El Corán como un libro perfecto

El Corán contiene y explica el objetivo perfecto del género humano de la mejor manera posible, ya que esta meta humana ha sido proyectada en él de manera realista. Incluye una perfecta visión del mundo y adopta principios morales y leyes prácticas adecuadas a esta idea del mundo. El Corán describe este objetivo de una manera perfecta. Dice Dios, exaltado sea:

“Guía (el Corán) hacia la Verdad y a un sendero recto”. (46:30)

Y en otro lugar, luego de mencionar al Pentateuco (Torah), y el Evangelio (anteriores revelaciones), dice:

“…y Te hemos revelado el Libro (Corán) con la Verdad, como confirmación de lo que tenéis (de anteriores revelaciones), de la Escritura y como guardián (y protector), de ella (la revelación)”. (5:48)

Y en el contenido del Corán, acerca de la misma verdad de la religión de los Profetas del pasado, dice :

“Os ha prescripto (en leyes y regulaciones) en materia de dîn (religión y modo de vida), lo que ya había ordenado a Noé , y lo que te hemos revelado a tí (Muhammad), y lo que  ordenamos a Abraham, Moisés y Jesús” . (42:13)



Y de una manera más amplia afirma:

“Y te revelamos (Muhammad), el Libro (Corán), como una clara explicación de todo”. (16:89)

La conclusión de los versículos citados es que el Corán contiene – reúne en sí – la verdad de los significados de todos los Libros revelados y algo más. Describe, de una forma perfecta, todo lo que la humanidad necesita en su marcha hacia la felicidad y completitud en los ámbitos tanto de la creencia como de la acción.

Por  ‘Al.lamah Tabataba’i

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Vengan compañeros de cadenas y tristezas – Mahmoud Darwish

Vengan compañeros de cadenas y tristezas
Caminemos para la más bella margen
Nosotros no nos someteremos
Sólo podemos perder
el ataúd.

Mahmoud Darwish



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El museo más antiguo de la historia – Ennigaldi-Nanna

El descubrimiento del primer museo que se conoce, en 1925, reveló que esta práctica tiene sus raíces, al menos, hace 2500 años, puesto que el Museo de Ennigaldi-Nanna data del 530 a.C.

    • El citado museo es el primero que se conoce por la humanidad, y fue descubierto en 1925 por el arqueólogo Leonard Woolley. Cuando excavaba un palacio de Babilonia hace 90 años, dio con una colección de objetos que le llamó la atención.

Entre todos los objetos descubiertos, había cosas de diferentes lugares y tiempos de la humanidad. Además, estaban perfectamente organizados y con etiquetados. Así pues, era evidente que el arqueólogo había descubierto el primer museo conocido por el ser humano.

    • El Museo de Ennigaldi-Nanna se encuentra ubicado en la actual región de Dhi Qar, perteneciente al país de Irak. Sin embargo, en su día era parte del estado de Ur, y se ubicaba en el sureste de un célebre zigurat que recibe el mismo nombre.

Según se ha podido saber, este museo que data del año 530 a.C. Era administrado por la princesa Ennigaldi, hija del último rey del Imperio de Neo-Babilonia, que tiene por nombre Nabonido.

    • Leonard Woolley cuenta en sus libros su sorpresa mientras excavaba en el palacio babilonio en el que descubrió el Museo de Ennigaldi-Nanna. De repente, encontró una piedra del periodo Kassita, con más de 3000 años de antigüedad, una estatua llamada Dungi del año 2058 a.C . y tablillas de arcilla del 1700 a.C. Todo ello hizo que el arqueólogo se preguntase cómo podían encontrarse aquellos objetos de distintas épocas y países en un único lugar que databa del siglo VI antes de la Era Común.

Poco después, Wolley observó que los objetos allí encontrados no tenían un orden cronológico, pero si estaban bien dispuestos y etiquetados. De ahí la conclusión de que aquello era un museo. Resulta curioso descubrir que el ser humano ha tenido pasión por la historia y el coleccionismo desde los orígenes de la civilización.

