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La astrónoma que quiso colocar a Córdoba en el centro del universo

Córdoba podría haber sido Greenwich. Las diferencias horarias en todo el planeta podrían haberse calculado en función de una línea imaginaria que pasara por encima de la Mezquita, si hubiese prosperado la intención de la científica Fatima-al-Mayriti (Fátima de Madrid en la traducción al castellano) de convertir a la capital del Califato Omeya en el centro del universo (contando también con que el propio califato hubiese prosperado más allá del siglo X).

La astrónoma, hija de un conocido hombre de ciencia, ayudó a su padre corrigiendo mediciones que tomaban como base la capital cordobesa para calcular la posición exacta de los planetas, el Sol y la Luna. Algunos de ellos contaban ya en la época con una enorme precisión, y permitían por ejemplo predecir los eclipses.

En 2009, la Sociedad Española de Astronomía la consideró una de las doce mujeres más influyentes de la historia del estudio de los cuerpos celestes en el universo, incluyéndola en en la publicación “Mujer y astronomía”.

Por Óscar Gómez
Con información de:Ahora Córdoba

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Maslama al-Mayriti. El elogio del olvido

Córdoba, durante el dominio musulmán en España era, entre los siglos X y XI, el espejo donde las demás ciudades del mundo conocido miraban y trataban de copiar. Tal esplendor no era sólo debido a la buena administración, sino también a los avances científico-tecnológicos, a los que los propios cordobeses contribuyeron de una forma muy decisiva. De hecho, se llegó a crear una especie de ministerio de la Ciencia. Fue durante esta época culturalmente fecunda pero, a la vez, infestada de intrigas palaciegas y de guerras, cuando aparecieron las figuras del poco conocido astrónomo Maslama al-Mayriti y también de Almanzor. Este último, nacido en Algeciras, fue escalando puestos en la administración cordobesa hasta llegar a ser el chambelán del califato cordobés.

Maslama al-Mayriti, como su nombre sugiere, era probablemente madrileño, aunque todas sus investigaciones de importancia hubiesen sido llevadas a cabo en Córdoba. Se desconoce la fecha de su nacimiento y murió a principios del siglo XI. Fue uno de los astrónomos más importantes del Medievo español, aunque su nombre no le suene a casi nadie, ni siquiera a muchos profesionales de la Astrofísica. Un verdadero olvidado de la Astronomía hispano-árabe. A pesar de ello, Ibn Said nos dice de él:

“Fue el principal de los matemáticos de su tiempo, y más sabio que todos que le habían precedido en la ciencia de los astros; era técnico en las observaciones astronómicas y se esmeró en la inteligencia del Almagesto de Ptolomeo.”

De sus obras nos dice Ibn Said:

“Un libro en el que resumió las ecuaciones de los planetas tal como aparecían en las tablas de al-Battani; se ocupó en las tablas de al-Jwarizmi, cambió la era persa por la de la héjira, puso los lugares medios de los planetas según el principio de la héjira, y añadió algunas buenas tablas, aunque siguió la doctrina de al-Jwarizmi y no hizo notar los lugares en que éste se había equivocado.”

Entre los discípulos más importantes podemos destacar a Ibn al-Samh. Además de obras sobre astrolabios (conteniendo 130 capítulos) y tablas astronómicas, este astrónomo publicó también un libro sobre la lámina de los siete planetas, que fue traducido al romance por el equipo de Alfonso X (Libros del Saber de Astronomía). En este libro de Ibn al-Samh se puede leer: fabla de cuemo puede ell home fazer una lámina a cada planeta, segund que los mostró el sabio Abulcacim Abnaçanm. También publicó unas tablas astronómicas según la teoría de los hindúes (el Sind Hind).

Debido a adversos problemas políticos acaecidos en Córdoba, Ibn al-Samh tuvo que refugiarse en Granada, donde murió en el año 1035 de nuestra era Ibn al-Saffar (Denia) fue otro de los alumnos de Maslama que se destacó en la construcción de instrumentos astronómicos. De hecho, se le atribuye el reloj de Sol conservado en el Museo Provincial de Córdoba. Escribió un tratado sobre astrolabios y, además, elaboró unas tablas astronómicas.

Los discípulos de Maslama sentaron las bases de otras escuelas. Además de la contrastada calidad de sus nietos científicos , la proliferación de escuelas garantizó la enseñanza y la investigación astronómicas en al-Andalus. Pero, a pesar de su enorme legado, vivió sus últimos días olvidado por todos, incluidos aquellos a los que abrió las puertas del conocimiento de los cielos.

