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Tennessee en Tánger

El escritor y dramaturgo Tennessee Williams ©Biblioteca Congreso EEUU

Hablamos de un Tánger permisivo y abierto que hoy ya no existe, sólo las casas. Así es que no es aconsejable ir, de golpe, a buscar lo que ya no es. Para los puros del Tánger internacional, la ciudad ya había cambiado en 1973, pero en realidad no tanto. Ahora me doy cuenta que cuando yo conocí a Tennessee Williams, una mañana de la primavera de 1973, él debía estar inspeccionando un retorno tangerino, pues volvió ese verano buscando una villa con piscina y chicos guapos, pero no la encontró.

Es entonces, apenas algo más de 15 días, entre el 16 de julio y el 9 de agosto de 1973, cuando el escritor marroquí Mohamed Chukri se lo encuentra, lo busca y lo indaga un poco. Tennessee se marchó un tanto de repente y nunca más se volvieron a ver. Esos encuentros, muy bien contados, forman el sabroso librito Tennessee Williams en Tánger (Cabaret Voltaire). Chukri ya había conocido y escrito sobre Genet en Tánger, pero en general -el putero y un tanto marginal Chukri– se siente más cerca de Genet que de Williams.

Tennessee (1911-1983) era en 1973 un personaje algo inquieto e íntimamente desesperado, que soñó volver al Tánger de los 50. Aparecen por tanto personajes de aquel mundo, en especial Paul Bowles, Ahmed Yacoubi, un pintor tangerino que vivía ya en EEUU habitualmente pero que tiempo atrás había flirteado con el propio Tennessee o con el pintor Francis Bacon, y algún raro (no muy simpatizante de Williams), como el judío internacional Édouard Roditi, una figura que aún espera acercamientos…

A Chukri -que tampoco se entiende con el ya muy cosmopolita Yacoubi– le gusta Tennessee y este simpatiza con un Chukri, menos joven de lo que aparenta. Le enseña a Tennessee alguna traducción al árabe de su teatro (por ejemplo de La gata sobre el tejado de zinc caliente) pero Tennessee no parece estar interesado en eso. ¿Ha cobrado sus derechos?, le pregunta, y Williams responde que es muy complicado y se echa a reír. Chukri logra que Tennessee lea a trozos y en una revista la traducción de la autobiografía juvenil de Chukri, El pan desnudo o El pan a secas, que le gusta.

Reuniones con Bowles y Yacoubi, merodeos por la ciudad caliente en verano, visitas a villas ricas en El Monte, y Tennessee buscando chicos -que encontraría, no el lugar para estar- aunque el tema de los muchachos (que Chukri conocía bien, aunque no era lo suyo) le pasa más desapercibido. Tennessee reía rotundo o se volvía melancólico, porque buscaba algo que no terminaba de hallar, tenía algo de mágico y de perdido. Una frase de Tennessee: «Cómo me gustan los hombres que se desnudan fácilmente». Y una buena observación de Chukri sobre el Williams insatisfecho, interesado pero distante a Genet: “Tennessee ama la soledad, pero tiene miedo a estar solo”. Era exacto y de algún modo por eso terminó yéndose.

Crónica de unos días que buscan un ayer imposible, Chukri acierta con la insatisfacción de Williams, creciente desde la muerte de su último novio, Frank Merlo. El libro es poco y es mucho. Y casi deja entrever la muerte solitaria de Tennessee en Nueva York con 71 años, atragantado con un corcho (intenta abrir una botella con la boca) pero rodeado de barbitúricos, Seconal especialmente… Alegre desesperación.

Por Luis Antonio De Villena
Con información de El Mundo

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Casablanca, Marrakech y Agadir: travesía ida y vuelta a Marruecos

Cada tarde, la plaza Jemma Al Fna vive su mágico y mítico atardecer con el encendido de las luces de todos sus chiringuitos entre los últimos rayos de sol

A solo cien kilómetros al oeste de Canarias, Marruecos nos abre las puertas de tres de sus ciudades más emblemáticas a través de la aerolínea Binter, que vuela regularmente a Casablanca, Marrakech y Agadir. Con este plan de vuelos, con billetes desde solo 90,33 euros por trayecto (comprando ida y vuelta), podemos convertir nuestro viaje en una excursión a tres bandas y disfrutar asimismo de los campos, ríos, llanuras y pueblos, y de esa gran cordillera del Atlas, con picos nevados la mayor parte del año, durante una gran parte del camino.

