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Nelson Mandela no creía en el ratón Miguelito

Reunión de Yasser Arafat y Nelson Mandela,Domingo, 20 de mayo 1990 en El Cairo
Nelson Mandela no creía en el ratón Miguelito –  Por José Steinsleger (Imagen ) Reunión de Yasser Arafat y Nelson Mandela,Domingo, 20 de mayo 1990 en El Cairo

Con excepción de algunos, no hay muerto malo. Más aún: de uno en fondo, contados habrían sido malos de verdad. O sea, crueles y empecinados en prodigar el desprecio y el sufrimiento al semejante. ¿Que si “el hombre” nace bueno (Rousseau dixit) y la sociedad lo hace malo? Depende.

Depende de la cultura que lo haya engendrado y modelado. En cuanto a la nuestra, tributaria de la “renacentista” y la “modernidad”, alcanzó sus logros con los recursos de la trata negrera, el saqueo de África, América y Asia, y una determinada concepción del “ser y estar” en el mundo.

En el siglo pasado, millones de africanos se alzaron contra los designios teológicos y filosóficos pensados por y para los europeos. Hasta que uno de ellos, el sudafricano Nelson Mandela, concluyó que el plañidero perdón dispensado por el mártir del Calvario no alcanzaba para llevar justicia a los negros.

Durante 27 años de cautiverio de los cuales 15 en confinamiento solitario (1964-91), los verdugos propusieron a Mandela renunciar a la lucha armada para salir en libertad. Sólo debía firmar un manifiesto de rechazo a la “violencia”, y aceptar las independencias no reconocidas por ningún país del mundo y condenadas por la ONU: los llamados bantustanes de Botswana, Ciskei, Transkei y Venda, gobiernos teóricamente autónomos y con formas particularmente insidiosas de segregación racial, en las que el Estado sionista de Israel (aliado del régimen sudafricano) encontró inspiración para “resolver” sus problemas en Palestina.

Mandela se negó a cambiar sus convicciones por un plato de lentejas. Sus condiciones eran insobornables: “un hombre, un voto”. Sólo así, el líder del Congreso Nacional Africano (CNA) que ahora la “comunidad internacional” celebra como paradigma de la “moral universal” (y que hasta 2008 Washington tenía en su nómina de “terroristas”), logró su libertad.

Pero atención. Porque el día en que murió Mandela, el presidente Barack Obama (quien lo había visitado el año pasado) defendió a la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) al destacar que realizó un “muy buen trabajo” contra algunos “actores malos”. Por ejemplo, el rastreo y ubicación de 5 mil millones de teléfonos celulares en el mundo. Aunque naturalmente, Obama no recordó cuando en 1962, un infiltrado de la CIA en el CNA entregó a Mandela a los servicios de seguridad de Sudáfrica.

Antes que de la voluntad de Dios o de las ideologías merolicas del “peace and love”, la liberación de Mandela fue posible gracias a los ecos emancipadores que llegaban a su celda: el legado revolucionario de Lumumba, Fanon y el Che, las luchas del CNA y el Partido Comunista Sudafricano, y las acciones guerrilleras de “Lanza de la Nación”, su brazo armado.

Las independencias de Mozambique y Angola (1975), así como la determinante cooperación de Cuba en el terreno militar, fueron el punto de inflexión. En particular, la gran batalla de Cuito Cuanavale (sur de Angola), donde 20 mil hombres perdieron la vida (diciembre-marzo, 1987/88). Por primera vez en la historia de África, un todopoderoso ejército de blancos, con armas nucleares inclusive, había sido derrotado por un ejército de negros.

En agosto de 1988, poco después de la victoria de Cuito Cuanavale (batalla que la “libre” Wikipedia califica de “irresuelta”), Mandela fue alojado en un amplio bungalow, dotado de alberca, jardines y cocinero particular. Y en diciembre, a regañadientes de Washington, se firmó en Nueva York el Acuerdo Trilateral (Angola, Cuba, Sudáfrica) en el que, además, se pactó la independencia de Namibia.

Pero el 5 de julio de 1989, aconteció lo impensable: Mandela fue invitado a tomar té con el presidente Pieter Botha, el implacable “die groot krokodil” (el gran cocodrilo), defensor incondicional de la segregación racial y el sistema del apartheid. Botha no llegó a ningún acuerdo con el líder del CNA, y a finales de aquel año, luego de retirarse por enfermedad, cedió el lugar a Frederik de Klerk, quien celebró con Mandela los tres encuentros que precedieron a su liberación (1990-91).