Por Antonio Claret
Con información de:Ciencia para escuchar

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La astronomía en la Antigua Babilonia

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Mesopotamia, esa tierra entre los ríos Tigris y Éufrates, en lo que hoy en día conocemos como Irak, es la cuna de la civilización. En la antigua Sumeria podemos encontrar los registros más antiguos del estudio de la astronomía. Ellos fueron los pioneros, pero los babilonios y los asirios (que ocuparon la misma zona geográfica) heredaron sus tradiciones astronómicas, mitos y leyendas, y desarrollaron su propia cultura astronómica que, con el tiempo, pasaría a los griegos y llegaría hasta nuestros días. De todas estas civilizaciones, los babilonios fueron los que nos dejaron el mayor legado de la astronomía occidental. Tanto es así, que todavía usamos algunas de sus constelaciones, e hicieron predicciones sorprendentemente acercadas a nuestra comprensión del mundo actual…

Muchos de sus conocimientos han perdurado hasta nuestros días

Al igual que en muchas antiguas culturas (como es el caso de la japonesa, aunque fuese muy posterior), los eventos astronómicos (tanto si eran recurrentes como hechos aislados) tenían un profundo significado religioso para el pueblo babilonio, y sus astrónomos (y sacerdotes) llegaban a dictar cómo debían ser las vidas de los ciudadanos en base a sus interpretaciones de los cielos.

Mucha de la mitología babilonia fue heredada de los sumerios. Algunas de las constelaciones que usamos hoy en día (como las de Leo, Tauro, Escorpio, Géminis, Capricornio, Sagitario y Auriga, la constelación del Cochero) fueron inventadas por los babilonios y los sumerios en algún momento entre los años 3.000 y 2.000 A.C. El zodíaco, de hecho, fue creado por los babilonios, en el que se recogían las doce constelaciones por las que el Sol, la Luna y los planetas viajan a lo largo de su travesía por el firmamento.

Pero las constelaciones no eran sólo una manifestación de las leyendas del pueblo babilonio, también tenían un uso práctico para sus habitantes. Como en otras civilizaciones, la orientación de las constelaciones era muy útil para determinar cuál era la temporada de cosecha, o la temporada ideal de siembra. Algunas constelaciones destacaban por aparecer en el cielo en un momento determinado del año, o por ponerse en el horizonte en un momento en concreto, proporcionando una forma muy certera de medir el tiempo.

No sólo hemos heredado su zodíaco o algunas de sus constelaciones, los babilonios también usaban un sistema numérico sexagesimal (en base 60), que simplificaba la tarea de registrar números grandes y pequeños. De ahí proviene la práctica moderna de dividir un círculo en 360 grados, o de una hora en 60 minutos.

La Tablilla de Venus de Ammisaduqa

Gracias a la Tablilla de Venus de Ammisaduqa, un texto cuneiforme que habla de la aparición y desaparición de Venus en el firmamento al pasar de ser una de las estrellas que aparece al atardecer a hacerlo en el amanecer, podemos saber que los babilonios no sólo entendían que Venus era el mismo objeto pese a aparecer en diferentes momentos del día, si no que también llegaron a calcular su ciclo sinódico (es decir, el tiempo que tardaba en volver a aparecer en el mismo punto en el firmamento).

Según esta tablilla (la más antigua que conocemos relacionada con la astronomía), que recoge las observaciones de Venus durante un período de unos 21 años, la duración de un ciclo venusiano era de 587 días. Sólo se equivocaron en tres días, y todo se debe a su intento de que encajase con las fases de la luna. Es, también, la primera evidencia de que los babilonios entendían que los eventos planetarios eran periódicos.

Los astrónomos de Caldea y Seleuco de Seleucia

Es obligatorio destacar a los astrónomos del imperio de Caldea, que durante la época neo-babilónica, descubrieron el ciclo de eclipses y el saros (un período de 223 meses sinódicos, es decir, unos 18 años y 11 meses), utilizados para determinar cuando sucederían los próximos eclipses solares y lunares. También observaron que el movimiento del Sol en la eclíptica (su movimiento aparente en el cielo) no era uniforme, aunque no supieron explicar el motivo; hoy sabemos que se debe a que la Tierra se mueve en una órbita elíptica alrededor del Sol, provocando que el planeta se mueva más rápido cuando está más cerca del Sol y más lento cuando está en el punto más alejado.

