Por un centro libanés maronita en Mendoza

Un censo y poner en valor la cultura y el idioma árabe son algunos de sus objetivos.

Ayer se celebró el 71ª aniversario de la independencia del la República del Líbano, en la parroquia San Juan Marón, ubicada en Godoy Cruz. ©Los Andes
Ayer se celebró el 71ª aniversario de la independencia del la República del Líbano, en la parroquia San Juan Marón, ubicada en Godoy Cruz. ©Los Andes

Ayer se celebró el 71° aniversario de la independencia de la República de Líbano y uno de los actos que se realizaron en Mendoza para evocar la fecha fue una solemne misa en la parroquia San Juan Marón de Godoy Cruz .

El aniversario patrio fue oportuno para tratar otra vez la intención del cura párroco de ese templo, padre Pedro Chwah, de crear un centro libanés maronita en la provincia.

La parroquia maronita de Mendoza -explicó Chwah, quien hace 6 años que está en el medio, tiene por obligación fortalecer en cada uno de sus feligreses el sentido de su identidad como maronitas, y propiciar una toma de conciencia de nuestra pertenencia a una diócesis argentina, encabezada por nuestro obispo monseñor Juan Habib Chamieh” (quien reemplazó en el cargo a Charbel Merhi).

El párroco, quien además es superior de la Misión Libanesa de Mendoza, dijo que uno de los aspectos cruciales de la institución que se quiere fundar será efectuar un censo. “Debemos encontrar un perfil de la población maronita en Mendoza para ayudar a entender mejor el tamaño de la comunidad maronita y su distribución geográfica“.

Para encausar las reuniones, las familias de origen y las descendientes fueron invitadas a nominar a sus representantes.

Es difícil saber cuántos libaneses hay en Mendoza. Se sabe que las colectividades más grandes son la italiana y la española, y en la actualidad probablemente le siga la boliviana, pero con menos años de radicación en nuestro suelo. En principio a partir de los ’60. En cambio, la inmigración libanesa comienza a fines del siglo XIX y principios del XX, cuando una gran cantidad de ciudadanos de la nación del Mediterráneo emigra de su tierra natal buscando escapar de la pobreza, la marginación y los conflictos internos. Muchos vinieron a la Argentina, y en especial a Mendoza.

También se propone revitalizar la educación cultural libanesa, con clases de idioma árabe, grupos de folclore y sesiones de cocina libanesa, entre otras iniciativas.

La mayor aspiración -añadió el sacerdote- sería llegar a abrir institutos para garantizar que la lengua y la cultura no se pierdan, y para enseñar el espíritu y las tradiciones maronitas a nuestros niños“.

Enseñar el idioma árabe es importante no solo linguísticamente, sino también como ayuda a los niños para comprender los códigos culturales del patrimonio libanés.

Pese al “apostolado abierto” sostenido por Chwah, no todas las personas afines a la colectividad del “país del Cedro” contestaron a la consulta de este diario. Algunas señalaron que querían conocer más sobre la entidad en formación antes de definirse. Otros dieron su opinión.

El vicepresidente de la Unión Cultural Argentino Libanés de Mendoza (UCAL), Aldo José Canaán, no se encuentra en Mendoza y participó en Buenos Aires de la celebración de la independencia, en acto presidido por el obispo maronita en Argentina, Juan Habib Chamieh. Canaán, consultado vía telefónica, manifestó: “Hoy en  Argentina se están creando organizaciones que apoyan a los libaneses y sus descendientes pensando en fortalecer sus lazos con las raíces y encontrar a sus familiares en el Líbano. Desde UCAL le damos la bienvenida a todos aquellos que, con un espíritu amplio y solidario, trabajen en forma positiva por toda la comunidad libanesa en Argentina“.

En tanto, Guillermo Boustani (63) comentó que “es importante ayudar a los más jóvenes a entender y mantener la cultura de la tierra de origen de sus mayores y a conservar el idioma“.

La docente Verónica Naman (52) afirmó que “un centro puede ser aceptable“, al tiempo que se pronunció por un Líbano católico apostólico maronita.

Gestiones por sede de congreso nacional

El presidente de la Sociedad Libanesa de Luján de Cuyo, Daniel Juan, comentó a este diario que se está preparando un congreso nacional del libanismo en Mendoza.

