El Seed: “La escritura árabe llega al alma antes que a los ojos”

El artista franco-tunecino, lleva por un mundo un mensaje de paz mediante sus caligraffitis, con los que también busca ser un embajador de la cultura árabe.

En 2012, el artista graffitero el Seed buscaba una pared en la ciudad de Gabes, en Túnez, de donde es oriunda su familia. El minarete de la mezquita de Jara fue el escogido.

“Resulta que el minarete se estaba construyendo desde 1994. Durante 18 años, los 57 metros de cemento habían permanecido grises. Cuando me reuní con el imán y le dije lo que quería hacer me dijo: “Gracias a Dios, por fin llegaste” y me dijo que todos esos años estuvo esperando a alguien que hiciera algo al respecto. No me pidió nada, ni un boceto ni nada de lo que iba a escribir”, recuerda el artista, durante una charla TED en la ciudad de Vancouver.

El minarete de la mezquita de Jara, con el mensaje de el Seed

“En cada obra que creo escribo mensajes con mi estilo de caligraffiti, que es una mezcla de caligrafía con graffiti. Uso citas o poesía – explica-. Pensé que el mensaje más adecuado para el minarete para colocarlo en una mezquita debía originarse en el Corán, así que elegí este versículo: “¡Oh, humanidad! Nosotros los creamos a partir de un solo hombre y una sola mujer y los hicimos pueblos y tribus para que pudieran conocerse unos a otros.” Fue una llamada universal a la paz, la tolerancia y la aceptación por parte de los que, por lo general, no tienen una buena imagen en los medios.”

La reacción fue inmediata: el resultado final combinado con el mensaje y las características de su obra no pasaron inadvertidas para la prensa internacional. En los últimos años, el Seed ha pintado sus caligraffitis en diferentes partes del mundo, desde Río de Janeiro hasta Ciudad del Cabo. “Estoy muy orgulloso de mi cultura y trato de ser su embajador haciendo uso de mi arte y espero que pueda romper los estereotipos que todos conocemos con la belleza de la escritura árabe”, asegura.

 “Escribir mensajes es la esencia de mi obra. Lo divertido es que, en realidad, incluso la gente que habla árabe necesita realmente fijarse bien para descifrar lo que estoy escribiendo. Pero no hace falta saber lo que está escrito para sentir la pieza. Creo que la escritura árabe llega al alma antes que a los ojos. Tiene una belleza intrínseca que no es necesario traducir. Creo que la escritura árabe le habla a cualquiera. Siempre me aseguro de escribir mensajes relevantes para el lugar donde estoy pintando pero mensajes que tengan una dimensión universal.”

Claro que, en ocasiones, la reacción no es la esperada. En una ocasión en París, en el marco de un evento, alguien le ofreció su pared para pintar. “Cuando vio que estaba pintando en árabe estaba tan enojado, histérico, que pidió que borrara la pared. Una semana más tarde, el organizador del evento me pidió que regresara y me dijo que había otra pared, justo enfrente de la casa de esta persona. Así que este hombre estuvo obligado a ver mi pintura todos los días. Escribí: Abre tu corazón.”

Con información de La Nación

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El espíritu de la Sicilia normanda

Pantocrator: mosaico en el techo de la Iglesia Palatina, data del sigo XII ©L. Romano

La isla albergó durante un breve periodo un reino en el que se hablaba árabe, griego y francés normando.

La historia de los normandos en Sicilia comienza con un encuentro fortuito. Un grupo de jóvenes peregrinos normandos, que en 1015 regresaba de Tierra Santa, fue abordado en un santuario de Apulia por una figura extrañamente ataviada que se presentó como un lombardo. Su pueblo, les explicó, había vivido durante 500 años en el sur de Italia, pero la mayor parte del territorio que antaño les había pertenecido se encontraba actualmente bajo la ocupación bizantina. Y, apuntó con énfasis, no tenía por qué ser así. Con la ayuda de unos cientos de jóvenes y fornidos normandos como ellos, se podía enviar a esos griegos de vuelta por donde habían venido; y los lombardos no olvidarían a sus amigos.

