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Gran Bretaña: La Islamofobia se ensaña con las mujeres

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La agresión contra la joven británica Hanane Yakoubi

El pasado 13 de octubre la joven británica Hanane Yakoubi –de religión musulmana, embarazada de 34 semanas– subió al autobús de la línea 206 en el barrio de Brent, al noroeste de Londres, para ir de compras. La acompañaban su hijo pequeño y su amiga Rasheena.

Minutos después la pasajera londinense Simone Joseph se acercó a ellas y, sin aviso, comenzó a gritarles a la cara. “Putas del Estado Islámico. Vuélvanse a su país”, les dijo la mujer. Y agregó: “Dejen de hablar su maldito idioma. Sigan riéndose mientras esconden bombas debajo de sus túnicas”.

Aterradas, las dos mujeres musulmanas intentaron proteger al pequeño y le pidieron a la agresora que dejara de gritarles.

“Las detesto porque son unas malditas maleducadas. Vienen a Inglaterra y no tienen modales. Regrésense a su maldito país donde explotan bombas todos los días, no vengan aquí donde somos libres”, gritaba Joseph, sin saber que era grabada por la cámara de seguridad del camión, y que esa filmación recorrería más tarde las redes sociales en el país.

Durante la agresión, que duró más de cinco minutos, la pasajera incluso amenazó con patear el estómago de Hanane.“Te voy a patear en la panza. Te sacaría la túnica y patearía ahí mismo, para que nunca más tengas un bebé. Te daría patadas como de burro. Sería la primera vez que recurro a la violencia en público”, vociferaba.

Una semana más tarde, en el barrio londinense de Whitechapel, al este de la capital británica, un hombre blanco agredió verbalmente a una mujer musulmana de 67 años que vestía el velo islámico completo y que caminaba por la vía pública. “Terrorista, sácate el velo. Deja ver tu cara terrorista. Ojalá se volvieran todos ustedes a sus países y nos dejaran tranquilos”, le gritó el hombre a la mujer, que debió pedir auxilio en una verdulería de la populosa calle Comercial Road.

Los ataques islamofóbicos contra mujeres musulmanas británicas crecieron 70% desde el último año. Sin embargo, se incrementaron aún más tras los atentados terroristas del pasado 13 de noviembre en París.

De acuerdo con un informe encargado por el gobierno británico y compilado por el organismo Tell Mama Helpline, que registra incidentes físicos y verbales contra musulmanes y mezquitas en el Reino Unido, el número de ataques islamofóbicos contra mujeres musulmanas aumentó 300% desde los atentados en París.

El reporte oficial, que da cuenta de un creciente odio contra los musulmanes en el país, registró al menos 115 ataques violentos contra mujeres musulmanas, en su mayoría las que llevaban el velo o la hijab.

La mayoría de las víctimas de los ataques islamofóbicos fueron niñas y mujeres musulmanas, de edades comprendidas entre los 14 y 45 años.

Por otro lado, el informe destacó que los atacantes fueron todos hombres blancos, de 15 a 35 años.

Victimizadas, avergonzadas, solas y enojadas

Los expertos de Tell Mama Helpline consideran que el porcentaje de ataques islamofóbicos sería incluso muy superior al reportado, debido a que muchas víctimas tienen demasiado miedo de denunciar los abusos racistas a la Policía o a grupos comunitarios. Indicaron que la gran mayoría de los ataques contra las mujeres musulmanas ocurrieron en la vía pública, incluido el transporte público, como autobuses y trenes.

Del total de las mujeres afectadas, 34 llevaban el velo islámico completo o la hijab, mientras que en ocho casos se trató de mujeres con niños pequeños.

“Esto es muy preocupante, ya que los casos muestran que las mujeres que llevan el velo islámico son aquellas que en general tienden a sufrir mayores abusos y amenazas”, agregó el reporte.

Muchas de estas mujeres afirmaron que nadie las ayudó en la vía pública tras sufrir las agresiones. La mayoría dijo sentirse “victimizadas, avergonzadas, solas y muy enojadas” por lo padecido.

“Al menos 16 de ellas admitieron incluso que tienen miedo de salir a la calle, y que debido a los ataques racistas su confianza disminuyó mucho”, señaló el informe.

“De los casos ocurridos en el transporte público, ocho ocurrieron con niños pequeños que presenciaron cómo sus madres eran objeto de abusos, amenazas o ataques verbales”, continuó.

En un caso reciente en Londres que se propagó a través de las redes sociales, una joven musulmana de 18 años que llevaba la hijab fue objeto de una agresión verbal mientras viajaba en un vagón del metro capitalino.

Ashley Powys, testigo de los hechos, describió cómo un pasajero agredió a la joven. “Este hombre se acercó a ella y comenzó a decirle que se sacara ‘el trapo de la cabeza’; la llamó ‘terrorista’, ‘basura’, y la acusó de que ‘su gente’ había asesinado a las víctimas en los ataques de París”.

En otro caso, una mujer musulmana decidió sacar a su hija pequeña de una escuela en Edimburgo, en Escocia, al denunciar un creciente acoso islamofóbico dentro del aula desde los atentados en París.“Abusaban verbalmente de mi hija, insultándola por ser musulmana. Los ataques empeoraron desde los atentados en Francia. Nadie merece ser tratado de esta manera”, dijo la madre al periódico The Independent, que ha documentado estos casos.

El reporte dado a conocer el pasado 23 de noviembre indicó además que el lenguaje racista anti-islámico utilizado en Gran Bretaña utilizaba insultos como “musulmanes pedófilos” o “violadores”, luego de un publicitado caso de hombres musulmanes que abusaron de niñas en la localidad inglesa de Rotherham. Tras los ataques de París se agregaron otros, como “terroristas” y “atacantes suicidas”.

Los investigadores del informe pidieron al gobierno hacer más para combatir la creciente islamofobia en el país, al indicar que dichos ataques ponen en riesgo las relaciones comunitarias en el Reino Unido.

Por su parte, el Consejo Musulmán de Gran Bretaña (MCB, por sus siglas en inglés), al que pertenecen millones de musulmanes en el país, expresó su seria preocupación por el aumento de ataques racistas y dijo que ante los recortes presupuestarios del gobierno para la Policía y los servicios de seguridad, la comunidad podría quedar muy desprotegida.

Miqdaad Versi, portavoz del MCB para el área de seguridad y antiterrorismo, afirmó que los recortes de financiamiento para la Policía “han afectado la oportunidad de que organizaciones comunitarias establecieran vínculos y relaciones con los servicios de seguridad, debido a que el número de agentes se ha reducido drásticamente”.

“Para crear políticas más efectivas a la hora de combatir al terrorismo que afecta a nuestra sociedad, es clave que la Policía se vincule, lleve a cabo consultas y construya vínculos de confianza con la comunidad musulmana”, señaló.

Las últimas cifras del MCB indican que el número de musulmanes en Inglaterra y Gales se duplicó prácticamente en una década, ya que dicha población pasó de 1.5 a 2.7 millones.En la actualidad llega a 5%, sin contar los 77 mil musulmanes censados en Escocia y poco más de 3 mil en Irlanda del Norte.

Sin embargo, el MCB recalca que los ingleses tienen una percepción errónea del peso proporcional de la población musulmana y piensan que el número es sustancialmente mayor, cuando en realidad se mantiene muy pequeño.

En Londres, con más de un millón de musulmanes, esa comunidad supera el 10% de la población, mientras que en los barrios periféricos de Birmingham, Bradford, Manchester o Leicester, los musulmanes superan el 25% del censo.

Tres de cada cuatro musulmanes se considera “británico”, aunque el MCB admite que hace falta un esfuerzo especial para que la comunidad islámica asuma “las realidades sociales” del Reino Unido.

La pobreza, el desempleo, el divorcio y las situaciones de desarraigo social son más frecuentes entre los musulmanes, que viven habitualmente en los barrios más desfavorecidos de las grandes ciudades.

“Las actuales políticas anti-terroristas corren serio riesgo de ser contraproducentes, pues pueden alienar a la comunidad musulmana”, afirmó Versi.

“Al menos que el gobierno hable directamente con los musulmanes de distintos sectores de la comunidad en todo el Reino Unido, no vamos a ver cambio alguno”, concluyó.

Por Leonardo Boix
Con información de:Proceso

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La islamofobia y el islamofascismo

islamofobia

Disculpen la enésima paráfrasis, pero hay nuevos fantasmas que recorren Europa.

Bueno, no tan nuevos, pero después de los ataques en París rondan recargados de fuerzas nuevas, dominando la agenda oficial.

Y sus nombres son: la islamofobia (cuyo trato varía desde ninguneo, verdadero motivo de preocupación, hasta una legítima reacción a la amenaza musulmana) y el islamofascismo (léase: fundamentalismo/yihadismo).

Era de esperar. Algo de veras huele mal. Sólo que en las entrañas del mismo viejo continente, donde se descomponen la democracia liberal con su modelo de (no)representación política y el sistema capitalista-neoliberal, con su modelo de inclusión – pardon, exclusión– social.

Un fétido viento de racismo recorre Europa, escribe Shlomo Sand, académico israelí que vivió años en Francia, apuntando a inmigrantes musulmanes relegados a los peores empleos y a la vida en guetos ( Counterpunch, 16-18/1/15).

Alain Gresh, de Le Monde diplomatique, es aún más categórico: Islamofobia empieza a ser un racismo no declarado del Estado francés ( Middle East Eye, 14/1/15). Solo el premier Manuel Valls no está enterado: para él no existe islamofobia; es un término del que abusan los apologetas del islam para acallar las legítimas críticas a esa religión (sic), dice colgándose del debate suscitado hace tiempo por Salman Rushdie (véase: The Atlantic, 16/1/15).

¡Qué chulo! Algo que con el… antisemitismo –recordemos–, un término del que abusan los apologetas de Israel para acallar las legítimas críticas al sionismo (pero que sí existe).

¡Doble estándar at its best!

Algo de lo que pecaba también… Charlie Hebdo (sic) nutriéndose de asociaciones fáciles islam/terror, cuando ya nadie se atreve a hacer lo mismo con el cliché judaísmo/dinero (Sand dixit).

No es el único cambio: hoy islamofobia –reconocida por la ONU como una forma de racismo (¿ve, monsieur Valls?)– parece sustituir al antisemitismo (mejor: antijudaísmo) en su papel sistémico de un recipiente vacío para depositar el descontento por la crisis económica y el avance del capital.

