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Lejos del horizonte perfumado

En 1967 se produjeron los acontecimientos
que cambiaron el rumbo de mi vida.
Aquel año, en junio, el Estado de Israel
ocupó militarmente mi espacio vital…
Salah Jamal

A raíz de la ocupación-invasión israelí, iniciada en 1947, miles de palestinos han sido asesinados, despojados de sus tierras y obligados a desplazarse bajo el amparo y la complicidad de numerosos países de Occidente.

Salah Jamal (Nablús, Palestina, 1951) se vio en la necesidad de exiliarse en Barcelona ante el terror impuesto por Israel entre sus coterráneos y la impunidad de la que aun hoy en día goza.

Derivado del abandono de su patria, Jamal escribió una novela titulada Lejos del horizonte perfumado (RBA, 2004). Escribir desde la distancia ofrece a los lectores la posibilidad de conocer las experiencias –siempre dolorosas– de cómo enfrentar el exilio, la soledad y enfrentarse a mundos nuevos, no por iniciativa propia, sino orillado a hacerlo por cuestiones políticas.

En Lejos del horizonte perfumado, el también médico, historiador y profesor cuenta la historia de un joven beduino llamado Mohammed Pirjawi Unnab Jalilidin Osrama Lumary, a quien las circunstancias de la vida convierten en Mohammed Pujol, dada la complejidad de pronunciar su nombre completo de corrido.

Ante el despojo israelí, el joven palestino abandona su tierra y el destino lo coloca en Ciudad Condal, Barcelona, donde su familia cuenta con una amiga que se dedica a la prostitución.

En un mundo completamente nuevo para sus ojos, el muchacho aprenderá a manejarse en los bajos fondos, entre prostitutas, ladrones y un sinfín de personajes que le permitirán acceder a un universo completamente ajeno al suyo.

Entre sus andanzas por Barcelona, Mohammed conoce a una mujer de la alta sociedad que le ofrece la posibilidad de lo sensual, el misterio de los cuerpos: accede a la educación sentimental.

Las estadías del joven en la casa de esta mujer permiten a Jamal ofrecer una muestra de la cocina árabe con recetas, rituales, aromas… De tal forma que el lector disfruta, entre párrafo y párrafo, sabores y aromas que envuelven a la lectura en un ambiente ameno, perfumado; cada platillo se enreda en la nariz y ello convierte a esas páginas de la novela en un platillo extra.

La obra en cuestión también aborda la pérdida, la soledad, la nostalgia, el amor y el deseo. Y Salah Jamal lo hace mediante formas sutiles y directas, con altas dosis de ternura y un amplio conocimiento cultural de las sociedades enfrentadas. Porque el texto ofrece la posibilidad de conocer y desvelar ambos mundos: el árabe, con sus creencias, sus rituales, y el occidental de los años setenta y principios de los ochenta, particularmente el catalán, con el avistamiento de los cambios radicales que suponían avances de la humanidad en materias diversas.

Pero no todo es nostalgia en la historia. Desde los primeros párrafos, el autor ofrece múltiples episodios divertidísimos que dan cuenta de que no se trata de una novela cubierta con el manto de la tristeza y la nostalgia. No. En la historia nos enfrentamos a anécdotas de desencuentros con la justicia («hice más visitas a las dependencias policiales que a la universidad»), el descubrimiento de un mundo que le permite descubrir una ciudad de la que, también tiempo después, sentirá nostalgia.

El humor de Jamal provoca carcajadas. La aparente ingenuidad de Mohammed se comienza a desmoronar desde las primeras lecciones de aprendizaje que conllevan su nueva vida; retrata asimismo ambas sociedades con los viajes del muchacho a su tierra natal y los retornos a Barcelona.

Entre las páginas desfilan diversos personajes divertidos, como el propio padre del protagonista; o El Gallina, un tipo al que conoce en Barcelona y que es líder de Los Pollitos, delincuentes de poca monta que se meten en líos que los colocan en situaciones sumamente divertidas.

Es decir, la novela abarca temas que lo mismo transitan por la denuncia –la ocupación y el despojo de Israel contra los habitantes de Palestina–, el aprendizaje –los encuentros de Mohammed con la mujer que lo acoge en sus brazos–, el humor –hay innumerables pasajes muy divertidos.