    • Sabemos que el museo fue construido con el apoyo y el estímulo de su padre, el rey, quien era un anticuario comprometido y coleccionista de artefactos antiguos. Es difícil saber de dónde vino su interés en el pasado, pero podría haber tenido algo que ver con el hecho de que provenía de orígenes humildes que se describían a sí mismos y que solo se sentaba en el trono porque había derrocado a su predecesor. Sin una rica historia real de su propiedad, es posible que Nabonidus haya encontrado un sustituto en la antigua ciudad de Ur.

Con ese fin, el rey emprendió lo que se convertiría en su contribución más duradera a la arqueología, y esa fue la restauración del Gran Zigurat de Ur. Si bien no estamos 100% seguros de qué propósito sirvió esta estructura masiva (la mejor suposición es que él y los otros zigurats eran una especie de templo), sí sabemos que el zigurat sumerio original se había derrumbado a la nada en la época de Nabonidus, y así decidió restaurar el zigurat a su antigua gloria (y algo más). El descubrimiento de los restos de este segundo zigurat en el siglo XIX sería clave para identificar este sitio como la antigua ciudad de Ur y, a su vez, configurar las excavaciones de Leonard Woolley en la década de 1920.



El Museo de Ennigaldi-Nanna demostró que los antiguos babilonios, inmersos en un imperio que se colapsaba sobre sí mismo en aquellos tiempos, mantuvieron viva su pasión por conocer y estudiar otras épocas de los hombres.

Con información de  Gizmodo

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Leonardo Fibonacci y su nexo con los alquimistas árabes

Recordemos que en el siglo XII un mercader, Leonardo Fibonacci (1170-1245), conoció a unos alquimistas árabes en Bujia (Argel), donde le enseñaron el sistema de cálculo que nosotros utilizamos ordinariamente.

Alrededor de 1228 escribió el Liber abaci, donde daba forma a la nueva numeración que se extendió desde Italia por toda Europa. Introdujo, además, la numeración posicional, las operaciones con números enteros y fraccionarios, la trigonometría y el álgebra, fue un gran divulgador y un genio matemático, sus postulados, soluciones y descubrimientos alimentaron sin variar durante tres siglos el conocimiento matemático.



Hay que señalar que hasta el año 1959 aún trabajaban en la ciudad de
Fez (Marruecos) varios laboratorios alquímicos, uno de ellos subterráneo.

Por S. Río

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Las parábolas del maestro Sufí

Un maestro Sufí tenia la costumbre de contar una parábola al terminar cada lección, pero los alumnos no siempre entendían el mensaje de la misma.

-Maestro_ le dijo en tono desafiante uno de sus estudiantes un día-, siempre nos haces un cuento pero nunca nos explicas su significado más profundo.

-Pido perdón por haber realizado esas acciones- se disculpó el maestro-, permíteme que para reparar mi error, te brinde mi rico durazno.

-Gracias maestro.

-Si embargo, quisiera agradecerte como mereces. ¿Me permites pelarte el durazno?

-Si, muchas gracias- se sorprendió el alumno, halagado por el gentil ofrecimiento del maestro.

-¿Te gustaría que, ya que tengo el cuchillo en la mano, te lo corte en trozos para que te sea más cómodo?



-Me encantaría, pero no quisiera abusar de su generosidad, maestro.

-No es un abuso si yo te lo ofrezco. Sólo deseo complacerte en todo lo que buenamente pueda. Permíteme que también te lo mastique antes de dártelo.

-¡No maestro, no me gustaría que hiciera eso!-se quejó sorprendido y contrariado el discípulo.

El maestro hizo una pausa, sonrió y le dijo:

-Si yo les explicara el sentido de cada uno de los cuentos a mis alumnos, sería como darles a comer fruta masticada.

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Omar Khayyam-Desde la trigonometría hasta la poesía de los cuartetos

Estatua de Omar Khayyam

(Omar Jayyam o Khayyam; Nishapur, actual Irán, 1048 – id., 1131) Poeta, matemático y astrónomo persa. Se educó en las ciencias en su nativa Nishapur y en Balkh. Posteriormente se instaló en Samarcanda, donde completó un importante tratado de álgebra. Bajo los auspicios del sultán de Seljuq, Malik-Shah, realizó observaciones astronómicas para la reforma del calendario, además de dirigir la construcción del observatorio de la ciudad de Isfahán. De nuevo en Nishapur, tras peregrinar a la Meca, se dedicó a la enseñanza y a la astrología. La fama de Khayyam en Occidente se debe fundamentalmente a una colección de cuartetos, los Rubaiyat, cuya autoría se le atribuye y que fueron versionados en 1859 por el poeta británico Edward Fitzgerald.

