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Carmel Hassan: me molestan el paternalismo y la condescendencia

Carmel Hassan, ingeniera informática ©Javier Flores

-ingeniera, mujer, joven y feminista. ¿Lo suyo es la provocación?

Feminista es una palabra casi tabú, pero es una necesidad. Mientras exista el machismo no se puede ser otra cosa.

-Como mujer, el camino de las ingenierías ha debido recorrerlo muy en solitario.

-Fue sorprenderme ver cómo cada vez había menos mujeres. En realidad uno normaliza mucho su situación, no piensa que sea un problema ser mujer hasta que entras en una clase, apenas hay chicas y empiezas a recibir un trato diferente.

-¿Cómo de diferente?

-Paternalista, condescendiente…

-¿Molesta?

-Al principio crees que es normal, pero luego te haces mayor y, sí, molesta. Te dices, pero si estoy igual de preparada, ¿por qué me tengo que sentir más insegura que un compañero?

-¿También en la empresa?

-También hay paternalismo y condescendencia, pero sobre todo son los comportamientos, los comentarios y las conversaciones. Al crearse más dominancia masculina las conversaciones se tornan en charlas de bar… Aunque también soy optimista y creo que las cosas están cambiando.

-Usted ha escrito: «No hay leyes que nos discriminen y mi generación contó afortunadamente con las mismas oportunidades de acceso a la educación sin distinción de género». ¿Entonces?

-La cultura y la sociedad tienen que cambiar para que la igualdad sea real. Ninguna ley te dice que no puedes acceder a un trabajo o estudiar, pero luego no existen los mecanismos para que sea así de hecho y cuando no hay transparencia los prejuicios y los estereotipos dirigen las decisiones.

-¿Por qué creó Yes we tech?

-Tenía interés en conocer la comunidad de mujeres en tecnología en Málaga y saber si podíamos unir fuerzas para ser más activas en la actividad tecnológica en la ciudad. La idea era crear una comunidad feminista, reivindicar que se eviten lenguajes y situaciones machistas en el sector de la tecnología, y trabajar en formación.

-¿Cuántas son?

-Tenemos un canal de Slack en el que estamos 39 y un meetup donde somos más de 300.

-¡Muchas!

-Sí.

-¿Poco visibles?

-Al menos no lo suficiente. Yes we tech quiere darles visibilidad y ver los roles profesionales que ejercemos.

-¿Qué teme?

-Mujeres programadoras hay pocas y son estos perfiles los que se valoran más. Las mujeres estamos mucho más en la parte visible del software, en tecnologías de la información, en diseño o en calidad. No es bueno ni malo, pero curiosamente se valoran más los puestos donde están los hombres.

-¿Por qué tan pocas mujeres estudian ingenierías?

-A medida que avanzas en los estudios hay menos mujeres. Cuando tienes que decidir con 16 años el tipo de bachillerato a estudiar hay tendencia a seguir a la masa, al grupo de amigos y amigas para no sentirte sola.

-¿Faltan modelos?

-También. La publicidad, el cine y la televisión han creado personajes relacionados con la tecnología con los que no se identifican las chicas, y en los libros de clase no aparece ninguna mujer destacada en ciencia o tecnología.

-¿Es difícil hacer carrera profesional?

-Hasta cierto punto no, pero sí a la hora de entrar en las redes de contactos que se crean a través de los eventos en los que se mueven las empresas tecnológicas.

-¿Por qué?

-Creo que es casi psicología grupal. Vas a un evento y a lo mejor te vuelves a encontrar sola. Interactuar con la gente es más complicado cuando los hombres se sienten más cómodos hablando entre ellos y parece que hablar con las dos únicas mujeres de la sala va a ser raro.

-¿Una ingeniera tiene que demostrar constantemente lo buena que es?

-No siempre pero sí a lo mejor a la hora de tomar decisiones, ver quién promociona o cómo se valora tu trabajo en público. Las cosas son muy sutiles, depende mucho de la cultura de los jefes y jefas, de la cultura de promoción y de la transparencia. Cuanta más transparencia mejor, se evitan sutilezas y endogamias. La falta de transparencia siempre perjudica a las mujeres porque es muy difícil demostrar que alguien no promociona porque es mujer.

-¿Cree en las cuotas?

-La discriminación positiva ayuda a resolver situaciones de desigualdad. En tecnología se parte de una cultura machista y puede ser una solución porque fuerza una situación de conciencia, de anormalidad y de necesidad de cambiar los métodos para buscar talento y garantizar la transparencia.

-¿Faltan emprendedoras en tecnología?

-He conocido pocas. Desde luego cualquier mujer necesita el apoyo de la familia para dar ese paso porque emprender significa invertir tiempo, corazón y seguramente dinero y no es una decisión de una persona sola, necesita que la pareja apoye esa iniciativa.