El encuentro, según el dirigente departamental, se produciría entre abril y mayo del año próximo. Comentó que existen conversaciones con la Embajada de Líbano en Buenos Aires y monseñor Habib Chamieh, administrador apostólico de la eparquía San Charbel de los Maronitas en Buenos Aires.

También participa la Fundación Argentino Cristiana Libanesa (Fucal). En Mendoza, la que se encarga de organizar el evento es la UCAL de mayores y la rama juvenil.

Con información de Los Andes

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Medina Azahara mira al mundo

Córdoba recibe con satisfacción y esperanza la entrada de la ciudad palatina en la Lista Indicativa de la Unesco.

Bella estampa Imagen del yacimiento arqueológico de Medina Azahara. ©A.J. González
Bella estampa Imagen del yacimiento arqueológico de Medina Azahara. ©A.J. González

El yacimiento arqueológico de Medina Azahara ha comenzado esta semana un camino que puede llevarle al reconocimiento de Patrimonio de la Humanidad y, aunque queda mucho por hacer y el proceso es largo, la noticia ha supuesto una gran satisfacción en Córdoba, que se singularizaría en el mundo por tener cinco elementos Patrimonio de la Humanidad (antes, Mezquita, Casco Histórico, Patios y Flamenco). Para esta antigua ciudadela califal que guarda románticas leyendas este título supondría un relanzamiento a nivel internacional que la situaría en el lugar que le corresponde, además de ayudar a mostrar su verdadera dimensión para atraer más visitas y generar riqueza y empleo. Pero también conllevará una convergencia necesaria entre todas las acciones de protección, investigación, conservación y difusión, y quizá, a una mayor inversión en el yacimiento.

El primer paso,en Lanzarote

La buena noticia llegó desde Lanzarote, donde el pasado martes se reunió el Consejo de Patrimonio Histórico Español para decidir qué elementos darían ese primer gran paso en la consecución del ansiado título de la Unesco. En la defensa del yacimiento arqueológico cordobés se justifican los valores universales excepcionales del monumento, ya que, además de ser ciudad palatina, uno de sus rasgos más relevantes es el de la arquitectura palaciega, con la riqueza de la decoración y el protagonismo de los jardines que caracterizan a este tipo arquitectónico en la cultura árabe. También es excepcional por haber mantenido, ocultos e inalterados en su integridad, los restos del conjunto de una ciudad del siglo X, en el momento de plenitud de la arquitectura y la cultura andalusí. La inclusión en la lista, donde ha de permanecer un año antes de seguir con sus aspiraciones al título, supone ya de por sí un reconocimiento de los valores universales del conjunto, que en su condición de yacimiento arqueológico urbano de la cultura árabe islámica posee unas singularidades que lo distinguen sobre los demás bienes declarados.

Alegría, satisfacción y esperanza en Córdoba

Las reacciones no se hicieron esperar en Córdoba. Alegría, satisfacción, elogios al trabajo realizado y la esperanza en que el proceso culmine con el reconocimiento fueron los sentimientos manifestados por los responsables de las administraciones tras saberse que la ciudad palatina entraba en la Lista Indicativa del Patrimonio Mundial. El consejero de Educación, Cultura y Deporte, Luciano Alonso, recordó que Medina Azahara “es una manifestación única de la cultura andalusí y un testimonio excepcional“, resaltando el carácter de mito y el legado cultural inmaterial de Medina Azahara a través de la literatura, otro valor que se sumará a los materiales ante la Unesco. También el alcalde de Córdoba, José Antonio Nieto, mostró su alegría por el logro, recordando que de designarse Patrimonio de la Humanidad, “Córdoba sería la ciudad con un mayor número de hitos en España y del mundo en materia de patrimonio reconocidos por parte de la Unesco“. Por su parte, la presidenta de la Diputación, María Luisa Ceballos, dijo que “Córdoba tiene un gran débito con Medina Azahara“, mientras que la delegada del Gobierno de la Junta en Córdoba, Isabel Ambrosio, se mostró convencida de la propuesta de Medina Azahara “por su carácter universal, autenticidad, por ser un foco turístico de primer orden y por contar con el apoyo de muchos andaluces“.