En fin, Lejos del horizonte perfumado es una lectura recomendada para quienes buscan conocer de primera mano otra cultura, para paladear entre las palabras, divertirse con anécdotas y episodios, degustar una obra que dejará un grato sabor al llegar su última página.

Por Jorge Arturo Hernández
Con información de: La Unión

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Alpargatas con bordado palestino

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Artesana catalana combina alpargatas con el bordado palestino en Rāmallāh

Una joven catalana comienza a labrarse un nombre como zapatera artesana en Palestina gracias al diseño de unas llamativas alpargatas que combinan el calzado de esparto con el tradicional y colorido bordado palestino.

Entre patrones, metros y trozos de tela desechados vive Sarai Carbonell, de 26 años y originaria de Ripollet (Barcelona), en un piso compartido de Ramala con vistas a la bulliciosa plaza de Yaser Arafat.

Esta casa-taller (ahora también almacén de alpargatas, diseminadas por todas partes), es donde pasa las horas esta artesana y traductora de alemán que, desde hace casi dos años, también enseña castellano y catalán en el centro Hispano-Palestino de la ciudad cisjordana.

«La idea era combinar la suela típica de Cataluña, la espardenya, con una tela tradicional de Palestina, para combinar mis orígenes con el sitio donde vivo. La mezcla es muy interesante y ha sido muy bien recibida», cuenta a Efe con uno de los últimos pares que ha fabricado en sus manos, en las que asoman durezas fruto de largas sesiones de costura.

Carbonell llegó a Palestina por un fuerte compromiso político. Un corto viaje le abrió los ojos y el interés sobre la situación en la región y decidió regresar por su cuenta «para resolver preguntas».

«Quería comprender el contexto y llevarlo a España con un conocimiento de primera mano, no sólo con un saber de libro sino de vida», afirma.

«Me involucré, empecé a leer. En mi vida hubo un momento de cambio y decidí venir a Palestina», dice y explica creer «fuertemente en los derechos humanos, en este caso, en este lugar, donde son tan vulnerados y hay un contexto de apartheid».

Pero confiesa que le faltaba algo. Carbonell, que de niña regalaba a diestro y siniestro zapatos de cartón creados por ella y que de mayor sueña con ponerse unos «manolos» o algún diseño de su marca fetiche, Chanel, quería explotar su lado más creativo.

En Barcelona había hecho un curso de zapatos, una profesión que le apasiona pero «muy cara y difícil de llevar».

Así que, cuando supo que quería vivir en Palestina, contactó con Abu Amid, un maestro zapatero dueño de su propia marca, Rahala, y acordó que trabajaría para él a cambio de que él le desvelase los secretos de ese mundo al que no tenía acceso.

Dos años después, Sarai ha pasado a formar parte de ese extraño grupo de expatriados en Palestina no vinculados a la cooperación ni al periodismo -a los que se dedican la mayoría de internacionales en la zona- que han llegado atraídos por curiosidad o activismo y han terminado trabajando como camareros, teleoperadores, en empresas de software o negocios personales.

«Ha habido un boom inesperado con las alpargatas», cuenta la catalana sonriente, «las publiqué como una idea creativa en Facebook e Instagram sin intención de venderlas y de repente empezaron a llover pedidos».

Ahora, su marca «I Eat Shoes» ha tenido que rechazar un pedido de 50 pares para un empresario en Dubai y otros de Barcelona. Está decidida a centrarse por el momento en su ciudad de adopción, donde ha encontrado a un nuevo socio en un diseñador gráfico que quiere impulsar la venta de sus creaciones.

«Ha surgido una colaboración con una marca local, Cuptain. Las espardenyas son un concepto nuevo aquí y les gustó la fusión con Palestina», dice con ilusión.

Piensa hacer solo dos o tres modelos diferentes cada año y enseñar la técnica de la alpargata a los locales para «perpetuar la espardenya en Palestina» y contribuir al comercio local.

A pesar de la emoción inicial del gran impacto que ha tenido su zapato, Carbonell reconoce que le será difícil hacerse un hueco en un oficio que «ha quedado reducido a una elite adinerada».

«Esa elite es la que se puede permitir comprar los zapatos a mano, lo que ha causado que los estudios se hayan reducido o extinguido, como ha ocurrido en Barcelona, que el gremio de zapateros desapareció. Dejaron de hacer cursos y los estudios quedaron reducidos a una escuela de elite», lamenta.