De Klerk desmanteló el entramado jurídico del apartheid, empezando por la más antigua de todas las leyes racistas, la ley de Tierras de Nativos (1913), que limitaba las tierras que la mayoría negra podía poseer, la de Supresión del Comunismo, la Antiterrorista, la de Áreas Grupales, la de Registro de Población (1950), y la ley de Separación en Lugares Públicos (1953).

Los compromisos adquiridos por Mandela y De Klerk llevaron a la promulgación de una nueva Constitución democrática, y la celebración de elecciones pluralistas. En el referendo del 17 de marzo de 1992 (última de las consultas “sólo para blancos”), 69 por ciento de los votos aprobaron el proceso de reformas iniciado por De Klerk

Al salir en libertad, Mandela viajó por el mundo para agradecer la solidaridad recibida. El primer país que visitó fue Argelia (mayo de 1990), donde él y los guerrilleros del CNA habían recibido entrenamiento militar en 1962. “Argelia hizo de mí un hombre. ¡Soy argelino, soy árabe, soy musulmán!”, dijo.

Y en Cuba: “¿Dónde hay un país que haya solicitado la ayuda de Cuba y que le haya sido negada? ¿Cuántos países amenazados por el imperialismo o que luchan por su liberación nacional han podido contar con el apoyo de Cuba? Debo decir que cuando quisimos alzarnos en armas nos acercamos a numerosos gobiernos occidentales en busca de ayuda, y sólo obtuvimos audiencia con ministros de muy bajo rango. Cuando visitamos Cuba, fuimos recibidos por los más altos funcionarios, quienes de inmediato nos ofrecieron todo lo que queríamos y necesitábamos…” (julio de 1991).

Cuba fue el primer país reconocido diplomáticamente por el gobierno de Mandela. En una pared de piedra de casi 700 metros, en la colina del Parque de la Libertad de Pretoria (una de las tres capitales de Sudáfrica), un despacho de BBC Mundo, observó: hay grabados más de 95 mil nombres. Entre ellos, los de 2 mil 17 soldados cubanos.

El periodista y escritor inglés John Carlin, quien platicó y estuvo cerca de Mandela durante 20 años, apuntó: “Llegué a Sudáfrica en 1989. Si alguien me hubiera dicho que cinco años después Sudáfrica iba a ser una democracia, y que a Mandela lo iban a ovacionar 50 mil blancos en un estadio de rugby, le hubiera recomendado ir a un siquiatra”.

Mandela alcanzó la gloria, mas no pudo acabar con el racismo. En noviembre pasado, la comunidad de Kleinfontein, en la provincia donde nació Mandela (Gauteng), planteó al gobierno el reconocimiento formal de una “colectividad cultural sólo para personas blancas”.

A la entrada del asentamiento (300 casas) para “blancos, cristianos y afrikaners (descendientes de colonos holandeses)”, hay un estatua en memoria del primer ministro Hendrik Frensch Verwoerd, ideólogo del apartheid asesinado en 1966.

Los moradores de Kleinfontein dicen que la Constitución “los ampara”. En efecto, el artículo 185 de la Carta Magna habla del “derecho de vivir con individuos de la misma ascendencia cultural, idioma y religión”.

En Sudáfrica, la idea de que la dicha y felicidad de la civilización (con permiso ahora, a “pensar distinto”) depende de una pirámide regida por un Dios blanco, piadoso, terrible y excluyente, continúa latente.

Por José Steinsleger

Con información de : La Jornada

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La Paloma , el Islam y la Historia

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La Paloma , el Islam y la Historia

Uno de los mayores responsables de que la paloma se reconozca como símbolo de paz fue el artista Pablo Picasso, quien hizo una serie de dibujos de palomas. Uno de ellos, la paloma con una rama de olivo; sirvió para un cartel del Congreso Mundial por la Paz en 1949, después de la Segunda Guerra Mundial. En la primavera de ese año, Picasso tiene una hija con Françoise Gilot a la que decidió llamar Paloma en honor a este símbolo. Y, ella, llamó a su hija Paz.

También es cierto qué más adelante el símbolo para la Campaña de Desarme Nuclear que diseñó el artista británico Gerald Holtom en 1958, y que hoy también es mundialmente reconocido como emblema universal de la paz, representa las patas de una paloma dentro de un círculo.

Pero no es de la paloma con una rama de olivo en el pico que envió Noé tras el diluvio universal de la que hablaremos hoy, el tema que nos ocupa es acerca de las colúmbidas, esas enigmáticas e inquietas aves que conocería la Historia como ; palomas mensajeras.