El único modelo planetario que ha sobrevivido de los astrónomos de Caldea es el de Seleuco de Seleucia, que apoyaba el modelo heliocéntrico defendido por el griego Aristarco de Samos. De hecho, Aristarco llegó a teorizar (quedándose muy corto, eso sí) que el universo debía ser mucho mayor de lo que suponían los defensores del geocentrismo, y creía que la Tierra giraba en una órbita circular alrededor del Sol. También tenía su propia explicación para la ausencia de paralaje (es decir, la falta de movimiento aparente entre las estrellas que ves en el cielo por las noches) diciendo que éstas debían estar infinitamente lejos, y por tanto no era perceptible.

Pero volviendo a Seleuco de Seleucia, sabemos que fue uno de los astrónomos más influyentes en Babilonia (junto a otros de la época, como Kidinnu y Naburiano), y el único que apoyaba la teoría heliocéntrica propuesta por Aristarco. Gracias a los escritos de Plutarco, hemos podido saber que Seleuco llegó a demostrar el sistema heliocéntrico por medio del razonamiento, aunque no sabemos con total seguridad qué argumentos usó para conseguirlo.

Según Lucio Russo (un matemático, físico e historiador italiano) es posible que sus argumentos estuviesen relacionados con las mareas. Seleuco teorizó que las mareas eran causadas por la Luna e indicó que las mareas variaban en hora y fuerza en las diferentes partes del mundo. Según el historiador griego Estrabón, Seleuco fue el primero en afirmar que las mareas eran debido a la atracción de la Luna, y que la altura de éstas dependía de la posición de la Luna en relación al Sol.

Por desgracia, ninguna de las escrituras originales de Seleuco, ni sus traducciones al griego, han sobrevivido hasta nuestros días. Pero es inevitable pensar hasta donde hubiera podido llegar el conocimiento de nuestro mundo si los antiguos babilonios, y los griegos, hubieran prestado más atención a la imagen del cielo que tenía Seleuco de Seleucia.

Por Alex Riveiro
Con información de: Astrobitácora

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El secreto matemático de Babilonia

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Un texto antiguo desvela que la civilización de Mesopotamia ya usaba geometría para seguir a Júpiter 14 siglos antes que Europa

En otoño del año pasado, Mathieu Ossendrijver se convenció de que había encontrado algo que cambia la historia de la ciencia. Este doctor en astrofísica llevaba años intentando descifrar unas tablillas de barro escritas en Babilonia entre los años 350 y 50 antes de la era Común. Parecían hablar de astronomía y polígonos, pero estaban tan rotas que era imposible entenderlas por completo. El hallazgo en los archivos del British Museum de Londres de otro de estos textos escritos en barro ha permitido ahora descifrar todo el mensaje. En un estudio publicado en Science, Ossendrijver explica que las tabletas demuestran que los babilonios fueron los primeros en usar la geometría para describir el movimiento de un planeta. Esto implica que se adelantaron 14 siglos a los europeos, hasta ahora considerados descubridores de este tipo de operaciones matemáticas.

“La quinta tablilla era la clave”, explica Ossendrijver al teléfono desde su despacho de la Universidad Humboldt de Berlín. La civilización babilónica surgió en Mesopotamia, el actual Irak, y es bien conocido su avanzado conocimiento de las matemáticas y la astronomía. Hasta ahora todos sus textos astronómicos, a menudo escritos con un punzón sobre arcilla, estaban basados en la aritmética (sumas, restas, multiplicaciones y divisiones).

El punto de partida de esta nueva investigación fueron dos tablillas archivadas en el British y descritas en 1955. Parecían hablar de trapecios, pero su significado no estaba claro. Ossendrijver dice que él mismo situó otras dos tablillas en el museo londinense que también mencionan trapecios, aparentemente aplicados a mediciones astronómicas, pero su significado aún se le escapaba. Ya en 2015, un colega que trabaja en Austria le enseñó fotos de otra tablilla en la que el alemán creyó ver algo definitivo. El astrónomo volvió a la capital británica, tradujo el texto y lo comparó con los otros cuatro. Pasado septiembre de 2015 se convenció de que estaba ante una descripción de Júpiter totalmente adelantada a su época.

La quinta tablilla representa la trayectoria del planeta en el cielo usando trapecios. El área del primer trapecio permite conocer su posición en 60 días. Pasado el doble de ese tiempo, 120 días, el planeta visto desde la Tierra detiene su aparente avance en el cielo y comienza a retroceder, con lo que los trapecios permiten reconstruir su movimiento durante todo el año. Además el texto explica cómo dividir el primer trapecio en otros dos de idéntica área para saber que el astro tarda 28 días en cubrir la mitad de su primer periodo.