Pero agradece la perspectiva que ha ganado al vivir alejada de Europa, en un contexto donde ha comprobado «que no todo tiene que estar vinculado una elite adinerada y se puede ser artesano».

«No todo se reduce a estudiar en la universidad sino que existen otras vías como estudiar con los zapateros. Y no todo se reduce a vender a la elite adinerada sino que puedes conseguir crear unos zapatos artesanos asequibles para todo el mundo», afirma satisfecha.

Por María Sevillano
Con información de:La Vanguardia

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Máster de Estudios Árabes Contemporáneos

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La UAB crea el primer máster de Estudios Árabes Contemporáneos de Europa

La Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) iniciará el próximo mes de septiembre el nuevo máster en Estudios Árabes Contemporáneos, una propuesta destinada a formar expertos en el mundo árabe actual desde una perspectiva innovadora y comprometida con la realidad social que nos rodea.

Según la UAB, el máster estará impartido íntegramente en árabe por profesores con una sólida trayectoria académica y profesional y es un proyecto académico pionero en Europa, abierto a alumnado tanto nacional como internacional que ya posea conocimientos de árabe y que quiera alcanzar un nivel C2 del marco Común Europeo de Referencia.

El objetivo principal del máster es «ofrecer una formación de excelencia en lengua, cultura y sociedades árabes contemporáneas que dé respuesta a una creciente demanda social e institucional en expertos regionales».

El programa comprende cinco módulos de docencia y un trabajo de fin de máster.

Aparte del módulo dedicado exclusivamente a la lengua (árabe estándar moderno, árabe levantino y marroquí, sociolingüística, enseñanza del árabe como lengua extranjera), los módulos y asignaturas del máster reflejan las principales áreas de conocimiento dentro de los Estudios de Área, con especial énfasis en la contemporaneidad (revueltas árabes, historia y sociedades árabes de los siglos XX y XXI, posmodernidades árabes, etc.).

También estudiará el compromiso social (cosmopolitismo e hibridación, estudios queer y de género, márgenes, feminismo árabe, derechos humanos, cooperación y tercer sector, etc.).

Las clases se impartirán en la Facultad de Traducción e Interpretación de la UAB.

Se trata de un máster de 60 créditos ECTS, un año académico, y ofrece 25 plazas, cuya admisión ya está abierta.

Con información de:La Vanguardia

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El Capricho de un genio – Antoni Gaudí

El Capricho de un genio - Antoni Gaudí
El Capricho de un genio – Antoni Gaudí

”La belleza es el resplandor de la verdad, y como que el arte es belleza, sin verdad no hay arte”.

Hoy en día, la obra de Antoni Gaudí (1852—1926) es mundialmente reconocida por el público en general y por los arquitectos e historiadores del arte como creación genial, es decir, que “genera” (la obra de un auténtico creador); y así lo atestigua la UNESCO al otorgarle a buena parte de sus edificios la categoría de Patrimonio de la Humanidad.

Pero no siempre ha sido así. En vida de Gaudí, sus coetáneos y la prensa de Barcelona a menudo satirizaban sus creaciones calificándolas de “ridículas” y “de mal gusto”; y durante el primer tercio del siglo xx, la tensión entre lo “nuevo” (exigencia de juventud, ruptura con el pasado, reconquista de una nueva sencillez) y lo “viejo” (aceptación de la multiplicidad, de la complejidad, en suma, de la vejez) mantuvo la obra del arquitecto en el olvido cuando no en la incomprensión despreciativa.

No fue hasta mediados del siglo pasado, con la reivindicación de su figura por parte del movimiento surrealista (especialmente Dalí y Cirlot), que se empieza a valorar la importancia de la especialísima y original aportación gaudiniana al mundo de la arquitectura y del arte en general.

En efecto, Gaudí lleva a cabo su obra con independencia y originalidad y trasciende los estrechos marcos del Modernismo. En palabras de Daniel Giralt-Miracle, Comisario general del Año Internacional: «Gaudí, es un artista potente y desbordado, capaz de romper con la fidelidad a los estilos históricos y de replantear la misma esencia de la arquitectura reconsiderando materiales, procedimientos, técnicas, sistemas de cálculo o repertorios geométricos».

