una revuelta en Babilonia. Siglo XIX. Galería Nacional, Berlín.

Desde la administración de las propiedades agrícolas hasta el control del ejército, las reinas asirias disponían de una autonomía muy superior al resto de mujeres en Mesopotamia

A medida que se empezaron a descifrar los documentos en escritura cuneiforme, desde 1857, los reyes de Mesopotamia entraron en la historia con sus nombres, los grandes acontecimientos de sus reinados y el marco en el cual habían ejercido su poder. No sólo los reyes; con ellos, por decirlo así, también salieron a la luz de la historia los nombres de sus esposas y de los miembros femeninos de sus familias.

Sin embargo, esta reaparición no es en absoluto homogénea ni completa: seguimos ignorando, por ejemplo, cómo se llamaba la esposa del rey Hammurabi de Babilonia, en el siglo XVIII a.C., o el nombre de la mujer de Nabucodonosor II, en el siglo VI a.C., aunque, en este caso, la tradición grecorromana la menciona con el nombre de Amitris, hija del rey de los medos, Ciaxares.

Y es que algunas fuentes de la Antigüedad clásica reflejaban un escaso conocimiento del Próximo Oriente antiguo, de modo que se combinaban elementos reales con la visión estereotipada que el mundo griego tenía de las monarquías orientales. Uno de los mejores ejemplos de este tipo de tópicos es un personaje real femenino semilegendario: la reina Semíramis.

La mítica Semíramis

Según recoge el historiador griego Diodoro Sículo, Semíramis se casó con Onnes, un consejero del rey Nino de Nínive, y con sus sabios consejos ayudó a consolidar la carrera de su marido. Cuando una vez fue con él a una campaña militar en Bactriana, al norte del actual Afganistán, impresionó de tal modo al rey por su valentía y su habilidad, que el monarca decidió casarse con ella y obligó a Onnes a suicidarse. Convertida en reina, Semíramis sucedió a Nino y gobernó durante 42 años, construyó la ciudad de Babilonia, la adornó con jardines colgantes, desvió el curso del Éufrates y rodeó la ciudad de 70 kilómetros de murallas. Dirigió campañas militares victoriosas desde Armenia hasta Egipto y desde el Indo hasta Etiopía, y acabó renunciando al poder cuando supo que su propio hijo conspiraba con los eunucos del palacio para adueñarse del trono.

Esta biografía legendaria fue compuesta a partir de un gran número de elementos históricos reales, pero uniéndolos de tal modo que se correspondieran con la imagen que los griegos tenían de un monarca oriental. Ahora bien, el desciframiento de las fuentes cuneiformes permitió confirmar la autenticidad del nombre de Semíramis cuando se descubrió en unas inscripciones reales del siglo IX a.C. el nombre de Shammu-Ramat, hija de un rey de Babilonia y esposa del soberano asirio Shamsi-Adad V. Tras la muerte de su marido, Shammu-Ramat habría gobernado Asiria como regente entre los años 811 y 808 a.C., esperando a que su hijo Adad-Nirari III alcanzara la edad de ejercer el poder y contando con el apoyo de la alta nobleza, en concreto del gobernador de las provincias fronterizas del oeste del reino, llamado Nergal-Eresh.

La posición privilegiada que mantuvo Shammu-Ramat al frente del país se hace patente por el hecho de que fue la única entre todas las esposas reales asirias conocidas (a excepción de Libbali-Sharrat, la mujer de Assurbanipal) que ordenó erigir, hacia 797 a.C., en la ciudad de Assur, una estela de piedra con su nombre, conservada actualmente en el museo de Berlín. Parece que Shammu-Ramat vivió hasta 788 a.C. y ejerció una gran influencia sobre su hijo Adad-Nirari III. También se la menciona en otra estela oficial, según la cual habría participado con su hijo en una campaña militar en Siria.

La situación excepcional de Shammu-Ramat no es única en el «período imperial» (745-610 a.C.), el mejor documentado de la historia asiria. Esta etapa histórica nos ha transmitido los nombres de varias esposas reales, algunas de las cuales tuvieron también una posición política destacada. Constatamos así una diferencia evidente entre la situación de las mujeres vinculadas al trono en el Imperio asirio y la de las esposas reales en la parte sur de Mesopotamia. Por ejemplo, los reyes de Babilonia mencionaban de vez en cuando a sus hijas, ya fueran grandes sacerdotisas o estuvieran destinadas a casarse con el faraón de Egipto o con un rey vecino, pero en Elam (actual Irán) era algo excepcional que se mencionase el nombre de las esposas de los soberanos.

