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La Vida del Amor – Gibrán Khalil Gibrán

Para mi AMOR, mi compañera, mi todo, Viviana Saf…

Primavera

Ven, amada mía; caminemos entre las cumbres,
Que la nieve es agua, y la Vida ha despertado de su
Letargo y vaga por montes y valles.
Sigamos las huellas de la Primavera hasta los
Campos lejanos y trepemos las cuestas para elevar la
Inspiración por encima de las húmedas y fértiles praderas.

La Primavera ha desplegado al alba sus adormecidos ropajes invernales
Y los ha colocado en los melocotoneros y los citros,
Y parecen novias en el rito ceremonial de
La Noche de Kedre.

Los retoños de las vidas se enlazan como
Amantes, y los arroyos irrumpen con su danza
Entre las rocas, entonando la canción de la alegría;
Y las flores surgen súbitamente del corazón de la
Naturaleza, como la espuma surge del corazón pródigo del mar.
Ven, amada mía; bebamos en copas de lilas las
Ultimas lágrimas del Invierno; aquietemos el espíritu
Con una cascada de trinos y vaguemos
Extasiados por la brisa embriagadora.

Sentémonos junto a esa roca, donde se ocultan las violetas,
Contemplemos el tierno encuentro de sus besos.


Verano

Internémonos en los campos, amada mía, que se
Aproxima el tiempo de la cosecha, y los ojos del sol
Maduran las mieses.
Brindémonos a los frutos de la tierra, como el
Espíritu alimenta los granos de Dicha de las
Semillas del Amor en lo profundo del corazón.

Colmemos nuestras alforjas con los frutos de la
Naturaleza, como la vida colma pródigamente los
Dominios de nuestras almas con infinita bondad.
De flores hagamos nuestro lecho, y de
Cielo nuestra manta, y reclinémonos, juntas
las cabezas
Con suave heno por almohada.
Descansemos de nuestra diaria labor, y escuchemos
El exasperante murmullo del arroyo.

Otoño

Vayamos a recoger las uvas de los viñedos
Para el lagar, y guardemos el vino en antiguos
Toneles, así como el espíritu guarda la Sabiduría
De las eras en eternas vasijas.
Regresemos a nuestra morada, que el viento
Ha arrancado las hojas cenicientas y amortajado las
Mustias flores que susurran elegías al Verano .
Ven a casa, eterna amada, que las aves
Peregrinas emigraron hacia el calor y abandonaron

Las heladas praderas solitarias. El jazmín
Y el mirto se han quedado sin lágrimas.

Retirémonos, que el fatigado arroyo ha
Cesado de cantar; y las burbujeantes vertientes
Desbordan de copiosos gemidos; y las
Viejas y cautelosas montañas han ocultado
Sus vívidas vestiduras
Ven, amada mía; la Naturaleza está ya fatigada
Y dice adiós al entusiasmo
Con su apacible melodía satisfecha.


Invierno

Ven a mí, oh compañera de toda la vida;
Ven a mí y no dejes que el invierno se
Interponga. Siéntate conmigo junto al hogar,
Que el fuego es el único fruto del Invierno.

Háblame de la dicha de tu corazón, pues
Es más sublime que los encolerizados elementos
Tras nuestra puerta,
Asegura la puerta y las ventanas, que el
Colérico semblante de los cielos me deprime,
Y la visión de nuestros campos cubiertos de nieve
Hace lagrimear mi alma.

Alimenta la lámpara con aceite y no dejes que su luz
se desvanezca, y
Colócala junto a ti, para que pueda leer con lágrimas
lo que
Tu vida a mi lado ha escrito en tu rostro.
Trae el vino del otoño. Bebamos y cantemos la
Canción del recuerdo a la azarosa siembra de la
primavera,
Y a los afanosos desvelos del verano, y a la
recompensa
Del otoño en tiempos de cosecha.