También funciona en otros niveles:

a) Como herramienta del imperialismo post-89 (en vez de anticomunismo), mecanismo estratégico de odio y deshumanización de los musulmanes; b) parte del discurso antiterrorista post-9/11 y del aparato represivo interno (Arun Kundnani, The muslims are coming!: islamophobia, extremism, and the domestic war on terror, 2014), y c) bandera de xenofobia –otra vez en lugar de antijudaísmo–, hoy centrada en los migrantes-musulmanes, un cuerpo extraño en la civilización judeo-cristiana (¡sic!), que sustituye el enfoque biológico nazi por uno cultural (Pegida/Alemania, Frente Nacional/Francia, etc.).

Uno de los motivos de François Hollande para abrazar el nuevo papel de presidente de guerra (bueno, no tan nuevo: miremos la escala del intervencionismo francés…) es controlar y gobernar estos miedos (y neutralizar la base del FN). Pero así sólo le tiende la mano al fascismo –según Jacques Rancière, no hace falta que el FN despliegue una estrategia determinada: el Estado ya lo hace por ellos– y cava cada vez más honda la tumba de la socialdemocracia.

Leída en esta clave la nueva novela del islamófobo confeso Michel Houellebecq – Sumisión (2014)…, lo que en árabe quiere decir islam– cuya primera edición coincidió con los atentados, resulta bastante interesante. Su distopía –donde el país se convierte en un régimen islámico tras las elecciones en 2022– puede desarrollarse solo en una Francia como la de hoy: gobernada por la socialdemocracia agonizante, sumergida en el marasmo, sin una verdadera izquierda, dónde el único elemento vital son los identitarios y/o religiosos.

Pero para que no quede duda acerca de su reaccionismo, Houellebecq no abandona el papel de vocero de la ideología: Islamofobia no es una forma de racismo, repite ( El País, 8/1/15). ¿Y el islamofascismo? Igual que islamofobia, es producto del cambio post-89.

Acuñado en Gran Bretaña, fue popularizado en Estados Unidos por Christopher Hitchens, llegando a ser parte del discurso del mismo George W. Bush, que legitimaba su guerra al terror usando la ecuación fundamentalismo=totalitarismo y metiendo en el mismo saco a Al Qaeda, Hermanos Musulmanes o Hamas, herederos de nazismo y comunismo a la vez –¡sic!– (Stefan Durand, en: Le Monde diplomatique, ed. polaca, 10/06). También hoy sigue siendo la herramienta del imperialismo para justificar las intervenciones en cualquier sociedad retrógrada (Alex Callinicos, en: Socialist Worker, 13/1/15).

En este sentido, extraña que ante la a-histórica táctica de nazificiación del enemigo sucumbiera también –como Hitchens– Umberto Eco, que habla de ISIS como nuevo nazismo ( La Jornada, 9/1/15).

De veras: ni ISIS ni Al Qaeda –laxas redes y alianzas– tienen nada del fascismo/nazismo si recordamos bien sus orígenes y anatomía (véase: Enzo Traverso, La violencia nazi, una genealogía europea, 2003).

Lo más cercano fueron tal vez Saddam o Kadafi ( vide: el aparato estatal, etc.), removidos, de hecho, por Occidente para abrir el campo a… los mismos dizque islamofascistas, o incluso hoy Erdogan en Turquía (véase: Telesur, 26/1/15).

Pero islamofascismo funciona también como parte del discurso crítico que apunta al vacío dejado por la izquierda secular en Medio Oriente y ocupado por fascistas religiosos (véase: Slavoj Zizek, en In These Times, 23/8/13), análisis que aplica también al auge de la derecha y falta de la izquierda en Europa.

Como en Francia, atrapada entre los neo-pétainistas con su islamofobia y los islamofascistas (fundamentalistas –o musulmanes en general– cuyo peso político es muy exagerado), ambos síntomas de la crisis de la democracia liberal. Houllebecq puede tener razón caricaturizando la condición actual de Francia, pero se equivoca en su visión del futuro (que sólo calienta la campaña del FN); si todo sigue igual, el próximo presidente no será un musulmán, sino un fascista. Por más atentados yihadistas en el suelo europeo, la verdadera amenaza para el viejo continente siempre fue –y sigue siendo– la extrema derecha.

Por Maciek Wisniewski
Periodista polaco
Con información de : La Jornada

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Al Qaeda en la Torre Eiffel – Por Alfredo Jalife

Miles de personas rindieron tributo ayer en Nantes a las víctimas del ataque a la publicación satírica Charlie HebdoFoto ©Reuters
Miles de personas rindieron tributo ayer en Nantes a las víctimas del ataque a la publicación satírica Charlie Hebdo ©Reuters

Siempre sí llegó Al Qaeda a la Torre Eiffel

Hace exactamente dos años alerté sobre la probabilidad de un operativo de Al Qaeda en la Torre Eiffel (http://goo.gl/zxYln6) con base en “una entrevista de Michael Maloof, experto del Pentágono en la fase del bushiano Ronald Rumsfeld, al cada vez más imprescindible Russia Today (http://goo.gl/iESPBm)”, quien esclarece el empantanamiento de Francia y hasta presagia un epílogo trágico (sic) al presidente Hollande. Maloof pronostica que Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQIM, por sus siglas en inglés), a partir de sus reductos en Libia/Malí/Argelia, emprenderá ataques a Europa (¡supersic!).

Fue cuando inquirí premonitoriamente: ¿Al Qaeda en la Torre Eiffel?

El mismo día de la aparición del libro Sumisión (http://goo.gl/fwujgu) –significado de Islam: sea por la palabra del Corán, sea por la espada–, que vaticina el ascenso de un presidente mahometano en Francia en 2022, del provocador autor islamófobo hoy escondido Michel Houellebecq, fueron perpetrados varios atentados triplemente repudiables en ese atribulado país: 1) por constituir cobardes asesinatos de inocentes, sean quienes fueren; 2) por cobrar la vida de 12 periodistas del semanario satírico de izquierda Charlie Hebdo, y 3) por desatar una ola de islamofobia en Europa.

El motivo enarbolado por la narrativa unánime de los multimedia occidentales sería una venganza seriada por la profanación y caricaturización del profeta Muhammad, cuya efigie no es dibujable en la religión islámica de corte iconoclasta, en similitud al protestantismo cristiano en referencia a la imagen de Jesús.

La franquicia de Al Qaeda en Yemen reivindicó la autoría de la carnicería que los yihadistas del Estado islámico Daesh/ISIS/ISIL festejaron como héroes (http://goo.gl/nPiwMP).

Más allá de las simplistas motivaciones fabricadas por la narrativa políticamente correcta para la catarsis del consumo furibundo, caben dos adicionales hipótesis operativas: 1) si el encuentro inopinado hace un mes entre los presidentes Hollande y Putin en el aeropuerto Sheremétyevo de Moscú indispuso a alguien (http://goo.gl/uYOyec) y 2) si el exhorto hace una semana por el presidente galo de levantar las sanciones a Rusia no derramó la gota irascible del vaso logístico anglosajón en Ucrania (http://goo.gl/driCGw).

La procedencia rocambolesca de los yihadistas desde Yemen, la otrora Arabia Felix de los romanos, no es menor desde el punto de vista geopolítico: donde se libra una guerra civil teológica entre sunnitas (cercanos a Arabia Saudita) –60 por ciento de la población– y 40 por ciento dehutis/chiítas (apuntalados por Irán) en las fronteras del reino wahabita, principal superpotencia petrolera global que ya inició su delicado proceso sucesorio.

En Yemen –llave metafórica del super estratégico estrecho de Bab Al Mandab: la Puerta de las Lágrimas en el mar Rojo, que conecta el mar Mediterráneo y el canal de Suez con el océano Índico– operan tanto Al Qaeda, que recluta a los desposeídos jóvenes sunnitas desempleados, como los drones y los instructores de guerra de Estados Unidos (EU).

Sin esquivar la parte emocional dolorosa, no se pueden soslayar los datos estructurales que marcan las tendencias del choque de civilizaciones en curso promovido por el nonagenario israelí-británico-estadunidense Bernard Lewis y su fallecido seguidor mexicanófobo Samuel P. Huntington.

¿Por qué existen 6 millones de musulmanes en Francia, en su mayoría norafricanos árabes sunnitas?

Pues por un similar fenómeno al de los migrantes mexicanos –genuinos refugiados económicos– que debido a la globalización financierista y suoutsourcing buscan empleo en los países del G-7 por carecer del mismo en sus propios países expoliados económicamente, cuando no bombardeados militarmente desde Afganistán pasando por Irak hasta Libia.

Los musulmanes representan 56 millones, 7.6 por ciento de Europa (¡sin Turquía!), donde prevalece el ocaso de la tercera edad que imita el declive demográfico y económico deflacionario de Japón.

Rusia, de lejos, ocupa el primer lugar con 27 millones de musulmanes, luego Francia (6 millones) y, en tercer lugar, Alemania (4 millones): una implosiva bomba demográfica que ya empezó a detonar y que alguien aprovecha.

¿Rusia es el verdadero objetivo en Europa del teledirigido estallido yihadista –en las versiones hollywoodenses de Al Qaeda y/o Daesh del Estado Islámico–, más que Francia y Alemania, o los tres, con el fin de impedir su interacción geoeconómica y geopolítica?

Hoy la verdadera revolución global es demográfica.

El perfil demográfico del mundo islámico, de 57 países de más de mil 800 millones de feligreses y, por reducción, del mundo árabe, de 22 países (sin contar a los saharauis) de 377 millones –que naufragan en su invierno seudorrevolucionario–, es similar al de México: 50 por ciento de la población eminentemente juvenil es menor de 24 años.

Para los estrategas chinos la primavera árabe –similar al levantamiento juvenil de Hong Kong estimulado por National Endowment for Democracy (NED) y la CIA– fue un artefacto de EU para propiciar cambios de regímenes que avancen su agenda geopolítica.

Yemen cuenta con 26 millones de habitantes (http://goo.gl/4bzpA1) cuyo 62 por ciento (¡supersic!) es menor de 24 años (de 0-14 años: 41 por ciento y de 15-24 años: 21 por ciento) y constituye un país disfuncional con uno de los peores PIB per cápita del planeta –mil 418 dólares: rankingnúmero 187 de 228 países–, cuyos adolescentes carecen de futuro: verdaderos muertos vivientes que no tienen ya nada más que perder y se refugian en una adulterada interpretación de su muy respetable religión y son fácilmente reclutados por Al Qaeda y/o sus afines servicios occidentales de espionaje (http://goo.gl/pIrXVJ).

El choque de las civilizaciones de la dupla Lewis/Huntington desemboca ineluctablemente en más tragedias y no se vislumbra cómo pueda aniquilar a mil 800 millones de musulmanes, en su mayoría juveniles, de la faz de la Tierra.

