Archivo de la etiqueta: Ciencias

Nawal As-Saadawi y su formación para ejercer la medicina

Nawal al-Saadawi

Sana Helwâ binti. Sana Helwâ tabiba Yasmín.

Nawal sacó muy buenas calificaciones en secundaria y logró acceder a la Escuela Médica en 1948 para cursar unos estudios que se consideraban “masculinos”. El primer curso tenía carácter preparatorio y se impartía en la Escuela de Ciencias, que estaba situada en el edificio principal de la universidad 1. Habían pasado veinte años desde que la institución universitaria abriera sus puertas a las mujeres, incrementándose la presencia femenina en las aulas en la segunda mitad de la década de los treinta.

Nawal As-Saadawi describe su ingreso en la academia y la segregación sexual presente en determinadas carreras universitarias desde la auto-consciencia y eligiendo cuidadosamente las palabras para reconstruir su experiencia. Buscaba “rehacer” su identidad y obtener independencia económica, como otras muchachas egipcias 2 :

“En aquellos días, no se animaba a las chicas a elegir carreras de ciencias, o a estudiar medicina, ingeniería o ciencias puras. La palabra “ciencia” en árabe era un sustantivo masculino y tenía un algo masculino, pero aadaab (literatura) era femenina, y sus letras eran parecidas a las de adab, que significa buenos modales, obediente, dócil. Un dicho que se repetía a menudo era: “Se prefieren los buenos modales a la ciencia” (con el significado de conocimiento). De las chicas se esperaban buenos modales y obediencia, pero no pasaba lo mismo con los chicos.” 3


Sin embargo, a lo largo de su autobiografía siempre encuentra un momento para recordar que su verdadera vocación era escribir, no la medicina. Tras conseguir el certificado de enseñanza secundaria con muy buenas calificaciones, su primer impulso fue matricularse en la Escuela de Literatura, ser escritora. Su padre le dijo que los graduados de esa escuela acababan siendo funcionarios del gobierno u oficinistas 4. La gente de letras no tenía futuro, vivían y morían en la pobreza, como el poeta Al-Deeb 5. Preocupada, la madre decidió tantear el amor propio de su hija:

“¿Sabes, Nawal, quienes buscan entrar en la Escuela de Literatura? Los que no fueron buenos en la escuela y tienen notas bajas. Pero tú tienes las más altas calificaciones. Ve a la Escuela de Medicina. Podrás ser una doctora famosa como Ali Ibrahim, [uno de los principales cirujanos de Egipto], y podrás cuidar de nosotros sin que tengamos que pagar” 6. La joven acabaría cediendo pero en sus sueños imaginaba que llegaría a ser escritora, como Taha Hussayn 7: “Cuando decía eso, mis colegas sonreían sarcásticamente. ¿Qué tontería estás diciendo? Escribir no te dará de comer, Nawal” 8.

Su padre decidió ahorrar para pagarle la carrera. Pero ella consiguió que el Decano de su Facultad la eximiera del pago de la matrícula durante todo el período de estudio por haber pasado los exámenes de la escuela secundaria con las máximas calificaciones. Cuando volvió a casa para devolverle el dinero ahorrado a su progenitor, la cara de éste quedó grabada en su memoria: “Fue un momento que no puedo olvidar y cuyos detalles vivirán para siempre” 9. La lucha de Nawal por afirmarse, gestionar sus propios asuntos y obtener respetabilidad empezaba a dar resultados.

En la universidad empezó a mezclarse con el “otro sexo”, algo que estaba prohibido en la educación primaria y secundaria. Las dos palabras que más le ruborizaban las mejillas eran: sexo y hombre. En su primer año preparatorio, de anatomía, se agudizaron sus preguntas al conocer tanto el cuerpo femenino como el masculino. No entendía por qué su madre hacía tantas distinciones entre ella y su hermano, por qué hablaba del hombre como si fuera un dios a quien tendría que servir en la cocina durante toda la vida, por qué la sociedad había tratado siempre de convencerla de que la masculinidad era una distinción y un honor y la feminidad una debilidad y una desgracia.

Le molestaba que la sociedad formara a los hombres para sentirse dioses y a las mujeres para ser incapaces de hacer nada. Pero pronto sus pensamientos cambiaron de rumbo para concentrarse en sus estudios y en aprobar los exámenes de fin de curso. Después del año preparatorio se trasladó al edificio principal de la Escuela de Medicina, en la calle Kasr Al Aini 10. Allí accedió al primer curso de Al Mashraha 11.