Hija de un refugiado

Carmel Hassan (Granada, 1987) confiesa que ha tenido mucha suerte. De pequeña tuvo a su alcance el ordenador de sus hermanos mayores, que despertó su curiosidad por una profesión que no conoce fronteras porque se aplica «de la medicina al arte», es innovadora y circula a velocidades de vértigo. Hija de un refugiado palestino «del 48«, enfatiza para subrayar aquella generación que tuvo que abandonar su tierra tras la guerra árabe-israelí, confiesa que sufre con proximidad e intensidad la «indignante y tristísima» situación de los refugiados. «Es revivir una y otra vez…».


Por Encarna Maldonado
Con información del Diario de Sevilla

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El feminismo islámico es una redundancia, el islam es igualitario

Sirin Adlbi Sibai, autora de ‘La cárcel del feminismo’, fotografiada en Madrid el lunes ©Carlos Rosillo

La granadina Sirin Adlbi Sibai acaba de publicar ‘La cárcel del feminismo’, una reflexión sobre las mujeres musulmanas y el patriarcado.

La escritora Sirin Adlbi Sibai (Granada, 1982) acaba de publicar un libro con el provocativo título de La cárcel del feminismo (Akal). El ensayo surgió como respuesta a la pregunta de un profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, que le espetó a la granadina: «¿Para qué una mujer musulmana con hiyab [pañuelo] hace una tesis doctoral?». La respuesta de Adlbi fueron diez años de trabajo investigador sobre el Islam, las mujeres y el feminismo (en España y Marruecos) que se concretan ahora en el volumen. Su tesis es que el feminismo incluye una colonización cultural, por lo que aboga por superar ese concepto para llegar a lo que denomina el pensamiento islámico decolonial. La autora, hija de exiliados sirios en España que llegaron a finales de los años 70, ha vivido la mayor parte de su vida en Madrid, donde responde a esta entrevista. El 6 de febrero presenta su libro en la Casa del Libro de Gran Vía (Madrid) y el 7 de febrero lo hará en Casa Árabe de la capital.


Pregunta. ¿Qué es para usted el feminismo?

Respuesta. Un movimiento que aboga por los derechos de las mujeres y lucha contra la situación de desigualdad, y por la igualdad de hombres y mujeres, es decir, por la igualdad de todos.

P. ¿Por qué cree que en el feminismo hay una cierta colonización cultural?

R. Porque el feminismo hegemónico ha estado imponiendo una serie de discursos, ha ido dirigido hacia un sujeto determinado, que son las mujeres blancas, occidentales, burguesas… como ya dijo Chandra Talpade Mohanty, este tipo de feminismo ha excluido a todas esas mujeres del llamado tercer mundo, por lo que parte de una exclusión, es decir, pide la igualdad de los hombres y las mujeres occidentales y nunca ha incluido a las mujeres de otras culturas o civilizaciones.

P. ¿En qué se traduce esta visión?

R. Eso se ve claramente en los discursos sobre las mujeres musulmanas, claramente racistas e islamófobos, donde se representa lo que en mi libro denomino “la mujer musulmana con hiyab” como un mero objeto de estudio, nunca como un sujeto en sí misma. Se representa a la mujer musulmana como subdesarrollada, analfabeta, pasiva, sexualmente reprimida, etcétera. La construcción de esta mujer como objeto pasivo es la que nos conduce a la posibilidad de construir los discursos del oximorón, es decir, la supuesta incompatibilidad entre feminismo e Islam y la negación del feminismo islámico. Y nos lleva, además, a ver el Islam como una religión opresiva, antidemocrática y contraria a los derechos de las mujeres. Esa visión, en suma, responde a las agendas coloniales. Por ejemplo, cuando EE UU invadió Irak dijo que se disponía a liberar a las mujeres iraquíes. La cuestión de las mujeres es trasversal a toda esa construcción del Islam que esconde los intereses geopolíticos de Occidente respecto a los países de mayoría de población musulmana. Además, esa visión puede llevar a pensar que ya está todo hecho en el campo de la igualdad en Occidente, y eso no es cierto, aquí también hay que luchar contra el patriarcado.



P. El tema del velo ha estado presente en el feminismo árabe. Wassyla Tanzali, una feminista argelina, dijo en diciembre que “ser feminista es incompatible con llevar velo”.

R. En mi opinión, Wassyla Tanzali es una persona profundamente colonial y sus discursos son islamófobos. Tanzali, como otras feministas, ha mantenido una tesis de que el Corán es incompatible con el feminismo. Pero cualquier persona que tenga un conocimiento básico del árabe y del Islam sabe que eso no es cierto. Respecto a la cuestión del hiyab, hay que decir que se ha utilizado muchas veces en Occidente para esconder agendas sociopolíticas coloniales, mientras que en sectores patriarcales de las sociedades islámica se ha pretendido secuestrar. Tantos unos como otros, los que lo quieren vetar y los que lo quieren imponer, debemos comprender el significado del hiyab: muchas mujeres musulmanas entendemos el hiyab desde una espiritualidad determinada, y le damos un significado liberatorio.

