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Nietos de árabes: la generación del retorno

Ballet Ikram: Yamil Mustafa y Cecilia Abuh en el Festival del Día del Inmigrante  ©Gustavo Moisés Azize
Ballet Ikram: Yamil Mustafa y Cecilia Abuh en el Festival del Día del Inmigrante  ©Gustavo Moisés Azize

Hay una cuestión sociológica, que a la segunda generación como somos nosotros nietos árabes, llamamos ‘los del retorno’. Porque la primera generación –hijos de inmigrantes- la mayoría no saben mucho. Nuestros padres no nos enseñaron a bailar, ni a hablar en «árabe”, cuenta Yamil Mustafa. Y aclara que a veces esto se da, porque los inmigrantes que llegaron –algunos para tratar de olvidar la guerra, por nostalgia o principalmente para insertarse en la sociedad argentina- no se lo transmitieron o bien, no con la suficiente fuerza.

María Cecilia Abuh (39) es psicóloga y se desempeña laboralmente en su consultora de Recursos Humanos. Yamil Mustafa (33) es periodista, aunque no ejerce en la actualidad. Viven en Córdoba. Son segunda generación de inmigrantes árabes. Se conocieron en el año 2000, tomando clases de folklore árabe. Tiempo después, junto a otros compañeros, formaron el ballet de danzas árabes Ikram, del cual son directores. Además, Cecilia y Yamil, dictan clases de folklore árabe en la Sociedad Sirio Libanesa de Córdoba.

“En la parte cultural de la colectividad, hay dos ramas: una es la que hacemos nosotros: folklore árabe, enfocado al folklore sirio libanés, ya que la mayoría de los inmigrantes árabes en Argentina tienen esa ascendencia y es la de nuestros orígenes, enseñamos los estilos dabke yabalí, karyee y el raksa. La otra es belly dance, que es la danza del vientre”, cuentan ellos.

©Gustavo Moisés Azize
©Gustavo Moisés Azize

La historia de Yamil

Su abuelo paterno llegó a Rosario, cerca de 1945, escapando de la guerra civil del sur de Líbano. Bajó del barco en Paraná y conoció a un paisano que era de su mismo pueblo. Este paisano -que al tiempo se convertiría en su suegro- le dijo: “Vení, quedate en casa un par de días, hasta que encuentres trabajo y dónde dormir”.

Allí también conoce a Zulema, quien se convertiría en su esposa (hija de quien lo acogió). Luego se casaron y se mudaron. “Mi abuelo empieza a ser viajante por los pueblos, a vender ropa, como la mayoría de los árabes que venían. En aquella época los árabes eran vistos como el ‘turco vendedor’. Ponen un negocio en Alejo Ledesma y, luego, en Amstrong y también en otra localidad. Y tienen a Oscar, mi papá. Para el cumpleaños de cuatro años de mi papá, mi abuelo deja de trabajar en otros pueblos y viene de sorpresa. Cuando se baja del colectivo, lo pisa un camión”, detalla Yamil.

El abuelo de Yamil era musulmán sunita. Cuando fallece, termina la religión con él, comenta. Nadie le enseñó a su papá su religión islámica, su abuela no la practicaba. “Mi abuela y mi papá cerraron el capítulo árabe, no se consumía nada árabe. Ellos se fueron a vivir a Bell Ville, donde había hermanos de la abuela, y se casó con otro árabe. Mi papá vino a Córdoba a estudiar medicina y ahí quedó lo árabe”, dice Yamil.

“En el ’96, con 16 años, me dio curiosidad de saber ¿por qué me llamo Yamil? ¿por qué tengo este apellido? Y empecé a investigar”, dice Mustafa. Tenía sólo la libreta de casamiento de sus abuelos paternos. Según su abuela paterna, eran de Arabia Saudita, y decía: “Somos de Arabia”. Tenía conceptos árabes muy perdidos.

Entre 1998 y el 2000 empezó a robarle a su papá las cartas que tenía escondidas. Una de esas cartas era del año 82, cuando nace Yamil. Su tío, primo libanés de su padre, le había escrito, porque veía que había guerra en Malvinas, le decía que se tenía que ir (Yamil aclara que son muy nómades los sirios y los libaneses).

“Entonces comencé a buscar gente que hablara en árabe o en francés, porque no entendía nada. Me agarró esta cuestión de investigar. Mi mamá me dice: “Yo te ayudo”. Mi mamá es criolla, riojana. Es médica igual que mi papá. Ella es un personaje, es amante de la cultura árabe. Mi mamá a escondidas, contestaba las cartas y las hacía traducir en francés y las firmaba como mi papá”, cuenta.

En 2002 Yamil envió cartas con aviso de retorno a Irak, a Francia y a Finlandia, donde estaba un primo de su padre. Después de dos o tres años, llega un aviso de retorno, del que estaba en Francia. En esa carta decía: “No sé bien quien sos, pero tenemos el mismo apellido”. Era en las primeras épocas del mail. La hija de ese primo, ve la carta y le escribe un mail a Yamil, quien le mandó otra carta con foto diciendo: ‘Este es mi papá, primo de tu viejo’. Y entonces los hijos de los primos nos comenzamos a contactar, comenta Mustafa.

«En el año 2000, dije: Yo quiero aprender a hablar. Mi abuela escuchaba un programa de radio árabe Ecos de Oriente. Yo le recriminaba a mi abuela que no me decía mucho. Ella escuchó el programa, entonces y me dice: ‘llamé y resulta que dan baile, ya te anoté’. Yo creía que era más de odaliscas. Le dije que no iba a ir. Yo era súper deportista desde siempre. Nunca hice nada de baile. Un día me vuelvo de entrenar rugby y fui por curiosidad, vi la clase y me gustó. A mí siempre me gustó bailar. Y dije: ‘voy a venir ya que mi abuela pagó el mes’. Me gustó y me copó. Y la vi a mi compañera Cecilia. Yo miraba con miedo pensando con qué me iba a encontrar. Aprendí esta danza a los 18 años, no tan de chico. Y comencé a encontrar un grupo de pertenencia», agrega.