Este uso de la geometría en astronomía “es muy nuevo”, resalta Ossendrijver, pues supone una representación abstracta del tiempo y la velocidad. Esto sería diferente del modo en que los griegos aplicaron la geometría al espacio físico, señala. De hecho, Hasta ahora, explica el astrónomo, se pensaba que estas técnicas no se usaron hasta el siglo XIV por matemáticos de Oxford y París, quienes las emplearon en balística. “Para encontrar aplicaciones en astronomía probablemente hay que esperar a los tiempos de Isaac Newton”, asegura el astrónomo.

El descubrimiento ha sido destacado en la portada de la revista Science, que resalta que “cambia los libros de historia” y muestra lo “rezagados” que iban los europeos en este campo.

El estudio demuestra que los astrónomos babilonios «podían proponerse un problema astronómico, desarrollar una forma abstracta de pensar para resolverlo y luego contrastarlo en un marco real y observable”, destaca John Steele, investigador de la Universidad Brown (EE UU) y experto en este campo. Usaban la geometría en un sentido abstracto para definir el tiempo y la velocidad, en este caso la de un planeta, Júpiter, que representaba a Marduk, el principal dios babilonio.

¿Cómo pudo perderse ese conocimiento durante 14 siglos? Es imposible saberlo, dice Ossendrijver. Lo que sí tiene claro es que lo mismo puede estar pasando en la actualidad debido a la destrucción del patrimonio en Mesopotamia. “No se trata solo de la herencia de Irak, sino de la europea, la raíz de la astronomía, nuestra propia cultura está amenazada”, lamenta.

Por Nuño Domínguez

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Nombres árabes de las constelaciones

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Hoy en día casi todas las estrellas brillantes tienen nombres árabes

El Libro de las Estrellas Fijas (Kitab suwar al-Kawakib ath-thabita), de  ‘Abd ar-Rahman Al-Sufi (903-986).

Nombre ConstelaciónNombre en árabeTraducciónConstelación
ad-dubb al-asgharالدب الاصغرOso PequeñoOsa Menor
ad-dubb al-akbarالدب الاكبرOso GrandeOsa Mayor
at-tinninالتنينDragón / SerpienteDraco
qiqaush / al-multahibالملتهبCefeo / el que quemaCefeo
al-‘awwa’ / as-sayyahan-naqar / haris ash-shamalالعوّاءel que aúlla / el que grita / el guardián del norteBootes, el Boyero
al-iklil ash-shamali / al-fakkaالاكليل الشمالي la corona del norteCorona Borealis
al-jathi / ar-raqisالخاثيel arrodillado / el bailarínHércules
al-qitar / al-iwazz / as-sanj / as-sulahfaالقيثارةLira / la oca / la tortugaLira
at-ta’ir / ad-dajajaالدجاجةel ave / la gallinaCisne
dhat al-kursiذات الكرسيla que lleva melenaCasiopea
Barshaush / hamil ra’s al-ghulحامل راس الغولPerseo / el que lleva la cabeza del DiabloPerseo
mumsik al-‘innaممسك الاعنةel que lleva las riendasAuriga
al-huwwa / al-hayyaالحواءel encantador de serpientes / serpienteOfiuco
hayyat al-huwwaالحيةla serpiente del serpentarioSerpens
as-sahmالسهمla flechaSagitta
al-‘uqab / an-nasr at-ta’irالعقا بel águila / el ave victoriosaÁguila
ad-dulfinالدلفين DelfínDelfín
qit’at al-farasقطعة الفرسel pecho del caballoPegaso
al-faras al a’zlamالفرس الاعظم el gran caballoPegaso
Andrumida / al-mar’at allati lam tara bal ‘an / al-musalsalaالمسلسلةAndrómeda / la mujer que no ve al marido / la encadenadaAndrómeda
al-muthallathالمثلثel triánguloTriángulo
al-hamal الحملel carneroAries
ath-thaurالثورel toroTauro
at-taw’amaniالتوامانlos gemelosGéminis
as-saratan السرطا نel cangrejoCáncer
al-asadالاسدel leónLeo
as-sunbula / al-‘adhraالعذراءla doncellaVirgo
al-mizanالميزانla balanzaLibra
al-‘aqrabالعقربel escorpiónEscorpio
ar-rami / al-qausالراميel arqueroSagitario
al-jadyuالجديla cabra jovénCapricornio
ad-dalw / sakib al-ma’الدلوel cubo de aguaAcuario
al-hut / samakataniالحوتel pez, la ballenaPiscis
al-QitusالقيطسCetusCetus
al-jabbar / aj-jauza’الخبارel gigante / el tiranoOrión
an-nahrالنهرel ríoEridano
al-arnabالارنبel conejoLepus
al-kalb al-akbarالكلب الاكبرel perro grandeCan Mayor
al-kalb al-asgharالكلب الاصغر el perro pequeñoCan Menor
as-safinaالسفينةel barcoArgo Navis (Puppis, Vela y Carina)
ash-shuja’الشخاعla serpiente de aguaHidra
al-batiyaالباطيةla copaCráter
al-ghurabالغراب el cuervoCorvus
QintaurusقنطورسCentauroCentauro
as-sabu’السبعla bestiaLupus
al-mijmaraالمخمرةel censorAra
al-iklil aj-janubiالاكليل الجنوبيcorona del surCorona Australis
al hut aj-janubiyyaالحوت الجنوبيغ el pez (la ballena) del surPiscis Austtrinus