Tampoco se puede eludir que Occidente practica con cierta frecuencia los operativos de falsa bandera ( false flag), como el atentado de Bombay de 2008, que luego resultó imputable a los servicios secretos israelíes (http://goo.gl/iaTJWe), lo cual ridiculizó a los zelotes turiferarios del Mossad y avaló mi hipótesis primaria (http://goo.gl/67Z0JW).

En medio del dolor y del choque emocional que sufre la población francesa –lo cual favorece el ascenso de Marine Le Pen, del Frente Nacional, que ya se instaló en el año 732 de Poitiers con el legendario estadista franco Charles Martel– no es el momento elegante, políticamente incorrecto, para explotar los perturbadores agujeros negros desinformativos sobre los atentados de Al Qaeda en suelo galo.

Immanuel Kant, uno de los máximos filósofos de Occidente de todos los tiempos, catalogaba al Islam en el siglo XVIII –cuando no estaba en el horizonte el choque de civilizaciones– como la religión de la tolerancia.

¿Sufrió el Islam en el lapso de tres siglos una lamentable transmogrificación o fue el mismo Occidente que la padece por su insaciable expoliación geopolítica?

Esta es la pregunta que deben responder quienes anhelan el diálogo de las civilizaciones y su coexistencia universal.

Don Alfredo Jalife-Rahme
Por Don Alfredo Jalife-Rahme

Con información de La Jornada

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El espíritu francés contra el velo islámico

El espíritu francés contra el velo islámico
El espíritu francés contra el velo islámico

La Ópera de la Bastilla de París expulsó el pasado domingo a una mujer que llevaba un ¿niqab?. El Gobierno de Francia está diseñando nuevas reglas para asistir a los teatros , ya en 2011, Francia aprobó una ley que se gestó en 2004 y que prohíbe llevar ropa que oculte la cara en espacios públicos, so pena de una multa de 150 euros. Necesitamos comprender mejor la dinámica que hay detrás de esta controversia y de las nuevas leyes que prohíben el uso de símbolos de expresión religiosa. Y debemos preguntarnos si en el espacio público de Europa existe una adecuada protección del pluralismo religioso y de la neutralidad confesional. La expresión religiosa se está convirtiendo otra vez en un distintivo de la identidad cultural nacional, y el discurso xenófobo que rodea al islam parece tener un amplio atractivo.

A este respecto me parece conveniente citar el ensayo «Mestizajes y mosaicos» del filósofo y militante revolucionario francés Daniel Bensaïd (1946-1910) , publicado por Viento Sur.

El impacto de la globalización mercantil, la reconfiguración de los espacios políticos, la movilidad de las fronteras, el cruce de las poblaciones migratorias, la divisoria cada vez más difusa entre lo privado y lo público, la desintegración o desafiliación social: la época actual somete a una ruda prueba las referencias (familiares, nacionales, de clase) sobre las que se edificó la modernidad capitalista. Esta gran quiebra de las pertenencias protectoras y de las identidades tranquilizadoras alimenta tendencias opuestas: de un lado, la disolución del ser, perdido en el mercado sin fronteras; de otro, la búsqueda febril de los orígenes y de las raíces genealógicas.

La cruzada neoliberal contra el coco soberanista de Bernard-Henri Lévy y la apología de un teatro de sombras planetarias de Toni Negri, en el que el Imperio y la Multitud se enfrentan cara a cara, sin la pantalla engañosa de los Estados nacionales, son el ejemplo de la primera. La defensa alocada de la República ideal a la francesa, disciplinada y bunkerizada, y el recurso simétrico a las identidades originarias esencialistas se inscriben en la segunda. A falta de mediaciones que permitan conjugar la afirmación de lo particular y el devenir universal, se ha declarada la guerra de las mitologías.

A menudo, el universalismo abstracto ha servido de máscara, tanto a las conquistas coloniales como a las opresiones sexistas o a las dominaciones de clase. Sin embargo, su crítica continúa siendo legítima en la medida que la sociedad francesa apenas ha trabajado por hacer el duelo colonial y cicatrizar las heridas narcisistas del viejo imperio colonial caído. Está lejos de haber arreglado las cuentas con su inconsciente colonial. Prefiere tragarse las lágrimas del hombre blanco liberado de su culpa. Así lo testimonia la increíble Ley, adoptada en marzo de 2005 por la Asamblea Nacional, que rehabilita en los libros de escuela las ventajas misioneras de la ocupación colonial. Este malestar en el «espíritu» francés invade los periódicos: velo islámico, la indeterminación del principio de laicidad, «ley sobre el velo» en torno a los signos religiosos ostensibles en la escuela, los actos de antisemitismo y de arabofobia, enfrentamientos comunitarios en Perpiñán, polémicas recurrentes sobre la inmigración, la nacionalidad y la ciudadanía…

Falta por saber a través de qué tejidos (mestizajes) culturales, de qué encuentros, de qué grupo de singularidades, podría tomar forma una universalidad concreta y plural. Del Pensons ailleurs, de Nicole Lapierre, a Pour en finir avec la généalogie, de François Noudelmann, la actualidad editorial ilustra las preocupaciones sobre este tema/1. En torno a él, el reciente Plaidoyer pour un monde métis constituye una contribución importante. Significativamente, todos estos ensayos llevan títulos en forma de conminación programática. A ciencia cierta, se trata de explorar categorías políticas y culturales, de responder, aunque sólo sea parcialmente, a la crisis del paradigma de la modernidad y a la desbandada de su cortejo conceptual (soberanía, nación, pueblo, frontera, representación). Un problema que no se limita al Hexágono. Samuel Huntington, que ha logrado una reputación controvertida con su libro El choque de civilizaciones pone el acento en preguntas similares que se plantean en la sociedad estadounidense: «A lo largo de los años 1990, la sociedad americana se vio confrontada a numerosas cuestiones que alimentaron vivos debates: la inmigración y la integración, el multiculturalismo y la diversidad, las relaciones entre las razas y la discriminación positiva, el lugar de la religión en la esfera pública, la educación bilingüe, los programas escolares y universitarios, los rezos en la escuela y el aborto, el significado de la nacionalidad y de la ciudadanía. La cuestión que subyace a todas ellas es el de la «identidad nacional»/2. Sin embargo, promocionada por unos, vilipendiada por otros, «la excepción francesa» ¿no sería, la regla? En un mundo en el que las representaciones en vigor están al límite de su funcionalidad, en el que apenas emergen nuevas categorías políticas, esta cuestión tiene actualidad.

En su Patries imaginaires, Salman Rushdie elogia las virtudes de la mezcla y de la hibridación, «el batiburrillo, un poco de esto y otro poco de aquello». La novedad se manifiesta en el mundo a través de ese caos creador. Nicole Lapierre sostiene que la autenticidad, tomada prestada de la jerga heideggeriana, es un señuelo y que la misma noción de identidad constituye un milagro peligroso. Se pregunta si «la palabra clave» del pasaje -transfronterizo y transidentitario- es un lujo reservado a los nómadas de la globalización feliz o un puente necesario en el procesos de universalización.

En el lado opuesto, en un número de la revista Lignes consagrado a las identidades difusas, Alain Brossat blandía el hierro con entusiasmo contra la sospechosa prosperidad de las retóricas del mestizaje, más o menos aprendidas y, a menudo, comerciales/3. Según él, estas retóricas tenderían a limar los ángulos, a difuminar los conflictos, a ahogar la discordia en el consenso. Todo se convertiría en soluble en el sopa postmoderna: la lucha de clases, la oposición entre derecha e izquierda, todo se engulliría en la uniformidad mestiza: «Todo se puede mezclar y mestizar.» Con la estética otorgada por el espectáculo publicitario, el personaje mismo del mestizo seria, por tanto, el testimonio amnésico de un pasado abolido en la mezcla generalizada de la globalización mercantil. Una especie de anti-memoria, de mestizaje glorificado y escenificado contribuiría a hacer innombrable el daño sufrido por los vencidos.

La apología de la disolución en la indiferencia general retroalimenta, por su parte, la fobia a la mezcla y a la descomposición, el fantasma reactivo de la pureza y de la purificación, étnica o religiosa. El programa lírico del mestizaje podría entonces sonar a la oreja del (pos) colonizado como la conminación a deslizarse en una integración imposible, una especie de provocación para integrarse en la cultura dominante. Podemos imaginar la respuesta del o de la inmigrante, confrontada cotidianamente a las humillaciones de la segregación social, escolar y urbana. Parafraseando la respuesta dada hace mucho tiempo por Gide a Barrès, a propósito de la necesidad de arraigarse predicado por éste, Gide ironiza: «Nacido de papa maliense y de mama cabila, cómo quiere Ud. Señor Sarkozy (o Madamme Boutih) que me integre en una sociedad que se desintegra?» También Aziz al-Azmeh estima que el insistente elogio de la alteridad en el discurso liberal tiene aún (continúa teniendo) como objetivo domesticar al oprimido post-colonial/4.

En su Plaidoyer, Alexis Nouss propone una salida a estas alternativas infernales. Desde su punto de vista, el mestizaje no es más que una nueva identidad cristalizada, en la que todos los gatos, blancos o negros, llegarán a ser uniformemente grises sin que, por el contrario, sean capaces de cazar ningún ratón. No constituye un nuevo valor fijo de la Bolsa de las identidades sino un pasaje eterno, un devenir permanente, un proceso de desmultiplicación realizado a través de alianzas y reencuentros. Una fuga de la casa cerrada (del burdel) del Ser, una huida por aquí, otra por allá e incluso más allá. Por tanto no se trataría de fabricar una nueva identidad híbrida, superior, por encima de las diferencias, sino de vivir en el pasadizo, «en los dos lados» según la fórmula de Edward Saïd. Así pues, el mestizaje no sería ya una condición establecida o una metamorfosis dada sino un movimiento sin fin, una apertura hacia una universalidad plural. Permitirá compartir culturas diversas sin traicionar a ninguna.

Conceptualizado de ese modo, el mestizo tendría un papel preponderante en la escena de la globalización. Exilado, el extranjero se definía, frente a las verjas nacionales, por su origen. Aunque las fronteras continúen a segmentar el mercado del trabajo, la época de la circulación «sin fronteras» de los bienes y los capitales es diferente: en relación al exiliado o al refugiado, el expatriado o el inmigrante mantendría una relación diferente, tanto con el país de origen que con el país acreditado de «acogida». Lo que daría lugar a una alteración en la relación entre la nacionalidad y la ciudadanía que las continuas reformas de la ley sobre la nacionalidad o de los procesos de naturalización no llegan a disipar. Y con razón. Desde las leyes sobre la agrupación familiar, la sociedad francesa está confrontada a poblaciones numéricamente importantes, a menudo originarias de países musulmanes, que no han participado en la larga gestación de la cultura republicana. La temporalidad propia de la evolución de las costumbres es irreductible a la del derecho y a las decisiones judiciales. Lo que conlleva, de un lado, a la crispación republicana exaltando «el modelo francés» y su laicidad como si se tratara de principios eternos y no de relaciones sociales históricamente determinadas; como si la escuela no estuvieran expuestas a las turbulencias de los tiempos; y, de otro, a la frustración de una población sometida a una cuádruple exclusión: social, escolar, espacial y simbólica.