Sin duda, este contraste se debe en gran parte a las diferencias en el volumen de información disponible sobre cada período. Para los tres siglos de historia del Imperio Nuevo asirio existe un material excepcional: miles de tablillas de arcilla con inscripciones que quedaron sepultadas bajo los escombros de los palacios asirios, cuando éstos fueron brutalmente destruidos entre 614 y 610 a.C., en el momento de la caída del Imperio. Sin embargo, no es menos cierto que las reinas asirias disponían de una autonomía muy superior a la media de las esposas mesopotámicas, como muestran esas tablillas y los espectaculares resultados de la arqueología de finales del siglo XX.

Naqi’a, la pura

Otra gran figura femenina que destaca entre las reinas asirias es la esposa de Senaquerib, llamada Naqi’a. De origen arameo (Naqi’a significa «la pura»), también es conocida con la forma asiria de su nombre: Zakutu. Aunque no tuvo el rango de esposa principal de Senaquerib, consiguió, sin embargo, que el hijo que ella le dio, Asarhadón, fuera designado como heredero al trono. Este nombramiento provocó una crisis política en la cúspide del Estado asirio: en un primer momento, Asarhadón se mantuvo alejado en la parte occidental del Imperio, probablemente en la región de Harrán. Cuando Senaquerib fue asesinado en enero del año 681 a.C., en una conspiración orquestada por otro de sus hijos, el príncipe Arad-Mullissu, estalló una guerra civil entre los dos hermanos de la que salió victorioso Asarhadón. Una vez en el trono de Asiria, Asarhadón garantizó a su madre un lugar privilegiado en la gestión de los asuntos políticos. Cuando la esposa del rey, Esharra-Hamat, murió en el año 673 a.C., Asarhadón concedió a su madre, Zakutu, el título de «reina» (issi-ekalli/segalli), con todas sus atribuciones oficiales.

Mediante su intervención, la futura sucesión real se organizó con mucha antelación para evitar la repetición de una crisis como la de 681 a.C. Parece que Zakutu intervino en la decisión del rey, que eligió como sucesor a su hijo menor, Assurbanipal, reservando el virreinato de Babilonia a su otro hijo, Shamash-Shum-Ukin, a pesar de que éste era el mayor. En esta ocasión, se hizo que la población del Imperio prestara un juramento solemne de fidelidad al nuevo príncipe heredero, y Zakutu participó activamente en la organización de estas juras; se han encontrado varios ejemplares de estos textos guardados en algunos templos. Zakutu hizo renovar ese juramento hasta la muerte de Asarhadón. Algunos años después de que su nieto Assurbanipal subiera al trono, su nombre desaparece de la documentación, posiblemente debido a su muerte.

La Casa de la Reina

La relevancia de la figura de la reina Naqi’a no debe ocultar el hecho general de que el papel de la reina, como esposa oficial del soberano (y la única que llevaba ese título), no dejó de reforzarse durante los dos últimos siglos de existencia del Imperio Nuevo asirio. La fase crucial en que la reina se convirtió en uno de los personajes más importantes de la corte se sitúa en el reinado de Senaquerib, cuando se inició un traspaso de poderes de los dignatarios procedentes de la alta nobleza, que formaban el entorno del rey, a los miembros más cercanos de su familia, su mujer y sus hijos. Paralelamente, la «Casa de la Reina» se convirtió en un elemento fundamental de la estructura económica que constituía el palacio real y, una vez más, los textos y las fuentes arqueológicas testimonian la riqueza adquirida por las soberanas de Asiria.

Al menos desde finales del siglo VIII a.C., las reinas participaban en el reparto del conjunto de «regalos» que los reyes y los príncipes vasallos llevaban a la corte asiria como tributo, y su «parte» aparece en segundo lugar, entre la del rey y la del príncipe heredero. Paralelamente, recibían del rey la posesión de vastos dominios territoriales, repartidos en una gran cantidad de provincias del Imperio, destinados a garantizar la subsistencia de los habitantes de su «casa», que contaba con varios centenares de personas. Esta Casa de la Reina funcionaba como una institución paralela a la Casa del Rey y a la Casa del Príncipe Heredero, y disponía de un personal propio, mayoritariamente femenino.