Las palomas mensajeras son uno de los medios de comunicación más antiguos, pues las primeras noticias que tenemos de su uso datan de hace más de 3,500 años. Después fueron muy utilizadas en el mundo clásico, tanto por su velocidad como por su fiabilidad. Hoy en día, con el masivo desarrollo de herramientas de comunicación tan sofisticadas como Internet y la telefonía móvil, las palomas mensajeras han quedado relegadas a un ámbito exclusivamente deportivo, como antes le ocurriera a la equitación y al remo. No obstante , en la Guerra del Golfo algunos soldados yankees llevaban palomas para estar atentos a posibles “ataques” NBQ (nuclear bacteriológico, químico).

La larga historia (que aquí contaré brevemente) de la asociación entre estas aves y el hombre es fascinante, y una vez más, sirve para comprender la evolución del conocimiento humano, con sus depresiones y sus cimas, con sus miserias y sus grandezas.

En Persia, en el siglo XV a.C. alguien que observó la capacidad que tenían algunas palomas de encontrar el camino de vuelta a casa, decidió explotarlo en su provecho, y ató a la primera paloma mensajera de la historia, probablemente una Columba Livia, el primer colombograma. La paloma despegó y poco tiempo después alcanzó su destino con el mensaje. Quizá una de las cosas que más le sorprendería a nuestro pionero sería la velocidad de la paloma, que ronda los 50 km/h de media, y puede llegar a los 80 km/h de velocidad punta. Ningún caballo es capaz de superar estas velocidades, y menos aún durante varios días.

Su uso se popularizó en Oriente, y poco tiempo después ya estaba presente en la cultura más avanzada del Mediterráneo: los egipcios. La permeabilidad del intercambio cultural entre Grecia y Egipto era tal, que no debe extrañarnos que en unos pocas décadas después las palomas mensajeras surcaran los cielos de todo el mundo griego en primer lugar, y de la hija bastarda de Grecia (Roma) unos siglos después. Los griegos usaban palomas para proclamar los resultados de los juegos olímpicos al mundo (griego), y los romanos incorporaron a sus poderosas legiones unas cuantas palomas para que Roma estuviera al tanto de cualquier percance o noticia. No puedo evitar destacar que los usos más célebres que griegos y romanos dieron a las palomas, fueran tan arquetípicamente griegos y romanos, respectivamente.

Con la caída del Imperio Romano de Occidente, el oeste del Mediterráneo entra en crisis: las invasiones bárbaras se suceden, y los únicos depositarios de conocimiento son el Imperio Bizantino y el Oriente Medio. Las palomas mensajeras son olvidadas en Occidente, pero en Mesopotamia permanecen. Allí esperarían la llegada de una estirpe de hombres cuya religión  conquistaría gran parte del mundo conocido en poco menos de un siglo: los musulmanes. A finales del siglo VIII, Al-Mahdi, Califa de los Creyentes, tenía en Damasco varios palomares para que las caravanas y los buques pudieran hacer uso de sus palomas. La red de comunicaciones del Califato Abbasí se iba haciendo más densa.

En el siglo XI Occidente redescubre las palomas mensajeras gracias a los Abbasíes, y lo hace por dos vías distintas. La primera es el Califato de Córdoba, que se colapsa en el año 1031, dando lugar a casi cuarenta Taifas distintas. Se sabe que en el período de las Primeras Taifas, que corresponde a los cincuenta años que median entre la caída del Califato y la invasión almorávide (1085), se usaban palomas para la mensajería tanto oficial como privada. La segunda vía fueron las Cruzadas, que pusieron en contacto al occidente franco con el oriente musulmán, hasta entonces dos culturas desconocidas entre sí. La primera cruzada toma Antioquía, su primera ciudad importante, en el año 1098, y había llegado a Oriente Próximo unos años antes. Desde entonces Oriente y Occidente no volverían a estar aislados entre sí.

Poco después de la caída de Toledo en manos cristianas, los almorávides recomponen la unidad del antiguo califato, y vencen a Alfonso VI en la batalla de Zalaca. Al Mutamid comunica la noticia de su victoria a la corte de Sevilla usando una paloma mensajera. Poco más de cincuenta años después, en 1132, en Toledo, Hamir Zabara, astrólogo judío y consejero del rey Alfonso VII, logra concentrar miles de palomas, que se supone que habían sido soltadas en diversos puntos del Reino.

Esto prueba que este medio de comunicación ya se había filtrado a los reinos cristianos más próximos al Islam. Debía de tratarse de un servicio más o menos asequible, ya que el poeta judío Yehuda Halevi (que no era precisamente rico) afirma utilizar palomas para comunicarse con sus amigos.

Otro episodio muy famoso de la historia de las palomas mensajeras es el sitio de Harlem, en Holanda. En 1572 el Duque de Alba, al servicio de Felipe II, pone cerco a la población de Harlem. El gobernador de la ciudad, Wigbolt Ripperda, se comunicaba mediante palomas mensajeras con el cabecilla de la rebelión protestante, Guillermo de Orange. Orange intentó socorrer a la ciudad sitiada, pero su ejército es masacrado por los tercios, y al poco tiempo la propia Harlem cae. Ripperda es decapitado, y los tercios bañaron de sangre la ciudad.