A diferencia del exilio, vivido siempre con la esperanza (o la ilusión) de un próximo retorno al país de origen, el post-exilio es, según Alexis Nouss «un cuestionamiento que no espera otra respuesta que su eco». Por lo tanto, el mestizo está condenado a «contonearse» entre un pasado que se marchita y un futuro incierto.

La globalización neoliberal conduce en efecto a reconsiderar la noción de la frontera tal como se ha impuesto, poco a poco, como la delimitación de un territorio nacional/5. Estamos en pleno trajín fronterizo. Pero no, como se pretende a veces, porque las fronteras desaparezcan: Desde 1989, Europa ha visto nacer o renacer 14 nuevos Estados independientes con 17 000 km de nuevas fronteras; aún cuando la frontera parece abolida lo que ocurre a menudo es que ha sido desplazada. La del espacio Schengen remplaza las fronteras internas de la vieja Europa en zonas y campos de retención, entre muros como en Sangatte o Roissy, o extramuros cuando se les exporta a Libia o Marruecos, con el objetivo de contener la invasión de nuevos bárbaros. Los naufragados en Gibraltar conocen a través de su cruel experiencia que el planeta «sin fronteras» no es tan hospitalario para todos. Al igual que los espaldas mojadas mexicanos que, atraídos por el sueño americano, llegan a los 3 000 km de frontera poniendo en riesgo sus vidas.

Palestinos e israelís conocen un doble reclusión a causa del siniestro Muro de la separación. Los primeros, por estar encerrados en los muros de su propio territorio ocupado; los segundos, por su encierro voluntario en un gueto reconstituido. La situación es muy asimétrica entre los que se quieren liberar de él y quienes lo construyen, equipándolo de dispositivos electrónicos sofisticados (¡rentabilizados gracias a su exportación a Estados Unidos para perfeccionar su frontera mexicana!).

Así pues, el período actual no está para las efusiones sin fronteras del cosmopolitismo humanitario. Tampoco lo está para la homogenización espacial del mercado mundial sino para la producción jerarquizada de los espacios y de los territorios en provecho de los más fuertes y de los mejor armados. Adornado con una generosidad compasiva, a menudo el derecho de injerencia humanitaria ha preparado el terreno a expediciones -llamada preventivas- y a guerras proclamadas éticas. Esta época opaca es, como bien dice Nouss, marchar sobre una creta angosta, con un pie a cada lado de la línea, «sobre la frontera»/6. A semejanza de Michel Warshawsky, triple o cuádruplemente fronteriza (entre Francia y Alemania, entre Francia e Israel, entre Israel y Palestina, entre asquenazis y sefarditas, entre el judaísmo del pueblo elegido y el internacionalismo militante), el mestizo, según Nouss, «sufre y piensa sobre la frontera» en un incesante doble movimiento de desterritorialización y de reterritorialización.

Por filiación, la historia genealógica arraiga y naturaliza las identidades; fija las posiciones simbólicas y confirma las jerarquías. Para François Noudelmann, los grandes cambios de mentalidad exigen desanudar las genealogías. Estamos en ello. La uniformización mercantil provoca, de rebote, pánicos identitarios, la búsqueda ansiosa de las fuentes y los orígenes, la manía de las raíces y de la región. Cuando el territorio se difumina, el derecho al suelo retrocede ante el derecho de sangre y el culto a los muertos. Por ello, para reconstruir una identidad negada, la ideología de las descolonizaciones y de las independencias nacionales ha tenido que «hacer revivir las filiaciones colectivas, bajo las diversas molduras del arabismo o de la negritud»/7.

En lugar de preparar, como había esperado Fanon, una reinversión de lo universal, los fracasos y las desilusiones, la dependencia, modificada más que abolida, la corrupción de las élites compradoras, han exacerbado las reivindicaciones identitarias decepcionadas. La fragilización de las poblaciones empujadas a la emigración por la crisis del país de origen y por el clima de la llamada globalización amplifica esta crisis. El fracaso de las antiguas colonias para incorporarse a la ciudadanía política y el colapso del espacio público en las antiguas metrópolis favorecen una revalorización por defecto de la transmisión genealógica. Es de ese modo como la noción cívica de nación tiende a devenir étnica y/o a confesionalizarse.

El mestizaje sería, por el contrario, una anti-genealogía. En la genealogía como en la génesis y en la generación, hay genes. El determinismo del gene y de la filiación consuela las incertitudes de una historia sin desenlace feliz garantizado. Sin embargo, el origen no prueba nada. No legitima nada. Y, en realidad, la historia que construyen las personas no es una génesis. Es por eso que Noudelmann recomienda «trabajar con tenacidad los esquemas de la filiación y su poder de legitimación, de asignación y de apropiación». Gilles Deleuze y Félix Guatari preferían el devenir frente a la historia. Porque «devenir no es progresar o retroceder siguiendo una serie preestablecida […], devenir no es evolucionar, y mucho menos evolucionar partiendo de una filiación»: «El devenir no produce nada por filiación. El devenir es siempre algo distinto a la filiación. Es la alianza. Devenir es un rizoma, no es un árbol clasificatorio ni genealógico/8.» Contra el sentido lineal de la historia universal y contra las teologías del progreso, ese devenir queda abierto a las bifurcaciones y disponible a los posibles. Sin embargo, la cuestión es de saber si su eminencia radical no excluye toda estrategia política, sospechosa de forzar y falsear el orden aleatorio.

El mundo mestizo de Alexis Nouss hace referencia al rizoma de Deleuze. Trata de desplazar (¿lo sobrepasa?) las alternativas infernales de la identidad y de la diferencia. Da un vuelco al paradigma genealógico en beneficio de una «perversidad polimorfa de lo identitario». De ese modo, alumbra un horizonte de «multiculturalismo crítico», apostando por el «pensamiento fronterizo» contra la pertenencia gregaria y la identidad exclusiva. Este multiculturalismo se distingue o se opone al multiculturalismo conservador, diferenciador y racista de cada cual en su casa; al multiculturalismo liberal que disuelve la diversidad en la insípida salsa del mercado; al multiculturalismo relativista que glorifica la diferencia en nombre de una oposición no dialéctica entre identidad y alteridad; al multiculturalismo ecléctico liberal que se alimenta, a dosis variables, de las tres precedentes.

Queda por saber si este mestizaje crítico puede fundar y sostener una práctica política y si el mestizo simbólico puede transformarse en actor real de su propio futuro. Para eso es necesario entrar en el meollo de las tensiones entre nacionalidad y ciudadanía, seguir el curso fluctuante de la difusa línea divisoria entre lo público y lo privado, reexaminar la separación litigiosa entre lo sagrado y lo profano. Dicho de otra forma, es preciso explorar la posibilidad de la política más allá del paradigma clásico de la modernidad y de sus categorías fundadoras -soberanía, ciudadanía, Estado, nación, territorio, fronteras, representación- a partir del siglo XVII. Para esto hay que estar atentos a los eventuales conflictos y a las experiencias históricas susceptibles de despertar la razón estratégica del gran sueño en el que hiberna desde hace más de un cuarto de siglo.

Las apasionantes polémicas sobre llevar el velo islámico, las convulsiones en torno a los memoriales (ilustrados por la reciente Ley orientada a rehabilitar el colonialismo civilizador en los libros escolares), los fantasmas sobre la inmigración, el miedo al turco o al musulmán, el pánico ante el espectro de un Islam imaginario, uno e indivisible, son otros tantos síntomas de esta crisis histórica. Sobre estos miedos y fobias no puede construirse ningún porvenir salvo el de regímenes despóticos dueños del orden y de la disciplina protectora.

El ensayo de Alexis Nouss tiende, aunque no lo franquea, hacia el umbral de esta revolución conceptual. Sin embargo, para hacerlo, sería necesario confrontar la representación simbólica del mestizo y del mestizaje a las mediaciones conflictivas propias del campo político. Si el mestizaje no produce una nueva identidad y si, por el contrario, constituye un devenir permanente, ¿cómo, a través de qué línea, atraviesa las relaciones de clase? ¿Es compatible con las condiciones nacionales de la política y/o es el vector de un cambio de escala en la producción de los espacios políticos? La respuesta zapatista a los retos de esta época consiste en reformular el espacio público común de un México cultural y lingüísticamente plural, en tanto que el de los senderistas peruanos, para quienes la reparación del error cometido hacia los indígenas pasa por la separación racial, da un matiz étnico al litigio.

Al principio de este texto, estábamos condenados a sufrir la reinversión de la política por la teología: las creencias religiosas estaban llamadas a rescatar las naciones fragilizadas y las legitimidades en ruina. La «comunidad de creyentes» en tierra del Islam llena el vacío dejado por la crisis de los Estados-nación descolonizados y por el hundimiento del gran sueño socialista. Confrontado al enigma de las «fronteras naturales» perdidas, la Unión europea siente la tentación de buscar su identidad en los orígenes judeo-cristianos.

Por el contrario, lo que ha llegado es el tiempo de la segunda secularización. Tras haber relegado la fe al dominio privado, actualmente se trataría de relegar también la nacionalidad, de separarla de la ciudadanía, radicalizando el derecho al suelo. Es la respuesta que esbozó, puede ser, Otto Bauer ante la descomposición del multinacional Imperio Austro-húngaro. Avanzó la idea de una «autonomía cultural», lingüística y escolar, más que una separación estatal. Sin duda se trataba de un intento de responder a una situación específica de poblaciones mezcladas a la fuerza. Las migraciones y los desplazamientos masivos dan al problema una dimensión totalmente diferente. La «nación cultural» permitiría conciliar ese otro mundo posible invocado en los foros sociales mundiales y continentales, con la reivindicación del reconocimiento específico planteado por los pueblos indígenas, en América latina o en otras partes, como respuesta a la uniformización mercantil. La tentación, de algunos, de suprimir la doble nacionalidad o de restringir el derecho a la agrupación familiar iría en el sentido inverso, el de un arraigamiento de la nacionalidad en los límites de un territorio bajo la alta supervisión securitaria. Sería la vía de un anti-mestizaje, con consecuencias muy concretas sobre la vida cotidiana de los inmigrados, sean sin papeles o en «situación regular».