La administración de las posesiones agrícolas pertenecientes a la reina se encontraba bajo las órdenes de una «gobernadora» (shakintu), el equivalente femenino de los «gobernadores» (shaknu) de la administración imperial, y las rentas obtenidas gracias a la explotación de todas esas propiedades hacían de la reina uno de los personajes más ricos del Imperio. Un archivo de textos cuneiformes hallado en las ruinas del palacio de Nínive y conocido con el nombre de «censo de Harrán» enumera, hacienda por hacienda, a los miembros que formaban las familias de agricultores de una o varias propiedades de la reina en el oeste. Al final del proceso, en el siglo VII a.C., la reina incluso había incorporado a su Casa a ciertos cuerpos del ejército permanente asirio, por lo que puede decirse que participaba en la organización y control del aparato militar del Estado.

La gestión de este amplio conjunto se basaba en una contabilidad escrita y en la clara identificación de todos los elementos de mobiliario y vajilla que pertenecían a la Casa de la Reina. De este modo se ha podido reconocer la imagen del escorpión como símbolo distintivo de la reina de Asiria, lo cual permitía a los que no sabían leer identificar sin equívocos las propiedades de la soberana.

Poderosas en la vida y en la muerte

La reina de Asiria salía del palacio únicamente para participar en ceremonias religiosas y en la vida de la corte, para asistir a actividades políticas o realizar giras de inspección relacionadas con la gestión de sus bienes. Sin embargo, el marco habitual de su existencia era el bitanu, término que puede traducirse como «los apartamentos privados». Allí convivía con las mujeres vinculadas al soberano y con los niños de corta edad. El acceso a este lugar estaba estrechamente vigilado y los contactos con el exterior se hallaban sometidos a un cuidadoso control, si nos guiamos por los extractos de unos reglamentos conocidos como «edictos de harén» que datan del período Medio Asirio, pero que probablemente seguían vigentes en el primer milenio. Se trataba sobre todo de controlar la transmisión de información entre el bitanu y el mundo exterior, y de evitar posibles complots.

Así pues, no es sorprendente que durante las excavaciones llevadas a cabo en 1989 en uno de los más famosos palacios asirios, el de Kalhu (Nimrud), se encontraran las tumbas intactas de varias reinas asirias: las esposas de Tiglat-Pileser III y de sus hijos Salmanasar V y Sargón II. Estaban situadas en sótanos habilitados bajo el suelo de las habitaciones ocupadas por las reinas en el gran palacio real, y revelaron no sólo los nombres de las esposas de los reyes de finales del siglo VIII a.C., sino también el esplendor y la riqueza de las joyas que las habían acompañado en su viaje al Más Allá. La corte abandonó Nimrud a partir del reinado de Sargón II para trasladarse a una nueva capital, Nínive. Es posible que en una zona todavía sin excavar del palacio de Senaquerib en Nínive estuvieran enterradas las esposas reales de los reinados siguientes, entre ellas tal vez la poderosa Naqi’a, esperando a ser descubiertas algún día. El estudio de la historia asiria aún puede reservarnos muchas sorpresas.

Para saber más
Las civilizaciones antiguas de Mesopotamia. K. Polinger Foster y B. R. Foster. Crítica, Barcelona, 2011.

El antiguo Oriente. Mario Liverani. Barcelona, 2008.
El cercano Oriente, los grandes imperios. M. Camino García y J. Santacana. Anaya, Madrid, 2002.

Con información de: National Geographic

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Los orígenes de la guerra organizada

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La guerra es, inevitablemente, una constante en la historia del ser humano. Incluso en las sociedades prehistóricas, que sin haber ejércitos como tales, entre las aldeas cazadoras o recolectoras ya existían luchas con armas de piedra, de forma ritual y para incursiones en poblados vecinos, para su esclavitud o exterminio. Desde combates individuales o colectivos cuerpo a cuerpo, hasta el intercambio de proyectiles, palos a modo de lanza y piedras.

Cuando los asentamientos agrícolas neolíticos se fusionan en aldeas, y las sociedades se configuran de modo complejo (técnicas de cultivo, comercio, jerarquías, clases dirigentes, religiosas, especialización) la guerra toma un cariz ‘civilizado’ – y perdón por el término- en cuanto a que aumenta la sofisticación de las armas y la eficacia de sus guerreros. Entre las primeras civilizaciones complejas destacan Mesopotamia y el Reino Antiguo de Egipto. La agricultura implicó la concentración de recursos en lugares fijos, y la necesidad de defenderlos. Esto dio lugar a la construcción de ciudades amuralladas, como Jericó, y ciudades fortificadas, como Çatalhöyük, -o Catal Huyuk-, ubicada en lo que ahora es Turquía.

