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Nebiri – El rostro del antiguo Egipto

El  dignatario Egipcio Nebiri vivió entre el 1475 y el 1425 antes de Cristo. Sus restos llegaron hasta nuestros días en muy buen estado de conservación.

Un equipo internacional de investigadores ha reconstruido la cara y el cerebro de una momia egipcia de 3.500 años de antigüedad, revelando un tratamiento de embalsamamiento único.

Los restos pertenecen a Nebiri, un dignatario egipcio que vivió bajo el reinado del faraón de la XVIII dinastía Thutmoses III (1479-1425 aC).

Nebiri fue hallado en el año 1904 por el investigador italiano Ernesto Schiaparelli. Encontró la cabeza muy bien preservada y jarras que contenían algunos de sus órganos internos. “Tenía entre 45 y 60 años cuando murió”, dijo Raffaella Bianucci, bioantropóloga de la Sección de Medicina Legal de la Universidad de Turín. “Su tumba en el Valle de las Reinas fue saqueada en la antigüedad y su cuerpo deliberadamente destruido”.

La investigación abrió un nuevo e interesante capítulo en el estudio de las momias. Ahora, después de su profanación, Nebiri  ha vuelto a la vida a través de la medicina forense moderna. Utilizando un tipo de tomografía computarizada y técnicas de reconstrucción facial, los investigadores produjeron una impresionante aproximación facial.

Este tipo de tomografía  se podrá usar en cualquier otra momia escaneada y se podrán conocer los rostros verdaderos de otros personajes de la historia egipcia. La momia de Nebiri se hizo famosa hace dos años cuando le diagnosticaron el caso más antiguo de insuficiencia cardíaca crónica. El grupo de investigadores usó un equipo de tomografía computarizada y técnicas de reconstrucción facial para recrear el rostro del antiguo dignatario egipcio. El patólogo forense y físico antropólogo de la Universidad de París, Philippe Charlier, destacó los resultados. “Es un trabajo forense serio basado en las últimas técnicas de reconstrucción facial y tejidos blandos sobre la superposición del cráneo. Más allá de la belleza, hay una realidad anatómica”.

En la revista Forensic, Medicine and Pathology también los elogiaron. Era un hombre con una “nariz prominente, mandíbula ancha, cejas rectas y labios relativamente gruesos”, detallaron.

Los datos químicos preliminares presentados en el Congreso Mundial de las Momias celebrado en Río de Janeiro en 2013 mostraron que los vendajes de lino habían sido tratados con una mezcla compleja de grasa animal o aceite vegetal, una planta balsámica o aromática, una resina de coníferas y resina de Pistacia calentada. Las tomografías computarizadas recientes revelaron que las vendas se insertaron cuidadosamente en casi todas partes de la cabeza, en la nariz, los oídos, los ojos y la boca.

Los investigadores reconstruyeron el cerebro del dignatario egipcio Nebiri 

“El meticuloso envasado creó una barrera para proteger al cuerpo de la colonización de insectos, al mismo tiempo tenía un propósito cosmético, permitiendo que las características faciales y el cuello mantuvieran su apariencia original”, dijo Bianucci.

Curiosamente, las tomografías computarizadas mostraron un pequeño agujero en una estructura ósea similar a un panal conocido como la placa cribriforme, que separa la cavidad nasal del cerebro. Sin embargo, el cerebro no fue sacado.

“Dado el meticuloso tratamiento de la cabeza, se puede especular que la perforación de la placa cribriforme no se realizó para extraer el cerebro, sino para insertar el lino embalaje”, escribieron los investigadores.

De hecho, todavía se pueden observar fragmentos de tiras de lino dentro del tejido cerebral deshidratado.

Utilizando los datos de la tomografía computarizada, los investigadores pudieron realizar una reconstrucción de la superficie del cerebro en 3D, lo que les permitió reconstruir tejidos blandos destruidos o modificados por alteraciones post mortem. “No se detectaron anomalías anatómicas”, dijo Bianucci.