Era precisamente la oportunidad que habían estado esperando: una invitación —casi una súplica— a entrar en una tierra rica y fértil que ofrecía infinitas posibilidades para hacer fortuna. Regresaron a Normandía y expandieron la noticia; y así dio comienzo la gran migración hacia el sur de jóvenes aventureros sin ataduras en busca de camorra. En cincuenta años se hicieron los amos de toda el territorio italiano al sur de Roma. El Papa León IX, aterrorizado al ver a las puertas a esos jóvenes conquistadores aparentemente invencibles, lideró un Ejército contra ellos pero sufrió una sonada derrota. Pocos años después, su líder, un tal Roberto Guiscardo —el más sorprendente aventurero militar que hubo entre Julio César y Napoleón—, recibió una investidura por parte del Papa de Apulia, Calabria y Sicilia.

Por entonces Sicilia llevaba tiempo formando parte del mundo griego; pero había sido invadida por los árabes del norte de África en el siglo IX y estos constituían ahora la mayoría de la población. Los normandos invadieron la isla en 1061. Encontraron una fuerte resistencia, pero en 1072 entraron en Palermo y, antes de que acabara el siglo, eran los señores de toda la isla. Ahora, sin embargo, se enfrentaban a un problema. No eran lo bastante numerosos como para controlar a una población hostil; su única esperanza consistía en convencer a las comunidades griegas y árabes para que cooperasen en la forja de una nueva nación. De forma casi increíble, lo consiguieron. Tras la conquista, Roberto Guiscardo retornó al continente; fueron su hermano menor Roger, junto con el hijo de Roger (Roger II), los que realizaron el milagro —y en verdad fue un milagro— de la Sicilia normanda. Comenzaron con buen pie: el griego, el árabe y el francés normando fueron todas declaradas lenguas oficiales. A los griegos, que eran los mejores marinos, se les concedió el mando de la flota. Las finanzas se pusieron en manos de los árabes, cuyas matemáticas no tenían par.

Más milagroso todavía fue que esos principios políticos se reflejaron en el arte y en la arquitectura. Viajad hacia el este por la costa norte hacia Cefalù, a la exquisita catedral que Roger II construyó entre 1131 y 1148. Allí, en lo alto de la bóveda de horno del ábside oriental, hay un mosaico inmenso del Cristo Pantocrátor, Soberano de Todo; para muchos de nosotros, se trata de la más sublime representación del Redentor en todo el arte cristiano. El estilo es puramente bizantino: tan solo los mejores artesanos griegos pudieron crearlo, traídos de Constantinopla por Roger.

En Palermo, es la Capilla Palatina la que se erige suprema. Aquí, de forma más deslumbrante que en ninguna otra parte de Sicilia, vemos cómo se da expresión visual al milagro político normando-siciliano, una fusión aparentemente natural de lo más brillante de las tradiciones latina, bizantina e islámica en una única y armoniosa obra maestra. Su planta es en esencia la de una basílica, con una nave central y dos laterales. Pero si observamos los mosaicos que hacen refulgir de oro la capilla, volvemos a darnos de bruces con Bizancio. Estas respuestas casi alternadas entre lo latino y lo bizantino, encastradas en tan esplendoroso marco, habrían bastado por si solas para que la capilla se ganase un puesto especial entre la arquitectura religiosa del mundo; pero también está decorada por, literalmente, una coronación gloriosa, sin duda la más inesperada techumbre de cualquier iglesia cristiana sobre la Tierra: un techo de mozárabes de madera en el más puro estilo islámico, tan magnífico como cualquier cosa que podamos encontrar en El Cairo o en Damasco. Y todo esto, recordemos, data del siglo de las cruzadas; únicamente aquí, en esta isla en el centro del Mediterráneo, se reunieron sus tres grandes civilizaciones, como nunca hasta entonces y como nunca después, en armonía y concordia. La Sicilia normanda pervive como una lección para todos.