Paralelo al crecimiento de los ejércitos en estas sociedades, se desarrolló también la tecnología de guerra. Con la introducción del bronce, y mil años después el hierro (1200 a.C), se sustituyeron la piedra y los huesos por materiales más efectivos para las puntas de lanza, hachas, flechas, lo que daría pie a la creación de armaduras de metal. El siguiente paso fue el uso de fortificaciones, el empleo del asedio como técnica de ataque, la domesticación del caballo y su uso para el carro de combate y montura, y posteriormente los barcos de remo y las galeras.

Hasta la aparición de la pólvora los elementos principales en la lucha son constantes: Por un lado, soldados de a pie con espadas y lanzas, arcos, jabalinas, hondas. Por otro, caballería con arcos y lanzas y máquinas de asalto (p.e. las catapultas).

Esto implicaba la necesidad de organizar los ejércitos en el uso de estos elementos. Los asirios, por ejemplo, fueron los primeros en crear una fuerza de mercenarios. Las polis griegas usaban ciudadanos-soldado, los hunos luchaban con jinetes nómadas organizados. Ante las nuevas formas de guerra, los factores básicos para el éxito eran la organización eficaz y la disciplina.

Mesopotamia

Los primeros ejércitos que se conocen existieron sobre el 2500 a.C. en las ciudades-estado de Sumeria, en el sur de Mesopotamia. La mayoría de las batallas incluían infantería que empuñaba lanzas, hachas o dagas. Contaban también con carros de madera de cuatro ruedas, tirados por asnos, que portaban a un conductor y a un soldado de élite que empuñaba una jabalina. Además del arco tradicional, construido con un palo de madera, utilizaban el arco compuesto, hecho de tiras de madera, hueso y tendones. Las armaduras eran de cuero, bronce o cobre.
Sobre el 2000 a.C introdujeron los caballos en la guerra, lo que supuso una gran innovación tecnológica: el carro ligero de dos ruedas tirado por caballos. Se usaba básicamente como plataforma para un arquero.

Los primeros informes registrados sobre la guerra entre ciudades de Mesopotamia (Iraq y Este de Siria) hablan ya de ejércitos con unos pocos miles de hombres.

El primer militar que forjó un imperio a base de conquistas fue Sargón de Acad sobre el 2340 a.C. Tenía un ejército de 5000-6000 hombres. Ganó más de una treintena de batallas, usaba armas de bronce y arcos compuestos y tenía carros de 4 ruedas tirados por asnos. Su imperio duró 125 años. Pionero en la expansión de imperios mediante la conquista militar, le imitarán los asirios, los babilonios y los persas.

A principios del S.XVIII a.C. el rey de una pequeña ciudad-estado llamada Babilonia, Hammurabi, tiene un pacto de respeto mutuo con Asiria y de recíproco apoyo en caso de necesidad. Pero sobre 1763 a.C. Hammurabi rompe el pacto y entra en guerra con Larsa, Uruk y Ur. Un lustro después se había consolidado el imperio babilónico que abarcaba desde el desierto de Siria al golfo Pérsico.

Egipto

En el Nuevo Egipto el más famoso y guerrero de sus gobernantes fue Ramsés II. Combatió con los hititas, los antiguos reinos de Moab, Edom, Negeb y los libios. De sus batallas, una de las más llamativas fue la de Qadesh, sobre el 1274 a.C., originada por el afán de control de Líbano y Siria, egipcios contra hititas. Ramsés II obtuvo una gran victoria por la costa este del Mediterráneo, pero al volver al año siguiente el rey hitita Muwatalli II había reunido a un ejército respetable.

Las fuerzas de Ramsés se componían de cuatro divisiones con carros en el centro de cada una. Tirados por dos caballos, los carros eran ligeros y rápidos, y podían desplazarse a una velocidad máxima de 38 km/h, y girar bruscamente gracias a sus dos ruedas espaciadas estratégicamente. Cada vehículo llevaba a dos personas. Un auriga (conductor) y un guerrero armado con un arco compuesto. Los hititas tenían carros más pesados y lentos, y portaban a tres hombres. El tercero en discordia normalmente sostenía un escudo.