P. Pero las propias feministas árabes también se han rebelado contra la imposición del velo a las mujeres. Pienso por ejemplo en Huda Saharawi quitándose el velo a su llegada a El Cairo, en 1924.

R. Huda Saharawi se quitó el velo que cubre la cara por completo, no el hiyab [que sólo cubre el pelo], y eso simbolizaba una lectura totalmente nueva. Los musulmanes somos más de 1.600 millones de personas, hay diferentes visiones sobre cómo llevarlo a la práctica, diferentes lenguas y culturas. La mayoría de los discursos sobre el islam, lo primero que hacen es homogeneizar ese pluralismo para convertirlo en algo colonizable. Saharawi estaba en un contexto muy diferente donde surge también el pensamiento islámico reformista, que en mi opinión es también colonial, porque utiliza las bases epistemológicas de la modernidad occidentalocéntrica. Y utiliza los binarismos de esta tendencia, modernidad/tradición, islam/secularización… lo que yo denomino en mi libro la cárcel epistemológica existencial.

P. ¿Qué peligros entraña esta “cárcel”?

R. Que invisibilicemos las voces plurales de las mujeres musulmanas, porque quién tiene derecho a decir que las mujeres que hablamos de los derechos de las mujeres en el islam no tenemos derecho a hacer nuestras propias lecturas. Esa visión es profundamente sexista, y da por hecho que los sectores patriarcales del mundo islámico son los que tienen el monopolio de la interpretación del islam. La cárcel epistemológica-existencial nos dice de qué temas se puede hablar y quién puede hablar. Eso tiene un objetivo, la creación de un sujeto: el hombre blanco occidental capitalista y patriarcal. Cualquier expresión que se salga de esta construcción de la normalidad foucaultiana es silenciada por el sistema.

P. En cualquier caso, este debate solo se puede plantear en países en los que existe libertad religiosa.

R. Los casos donde se exige una determinada vestimenta a las mujeres son Arabia Saudí e Irán. Pero los musulmanes somos 1.600 millones. No se habla de los otros casos. Hasta hace poco, en Turquía las mujeres no podían ir con hiyab a la universidad, y tampoco en Túnez.

P. No se puede negar que el patriarcado también existe en los países árabes y musulmanes.

R. Yo no niego que existan unas estructura patriarcales brutales en las sociedades de mayoría árabe y musulmana. Pero hay que analizar en profundidad la realidad sociopolítica: no se puede decir que las situaciones de machismo son intrínsecas a las sociedades musulmanas, porque eso es racista. En este análisis, sostengo que no podemos comprender el patriarcado en las sociedades musulmanas sin comprender antes cómo la colonización ha colonizado el patriarcado. Fátima Mernissi en El harén en occidente dice que tenemos diferentes tipos de patriarcado en todas las sociedades, que mientras en las sociedades occidentales el patriarcado se mueve en términos temporales, en las sociedades árabes se mueve en términos espaciales. Lo que yo digo es que Mernissi no ha tenido en cuenta el proceso de colonización del patriarcado occidental sobre el resto de patriarcados en todo el mundo. Y lo que ha hecho el patriarcado occidental ha sido reforzar las estructuras patriarcales de las sociedades colonizadas.

P. Los medios de comunicación pagados por Irán y Arabia Saudí están imponiendo una visión del islam más extremista.

R. Por eso necesitamos un pensamiento islámico decolonial, como el que yo propongo. Un pensamiento que haga un trabajo múltiple de desnudar los discursos coloniales, y también los discursos patriarcales que llegan de Irán y Arabia Saudí, que tienen lecturas reaccionarias del islam. En mi opinión, estas lecturas son la otra cara del capitalismo neoliberal, forman parte del mismo sistema neoliberal que produce fundamentalismos en todos los niveles. (El presidente de EE UU, Donald) Trump no es un antisistema, es el sistema al desnudo.

La autora ante los Teatros del Canal  C. Rosillo

P. ¿Por qué no se considera usted feminista islámica?

R. Me defino como pensadora musulmana decolonial. Si bien comparto muchas de las producciones de las feministas islámicas, no utilizo esta denominación porque considero que es una redundancia hablar de feminismo islámico: el islam es igualitario de todos los seres humanos y defiende los derechos de todos. El islam no es una religión, la religión es un concepto colonial a través del cual se ha ido construyendo la realidad. Para mí, es una forma de ser, de estar en el mundo.

P. Algunos pasajes del Corán son patriarcales: “los hombres son prominentes sobre las mujeres […] y de aquellas que teméis sus extravíos, rehuilas en el lecho y golpeadlas” ¿Cómo encajan con su visión igualitaria de esta civilización?

R. En lo referente a estas aleyas (versículos), hombres y mujeres han revisado las traducciones que se han hecho y han demostrado cómo estas interpretaciones son falsas, hechas por hombres sexistas. En las ciencias islámicas se entiende un concepto según cómo se emplea en el conjunto del Corán, y en todo el Corán el verbo “daraba” se utiliza como “alejarse” o “alejarlas” ¿Por qué específicamente aquí tiene que ser “golpeadlas”? Eso es legitimar una lectura patriarcal. Si se hace una lectura seria del Corán en árabe no se puede extraer que sea un libro patriarcal, sino que es claramente igualitario. No existe ninguna aleya que vaya contra las mujeres.