“Fuimos capaces de añadir fuerza al argumento de que Nebiri era [una] alta élite”, dijo el primer autor del documento, Robert Loynes, en el Centro KNH de Egiptología Biomédica de la Universidad de Manchester en Inglaterra. Loynes señaló que la cabeza es un raro ejemplo de un tratamiento funerario de alto rango de un individuo no-real de la XVIII dinastía.

“Es un hallazgo único que precede a los desarrollos observados en los reyes, reinas y familiares de la XVIII a XX dinastía”, dijo Loynes.

“Utilizando una combinación de técnicas no invasivas, los investigadores han podido encontrar un tratamiento particular del cerebro, que no requiere su eliminación”, dijo Piombino-Mascali, quien no está involucrado en el estudio.

En la encrucijada de la antropología forense y la osteo-arqueología, la investigación abre nuevas posibilidades para el estudio de las momias.

 Por Rossella Lorenzi

Con información de Livescience

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Acero de Damasco, forjador de Héroes

La descripción más antigua de las espadas de Damasco data del año 540 de nuestra era, pero pueden haber estado en uso mucho antes, incluso en la época de Alejandro Magno (323 A. C.). El propio acero estaba hecho en la India,  donde se denominaba wootz. Las mejores espadas se forjaban en Persia bajo el nombre de “poulad Janherder”, a partir del wootz Indio que se usaba también para escudos y armaduras. Estos aceros se conocieron en la Edad Media en Rusia, donde se denominaban aceros “bulat”.

El acero de Damasco, el material de las leyendas

El término “acero de Damasco” puede referirse a dos tipos diferentes de materiales ferrosos (que contienen hierro) caracterizados por el patrón acuoso producido a partir de la mezcla controlada y la manipulación física del hierro y el acero. Es el resultado de combinar por lo menos dos tipos diferentes de acero endurecidos y templados en la misma gama para conseguir un diseño ondulado, resultante del proceso de laminado. Las espadas de Damasco trascendieron las fronteras y los siglos.  Los europeos occidentales introdujeron por primera vez  este material  desde el centro comercial histórico de Damasco, en la actual Siria, cuando las Cruzadas llegaron al Medio Oriente a principios del siglo XI. Descubrieron que las espadas hechas de este metal podían cortar una pluma en el aire, y todavía mantener su filo a través de las muchas batallas libradas con los Sarracenos. Las espadas eran fácilmente reconocidas por su diseño ondulado o “damasquino” en sus hojas. Aunque hay ejemplos de este material que se produce en Damasco mismo, sus orígenes técnicos y físicos son de la India y el Medio Oriente. El acero de Damasco no debe confundirse con el damasceno, que es un proceso de incrustación de hoja de oro sobre la superficie de acero con el fin de decoración.

En casi todas las culturas de hierro, este material fue venerado y dotado de cualidades mágicas. Un astuto viejo forjador, hizo que los elementos se unieran en una oscura y misteriosa herrería, fusionando sólidos y diferentes metales para crear un arma que pudiera matar al más poderoso dragón y nunca fallar a su amo. Fue el pináculo del arte de los forjadores de metal.  Creadores de  la hoja perfecta con acero que es maleable y resistente entrelazado con acero duro con capacidad de corte perfecto.

Las mil y una noches

En uno de los cuentos de Las Mil y Una Noches, se hace referencia al Gran Rey Salahadin y su maravillosa espada Damasquina.

Y cuando vino la décima noche

Sherezade dijo: cuentan que en el trono de los califas Omniadas, en Damasco, se sentó un rey —¡Sólo Allâh es rey!—, que se llamaba Abdalmalek ben-Merwan. A este rey le gustaba departir a menudo con los sabios de su reino acerca de nuestro señor Saladino —¡con él la plegaria y la paz!— de sus virtudes, de su influencia y de su poder ilimitado sobre las tierras de las soledades, de los efrits que pueblan el aire y de los genios marítimos y subterráneos.

Fueron estos sabios quienes narraron al rey Abdalmalek ben-Merwan que, cuando Ricardo Corazón de León se encontró en las cruzadas con el gran, el inmenso Saladino. El rey cristiano creyó necesario ensalzar las virtudes de su espada. Para demostrar la fuerza de su pesadísimo mandoble, cortó una barra de hierro. En respuesta, Saladino tomó un cojín de seda y lo partió en dos con su cimitarra sin la sombra de un esfuerzo, al grado de que el cojín pareció abrirse por sí mismo.