Cuando le empezó a contar a su papá sobre las cartas, le gustó y comenzó a entusiasmarse. “Un día dije: ‘me voy al Líbano a conocer mi familia’. Y me fui. Mi papá me decía: ‘¿para qué te vas a ir al Líbano si hay guerra?’ Y mi papá me dijo: ‘bueno, pero esperamos que pase la guerra’. Le dije que me iba lo mismo. ‘Si esperás que pase la guerra no voy a ir nunca’. Al final, aceptó y me ayudó con todo”, cuenta.

Viajó con un amigo de su papá, el doctor Gaith, que es de Siria. “Llegar a Líbano, a la tierra de mi sangre, fue un sueño cumplido, allí conocí a toda mi familia, la tierra de mi abuelo. Me agregaron al árbol genealógico y otros momentos inolvidables como bailar dabke con los soldados y aprender todo sobre la cultura”, recuerda el profesor de danzas. Además, aprovechó y conoció Siria y Egipto. Había hecho un par de cursos árabes, aunque sabía inglés, en Siria y Líbano no lo hablan mucho.

“Mi papá me dijo hace ocho años: ‘Me gustaría que me enseñes a bailar’. Es medio vergonzoso para algunas cosas. Se le pasó toda la vergüenza. Y de repente lo invitamos a desfilar en Alta Gracia y se puso la túnica. Comenzó a tomar clases de folklore árabe, y lo pusimos en la obra La Boda Árabe, que hicimos con Ivana Fernandez Sabah, directora del ballet de danzas árabes en la Colectividad Sirio Libanesa de Córdoba. A mi papá le encantó y aprendió a bailar».

El acercamiento a lo árabe también se dio de parte de su hermano, de profesión arquitecto. Empezó a trabajar en una empresa que realiza diseños arquitectónicos para el exterior. Tuvo la oportunidad de viajar por trabajo y eligió Dubai, por curiosidad. Fue y volvió. Se tatuó en árabe y ahora está entusiasmado con esa cultura. “Es un orgullo ver que en mi familia todos se contagiaron y son un sostén para mí», refiere Mustafá.

En la facultad conoció a Santiago Layus, ambos descendientes de árabes y periodistas, y comienzan a realizar una revista árabe, más abocada al belly dance, con amplia información cultural, gastronómica, sumado el idioma. La revista se llamó Anisa (significa «señorita»). Duró cinco años, hasta que compró, junto a un socio, el restaurante árabe “Maktub”, antiguo Mikonos. Su hermano, lo reformó. Ahí ensayaban y daban clases.

Hace pocos meses, vendió su parte, porque no le daban los tiempos con el otro trabajo en el Hospital de la Fuerza Aérea, las clases, el ballet y en la colectividad.

©Gustavo Moisés Azize
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La historia de Cecilia

“En el casamiento de una amiga, vi bailar el dabke y me encantó. Le pregunté a mi papá que era eso que bailaban en una ronda, y él me explicó que era el dabke. Había visto bailar a odaliscas pero lo que me generó el dabke fue otra cosa”. Ese año falleció su papá, fue un golpe duro, sin embargo decidió anotarse y empezar a aprender a bailar, porque era una manera de mantener viva la cultura, cuenta Cecilia.

Ella es nieta de árabes, por parte paterna. Su abuelo Miguel Abuh era de Damasco (Siria) y vino a Argentina con un hermano.

Su abuela paterna, Julia Arias (su apellido original era Rahed) era hija de libaneses. Julia era hija de Sara Simón, pastora que vivía en Raas Baalbeck y de Yusef Rahed, funcionario del gobierno y músico, era oriundo de Beirut. Sara y Yusef se casaron en Líbano, vinieron a Argentina, a comienzos del siglo 20. Se instalaron en Arroyito, luego en Córdoba, donde Julia conoció a Miguel. Los padres de Julia, querían otro candidato para ella, pero defendió su amor por Miguel, con quien se casó y formó familia. Uno de los hijos fue Jorge Abuh, papá de Cecilia.

Los padres de Cecilia fallecieron hace unos años: Jorge era concejal y María Inés, profesora de Filosofía y Ciencias de la Educación. Sus hermanas menores y mellizas, Constanza (diseñadora de los trajes del ballet Ikram y para los alumnos) y Soledad, licenciada en Comunicación Social.

Con 24 años, Cecilia comenzó a tomar clases de folklore árabe que, en aquel entonces las ofrecían enfrente de la Iglesia San Jorge, en calle Corrientes. “Me fascinó desde la primera clase; ese mismo día también comenzó a tomar clases Yamil”, recuerda ella.

“Me fanaticé. Escuchaba el programa de radio árabe. Toda la música que me compraba era árabe. Cada vez me gustaba más. Me atrapó, como si me hubiese despertado algo que estaba latente. Había temas que me recordaba a algo cuando era más chica y que los había escuchado en mi casa. Entonces para mí fue un camino sin retorno y nunca, con Yamil, dejamos de bailar. No hubo ninguna etapa o período que por alguna razón, no haya seguido con el folklore”, cuenta la profesora.