Supongamos que entramos por el norte, por Casablanca, y seguimos nuestro recorrido en tren o automóvil hacia Marrakech. Allí nos detendremos para adentrarnos en la ciudad imperial por excelencia del Reino y, cargados de regalos, proseguiremos nuestra ruta hacia uno de los territorios más espectaculares del país, la región de Sus Masa y su capital, Agadir.

Casablanca

La capital económica y financiera de Marruecos y su ciudad más poblada, Casablanca, nos ofrece al salir del aeropuerto internacional Mohamed V una curiosa mezcla de la cultura milenaria local y las influencias de la Europa mediterránea. Sus calles y amplias avenidas recuerdan a cualquier metrópoli occidental, surcada por un moderno tranvía morado que va y viene transportando un crisol de personajes, desde el joven ejecutivo de chaqueta y corbata al abuelo en chilaba y babuchas, desde la mujer vestida a la moda parisina a la que conserva el gusto por las sedas y ricas túnicas árabes; contrastes que se repiten cada día a lo largo de los bulevares y cafeterías de terrazas al estilo francés.

El origen de su nombre, dicen, se debe a una pequeña casa blanca en una colina llamada Anfa que los marinos portugueses fijaron como referencia en sus travesías, pero realmente se hizo conocida cuando saltó a los titulares de todo el mundo por la histórica reunión de Churchill y Roosevelt para acordar el Día D, o por la película hollywoodense que protagonizaron Ingrid Bergman y Humphrey Bogart con Sam, el pianista que interpretaba la canción As time goes by.

Su núcleo urbano presenta una extensa planta arquitectónica contemporánea, conformada por sedes de grandes bancos, multinacionales e instituciones internacionales, muchas con fachadas acristaladas, junto a otros edificios clásicos y monumentos construidos en la segunda mitad del siglo pasado, con no pocas referencias de Art Decó, y hoteles de negocios de lujo, tiendas y restaurantes exclusivos en sus avenidas surcadas por los raíles del tranvía.

A medida que se sale del centro urbano, el wall street de la economía marroquí, comienza el sabor auténtico del país más desarrollado del Magreb. Se podría decir que Casablanca es el escaparate occidental de Marruecos, aunque trufado de todas las costumbres originales autóctonas que sus gentes llevan a las grandes plazas, parques y paseos, a sus abigarrados zocos, de múltiples artesanías, telas y joyas, o a sus vistosos mercados de frutas y verduras. Sus dos medinas, la antigua y la moderna, representan, junto a la Gran Mezquita de Hassan II, segundo edificio religioso más grande del mundo después de la Meca, el corazón musulmán de la ciudad.

Resulta casi obligatoria la recomendación de caminar al atardecer por el Paseo de la Corniche, al borde del mar, hasta el faro el Hank, porque representa la zona esencialmente turística de Casa, como la llaman muchos marroquíes. Se extiende a lo largo de un tramo de playas de unos ocho kilómetros, con restaurantes, hoteles, bares y discotecas.

Casablanca es posiblemente la mejor opción que un viajero puede elegir para adentrarse por primera vez en la mítica y eterna Marruecos, tierra de leyendas y amalgama de las tradiciones del lejano Oriente de Las mil y una noches.

Marrakech

La entrada a Marrakech por su aeropuerto, el modernísimo Menara, nos sumerge de lleno en la cultura árabe y en sus manifestaciones más antiguas, solo que acompañados de una multitud de turistas que transitan a todas horas por las calles de su Medina fortificada, escenario central del trasiego de vendedores y compradores. La más célebre ciudad imperial marroquí, la Ciudad Roja, como también se la conoce por el color de sus murallas, es un gran zoco que respira animación de día y de noche, y el primer destino turístico del país, con diferencia.