En Waterloo (Bélgica) se celebró el capítulo final de las Guerras Napoleónicas, que se saldaron con la derrota del propio Napoleón frente a Wellington. El campo de batalla dista unos 350 kilómetros del despacho del primer ministro Robert Jenkinson en Londres, que se enteró de la noticia unas cuantas horas después, gracias a una paloma mensajera.

Poco a poco, las palomas mensajeras fueron haciéndose más y más importantes, hasta el punto de que su caza se penaba con elevadas multas. A  finales del siglo XIX se impone un castigo de 1.000 libras a cualquiera que abata una paloma, ya que su caza comprometía las comunicaciones del Imperio. En el sitio prusiano a París en 1870 fueron usadas, aunque no sirviera de mucho, ya que Francia fue derrotada y el Segundo Imperio liquidado. Ya en la primera guerra mundial, los franceses tenían 72 palomares para dotar sus necesidades de comunicaciones. Se supone que los alemanes también las utilizaron, pero no dispongo de datos que lo corroboren. Por otro lado, una de las ventajas que tiene este sistema es que no debes abatir una paloma porque nunca vas a tener la certeza de si se trata de un ejemplar al servicio del enemigo o no hasta que la hayas abatido.

En la Segunda Guerra Mundial, ya con los radares bastante desarrollados, el telégrafo y el teléfono funcionando a pleno pulmón, las palomas fueron ampliamente utilizadas. Los ingleses contaron con los servicios de un cuarto de millón de palomas, y algunas de ellas llegaron a ser condecoradas por méritos de guerra. La Resistencia contra los nazis, sobre todo en Francia y en Holanda, usó palomas mensajeras para sus comunicaciones. De igual forma, los alemanes soltaron palomas con mensajes ingleses falsos en los que se pedía a la Resistencia los nombres de sus líderes para coordinarse con los ingleses. No sabemos el éxito que tuvieron estas traicioneras palomas.

Tras la Segunda Guerra Mundial, las “colombocomunicaciones” (no suena mal) cayeron en desgracia. Las Guerra Fría no se desarrolló en los campos de batalla (salvo algunas excepciones) sino en los despachos y las alcantarillas de Europa, Hispanoamérica y Asia, por lo que estos animalillos pasaron de ser portadores de noticias, a ser una molestia en las ciudades.

Sin embargo, la colombofilia subsiste. En España hay bastantes personas que practican este deporte, y se llegan a vender algunos pichones por más de 600 €. También se cuenta que, hace pocos años, dos palomas atravesaron los 700 km. que separan Cádiz de Asturias en menos de un día, y se observa que entre todas las caracerísticas que debe tener la paloma mensajera ideal es la que no debe de ser grande y musculosa, sino todo lo contrario: pequeña y esmirriada. Y en el año 2009 en Sudáfrica, en la ciudad de Durban, una empresa de comunicaciones equipó a una paloma con un pen drive de 4 GB y la hizo competir contra el servicio de ADSL de Telkom, la paloma entregó el mensaje al cabo de 2 horas tras recorrer 1.6 Km., mientras que el ADSL había logrado transmitir al ordenador de destino el 4% de la información.

El mecanismo que permite orientarse a estas aves sigue siendo un misterio. El hombre siempre las ha tratado como una “caja negra”, sin mirar en su interior (o mirando, pero sin ver nada). Se sospecha que es un sistema de tipo “mapa y brújula”, donde el mapa, gracias a su excelente vista, sería el propio terreno y la brújula se sospecha que es el campo magnético terrestre. Se ha observado que muchas de ellas siguen carreteras y líneas férreas, girando en ángulo recto con ellas, lo que indica una cierta sistematización de sus planes de vuelo. Por último, mencionar que los halcones peregrinos y los cazadores no son la única amenaza para ellas, pues hay un estudio que afirma que las antenas de telefonía móvil (las BTS y los repetidores) las desorientan.

¿Sabía usted , que por su participación en conflictos bélicos llevando mensajes, existen palomas condecoradas por méritos de guerra?

La verdad, como dicen por ahí… yo quisiera ser paloma mensajera de la paz, más si no puedo ; seré fusil hambriento de libertad. No hay más.

Referencias :
Lo que Europa debe al Islam de España, de Juan Vernet
Los Árabes y el Paso de la Ciencia Griega al Occidente Medieval de José G. Martínez
Historia de la literatura arábigo- española de Ángel Palencia Martínez
Al-Gayt al-musayyam de Salah Al-Din Sadafi

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