Después, empezó a estudiar idioma árabe. Hizo dos años en la escuela de lenguas. Tomó clases particulares con un amigo y en la sociedad musulmana. Confiesa que no tiene la continuidad por la falta de tiempo y que es una deuda pendiente. Sabe leer, comunicarse desde lo más básico en una conversación. También tomó clases de belly dance de manera intermitente con Samia Yasbek y, luego, clases particulares con Romina Montes, pero esto ha sido más bien un complemento para algunos movimientos y más como un hobby.

En la casa se seguían las tradiciones de comidas y escuchar música, aunque ninguno era bailarín profesional. En su familia nadie bailaba dabke, si no que se bailaba el raksa, que es en pareja. Cada integrante bailaba como lo habían aprendido de sus abuelos.

Cuenta Cecilia que no la obligaron a aprender danzas árabes. Aprendió danza clásica y salsa. Se acuerda que de niña, le regalaron una panderetita, con la que acompañaba la música árabe que se escuchaba de Azur Shami y con la que bailaba con su papá. “Había una influencia”, cuenta. Su padre pertenecía al Club San Lorenzo, el club de los árabes, en calle Paraná. Ella recuerda que en esas épocas, el Día del Niño, del padre y otros festejos, se realizaban allí, donde asistía junto a sus hermanas mellizas. Reconoce que siempre había algo árabe en los eventos.

©Gustavo Moisés Azize
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Nacimiento del ballet Ikram

Cecilia y Yamil tienen una historia de baile en común. Comenzaron en el ballet del Ateneo Cultural Sirio Libanes dirigido por Omar Ayub y Erica Douglas Tillar, que en ese entonces pertenecía a la Sociedad Sirio Libanesa de Córdoba. Al tiempo, Omar y Erica dejan de pertenecer a la institución y continúan con las actividades, manteniendo el nombre del ballet. Cecillia y Yamil permanecen hasta fines de 2003.

Ya en el 2004, Abuh y Mustafa, comenzaron a sentir la necesidad de otros desafíos. Motivados con la idea de hacer coreografías más desafiantes, estudiar aún más de los trajes, participar en la colectividad y forman el ballet Ikram, fuera de las instituciones.

Cecilia inicialmente tuvo más dudas de iniciar este ballet y fue un proceso de maduración en el que cada vez se fue convenciendo más. Yamil era el más osado. La decisión de armar un ballet fue también con temor, porque del que se iban, tenía un nombre, y sabían, que otros que lo habían intentado y no les había ido bien. Aunque ellos estaban convencidos de dar este salto.

En los comienzos de Ikram, los ensayos se realizaban en la casa de la abuela de Cecilia, en la casa de los padres de Yamil o en la de otra integrante. El ballet se armó con un grupo de amigos. Se fueron seis del ballet anterior, en el mismo momento. Cecilia, Yamil, Pablo Jarma, Karim Faiad y Andrea Bonus, luego los siguieron, Ariel Nallar y Gabriela Mohaded.

“Ensayábamos en el garaje de mi abuela. Más allá de necesitar un lugar, también era para mí importante que ella estuviera, se sentaba, nos miraba. Era una manera de compartirlo con ella y con mis tíos. La verdad que al principio nos costó muchísimo”, recuerda la profesora. Cuenta también que al comenzar con Ikram estaban felices, contentos de diseñar los trajes, armar las ‘coreos’, poner otra impronta, lo que implicó, leer, investigar, ver videos, buscar información en Internet. Fue un proceso de crecimiento para los integrantes.

La primera actuación de Ikram fue en el Colegio San Jorge de Maipú y le siguió en  la fiesta de colectividades en Alta Gracia. Recibieron la ayuda, el soporte, los consejos de sus familias; sobre todo al inicio.

“Mi mamá tiene una anécdota muy graciosa, que siempre iba cuando íbamos a algunos lugares a bailar, se paraba detrás del público y decía: ¡Qué bien que baila esta gente! Yo veo que esta gente es muy profesional, yo he visto algunos paisanos, y estos chicos hacen lo mismo”, cuenta Yamil.

Al principio del ballet, eran pocos, ya que evaluaban cada incorporación. Hasta que en un momento decidieron dar un salto y animarse a ampliar más el ballet. En los inicios no había directores. Naturalmente se dio que Ceclia y Yamil quedaran como coordinadores y todos lo aceptaron.

Después empezaros a dar clases en la Sociedad Sirio Libanesa de Córdoba. La directora del ballet de esa institución Ivana Fernández Sabah llamó primero a Yamil, en el año 2006, para que se encargara junto a otro chico, de la parte de folklore. “Las clases pasaron a ser un poco nuestro semillero. Y los que ingresaron desde el 2008, han pasado por nuestra escuela. Entonces Ikram se fue profesionalizando”, dice Cecilia.

Ikram, (que significa «honor» en árabe) hoy cuenta con 10 integrantes, cuatro varones y seis mujeres. Pablo Jarma, Chibli Bitar, Samir El Sukaria y Yamil Mustafa. Cecilia Martinetto, Romina Brane, Julieta Alcalde, Susana Wassan Taha, Ileana Crespin y Cecilia Abuh y, próximamente, se incorporarán nuevos bailarines. Hace cuatro años que Ikram, ensaya en la Sociedad Sirio Libanesa.

©Gustavo Moisés Azize
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Por Verónica Sudar, de la Unión de Colectividades de Inmigrantes de Córdoba (Ucic).
Con información de La Voz

Nota de la Bitácora: dedicado a la memoria de Pablo Jarma para quien la danza era su pasión.