P. ¿Y qué me dice de la poligamia, permitida solo para hombres?

R. El Corán tiene algunas aleyas que fueron reveladas para todo tiempo y lugar, y otras que tienen una interpretación más abierta, y hay que interpretarlas en el tiempo que estamos. Obviamente, la sociedad árabe del año 622 no es la sociedad contemporánea, ni España es la Península Arábiga de entonces.



P. En su libro habla de feminismos alternativos. ¿A cuáles se refiere?

R. Los feminismos chicanos, los negros, los islámicos. De todos ellos se aprende que no podemos entender la situación de todas las mujeres basándonos tan solo en el género, porque también influyen la raza, la civilización, la clase social.

P. Llama la atención en el debate público que muy pocas veces se dé voz a las mujeres musulmanas.

R. Se habla sobre las mujeres musulmanas, pero no se las deja hablar. Y, si hablan, sus discursos son reinterpretados, es decir, no dejamos que digan lo que quieren decir, sino lo que queremos escuchar.

P. ¿Qué opina usted sobre la prohibición del burkini en algunos lugares de Europa?

R. Entra dentro de lo que Ángeles Ramírez llama “La trampa del velo”, es decir, una excusa para tener el control patriarcal de los cuerpos de las mujeres, tanto para imponer que se vistan como que se desnuden. Lo destacable es que todo esto entra en las agendas sociopolíticas de cómo se está tratando con el islam y con los musulmanes en Occidente. Hay una deriva fascista que está llegando a su apogeo con Trump que asusta mucho. Nos estamos dirigiendo a un Holocausto musulmán. Es realmente terrible. Yo abogo por la libertad de las mujeres y hombres de vestirse como les dé la gana.

P.¿Y qué deberíamos hacer con países como Arabia Saudí, que imponen esta vestimenta?

R. Deberíamos dejar de apoyar y venderles armas a dictaduras, sin ninguna duda. Tanto a Arabia Saudí como a la dictadura siria. La situación de las mujeres empeora en el contexto de dictaduras, donde no hay libertades en general.

P. El título La cárcel del feminismo es muy provocador. ¿Qué busca provocar?

R. El debate, que nos cuestionemos el orden de las cosas, los conceptos que utilizamos, un shock para sacudir estos discursos que parten de una base racista e islamófoba y que nos cuestionemos el lugar desde el que hablamos y cómo hablamos.

P. El Orientalismo, esa determinada visión de ver a Oriente de la que hablaba Edward Said, afecta a las sociedades islámica. ¿Por qué cree que afecta más a las mujeres que a los hombres?

R. Porque el sistema es intrínsecamente patriarcal y sexista. Por eso digo que no hace falta que hablemos de islamofobia de género, con decir islamofobia ya se entiende que es patriarcal. Porque todos los dispositivos del poder que construyen esta islamofobia actúan desde estructuras también machistas y patriarcales: por ejemplo, se construye a esa “mujer musulmana con hiyab” para representar a los millones de mujeres musulmanas. Y porque la visibilidad del hiyab afecta más a las mujeres que a los hombres.

P. ¿Y qué piensa sobre la eterna cuestión de si se puede compatibilizar islam y democracia?

R. Hay que trascender ya estos discursos, porque parten de unos planteamientos de racismo cultural y epistemológico. Hay que trascender estos discursos para llegar a un pensamiento islámico decolonial, tenemos muchas civilizaciones y es racista pensar que solo podemos articular un proyecto progresista o igualitario desde la sociedad occidental. El capitalismo occidental ha destrozado el mundo, se ha cargado la naturaleza y ha sido injusto con las mujeres. Otras tradiciones son respetuosas con la naturaleza y con todos los seres humanos y tienen derecho a pensar desde sus términos, sus conceptos y su visión del mundo.


Por Miguel Ángel Medina
Con información de El País

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Amina Sboui,la tunecina que escandalizó al mundo árabe

Versión cortada de la foto que causó la controversia ©AminaSboui 
Versión cortada de la foto que causó la controversia ©AminaSboui

El 8 de marzo de 2013 Amina Sboui se tomó una fotografía, la subió a Facebook, respiró profundo y pulsó el botón de compartir. Ella estaba tranquilamente en casa de sus abuelos en la capital de Túnez, pero en las redes se gestaba el escándalo. En la imagen se veía a Amina, una feminista de entonces 18 años, recostada en un sofá de cuero mientras leía un libro y fumaba un cigarrillo. Tenía los labios pintados de rojo, los ojos delineados de negro, y estaba desnuda de cintura para arriba. En su torso había escrito en árabe: «Mi cuerpo me pertenece y no es la honra de nadie».

