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El mercado – Yalal ad-Din Muhammad Rumi

EL MERCADO

Shamsuddin se convirtió a partir de entonces en un discípulo más devoto, y aceptó que era cierto lo que había dicho Maulana: que como el tenía la impulsividad propia del Buscador espiritual, buscaba constantemente la compañía de todos los maestros posibles; pero lo que le había dicho Maulana le había abierto los ojos a la realidad de un maestro verdadero. Aquel día, Maulana recitó unos versos y mandó a todos sus discípulos que se los aprendieran de memoria.
Decían así:

En este mercado
de los vendedores de medicinas de lo Oculto,
no corras de un lado a otro,
pasando por todas las tiendas.
¡Siéntate, más bien, en la tienda
del que te puede dar el verdadero remedio!

Yalal ad-Din Muhammad Rumi

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Los persas que ideaban autómatas en el siglo IX

Tres sabios musulmanes, que además eran hermanos y vivieron en Bagdad en el siglo IX, no sólo fueron los autores de una veintena de obras que incluían importantes tratados de geometría, astronomía y matemática, sino que también idearon montones de ingenios mecánicos, unos de aplicación práctica y otros lúdica, que dejaron descritos en otro de sus libros y constituyen algunos de los antecedentes conocidos más antiguos del concepto de robot.

Robot es un término derivado de la obra R.U.R. (Rossumovi univerzální roboti) escrita en 1920 por el dramaturgo checo Karel Čapek. Antes de eso, para designar seres mecánicos artificiales se utilizaba la palabra autómata, generalmente aplicada a las figurillas antropomorfas y zoomorfas que se movían mediante engranajes de cuerda, especialmente en relojes. Aunque los hubo ya en la Antigüedad griega, la falta de documentación general dificulta establecer en qué condiciones y, así, su desarrollo propiamente dicho tuvo lugar en el Medioevo.

Concretamente se suele apuntar a la Baja Edad Media con los trabajos de Alberto Magno y el árabe Al Jazari, pero ambos vivieron en el siglo XIII, por lo que los diseños de los hermanos citados al principio se les adelantaron cuatrocientos años. Se apellidaban Banu Musa (algo así como Hijos de Musa, o sea, Moisés) y se llamaban, de mayor a menor, Abu Ya’far Muhammad, Abu al-Qasim Ahmad y Al-Hasan. Su padre era Musa Ibn Shakir, un astrónomo y astrólogo que trabajó para el califa abbasí Al Mamún, que fue quien adoptó a sus vástagos cuando murió.

Al Mamún, les proporcionó una esmerada educación en la prestigiosa Casa de la Sabiduría de Bagdad, un centro cultural de la ciudad donde se hacían traducciones de textos árabes y clásicos, que contaba con la biblioteca más grande del momento más un observatorio y se admitía a estudiantes de todo el mundo para aprender todo tipo de disciplinas científicas, desde medicina a filosofía, pasando por zoología, cartografía, química, alquimia, etc.

Con el tiempo, los tres hermanos asumieron la dirección de la Casa, fichando a sabios de renombre como Hunayn Ibn Ishaq o Thabit Ibn Qurrá, a los que pagaban importantes sueldos. Así fue cómo se copiaron muchas obras griegas que, de lo contrario, habríamos perdido para siempre. Esa intensa labor cultural continuó con los siguientes califas que sucedieron a Al Munsa a su fallecimiento, Al Wathiq y Al Mutawakkil, aunque no faltaron las rivalidades internas entre los miembros de la institución por apoyar a uno o a otro.

Representación de la Casa de la Sabiduría

A su servicio, bien en conjunto bien por separado, participaron en múltiples proyectos de obras civiles, como un gran canal para la ciudad de Al-Jafariyya. Muhammad, el primogénito, fue el más activo en esa vertiente que podríamos llamar política, apoyando a Al Mutawakkil. Cuando murió el califa y el hermano de éste puso sitio a Bagdad para hacerse con el poder frente al otro candidato, Al Mutas’in, Muhammad fue enviado a valorar a su ejército y, posteriormente, negociar su rendición. Es decir, el mayor de los tres sabios había alcanzado una considerable posición social y política.

Sin embargo, lo que nos interesa aquí de esa familia es su labor científica, que plasmaron en una veintena de textos, la mayoría de los cuales se han perdido. Uno de los tratados de geometría más importantes de su época, referencia para todos los matemáticos de entonces, fue escrito por ellos: Kitab Marifat Masakhat Al-Ashka(Libro de la medición de figuras planas y esféricas), que traducía, revisaba y ampliaba los conocimientos de las fuentes griegas. También dejaron una docena de publicaciones sobre observaciones de los cuerpos celestes y mediciones geodésicas realizadas mediante trabajo de campo, estableciendo la duración del año terrestre en trescientos sesenta y cinco días y seis horas.