Todo Marrakech es un gran zoco en el que se puede encontrar magníficas artesanías de calidad y buen gusto

El viaje nos traslada de inmediato a su milenio cumplido y a su legado conformado por numerosos monumentos declarados Patrimonio de la Humanidad, que corona ese gran espacio inmaterial que es su no menos mítica plaza de Djema el Fna, activa las 24 horas del día, siempre intensa y a rebosar con todo tipo de actuaciones. Malabaristas, músicos, encantadores de serpientes, magos y un sinfín de personajes que parecen surgidos de un plató de cine nos salen al paso o nos invitan a sus puestos de frutas y jugos naturales, ordenadísimos y pulcros, o a sus chiringuitos de parrilladas de carne, pescado, caracoles y otros manjares propios de la tierra. Quien visita por primera vez Marrakech no debería perderse el crepúsculo y el encendido de las luces de los puestos desde una de las muchas terrazas que rodean la plaza-escenario, en medio de los ritmos entrecruzados de tambores, flautas y curiosos instrumentos de cuerda. Es precisamente cuando Djema el Fna se eleva definitivamente a su dimensión mágica, única en todo el planeta.

También el recorrido por las estrechas calles de la Medina nos llevará a múltiples sorpresas y recovecos, a veces a un ritmo trepidante, con oasis de hoteles y restaurantes en el interior de nobles edificios, los llamados riads, que ofrecen cuidadísimos jardines interiores, en ocasiones insólitos por su colorido y dimensiones, e ingeniosas fuentes, con creaciones de sonidos hechos con las cadencias del agua, para lograr esos rincones de paz, sosiego y buen gusto marca de la casa, todo ello ante una buena taza de té bien servida y la reconocida repostería local de frutos secos y almíbares.

En Marrakech es posible realizar las mejores compras de todo Marruecos, con precios de ganga si se está dispuesto a regatear, algo que no solo nos hará sentir satisfechos por la adquisición de esa pieza por unas pocas monedas, sino que nos permitirá comunicarnos a través de esa noble liturgia, también inmaterial, de los zocos árabes. Entre sus muchos artículos, son muy apreciadas sus ingrávidas lámparas preciosas, sus trabajos de cuero o hierro, las joyas, sus cajas y objetos de madera, sus telas, sus cuadros y un sinfín de productos artesanales, junto a ese sutil entramado de especias que inundará nuestros paseos con exóticos aromas.

Pero esta maravilla mundial, siempre con la cordillera del Atlas de fondo, guarda otras muchas sorpresas, tanto dentro de sus murallas como en las zonas modernas, con sus grandes centros comerciales, tiendas de ropa de franquicias de renombre, restaurantes y hoteles, junto a las más populares marcas de comida rápida o deportes.

Al anochecer, Marrakech se convierte en leyenda viva, con idas y venidas de vivencias que nos transportarán a aquellos relatos de Sherezade que consiguieron mantener despierto al sultán cada madrugada hasta el alba.

Agadir

La oferta turística del Marruecos costero, lo que llamamos de sol y playa, tiene un nombre: Agadir. A la capital de la rica región de Sus Masa se llega a través del aeropuerto Al Massira y su bella terminal de estética netamente árabe.

Agadir posee kilómetros de playas de arena blanca donde es posible realizar todo tipo de deportes

La apuesta de este enclave atlántico, con un clima y temperaturas muy parecidas a las de las Islas, pasa por aprovechar sus kilométricas bahías y su gran variedad de olas, de las que disfrutan cientos de surfistas procedentes de Europa, que se pasean a todas horas descalzos, embutidos en sus trajes de neopreno, y sus tablas bajo el brazo.

Los deportes náuticos son, además de sus campos de golf y clubes hípicos, el punto fuerte de este destino que se despereza en torno a su gran playa de seis kilómetros de arena blanca que remata su fachada marítima, con un amplio paseo, diseñado por un arquitecto canario, que recuerda al de Las Canteras. Su litoral está plagado de hoteles de cuatro y cinco estrellas, restaurantes y terrazas, muy frecuentados al caer la tarde por los turistas, que apuran sus aperitivos ante las siempre espectaculares puestas de sol, pero también por saltimbanquis, malabaristas y músicos que amenizan los últimos rayos del día.

Agadir es la capital de una de las regiones más sorprendentes de Marruecos. A los atractivos turísticos costeros se suma su carácter nacional profundo, con sus zocos tradicionales y aquellos que se levantan a lo largo de su geografía urbana y periurbana con las especialidades locales. Aquí es posible degustar las mejores frutas y verduras de todo el país, pues por algo es una de las principales huertas de África Occidental, un espectáculo en sí mismas, como las especias y todo tipo de cultivos, que harán las delicias no solo de los veganos, sino de cualquier comensal que aprecie el buen sabor de los productos de la tierra. Y para los amantes del pescado y los frutos del mar, solo basta decir que estamos en el puerto pesquero por excelencia de la costa atlántica de Marruecos. Una gran variedad de restaurantes y chiringuitos nos ofrecen justo al lado de las olas sus cartas de especialidades marinas, del mar a la mesa, con el valor añadido de su precio, realmente asequible.