Los comentarios no se hicieron esperar. A la hora de haber compartido la foto, ya tenía casi mil. Y Amina entró en pánico. Había previsto el acoso, la misoginia, incluso las amenazas de muerte. Pero en lo que no había pensado era en algo que hoy parece inevitable: que su madre se enteraría.

Exorcismo

Así que tomó una decisión drástica: apagó la computadora y se fue de casa. Su madre la encontró seis días después, escondida en la casa de una amiga, en el centro de Túnez. La agarró y la metió en un coche que la llevaría a Kairuán, en el sur, donde tenía una hermana. Con ella pasaría las siguientes tres semanas, encerrada en la casa familiar. Incapaz de encontrarle una explicación racional al comportamiento de su hija, la madre concluyó que había sido poseída por el diablo. Y Kairuán era un buen lugar para buscarle solución a eso, pensó.

La ciudad, también llamada Kirwan or al Qayrawan, además de ser patrimonio de la humanidad declarada por la Unesco, es uno de los más antiguos centros del Islam en el norte de África.

Así que no fue difícil encontrar entre sus clérigos a un hombre que decía ser un experto en exorcismos. Amina recuerda cómo el hombre llegaba a la casa día tras día, le posaba las manos sobre la cabeza y recitaba pasajes del Corán. También le preguntaba si había vomitado bilis. Cuando el celular del exorcista sonaba durante la ceremonia, lo interpretaba como la prueba de que había un demonio en la habitación. «Que tu teléfono suene, es la prueba de que alguien te llama», le aclaraba la joven.

Femen

A mediados de abril, con la esperanza de que Amina se había curado de su locura y que su vida ya no corría peligro, su familia la dejó volver a la capital. Pensaban que lo peor había pasado. Pero pronto se dieron cuenta del error.

Un mes después, Amina regresó a Kairuán no para visitar a su tía, sino para protestar por una reunión que había planeado Ansar al Sharia, una organización islamista radical que surgió durante la revolución tunecina de 2011. En la puerta de un cementerio no lejos de la gran mezquita de Kairuán, Amina garabateó la palabra Femen, que es el nombre de un colectivo feminista europeo cuya sede está en París. Las manifestaciones de las integrantes de ese grupo son famosas por sus topless. De hecho, esas protestas inspiraron su propio acto de desafío. Inmediatamente fue arrestada y acusada primero de cargar un spray de pimienta y posteriormente de indecencia y de profanar un cementerio. El juicio a Amina remarcó aún más una línea que ha dividido la sociedad tunecina por décadas.

El país está entre los lugares más progresistas en el mundo árabe y había muchos ciudadanos, entre ellos activistas de derechos humanos, secularistas, feministas, que estaban dispuestos a defender su derecho a protestar incluso si no estaban de acuerdo con sus métodos.

Otras voces liberales, incluyendo algunas de las feministas más populares, condenaron a Amina. Su argumento era que sus acciones representaban un retroceso para los derechos de las mujeres al convertir lo que era una lucha social y política en una guerra divisiva imposible de ganar entre la fe y la cultura.

Pero hubo voces que hablaron aún más alto: los islamistas que se reunieron afuera del tribunal en Kairuán, quienes pedían que Amina fuese azotada o apedreada hasta la muerte.

Una manifestación en Túnez contra Amina Sbou y Femen ©bbc
Una manifestación en Túnez contra Amina Sbou y Femen ©bbc

«Déjennos solas»

En mayo, una situación que ya era volátil fue exacerbada cuando tres activistas de Femen, de nacionalidades europeas, fueron arrestadas cuando protestaban fuera del Ministerio de Justicia en Tunicia.

Maya Jribi, una política tunecina y una defensora de los derechos de las mujeres, deploró el uso de las tácticas de Femen en el contexto de un país como Túnez. «Por favor, déjennos solas», indicó. «Ustedes están poniendo en riesgo todo por lo que hemos luchado».

Tras un mes, las manifestantes fueron dejadas en libertad y regresaron a París.

A inicios de agosto, después de dos meses que fuese declarada culpable de tener un spray de pimienta y de que fuera encarcelada, Amina fue puesta en libertad. Todavía recibía amenazas de muerte pero quería terminar su educación. Decidió irse a Francia.

Muchos tunecinos estuvieron complacidos al verla partir.

Ahora, después de dos años de estar en París, Amina ha regresado y está lista para lanzar una nueva revistas feminista. En Francia, completó la secundaria, se hizo varios tatuajes y coescribió su autobiografía que fue publicada en París con el título: «Mi cuerpo me pertenece». En el título y en el libro, Amina enfatizó la idea que había tratado de expresar con la fotografía original: cuando el cuerpo femenino es visto como el repositorio del honor de la familia o como una fuente de su vergüenza, se convierte inmediatamente en una posesión que debe ser tenida y resguardada por los hombres.