Una de las fuentes diseñadas

No obstante, la más famosa de sus obras se titulaba Kitab al-hiyal (Libro de mecanismos ingeniosos). La escribió básicamente Ahmad, el segundo de la saga, y describía aproximadamente un centenar de autómatas e inventos, algunos tan insólitos como una lámpara que se apagaba sola o un instrumento musical que tocaba también por sí mismo. Parte de esos diseños se basaban en originales griegos de Herón de Alejandría y Filón de Bizancio, más otros procedentes de China y Persia; pero los demás eran propios y mucho más avanzados desde el punto de vista tecnológico.

Unos funcionaban por la presión del agua y se aplicaban fundamentalmente a fuentes, para las que también idearon una válvula de hélice. Otros recurrían a sistemas de equilibrio de pesos. Había máscaras antigás, válvulas que se auto abrían y cerraban en caso de incendio, juguetes móviles e incluso un autómata-odalisca que servía el té, en lo que quizá fue el primer robot de la Historia. No está nada mal para el siglo IX.

Bosquejo de la lámpara autoapagable

Por Jorge Álvarez
Con información de La brújula Verde

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Avicena,el Príncipe de los médicos

Avicena enseña el método de realización de la sangría. Junto a él, su discípulo y amigo AI-Jozjani, tomando notas del Maestro
Avicena enseña el método de realización de la sangría. Junto a él, su discípulo y amigo AI-Jozjani, tomando notas del Maestro.

… «Si te imaginas que tu mismo ser ha sido creado desde el comienzo con un intelecto y una disposición sanos, y si se supone que, en resumidas cuentas, forma parte de tal posición y disposición que sus partes no sean vistas ni sus miembros se toquen, sino que, al contrario, estén separados y suspendidos durante un cierto instante en el aire libre, tu lo encontrarías no dándote cuenta de nada excepto de la certeza de su ser» … (Avicena).

Avicena, o Abul Hussayn Ibn Abdallah Ibn Al Hassan Ibn Ali Ibn Sina, es conocido por varios títulos honoríficos: la prueba de la verdad, el honor del reino, el Maestro y Líder, el Ministro Wise, la Constitución y el Príncipe de los médicos. Nació en Afchana, un pequeño pueblo cerca de Boukhara. Antes de la edad de diez años, sabía el Corán de memoria y ya había leído muchas obras literarias. Tenía una memoria extraordinaria. Inicialmente, estudió filosofía y luego estudió medicina por su cuenta, a la edad de 16. Día y noche, leyó todo libro que cayó en sus manos. Cuando el príncipe Noé se enfermó, fue invitado a tratarlo. De esta manera, descubrió todos los libros en la famosa biblioteca de este príncipe.

Avicena tuvo cierto gusto por la poesía y la música, de las que dejó algunos escritos. Sus vastos conocimientos en diversas disciplinas lo llevaron a escribir innumerables obras. Al-Mahdavi cita que escribió ciento cuarenta y dos títulos.

Leyó casi todos ellos con gran avidez. La princesa Ubaya de Ray lo convocó, un día, para el tratamiento de su hijo, que sufría de una enfermedad que ninguno de los médicos de la corte fueron capaces de diagnosticar. El joven príncipe había caído perdidamente enamorado de una chica muy hermosa. Avicena descubrió su secreto, tomando el pulso mientras nombraba todos los barrios de la ciudad y luego, los nombres de las familias y en último lugar, los nombres de las chicas jóvenes en esas familias. Cuando Avicena hubo nombrado  a la amada del joven príncipe, su pulso se aceleró.

Avicena llevó una vida muy agitada. Se fue para Ray Quazwin, entonces Hamadhane. El príncipe Shams-ad-Dawla sufría de cólicos y pidió a Avicena fuera a tratarlo. Para recompensarlo por su consejo útil, el príncipe lo nombró alto visir. Sin embargo, el príncipe no cumplía con las prescripciones de Avicena y murió. Su hermana culpó inmediatamente a Avicena de haber envenenado al príncipe y se ordenó su detención. Avicena se disfrazó de monje Sufí y se escapó. Llegó a Ispahán, donde fue muy bien recibido por el príncipe Adid-ad-Dawla.