Si bien el pasado colonial acosa y persigue la figura contemporánea del inmigrante, actualmente no sirve ni el perfil que Albert Memmi atribuyó antaño al colonizado (y al colonizador), ni reducir la situación de la inmigración a la del exilio. Rebajar lo inédito a un esquema anterior fomenta la pereza de la analogía forzada. Hay una queja que reviene a menudo de entre los jóvenes salidos de la inmigración/9. Muchos estiman que la Marcha por la igualdad de 1983, llamada Marche des beurs (beurs: árabes residentes en Francia. ndt) fue una ocasión perdida. Tienen el sentimiento de haber sido desposeídos, a causa de la promoción muy mediática de SOS-Racismo, de la lucha autónoma a favor de una dignidad igual, a favor de un antirracismo ecuménico y compasivo. Por ello, señalan que, tras el imperativo de la asimilación, la conminación a integrarse ignora la crisis de la Trinidad republicana: Libertad-Igualdad-Fraternidad. La libertad neoliberal se reduce a su condición negativa de usurpar el patio del vecino. La fraternidad continúa siendo etimológicamente fiel al registro familiar de la genealogía el de la filiación que, precisamente, se trata de cuestionar. En cuanto a la igualdad, cruelmente desmentida por las diversas exclusiones y discriminaciones, exige ser redefinida a través de la dialéctica de las reivindicaciones sobre el reconocimiento y la justicia social. También ella tiene una historia. ¿qué le ocurriría a una igualdad que no fuera abstracta y formal sino reparadora y compensatoria de las desigualdades bien reales agravadas por la competencia de todos contra todos? La cuestión de las discriminaciones positivas subraya la dificultad sin llegar a resolverla.

«Todo se rompe en pedazos y estos pedazos se rompen a su vez en otros mil», escribía Walter Benjamin en los oscuros tiempos de entreguerras. Sin duda, se hacía eco de la cábala de los jarrones rotos evocada por su amigo Scholem en sus trabajos sobre la mística judía: «Habiéndose roto los jarrones las luces se dispersan.» En una sociedad que se dispersa en identidades vindicativas, ¿cómo recoger los pedazos, cómo hacer de los fragmentos esparcidos un mosaico recompuesto? El mestizaje, tal como lo concibe el ensayo de Alexis Nouss abre una pista. Sin embargo aún faltan las mediaciones para reunir lo que se ha dispersado.

Un periodista del Nouvel Observateur preguntó a Marguerite Duras hace unos quince años, al día siguiente de la caída del Muro de Berlín, qué valor creía que era necesario y urgente promover. Su respuesta lacónica dejó al periodista con la boca abierta: «La lucha de clases.» Evidentemente, la lucha de clases. Es cierto que esta lucha no resuelve todas las contradicciones y no resume todos los conflictos. Ni siquiera es evidente que pueda hacer de vínculo entre los afligidos pedazos rotos del jarrón. El discurso ideológico de los media y las investigaciones de las ciencias humanas de los últimos decenios lo han impedido. Por ello, los sociólogos Beaud y Pialoux hacen notar, en su investigación sobre la condición obrera, que los trabajadores no han desaparecido sino que se han hecho invisibles. Más exactamente, se les ha hecho invisibles/10. En la competencia neoliberal, los perdedores son una mancha, un borrón. Arruinan el trofeo de los ganadores. En la Bolsa de las identidades, su valor está en caída libre. En el mostrador de los reconocimientos sociales, están los últimos de la cola.

Sin embargo, si las relaciones de clase llegaran a disolverse hasta desaparecer, no nos quedaría más que la eclosión de los campanarios y las capillas, el enfrentamiento de identidades exclusivas y la guerra de todos contra todos. La competencia victimaria emprendida entre los sobrevivientes del judeocidio y los descendientes de los esclavos es, entre otras, la muestra más reciente de ello. Si ignoramos la explotación y la injusticia social, la línea de fractura entre nacionales y extranjeros, trabajada desde hace mucho por el Frente Nacional, tomará la delantera a la fractura social. En efecto, las relaciones de género y de clase constituyen la línea roja que permita saltar las fronteras, quebrar las armaduras identitarias, sobrepasar el horizonte estrecho de la «preferencia» familiar, nacional o comunitaria, en la que las derechas extremas vienen acumulando las bases de su mercado ideológico. Frente a la desazón y al malestar de las pertenencias cerradas y del cosmopolitismo mercantil, ellas preservan la posibilidad de conjugar en común las singularidades reconocidas y respetadas como tales.

Para comprender qué podría aportar el mestizaje, también sería necesario volver sobre la distinción entre cosmopolitismo e internacionalismo. No se trata de un simple problema de léxico. El cosmopolitismo de la Ilustración fue el coto de las elites literarias y filosóficas. El cosmopolitismo actual está confiscado por las elites móviles de los negocios, de la finanza y de la técnica. Las irrupciones revolucionarias del siglo XIX introdujeron en el vocabulario, para lo mejor y para lo peor, la mediación de lo nacional. La noción del internacionalismo nació de la dolorosa experiencia de 1848. Al imaginario pueblo, «uno e indivisible» como la República, de 1789 le tomó menos de medio siglo que estallaran a la luz las divisiones de clase/11. No es la hora de las internacionales, sino de las multi y transnacionales, escribe Alexis Nouss. Ya veremos. El multi y el trans parecían reservados al vocabulario de las empresas; sin embargo, él lo ve como la posibilidad de un cosmopolitismo alternativo o como de una «comopoltiética» eco-pacifista. Su propuesta de una «cosmocortesía», cierta manera de hospitalidad en los actos, encantaría sin duda al deplorado Jacques Derrida y al buen René Schérer/12.

El deslizamiento de la (cosmo) política a la «cosmopoliética» no es menos confusa. Parece hacerse eco de la inflación moralizante que acompaña, sin superarla, a la crisis profunda de la política y del derecho/13. Se trata de toda la ambigüedad de la ética humanitaria y del derecho de injerencia, que como se ha podido constatar más de una vez, sirve para liberarse de las reglas impuestas por el derecho. La cosmopoliética postula en efecto una Humanidad abstracta, erigida en gran legisladora universal. Pero este principio no opera, y con razón; a falta de un poder constituyente planetario, aquellos que hablan en su nombre sin mandato alguno sacrifican el derecho internacional a la cruzada del Bien contra el Mal y se liberan del derecho para dar libre curso a la ley del más fuerte. En el estado actual del mundo, la cosmo, política o poliética, no es la forma, por fin encontrada, para superar el internacionalismo que se esfuerza por anudar, más allá de las fronteras, solidaridades concretas en las relaciones de fuerza realmente existentes. Su universalidad no es un presupuesto a preservar sino una construcción permanente, en la que los fórum sociales, mundiales y continentales constituyen, puede ser, un primer intento.

Estas son las cuestiones que suscita el Paidoyer de Alexis Nouss. Su experiencia de pasador transcultural le permite formular en ella el enunciado. Queda por trabajar el campo conceptual abierto por los retos de la globalización y explorar los contornos de un nuevo paradigma político aún en gestación.

(Posfacio a Plaidoyer pour un monde métis d’Alexis Nouss, publicado por Textuel, 7 octobre 2005)

Notas:

1/ Nicole Lapierre, Pensons ailleurs, Paris, Stock, 2004 ; François Noudelmann, Pour en finir avec la généalogie, Paris, Léo Scheer, 2005.

2/ Samuel Huntington, Qui sommes-nous ?, Paris, Odile Jacob, 2004.

3/ Alain Brossat, « Métissage culturel, différend et disparition », in Lignes n° 6 nouvelle série, octobre 2001.

4/ Aziz Al-Azmeh, Islam and Modernities, Verso, Londres, 1996.

5/ Voir Paul Alliès, L’Invention du territoire, Presses universitaires de Grenoble, 1980.

6/ Michel Warshawsky, Sur la frontière, Paris, Stock, 2002.

7/ François Noudelmann, op. cit., p. 213.

8/ Gilles Deleuze et Félix Guattari, Mille Plateaux, Paris, Minuit, 1980.

9/ Ver sobre todo Dominique Vidal et Karim Boutrel, Le Mal-être arabe, Marseille, Agone, 2005, et Abdelali Hajjat, Immigration post-coloniale et mémoire, Paris, L’Harmattan, 2005.

10/ Voir Stéphane Beaud et Michel Pialoux, Retour sur la condition ouvrière, Paris, Fayard,

11/ Los testimonios horrorizados de Renan o de Flaubert sobre las jornadas sangrientas de junio de 1848 lo confirman. Dos años antes, en Le pueple, Michelet ya había comprendido que la burguesía victoriosa no había tomado medio siglo para dejar caer la máscara universalista que se había puesto. Correspondió a Marx teorizar las nuevas líneas de frente de la cuestión social.

12/ Verr Jacques Derrida, Cosmopolites de tous les pays, encore un effort !, Paris, Galilée, 1997, et De l’hospitalité, Paris, Calmann-Lévy, 1997 ; René Schérer, Zeus Hospitalier. Éloge de l’hospitalité, Paris, Armand Colin, 1993.

13/ Ver Alain Badiou, L’Éthique, essai sur la conscience du mal, Paris, Hatier, 1993.

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El papel del racismo en la ofensiva imperialista

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El pasado 23 de marzo el partido Frente Nacional (FN) logró importantes avances en las elecciones municipales en Francia. Nada sorprendente para quien haya observado un poquito la campaña electoral, en la cual los medios dedicaron una especial y muy elaborada atención al FN, un partido que promueve un rancio chovinismo y el racismo. Los medios audiovisuales y los diarios le dieron mucho espacio al FN, muchísimo más que al Frente de Izquierda (FI), que electoralmente tiene un peso superior o similar al del FN, como destacó Jean-Luc Mélenchon, dirigente del FI.

El resultado de estas elecciones es importante porque confirma la amplia pérdida de confianza de los electores frente a los partidos políticos tradicionales. Los votantes saben por experiencia que esos partidos no cumplen ni cumplirán con lo que prometen porque todos siguen el mismo guión, el elaborado por los organismos de la Unión Europea (UE) para consolidar las políticas neoliberales, o sea los programas de austeridad y desmantelamiento de los aparatos y programas estatales, regionales y municipales. Pruebas de esta situación las encontramos en la elevada tasa de abstención y en la numerosa presencia de listas no identificadas con los partidos tradicionales en estas elecciones municipales.

Pero lo esencial, para este análisis, es el esfuerzo de los medios de prensa del sistema (porque así hay que definirlos) para reforzar en la opinión pública francesa durante la campaña electoral la idea de que el FN iba para arriba, y que en algún momento debería producirse una alianza electoral entre esa extrema derecha de corte fascista con la derecha neoliberal.

