Árabes en Chile (2ºParte):El proceso migratorio

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El proceso migratorio: tres etapas

Entre 8.000 y 10.000 personas 12 procedentes de la zona del Levante llegaron a Chile durante 1885 y 1940 13, fechas consideradas como extremas en el flujo de la inmigración árabe al país. Este proceso contempló al menos tres etapas, las cuales coinciden con una serie de cambios políticos, económicos y socioculturales en Chile.

La primera fase se desarrolló desde fines del siglo XIX hasta antes del inicio de la Primera Guerra Mundial, concordando con el apogeo de la explotación del salitre en el norte chileno. En este lapso llegó más de la mitad de inmigrantes árabes al país un 51% de la población 14. Entre 1905 y 1914, arribó a Chile la mayor cantidad de palestinos: un 56% del total de personas de ese origen. Durante los años 1909 y 1915 llegó un 27% de sirios, mientras el 60% de libaneses se instaló en el país entre 1910 y 1913.

La segunda etapa corresponde a la que se llevó a cabo entre las dos guerras mundiales, de 1920 a 1940. Estuvo marcada por la decadencia del salitre, la crisis económica mundial y el incipiente proceso de industrialización con sustitución de importaciones. De acuerdo al censo de población de 1930, los habitantes de origen árabe en el país llegaban a un poco más de 6.000, aunque no entrega precisión si el nacimiento se produjo en Chile o en los países árabes.

La Guía Social de la Colonia Árabe 15 registró un total de 2.994 familias árabes en Chile, cifra que representaba a unas 15.000 personas aproximadamente. Un 85% de ellas correspondía a inmigrantes y el 15% restante, a sus descendientes. Del total de estas familias, un 51% era de origen palestino, un 30% sirio y un 19% libanés.

La mayoría de los inmigrantes provenía de las mismas ciudades. En el caso de los sirios, el 46% correspondía a Homs y un 9% a Safita. Mientras que los palestinos, un 36% procedía de Beit-Yala y un 35% de Belén. Con respecto a los libaneses, la situación fue distinta ya que las zonas de origen fueron muy diversas, por lo que no hubo primacía de ningún lugar por sobre otro.

La tercera fase de inmigración se produjo después de la Segunda Guerra Mundial. En este periodo disminuyó el flujo de población siria y libanesa, ya que gracias a la caída del Imperio Turco Otomano, la instauración de los mandatos de Francia e Inglaterra, y el posterior proceso de independencia, mejoraron las condiciones de la población cristiana.

Sin embargo, en el caso de los inmigrantes palestinos ocurrió todo lo contrario, ya que al aumentar la localización de población judía en el área, se recrudeció uno de los factores expulsivos en el lugar de origen, especialmente a partir de la Guerra de Partición, en 1948.

Con todo, a partir de la década del treinta, el proceso migratorio comenzó a declinar y prácticamente desapareció como fenómeno social, después del inicio de la Segunda Guerra Mundial.

El rechazo de los chilenos

A todas las dificultades que tuvieron que enfrentar los árabes para instalarse en Chile como la diferencia de cultura, de idioma, falta de recursos y nulo apoyo estatal, se sumó la discriminación. Ellos tenían conciencia de haber elegido un país igualmente subdesarrollado que su tierra natal, por eso, al sentirse discriminados por un pueblo que en ningún caso consideraban de mejor nivel sociocultural, optaron por replegarse, agrupándose en un determinado sector de la ciudad 16.

Según la historiadora Antonia Rebolledo, los árabes estuvieron más expuestos a las críticas y a la difamación por haber sido estigmatizados como un grupo étnico inferior. Las denuncias hechas a través de la prensa y medios intelectuales chilenos utilizaron argumentos peyorativos para menospreciar a los árabes 17.

La adquisición de prejuicios responde a un modo de simplificar la visión del mundo basándose en generalizaciones de información imperfecta o incompleta, es decir, en la formación de estereotipos. Las personas asignan atributos que son consistentes con sus propias creencias y prejuicios, y de esta manera, el análisis del comportamiento y de las creencias de otro grupo se realiza desde la propia perspectiva, olvidando que la otra cultura está cimentada en valores distintos. De esta forma, la sociedad chilena valorizó a los inmigrantes árabes desde sus propios patrones y criterios normativos, situación que tuvo como consecuencia un desprecio hacia el grupo extranjero.