La demanda masculina por la modestia femenina, argumentó, es implícitamente respaldada por la amenaza de la violencia. Los llamados «asesinatos de honor» son todavía endémicos en África del Norte y el Medio Oriente y son la más extrema manifestación de esa amenaza. «Se habla de la gente que muere por el consumo de alcohol, de cigarrillos, de drogas», Amina señala. «Pero también hay muertes de honor. No tenemos estadísticas, pero estoy segura que son enormes».

Una revista

Durante gran parte de su tiempo en París, Amina se quedó en la casa de la familia del escritor y editor francés Michel Sitbon y ha sido gracias a su apoyo financiero que ha podido empezar a trabajar en su nuevo proyecto.

Amina subrayó la necesidad de que las ideas seculares de los gobernantes de Túnez se vean reflejadas en la prensa popular ©bbc
Amina subrayó la necesidad de que las ideas seculares de los gobernantes de Túnez se vean reflejadas en la prensa popular ©bbc

Amina describe la publicación, que empezará a circular en enero de 2016, como una «revista femenina feminista (…) maquillaje, moda, cocina, pero también vamos a hablar de libros, sobre el aborto, la homosexualidad, los refugiados, el secularismo… Intentaremos que las mujeres nos vean como algo interesante».

La revista se llamará Farida, un nombre de mujer que significa «única» en árabe pero que también le evoca la palabra inglesa «freedom» (libertad). Será escrita solo en árabe y tiene como objetivo llegar a las mujeres de entre 15 y 25 años.

Farida se inspiró en una publicación llamada Faiza, que fue publicada en Túnez en 1958 por una periodista y editora llamada Dorra Bouzid. Ahora con 80 años, Bouzid todavía es activa en Túnez y estaba planeando colaborar con Amina hasta que se pelearon. Sea cual sea la razón de sus desacuerdos, Amina reconoce su deuda con una feminista mayor y ve paralelismos entre las necesidades de las tunecinas de hoy en día y las luchas de una generación anterior.

Cuando Bouzid publicó Faiza, Túnez era un país estrenando independencia y su primer presidente, Habib Bourguiba, había pasado una serie de leyes que le daban nuevos y sin precedentes derechos a las mujeres en ese país. La poligamia había sido declarada ilegal y el divorcio había sido legalizado. El matrimonio no podía efectuarse si no existía el consentimiento de la mujer.

Había una necesidad urgente, Amina señala, de que las ideas seculares de los gobernantes de Túnez se vieran reflejadas en la prensa popular y que se tradujeran en la cultura de la vida diaria.

Miedo

Faiza, la primera revista femenina publicada en árabe, era parte de ese movimiento. Y Farida, (Amina espera), tomará los mismos valores progresivos y seculares para una generación de jóvenes que han crecido en el clima intensamente religioso y conservador de Túnez del siglo XXI.

La hostilidad hacia las formas fundamentalistas es el hilo que une las protestastopless de Amina con su trabajo como escritora y editora.

Un primer borrador de la revista. Desde que fue diseñada, el nombre de la publicación ha cambiado de Faiza a Farida ©bbc
Un primer borrador de la revista. Desde que fue diseñada, el nombre de la publicación ha cambiado de Faiza a Farida ©bbc

No se arrepiente de la provocación incendiaria de las fotos con los senos descubiertos, pero quiere enfocar su atención en «algo que todo el mundo pueda entender». Farida, dice, «será más madura que provocativa. No es como ‘Amina, la activista’. Es otra personalidad».

La controversia que Amina desató en 2013 no se ha extinguido aún. En las calles de Túnez e incluso en la pintoresca localidad de Sidi Bou Said, donde ahora vive, la apariencia de Amina en la calle provoca insultos, abuso y miradas de incredulidad.

Túnez podría estar entre las naciones más liberales de África del Norte, pero se mantiene como un país predominantemente islámico y tradicional, un lugar en el que el cabello azul, los piercings y los tatuajes de Amina representan un choque con las fuerzas de poder.

Las amenazas de muerte no han desparecido en su totalidad. Pero si Amina tiene miedo, no lo demuestra. Son los que odian, dice, quienes están realmente asustados. «Veo personas a quienes les asustan las mujeres», señala. «Están tratando de hacer lo que sea para que no podamos abrir nuestras bocas porque sienten el peligro que representa una mujer».

Por Daniel Silas Adamson
Con información de BBC

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Marruecos,mujeres en lucha

Una joven marroquí camina con su hijo en la explanada de la Mezquita Hassan II, en Casablanca ©Zahida Membrado
Una joven marroquí camina con su hijo en la explanada de la Mezquita Hassan II, en Casablanca ©Zahida Membrado

Cubierta de los pies a la cabeza, la única parte visible del cuerpo de Saadia, además de las manos, es el óvalo de la cara que deja al descubierto un hijab marrón. Durante 17 años de matrimonio, solo recibió de su marido, impotente, maltrato físico y psicológico. «Era su manera de aliviar su frustración», explica la mujer. Acudió varias veces a la policía, pero siempre en vano. Una noche, él le mordió tan fuerte en la pierna que tuvo que ser atendida de urgencia en el hospital. Tras ese enésimo episodio de violencia, Saadia decidió acudir en busca de ayuda a la Asociación Democrática de las Mujeres de Marruecos (ADFM), una organización dedicada desde 1985 a luchar por los derechos de la mujer en Marruecos, la igualdad de género ante la ley y contra los abusos de todo tipo hacia el sexo femenino.