Los cruzados no podían creer a sus ojos y sospecharon que se trataba de un truco. Saladino entonces lanzó un velo al aire y con su arma lo desgarró. Era ésta una lámina curva y delgada que brillaba no como las espadas de los francos sino con un color azulado marcado por una miríada de líneas curvas distribuidas al azar. Los europeos comprobaron entonces que éstas eran, precisamente, las características, ¡oh gran señor!, de todas las láminas usadas en el Islam en tiempos de Saladino.

Las hojas eran —insistían los sabios alrededor del rey Abdalmalek ben-Merwan— excepcionalmente fuertes si se las doblaba, también eran lo suficientemente duras como para conservar el filo, es decir, que podían absorber los golpes en el combate sin romperse. Sus virtudes mecánicas, así como sus preciosas marcas onduladas en la superficie, se debían al material con que estaban hechas: el acero de Damasco.

La espada de Ricardo Corazón de León era tosca, pesada, recta y brillante. La de Saladino, por el contrario, era esbelta, ligera y de un azul opaco que, visto más de cerca, era producido por una textura compuesta de millones de curvas oscuras en un fondo blanco que caracterizan a los aceros de Damasco. Era tan dura que se podría afilar como navaja de afeitar y a la vez era sumamente tenaz, de manera que podía absorber los golpes del combate sin romperse. Era difícil para los europeos aceptar que la dureza y la tenacidad se podían conjugar de una manera tan extraordinaria. Todavía más difícil de aceptar resultó el entender y dominar la técnica de fabricación de los aceros de Damasco en las herrerías de Occidente. Tomó siglos poder comprender y entender este concepto.

Proceso de elaboración

El mineral de hierro se calienta hasta 1.200ºC para reducirlo obteniéndose un hierro esponjado que por medio de martilleo se libera de impurezas. El resultado es hierro dulce con bajo contenido de carbono. Después en un crisol se le agrega carbón para someter nuevamente la mezcla a una temperatura de 1200 ºC en atmósfera inerte. Durante el enfriamiento posterior la austenita se transforma en cementita (Fe3C) y perlita (capas alternas de ferrita y cementita).

Los herreros mejoraban la resistencia y elasticidad de las espadas mediante el temple. En las fraguas las calentaban al rojo vivo, para posteriormente enfriarlas súbitamente por inmersión en un fluido y, de este modo, producir una importante transformación en la estructura cristalina (“martensita”)

El forjado es la etapa esencial del proceso de fabricación de una verdadera espada de Damasco. La hoja se somete a un calentamiento hasta una temperatura entre 650ºC y 850ºC, temperaturas a las que podía ser conformado mediante martillo y yunque. Así, se rompe la red cristalina de la cementita, transformándola en simples granos aislados que proporcionan alta resistencia y disminución de la fragilidad.

Con información de CAU

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Los persas que ideaban autómatas en el siglo IX

Tres sabios musulmanes, que además eran hermanos y vivieron en Bagdad en el siglo IX, no sólo fueron los autores de una veintena de obras que incluían importantes tratados de geometría, astronomía y matemática, sino que también idearon montones de ingenios mecánicos, unos de aplicación práctica y otros lúdica, que dejaron descritos en otro de sus libros y constituyen algunos de los antecedentes conocidos más antiguos del concepto de robot.

Robot es un término derivado de la obra R.U.R. (Rossumovi univerzální roboti) escrita en 1920 por el dramaturgo checo Karel Čapek. Antes de eso, para designar seres mecánicos artificiales se utilizaba la palabra autómata, generalmente aplicada a las figurillas antropomorfas y zoomorfas que se movían mediante engranajes de cuerda, especialmente en relojes. Aunque los hubo ya en la Antigüedad griega, la falta de documentación general dificulta establecer en qué condiciones y, así, su desarrollo propiamente dicho tuvo lugar en el Medioevo.