El día de la batalla las divisiones de Ramsés avanzaron hacia Qadesh, en el río Orontes. Ramsés y su división principal, creyendo que los hititas estaban más al norte –en la ciudad de Alepo- montó el campamento cerca de Qadesh. Pero Muwatalli había preparado una trampa: sus hombres se ocultaron al otro lado del río, desde donde 2.500 hititas salieron a atacar a las divisiones egipcias que estaban todavía aproximándose a la ciudad. Los hititas derrotaron a una de las divisiones y luego giraron para atacar el campamento del faraón al mismo tiempo que Muwatalli desataba mil carros más. Aunque hubo contraataque egipcio, Ramsés retiró sus tropas tras el combate y se llegaría a un acuerdo, el primer tratado de paz. Qadesh permaneció en poder hitita.

Asirios

Entre los siglos IX y VII a.C Asiria elevó la práctica de la guerra a nuevos niveles de eficiencia. Su ejército sembró el terror a base de torturas, masacres y deportaciones masivas a cualquier pueblo que se resistiera al dominio asirio. A mediados del S.VIII a.C. ya tenía un ejército organizado por jerarquías y contaba con unidades dirigidas por generales profesionales. Luchaban en él, además de los propios soldados, mercenarios extranjeros y prisioneros de guerra. Recibían pagas regulares y contaban con ejércitos de armas. En esas fechas introdujeron la figura del jinete: arqueros a caballo con armaduras ligeras que sometían al enemigo a lluvias de flechas. Posteriormente añadirían a jinetes con lanzas. La caballería otorgó flexibilidad de maniobra al campo de batalla. Explotaron, además, el asedio como método de guerra.

Persas

Entre el siglo VI y el III a.C. los aqueménidas (persas) también usaron la caballería como elemento principal de sus ejércitos. Como el caso anterior, los guerreros eran de origen heterogéneo, divididos en grupos especializados. Mercenarios griegos en infantería, fenicios como marineros, escitas en caballería. Eran ejércitos disciplinados sometidos a un fuerte entrenamiento.

Ciro II el Grande fue el fundador del imperio aqueménida de Persia alrededor del año 580 a.C. En el 560 a.C. ya dominaba Irán, el norte de Mesopotamia y la mayoría de Babilonia. A diferencia de los asirios, Ciro gozaba de gran popularidad entre muchos pueblos por su tolerancia religiosa. El imperio duró más de 200 años, hasta que fue conquistado por Alejandro Magno, pero esto es un tema ya para el segundo capítulo de la Guerra en la Historia.

Por Laura Martín
Con información de:La Gaceta
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Ugarit,cuna de la primera partitura musical

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Ugarit, un prominente reino situado en la costa mediterránea de la actual República Árabe Siria, no solamente fue la ciudad donde nació el alfabeto, sino que también fue el sitio donde se inventó la primera partitura musical en el siglo XIV a.C.

Este descubrimiento se debe a la Doctora Anne Kilmer, profesora de Asiriología y Decana de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Berkeley (California).

En efecto, a comienzos de los años sesenta, la Profesora Kilmer recibió una tablilla de arcilla para ser descifrada.

La misma fue hallada a mediados de los años cincuenta durante las excavaciones en el Palacio Real de Ugarit. Los arqueólogos no lograban descifrar su contenido y al principio, creían que era un simple registro contable. Tras casi 10 años de intenso estudio, la Profesora Kilmer logró descifrar la tablilla. Enorme fue su sorpresa al encontrarse frente a la más antigua partitura musical jamás descubierta.

La tablilla, que data del siglo XIV a.C, contenía en su parte superior la letra de una canción de amor, mientras que las seis líneas inferiores explican cómo tocar la melodía con las cuerdas de la lira sumeria y con cuál de los dedos.

La tablilla musical de Ugarit, escrita mil años antes que Occidente compusiera su primer obra musical titulada ¨Orestes¨, demostró que fue la base para que Pitágoras organizara, en el año 500 a.C., la Escala Musical Séptula, sobre la cual se fundamenta la Música Occidental.

En el año 1970 una lira de once cuerdas, el instrumento musical más usado en aquella época, fue construida con el propósito de reproducir la partitura musical descubierta. En ese mismo año, un público de casi 1000 personas asistió al anfiteatro de la Universidad de Berkeley para escuchar la primera interpretación musical de la partitura de Ugarit.

Por Samira Adbel Masih
Con información de Alta Política

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El concepto de La Trinidad en las religiones

Trinidad
Trinidad

 

Los Oráculos caldeos tratan explícita y acabadamente de la Trinidad, diciendo a este propósito:

Desde esta Tríada, en los profundos senos, están gobernadas todas las cosas.