Acércate a mí, oh amada de mi alma; el
Fuego se extingue y huye bajo las cenizas.
Abrázame, pues me siento solo; la luz es
Mortecina, y el vino que destilamos nos entrecierra
Los ojos. Contemplémonos uno al otro antes
De que se cierren por completo.
Búscame con tus brazos y rodéame; deja
Que el sueño funda nuestras almas.
Bésame, amada, que el Invierno nos ha despojado,
Pero aún nos quedan trémulos nuestros labios.
Estás junto a mí, Eterna mía.
¡Qué profundo y vasto ha de ser el océano del sueño;
Y que cercano está el amanecer!

Gibrán Khalil Gibrán

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Gibrán Khalil Gibrán y La Liga Literaria

De izquierda a derecha: Nasib Arida, Gibran Khalil Gibran, Abdul Massih Haddad y Mikha’il Nuya’ima.

El 20 de abril de 1920 queda constituida oficialmente, y en la casa neoyorquina del propio Gibrán, (1883-1931), la Liga Literaria, (al-Rabita al-Qalamiyya). Tal grupo literario llegará a ser, como se estudia en los manuales de literatura árabe y reconocen los críticos, un punto clave en el desarrollo de la literatura árabe moderna, con la figura de Khalil Gibrán a la cabeza. Gibrán es, en palabras del poeta sirio ya desaparecido Shawqi Bagdadi, «el astro sobre el que giran todos los demás».1 Más aún, no creemos osado considerar este momento literario un eslabón de oro en la cadena que supone la literatura árabe, y nos atreveríamos a considerarla un eslabón de oro en la forja de una perspectiva cultural árabe; la puerta, tal vez, a la modernidad, a la contemporaneidad cultural, artística y literariamente hablando. Puerta que, sí, abrió Khalil Gibrán.

En la línea de los poetas visionarios, como William Blake, de los poetas profetas, como al-Mutanabbi, con todo lo que ello comporta de filósofo, pensador y pintor, Gibrán se erige núcleo del grupo. Autor polifacético formado en tres continentes, (Asia, Europa y América), que toca las dimensiones artísticas de varios campos, (literatura y pintura), y produce en dos idiomas, (árabe e inglés), Gibrán es el pionero en una nueva forja del poema árabe. La casida árabe, un tanto ya caduca o incapaz de reflejar las preocupaciones, opiniones y sentimientos del mundo moderno, ha de renovarse.


Gibrán es quien, con su shir mahmus, ‘poesía susurrada’, da vía libre a la prosa poética, a una incipiente poesía de verso libre o liberado; es en verdad quien libera el género poético y le permite que salga a la calle y que entre en los corazones, que respire el aire libre y el aire de los pulmones de los propios creadores. Y es que, quizás a la par de tal nomenclatura de susurrada, podríamos hablar de poesía sentida. Poesía sentida que el poeta experimentará, siempre desde su peculiar y genial perspectiva, a la manera oriental, valga la expresión, en un mundo en que realidad y trascendencia caminan al unísono; un mundo de realidades tangibles e intangibles, mas siempre comprometido con el género humano:

Un día dijo el Ojo: “Más allá de estos valles veo una montaña envuelta en azul velo de niebla. ¿No es hermosa?”
El Oído oyó esto, y tras escuchar atentamente otro rato, dijo: “Pero; ¿dónde está esa montaña? No la oigo…”
Luego, la Mano habló, y dijo: “En vano trato de sentirla o tocarla; no encuentro ninguna montaña.”
Y la Nariz dijo: “No hay ninguna montaña por aquí; no la huelo.”
Luego, el Ojo se volvió hacia el otro lado, y los demás sentidos empezaron a murmurar de la extraña alucinación del Ojo. Y decían entre sí: ” ¡Algo debe de andar mal en el Ojo!” 2

La novedad, entonces, no sólo queda plasmada en la forma sino también en el contenido. Veamos otro ejemplo en el que Gibrán, cantando la belleza de los paisajes de su natal Becharré, (Líbano), la hermosura de la Naturaleza un tanto a la manera de poesía pastoral, hace manifiesta su mente clara, su espíritu abierto y tolerante, moderno para su época, cuando nos habla de las relaciones humanas. El amor, desde su perspectiva altruista y desprendida, es lo más lejano al egoísmo y lo más cercano a la libertad:

Vuestros hijos no son vuestros hijos son los hijos y las hijas del ansia de la Vida por sí misma
[…]
Vienen a través vuestro, pero no son vuestros.
Y aunque vivan con vosotros, no os pertenecen.