Avicena era orgulloso, o incluso arrogante, lo que le ganó muchos enemigos. Amaba la vida y la vivió al máximo. Cayó enfermo, (con cólico!), y se trató y curó a sí mismo. Sin embargo, tuvo una recaída y su tratamiento ya no fue eficaz. Tuvo la sensación de que estaba cerca de la muerte, vendió sus pertenencias, lo repartió entre los pobres y leyó el Corán hasta su último aliento. Avicena fue sin duda uno de los más grandes genios que el mundo haya conocido. Fue el autor de muchos libros. Su texto médico más importante fue sin duda el Canon, una enciclopedia de medicina, cirugía y farmacia, que consta de cerca de un millón de palabras. Contiene todos los conocimientos médicos de su tiempo, se establece un sistema lógico en muy breves capítulos condensados.Este libro fue traducido al latín varias veces y ha sido editado y comentado por muchos estudiosos del Este y del Oeste.

Ilustración de El canon de medicina.
Ilustración de El canon de medicina.

Compuso un poema largo (alrededor de 1032 dC) en la que se resume el conocimiento médico de su canon. Este es el poema de Medicina o avicennae Cantica. También ha sido traducido al francés y se ha corregido en varias ocasiones, la última en París, en 1956. También escribió Avicena sobre cardíacos, las drogas, el pulso y un impresionante número de tratados y epístolas. Su obra filosófica más conocida se titula The Healing (del Alma). El más conocido de sus poemas es Al Ayni-Ya en el que define el alma.


“PACIENTES”
POEMA DE LA MEDICINA DE AVICENA

Los convalecientes son gente que ha gozado de buena
salud pero que está debilitada; se parecen a las
pinturas que han sufrido el ultraje del tiempo;
han perdido su fogosidad y su sangre se ha empobrecido.
Mira: si sus cuerpos han ido adelgazando con el tiempo,
dale de comer poco, pocas veces y sin prisa;
si ha adelgazado en poco tiempo,
dale mucha comida, muchas veces
pero de una manera adecuada y progresiva
hasta que su mejoría sea evidente.
Dale comidas pequeñas, muy nutritivas que sean de provecho;
debes imponerle calma y reposo pues sus miembros son débiles,
intenta remontar su moral con buena conversación y una compañía agradable,
dale perfumes y flores olorosas,
procúrale alegría y canciones, aleja de él
los pensamientos sombríos y la fatiga.
Que tome baños de bañera, y de hamman de corta duración,
baños de asiento en agua templada; dale masajes con
aceite en los miembros;
que no haga ejercicios ni tome friegas demasiado
fuertes para no fatigarse.


Influencia de Avicena

Su Canon tuvo mucho éxito, eclipsando los trabajos anteriores de Al-Razi, Haly-Abbas, Abulcasis e incluso los posteriores de Ibn-Al-Nafis. Las Cruzadas del siglo XII al siglo XVII trajeron de nuevo a Europa el Canon de la medicina, que influenció la práctica y la enseñanza de la medicina occidental.

La obra fue traducida en latín por Gerardo de Cremona entre 1150 y 1187, e impreso en hebreo en Milán en 1473, después en Venecia en 1527 y en Roma en 1593. Su influencia fue duradera y el Canon solo fue puesto en duda a partir del Renacimiento: Leonardo da Vinci rechazó la anatomía y Paracelso lo quemó. Fue el desarrollo de la ciencia europea lo que provocaría su obsolescencia, por ejemplo la descripción de la circulación de la sangre por William Harvey en 1628. Sin embargo esta obra marcó durante mucho tiempo el estudio de la medicina e incluso en 1909, se dio una clase sobre la medicina de Avicena en Bruselas.

Avicena se desmarca en los ámbitos de la oftalmología, de la gineco-obstetricia y de la psicología. Se detiene mucho en la descripción de los síntomas, describiendo todas las enfermedades catalogadas de la época, incluso aquellas que atañen a la psiquiatría.

  • Es el primero en distinguir la pleuresía, la mediastinitis y el absceso subfrénico.
  • Describe las dos formas de parálisis faciales (central y periférica)
  • Da la sintomatología del diabético.
  • Sabe hacer el diagnóstico diferencial entre la estenosis del píloro y la úlcera de estómago.
  • Describe diferentes variantes de ictericias.
  • Da una descripción de la catarata, de la meningitis, etc.
  • Presiente el papel de las ratas en la propagación de la peste.
  • Indica que ciertas infecciones se transmiten por vía placentaria.
  • Es el primero en preconizar tratamientos por lavativas rectales.
  • Descubre que la sangre parte del corazón para ir a los pulmones, y volver, y expone con precisión el sistema de ventrículos y de válvula del corazón.
  • Es el primero en describir correctamente la anatomía del ojo humano.
  • Emite también la hipótesis según la cual el agua y la atmósfera contendrían minúsculos organismos vectores de algunas enfermedades infecciosas.