Concretamente se suele apuntar a la Baja Edad Media con los trabajos de Alberto Magno y el árabe Al Jazari, pero ambos vivieron en el siglo XIII, por lo que los diseños de los hermanos citados al principio se les adelantaron cuatrocientos años. Se apellidaban Banu Musa (algo así como Hijos de Musa, o sea, Moisés) y se llamaban, de mayor a menor, Abu Ya’far Muhammad, Abu al-Qasim Ahmad y Al-Hasan. Su padre era Musa Ibn Shakir, un astrónomo y astrólogo que trabajó para el califa abbasí Al Mamún, que fue quien adoptó a sus vástagos cuando murió.

Al Mamún, les proporcionó una esmerada educación en la prestigiosa Casa de la Sabiduría de Bagdad, un centro cultural de la ciudad donde se hacían traducciones de textos árabes y clásicos, que contaba con la biblioteca más grande del momento más un observatorio y se admitía a estudiantes de todo el mundo para aprender todo tipo de disciplinas científicas, desde medicina a filosofía, pasando por zoología, cartografía, química, alquimia, etc.

Con el tiempo, los tres hermanos asumieron la dirección de la Casa, fichando a sabios de renombre como Hunayn Ibn Ishaq o Thabit Ibn Qurrá, a los que pagaban importantes sueldos. Así fue cómo se copiaron muchas obras griegas que, de lo contrario, habríamos perdido para siempre. Esa intensa labor cultural continuó con los siguientes califas que sucedieron a Al Munsa a su fallecimiento, Al Wathiq y Al Mutawakkil, aunque no faltaron las rivalidades internas entre los miembros de la institución por apoyar a uno o a otro.

Representación de la Casa de la Sabiduría

A su servicio, bien en conjunto bien por separado, participaron en múltiples proyectos de obras civiles, como un gran canal para la ciudad de Al-Jafariyya. Muhammad, el primogénito, fue el más activo en esa vertiente que podríamos llamar política, apoyando a Al Mutawakkil. Cuando murió el califa y el hermano de éste puso sitio a Bagdad para hacerse con el poder frente al otro candidato, Al Mutas’in, Muhammad fue enviado a valorar a su ejército y, posteriormente, negociar su rendición. Es decir, el mayor de los tres sabios había alcanzado una considerable posición social y política.

Sin embargo, lo que nos interesa aquí de esa familia es su labor científica, que plasmaron en una veintena de textos, la mayoría de los cuales se han perdido. Uno de los tratados de geometría más importantes de su época, referencia para todos los matemáticos de entonces, fue escrito por ellos: Kitab Marifat Masakhat Al-Ashka(Libro de la medición de figuras planas y esféricas), que traducía, revisaba y ampliaba los conocimientos de las fuentes griegas. También dejaron una docena de publicaciones sobre observaciones de los cuerpos celestes y mediciones geodésicas realizadas mediante trabajo de campo, estableciendo la duración del año terrestre en trescientos sesenta y cinco días y seis horas.

Una de las fuentes diseñadas

No obstante, la más famosa de sus obras se titulaba Kitab al-hiyal (Libro de mecanismos ingeniosos). La escribió básicamente Ahmad, el segundo de la saga, y describía aproximadamente un centenar de autómatas e inventos, algunos tan insólitos como una lámpara que se apagaba sola o un instrumento musical que tocaba también por sí mismo. Parte de esos diseños se basaban en originales griegos de Herón de Alejandría y Filón de Bizancio, más otros procedentes de China y Persia; pero los demás eran propios y mucho más avanzados desde el punto de vista tecnológico.

Unos funcionaban por la presión del agua y se aplicaban fundamentalmente a fuentes, para las que también idearon una válvula de hélice. Otros recurrían a sistemas de equilibrio de pesos. Había máscaras antigás, válvulas que se auto abrían y cerraban en caso de incendio, juguetes móviles e incluso un autómata-odalisca que servía el té, en lo que quizá fue el primer robot de la Historia. No está nada mal para el siglo IX.

Bosquejo de la lámpara autoapagable

Por Jorge Álvarez
Con información de La brújula Verde

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