Gaudí (a pesar de que lo primero que llama la atención de su obra es el uso de una policromía arrebatada o de unas formas naturalistas muy expresivas, casi dotadas de movimiento) es un arquitecto que se rige por la lógica de la racionalidad y el funcionalismo y fue el primer arquitecto que usó los principios de la geometría reglada de superficies alabeadas (la que rige las formas de la naturaleza) aplicada a la construcción de edificios, que introdujo la construcción modular con elementos prefabricados 20 años antes que Lloyd Wright en Hollyhock House o Casa Barnsdall (1922), y que aplicó criterios de integración de factores ambientales del lugar (uso, función, materiales nativos o procesos constructivos) en la creación de sus edificios cuando aún faltaba medio siglo para que arquitectos escandinavos o el mismo Lloyd Wright formalizaran el movimiento de la “arquitectura orgánica”.

Gaudí es un arquitecto extraordinario e irrepetible, de una enorme coherencia entre sus exuberantes fachadas y cubiertas, sus humanizados espacios habitables y sus sistemas constructivos. La suya, según el especialista Joan Bassegoda, es la arquitectura de la realidad natural que se presenta como si fuera fruto de la ilusión, un cuento de hadas.

Antoni Gaudí es, sin lugar a dudas, uno de los artistas españoles más conocidos internacionalmente y uno de los activos más importantes de la industria turística española. Sus obras son conocidas internacionalmente y edificios como la Casa Batlló, la Basílica de la Sagrada Familia o la Pedrera, todas ellas en Barcelona, son paradas fijas en el peregrinaje de miles y miles de turistas de todo el mundo que desean conocer la obra de este arquitecto único e irrepetible que fue capaz de encontrar la mezcla perfecta entre lo orgánico, lo funcional y lo estético.

El Capricho de Gaudí

Lo que muy pocos saben es que en Cantabria, y más concretamente en Comillas, se esconde una de sus primeras obras de relevancia: El Capricho de Gaudí, que diseñó cuando apenas tenía 30 años. Esta casa de veraneo, encargada por el indiano cántabro D. Máximo Díaz de Quijano, es una obra esencial a la hora de comprender la trayectoria del arquitecto catalán. “El Capricho” es un edificio, inusual y enigmático, que está cargado de innumerables detalles que nos muestran como fueron los primeros pasos de Gaudí y como afrontó su lucha por romper con los principios establecidos de la arquitectura del momento. “El Capricho” es por tanto, el escenario de la eclosión de uno de los más grandes arquitectos de la historia contemporánea.

El Capricho es una muestra de la plenitud de la tendencia oriental en la que Gaudí halló espléndidas soluciones, como la torre-minarete (o alminar persa) y que es el elemento definitorio de esta obra y el primer precedente de una solución arquitectónica que aparecerá en futuras construcciones como Bellesguard o los Pabellones del Park Güell. En el remate de la torre, toda ella revestida de la misma cerámica que las franjas, acentuando así su verticalidad, hay un delicioso templete sostenido por cuatro columnas de fundición, en el que la geometrización de la cúpula, según el ya citado Cirlot, es un verdadero cubismo realizado con un cuarto de siglo de antelación

También hay que destacar en esta primera obra de Gaudí (lo que será una constante en su obra) la extraordinaria adaptación a las características del contratante. Efectivamente, Díaz de Quijano era músico amateur y coleccionista de plantas exóticas. El Capricho, cuyo nombre evoca, precisamente, la composición musical libre y fantasiosa, tenía planta en forma de U para abrigar del viento del norte un gran invernadero orientado al sur donde el propietario atesoraba las plantas que le traían de ultramar. Y Gaudí reflejó la pasión del propietario por la música en diversos elementos, tanto de la decoración interior, como en el exterior. Es el caso de las vidrieras de la libélula con una guitarra y la del gorrión sobre un órgano, o del banco-balcón, donde los contrapesos de la ventana de guillotina eran tubos metálicos que al subir o bajar eran percutidos por un vástago y emitían agradables sonidos musicales.

Máximo Díaz de Quijano

Máximo Díaz de Quijano y Fernández San Juan nació en Comillas en 1838, hizo fortuna en América y regresó a su Cantabria natal. Su hermana Benita se casó con Claudio López y López, hermano de Antonio, el primer marqués de Comillas. Se integró en la elite veraneante de Comillas, y así el “Boletín del Comercio” de Santander del 16 de julio de 1882 lo cita como “el ilustrado y conocido jurisconsulto que está en Comillas”. En 1883 encargó a Gaudí una casa en Comillas: El Capricho.