La orografía de esta región sorprenderá a senderistas y excursionistas, puesto que está bifurcada por lechos de lo que fueron grandes ríos, con orillas fértiles cultivadas bajo palmerales de ensueño. Los itinerarios de montaña conectan directamente con la ruralidad, muy arraigada en estas coordenadas, donde podremos contemplar estampas que solo hemos visto en postales, con pastores y labradores que parecen haber salido de un portal de Belén.

La ubicación de Agadir ofrece asimismo otras alternativas atractivas, como la visita a lugares que figuran en los mapas turísticos por sus originales señas de identidad, como la vecina Esauira o “la abuela de Marrakech”, que es como se conoce a Tarudant, una ciudad que vive dentro de unas murallas rojizas y donde el tiempo parece haberse detenido en la Edad Media; con el añadido de que ambas travesías están cuajadas de poblaciones y paisajes que nos harán pararnos a cada rato para disfrutarlos.

Con información de El Diario

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Reivindicando al conde don Julián de Juan Goytisolo

Reivindicación del conde don julián (1970) es una pieza clave en la producción de Juan Goytisolo. Centrada significativamente en torno a la mítica figura del conde godo, quien al sentirse ultrajado por el rey visigodo Rodrigo, abrió la puerta de la Península a los árabes, la novela es a la vez instrumento y testimonio literario de una valiente toma de postura, de una ruptura con las referencias y mitos creadores de la propia experiencia orientada a clausurar una vía y emprender un nuevo camino tanto en el ámbito intelectual como en el de la creación. La novela de Goytisolo representa una protesta contra el mito de una España castiza, caballeresca y católica que fue propugnado por los historiadores y propagandistas de la época de Franco. Por motivos de la censura, la novela no pudo publicarse en España sino en México.

En la novela, un narrador anónimo, situado en Tánger (Marruecos), imagina la destrucción de la “España sagrada” de la cual se ha desterrado. Efectúa tal destrucción por medio de una recreación mental de la invasión militar musulmana acaecida en el año 711. Como signo de la disidencia que entraña esta obra, el texto describe varias clases de transgresión cometidas contra la “esencia española”: escenas de masturbación, sodomía, violación y homosexualidad; parodias de figuras históricas como Isabel la Católica y Séneca; referencias insistentes a los actos de orinar y defecar, etc. En el fragmento que se incluye a continuación, el personaje don Julián, alter ego del narrador, también emprende un acto de traición lingüística. En el delirio del narrador, Julián vuelve a España y participa en la destrucción de la cultura nacional esencialista, retirando bruscamente de la península todas las palabras de origen árabe y las cosas que representan. Entre éstas se encuentran comidas, edificios y conceptos arquitectónicos, innovaciones matemáticas y económicas. Es de notar en este fragmento el estilo experimental del autor, quien emplea la puntuación y la organización misma de las frases para comunicar un sentido de ruptura y desfamiliarización. En el fragmento aparece un tal “señor carpeto”, como se designa al representante simbólico de la España castiza (se deriva su nombre del adjetivo carpetano, que significa del Reino de Toledo). El “señor carpeto” se muere de hambre porque, en su afán de asegurar la pureza del idioma, no puede comer ninguno de los platos cuyo nombre tiene origen árabe.

Fragmento de La reivindicación del conde Don Julián (1970) de Juan Goytisolo.