En Marruecos no existen centros públicos para mujeres maltratadas. Las víctimas de la violencia de género se ven abocadas a un doble calvario: el del hogar, provocado por el agresor, y el de la soledad, más cruel si cabe, porque destruye cualquier esperanza de salir del infierno y sumerge a la mujer en una profunda depresión. «Un día estaba mirando la televisión y vi que entrevistaban a una mujer que hablaba de un lugar para maltratadas. No lo pensé y fui».

El que alberga la ADFM, llamado Nejma, es uno de los pocos centros de estas características que hay en el país, y funciona con ayudas privadas. En él, las víctimas de violencia de género encuentran apoyo moral y asesoramiento jurídico para llevar adelante una demanda de divorcio, que suele convertirse en un peregrinaje burocrático eterno y lleno de atropellos. «Otra forma de violencia», lamenta Saadia. Con la ayuda de la ADFM, denunció a su marido y le llevó a los tribunales. Sin embargo, «durante la vista el juez le comunicó que si negaba los hechos sobre el Corán, dado que yo no había podido llevar testigos, quedaría libre de toda acusación», cuenta esta víctima. Y libre quedó. «Él negó los hechos, aseguró que siempre me había pasado la pensión y que jamás me había pegado». Desde 2009, la asociación lucha para que se haga justicia y Saadia vea compensado el daño físico y moral causado, que en su caso se ha visto agravado al no haber podido ser madre debido a la incapacidad sexual de su maltratador.

Fouzia Yassine es coordinadora del Nejma y una de las máximas responsables de la ADFM. «Las asociaciones civiles somos las únicas que hemos luchado para cambiar el Código del Estatuto de la Familia, redactado por primera vez en 1957 e inspirado en la Sharia», recalca. El Código del Estatuto de la Familia es un conjunto de artículos que regula la vida privada de los marroquíes y establece cómo deben desarrollarse las relaciones conyugales, el rol que debe desempeñar la mujer en la familia y en la sociedad, sus derechos y deberes como madre y esposa, las condiciones para la poligamia, los matrimonios con menores o el repudio de la mujer.

«En su redactado inicial y hasta la primera reforma, que llegó en los noventa, mantenía a la mujer bajo de la tutela de un hombre, permitía la poligamia sin informar previamente a la esposa del deseo del varón de contraer un nuevo matrimonio y consentía el acto de repudio sin justificación», explica Fouzia, y añade: «En lo que no se ha avanzado en absoluto es en la cuestión de la herencia, puesto que las mujeres marroquíes seguimos heredado —tal como establece el Corán— la mitad que los hombres».

Estas dos mujeres, de la misma familia, nunca han tenido una cuenta de correo ni usado las redes sociales. Son analfabetas digitales ©Zahida Membrado
Estas dos mujeres, de la misma familia, nunca han tenido una cuenta de correo ni usado las redes sociales. Son analfabetas digitales ©Zahida Membrado

Asociaciones como ADFM llevan años liderando la batalla de la sociedad civil para cambiar algunos artículos de este código, que perpetúan la discriminación contra la mujer. La primera reforma importante se alcanzó en 1993 y gracias a ella las mujeres pueden moverse libremente, sin el permiso o la compañía de un hombre. También tienen derecho a solicitar el divorcio sin tener que ofrecer explicaciones al juez.

Los avances en los derechos femeninos logrados en la historia reciente de Marruecos, desde finales del siglo pasado hasta hoy, convierten al país en una excepción en la región. Ningún otro estado musulmán del norte de África cuenta con un tejido asociativo dedicado a la defensa de la mujer tan activo y eficaz. Junto con la ADFM, la Unión de la Acción Femenina (UAF) y la Liga Democrática por los Derechos de las Mujeres (LDDF) actúan de manera coordinada para presentar propuestas en el Parlamento y sus demandas son escuchadas por el Rey, Mohamed VI. Sin embargo, pese a los avances, la igualdad de hecho entre el hombre y la mujer que recoge la nueva Constitución marroquí no es efectiva en la vida real. «Éste es nuestro gran caballo de batalla: conseguir que los jueces apliquen la nueva legislación», asevera.

Hanane, quien durante el relato de Saadia ha asentido en numerosas ocasiones identificando su padecimiento como propio, denunció a su marido tras expulsarla de casa con sus cuatro hijos, uno de ellos discapacitado, y privarla de alimento. Tras un largo periplo, logró sentar a su marido en el banquillo, pero, de nuevo, el juez ofreció al hombre jurar ante el Corán la veracidad de su testimonio. «Él lo negó todo y se fue del juzgado tal como había llegado”», cuenta esta mujer, sin empleo y a cargo de los menores.