Máximo Díaz de Quijano y Gaudí no llegaron a conocerse, ya que Gaudí no visitó nunca Comillas. Tampoco pudo disfrutar de la casa que le había construido Gaudí, ya que murió el 7 de julio de 1885, el mismo año que se acabó El Capricho. (No obstante, el escultor Joan Matamala, hijo de Llorenç Matamala, escribe en sus tardías memorias “Mi itinerario con el arquitecto” que Gaudí le contó que había hecho un viaje de incógnito a Santiago de Compostela entre 1883 y 1885, pasando por Burgos y Comillas).

El panteón de Máximo Díaz de Quijano se encuentra en el magnífico cementerio de Comillas, obra de Domènech i Muntaner. La hermana de Máximo, Benita, heredó El Capricho; y el año 1904 el hijo de ésta, Santiago López y Díaz de Quijano, quien murió en Barcelona también soltero el 9 de diciembre de 1928. De Santiago, El Capricho pasó a sus hermanos y a su madre; y de éstos a Joan Antoni Güell i López, un hijo de Eusebi Güell i Bacigalupi. La casa cayó en el abandono.

Como ha reseñado Tate Cabré, hubo en 1975 un intento de trasladarla a Reus: el Ayuntamiento de la ciudad natal de Gaudí quiso comprar El Capricho para trasladarlo piedra a piedra al nuevo parque de Sant Jordi. Finalmente el 2 de enero de 1992 la compañía japonesa Mido Development Co. Ltd. adquirió El Capricho de Gaudí e instaló un restaurante.

El Arquitecto de Dios – La Muerte de Gaudí

Gaudí murió a la edad de 74 años (10 junio 1926), pero de no ser por el tranvía quizás hubiese vivido más años ya que su padre vivió 93 años conservando toda su energía. Media Barcelona se vistió de luto para rendir el último honor a un hombre que, aunque pocos lo habían conocido en persona, se había vuelto muy popular. Su cuerpo fue enterrado en la cripta de la obra donde trabajó casi 43 últimos años de su vida, la Sagrada Família.

Relata José Antonio Casares ..  » El arquitecto caminaba la tarde del 7 de junio de 1926, a eso de las seis, por Barcelona. Entre las calles Gerona y Bailén se asustó al ver venir hacia él un tranvía y, con objeto de evitarlo, se echó para atrás. Con tan mala fortuna que lo atropelló el tranvía que venía en sentido contrario. Éstas al menos fueron las declaraciones que el conductor hizo después . Pero en aquel primer momento de confusión todos los presentes, tanto viandantes como maquinista, decidieron por su aspecto desaliñado que se trataba de un mendigo y lo abandonaron a su suerte en la calle «.  Incluso los taxistas se negaron a llevar a un pobre «vagabundo» hasta el hospital,  más tarde se supo que la guardia urbana los multó por no atender a un herido.

Por aquel entonces Gaudí contaba con 74 años y hacía tiempo que solía vestir con hábito negro. La manufactura de sus sandalias era propia. El conductor lo apartó a un lado y siguió su camino. Cuando al fin lo llevaron al Hospital de La Santa Creu, de beneficencia, el arquitecto deliraba. No llevaba documentación, y en la ficha no acertaron otro apellido que Sandí. Al cabo de varias horas se lo consiguió identificar, pero aún entonces, según opina Juan José Navarro Arisa en “Gaudí. El arquitecto de Dios”, no fue sino para empeorar las cosas: su apresurado entablillamiento del tórax pudo haber acelerado su muerte.

Al parecer, Antonio Gaudí daba largos paseos cada día, pues era reacio a montar en vehículos ….

Referencias :
El gran Gaudí, de Joan Bassegoda
Gaudí . El Genio, de Josep Liz
Gaudí: Mecánica y forma de la naturaleza, de Eduardo Daniel Quiroga y Eduardo Alberto Salomón.
Antoni Gaudí, la visión de un genio, de Judith Rodríguez Vargas
Máximo Díaz de Quijano, de Josep Maria Tarragona

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