Podéis darles vuestro amor, pero no vuestros pensamientos,
porque ellos tienen sus propios pensamientos. 3


Toda esta capacidad innovadora, todo este océano de sentimientos que confluyen en Gibrán así como su cualidad sin par de equilibrar, fruto acaso de su profunda universalidad, pero también de su honda orientalidad, arabidad y mediterraneidad, darán como resultado una de las principales obras del siglo XX: The Prophet (1923). Obra ejemplar que, en nuestra opinión, es el punto de llegada de toda su andadura literaria anterior en árabe: La música, Ninfas del valle, Espíritus rebeldes, y, a su vez, punto de partida para la producción en inglés: Sand and Foam, Jesus the Son of the Man, The Earth’s Gods, The Wanderer y The Garden of the Prophet.

Por un cauce afín al de Gibrán fluye la poesía de su compañero Iliya Abu Madi, (1890-1957). Natural de Líbano, criado en Egipto y residente más tarde en los Estados Unidos, más que otorgar respuestas lo que nos plantea el hondo poeta son preguntas; preguntas reflejo de una constante y fecunda reflexión sobre el ser humano, sobre el sentido de la vida, que quedan recogidas en su famoso poema «Los talismanes», cuyo final reza:

Antes de hacerme hombre, Yo era inexistencia total, o ya era algo? Este rompecabezas será resuelto un día, O permanecerá así para siempre?
No sé.

¿Y por qué no lo sé?

También no sé. 4

Dimensión meditativa que siempre marchará de mano de la vital, de aquella que incita a vivir en todos los sentidos, por lo que en ocasiones se habla de Abu Madi como poeta de carpe diem. Vida en todos sus aspectos para cuyo descubrimiento el poeta nos da la clave: la importancia de la perspectiva. Así lo encontramos en su extenso poema titulado «La filosofía de la vida», del que incluimos principio y fin:

Oh tú que te quejas sin molestia alguna, ¿Qué sería de ti si de alguna padecieras?

¡Oh qué delito comete aquel que vive con el constante temor de la partida, antes de la partida,
[…]

¡Oh tú que te quejas sin molestia alguna, Llena de belleza tu alma, y ​​verás bella la vida! 5

Junto a la poesía de Gibrán y Abu Madi encontramos la voz de otro gran autor también libanés: Mijail Nuayma, (1889-1988). Poeta, narrador, biógrafo, dramaturgo, pensador, Nuayma será reconocido, esencialmente, como unos de los pioneros de la crítica literaria árabe gracias a su obra La criba. Tal es su capacidad creadora, o quizás renovadora, que puede llegar a ser considerado «promotor of the arabic literary revival». 6 Veamos, en unas breves líneas, cuál es el sentimiento del autor para con la literatura, dónde radica su perspectiva tan genuina:

La literatura […] trata la religión, filosofía, ciencia, historia, política y otras cuestiones que no pertenecen a ninguna de estas disciplinas. Incide sobre todos estos problemas con un estilo libre de la beatitud de la religión, la sequedad de la filosofía, la dificultad de la ciencia, la confusión de la política y la austeridad de la economía. El estilo literario estimula el pensamiento del lector, su imaginación y afectividad, introduciéndole en un estilo propio pero ajeno al mismo tiempo. 7

De nuevo, así, reflexión y sentimiento, en uno de los componentes del grupo que, al igual que Gibrán, se expresa tanto en su idioma propio como en lengua inglesa; en este caso, no obstante, hemos de referirnos a una tercera lengua y toda la cultura que conlleva: el ruso. Árabe, inglés y ruso que le convierten en «el árabe de las tres almas», como le describió el profesor Francesco Gabrieli.

Amplitud de lenguas, culturas, conocimientos y perspectivas que no hacen sino ahondar en el matiz tolerante, abierto, innovador y universal que caracteriza a la Liga Literaria. Amplitud de géneros literarios que toca la pluma de Nuayma: el poético Rumor de párpados, el teatral Padres e hijos, el narrativo La voz del mundo, el cuentístico Érase que se era, el biográfico Biografía de Khalil Gibrán y el autobiográfico Setenta, (1959-60), entre sus obras más representativas.