Por desgracia, el Reino —se había convertido en un reino en 1130, tras un acuerdo entre Roger II y el Papa— tuvo una vida trágicamente breve. Roger murió en 1154 para ser sucedido por su hijo Guillermo el Malo (que tampoco fue tan malo) y por el hijo de Guillermo, Guillermo el Bueno, el cual erigió el último y más espectacular monumento de la Sicilia normanda, la catedral de Monreale, que adornó con casi una hectárea de gloriosos mosaicos y a la que añadió el que probablemente sea el claustro más encantador del mundo. Se casó con Juana, hija del rey inglés Enrique II, lo que explica la existencia, entre los mosaicos del ábside oriental, del primer retrato conocido de Santo Tomás de Canterbury, de cuyo asesinato su padre fue indirectamente responsable. Lamentablemente, Guillermo murió en 1189 sin descendencia, dejando como legítima heredera a su tía, Constanza, a quien inexplicablemente había permitido que se casara con Enrique, el hijo del emperador Federico Barbarroja. Fue así como Sicilia perdió su independencia —que nunca habría de recuperar— y se convirtió en un mero apéndice del imperio.

La historia tiene, sin embargo, un epílogo interesante. Justo cuando Enrique preparaba el viaje para asistir a su coronación en Palermo, Constanza —que ahora tenía cuarenta años y llevaba nueve casada— se descubrió encinta de su primer hijo. No acompañó a su marido, prefiriendo dirigirse a Sicilia a su ritmo; y cuando llegó a la pequeña población de Iesi, cerca de Ancona, sintió las contracciones del parto. Fue allí, en una tienda levantada en mitad de la plaza del mercado, donde dio a luz a un hijo, Federico, que habría de convertirse en Federico II, el mayor de todos los emperadores occidentales, digno portador del título Stupor Mundi, Maravilla del Mundo. Y que encarnaría, durante una generación más, el espíritu de la Sicilia normanda.

John Julius Norwich es historiador británico, autor entre otros libros de Los normandos en Sicilia (Almed Ediciones), Historia de Venecia y Sicily: An Island at the Crossroads of History.

 Traducción de Germán Ponte

Por John Julius Norwich
Con información de El País

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Estos son los refugiados que Europa no quiere

Las mujeres sirias con sus hijos hablan entre ellas en el campo de refugiados de Ritsona, a unos 86 kilómetros al norte de Atenas (AP)

Cientos de miles de afganos, iraquíes, pakistaníes, nigerianos o malienses, entre otros, huyen del horror que dejan a su paso los conflictos armados y el terrorismo en busca de una nueva vida en Europa. Sin embargo, la mayoría de los miembros del bloque comunitario rechazan un gran número de peticiones de asilo procedentes de estos países. A ojos de la Unión Europea, no son refugiados ni merecen la protección internacional. Son los denegados.

Afganistán es la segunda nacionalidad en número de refugiados en el mundo, con 2,5 millones de personas

Al margen del caso de los europeos que piden asilo a los 28, como los albaneses o serbios y kosovares, los países a cuyos habitantes más deniega refugio la UE, en términos absolutos y a partir de los datos de Agencia de Naciones Unidas par los Refugiados (ACNUR) del año 2016, son Afganistán, con 41.1637 solicitudes denegadas, Irak (con 35.044), Pakistán (con 27.558) y Nigeria(con 21.427). Todos ellos, con altos niveles de inseguridad y violencia.

Afganistán es la segunda nacionalidad en número de refugiados en el mundo, con 2,5 millones de personas, después de Siria (5,5 millones), y por delante de Sudán del Sur (1,4 millones). Sus habitantes, a diferencia de los sirios, a quienes se les ha concede casi la totalidad de las solicitudes, no siempre son considerados aptos para la protección internacional.