“Mi imaginación se desbocaba al acercarme a la entrada del edificio. ¿Cómo iba a ser capaz de cortar un cuerpo humano?, ¿Cómo sería capaz de seccionar el músculo llamado corazón, que nunca había dejado de latir durante toda mi vida?, ¿Cómo sería capaz de cortar las células del cerebro que nunca había dejado de hacer preguntas, y de recuperar los recuerdos de la infancia?”12.


Le costó acostumbrarse:

“Los primeros días, temblaba cada vez que hacía un corte en el cadáver con el escalpelo, porque no podía olvidar que era carne humana lo que diseccionaba. Dejé de comer todo tipo de carne, y cuando veía algún trocito flotando en la sopera, me entraban náuseas. Me recordaba a un miembro flotando en formalina” 13.

En Memorias de una Joven Doctora 14 habla de lo que la ciencia le hizo descubrir, de cómo le abrió los ojos, encontrando en ella respuesta a muchas de las preguntas que se había hecho desde pequeña. Durante años había intentado entender el mundo, comprender las diferencias entre chicos y chicas, y averiguar las causas de la discriminación sexual. Ahora, en esta nueva etapa de su vida iría sustituyendo los discursos legitimadores religiosos por los discursos científicos. Thomas Laqueur aún no había publicado su libro sobre el análisis histórico de la literatura médica, en el que pone de relieve el salto cualitativo que supuso pasar de la percepción de un solo sexo, el masculino, pues el “cuerpo femenino” se consideraba un mero apéndice o versión devaluada de él, a la consideración de dos sexos, el masculino y el femenino, con sus propias características y sus representaciones culturales 15.

La dualidad se puso de relieve en la profusión de dibujos sobre la anatomía del cuerpo femenino, las nuevas interpretaciones sobre la reproducción humana y el papel de las mujeres en ella, algo que canalizaría la educación femenina hacia la domesticidad 16. La ciencia le reveló a Nawal la igualdad y la diferencia desde perspectivas biológicas, culturales y éticas. Existían cuerpos sexuados, categorías generacionales, étnicas y raciales que a veces se combinaban debido a un cúmulo de circunstancias. Conviviendo con ellas se palpaban la presión social y familiar, la educación segregada, la huella de unos roles históricamente construidos y de unas ideologías justificativas de la desigualdad que creaban relaciones de dependencia y de sometimiento personal 17. De ahí “la inferioridad” de las mujeres. A partir de ese momento se abriría un mundo nuevo ante la joven estudiante de medicina.

Su “yo” llegó a una fase nueva, de adaptación. Abducida por los estudios que le requerían mucha concentración y dedicación, por la responsabilidad de aprobar los exámenes de fin de curso y ser la alumna modelo a ojos de la sociedad y de su familia, Nawal dejó de lado sus preocupaciones por su condición de mujer, para verse sumergida en una nueva lucha: terminar su carrera y luchar por la liberación de su patria:

“La niña se había transformado en una muchacha veinteañera, una estudiante que se tomaba su trabajo muy en serio, estudiaba anatomía, bioquímica, psicología y patología. Había leído el Corán y partes del Antiguo y el Nuevo Testamento, además de otros libros de filosofía, religión y, sobre, todo, historia, desde el tiempo de los faraones y los antiguos egipcios hasta el Khedive Ismail, la ocupación británica, el rey Fouad y el rey Farouk, y el nacimiento de los partidos políticos en Egipto 18.

Tras el relumbrón intelectual y emocional que provocó en ella el descubrimiento de la medicina, Nawal constataría en su práctica profesional en hospitales y centros de salud que el cuerpo humano, cada cuerpo, supone semejanza, desigualdad y diversidad; valoraría las consecuencias del uso abusivo del “biologismo” y el “culturalismo”, cuando se utilizan en un sentido reduccionista, y entendería que la construcción de una genealogía femenina basada en la necesidad de valorar los hechos, trabajos y aportaciones sociales de las mujeres se había anticipado a las argumentaciones científicas sobre el alcance de la diferencia sexual 19.