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Córdoba, orgullosa capital de Al-Andalus

Córdoba, capital de Al-Andalus ©DiarioCordoba
Córdoba, capital de Al-Andalus ©DiarioCórdoba

Córdoba cumplirá 1300 años como capital de al-Andalus en este año 2016. Tenemos que viajar en el tiempo, hasta el año 716, cuando al-Hurr fija la capital de al-Andalus en Qurtuba. Al-Hurr fue el 4º gobernador tras la conquista de al-Andalus. Le precedieron Musa, gobernador árabe de Ifriqiya y del Magreb desde el año 698; Abd al-Aziz, hijo de Musa el Conquistador, y Ayyub ben Habib al-Lajmi, que ostentó un breve gobierno. La capital de al-Andalus se estableció primero en Sevilla hasta que al-Hurr, que gobernó entre 716 y 719, la trasladó a Córdoba (Calvo Capilla, Susana: Las mezquitas de al-Andalus , 2014).

Si bien es cierto que fue una gran decepción para Córdoba el haber perdido la capitalidad europea para el 2016, por motivos que poco tuvieron que ver con las bases que la UE establece para dicha distinción, tenemos que vivir el presente sacudiéndonos del victimismo, sabiendo actualizar todo nuestro legado histórico y artístico, haciéndolo compatible con una ciudad moderna del siglo XXI. Llama la atención que se estén organizando grandes eventos, sin duda de importante relevancia (4º centenario del nacimiento del pintor cordobés Antonio del Castillo o 4º centenario del fallecimiento del Inca Garcilaso de la Vega) y que aún ninguna institución pública (Ayuntamiento, Junta de Andalucía, Universidad o Casa Árabe) haya dicho nada sobre esta importantísima fecha que para Córdoba supuso aflorar en el mapa de las ciudades históricas más importantes del mundo.

Este año también tendrá un protagonismo especial el conjunto arqueológico de Medina Azahara, una joya monumental que aún no ha tenido la repercusión internacional que merece. Un congreso, que reunirá en Córdoba, del 10 al 13 de febrero, a expertos internacionales en ciudades califales e importantes yacimientos de Jordania, Irak, Líbano y Argelia, servirá de apoyo a la candidatura de la ciudad califal a Patrimonio Mundial de la Humanidad al destacar «la excepcionalidad y universalidad de sus valores patrimoniales», según palabras de la consejera de Cultura. Dicha declaración podría ser el mejor regalo que recibiría nuestra ciudad por su histórico cumpleaños.

En el año 2013 se celebró por todo lo alto en Granada el milenario de la fundación de su primer reino, el Zirí, antecesor del reino Nazarí, bajo el que Granada alcanzó su máximo esplendor, y en el que participaron todas las instituciones públicas. En el año 2014 se celebraron los mil años de la constitución del Reino de la Taifa de Almería por Jairán-el-Amiri, en el que la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía tuvo un gran protagonismo.

¿Cómo es posible que todavía las instituciones públicas de Córdoba no se hayan hecho eco de este importantísimo aniversario de nuestra historia? ¿Acaso falta de información, desmemoria histórica, miedo a algún poder fáctico de la ciudad? Aprovechen dicha efemérides para darle a Córdoba la oportunidad que no tuvo al negarle la capitalidad cultural europea. 2016 podría ser un gran año cultural en el que, pilotando sobre dicha fecha histórica, se consiguiera: primero, la protección de la Mezquita-Catedral, basada en que nadie ponga en duda su nombre y su historia, amparándola bajo la figura jurídica de titularidad pública y promoviendo una gestión compartida. Segundo, aunar todos los esfuerzos por conseguir que la ciudad califal de Medina Azahara sea patrimonio mundial de la humanidad. Tercero, abrir definitivamente el Centro de Creación Contemporánea de Andalucía. Cuarto, poner en marcha el proyecto que permita disfrutar del nuevo museo de Bellas Artes. Y quinto, desarrollar todos los acontecimientos ya marcados en la agenda cultura de nuestra ciudad.

Por Miguel Santiago Losada (Profesor y Portavoz de la Plataforma Mezquita-Catedral, patrimonio de todos)
Con información de Diario Córdoba

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¿Por qué hay que visitar Córdoba?

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Razón número uno: Córdoba es una de las ciudades más históricas del planeta. No es una exageración. En el año 1000 sólo ella podía presumir en todo el mundo conocido de pavimentar sus plazas, de iluminar sus calles y mantener la más moderna red de baños públicos. Todo aquello ocurrió cuando Córdoba era la capital de al-Andalus, una civilización mítica cuyo recuerdo es tan caudaloso como los meandros del río que orilla la ciudad.

Razón número dos: antes de ser árabe, Córdoba fue romana. Y es fácil descubrir la piel de aquella primera gran cultura a la que debemos, entre otras cosas, el modo de conjugar el verbo amar. Amor será lo que sintamos paseando la plaza Jerónimo Páez donde se halla el Museo Arqueológico, uno de los más fascinantes en su género de toda España. No olvidemos algo: debajo del suelo que pisamos está enterrado –y en silencio– el segundo teatro romano más grande del mundo, sólo siete metros más pequeño que el de Roma.

Razón número tres: un puente con pilares romanos une las dos orillas del Guadalquivir. Al otro lado del río hay una torre conocida como la Calahorra. Guarda un museo, pero lo realmente valioso son los ojos que parece poseer entre los pliegues de sus piedras. Conviene llegar a ella a la caída de la tarde, cuando el sol se pierde entre los cercanos cerros de Sierra Morena. Cerrar los ojos por unos segundos y abrirlos después. Y hallar frente a nosotros la Córdoba histórica, con la Mezquita en primer lugar, su campanario catedralicio por detrás y esa maraña de tejados y torreones que delatan la ubicación de la Judería y de los barrios que encierra la Ajerquía.

