La leyenda de la copa de Alejandro

La verdad y la leyenda se funden muchas veces en los caminos de la historia. Alejandro Magno -el Gran Alejandro I de Grecia (356-323 a.C.)- era un joven , educado por Aristóteles, por quien sintió siempre una sincera gratitud. Soldado de gran intuición, cuya sin igual trayectoria guerrera nunca conoció la derrota, construyó un imperio como jamás lo imaginaron sus contemporáneos. Sus hazañas fueron de tales proporciones que por mucho tiempo -y aún hoy -se habla de ellas.

Tan grande ha sido Alejandro que varios historiadores han parangonado su aspecto, sus actitudes y su valor con ¡los del león! Tenía por costumbre, antes de cada enfrentamiento, arengar a sus hombres,  preocupados a veces por la abrumadora superioridad numérica de las fuerzas locales a las que siempre derrotó en su propio terreno. “La gloria os espera”, “El Olimpo es vuestro”, solía decirles. Confiaba en la victoria porque conocía a sus gladiadores y estaba convencido que nada podían las muchedumbres contra la inteligencia y su sed de triunfos; y cuando el resultado de la contienda era todavía incierto, con un golpe de audacia inclinaba la balanza de su lado.

Aunque los resultados positivos se vieron a veces favorecidos por un abanico de circunstancias concurrentes, fueron su valor y su capacidad como estratega los factores fundamentales de sus éxitos, éxitos que se convirtieron en un torbellino de tales proporciones que se puede hablar de un antes y un después de su paso por este tiempo.

Con Darío III, se respetaban, admiraban y odiaban. Por eso la lucha fue sin cuartel y se necesitaron dos recordadas batallas para que finalmente Alejandro se quedara con Persépolis, ciudad a la que sus propios soldados incendiaron durante la orgía que sucedió al triunfo, celebración que duró un día completo. Sin embargo Alejandro, luego de derrotar al gran enemigo en sus propias y hostiles tierras, donde pocos lo habían logrado antes, no se conformó con tan honroso triunfo. ¡Quería más! Ambicionaba aumentar sus dominios y su gloria. Por eso dirigió su ejército hacia más allá de la península arábiga, enfrentó a otros adversarios y fundó Alejandría, punto de encuentro entre el antiguo oriente y el nuevo occidente.

“Se cuenta que un día, allá por el Siglo IV a.C., Alejandro Magno, en su imparable marcha hacia Persépolis, la suntuosa e inexpugnable capital del grandioso Imperio Persa, sofocado por las altas temperaturas del desierto, tomó, imprudentemente, un baño en las frescas aguas del Nilo. Consecuencia: se enfermó. Los médicos no conocían la enfermedad y nada se atrevían a recetarle. Entonces Felipe de Acarnania, su antiguo amigo, preparó una poción a base de hierbas  que Alejandro se disponía a beber, cuando le llegó una carta de Parmenión, uno de sus más brillantes generales, vencedor de los Ilirios, advirtiéndole que desconfíe de Felipe el cual, en secreta inteligencia con los persas, trataría de envenenarlo para facilitar así la victoria de su Rey, el gran Darío III. Aunque Parmenión pesaba mucho en las decisiones de Alejandro, pudo más la fe que le tenía a su amigo de la infancia y, sin vacilar, bebió dócilmente de la copa que contenía la artesanal medicina. El Emperador se curó; la acusación resultó falsa. Y con su temeraria actitud, Alejandro dejó sentado que tenía plena confianza en los buenos amigos. Desde ese día La Copa de Alejandro pasó a ser un símbolo de la amistad”.

“Beber de la copa de Alejandro”

Se emplea la frase para aludir a la gran confianza que una persona  tiene en otra. Indica amistad y lealtad. Una frase acuñada por la historia, aunque sin rigor histórico, que perdura hasta nuestros días recordando un hecho símbolo de amistad.

Con información de: El Día

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Norias de Hama (árabe, na’ura) – Maravillas de la hidráulica antigua

“Ruedas de ollas”

Las norias de la ciudad siria de Hama son una colección de ruedas hidráulicas históricas tan hermosas y elaboradas que hacen que las norias occidentales parezcan débiles en comparación.

Icono que finalmente se convirtió en el símbolo de la ciudad. Incluso después de que cayeron fuera de uso general con el advenimiento de los sistemas de riego modernos, las norias se dejaron intactas, envejeciendo en bellos monumentos  históricos del pasado agrario de la ciudad.

Las norias de Hama son 17 históricos molinos de agua situados a lo largo del río Orontes. Estas norias se remontan a la época bizantina, aunque los locales afirman que son aún más antiguas.

Estas ruedas de agua son parte del sistema de riego ya desaparecido de la ciudad y fueron diseñadas para elevar el agua desde el río y pasar a través de acueductos hasta llegar a los campos agrícolas y a los hogares. Las norias eran impulsadas ​​por las corrientes del río. A medida que las ruedas se movían, los cubos de madera colocados en los exteriores de las ruedas se llenaban para posteriormente vaciarse en los acueductos. Una vez en los acueductos, el agua fluía hasta distintos puntos de la ciudad.