En sus prácticas médicas tuvo ocasión de comprobar que el patriarcado y sus instituciones identificaban feminidad con maternidad y que a partir de la capacidad anatómica y biológica reproductiva de las mujeres se habían construido modelos de feminidad, normas jurídicas y educativas, mecanismos de control de la sexualidad, discursos, representaciones y experiencias que las llevaban a “desaparecer” como sujetos tras su función materna 20.

Nawal As-Saadawi se graduó en la Universidad de El Cairo en 1955 con unas calificaciones excelentes, motivo por el que pasó a trabajar como médica residente en el hospital universitario de Kasr el Aini. Allí desapareció la pesadilla que de manera reiterada le había acompañado durante su niñez y su juventud:

“Mi madre me dejó la tarea de encender el hornillo. Todas las noches, dormida, soñaba que el hornillo habría estallado, veía a mi madre en medio de las llamas y corría a salvarla, pero era demasiado tarde porque ya se había muerto abrasada. La envolvían en un sudario blanco y colocaban su cuerpo sobre el lecho de latón. En el sueño, el sudario era el blanco vestido de seda con que se casó” 21.


El sueño se repetiría de diferentes maneras: “Sólo me dejó, recuerda Nawal As-Saadawi, después de graduarme en la escuela de medicina y convertirme en residente con “honores” en el hospital universitario de Kasr Al Aini” 22. Posiblemente a través de estas fantasías oníricas, que obedecían a impulsos diversos, se estaban expresando vínculos ocultos de afecto y temor entre la madre y la hija 23.

A comienzos de abril de 1955, Nawal cobró por primera vez en su vida un sueldo mensual. Nueve libras, “cada una de ellas tan grande como la siguiente, para usar una expresión de Sittil Hajja” 24. Se había convertido en una mujer independiente, hablando en términos económicos, un requisito básico para construir el camino de su liberación personal.

Después de trabajar un año en el Hospital Universitario fue enviada a un Centro de Salud de la zona rural de Kafr Tahla, que albergaba tres secciones distintas: unidad clínica, unidad de servicios sociales y unidad educacional. Se trataba de uno de los proyectos emprendidos en las áreas rurales por el régimen revolucionario en 1956.

Por Mouna Aboussi Jaafer, (Universidad de Málaga)


Notas:

  1. AS-SAADAWI, Nawal, op. cit., pág. 298.
  2. Las obras de Virginia Wolf marcaron el camino. Cf. Un cuarto propio, Madrid, Horas y Horas, 2003, Tres guineas. Barcelona, Lumen, 1999 y Las mujeres en la literatura, Barcelona, Lumen, 1981. La segregación sexual, a pesar de los avances experimentados, aún se mantienen. Ver BALLARÍN DOMINGO, Pilar (ed.), Desde las mujeres. Modelos educativos: coeducar/segregar. Granada, Universidad de Granada, 1992; BLANCO, Nieves, Educar en femenino y en masculino, Madrid, Akal, 2001 y ARENAS, Gloria, Triunfantes perdedoras. Investigación sobre la vida de las niñas en la escuela. Málaga, Universidad de Málaga, 1996.
  3. AS-SAADAWI, Nawal, op. cit., pág. 304.
  4. AS-SAADAWI, Nawal, La hija de Isis, op. cit.,pág. 296.
  5. Este escritor dice en uno de sus poemas: “Soy una pared en la que está escrito: ¡Oh, hombre de vejiga llena, mea aquí!”. Ver AS-SAADAWI, Nawal, La hija de Isis, op. cit, 296.
  6. Idem. 
  7. Taya Hussain
  8. AS-SAADAWI, Nawal, op cit, pág. 322.
  9. Idem, pág. 316.
  10. Idem, pág. 305.
  11. Idem, pág. 308. La sala de disección. Se refiere al curso en el que los estudiantes cursan anatomía y fisiología del cuerpo humano, además de farmacología y parasitología.
  12. AS-SAADAWI, Nawal, op cit, pág. 308.
  13. Idem. pág.310
  14. AS-SAADAWI, Nawal, Memorias de una Joven Doctora, Barcelona, Lumen, 2006.
  15. LAQUEUR, Thomas, La construcción del sexo. Cuerpo y género desde los griegos hasta Freud. Madrid, Cátedra, 1990.
  16. SCHIEBINGER, Londa, “Skletons in the Closet: The First Illustrations of the Fenmale”, en Catherine Gallagher y Thomas Laqueur (eds.), The Making of the Modern Body: Sexuality and Society in the Nineteenth Century. Berkeley, Los Ángeles, Londres, University California Express, 1987, págs. 42-82.
  17. TUBERT, Silvia (ed.), Del sexo al género. Los equívocos de un concepto. Madrid, Cátedra, 2003 e IZQUIERDO, María Jesús, El malestar de la desigualdad. Madrid, Cátedra, 1998, especialmente el capítulo segundo: “El cuerpo: semejanza y diversidad”, págs. 57-112.
  18. AS-SAADAWI, Nawal, Prueba de fuego, op. cit., pág. 49
  19. IZQUIERDO, María Jesús, El malestar en la desigualdad. Madrid, Cátedra, 1998, pág. 13.
  20. TUBERT, Silvia (ed.), Figuras de la madre. Madrid, 1996, págs. 8-10.
  21. AS-SAADAWI, Nawal, La Hija de Isis, pág. 178.
  22. A los estudiantes de medicina graduados con buenas calificaciones se les asignaba una plaza de residente en el hospital universitario.
  23. BUZZATTI, Gabriella y SALVO, Anna, El cuerpo-palabra de las mujeres. Los vínculos ocultos entre el cuerpo y los afectos. Madrid, Cátedra, 2001, págs. 20, . 37 y ss.
  24. AS-SAADAWI, Nawal, La Hija de Isis, op. cit., pág. 178.