Sea cual fuere el género literario, creemos que, en realidad, lo más valioso para Nuayma reside en el valor de la literatura, tanto en su calidad artística en ella misma, como en la social y humana:

La literatura es uno de los mejores medios para comprenderse a sí mismo y comprender el significado del mundo que le rodea. Es, además, el camino que le conduce a la sabiduría absoluta y a la libertad ilimitada. El hombre no ha conquistado el idioma sino para explicarse los misterios que le envuelven, y no habita la tierra sino para ascender al cielo. 8

Junto a los tres autores estudiados, también hemos de mencionar a Nasib Arida, (1887-1946), Rashid Ayyub, (1871-1941), Nadra Haddad, (1887-1950) y a Amin al-Rihani, (1876-1940), este último debido a su relación con el grupo a pesar de no formar parte oficialmente del mismo. 9

La desaparición de Khalil Gibrán supuso la desaparición, en cierto modo, de este grupo literario y cultural como tal, mas no hemos de olvidar un hecho esencial: su huella en la literatura y cultura árabes.

Por Rosa Isabel Martínez Lillo. (Arabista, profesora titular de lengua y literatura árabes en la Universidad Autónoma de Madrid).


Notas:

  1. Siempre nos gusta recordar estas palabras que nos dijo en una conversación privada en su casa de Damasco, donde nos encontrábamos investigando precisamente sobre los autores de la Liga Literaria a principio de los noventa. En este sentido, cabe recordar que las palabras del gran especialista y traductor brasileño Mansour Challita, a quien hicimos una entrevista por esos mismos años, fueron en la misma línea.
  2. Mansour Challita, As mais bellas páginas da literatura árabe, Río de Janeiro: Associação Cultural Internacional Gibran, s. d., pág. 214.
  3. R.-I. Martínez Lillo, Cuatro autores de la Liga Literaria: Yubran Jalil Yubran, Mija’il Nu‘ayma, Iliya Abu Madi, Nasib ‘Arida, Madrid: CantArabia/Departamento de Estudios Árabes e Islámicos y Estudios Orientales UAM [Proyecto Mahyar/Al-Ándalus], pág. 35 La traducción es de Pedro Martínez Montávez.
  4. Mansour Challita, op. cit., pág. 170.
  5. Ibídem, págs. 85-88.
  6. En efecto, éste es el título de la extensa obra: C. Nijiland, Mikha’il Nu‘aymah. Promotor of the Arabic Literary Revival, Publicaciones del Instituto Histórico y Arqueológico Holandés de Estambul, núm. XXXIX, 1975.
  7. R.-I. Martínez Lillo, Cuatro autores de la Liga Literaria»: Yubran Jalil Yubran, Mija’il Nu‘ayma, Iliya Abu Madi, Nasib ‘Arida, cit., págs. 47-48. La traducción, inédita, es de un artículo titulado «Esencia y misión de la literatura» y está realizada por Abderrahman Cherif Chergui.
  8. Ibídem. También tomado de la traducción de Abderrahman Cherif Chergui.
  9. Remitimos al estudio y traducción de la profesora Carmen Ruiz, Un testigo árabe del siglo XX: Amin al-Rihani en Marruecos y España (1939), Madrid: CantArabia/Departamento de Estudios Árabes e Islámicos y Estudios Orientales [Proyecto Mahyar/Al-Ándalus], 1993.

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Historias de inmigrantes – Árabes en Chilecito, La Rioja

Almacén de ramos generales

La Ciudad de Chilecito, ubicada en la provincia de La Rioja, Argentina, está ubicada al pie de la Sierra del Famatina en el lugar donde existía una antiguo tambo incaico, sede del curacazgo más austral del imperio.

Chilecito fue fundada como Santa Rita en 1715 por Domingo Castro y Bazán. Su denominación actual le llegaría con el tiempo, a causa de la gran cantidad de chilenos que trabajaban en sus minas, las que funcionaban como principal impulso al desarrollo regional.

A fines del siglo XIX y principios del XX, Chilecito adquiere relevancia a nivel nacional por ser el centro de explotación minera más importante.