Gracias a la labor de los astrónomos y filósofos del Islam pudo este conocimiento ser transmitido a la Europa cristiana, razón por la cual casi todas las estrellas del Almagesto tienen nombre árabe en la actualidad.

Con información de AAGC , de Daniel Marín Arcones.

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Las Tres Marías y las pirámides de Egipto

Las Tres Marías - ©Martín Mutti
Las Tres Marías – ©Martín Mutti

Existen tres enormes estrellas visibles en el cielo del invierno y en el centro de la constelación de Orión, catedral celeste. Estas tres estrellas forman una casi perfecta alineación inclinada, separadas por distancias prácticamente equidistantes aparentemente. Son conocidas como Las tres Marías, los tres reyes magos o el cinturón de Orión -un gigante cazador de la mitología-, pero estos nombres no son suficientes para conocer los misterios que encierran tan colosales estrellas.

Debemos mirar hacia el sur, a media altura; entre el horizonte y el cénit. No tiene pérdida, es una brillante alineación estelar, que es única en el firmamento. Tres estrellas azules, tres gigantes: Mintaka, Alnitak y Alnilam.

Un ingeniero nacido en Alejandría en 1948, Robert Bauval,con conocimientos de astronomía e interesado en la egiptología, descubrió que las tres Marías están posicionadas exactamente como las tres grandes pirámides de Giza en Egipto. La estrella Mintaka, en la parte superior de la alineación de las tres Marías, está algo desviada con respecto a las dos anteriores, la misma imperfecta alineación tienen las tres grandes pirámides. Pero además, la pirámide desviada de la línea recta que une a las otras dos, es la más pequeña de las tres (Micerino), al igual que Mintaka, que es la estrella que menos brilla de las tres Marías. También, la pirámide que está más elevada en la meseta de las tres y que más resalta (Kefrén) es la central, al igual que la estrella central de Las tres Marías, que es la más brillante. ¿También sabían los egipcios que estas estrellas son visibles desde todo el mundo? Y más concretamente Mintaka, que está justo en el ecuador celeste. Todo puede ser producto de la casualidad, pero muchas casualidades dan como fruto la verdad.

Curiosamente, los egipcios creían que tras su muerte, las puertas del cielo se abrían en el lugar que ocupa el cinturón de Orión, pero jamás comprendieron la grandeza de esas tres espectaculares estrellas. Las tres Marías constituían el lugar donde reposaba el alma de Osiris, el dios egipcio de la resurrección y preside el tribunal del juicio de los difuntos, entre otras atribuciones.

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Alnitak, nombre árabe que significa “el cinturón”, es de las tres estrellas la que se encuentra más abajo. Una estrella nueva de 6 millones de años de edad, mientras que el Sol tiene unos 5.000 millones. Este gigante azul, 16 veces el diámetro del Sol, con una magnitud visual de 1,79, situado a 700 años luz del Sol, de tipo espectral O9, brilla con una intensidad 100.000 veces superior a la de nuestro Sol, que a su lado es una diminuta estrella con una masa 20 veces inferior a Alnitak. Ocupa el puesto 35 entre las estrellas más luminosas que conocemos, incluidas las estrellas de otras galaxias.