Razón número cuatro: la Mezquita. El símbolo más carnal y explícito del arte hispanomusulmán, el origen de las artes andalusíes, el punto de partida de su filosofía, el encuentro de las culturas y el objeto de crispación y enfrentamiento entre religiones. Olvidemos su carácter divino para hallar en ella las ansias y la genialidad humana. Penetremos por la puerta del Perdón, crucemos en silencio el patio de los Naranjos, y por la puerta de las Palmas creamos que se nos ha hecho de noche entre las dobles arcadas y las dovelas blancas y rojas que simbolizan este sagrado lugar. Hubo un viajero romántico francés que escribió en mitad del siglo XIX que los arcos de la Mezquita eran una metáfora de los palmerales del desierto. Teófilo Gautier tenía razón al creer que los alarifes que la construyeron por orden de los emires y califas omeyas trataron de evocar en estos instrumentos de la arquitectura los paraísos perdidos donde hallar el origen de sus primeras palabras. Desde el siglo XVI dentro de la Mezquita hay una catedral que sería deslumbrante en cualquier otro lugar menos aquí. Nos consuela al menos saber que gracias a ella la Mezquita se conservó.

Razón número cinco: Córdoba es mucho más que la Mezquita y la Judería, algo que suelen olvidar los turistas que a mansalva llegan cada mañana a las inmediaciones de la calle Torrijos, que mira a una de las fachadas del gran monumento de la ciudad. La esencia popular de Córdoba se halla en la Ajerquía, que es una reunión de barrios que crecieron extramuros como arrabales tras la conquista cristiana allá por 1236. En la Ajerquía se elevan los campanarios de un conjunto de iglesias fernandinas, nombre con el que se conocen los templos cristianos edificados muy posiblemente sobre antiguas mezquitas y adscritas al tardo gótico. Las más bellas: San Lorenzo, Santa Marina y la Magdalena, esta última desacralizada y convertida en un gran escenario cultural donde suelen programar conciertos de música y otros actos culturales.

Razón número seis: la plaza del Potro es un ajetreado escenario urbano descrito por Cervantes en el Quijote. A un lado de la plaza abre sus puertas el Hospital de la Caridad en cuyo interior están dos de los museos más importantes de Córdoba. Uno de ellos es el de Bellas Artes y el otro el de Julio Romero de Torres. Hubo un tiempo en que a Romero de Torres se le acusó de antiguo y barroco. Hoy aquellas estulticias han amainado y su obra es una referencia para entender la otra cara del sur, el erotismo explícito de la mujer desnuda o aquello que se esconde tras el retrato. Ante sus lienzos hazte esta pregunta: ¿Qué sientes al contemplar cuadros como El Pecado o La Gracia?

Razón número siete: a sólo ocho kilómetros del centro de Córdoba se halla la efímera ciudad de Medina Azahara. Sólo duró en pie setenta y pocos años, desde el año 940 hasta la guerra civil desatada por los bereberes a partir del año 1031. Pero durante esas décadas Córdoba incluso palideció ante la belleza y la modernidad de la ciudad palatina mandada construir por Abd al-Rahman III, el autoproclamado califa que la construyó no para su amante favorita como nos han hecho creer los relatos románticos sino para perpetuar la memoria de su poder y eclipsar a todos cuantos aquí llegaban. Hoy está desenterrado sólo un diez por ciento del conjunto arqueológico, pero es visitable el Salón Rico donde se hallaba el solio del califa.

Razón número ocho: ya está bien de historia. Descansemos ahora. Reparemos nuestro cuerpo entre las aguas saludables de un hammam. Sintamos frío y calor en las tres salas que evocan las termas romanas que tan famosas fueron en la Corduba de siglo I después de Cristo. Los baños árabes se hallan en la calle Corregidor Luis de la Cerda, próximos a la plaza del Potro y en ellos podremos recibir un masaje, paladear un te árabe o el más suculento y goloso repertorio de pastelitos de tradición andalusí.

Razón número nueve: existen muchas Córdobas. Tantas como queramos buscar. Existe una Córdoba bulliciosa y comercial que se halla entre la plaza de las Tendillas y la peatonal avenida del Gran Capitán, donde además abre sus puertas el Gran Teatro, el principal escenario de la capital. Las calles que unen estos dos espacios urbanos están atestadas de tiendas de toda naturaleza.

Y razón número diez: tanto esfuerzo nos ha dejado extenuados y hambrientos. Es hora de pedir asilo en las barras de mármol o madera de alguna de las ochenta y tantas tabernas que abren sus puertas por toda la ciudad. La liturgia consiste en pedir un vino fino de Montilla, vino en rama a ser posible, y alguna tapa con la que saciar el apetito. Los cordobeses, que son callados y sentenciosos, llevan a rajatabla un axioma por el cual se ha de comer en función de lo que se bebe y no al contrario. Es hora de que sobre nuestra mesa traigan un rabo de toro, un flamenquín o una ración de pescado adobado y frito en aceite de oliva virgen extra de Baena o Priego.

Diez argumentos son suficientes. ¿O necesitas más razones para visitar Córdoba?

Por Manuel Mateo Pérez
Con información de :CTX

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Catedral de Córdoba,sus históricos nombres

Mezquita / Catedral de Córdoba
Mezquita / Catedral de Córdoba

Desde el siglo XIII al XIX se le designará como Iglesia Catedral de Santa María o Iglesia Mayor de Córdoba. Este título será único e incontestado hasta la segunda mitad del siglo XIX. Figuró hasta 1993 en el azulejo colocado en la Puerta del Perdón que lo identificaba. Su remoción fue motivada por el intento de robo del mismo. Hoy se encuentra expuesto en el Museo de San Clemente,

En el siglo XVIII, llega la primera guía turística de la Catedral, aún manuscrita. Se debe al capellán Tomás Fernández Moreno, redactada en 1744 (Original en la Real Academia de la Historia, Colección Ascensio de Mora les, cuaderno 34. Título: Relación de las cosas notables del templo material de la Santa Iglesia de Córdova).