Mina La Mejicana

Mina de Oro La Mejicana, esperanza de progreso

Cuando se inauguró la mina, en 1905, era uno de los cablecarriles más largos y altos del mundo. Tenía 35 km y sorteaba un desnivel de 3.500 metros: de los mil y pico de Chilecito hasta los 4.600 de La Mejicana, la última de nueve estaciones. Se construyó en 18 meses con un préstamo del Banco Nación. La obra estuvo a cargo de la empresa alemana Bleichert&Co., y la explotación de la mina, de una firma inglesa: FamatinaDevelopment. Se usaron diez mil remaches, (no existía la soldadura), y más de 600 mulas porque todo el material, desde el hierro hasta el agua, se subía a lomo de mula. También se usó a mucha gente, unos mil seiscientos hombres.

Durante por lo menos diez años ,en 1914 se retira Famatina Development por el comienzo de la Primera Guerra Mundial, se extrajo oro y más oro y todavía más oro, (también plata y cobre). Llegaba en vagonetas por el cablecarril de La Mejicana a Chilecito y de ahí directo en tren a Rosario y después en barco a Inglaterra. Oro ya fundido, lingotes de oro.

Trabajadores de la mina La Mejicana


Una historia de Inmigrantes

Chilecito vivió un período de auge. Abrió la primera sucursal del Banco Nación y las estaciones del cable estaban conectadas por una de las primeras líneas telefónicas del país.

El floreciente progreso que a principios de siglo XX trajo la explotación de la minería, atrajo el interés de nuevas corrientes y grupos de inmigrantes árabes, que llenos de ilusión y esperanza llegaron a nuestras tierras.

Matil Lléseri, nos cuenta con mucha nostalgia las circunstancias que rodearon la llegada de sus antepasados directos, allá por el año 1907. Su padre, Don Juan Lléseri con solo 19 años de edad, soltero, llega a esta tierra chileciteña, en momentos en que ya ejercían el comercio, precursores de su país que estaban familiarizados con la vida del lugar, e interesados en su medio.

Tengamos en cuenta que llegaban de un país que estaba devastado por sucesivos ataques bélicos y era, bajo esas condiciones, imposible mirar el futuro con optimismo en una zona caracterizada por la incertidumbre de la guerra.

Ello creó un auge, que llevó a muchos jóvenes a poner sus ojos en “el nuevo mundo”, donde había verdaderas posibilidades de progreso.

Don Juan Lléseri llega en un momento justo, Chilecito estaba experimentando una época de esplendor económico, había una gran demanda y la población había crecido enormemente, sumando a ello el nivel de vida que ofrecía el oro del Famatina.

Ya en esa época estaban instaladas otras familias sirias y libanesas, entre ellos, Don Salomón Waidatt, quien era un importante proveedor mayorista de ramos generales, constituyéndose en su principal proveedor.

Con el tiempo, Don Juan ve crecer su negocio, buscando proveedores de Córdoba y Buenos Aires.

Su negocio, instalado en una de las esquinas de la Plaza, (hoy Caudillos Federales), en 9 de Julio y Adolfo E. Dávila, llevaba la denominación comercial “El Tigre” y gozaba de un auge muy particular, debido al floreciente momento económico de nuestra comunidad. Poco después, regresa a su país de origen, (todavía soltero).

Europa estaba amenazada por una guerra y en momentos en que Don Juan gozaba de un periodo de paz, fue sorpresivamente convocado a participar como combatiente en aquella sangrienta guerra en donde Líbano sería dominado por Francia, finalizando los ataques bélicos el 11 de Noviembre de 1919.

Como consecuencia de su participación activa, fue herido de bala en su pierna izquierda, la que le valió la baja de las filas del ejército.

Como dato histórico, queremos recordar que Siria finalmente quedó libre de dominación francesa el 17 de Abril de 1946.

El destino le guió a conocer a la que luego fue su esposa para toda la vida, Doña Anise Mjail (Miguel) Esper Nahás, en Hamma Siria, con quien contrajo matrimonio y fue la madre de sus hijos.