    ©2018-paginasarabes®

Nebiri – El rostro del antiguo Egipto

El  dignatario Egipcio Nebiri vivió entre el 1475 y el 1425 antes de Cristo. Sus restos llegaron hasta nuestros días en muy buen estado de conservación.

Un equipo internacional de investigadores ha reconstruido la cara y el cerebro de una momia egipcia de 3.500 años de antigüedad, revelando un tratamiento de embalsamamiento único.

Los restos pertenecen a Nebiri, un dignatario egipcio que vivió bajo el reinado del faraón de la XVIII dinastía Thutmoses III (1479-1425 aC).

Nebiri fue hallado en el año 1904 por el investigador italiano Ernesto Schiaparelli. Encontró la cabeza muy bien preservada y jarras que contenían algunos de sus órganos internos. “Tenía entre 45 y 60 años cuando murió”, dijo Raffaella Bianucci, bioantropóloga de la Sección de Medicina Legal de la Universidad de Turín. “Su tumba en el Valle de las Reinas fue saqueada en la antigüedad y su cuerpo deliberadamente destruido”.

La investigación abrió un nuevo e interesante capítulo en el estudio de las momias. Ahora, después de su profanación, Nebiri  ha vuelto a la vida a través de la medicina forense moderna. Utilizando un tipo de tomografía computarizada y técnicas de reconstrucción facial, los investigadores produjeron una impresionante aproximación facial.

Este tipo de tomografía  se podrá usar en cualquier otra momia escaneada y se podrán conocer los rostros verdaderos de otros personajes de la historia egipcia. La momia de Nebiri se hizo famosa hace dos años cuando le diagnosticaron el caso más antiguo de insuficiencia cardíaca crónica. El grupo de investigadores usó un equipo de tomografía computarizada y técnicas de reconstrucción facial para recrear el rostro del antiguo dignatario egipcio. El patólogo forense y físico antropólogo de la Universidad de París, Philippe Charlier, destacó los resultados. “Es un trabajo forense serio basado en las últimas técnicas de reconstrucción facial y tejidos blandos sobre la superposición del cráneo. Más allá de la belleza, hay una realidad anatómica”.

En la revista Forensic, Medicine and Pathology también los elogiaron. Era un hombre con una “nariz prominente, mandíbula ancha, cejas rectas y labios relativamente gruesos”, detallaron.

Los datos químicos preliminares presentados en el Congreso Mundial de las Momias celebrado en Río de Janeiro en 2013 mostraron que los vendajes de lino habían sido tratados con una mezcla compleja de grasa animal o aceite vegetal, una planta balsámica o aromática, una resina de coníferas y resina de Pistacia calentada. Las tomografías computarizadas recientes revelaron que las vendas se insertaron cuidadosamente en casi todas partes de la cabeza, en la nariz, los oídos, los ojos y la boca.