De un siglo después y lejana del ambiente barroco es la descripción de Richard Ford, Manual para viajeros por Andalucía y lectores en casa, de 1846. No lejana del Indicador cordobés de Luis María de las Casas-Deza (Córdoba, 1837).

Sigue la guía de la Catedral por Luis María de las Casas-Deza con el título Descripción de la Iglesia Catedral de Córdoba (Córdoba 1853).

Pedro de Madraza publica su obra Recuerdos y Bellezas de España: Córdoba en 1855. Esta obra muy difundida se abre con la historia de los musulmanes y titula el capítulo II: La mezquta Aljama ideada por Abde-r- Rahmán l. Se recupera así con el lujo de la edición en la bibligrafía española el título del edificio omeya en pleno romanticismo. Un tratamiento metodológico que influirá en R. Ramírez de Arellano en su Guía artística de Córdoba (Sevilla, 1896) y más tarde en A. Sarazá Murcia con Córdoba, ciudad de los califas. Itinerario del turista(Córdoba, 1933).

En 1874, Charles Davillier publica su obra L’Espagne en la que publica enfebrecidas páginas románticas a la Mezquita y aborrece la barbaridad de la construcción del crucero.

Con el mismo arrebato romántico, como prólogo a su estudio Monumentos arquitectos de España. Monumentos latino-bizantinos de Córdoba (Madrid 1879), J. Amador de los Ríos y R. Arnador de los Ríos se refieren al nuevo aire cultural de su época en la que «se ha enaltecido en los últimos tiempos la tolerancia de los árabes en el momento de verificar estos la conquista de la Península Ibérica, y no han sido menos ponderadas las excelencias de su cultura bajo el Califato de Occidente». Ambos juicios perviven hasta hoy a pesar de las correcciones y puntualizaciones de los investigadores. Es el vigor de la simiente romántica de los sentimientos. En el título de la segunda parte (Monumentos latino-bizantinos de Córdoba) señalan no obstante la dependencia de la arquitectura árabe con respecto al mundo bizantino. Generalizan profusamente el uso del nombre de Mezquita Aljama de Córdoba. A partir de esta obra, el título de Mezquita de Córdoba será más frecuente en las publicaciones que el de Catedral.

Es Rafael Romero Barros el que se abre a una nueva denominación con los terminos de Mezquita-Catedral en 1881 en su artículo «La Mezquita Catedral de Córdoba y su Capilla de Villaviciosa» (Diario de Córdoba, números 9.335-9.339). Debió parecerle incongruente hablar de la Capilla de Villaviciosa de la Mezquita. Se producía así un intento de integración y diálogo entre las dos etapas históricas y artísticas del edificio: la anterior y la posterior a la reconquista de 1236.

No obstante lo dicho, el Gobierno y las autoridades académicas mantuvieron el título histórico posterior y el canónico de Catedral al declararla monumento nacional. Los pasos dados para tal declaración lo atestiguan a partir de la solicitud de la Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos de Córdoba, dirigida al ministro de Fomento para que «sea declarado monumento nacional el insigne templo Catedral de la misma». El informe emitido en 14 de noviembre de 1882 por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando atribuye toda la relevancia del monumento «a la universalmente conocida y admirada la sin par Mezquita cordobesa, gloria del arte oriental, en la que las sucesivas civilizaciones dejaron imperecedera huella de su saber y de su grandeza, y corrobora la opinión de la Comisión provincial». La Gaceta de Madrid ( número 331, de 27 de noviembre) de ese mismo año publicó definitivamente el decreto de aprobación:

Ilmo Sr.:

Vista la comunicación de la Comisión Provincial de Monumentos Histórico Artisíticos de Córdoba solicitando sea declarada monumento nacional histórico artístico la Iglesia Catedral de dicha ciudad. Visto el informe emitido por la Real Academia de San Fernando. Atendiendo la importancia histórica y artística de esa iglesia. S. M. El Rey (Q. D. G.), de conformidad con lo informado por la referida Real Academia y propuesto por esa Dirección General, ha tenido a bien declarar monumento nacional histórico artístico a la Santa Iglesia Catedral de Córdoba. De real orden los digo a V.I. para su conocimiento y demás efectos. Dios guarde a V. I. muchos años.

Madrid, 21 de noviembre de 1882.

ALBAREDA

Sr. director general de Instrucción pública.

La designación y el título con que se nombra al monumento en la Real Orden no fueron contestados por ninguna institución ni por nadie.

Desde esa fecha hasta 1984 —un siglo—, convivieron pacíficamente las tres denominaciones del edificio, pero solo el de Catedral contaba con el respaldo de la tradición y de la legalidad: Catedral (fundada en el derecho canónico y civil), Mezquita (sobre presupuesto cultural restrictivo y con mucho atractivo en el mundo musulmán) o Mezquita-Catedral (sobre el proceso histórico-cultural del monumento) de Córdoba. Ni la Iglesia, ni las autoridades nacionales o municipales, ni el turismo se enfadaban por el uso de cualquiera de ellas, pero su uso no será inocuo con el paso del tiempo. Yo mismo, canónigo-archivero de la Catedral, he utilizado en mis publicaciones las tres, según el campo de investigación, y hasta algún medio de comunicación ha habido que me ha titulado, no sin incongruencia, «canónigo de la Mezquita». Sobre lo que advertí sonriente en aquella ocasión que las mezquitas aún no tenían canónigos. Quede anotado que al entrar en la futura etapa relativista (1984-2014), los citados presupuestos perderán sus perfiles, se confrontarán y se concluirá con «el qué más da», en perjuicio —en virtud del laicismo añadido, y a veces hostil— del primero (Catedral); es decir, del Derecho.