Creo que es importante analizar esta fascinación mediática, y por lo tanto de quienes tienen en sus manos las palancas del poder real, por la extrema derecha, por partidos cuya vertiente nacionalista es claramente racista, para tener una imagen completa en este momento histórico desde todos los puntos de vista posibles, porque el sistema neoliberal en su conjunto, en la UE y en Estados Unidos (EE.UU.) y Japón, o sea en los centros del capitalismo avanzado, está completamente atascado en lo económico, en lo social y en lo político.

Y en todo esto el racismo, como el nacionalismo (de pacotilla porque en el sistema neoliberal la soberanía nacional es cosa del pasado), son quizás elementos de importancia para entender la coyuntura actual del imperialismo, incluyendo el caso de Ucrania, entre otros más.

El racismo forma parte del colonialismo y el imperialismo

El racismo es criticado y en algunas de sus manifestaciones es considerado como un delito por los sistemas legales en la mayoría de los países, pero en la práctica cotidiana, en los “sobrentendidos” políticos, sociales y económicos el racismo es moneda corriente, un simple “prejuicio” más, aceptable hasta para quienes no lo practican, y de ninguna manera es visto como un peligro mortal para las sociedades y la humanidad.

Empero, el racismo, como el machismo, es algo más que un prejuicio. En realidad ha sido y sigue siendo un poderoso elemento ideológico al servicio de algún sistema de dominación.

El machismo busca preservar el sistema de dominación patriarcal, para ventaja del hombre y en detrimento de la mujer, por ejemplo, y aun en ese terreno los avances de las últimas décadas son en muchos casos tan sólidos como un castillo de arena, dicen muchas mujeres.

El racismo ha servido desde finales de la Edad Media, desde las cruzadas, de justificativo ideológico, disfrazado según la circunstancia con supuestos valores religiosos o morales, pero al servicio de objetivos bien terrenales, como los de apropiarse de riquezas y conquistar territorios. Y tuvo su papel durante las luchas para la formación de los Estados-naciones en Europa, en muchos casos como fuerza de exclusión para forzar la homogeneidad étnica, lo que explica la triste herencia de guerras y conflictos en el Viejo Continente.

Por ejemplo, hasta no hace tanto tiempo se nos enseñaba en las escuelas de algunos países latinoamericanos que los conquistadores españoles vinieron a América “con la espada y la cruz”. Lo de la espada nunca se explicaba bien por qué razón, aunque al final entendíamos que vinieron a conquistar por la fuerza para llevarse el oro y la plata y dominar los territorios, pero en las imágenes y en los textos se enfatizaba que la cruz representaba la “gran misión” evangelizadora para incorporar a los indios salvajes, porque así se hablaba de nuestras poblaciones amerindias, al reino de Dios, y así “salvarlos”.

Sin la deshumanización implícita en el racismo, que permite ver al otro como un “no-ser”, un subhumano que puede ser maltratado, explotado, esclavizado y al que se puede violar o matar, no habría sido posible, o sea aceptable para los mismos pueblos conquistadores, la extrema brutalidad de las conquistas que sometieron a tantos pueblos y dejaron estelas de decenas o cientos de millones de muertos, decenas de millones de esclavos, y tantas sociedades y culturas aplastadas.

Sin esas conquistas y crímenes tampoco habría sido posible la acumulación del capital, como no lo sigue siendo actualmente si vemos el empeño del imperio neoliberal en conquistar los territorios donde no reina con absoluto poder.

Es por eso que debemos ver el racismo no como algo menor, un “mal residual de la civilización europea” que fue transmitido al resto del mundo, sino como un componente esencial del sistema de dominación del capitalismo, en todas sus etapas, desde las conquistas y el esclavismo hasta el momento actual.

El racismo es mucho más peligroso de lo que creemos cuando es parte de una ideología nacionalista o ultranacionalista al servicio de intereses imperialistas. Sin una ideología que incluya el concepto de superioridad racial, de superioridad social, política, cultural o religiosa que provoque una desensibilización total, no es posible llevar a cabo la “empresa” colonial e imperial.

Ese tipo de ideología es necesaria tanto para lanzar como para justificar la “empresa” colonial e imperial, para crear en el pueblo conquistador las desinhibiciones que permitan llevar a cabo y vivir en la consciencia colectiva con tales atrocidades contra seres humanos, tan humanos y seres como ellos.

Los británicos “aportaron sobre sus hombros la civilización del hombre blanco” a los países de Asia, África y otras regiones, dura “carga” para el hombre blanco, escribió R. Kipling, cuando en realidad lo que hacia el “hombre blanco” era robar todo lo que podía ser robado, destruir o aplastar las culturas y organizaciones sociales existentes para poder explotar a los pueblos, esclavizarlos para servir a los comerciantes y a los intereses de los rentistas, de la burguesía y la aristocracia de Londres.

Los holandeses, portugueses, franceses y belgas no fueron diferentes, en todos los casos hubo matanzas y crueldades indescriptibles para robar y explotar, para esclavizar, lo que no quita que de vez en cuando se escuche en Europa que esos colonizadores llevaron “la civilización y la lengua” a los países que colonizaron.

Cada pueblo conquistador creó su caparazón ideológica para poder ignorar y negar sistemáticamente todo lo que los pueblos colonizados sufrieron en Asia, el Oriente Medio, África, Oceanía, el Caribe y América latina, y también negar que el objetivo de esas conquistas era apropiarse y repatriar las riquezas que podían, y garantizar los flujos de las materias primas que necesitaban sus comercios e industrias y que producían sus esclavos en las plantaciones, como el azúcar en Haití, por ejemplo.

Una tarea necesaria pero incumplida es la descolonización del pensamiento de los pueblos conquistadores e imperialistas. Nada podrá avanzar si estos pueblos no se despojan de esa caparazón demasiado bien conservada -por intereses de clase-, que les impide ver las múltiples, ricas y complejas realidades del mundo actual.

Es en este contexto que es importante reconocer la decisiva importancia que ha jugado el racismo en la sociedad estadounidense, en especial para justificar en lo interno, y hacia el exterior, el “excepcionalismo” del “destino manifiesto”, un invento de los colonos blancos para hacer invisible las matanzas de amerindios y la apropiación de sus tierras, luego la “importación” de esclavos africanos para las plantaciones y más tarde el imperialismo.

El racismo tiene raíces profundas y extendidas en EE.UU., porque en ese país prácticamente fueron exterminados los pueblos amerindios, y los que sobrevivieron fueron segregados en reservas y sometidos a brutales controles de natalidad. Fueron víctimas del eugenismo y del ensayo de métodos genocidas que más tarde Adolf Hitler utilizó para exterminar a judíos, gitanos, eslavos y a los opositores comunistas y socialistas, como revela el importante trabajo del estadounidense Edwin Black, titulado War Against the Weak, eugenics and America’s campaings to create a master race (1).

Y es en EE.UU. donde se desarrolló una impresionante “economía de plantaciones” con esclavos traídos de África, y donde se aplicó un rígido sistema de segregación racial hasta mediados de los años 60 del siglo 20, pero que no ha desaparecido totalmente y sigue siendo practicado hoy día en el terrenos económico, social y político contra los afroamericanos e hispanos.

¿Cómo explicarnos la actual rusofobia en la UE y EE.UU.? ¿Acaso no es eso una forma de racismo destinado a invalidar todo lo que Rusia diga o haga para seguir aplicando las agresivas políticas de la OTAN y convertir a Rusia en un vasallo más del imperialismo?

¿Quién se recuerda del “peligro amarillo”, ese racismo nacido en el siglo 19 para justificar la penetración del liberalismo comercial en China, para que entrara en China el opio que Gran Bretaña producía en India? La rusofobia es un hecho y el “peligro amarillo” una realidad en todas las actitudes del imperialismo contra China, devenida una potencial industrial que no controlan efectivamente.

En Ucrania el racismo de los grupos neonazis (ultranacionalistas según la definición de la prensa comercial) se manifiesta contra los rusos y los ucranianos de habla rusa y religión ortodoxa, y contra los judíos ucranianos.

El racismo es un instrumento para poder justificar la dominación de pueblos enteros. A los árabes no se les discrimina en varios países europeos porque sí ni por su religión, sino para poder seguir justificando todas las acciones pasadas, y en particular las que desde hace un siglo las potencias imperialistas han tomado para apropiarse del Oriente Medio y de sus riquezas, y justificar las que siguen aplicando en el presente con el mismo objetivo.

¿No es racismo que desde las colonizaciones se haya implantado y aun se ejerza por parte de las potencias imperialistas dominantes el principio de castigo colectivo cuando un dominado, sea rebelde o huelguista, ataca a un militar o personero de la fuerza dominante?

¿Por qué se acepta hoy día sin chistar que por un soldado -o civil- herido o muerto de una fuerza de ocupación, sea estadounidense, israelí o de un país de la OTAN, haya una represalia desmedida que provoca la muerte de decenas de oprimidos, generalmente inocentes civiles y muchas veces niños, mujeres y ancianos? ¿Qué es éso sino racismo puro al servicio de la dominación imperial?

Es claro que el sistema imperialista, en sus diversas formas, genera una forma de “excepcionalismo” que sirva de justificativo a todas las atrocidades que desde hace largo tiempo cometen en cualquier parte del mundo.

Racismo y nacionalismo agresivo son ingredientes siempre presentes en el imperialismo, en los del pasado, exitosos o aplastados, y en el actual.

Es por eso que hay que prestar atención a la manera como el imperialismo y sus servidores presentan a los neofascistas o neonazis, como los definen o, para ser más claro, como los banalizan para hacer “razonable” su racismo, signo de que serán incorporados a la ideología dominante para salvar el sistema neoliberal del atascamiento en que se encuentra. Así sucedió en los años 30, recordemos.

1.- Edwin Black escribió varios libros muy importantes, el citado y también “IBM and the Holocaust”.

Montreal, Canadá.

Por Alberto Rabilotta ,  periodista argentino – canadiense
Con información de : Piensa Chile

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Machado : Nací en Sevilla

Palacio de las Dueñas - Sevilla (Patio)
Palacio de las Dueñas – Sevilla (Patio)

Nací en Sevilla una noche de julio de 1875, en el célebre palacio de las Dueñas, sito en la calle del mismo nombre. Mis recuerdos de la ciudad natal son todos infantiles, porque a los ocho años pasé a Madrid, donde mis padres se trasladaron, y me eduqué en el Instituto Libre de Enseñanza.  A mis maestros guardo vivo afecto y profunda gratitud. Mi adolescencia y mi juventud son madrileñas.

Palacio de las Dueñas - Sevilla (placa)
Palacio de las Dueñas – Sevilla (placa)

He viajado algo por Francia y por España. En 1907 obtuve cátedra de lengua francesa, que profesé durante cinco años en Soria. Allí me casé, allí murió mi esposa, cuyo recuerdo me acompaña siempre. Me trasladé a Baeza, donde hoy resido. Mis aficciones son pasear y leer.