Alnitak es una estrella peculiar, cuya temperatura alcanza en la superficie los 29.000 grados. El Sol solo alcanza los 6.500. Pero además es una fuente muy intensa de rayos X, debido a los fuertes vientos estelares que se proyectan desde la superficie que en forma de partículas, esencialmente hidrógeno y helio, barriendo el espacio circundante a velocidades de 2.000 km/s.

Este tipo de estrellas gigantes tienen los días contados. Las estrellas, mientras más grandes son, menos tiempo viven, de forma que Alnitak, en poco tiempo se convertirá en una supergigante roja, explotará en forma de supernova, pudiéndose ver incluso de día desde la Tierra, para terminar como una diminuta estrella de unos 10 km de diámetro, denominada estrella de neutrones, una estrella tan densa, que una cucharadita de café de su superficie pesaría tanto como una montaña. Además Alnitak es una estrella triple.

Alnilam. Situada en el centro del trío estelar que conforman Las tres Marías, es un verdadero espectáculo celeste. Brilla con una magnitud de 1,70, siendo la cuarta estrella más brillante de Orión y la más brillante de Las tres Marías, además de la más lejana a 1.340 años luz, pero eso es nada comparado con la luminosidad de la estrella, igual a 380.000 veces superior al Sol, ocupando el puesto 27 de todas las estrellas conocidas.

Es una estrella supergigante azul, 31 veces el diámetro del Sol y 40 masas solares. Extraordinariamente joven, con solo 4 millones de años, algo más fría que la anterior, con unos 25.000ºC en la superficie. También posee un poderoso viento estelar con velocidades de 2.000 km/s, 20 millones de veces más que el viento solar. La temperatura y la radiación son tan elevadas en esta estrella que llega a iluminar por reflexión una nebulosa de gas y polvo denominada NGC 1990.

Alnilam es tan joven que aún no es una estrella estable, sino variable en su brillo (variable pulsante), debido a que se dilata y se contrae continuamente. El Sol es una estrella estable, no pulsa, no se dilata, ni contrae. La fuerza de gravedad que tira hacia adentro del Sol, se ha compensado con la fuerza expansiva de las reacciones termonucleares al convertir el hidrógeno en helio, pero en Alnilam, ambas fuerzas continúan si ponerse de acuerdo. Si es posible que posea planetas, la vida allí tal como la conocemos sería imposible, debido a la inestabilidad de la estrella.

Alnilam terminará sus días como Alnitak, convirtiéndose en una supergigante roja prematura y dejando tras ello su núcleo super denso al descubierto; una estrella de neutrones. Mientras, se aleja de nosotros a una velocidad de 26 km/s.

Mintaka: Palabra árabe que significa “para cinturón”. Otra estrella gigante azul, aunque la más débil en brillo de Las tres Marías alcanzando la 2,5 magnitud. Contiene 20 masas solares y una luminosidad 90.000 veces superior a la del Sol. Situada a una distancia de 915 años luz, es sorprendente que brille con tanta intensidad, no en vano su temperatura superficial es de 31.000ºC.

Mintaka es uno de los sistemas múltiples más complejos que se conocen. La estrella principal, es decir Mintaka, posee una compañera de 6,8 magnitud a una distancia real de más de 2,3 billones de km, o lo que es lo mismo, Œ de año luz. Pero a su vez, esta estrella que en apariencia dista de Mintaka 1Žde arco, es una binaria espectroscópica, es decir, que tiene otra compañera tan pegada a ella que es imposible despegarla con telescopios, pero sí mediante la espectroscopía; lo único que podemos detectar es el espectro de la compañera, pero no la podemos ver. Entre la binaria espectroscópica y Mintaka, existe una débil estrella de magnitud 14 que puede pertenecer al sistema.

Pero además, Mintaka posee una compañera extraordinariamente cercana a ella, por ello es una binaria espectroscópica. Curiosamente la estrella compañera goza de casi las mismas características que Mintaka, igual en masa, temperatura y luminosidad y debe ser del mismo tamaño. Un complejo sistema estelar de 5 estrellas. Casi todas las estrellas son dobles o múltiples, la rareza la tiene nuestro Sol, que es una estrella solitaria. No obstante, muchos investigadores buscan estrellas enanas que puedan estar atrapadas por la gravedad del Sol.

Por Miguel Gilarte (Director del Observatorio Astronómico de Almadén de la Plata (Sevilla) y Pte de la Asociación Astronómica de España.)
Con información de ABC

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