La confusión, las animadversiones y hasta la ignorancia por algunas de las partes se confabularán para romper la posesión y uso sereno y pacífico de una de las tres formas o de todas a la vez, según conviniera, en el fragor de una discusión bizantina. Entre esas partes se introducirá un espectador ajeno y muy lejano, la propia Unesco, actor llegado de nuevas.

Habrá que anotar la celebración en Córdoba del Congreso Internacional islamocristiano en 1974 (Madrid,1977) durante el cual, y con autorización de la Santa Sede, se autorizó a los congresistas musulmanes a realizar en el interior de la Catedral la oración musulmana del viernes. Las televisiones musulmanas retransmitieron el acto y, desde ese momento, surgirá con fuerza la demanda nunca olvidada de la propiedad por el Islam.

Casi coetánea de ese congreso fue la propuesta del alcalde de Córdoba Antonio Alarcón Constant quien, al tener noticias de que en el seno de la Unesco se albergaban propósitos de tutelar la conservación de obras histórico-artísticas con la declaración en cada país de un «monumento internacional», propuso, en la creencia de que el monumento quedaría a recaudo de cualquier veleidad arquitectónica como la promovida entonces por 1a Dirección General de Arquitectura, a la Corporación la solicitud de tal denominación. Tal aprobación se produjo por unanimidad en sesión plenaria de 12 de marzo de 1972. Lo hacía también, aparte de por la causa enunciada, por la promoción turística del monumento a través de todas las publicaciones de la Unesco a favor de una ciudad que acababa de ser incluida entre las ciudades de destino universal.

La institución de Naciones Unidas desplazó a Córdoba a destacados miembros del Icomos (Consejo Internacional de Monumentos y Sitios), organismo al que se había dirigido la Corporación municipal, quienes se reunieron en Córdoba durante los días 29 de abril a 2 de mayo de 1973 para discutir sobre la conservación de edificios pertenecientes a diferentes culturas, por el caso de Córdoba, estimado como paradigmático (M. Nieto Cumplido, La Mezquita-Catedral y el Icomos[Córdoba 1976]). El obispo y Cabildo prestaron su conformidad a la celebración, que culminaría con una sesión de clausura en la Catedral y con la presencia de las instituciones diocesanas, como marco más adecuado, con la lectura y aprobación de la llamada «Declaración de Córdoba» (2 de mayo de 1973), en la que se le da el título de Mezquita-Catedral como «un logro formal, que hace de ella una obra maestra universalmente conocida». Es decir, el Icomos proponía una denominación generada en los ambientes de estudiosos cordobeses de fines del siglo XIX y primera mitad del siglo XX. La investigación más reciente, sin embargo, había negado esos valores polivalentes, como hizo con cierta discreción Henri Terrasse (L ‘Espagne du Moyen Age, París 1966), así como la arqueología del Medio Oriente (Siria y Jordania) y el profesor de la Sorbona Alexandre Papadopoulo en su obra monumentalL ‘Islam et l’art musulman (París 1976) al acentuar los valores aportados por la cultura bizantina en el monumento, atribuido hasta el momento a la genialidad de los árabes.

El nombre asignado al monumento por los consejeros de la Unesco cayó en saco roto cuando esta se dispuso a incluir el edificio en el Patrimonio Mundial en su sesión de Buenos Aires (noviembre de 1984 ). Sin más aclaraciones ni justificantes y sin previo acuerdo con el titular del edificio atribuyó a la Catedral de Córdoba —único nombre legal— el de Mezquita de Córdoba, que abría un horizonte inesperado al mundo islámico. De nada sirvieron los consejos de sus propios asesores que se habían puesto de acuerdo sobre edificios pertenecientes a diferentes culturas, la Mezquita-Catedral, entre ellos. Aplicaba así el nombre más restrictivo y el más escasamente descriptivo de un edificio tan complejo. Queda claro que la Unesco no aceptó el nombre de Mezquita-Catedral. Tanto el nombre de templo cristiano como sus valiosas aportaciones fueron estimados en nada. Laicismo en estado puro. Ni la Junta de Andalucía, otro invitado tardío, tuvo en cuenta ninguno ele los dos citados cuando dispuso y aprobó el proyecto titulado «Plan Director de la Catedral de Córdoba» en 2002. Se volvía así curiosamente a la Real Orden de 1882.

Por Manuel Nieto Cumplido
(Canónigo Archivero de la Catedral de Córdoba)
Con información de ABC

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La Noche Blanca del Flamenco 2013 reivindica la tradición jonda de Córdoba

Noche Blanca del Flamenco 2013
Noche Blanca del Flamenco 2013

Durante toda una noche, Córdoba estará inundada por el flamenco. La Noche Blanca del Flamenco 2013, celebra su sexta edición el 22 de junio con un especial protagonismo de los artistas cordobeses. El evento reivindica la aportación de la ciudad a la historia del cante jondo, coincidiendo con el año en que se celebra el vigésimo aniversario del Concurso Nacional de Arte Flamenco. El cantaor cordobés El Pele, una de las muchas figuras laureadas en este certamen fundado en 1956, abrirá la velada y Lya cerrará la noche, mientras que Cherokee y El Calli, también cordobeses, harán de teloneros de Raimundo Amador. Marina Heredia presentando ‘A mi tempo’, Farah Siraj, Argentina y David Palomar completan el cartel. Además, ofrece dos producciones propias: ‘Aquellos cafés cantantes’, a cargo de los alumnos de Conservatorio de Danza y ‘Compás de silencio’, en la que Juan Carlos Villanueva dirige a un grupo de artistas cordobeses. La organización espera alcanzar la cifra de 300.000 asistentes entre las once propuestas, que abarcan distintas posibilidades expresivas del flamenco. Los escenarios estarán estratégicamente situados en enclaves singulares de la ciudad omeya, entre ellos, el Patio de los Naranjos de la Mezquita-Catedral, la Plaza del Potro, la Plaza de la Corredera o las inmediaciones del Puente Romano junto al río Guadalquivir.