De Madrid a París a los veinticuatro años (1899). París era todavía la ciudad del «affaire Dreyfus» en política, del simbolismo en poesía, del impresionismo en pintura, del escepticismo elegante en crítica.

Conocí personalmente a Oscar Wilde y a Jean Moréas. La gran figura literaria, el gran consagrado, era Anatole France.

De Madrid a París (1902). En este año conocí en París a Rubén Dario. De Soria a París (1910). Asistí a un curso de Henri Bergson en el Colegio de Francia. De 1912 a 1919, desde Baeza a las fuentes del Guadalquivir y a casi todas las ciudades de Andalucía. Desde 1912 paso la mitad de mi tiempo en Segovia y en Madrid la otra mitad, aproximadamente. Mis últimas excursiones han sido a Ávila, León, Palencia y Barcelona (1928).

Palacio de las Dueñas - Sevilla (entrada)
Palacio de las Dueñas – Sevilla (entrada)

Antonio Machado Ruiz
(Sevilla, 26 de julio de 1875 – Colliure, 22 de febrero de 1939)

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¿Es nazi hacer la quenelle? Por qué el lobby judío persigue a un humorista francés – Por Oriol Malló

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Un humorista francés Dieudonné M’Bala M ‘ Bala y un gesto estudiantil que popularizó en sus espectáculos, la llamada quenelle, están provocando la tormenta perfecta. El estado, las organizaciones judías y los medios de comunicación del hexágono señalan (y así se reproduce en todo el mundo) que la quenelle y su promotor son la encarnación del neonazismo populista. Ejemplo de esta tendencia que solo crecerá en pocas semanas se puede observar en este artículo de ABC, derechista periódico español. Huelga decir que EL País supera incluso a su rival periodístico en señalar el peligro Dieudonné. Cuando la unanimidad es regla y el linchamiento mediático se hace rutinario, se antoja necesario traducir un reciente artículo de la revista digital Counterpunch donde la analista política residente en París, Diana Johnstone, desmenuza las claves de este affaire más allá de la propaganda al uso.

En tiempos de furia absoluta, cuando el poder se reviste de victimidad para humillar a sus reales víctimas, nada más necesario que un poco de lucidez.

La bestia negra del establishment francés / Diana Johnstone

Los principales medios de comunicación franceses, igual que sus políticos, están comenzando el nuevo año con una resolución común para este 2014: amordazar, en forma permanente, a un cómico franco-africano que está llegando a ser muy popular entre los jóvenes.

Entre Navidad y Año Nuevo, nada menos que el Presidente de la República, François Hollande, mientras visitaba Arabia Saudita para cerrar (muy grandes ) negocios, dijo que su gobierno debe encontrar una manera de prohibir la actuación del humorista Dieudonné M’Bala M ‘ Bala, según lo solicitado por el ministro francés de Interior, Manuel Valls .

El líder del partido de la oposición conservadora, la UMP, Jean -François Copé , de inmediato intervino con su ” total apoyo ” para silenciar al animador inmanejable.

En el coro unánime de medios , el semanario Nouvel Observateur editorializó que Dieudonné ” ya está muerto “, varado, acabado. Los editores discuten públicamente si es mejor táctica tratar de encarcelarlo por “incitación al odio racial”, cancelar sus shows en función de una posible “amenaza para el orden público” o presionar a los municipios mediante la amenaza de cortar sus subsidios culturales si permiten realizarlos.

El objetivo del jefe de la policía nacional, Manuel Valls está claro, pero los poderes fácticos siguen buscando a tientas el método adecuado.

El cliché desdeñoso que se escucha repetidamente es que “nadie se ríe más con Dieudonné”.

En realidad, lo opuesto es verdad. Y ese es el problema. En su reciente gira por las ciudades francesas, varios videos muestran grandes teatros rugiendo de risa ante su humorista favorito. Él ha popularizado un gesto simple, que llama quenelle. Está siendo imitado por los jóvenes en toda Francia. Simple y obviamente significa estamos hartos .

Inventando un pretexto para destruir a Dieudonné, las principales organizaciones judías, la CRIF ( Conseil des représentatif Instituciones Juives de France) , el AIPAC francés) y la LICRA (Ligue internationale contre le Racisme et l’ antisémitisme, que goza de privilegios especiales en el derecho francés ) se sacaron de la manga la idea de catalogar a Dieudonné y sus seguidores como “nazis” . La quenelle es un demasiado obvio y vulgar gesto que significa algo así como ”Hasta la Madre”, con una mano colocada en la parte superior del otro brazo apuntando hacia abajo para dar a entender ” hasta dónde he llegado”.

Pero según el CRIF y la LICRA, la quenelle es “un saludo nazi a la inversa”. ( Nunca puedes dejar de ser demasiado “vigilante” cuando buscas el Hitler oculto)

Como alguien ha señalado, un ” saludo nazi a la inversa ” podría considerarse anti- nazi. Si, efectivamente, tenía algo que ver con Heil Hitler. Que claramente no es el caso.

Pero los medios de comunicación del mundo están tomando por cierta esta afirmación, o cuando menos señalando que “algunos consideran la quenelle como un saludo nazi a la inversa”. No importa que los que lo usan no tengan ninguna duda sobre lo que significa : A la mierda el sistema.

Pero ¿hasta qué punto son el CRIF y la LICRA “el sistema” ?

Francia necesita toda la risa que pueda conseguir

La industria francesa está desapareciendo, con cierres de fábricas semana tras semana. Los impuestos sobre los ciudadanos de bajos ingresos están subiendo para salvar a los bancos y al euro. La desilusión con la Unión Europea es cada vez mayor. Las normas de la UE excluyen cualquier esfuerzo serio para mejorar la economía francesa. Mientras tanto , los políticos de la izquierda y la derecha continúan sus discursos vacíos, llenos de clichés sobre derechos humanos -en gran parte como una excusa para ir a la guerra en el Medio Oriente o despotricar contra China y Rusia. El índice de aprobación del presidente Hollande ha caído a 15 %. Sin embargo la gente vota , recibiendo las mismas políticas hechas en Estados Unidos.

Dieudonné; un cómico francés en la mira del estado y el lobby sionista
Dieudonné; un cómico francés en la mira del estado y el lobby sionista

¿Por qué entonces los políticos gobernantes centran su ira sobre ” el más talentoso humorista de su generación” (como sus colegas reconocen, incluso al denunciarlo) ?

La respuesta corta es, probablemente, que la creciente popularidad de Dieudonné entre los jóvenes ilustra una brecha generacional en crecimiento. Dieudonné ha convertido la risa en un ataque contra toda la clase política . Esto ha dado lugar a un torrente de insultos y juramentos que sus shows serán cerrados, sus finanzas arruinadas e incluso él será encarcelado. El insulto también conlleva un marco de agresiones físicas en su contra. Hace unos días su asistente Jacky Sigaux fue agredido físicamente a plena luz del día por varios hombres enmascarados frente al ayuntamiento del distrito 19 – justo enfrente del parque Buttes Chaumont. Ha presentado una denuncia.

¿Pero cuánta protección puede esperar de un gobierno cuyo ministro del Interior, Manuel Valls – a cargo de la policía – está comprometido a buscar la manera de silenciar a Dieudonné ?

La historia es importante, pero es casi seguro que será mal reportada fuera de Francia – tal y como se informó mal en el interior de Francia, fuente de casi todos las noticias del extranjero. Con la traducción, se agrega un poco de tergiversación y falsedad.

¿Por qué lo odian ?

Dieudonné M’Bala M’Bala nació en un suburbio de París hace casi 48 años. Su madre era blanca, de Bretaña, su padre era africano, de Camerún . Esto debería hacer que un niño modelo del multiculturalismo que la izquierda ideológicamente dominante pretende promover. Y durante la primera parte de su carrera, haciendo equipo con su amigo judío, Elie Simoun, no fue más que eso: en campaña contra el racismo, enfocando sus críticas al Frente Nacional e incluso postulándose para un cargo en contra de un candidato FN en la ciudad dormitorio de Dreux , cien kilómetros al oeste de París, donde vive. Al igual que los mejores humoristas, Dieudonné siempre dirigió su humor hacía los acontecimientos actuales, con una calidez y dignidad inusual en la profesión. Su carrera floreció, tuvo su rol en el cine, fue invitado en la televisión, se ramificó por su cuenta. Un gran observador , que sobresale en imitaciones relativamente sutiles de diferentes tipos de personalidades y grupos étnicos, desde africanos a chinos.

Hace diez años, el 1 de diciembre de 2003, como invitado a un programa de televisión llamado apropiadamente No se puede complacer a todos, dedicado a temas de actualidad. Dieudonné apareció en el escenario disfrazado de algo así como “un converso al extremismo sionista ” asesorando a otros para conseguir que “se unieran al Eje americano-israelí del bien”. Esto sucedió durante el primer año del asalto de EE.UU contra Irak , cuando la negativa de Francia a unirse había llevado a Washington a rebautizar las llamadas ” papas a la francesa ” (belgas en realidad) como “papas de la libertad”. Aquel ataque relativamente leve contra el “eje del mal ” de George W. Bush parecía acoplarse el estado de ánimo de aquellos tiempos. El sketch terminó con un breve saludo, “Isra-heil”. Esto estaba lejos de ser el estilo habitual de Dieudonné pero, sin embargo, el popular humorista fue abrazado con entusiasmo por otros artistas , mientras que la audiencia en el estudio le dio una ovación de pie.

Las protestas no tardaron en llegar , sobre todo en relación con el último gesto, visto como una comparación de Israel con la Alemania nazi.

“Antisemitismo” fue el grito, aunque el objetivo de su performance era Israel ( y Estados Unidos, como su aliados en Medio Oriente ). Los llamados para prohibir sus espectáculo, demandarlo y destruir su carrera se multiplicaron. Dieudonné intentó justificar su sketch diciendo que no iba dirigido contra los judíos como tales, pero a diferencia de otros antes que él no se disculpo por un delito que no creía haber cometido. ¿Por qué no protestaron los africanos de los cuales se había burlado? ¿O los musulmanes? O china? ¿Por qué una sola comunidad reaccionaba con tanta furia?

Así comenzó una década de escalada. LICRA comenzó una larga serie de demandas en contra de él (“incitación al odio racial”) que en un primer momento perdieron, pero la presión se matuvo. En lugar de dar marcha atrás, tras cada ataque Dieudonné fue más lejos en su crítica al “sionismo”. Mientras tanto, Dieudonné fue excluido gradualmente de cualquier programa televisivo y tratado como un paria por los medios convencionales . Sólo la reciente profusión en internet de imágenes que muestran a los jóvenes haciendo el signo de la quenelle movió al sistema a concluir que un ataque directo sería más efectivo que tratar de ignorarlo.