Ya casados vienen a Argentina en un penoso viaje de 3 meses, decimos penoso debido a que el barco había estado estacionado y sin reparar desde antes de la guerra y no estaba en condiciones, partieron desde Beirut, (Líbano), el 2 de Junio 1920 y llegaron el 2 de Septiembre.

A pesar de que Buenos Aires les ofrecía tantas oportunidades de trabajo, Don Juan tenía en su mente el feliz recuerdo de lo que había vivido en la añorada Chilecito, que tan gratos recuerdos le traía.

Parten desde Buenos Aires con su flamante esposa y se instalan en esta ciudad, en la casa de Don Salomón Waidatt, paisano que tenía gran afecto hacia él, además de buenas relaciones comerciales que los unían. 

Don Juan Lléseri continua reanudando la atención de su interrumpido negocio en 9 de Julio y Adolfo E. Dávila, “El Tigre”, con el rubro “Ramos Generales”, y con el éxito que continuaba favoreciéndolo.

En el año 1922 adquiere de la sucesión Guillermo Iribarren, una propiedad consistente en un lote de respetable medida. Dicha propiedad comenzaba en Dr. Santiago Bazán y se extendía hasta las 7 esquinas.

El negocio que ahora abriría sus puertas, en al año 1924, estaba compuesto de salón comercial y dependencias familiares, unidos entre sí. Este nuevo negocio se llamó a partir de ahí “Juan Lléseri”.

Los rubros que abarcaba eran múltiples, incluyendo tienda, almacén, ropería, zapatería, cereales variados, hierbas medicinales, etc.

La extensa zona del oeste riojano, Guandacol, Villa Castelli, Vinchina, etc., eran productoras de trigo, alfalfa, y maíz, que luego con el correr del tiempo, se reemplazaría por viñedos, preferentemente a partir de 1934. Don Juan compraba en cantidades el llamado “trigo pan”, diferente al trigo para locro, y lo procesaba directamente en su propiedad. Una empleada se encargaba de separar el trigo de la paja, y lo lavaba, luego lo embolsaba y lo enviaba a los conocidos molinos harineros “San Francisco”, (hoy Museo) y “Santa Rita”.


Su hija Matil, nos continúa narrando sobre la actividad comercial propia de aquella época. Por ejemplo, el acopio de hierbas medicinales de la zona del Famatina, en donde abunda una interesante variedad. Era adquirida de los “yuyeros” y luego embolsada, (la traían a lomo de burro). Cuidadosamente empaquetada en bolsas arpilleras bien cosidas, eran identificadas con destinatario y remitente, para ser enviadas hacia Buenos Aires, Rosario y Mendoza.

Con el correr del tiempo, don Juan Lléseri adquiere de don Salomón Waidatt, un interesante lote de respetables medidas, hacia la derecha del hospital, transformándolos en viñedo. Esta viña era atendida por idóneos de San Juan, con el agregado de una variedad de plantas frutales, las que eran aprovechadas comercialmente.

En el año 1932, Don Juan construye su propia bodega, la que comienza a elaborar vino al año siguiente, con su propio nombre y apellido, como marca de origen.

Don Gabino Coria Peñaloza, en ese entonces inspector del Instituto Nacional de Vitivinicultura, autorizó la salida a la venta de dicho vino, firmando los libros correspondientes, los que se conservan como reliquia.

El vino tuvo una interesante demanda comercial, elaborando su propia producción de uva y con el agregado de que lo que recibía de viñateros de los distritos.

La llegada de nuevos emprendedores vitivinícolas, y la instalación de la nueva bodega “La Caroyense”, con su moderno sistema de elaboración, influyó para que dejara de existir en 1944. Para ese entonces, el ya había vendido sus dos fincas.

Don Juan y Doña Anise tuvieron 9 hijos: Antonia, Anise, Victoria, Juan Carlos, María Cocab, Alberto, Eduardo, Matil, Oscar Miguel y Ricardo.

La historia de Don Juan Lléseri nos ayuda una vez más, a valorar la labor abnegada realizada por nuestros pioneros, que con sacrificio y honradez supieron forjar un futuro digno para sus hijos.

Por José Luis Campillay

Con información de Diario Chilecito

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