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Inmigrantes y discriminación:Manos arriba!

Revólver - Manos arriba - desde Marrakech
Revólver – Manos arriba – desde Marrakech

Si tomamos en cuenta que muchas especies animales migran, es decir, realizan desplazamientos periódicos de un hábitat a otro, caemos en la conclusión de que es un comportamiento más viejo que el hombre.

La migración cumple distintas finalidades. Hay especies que lo hacen para alejarse de inviernos en extremo rigurosos o veranos tórridos; otros lo hacen buscando un lugar apropiado para su reproducción, o para huir de sus depredadores; otras especies lo hacen para procurarse alimentos.

Aves como las golondrinas, silvinos o la cigüeña blanca, viven en Europa en el verano y pasan el invierno en el sur y centro de África. El chorlito dorado chico (Pluvialis dominica) llega a la llanura Pampeana argentina en septiembre y pasa allí el verano. Al llegar el otoño regresa a su zona de reproducción y cría en la tundra ártica. Recorre en su migración 24.000 km entre ida y vuelta, y a nadie se le ocurre tildarlo de “ilegal”.

Desde que el hombre es hombre siempre ha migrado buscando mejor caza y refugio de las inclemencias del tiempo y, en los tiempos modernos, en busca de mejores condiciones laborales o, aunque sea, un sitio menos violento, desigual u opresor del que proviene.

Uno de los factores más importantes para decidir a un individuo a migrar, son las guerras… ¿y quién puede negar que dicho individuo tiene todo el derecho como persona a tratar de alejarse, (y alejar a sus seres queridos), de ese escenario de dolor, angustia  y muerte?

La mayoría de nosotros somos “hijos de la inmigración”, sea cual fuere nuestra nacionalidad, si pertenecemos al continente americano, australiano o incluso la mayoría de los países europeos, y no somos descendientes de los pueblos originarios, quiere decir que otros estaban antes de nuestra llegada.

La problemática de la inmigración suele estar dada por la calidad de los que a veces llegan. De lo que la gente realmente se queja es de la delicuencia en mayor medida. Si el individuo migrante no tiene un oficio, ni una profesión, ni un conocido en el nuevo territorio, ni un capital con que desarrollar un emprendimiento, difícilmente pueda insertarse en el mercado laboral, generar ingresos e integrarse a la sociedad desde un lugar productivo. Seguramente entrará en un círculo vicioso parasitario del que difícilmente podrá salir, y de allí a delinquir… pues… hay un tranco de pollo.

Los que tuvimos la suerte de descender de inmigrantes que llegaron a trabajar la tierra, a comerciar (como bien nos lo muestra el film “El Barchante Neguiv” o “El Baisano Jalil”), o a fundar empresas… en fin, a insertarse en las sociedades desde un lugar productivo, a generar ingresos y recursos, a crear empresas generadoras de empleo y a tomar cada país como propio, (sin olvidar jamás sus raíces), ya que bien sabían que Patria es el suelo que te da el sustento; bien sabemos lo que ello significa, lo que les ha costado luchar contra la discriminación por ser diferentes, pero no cejaron en su esfuerzo.

En Argentina, le debemos al abogado, legislador, político y profesor argentino socialista Alfredo Lorenzo Palacios el que nuestros bisabuelos pudieran permanecer en territorio argentino, (sobre todo en el NOA), ya que, estuvo a punto de promulgarse una ley por la cual se ordenaba la expulsión de todos los árabes cristianos, mahometanos (sic) o judíos (supersic!), porque donde ellos se establecían no podía florecer el comercio, (así de buenos comerciantes eran… y son!!!). Nos “defendió” aduciendo que esas “pobres gentes” no podían hacer mal a nadie (sic).  En honor a  él, muchas de las bibliotecas de las asociaciones árabes argentinas llevan por nombre Alfredo Palacios.

Siempre hemos sabido encontrar un lugar y aprovechar las oportunidades que la vida y la sociedad nos han brindado, insertándonos en ella y arraigándonos a través de hijos y nietos amantes tanto de su suelo natal como de el sus padres y abuelos.

En otros casos, vemos ciertas actividades delictivas que hasta podemos “clasificar” por el país de origen de quienes la desarrollan, tanto así tienen el sello de procedencia. (Lo que no quiere decir que todos los extranjeros de dicha nacionalidad se dediquen a delinquir), pero ya sabemos que, si hablamos de mafia, (máxime luego de Francis Ford Coppola), pensamos en Italia… más específicamente en Sicilia, y eso es una realidad. Lo mismo ocurre con las drogas, la prostitución y tantos otros rubros. Es una realidad… y no puede negarse.

En las antípodas de todo esto se encuentra la xenofobia (del griego ξενός xeno = extranjero y φοβία fobia = temor) es el miedo, hostilidad, rechazo u odio al extranjero por el simple hecho de serlo. (Como vemos en el filme La Haine). Y allí es donde radica lo peligroso e irracional del idiota acto.

Las “eternas víctimas” de la “odiosa humanidad”, son los más grandes xenófobos, discriminadores y genocidas de todos aquellos pertenecientes a un pueblo que no ha sido “elegido” por Dios, pero ya no hablamos de nacionalidades… ni siquiera de razas, sino de sangre… pero ya entramos en una tercera posición que es tema de otra discusión.