Si en Occidente Omar Khayyam tan sólo es conocido como poeta, Oriente, en cambio, lo conoció casi exclusivamente durante toda la Edad Media como astrónomo, matemático y filósofo; en el ámbito de la matemática estudió las ecuaciones cúbicas proporcionando una solución geométrica para algunas de ellas, e intentó clasificar ecuaciones de diversos grados según el número de términos que aquéllas contuvieran. Sólo a partir de mediados del siglo XIX, desde que la traducción de Edward Fitzgerald de los Rubaiyat dio celebridad a su nombre en Europa y en América, empezó también a ser estudiado y admirado como poeta por el Oriente persa y árabe.

    • Pocos hechos de su vida se encuentran atestiguados históricamente. Nació en Nishapur en año impreciso, alrededor de 1050. El nombre entero que se da en su Álgebra es Omar ibn Ibrahim al-Khayyami, de la que fue extraída la forma que él mismo usa en sus cuartetos como nombre poético: Khayyam (en árabe «fabricante de tiendas»). La noticia de su amistad de adolescente con el futuro ministro seleúcida Nizam al-Mulk y con el futuro jefe de los asesinos Hassan ibn as-Sabbah suscita serias dificultades de cronología. Pero es indudable que, en 1047, el todavía joven científico fue invitado por el sultán Malik-Shah, juntamente con otros dos eruditos, a preparar una reforma del calendario persa, que terminó con la fijación de una nueva era, la era Gialali, denominación que procede del sobrenombre del sultán.

En 1112, el compilador Nizami Arudi Samarquandi recuerda haber encontrado al maestro en Balkh y haber oído de él una profecía sobre su propia tumba, que él vio después cumplida en Nishapur, donde el sepulcro de Omar Khayyam, como el mismo poeta había predicho, estaba cubierto de pétalos de flores y a la sombra de un peral y de un melocotonero. Un pasaje recientemente descubierto del ilustre az-Zamakhshari (literato y teólogo fallecido en 1143), atestigua una relación suya con Omar Khayyam, de la que se desprende la doctrina y la modestia del científico y poeta persa (otros en cambio lo habían descrito como intratable y soberbio), y su conocimiento del que puede considerarse en algunos aspectos como su precursor árabe, Abu al-Ala al-Maarri.

    • Rubaiyat no es el nombre de una obra sino de una forma métrica (en singular, «rubai», que puede traducirse como «cuarteto»). Tal estrofa, formada por cuatro versos con el esquema de rima A-A-B-A, era extraña a la poesía árabe clásica, y fue usada sobre todo en la persa. Se encuentran cuartetos designados con el vocablo árabe «rubaiyat» desde los comienzos de la lírica persa, en el siglo X; los vemos después atribuidos a muchísimos poetas, y aun a hombres de ciencia, como Avicena; entre los más insignes sobresalen los poetas místicos Abu Saìd de Mehne (968-1049), y su contemporáneo Baba Tahir de Hamadàn. Pero los Rubaiyat por antonomasia son los atribuidos a Omar Khayyam.

Algunos investigadores sostienen que Khayyam nunca hizo poesía y que los Rubaiyat se le han atribuido por su fama y erudición. Ciertamente, el número de poemas atribuidos a Omar Khayyam es excesivo (entre quinientos y un millar), y es probable que tan sólo alrededor de unos doscientos sean suyos. Estas breves composiciones tienen su origen en la literatura persa pre-islámica, y suelen condensar en sus versos una descripción ambiental y un pensamiento. En los poemas de Khayyam, escritos con un magistral poder de síntesis, el poeta canta aparentemente a los goces del vino y el amor como refugio a la transitoriedad de la vida, mas bajo ello subyace una profunda y a menudo pesimista reflexión sobre la naturaleza del universo, el paso inexorable del tiempo y la relación del hombre con Dios.