Es difícil decir cuándo y dónde existieron las primeras norias. Antiguos escritos de Marco Vitruvio, un ingeniero militar romano, sugieren que podrían haber sido inventadas por los romanos, probablemente en el siglo primero antes de Cristo. Otras fuentes sugieren que las norias se desarrollaron en la India en el siglo quinto o cuarto antes de Cristo, después de lo cual, el mecanismo se extendió hacia el oeste y hacia China. Otra posibilidad es que sean de origen griego, en torno a finales del tercer siglo antes de Cristo, como sugieren algunos antiguos manuscritos. Las norias se hicieron cada vez más populares en todo el Oriente Medio.

En cualquier caso, las norias fueron finalmente adoptadas por los ingenieros musulmanes, quienes hicieron ciertas mejoras al dispositivo, como por ejemplo, añadiendo un mecanismo de volante para frenar o acelerar la noria de un modo manual. Como símbolo del ingenio de los inventores musulmanes del siglo VIII- la llamada al-Muhamidiyya era la más sorprendente tanto por su tamaño como por su estado de conservación del que se encargaba un carpintero durante todo el año. De 20 metros de diámetro, sus 120 colectores vaciaban agua a razón de cien litros por minuto; agua que, a través de la acequia aérea de un viaducto, ahora interrumpido, llegaba hasta la Gran Mezquita. El agua que rebosaba de los colectores en su ascenso hasta la cima, donde vaciaban, se deslizaba por los oscuros maderos de la noria.

Algunas de las norias utilizadas en el mundo islámico medieval llegaron a tener 20 metros de diámetro y podían levantar aproximadamente 2.500 litros de agua por minuto. Las norias de Hama son el ejemplo más grande que sobrevive de esta tecnología medieval.

En un momento dado, hubo más de 30 norias funcionando en Hama, pero solo 17 de las ruedas de agua originales han sobrevivido a nuestros días. Todavía están en buenas condiciones de trabajo, sin embargo, ya no se utilizan.

Con información de: Destino Infinito

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Labneh (لبن) – Delicioso queso de Medio Oriente

El Labneh es un queso de pasta blanda y cremosa que se hace principalmente en hogares , mediante el drenaje y filtrado con un paño de muselina con sal para eliminar el suero de la leche agria o yogur, durante aproximadamente 24 horas hasta que no queda humedad, dándole una consistencia entre la del yogur y el queso. Tradicionalmente, las tribus beduinas utilizaban una piel de cabra o de oveja. Comúnmente se hace usando la leche de la vaca pero la leche de oveja o cabra también se puede usar.

En todo el Oriente Medio, en particular en Siria se le conoce como Labaneh. En Líbano recibe el nombre de Labneh. La denominación genérica para este tipo de queso en árabe es Gibne. Labneh, es una palabra derivada de ‘laban’, el nombre labahn o laban significa blanco o leche.

Este queso suave, deliciosamente rico y aterciopelado, tiene una acidez fresca de limón. El sabor depende en gran medida del tipo de leche utilizada: el Labneh de leche de vaca tiene un sabor algo más suave. Los que se hacen con leche de oveja presentan un maravilloso dulzor. También la calidad de la cobertura de aceite de oliva influye en el sabor del Labneh. La leche de camellos y otros animales se utilizan en la producción de Labneh en Arabia Saudita y otros países del Golfo.

Un monasterio jesuita en Líbano, en un pequeño pueblo en el valle central de la Bekaa que es famoso por su producción Labneh. Cuando los visitantes se detienen en ese pueblo de 800 habitantes en su camino a un festival en Baalbek, verá gente pidiendo bocadillos de Labneh en los cafés. Es bastante asombroso de ver. Pero tal es la importancia del Labneh para la gente libanesa.

Este queso, se consume todos los días en las casas libanesas tradicionales, se suele comer preferentemente en el desayuno con aceite de oliva, acompañado con menta  y por supuesto, un trozo de pan de pita y tal vez, algunas aceitunas y piñones con hierbas frescas locales o pequeños trozos de tomate y pepino. También se puede tomar Labneh dulce con miel de jengibre y de flor de azahar. Lo podemos acompañar de “Almaza” la cerveza nacional de Líbano, de tipo Pilsner. Es fresca y ligera. Acompaña perfectamente a todos los platos árabes.


Receta

2 litros de leche hervida y tibia
1 taza de cuajada (se puede reemplazar por yogur natural sin sabor)
Una pizca de sal
Menta seca picada
Aceite de oliva para su presentación y conservación

Preparación

Hervir la leche. Dejar entibiar. Agregar el yogur o cuajada y cubrir con un lienzo por 4-6 horas en lugar tibio.

Colocar la preparación en un lienzo limpio de manera que el “suero” vaya drenando.

Dejar descansar en la heladera por espacio de 4 horas evitando que la preparación toque el suero que drena. Se puede conservar por varios días en heladera cubierto con aceite de oliva.

Se sirve con una capa fina de aceite de oliva y menta seca finamente picada.


Con información de Mundo Quesos

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