El trasfondo ideológico

Para poder entender el significado de la historia de Dieudonné, es necesario comprender el contexto ideológico. Por razones demasiado complejas de mencionarlas aquí , la izquierda francesa – izquierda que una vez que se centró principalmente en el bienestar de la clase trabajadora, sobre la igualdad social , la oposición a la guerra de agresión y la libertad de expresión – prácticamente ha colapsado. La derecha ha ganado la batalla económica decisiva, con el triunfo de políticas que favorecen la estabilidad monetaria y los intereses del capital internacional ( el “neoliberalismo “). Como premio de consolación , la izquierda goza de un cierto predominio ideológico, basado en su lucha contra el racismo, el nacionalismo y su devoción a la Unión Europea – incluso a la hipotética Europa social que se pierde, día tras día, en el cementerio de los sueños perdidos. De hecho, esta ideología se adapta perfectamente a una globalización orientada a las necesidades del capital financiero internacional.

En ausencia de cualquier izquierda seria en el terreno socio-económico, Francia se ha hundido en una especie de “política de la identidad”, que tanto alaba el multiculturalismo como reacciona con vehemencia contra el comunitarismo , es decir, sobre la afirmación que cualquier particularismo étnico es inoportuno. Pero algunos particularismos étnicos son menos bienvenidos que otros. El velo musulmán se prohibió primero en las escuelas y el clamor para prohibirlo en la sociedad adulta siguen creciendo. El naqib y la burka , aunque sean raros, han sido legalmente prohibidos. Las disputas estallan sobre alimentos Halal en las cafeterías y oraciones en la calle , mientras que los dibujos animados regularmente satirizan el Islam. Más allá de lo que uno pueda pensar al respeto, la lucha contra el comunitarismo es vista por algunos como dirigida contra una comunidad en particular. Mientras tanto, los líderes franceses dirigen el grito de guerra contra los países musulmanes, de Libia a Siria, al tiempo que insisten en su devoción a Israel.

Mientras tanto, otra comunidad es objeto de constante mimo.En los últimos veinte años , mientras que la fe religiosa y el compromiso político se han reducido drásticamente , el Holocausto , llamada la Shoah en Francia, se ha convertido poco a poco en una especie de religión del Estado . Cada año las escuelas conmemoran la Shoah, que domina cada vez más la conciencia histórica mientras ésta disminuye en otras áreas como los estudios humanísticos . De todos los eventos acaecidos en la larga historia de Francia, solo uno está protegido por la ley y estamos hablando de la Shoah . La llamada Ley Gayssot prohíbe cualquier cuestionamiento de la historia de la Shoah , una injerencia sin precedentes contra la libertad de expresión. Por otra parte, a algunas organizaciones como la LICRA se les concedió el privilegio de demandar a los individuos sobre la base de “incitación al odio racial” ( de forma muy amplia y desigualmente interpretada), lo cual incluye la posibilidad de cobrar daños y perjuicios en nombre de la “comunidad de heridos”. En la práctica , estas leyes se utilizan principalmente para procesar a presuntos “antisemitas” o “negacionistas” de la Shoah. A pesar de que con frecuencia estas demandas no son aceptadas en los tribunales, constituyen actos de acoso e intimidación. Francia es un extraño país donde el movimiento BDS ( boicot, desinversión, sanciones ) contra las prácticas israelíes de asentamientos en territorio palestino también puede ser considerado” incitación al odio racial”.

La Liga de Defensa Judía, muy proclive a la violencia, prohibida en Estados Unidos e incluso en Israel, es conocida por romper escaparates de librerías o golpear a personas aisladas, incluso de avanzada edad. Cuando son identificados, el vuelo a Israel es una buena manera de escapar . Las víctimas de la JDL no logran inspirar algo parecido a la indignación pública masiva, habitual cuando un judío es víctima de violencia gratuita. Mientras tanto, los políticos acuden a la cena anual del CRIF con el mismo celo que en los Estados Unidos acuden a la cena del AIPAC – no tanto por los fondos de campaña sino para demostrar sus sentimientos correctos .

Francia tiene la mayor población judía de Europa Occidental, que pudo escapar en gran parte a la deportación durante la ocupación alemana, que trasladó a los inmigrantes judíos hacia campos de concentración. Además de una antigua y bien establecida población judía, hay muchos recién llegados del norte de África. Todo esto se suma a una población exitosa y muy dinámico, numerosos en las profesiones más populares y visibles ( periodismo, show business, así como la ciencia y la medicina entre otros) .

De todos los partidos franceses, el Partido Socialista (sobre todo vía el Partido Laborista israelí de Shimon Peres, presente en la Internacional Socialista ) tiene históricamente los más estrechos lazos con Israel. En la década de 1950, cuando Francia estaba luchando contra el movimiento de liberación nacional de Argelia, el gobierno francés (a través de Peres ) contribuyó al proyecto israelí de construcción de armas nucleares. Hoy no es el Partido Laborista el que gobierna Israel, pero si la extrema derecha. En un reciente y agradable viaje, Hollande le demostró a Benjamin Netanyahu que el giro a la derecha en la política en Israel no ha tensado para nada las relaciones -que parecen más cercanas que nunca.

Sin embargo, esta comunidad judía es muy pequeña en comparación con el gran número de inmigrantes árabes del norte de África o inmigrantes negros de las antiguas colonias francesas en África. Hace varios años , un intelectual del Partido Socialista, Pascal Boniface, advirtió con cautela a los líderes de su partido que tan fuerte sesgo a favor de la comunidad judía podría eventualmente causar problemas electorales. Esta declaración, escrita en un documento de evaluación política, causó un alboroto que casi le costó su carrera.

Pero el hecho es que no es difícil para los franceses de origen árabe o africano sentir que el comunitarismo que realmente tiene influencia es el de la comunidad judía.

Los usos políticos del Holocausto

Norman Finkelstein demostró hace algún tiempo que el Holocausto puede ser explotado para propósitos menos nobles: como agandallarse fondos de los bancos suizos. Sin embargo, en Francia la situación es muy diferente. Sin duda, los recordatorios constantes de la Shoah sirven como una especie de protección para Israel ante la hostilidad suscitada por su trato a los palestinos. Pero la religión del Holocausto tiene otro impacto , más profundamente político sin relación directa con el destino de los judíos.

Por sobre todas las cosas, Auschwitz se ha interpretado como el símbolo de la senda a dónde lleva el nacionalismo. La referencia a Auschwitz sirve para dar mala conciencia a Europa, y en particular a los franceses, al considerar que su papel relativamente pequeño en la materia fue el resultado de la derrota militar y la ocupación por la Alemania nazi . Bernard-Henri Lévy , el escritor cuya influencia ha crecido hasta proporciones grotescas en los últimos años ( llevó al presidente Sarkozy a la guerra contra Libia) , comenzó su carrera como ideólogo al afirmar que ” el fascismo” es la ” ideología francesa” genuina. La culpa , la culpa, la culpa. Mediante la colocación de Auschwitz como el evento más importante de la historia reciente, varios escritores y oradores justifican por defecto el creciente poder de la Unión Europea como el reemplazo necesario para las inherentemente ” malas” naciones de Europa . Nunca más Auschwitz ! Disolver los estados-nación en una burocracia técnica, libre de la influencia emocional de los ciudadanos que podrían votar de forma incorrecta. ¿Se siente usted francés? ¿O alemán? Usted debe sentirse culpable por ello, debido a Auschwitz.

Los europeos son cada vez menos entusiastas acerca de la UE, ya que arruina sus economías y los priva de todo poder democrático sobre la economía. Pueden votar sobre el matrimonio gay pero no pueden hacerlo para apoyar alguna medida keynesiana y mucho mucho menos socialista. Sin embargo, la culpa sobre el pasado se supone que los mantiene leales al sueño europeo .

Los fans de Dieudonné , a juzgar por las fotografías, parecen ser hombres, jóvenes en particular, no tantas mujeres, gentes que en su mayoría oscilan entre los veinte y treinta años de edad . Nacieron dos generaciones después del final de la Segunda Guerra Mundial. Se han pasado sus vidas escuchando sobre la Shoah . Más de 300 escuelas de París llevan una placa conmemorativa de la trágica suerte de los niños judíos deportados a campos de concentración nazis . ¿Cuál puede ser el efecto de todo esto? Para muchos de los que nacieron mucho después de aquellos terribles acontecimientos, parece que todo el mundo debería sentirse culpable – si no por lo que no hicieron, por lo que supuestamente podrían hacer si tuvieran la oportunidad.

Cuando Dieudonné transformó una vieja canción semiracista ” tropical ” , Chaud Cacao, en Shoah Ananas, la melodía fue replicada en masa por los fans de Dieudonné . Me atrevo a pensar que no se están burlando de la Shoah real , sino más bien del constante recordatorio de un asunto sobre el cual se supone deberían sentirse culpables, insignificantes y desolados.

Gran parte de esta generación está harta de escuchar sobre el período 1933-1945, mientras que su propio futuro se desvanece.

Nadie sabe cuándo poner un alto

El domingo pasado, un jugador de fútbol famoso de origen afrobelga, Nicolas Anelka , que juega en el Reino Unido, hizo una quenelle tras marcar un gol – en solidaridad con este amigo Dieudonné M’Bala M’Bala. Con este gesto simple y básicamente insignificante, el alboroto se elevó a nuevas alturas.Meyer Habib representante de los franceses de Ultramar en el parlamento francés -unos 4.000 israelíes de origen francés tuiteó el lunes: ”¡La quenelle de Anelka es intolerable ! Voy a presentar un proyecto de ley para castigar a este nuevo saludo nazi practicado por los antisemitas”.

Francia ha adoptado leyes para castigar el antisemitismo. El resultado es contraproducente. Tales medidas sólo tienden a confirmar la vieja idea que ” los judíos gobiernan el país”, y contribuyen a un creciente antisemitismo. Cuando la juventud francesa observa ese intento franco-israelí de prohibir un simple gesto y contempla a la comunidad judía moviéndose para prohibir a su humorista favorito, queda claro que el antisemitismo sólo puede crecer aún más rápidamente.Sin embargo, en esta escalada , la relación de fuerzas es muy desigual. Un humorista tiene como armas sus palabras y sus fans que pueden desaparecer cuando las cosas se pongan rudas . Por otro lado está la ideología dominante y el poder del Estado. En este tipo de enfrentamiento, la paz civil depende de la sabiduría de los que tienen más poder para mostrar moderación. Si ellos no lo hacen, esto va a ser un juego sin ganadores.

Por Oriol Malló
Con información de La Jornada de Oriente

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