Países Peticiones procesadas Denegadas Porcentaje de denegadas sobre el número de procesadas
Mali 12.434 7.324 58,90
Algeria 15.292 8.756 57,26
Iran 40.886 8.820 21,57
Ucrania 41.801 10.099 24,16
Macedonia 21.297 11.920 55,97
Rusia 34.739 12.810 36,87
Bangladesh 30.689 13.910 45,33
Desconocido 495.894 18.298 3,69
Nigeria 42.528 21.427 50,38
Pakistán 66.100 27.558 41,69
Irak 162.002 35.044 21,63
Afganistán 169.888 41.637 24,51
Serbia y Kosovo 71.698 43.533 60,72
Albania 66.961 46.207 69,01

A pesar de ser uno de los países con más solicitudes y de vivir un conflicto armado desde 2001, sus habitantes no cuentan con el amparo del refugio en todos los países de la Unión. En los acuerdos de reubicaciones de 2015, Bruselas dejó fuera a Afganistán del reparto ya que únicamente se tuvieron en cuenta las nacionalidades que, en el conjunto de los 28, tenían un porcentaje de protección superior al 75%. Un trato muy distinto al que recibe Siria que, además de acaparar los focos mediáticos de la crisis de refugiados, alcanzó 824.400 peticiones aceptadas a escala global en 2016.

Los criterios de aceptación de peticiones de asilo no se aplican uniformemente en todo el sistema europeo y esto, alerta la coordinadora estatal del servicio jurídico de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), Paloma Favieres, lleva a grandes desigualdades y desconciertos, “empezando por los mismos refugiados”. Además, “en Grecia hay más de 20.000 afganos en el limbo: no les dan ni protección internacional, ni los reubican, ni les deportan. Su situación es lamentable”, sentencia la experta. “En CEAR ya alertamos desde el principio de que los afganos no podían estar fuera de la reubicación”, añade.

Alemania es uno de los países que más rechaza a los afganos (aunque también de los que más acoge). La canciller Angela Merkel, que fue la abanderada de la política de acogida en los inicios de la oleada, es ahora la responsable de llevar a cabo expulsiones colectivas de miles de afganos (80.000 en el último año, según el Gobierno alemán).

La política de la líder alemana ha sido duramente criticada tanto por un centenar de ONGs dedicadas a los refugiados como por la población alemana, sobre todo después del mortífero ataque suicida con un camión bomba que el pasado 31 de mayo que dejó más de 150 víctimas e hirió a otras 463 en la zona de alta seguridad de Kabul. Berlíntuvo que aceptar la gravedad de la situación y suspender las deportaciones de forma temporal.

 Albania: 77.198
Serbia y Kosovo: 78.961
Afganistán: 331.190
Irak: 229.659
Paksitán: 92.705
Nigeria: 80.909
Desconocido: 82.508
Bangladesh: 35.208
Rusia: 50.898
Macedonia: 23.165
Ucraina: 34.992
Irán: 69.399
Algeria: 20.408
Mali: 18.829

Respecto a Mali, nacionalidad a la que España rechazó todas las solicitudes, Fervieres explica la política adoptada por el Ejecutivo español: Desde el aumento de solicitudes procedentes de este país en 2012 y 2013, España primero denegó las peticiones a las personas procedentes del sur del país porque entendía que el conflicto estaba en el norte. “Pero ahora la situación se da por normalizada y si se deniegan todas las peticiones”, añade. Entre los otros países que también han sido rechazados se cuentan Argelia, Colombia y Venezuela.

Además, en 2016 España cumplió con solo el 8% del compromiso de reubicación y reasentamiento, cuyo fin de plazo termina en casi tres meses. A nivel europeo el cumplimiento asciende a un 20%. Mientras, 1.800 personas ya han perdido la vida en el mar Mediterráneo en lo que va de año, una cifra que se prevé que supere las más de 5.000 muertes del año pasado.

“Una pequeña minoría de las personas que huyen en el mundo lo hacen a algún país europeo y, sin embargo, la UE es incapaz de cumplir sus compromisos de mínimos y apenas mueve un dedo para que el Mediterráneo se convierta en una fosa común cada vez más grande”, sentenció la secretaria general de la entidad, Estrella Galán, durante la presentación del informe la semana pasada.

Por Gina Tosas
Con información de: La Vanguardia

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