Existen antecedentes suficientes en la literatura migratoria sobre la comunidad árabe de Chile, que demuestran cómo fueron catalogados desfavorablemente por los miembros de la sociedad chilena. La actitud negativa de los miembros de la comunidad nacional hacia los primeros inmigrantes árabes, se basaba en prejuicios o juicios emocionales sin mayores fundamentos en la realidad, algunos de los cuales alcanzaron también a la primera generación de descendientes 18.

A su llegada, los primeros inmigrantes vivieron en sectores muy modestos. De ahí que el diario “El Mercurio”, uno de los medios de comunicación más importantes del país, se refiriera a los árabes en términos peyorativos. Esto se debe especialmente a su baja condición económica inicial y su dedicación exclusiva al trabajo, lo cual produjo una actitud de rechazo por parte de la sociedad chilena 19. Conformaban una etnia distinta, con un claro sentido del ahorro, lo que se expresaba en gastos exclusivos para la alimentación y el pago del alquiler, dedicación al trabajo sin pausa, iniciativa emprendedora e integración familiar a la actividad laboral. Todo esto era mal visto por la población chilena.

La ocupación en tareas de comercio a pequeña escala que realizó la mayoría de los primeros inmigrantes árabes, alimentó los prejuicios respecto a su imagen, tiñendo así su identidad social. Por esta razón, a pesar de la existencia de factores culturales comunes entre ambos grupos —como la religión—, al comienzo la relación entre ambas poblaciones no fue positiva.

Por otra parte, los primeros inmigrantes ingresaron al país con el pasaporte del Imperio Turco Otomano. Los chilenos, al igual que en otros países de América Latina, ignoraban las diferencias nacionales e histórico-culturales del Medio Oriente, por lo cual comenzaron a llamarlos “turcos”, tal como estaba escrito en su pasaporte. Esto, por su puesto que no agradó a quienes justamente habían sufrido la dominación y la persecución imperial.

Según la Encuesta EPOA 2001, al 81% de los empresarios le llamaban “turco” en el colegio, entre los cuales a un 55% le molestaba, mientras que a un 39% le era indiferente y un 6% consideraba que era “con cariño”. En el caso de los académicos un 62% recibió este apelativo, del cual a un 43% le desagradaba y el 57% de los casos se mostraba indiferente. En cuanto a los estudiantes, sólo un 36% tuvo este apodo, del cual apenas aun 29% le molestaba. El apelativo se usaba especialmente en el colegio, lugar que precisamente constituye uno de los primeros espacios de socialización formal, pero también trascendió a otras áreas de la vida social. La hostilidad hacia el árabe se manifestó en burlas y, algunas veces, en el desprecio por su aspecto, su forma de hablar y su manera de vivir 20.

A los árabes también se les vedaba el ingreso a espacios sociales de la clase alta, sin importar su condición ni sus atributos personales. Según Daher, “uno de los clubes tradicionales, otrora un baluarte aristocrático, perdió esa distinción precisamente porque debido a la necesidad de mantener una sede suntuosa en el centro de la capital, había admitido en el cuadro de socios a unos “turcos” muy ricos. La discriminación practicada contra las familias de origen árabe, entre las cuales se encuentran algunas de las mayores fortunas de Chile, parece comprobar que la clase social y la clase económica está lejos de significar una misma cosa en América Latina” 21.

Joaquín Edwards Bello, uno de los intelectuales más relevantes de la época, expresó en 1935 su consternación por la inmigración de “árabes, sirios y judíos”, ya que, aseguraba, era la causa de que el chileno de los barrios de Recoleta, San Pablo y San Diego, mostrara un color de piel más oscuro. Esto, a pesar que los rasgos indígenas o mestizos siempre han estado presentes en la población local. Es que el grupo intelectual de inicios del siglo XX, representante paradigmático de la clase oligárquica, frecuentemente se manifestó de manera despectiva en relación a los inmigrantes árabes, pero también con todos los sectores que no poseían un origen centroeuropeo.

Cabe señalar que la coincidencia de la llegada de inmigrantes árabes desde distintas zonas geográficas repercutió en la manera en que la sociedad chilena los recibió y percibió. Ésta mostró una percepción uniforme hacia los inmigrantes llegados desde Líbano, Palestina y Siria, es decir, no hizo la diferencia entre un pueblo y otro. Esto se debió fundamentalmente al desconocimiento generalizado de la cultura árabe. Como explica Daher 22, “se categorizó como pertenecientes a una misma cultura a todos los inmigrantes provenientes de diferentes países y culturas de Medio Oriente”.