Vehículo de la traición, hermosa lengua mía : lenguaje pulido y cortante, ejército de alfanjes, idioma cruel y brusco! a mí, beduinos de pura sangre : guerreros que afrontáis diariamente la muerte con desdeñosa sonrisa, jinetes de labios ásperos, abultadas yugulares, rostro bárbaramente esculpido contemplad el tentador Estrecho con vuestros perspicaces ojos cetreros : la sucesión de olas blancas que impetuosamente galopan hacia la costa enemiga : crestadas de espuma, como sementales que relinchan con furia al zambullirse : playas ansiosas de Tarifa, roca impaciente de Gibraltar! hay que rescatar vuestro léxico : desguarnecer el viejo alcázar lingüístico : adueñarse de aquello que en puridad os pertenece : paralizar la circulación del lenguaje : chupar su savia : retirar las palabras una a una hasta que el exangüe y crepuscular edificio se derrumbe como un castillo de naipes y galopando con ellos en desenfrenada razzia saquearás los campos de algodón, algarrobo, alfalfa vaciarás aljibes y albercas, demolerás almacenes y dársenas, arruinarás alquerías y fondas, pillarás alcobas, alacenas, zaguanes cargarás con sofás, alfombras, jarros, almohadas devastarás las aldeas y sacrificarás los rebaños, despojarás a la ilusionada novia de su ajuar, a la dama aristócrata de sus alhajas, al rico estraperlista de su fulana, al hidalgo provecto de su alcurnia retirarás el ajedrez de los casinos, el alquitrán de las carreteras prohibirás alborozos y juergas, zalemas y albricias, abolirás las expansivas, eufóricas carcajadas el recio comensal de sanchopancesca glotonería que aborda su bien surtida mesa con un babador randado y, tras la oración de rigor, se dispone a catar los manjares que le sirven maestresalas y pajes, lo amenazarás con tu varilla de ballena, impuesto de la autoridad y el prestigio de tus severos diplomas lexicográficos no se ha de comer, señor carpeto, sino que es uso y costumbre en las otras ínsulas donde ya he morado: yo, señor, soy gramático, y miro por la pureza del idioma mucho más que por mi vida, estudiando de noche y de día y tanteando la complexión del carpeto para acertar a curarle cuando cayere enfermo : y lo principal que hago es asistir a sus comidas y cenas, y dejarle comer de lo que me parece castizo y quitarle cuanto etimológicamente es extraño : y así mando quitarle estos entremeses porque contienen arroz y aceitunas, y aquellos guisos por ver en ellos alubias, berenjenas y zanahorias desa manera, aquel plato de perdices que están allí dispuestas, y, a mi parecer bien sazonadas, no me harán algún daño ésas no comerá el señor carpeto en tanto que yo tuviere vida pues, por qué porque son en adobo y han sido condimentadas con azafrán si eso es así, vea el señor gramático de cuantos manjares hay en esta mesa cuál me hará más provecho y cuál menos daño y déjeme comer dél sin que me le apalee, porque por mi vida de carpeto, y así Dios me le deje gozar, que me muero de hambre, y el negarme la comida, aunque le pese al señor gramático y el más me diga, antes será quitarme la vida que aumentármela vuesa merced tiene razón, señor carpeto : y así me parece que vuesa merced no coma de aquellos conejos guisados que allí están, porque van guarnecidos de alcachofa : de aquella ternera, porque ha sido aderezada con espinaca aquel platonazo que está más adelante vahando me parece que es olla podrida, que por la diversidad de cosas que en tales ollas podridas hay no podrá dejar de topar con alguna que me sea de gusto y provecho ábsit! : vaya lejos de nosotros tan mal pensamiento! : no hay cosa peor en el mundo que una olla podrida con albóndigas y unas gotas de aceite : y respecto a los postres de vuesa merced ni uno siquiera le puedo autorizar : el flan, a causa del caramelo : el helado, por contener azúcar : la macedonia, por el jarabe : el cuanto al exquisito sorbete que acaban de servir a vuesa merced, la duda ofende : es etimológicamente foráneo y, abandonando al carpeto en la plena y solemne posesión de su hambre, galoparás de nuevo por el próspero y floreciente reino de la Paz, el Desarrollo y el Orden y provocarás catástrofes financieras y desastres bursátiles mediante la brusca supresión de aranceles y tarifas, la abrogación inesperada y radical de todas las barreras de aduana a los comerciantes que miden y pesan los dejarás sin fanegas, quintales, arrobas, azumbres, quilates privarás de álgebra a las escuelas y a las contabilidades de cifras y galoparás y galoparás e incorporarás a tus huestes alguaciles y alféreces, almirantes y alcaldes requisarás las bebidas alcohólicas despoblarás las construcciones de albañiles derribarás tabiques, secarás acequias, motivarás infecciones y epidemias al desbaratar el arduo, laborioso sistema de alcantarillas y galoparás y galoparás sin tregua por el vasto y asolado país, y cuando la ruina sea completa y la bancarrota absoluta, te pararás frente al mapa de la Península y apuntarás aún con tu varilla de ballena ah, se me pasaba : y quíteme de ahí ese Guad-el-Kebir y no olvides el olé

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