El reverendo Maurice admite la expresión oracular, según la que “la divina Tríada, cuya cabeza es la Mónada, brilla en toda la extensión del mundo”. El Phos, Pur y Phlox a que alude Sanchoniathon , significan Luz, Fuego y Llama. La Trinidad caldea está formada por Bel-Saturno, Bel-Júpiter y Bel-Chom, tres manifestaciones de Bel o el Sol uno y trino . Por su parte, dice Dunlap:

Los caldeos consideraban al dios Bel en el trínico aspecto de Belitan, Bel-Zeus (mediador) y Bel-Chom (Apolo chomeo). Éste era el trínico aspecto del supremo Dios, el Padre .

En el templo de Gharipuri se ven representaciones de Brahma, Vishnu y Siva correspondientes al Poder, Sabiduría y Justicia, que a su vez se relacionan con el Espíritu, la Materia y el Tiempo y con el Pasado, Presente y Futuro. Millares de brahmanes adoran estos atributos de la Divinidad védica, mientras que los austeros monjes y monjas budistas del Tíbet reconocen tan sólo la sagrada trinidad de las tres virtudes monásticas: pobreza, castidad y obediencia .

Las personas de la Trinidad persa son: Ormazd, Mithra y Ahriman. Sobre esto, dice Porfirio que es “aquel principio al que, según el autor del Sumario caldeo, llaman los parsis principio de todas las cosas y le declaran uno y bueno” .

El dios chino Sanpao está representado en triple imagen idolátrica , y los peruanos, según dice Faber , creían que su dios Tanga-tanga era uno en tres y tres en uno. La Trinidad egipcia constaba de las tres personas Emepht, Eicton y Phta .

De todos los dogmas teológicos que en estos últimos años hubieron de quebrantarse a los golpes de la crítica orientalista, ninguno quedó tan al descubierto como el de la Trinidad, pues conocidos sus precursores y antecedentes, no cabe ya en modo alguno creer que fuese exclusivamente revelado a los cristianos por voluntad divina. Los orientalistas han señalado, mucho más precisamente de lo que convenía al Vaticano, las semejanzas entre el hinduismo, budismo y cristianismo. De día en día se va comprobando cuanto Draper dice en el pasaje siguiente:

El paganismo quedó modificado por el cristianismo y éste por aquél en mutua influencia. Los dioses del Olimpo tomaron distintos nombres y las provincias más poderosas del imperio recabaron de Constantino la intangibilidad de los tradicionales principios religiosos. Así aceptó el cristianismo el dogma de la Trinidad según el concepto egipcio, y prosiguió el culto de Isis, metamorfoseada su imagen de pie sobre la media luna y con el niño Horus en brazos, en la conocida imagen de la Virgen y el Niño, que ha servido de asunto a tantas y tan hermosas creaciones artísticas .

Pero la figura de la Virgen como madre de Dios y reina del cielo tiene origen todavía más antiguo que el egipcio y caldeo, pues aunque también Isis era reina del cielo y se la representa generalmente con la cruz ansata en la mano, es muy posterior a Neith, la virgen celeste .

En el Libro de Hermes, expone Pymander inequívocamente el dogma cristiano de la Trinidad, según puede inferirse del siguiente pasaje:

Yo soy la luz; el pensamiento divino. Yo soy el Nous; la mente. Yo soy tu Dios. Soy muy anterior al principio humano que elude la sombra. Soy el germen del pensamiento; el Verbo resplandeciente; el Hijo de Dios. Sabe que lo que así ves y oyes en ti es la Palabra del Maestro, es el Pensamiento, es el Dios Padre… El AETHER, océano celestial que fluye de Oriente a Occidente, es el aliento del Padre, el Principio donador de vida, el Espíritu Santo… Porque no están separados en modo alguno y su unión es VIDA.

Mas, por muy remoto que sea el origen de Hermes, cuyo nombre se pierde entre las brumas de la colonización de Egipto, tenemos otra profecía mucho más antigua en el Krishna indo. Resulta sumamente curioso que los cristianos fundamenten su religión en la supuesta promesa que de enviar un Salvador del género humano hizo Dios a Adán y Eva , pues en el pasaje anotado, ni la más aguda penetración es capaz de encontrar el más leve asomo de lo que han supuesto los cristianos. En cambio, según las tradiciones indas y los Libros de Manú, Brahma prometió a la primera pareja humana que les enviaría un Redentor para mostrarles el camino de salvación, según se declara en este pasaje:

Un mensajero de Brahma anunció que en Kurukshetra, en el país de Pantchola llamado también Kanya-Cubja , nacería Matsya, de quien todos los hombres aprenderán a cumplir con su deber .

 

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