Los investigadores reconstruyeron el cerebro del dignatario egipcio Nebiri 

“El meticuloso envasado creó una barrera para proteger al cuerpo de la colonización de insectos, al mismo tiempo tenía un propósito cosmético, permitiendo que las características faciales y el cuello mantuvieran su apariencia original”, dijo Bianucci.

Curiosamente, las tomografías computarizadas mostraron un pequeño agujero en una estructura ósea similar a un panal conocido como la placa cribriforme, que separa la cavidad nasal del cerebro. Sin embargo, el cerebro no fue sacado.

“Dado el meticuloso tratamiento de la cabeza, se puede especular que la perforación de la placa cribriforme no se realizó para extraer el cerebro, sino para insertar el lino embalaje”, escribieron los investigadores.

De hecho, todavía se pueden observar fragmentos de tiras de lino dentro del tejido cerebral deshidratado.

Utilizando los datos de la tomografía computarizada, los investigadores pudieron realizar una reconstrucción de la superficie del cerebro en 3D, lo que les permitió reconstruir tejidos blandos destruidos o modificados por alteraciones post mortem. “No se detectaron anomalías anatómicas”, dijo Bianucci.

“Fuimos capaces de añadir fuerza al argumento de que Nebiri era [una] alta élite”, dijo el primer autor del documento, Robert Loynes, en el Centro KNH de Egiptología Biomédica de la Universidad de Manchester en Inglaterra. Loynes señaló que la cabeza es un raro ejemplo de un tratamiento funerario de alto rango de un individuo no-real de la XVIII dinastía.

“Es un hallazgo único que precede a los desarrollos observados en los reyes, reinas y familiares de la XVIII a XX dinastía”, dijo Loynes.

“Utilizando una combinación de técnicas no invasivas, los investigadores han podido encontrar un tratamiento particular del cerebro, que no requiere su eliminación”, dijo Piombino-Mascali, quien no está involucrado en el estudio.

En la encrucijada de la antropología forense y la osteo-arqueología, la investigación abre nuevas posibilidades para el estudio de las momias.

 Por Rossella Lorenzi

Con información de Livescience

©2017-paginasarabes®

Acero de Damasco, forjador de Héroes

La descripción más antigua de las espadas de Damasco data del año 540 de nuestra era, pero pueden haber estado en uso mucho antes, incluso en la época de Alejandro Magno (323 A. C.). El propio acero estaba hecho en la India,  donde se denominaba wootz. Las mejores espadas se forjaban en Persia bajo el nombre de “poulad Janherder”, a partir del wootz Indio que se usaba también para escudos y armaduras. Estos aceros se conocieron en la Edad Media en Rusia, donde se denominaban aceros “bulat”.

El acero de Damasco, el material de las leyendas

El término “acero de Damasco” puede referirse a dos tipos diferentes de materiales ferrosos (que contienen hierro) caracterizados por el patrón acuoso producido a partir de la mezcla controlada y la manipulación física del hierro y el acero. Es el resultado de combinar por lo menos dos tipos diferentes de acero endurecidos y templados en la misma gama para conseguir un diseño ondulado, resultante del proceso de laminado. Las espadas de Damasco trascendieron las fronteras y los siglos.  Los europeos occidentales introdujeron por primera vez  este material  desde el centro comercial histórico de Damasco, en la actual Siria, cuando las Cruzadas llegaron al Medio Oriente a principios del siglo XI. Descubrieron que las espadas hechas de este metal podían cortar una pluma en el aire, y todavía mantener su filo a través de las muchas batallas libradas con los Sarracenos. Las espadas eran fácilmente reconocidas por su diseño ondulado o “damasquino” en sus hojas. Aunque hay ejemplos de este material que se produce en Damasco mismo, sus orígenes técnicos y físicos son de la India y el Medio Oriente. El acero de Damasco no debe confundirse con el damasceno, que es un proceso de incrustación de hoja de oro sobre la superficie de acero con el fin de decoración.

En casi todas las culturas de hierro, este material fue venerado y dotado de cualidades mágicas. Un astuto viejo forjador, hizo que los elementos se unieran en una oscura y misteriosa herrería, fusionando sólidos y diferentes metales para crear un arma que pudiera matar al más poderoso dragón y nunca fallar a su amo. Fue el pináculo del arte de los forjadores de metal.  Creadores de  la hoja perfecta con acero que es maleable y resistente entrelazado con acero duro con capacidad de corte perfecto.