Puede ser considerado el inventor de la traqueotomía, cuyo manual operatorio sería precisado por el célebre cirujano árabe Abulcasis de Córdoba. En el Renacimiento se encontró información de una intervención semejante, llevada a cabo por el médico italiano Antonio Musa Brassavola.

Pero ante todo, Avicena se interesa por los medios de conservar la salud. Recomienda la práctica regular de deporte o la hidroterapia en medicina preventiva y curativa. Insiste en la importancia de las relaciones humanas en la conservación de una buena salud mental y somática.

La medicina de Avicena podría resumirse en la frase de introducción de Urdjuza Fi-Tib’ (Poema de medicina): «La medicina es el arte de conservar la salud y eventualmente de curar la enfermedad ocurrida en el cuerpo».


Frases de Avicena

  • “Por lo tanto en medicina debemos saber las causas de la salud y la enfermedad”.
  • “El vino es el amigo del sabio y el enemigo del borracho. Es amargo y útil como el consejo del filósofo, está permitido a la gente y prohibido a los imbéciles. Empuja al estúpido hacia las tinieblas y guía al sabio hacia Dios”.
  • “La medicina es el arte de conservar la salud y eventualmente de curar la enfermedad ocurrida en el cuerpo”.
  • “El conocimiento de cualquier cosa, dado que todas las cosas tienen causas, no es adquirido o completo a menos que sea conocido por sus causas”.
  • “La lluvia caída en tiempo tormentoso es muy poluta e impura en naturaleza, porque en ese momento los vientos violentos agitan las nubes de donde viene la lluvia”.

Para Avicena la medicina es una teoría y una práctica donde ambas están en perfecto equilibrio. En el Canon, se desarrolla una cirugía paralela a una medicina sistemática. Establece que los desequilibrios humorales en los ventrículos causan enfermedad mental, que varía según su localización e intensidad. Hay trastornos parciales de la imaginación y la memoria, así como trastornos generales como la imbecilidad y la manía, las cuales tienen una génesis somática. Afirma que los problemas médicos son problemas de la ciencia natural ya que el objeto material de la medicina es el cuerpo humano y como sujeto formal la salud.

El médico, señala Avicena, “no es el que da la salud al enfermo, sino que solamente dispone, dejando actuar por sí solas a las materias y los órganos”. Aconsejaba beber aguas minerales y que se hicieran observaciones en animales para un mejor entendimiento de los fenómenos. Parece haberse dado cuenta de las propiedades antisépticas del alcohol, porque recomienda que las heridas primero se laven con vino.

En el área de la química, quizá su mayor aportación fue desacreditar a la alquimia, práctica con cierto arraigo en el mundo islámico. Al respecto, señala que “Su posibilidad no es para mí evidente. La encuentro remota porque no hay una manera de separar una combinación de otra… cuando la diferencia es desconocida. Y si una cosa es desconocida, ¿cómo puede ser posible tratar de producirla o destruirla?”.

Para el manejo quirúrgico del cáncer, Avicena recomienda combatirlo en sus primeras etapas y extirpar todos los tejidos enfermos, como única esperanza de cura. También escribió el “Poema didáctico” que contiene mil trescientos trece versos que facilitaban el aprendizaje de la medicina. Así, el alumno podía aprender por un lado la teoría médica y, por otro, la práctica con el escalpelo, el medicamento o el consejo dietético.

Su orientación no difiere de la de Aristóteles; sin embargo, tuvo interés de abordar el tema del mal. El mal tiene diversas formas -sostiene- es el resultado de un acto que provoca dolor o defecto que proviene de la ignorancia o de la deformación del cuerpo. También se deriva de aquello con que nos ha dotado la naturaleza para lograr la perfección. Sin embargo dice que la interacción entre el bien y el mal no es del todo inútil porque nos puede ser provechosa. El bien y el mal son relativos porque cambian según el punto de vista con que se les juzga.

Son interesantes sus conceptos sobre la muerte. Sustenta que es la separación del alma de sus relaciones con el cuerpo -difiriendo de Aristóteles y acercándose más al neoplatonismo-, cree que el cuerpo es mortal pero el alma no.

Observa que es la ignorancia lo que hace sentir temor por la muerte. No hay que condolerse por ella, porque si los hombres fueran inmortales, no podrían caber en el mundo. Por ello, según él, hay que considerar que la muerte es un acto de sabiduría divina.

Por Moro para Páginas árabes
Con información de iiimwikipedia ,  Joaquín Ocampo (Departamento de Historia y Filosofía de la Medicina.Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México) y Avicena, Libro de las orientaciones y de las advertencias.

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