En verdad todo esto surgió del análisis de las palabras de uno de los compositores más lúcidos que ha dado el rock español del último medio siglo, Carlos Goñi, líder del grupo Revólver, y particularmente su tema Manos Arriba que dice:

Camo me dice
Camo me cuenta
de su pelea.
Él dice que nació
un día que Dios
estaba enfermo.

Dice que era primavera,
pero la verdad
es que no había
ningún pájaro cantando
ni ninguna flor abierta.
Todo es mentira.

¡Manos arriba, manos arriba!
solo por que soy del otro lado.
Me juego el alma por una visa,
pero me cuesta la vida.
¡Manos arriba, manos arriba!
Un día fuimos todos hermanos.
Me juego el alma por una visa.
¡Manos arriba!

No quiero ser el aullido de los sinpatrias,
pero mi padre cruzó el azul
y no volví a verlo.
No volví a verlo.

Es mas sencillo caer a solas
que volver vivo y hacerse el hombre
sabiendo que estás muerto
por dentro para los restos.
Para los restos.

¡Manos arriba , manos arriba!
La ra la …

El que es extranjero un día
extranjero es para siempre
porque al volver a su calle
su calle siguió sin él.
Y murieron sus olores
y nacieron otros nuevos
raros para sus adentros
y extraños a su piel.

Manos arriba, manos arriba!
solo por que soy del otro lado.
Me juego el alma por una visa,
pero me cuesta la vida.
¡Manos arriba, manos arriba!
Un día fuimos todos hermanos.
Me juego el alma por una visa.
¡Manos arriba!

Y es muy interesante la reseña que hace Carlos Goñi en esta versión acústica con acordeón a piano del tema, en la que cuenta su propia historia familiar y que les dejo como coda de lujo de  la nota.

Por Moro
Para Páginas Árabes

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Inmigrantes y discriminación:Manos arriba! por Moro se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.
Basada en una obra en https://paginasarabes.com/2014/05/26/inmigrantes-y-discriminacionmanos-arriba.

Memorias de cedro y olivo – Los árabes del Perú

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La investigadora peruana Leyla Bartet presentó  en Argelia la traducción al francés de su libro «Memorias de cedro y olivo», en el que aborda la inmigración árabe al Perú desde finales del siglo XIX hasta el último tercio del XX.

El libro, editado en 2005 por el Fondo Editorial del Congreso del Perú y que fue traducido al árabe en 2007, acaba de ver ahora su versión en francés de la mano de la editorial argelina Casbah.

Como aseguró la traductora de la obra Sadja Guiz, que participó junto a Bartet en la presentación de la nueva versión del libro en el Instituto Cervantes de Argel, la editorial Casbah está dando sus primeros pasos para traducir obras que traten sobre la «contribución árabe en los países latinoamericanos».

«Memorias de cedro y olivo» se centra en «las dos caras» de la inmigración árabe al Perú, protagonizada en sus primeros momentos por palestinos y sirio-libaneses. La cara de lo que se dejó atrás y la cara de la adaptación al nuevo mundo.

Está inmigración, escasa en comparación con la existente en otros países latinoamericanos como Brasil, Argentina o Chile, según explicó Bartet, corrió paralela a la evolución histórica de Oriente Medio.

Primero a la descomposición del Imperio Otomano, después a las dos Guerras Mundiales y posteriormente a la creación del Estado de Israel y las guerras árabo-israelíes.

Las 5.000 familias árabes, que según estimaciones se cree que había en el Perú a mediados del siglo XX, llegaron al país andino principalmente siguiendo las rutas comerciales del ferrocarril que unía Buenos Aires y Montevideo con Perú y la del río Amazonas.

No obstante, Bartet comentó que otros también alcanzaron las costas peruanas en barco, bordeando el Cabo de Hornos en unas largas travesías que comenzaban en el levante mediterráneo y que pasaban por los puertos europeos de Nápoles o Marsella antes del gran salto continental.

En una detallada y pormenorizada explicación de las causas y el desarrollo de este fenómeno, Bartet señaló cómo la gran mayoría de los primero emigrantes que se embarcaron eran cristianos ortodoxos o maronitas, que una vez llegados a Perú acabaron adoptando el rito católico y olvidando su lengua materna.

Las primeras y más importantes sedentarizaciones no se registraron en Lima, cuenta Bartet, sino en ciudades meridionales como Arequipa, Cuzco o Ayacucho, atraídos por el comercio de la lana o en Iquitos, llamados por el «boom del caucho».

Otros, los llegados por vía marítima se asentaron en ciudades costeras como Chimbote y Chiclaya.

Aunque de origen agricultor, en un principio se dedicaron al comercio ambulante, por lo que muchos de los recién llegados, relata Bartet, aprendieron antes a hablar la lengua quechua que el español.

Es la historia de «la búsqueda de un espacio en una nación en construcción» en la que muchos de aquellos primeros emigrantes optaron por el olvido de su lengua y gran parte de su cultura en un «suicidio cultural» provocado por su «gran voluntad de integración», asegura la autora.

Bartet, quien contó que su libro es, en su mayor parte, fruto de la recolección de relatos de los descendientes de los primeros emigrantes, debido a la escasa documentación sobre la cuestión, explica cómo llegaron a Perú con la idea de volver, pero al final se quedaron.

En sus historias, confiesa la autora, muchas veces subyace un deseo de mostrar, dejando a un lado las dificultades y sinsabores del largo camino, los logros alcanzados en su proceso de integración.

Con información de : La República

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