Las mil y una noches

En uno de los cuentos de Las Mil y Una Noches, se hace referencia al Gran Rey Salahadin y su maravillosa espada Damasquina.

Y cuando vino la décima noche

Sherezade dijo: cuentan que en el trono de los califas Omniadas, en Damasco, se sentó un rey —¡Sólo Allâh es rey!—, que se llamaba Abdalmalek ben-Merwan. A este rey le gustaba departir a menudo con los sabios de su reino acerca de nuestro señor Saladino —¡con él la plegaria y la paz!— de sus virtudes, de su influencia y de su poder ilimitado sobre las tierras de las soledades, de los efrits que pueblan el aire y de los genios marítimos y subterráneos.

Fueron estos sabios quienes narraron al rey Abdalmalek ben-Merwan que, cuando Ricardo Corazón de León se encontró en las cruzadas con el gran, el inmenso Saladino. El rey cristiano creyó necesario ensalzar las virtudes de su espada. Para demostrar la fuerza de su pesadísimo mandoble, cortó una barra de hierro. En respuesta, Saladino tomó un cojín de seda y lo partió en dos con su cimitarra sin la sombra de un esfuerzo, al grado de que el cojín pareció abrirse por sí mismo.

Los cruzados no podían creer a sus ojos y sospecharon que se trataba de un truco. Saladino entonces lanzó un velo al aire y con su arma lo desgarró. Era ésta una lámina curva y delgada que brillaba no como las espadas de los francos sino con un color azulado marcado por una miríada de líneas curvas distribuidas al azar. Los europeos comprobaron entonces que éstas eran, precisamente, las características, ¡oh gran señor!, de todas las láminas usadas en el Islam en tiempos de Saladino.

Las hojas eran —insistían los sabios alrededor del rey Abdalmalek ben-Merwan— excepcionalmente fuertes si se las doblaba, también eran lo suficientemente duras como para conservar el filo, es decir, que podían absorber los golpes en el combate sin romperse. Sus virtudes mecánicas, así como sus preciosas marcas onduladas en la superficie, se debían al material con que estaban hechas: el acero de Damasco.

La espada de Ricardo Corazón de León era tosca, pesada, recta y brillante. La de Saladino, por el contrario, era esbelta, ligera y de un azul opaco que, visto más de cerca, era producido por una textura compuesta de millones de curvas oscuras en un fondo blanco que caracterizan a los aceros de Damasco. Era tan dura que se podría afilar como navaja de afeitar y a la vez era sumamente tenaz, de manera que podía absorber los golpes del combate sin romperse. Era difícil para los europeos aceptar que la dureza y la tenacidad se podían conjugar de una manera tan extraordinaria. Todavía más difícil de aceptar resultó el entender y dominar la técnica de fabricación de los aceros de Damasco en las herrerías de Occidente. Tomó siglos poder comprender y entender este concepto.

Proceso de elaboración

El mineral de hierro se calienta hasta 1.200ºC para reducirlo obteniéndose un hierro esponjado que por medio de martilleo se libera de impurezas. El resultado es hierro dulce con bajo contenido de carbono. Después en un crisol se le agrega carbón para someter nuevamente la mezcla a una temperatura de 1200 ºC en atmósfera inerte. Durante el enfriamiento posterior la austenita se transforma en cementita (Fe3C) y perlita (capas alternas de ferrita y cementita).

Los herreros mejoraban la resistencia y elasticidad de las espadas mediante el temple. En las fraguas las calentaban al rojo vivo, para posteriormente enfriarlas súbitamente por inmersión en un fluido y, de este modo, producir una importante transformación en la estructura cristalina (“martensita”)

El forjado es la etapa esencial del proceso de fabricación de una verdadera espada de Damasco. La hoja se somete a un calentamiento hasta una temperatura entre 650ºC y 850ºC, temperaturas a las que podía ser conformado mediante martillo y yunque. Así, se rompe la red cristalina de la cementita, transformándola en simples granos aislados que proporcionan alta resistencia y disminución de la fragilidad.

Con información de CAU

©2017-paginasarabes®