La fisonomía del poeta que estos versos traslucen es inequívoca, orientada hacia un amable goce de las efímeras alegrías de la vida y hacia un íntimo y amargo escepticismo sobre las posibilidades del hombre para alcanzar las verdades supremas, estado de ánimo que continúa toda una tradición de poesía escéptica oriental que se remonta ya a Avicena (se sabe que Khayyam fue un apasionado estudioso de Avicena), y que es presentado con excepcional fuerza epigramática, no sin una acentuada nota de intelectualismo. Junto a la hondura con que se tratan temas metafísicos como la relación del hombre con Dios, la eternidad y la incertidumbre de la existencia humana, a través de concisas y tajantes sentencias, Khayyam realza la belleza y sensualidad del mundo material, la alegría de vivir, la naturaleza y los placeres. Sus versos son simbólicos y transmiten la sabiduría antigua con sencillez y voluptuosidad, a menudo con un irresistible hechizo o entre una aureola de misterio, y son estimados como uno de los más brillantes tributos del genio persa a la literatura universal.

Con información de :  Biografias y Vidas

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Los primeros libros aparecieron en Sumer

Los primeros libros de que se tiene noticia parece que aparecieron en Sumer por razones económicas. A partir de los análisis y hallazgos de los arqueólogos Denise Schamandt-Besserat (Before Writing, 2 volúmenes, Austin, 1992), se han definido tres etapas anteriores a la invención de la escritura:

a) En pleno neolítico se pasó de la pintura al pictograma y se elaboraron bolas con fichas. En Uruk se han encontrado pelotas de arcilla en cuyo interior hay fichas con figuras. Es obvio que la pelota hacía referencia a una unidad administrativa y constituía una forma inicial de contabilidad. Las figuras de las fichas parecían animales y, en otros casos, representaban formas geométricas.

b) En un segundo momento, las pelotas de arcilla tenían signos impresos en su exterior, lo que indica que por razones de velocidad en la revisión de los registros se avanzó hacia el diseño de signos capaces de representar en segundo grado un contenido interno.

c) Finalmente se impusieron las tablillas, dado que eran más prácticas. Los signos llegaron a ser entendidos no sólo como signos sino como sonidos. La escritura se tornó más abstracta y hacia 2000 a. J.C. los escribas dotaron cada signo de una complejidad tal que se redujo el número.

En el período de explosión creativa, es decir, hace entre treinta y cinco y cuarenta y cinco mil años, encontramos signos de herramientas complejas (lámparas, anzuelos, etcétera), pero no sabemos hallar historias y explicaciones. Dieciocho mil años atrás encontramos las pinturas de Lascaux, Altamira y Chavette, podemos interpretar su significado primario, pero no podemos explicar qué significan las señales grabadas encima de los animales.



El conocimiento no sólo se ha transmitido a través de escritos, sino también a través de símbolos, grabados, edificios, imágenes y sonidos. El problema estriba en poder descifrar el mensaje, podemos adelantar deducciones de sus significados en algunos de ellos, quizá erróneos, pero bastantes continúan en la más oscura de las noches. La sensación que nos traslada la mayoría de ellos es que fueron dejados por civilizaciones muy superiores a las existentes en el momento de su ejecución.

En realidad nos encontramos con un gran puzle mundial, se van encajando algunas piezas, pero aún falta mucho trabajo por hacer para poder colocar todas las que se van encontrando en su sitio, en el tablero final, donde se deberá ver una vez terminado la imagen final: el Gran Rostro.

Sorprendentemente, algunas de las piezas halladas del gran puzle nos llevan a la proposición de que todas las culturas antiguas inventan su propia divinidad: Tot en Egipto, Nabu en Asiria, Tenjin en Japón, Oghama en Irlanda, Hermes en Grecia. Deduzco que, exactamente igual que sucede en la actualidad, para que una cultura se sostenga debe llevar a sus miembros hacia una ilusión común, parece imprescindible llevarlos hacia la adoración de un dios.

No todos los escritos han desaparecido o han sido destruidos, así pues, ¿dónde está toda la producción a lo largo de esos miles de años? Parece que muchos documentos han sido guardados y aparecen sólo cuando algún motivo desconocido los hace valiosos.

Por S. Río

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