Argentina presenta 'Un viaje por el cante' -©Flamenco World
Argentina presenta ‘Un viaje por el cante’ -©Flamenco World

Córdoba será un gran escenario durante la sexta Noche Blanca del Flamenco, desde las 22:30 horas del sábado 22 de junio de 2013, hasta el amanecer. Nueve plazas del casco histórico de Córdoba, ciudad Patrimonio de la Humanidad, devolverán los ecos del flamenco: desde la plaza de Las Tendillas al Compás de San Francisco, desde el Patio de Los Naranjos a la plaza Jerónimo Páez, desde la plaza del Potro a la plaza de Abades, desde la plaza de La Corredera a la plaza Cardenal Salazar o la plaza del Triunfo, junto al Puente Romano.

Abrirá la noche Manuel Moreno Maya ‘El Pele’ a las 22.30 en la plaza de Las Tendillas. Tras un tiempo alejado de los escenarios por motivos de salud, vuelve con el espectáculo ‘Peleando… y punto’. En su montaje contará con la colaboración del violinista Ara Malikian, además de Lin y Nani Cortés, la cantaora Macarena de la Torre, las guitarras de Manuel Silveria y Antonio de Patrocinio y Raquel Jurado, al baile. Raimundo Amador se apropiará de La Corredera a partir de las 1.00 horas. Presenta un espectáculo con banda eléctrica, cuyo repertorio hará un repaso por toda la trayectoria desde Pata Negra. Anteriormente, a partir de las 23.00, el cantaor El Calli y, después, el dúo Cherokee, ambos cordobeses, harán de teloneros del guitarrista flamenco con más blues.

Marina Heredia, 'A mi tempo' -©Flamenco World
Marina Heredia, ‘A mi tempo’ -©Flamenco World

Este año se recupera el Patio de los Naranjos de la Mezquita-Catedral de Córdoba como escenario inigualable. Y será para la cantaora granaína Marina Heredia presentando, a partir de las 00.30, su nuevo trabajo ‘A mi tempo’. A la misma hora, los alumnos de Conservatorio Profesional de Danza Luis del Río representarán en el Compás de San Francisco ‘Aquellos cafés cantantes’. David Palomar pondrá en escena ‘Gaditanía’ en la plaza del Potro a partir de la 1.30 horas, recogiendo temas de sus dos trabajos ‘Trimilenaria’ y ‘La Viña Cantón Independiente’.

La artista jordana Farah Siraj traerá a la plaza de Abades, hacia las 2.30 horas, su repertorio de flamenco jazz árabe, una producción de Casa Árabe que propone un viaje intercultural. Ya a las 3.30 horas, Argentina irá de ‘Viaje por el cante’ en la plaza Jerónimo Páez, el directo de su tercer disco de estudio. La velada continuará con el espectáculo ‘Compás de silencio’, una producción propia de la Noche Blanca, en la plaza del Cardenal Salazar a las 4.30 horas. Bajo la composición y dirección musical de Gabriel Expósito y Juan Carlos Villanueva en la dramaturgia y dirección de escena, reúne a un grupo de artistas cordobeses como el cantaor David Pino o la bailaora Lola Pérez. Para terminar la noche, la cordobesa Lya presenta ‘Lunares al son’ en la plaza del Triunfo, junto al río Guadalquivir. Una producción especial para el cierre de la sexta Noche Blanca del Flamenco que apuesta por la fusión entre el son y el flamenco.

Raimundo Amador estará en concierto en la Noche Blanca -©Flamenco World
Raimundo Amador estará en concierto en la Noche Blanca -©Flamenco World

Programación paralela 

Desde el jueves, se va a ir preparando el ambiente de la Noche Blanca del Flamenco. La Asociación de Vecinos Alcázar Viejo, ha programado, junto con la peña El Almíbar, el ciclo ‘Alcázar Viejo a la luz de las velas’. El viernes, el Ayuntamiento de Córdoba ha programado una gala homenaje al bailaor, profesor y coreógrafo cordobés Antonio Mondéjar en la plaza de Las Tendillas, en la que participarán algunos de sus alumnos más aventajados, como Pilar Carmona o José Serrano. La Fundación Cajasur clausura su ciclo ‘Noches de Flamenco en Viana’ con Dorantes presentando en el patio de Las Columnas ‘Interacción’, un espectáculo en el que dialogan el piano, la percusión de Javier Ruibal (hijo) y el baile de Úrsula López.

 David Palomar -©Flamenco World
David Palomar -©Flamenco World

De forma simultánea a la Noche Blanca, el Aula Abierta del Flamenco del Distrito Centro propone una velada flamenca en el Zoco de Artesanía. Y en el entorno del río se consolida el programa ‘Camaroneando en La Ribera’, que incluye una ‘cajonada’ flamenca, sesiones de DJ’s y animación de calle. Todo ello completa la programación de la Noche Blanca del Flamenco de Córdoba, que sigue la estela de las Noches Blancas Europeas de ciudades como París, Riga, Roma o Bruselas. Desde su nacimiento en 2008, por esta singular velada dedicada al flamenco han pasado figuras como Manolo Sanlúcar, Miguel Poveda, Fosforito, José Mercé, Tomatito, El Lebrijano, Eva Yerbabuena o Enrique Morente, entre muchos otros.

Con información de Flamenco World

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