«Exigimos que deje de utilizarse esta práctica en los tribunales, que apela a la conciencia y a la moral del sujeto, y nada tiene que ver con la justicia», arguye la líder feminista. No fue hasta la siguiente citación judicial, tras más palizas y más denuncias, cuando pudo demostrar los abusos que había sufrido. En estos momentos, Hanane destina todos sus esfuerzos a luchar por una pensión que le permita sobrevivir a ella y a sus hijos.

«La legislación marroquí ha avanzado mucho hacia la igualdad y la protección de la mujer, pero la equidad efectiva no existe. Tanto el código penal como el código civil y el de trabajo son discriminatorios», puntualiza. Y recuerda que, hace tan solo unos años, la presión ejercida por la asociación, sindicatos y algunas oenegés logró que se tipificara como delito grave el acoso sexual en el entorno laboral, tras las denuncias presentadas por las trabajadoras del sector textil, sometidas a constantes abusos.

«La Constitución habla de igualdad entre hombres y mujeres, contempla mecanismos a favor de la paridad y la lucha contra la discriminación, pero el Gobierno (islamista) de Abdelilah Benkirane no hace nada para armonizar las leyes y la legislación con la Constitución. La Constitución en este aspecto es papel mojado. Cuando el Gobierno aprueba reformas, son muy pequeñas e incompletas», lamenta.

A principios del año 2011, Marruecos vivió su Primavera Árabe. ElMovimiento 20 de febrero protagonizó durante meses numerosas protestas en las que se puso de manifiesto el rechazo de una parte muy importante de la población al déficit democrático del sistema político marroquí. Esas manifestaciones, sin embargo, calentaron los ánimos y movilizaron a los sectores sociales contrarios y opuestos a sus demandas. Ello propició que a finales de 2011, el Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), de corte islamista, alcanzara el poder por primera vez en la historia del país. Un cambio de Gobierno que ha tenido consecuencias evidentes en el trato y consideración de la mujer marroquí.

Actualmente, asociaciones feministas de todo el país trabajan conjuntamente para impulsar una reforma «completa y radical» del código penal en los aspectos referidos a la mujer, a la familia y a su rol en la sociedad. Actualmente, una mujer que tiene sexo fuera del matrimonio puede ir a la cárcel por adúltera, y su marido puede repudiarla. Una mujer soltera tampoco puede tener relaciones antes del matrimonio, ni puede alojarse en un hotel sola. La ley prohíbe cualquier relación sexual fuera del matrimonio y considera la homosexualidad un delito.

Según Fouzia, «esta situación ha empeorado con la llegada del PJD al poder. Ahora, hay más vigilancia, más control hacia las mujeres. Poco a poco, las cosas están cambiando. En Marrakesh, por ejemplo, se ha creado una brigada anti vicio destinada a vigilar a las mujeres y a las niñas en los espacios públicos: su vestimenta, sus movimientos, si van acompañadas… El Gobierno actual está bloqueando todas las reformas y esto es muy peligroso. No es exagerado afirmar que en cinco años Marruecos puede ser Irán. Se están produciendo cambios sutiles en la sociedad que llevan a una mayor discriminación».

Sentada en una céntrica cafetería de Rabat, la conocida militante feminista Fatima El Maghnaoui, fundadora de la Unión por la Acción Femenina (UAF) en 1983, disecciona la situación de la mujer marroquí actual. «En una sociedad patriarcal y machista como la marroquí, las mujeres sufrimos una doble discriminación en el ámbito familiar, que posteriormente continúa en el ámbito público con vejaciones en el terreno político, jurídico, económico y social».

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Fouzia Yassine es coordinadora del Nejma y una de las responsables de la ADFM ©Zahida Membrado

Fundadora del primer diario femenino del país, 8 Mars, considera que el mayor problema al que se enfrenta Marruecos en la actualidad es la elevada tasa de analfabetismo. «La ley dice que la educación es obligatoria para todos los niños y niñas, pero la pobreza que golpea gran parte del territorio impide su escolarización. Los niños trabajan para ayudar a sus familias. ¿Cómo una sociedad puede preocuparse por la discriminación que sufren las mujeres, si está ocupada en poder comer todos los días?», se pregunta.

Las estadísticas arrojan que más del 40% de las mujeres marroquíes mayores de 15 años no sabe leer ni escribir. En las zonas rurales, la tasa supera el 50%. Igual que Fouzia, denuncia el empeoramiento de la situación de la mujer tras la llegada de los islamistas al poder. Un ejemplo de este deterioro, señala, es el incremento de los matrimonios con menores. En 2013, 35.152 menores contrajeron matrimonio en Marruecos, según datos aportados por la ADFM.

«El analfabetismo es también una forma de violencia. Pese a los esfuerzos que el Estado reconoce hacer, se avanza muy lentamente. Las leyes pueden cambiar, pero el cambio más difícil debe producirse en la mentalidad de las personas, y sin educación, el progreso es imposible», sentencia.

Por Zahida Membrado
Con información de El País

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