Pese a los prejuicios y discriminación que mostró la sociedad receptora, nunca hubo persecuciones o campañas para expulsar a los árabes del país. La existencia de matrimonios mixtos, si bien en una proporción baja, muestra que también existieron formas de aceptación. Además contaron con algunas condiciones favorables, como el acceso a la educación para los hijos y la libertad de realizar cualquier actividad económica que desearan emprender. Gracias a factores como éstos se fue dando un proceso de integración, cada vez mayor en las nuevas generaciones. De hecho, según la Encuesta EPOA 2001, mientras el 85% de los académicos y el 81% de los empresarios se sienten aceptados en la sociedad chilena, en los estudiantes esa sensación crece al 93%. En todo caso, el rechazo de que fueron objeto los árabes y sus primeros descendientes, muestra que la discriminación social con base étnica ha formado parte de la historia de Chile. Los grupos sociales discriminados siguen siendo, hasta hoy incluso, aquellos que reúnen características físicas alejadas a los patrones occidentales. Es interesante hacer notar que según la “Encuesta de intolerancia y discriminación. Informe y análisis”, de la Fundación Ideas en los años 1997 y 2000, muestra un desconocimiento y discriminación hacia grupos étnicos distintos, no sólo por parte del grupo socioeconómico alto, sino también de los estratos medios y bajos. Por otro lado, un estudio de la UNICEF “Los prejuicios de los niños, niñas y adolescentes», realizado en 2004, el mayor prejuicio que tienen los menores es ante los extranjeros, de hecho, un 46% piensa que existe una o más nacionalidades inferiores a la chilena.

Por  Lorenzo Agar y Nicole Saffie *.
Con información de Revista Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos Sección Árabe – Islam -Vol. 54, año 2005 -Universidad de Granada
* Lorenzo Agar es chileno, de origen paterno sirio, sociólogo, profesor de la Universidad de Chile. Nicole Saffie es chilena, de origen paterno palestino, periodista de la Pontificia Universidad Católica de Chile


Árabes en Chile (1º Parte): Antecedentes históricos
Árabes en Chile (3º Parte): La mirada de los inmigrantes
Árabes en Chile (4º Parte): Integración y pérdida de identidad
Árabes en Chile (5º Parte): comerciantes por esencia

Notas:

12 Actualmente, se calcula que el número de descendientes de los inmigrantes árabes es entre 60.000 y 75.000 personas. Este cálculo se ha construido basado en que en 1941 se estimaban unos 15.000 árabes, entre inmigrantes y descendientes; y por otra parte, según el Censo de Población de origen árabe de 1970 se estimaban 12.291 personas. De acuerdo a la distribución espacial de los árabes en el territorio nacional es posible estimar para esa fecha unos 31.000 en todo el territorio nacional. Luego, si asimilamos el crecimiento natural demográfico de los árabes al nacional y consideramos que después de 1970 no hay registros censales inmigratorios significativos de población árabes, se llegaría a una cifra base de 52.700 personas. Sin embargo, este cálculo es conservador, pues no se posee información exacta sobre el total de los inmigrantes que llegaron al país ni de sus descendientes. Esto, debido a que tanto la Guía de 1941 y el Censo de 1970 seguramente han subestimado el número de personas de origen árabe, ya que si bien fueron iniciativas muy rescatables, se realizaron con técnicas rudimentarias y limitado financiamiento, lo que seguramente impidió registrar al total de la población.
13 L. AGAR y A. REBOLLEDO. La inmigración árabe en Chile: Los caminos de la integración. En libro “El mundo árabe y América Latina”. Santiago: Ediciones UNESCO, 1997, pp. 287.
14 L. AGAR. El comportamiento urbano de los migrantes árabes en Chile y Santiago. Tesis para optar al grado de Magíster en Planificación del Desarrollo Urbano y Regional, Universidad Católica. Santiago: 1982.
15  A. H. MATTAR. Op.Cit.
16  D. LAHSEN ABOID. Op.Cit.
17  Ibid. pp. 12.
18  M. T. DAHER. Op. Cit.
19 A. REBOLLEDO. La integración de los árabes en la vida nacional: Los sirios en Santiago. Tesis de grado, Instituto de Historia, Pontificia Universidad Católica de Chile. Santiago: 1991.
20  M. T. DAHER. Op. Cit.
21  Ibid. pp. 76.
22  Ibid. pp. 71.


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