Un expediente atractivo, el siguiente trabajo

El paso siguiente en todo este proceso es elaborar el expediente que defenderá la candidatura de Medina Azahara ante la Unesco cuando llegue el momento, que se estima dentro de un año. El documento deberá justificar el valor universal del yacimiento y contener un estudio comparativo con otros monumentos ya inscritos, resaltando sus particularidades. A día de hoy ya se tiene elaborado un esbozo que falta definir, para lo cual hay un año, el tiempo que el yacimiento tiene que permanecer en la Lista Indicativa en la que acaba de entrar. Escribirlo, documentarlo bien y que sea atractivo es básico porque tiene que convencer a la Unesco de que Medina Azahara posee un valor excepcional para su declaración como Patrimonio Mundial.

Un largo proceso que acaba de empezar

Una vez elaborado el expediente, la Comunidad Autónoma andaluza deberá enviarlo al Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, que lo remitirá al Grupo I de Patrimonio Mundial para que lo analice según los criterios de inscripción en la Lista de Patrimonio Mundial acordados por el Consejo de Patrimonio Histórico. Tras ese exhaustivo primer examen al documento, el Ministerio enviará la propuesta con las anotaciones realizadas en el Grupo de Trabajo I de Patrimonio Mundial a la Comunidad Autónoma para su revisión, y ésta presentará la propuesta final a la Lista de Patrimonio Mundial ante el Consejo de Patrimonio Histórico para su aprobación. Una vez aprobada por el Consejo, el Gobierno autonómico remitirá el expediente al Ministerio, que lo enviará al Centro de Patrimonio Mundial. El 1 de septiembre del 2016 es la fecha límite para que el Ministerio, a petición de la Junta de Andalucía, presente el expediente de la candidatura. En caso de que todo haya sido favorable se iniciará el largo proceso que puede llevar, entre noviembre y diciembre del 2017, a la elección del yacimiento arqueológico de Medina Azahara como Patrimonio de la Humanidad.

Por Carmen Lozano
Con información de Diario Córdoba

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Estado Islámico – el enemigo perfecto

El último video donde Estado Islámico filma una decapitación masiva de soldados sirios y un rehén norteamericano, termina de modelar a un enemigo perfecto para Occidente: salvaje, inhumano, anclado en creencias y prácticas pre modernas. Un enemigo que produce daño humano, pero no político. Como lo indica su nombre, Estado Islámico refleja la destrucción de los estados nacionales árabes, iniciada con la Guerra del Golfo en 1991.

estado_islamico

En un video que circuló en los últimos días por la web, Estado Islámico (EI) da un paso más y escenifica el asesinato en masa de 18 soldados sirios con planos varios, slow motion y sensibles miradas a cámara de las propias víctimas. Un desierto limpio, arenas prolijas, y una ordenada fila de combatientes que, de uno en uno, van pasando en busca de su cuchillo que, minutos después, atraviesan la garganta de los capturados. En el último plano, la sangre corre como un arroyo en los surcos de arena. Horror puro y duro en HD.

Es imposible saber cuánto de verdad hay o no en estas escenas. Supongamos, para salir de la especulación conspirativa, que es real. Tan real y evidente como que todas las escenas de decapitaciones remiten a la cultura de la violencia cinematográfica hollywoodense: los trajes naranjas para los “detenidos”, el uso de la cámara lenta para dar mayor dramatismo, la pureza y orden de un set que no tiene nada de “escenario natural en exteriores”.

Ahora bien, no se trata de pensar que todo es un montaje guionado por Norteamérica. Más bien lo contrario: puede ser el indicio visual y simbólico de que el enemigo árabe que Estados Unidos viene construyendo desde el fin de la Guerra Fría por fin adoptó la estética barbárica y terrorista que su contrincante espera que tenga.

No siempre se trata de construir el mundo a imagen y semejanza: a veces quien detenta el poder elige (o debe contentarse) con dibujar los trazos de su enemigo. Es otra forma de definir el rumbo de las cosas. Un oponente caricaturizado puede servir como atajo para reforzar los valores y objetivos propios. En este caso la democracia, los derechos humanos y la libertad frente al fanatismo asesino e inhumano. “El mal absoluto”, como lo llamó Obama este lunes.

El problema de este razonamiento es que no tiene historia, no está ubicado en ninguna progresión de sucesos que lo vuelva comprensible o mínimamente explicable. Por el contrario, es puro impacto, “choque de civilizaciones”, abismo religioso o moral. Sin embargo, resulta evidente que el crecimiento de EI es parte de un ciclo histórico de desestructuración estatal árabe bastante notorio. Como lo indica su nombre, Estado Islámico es una metáfora mórbida de un proceso que lo precede: la destrucción de los estados nacionales árabes, que se inició con la Guerra del Golfo de George Bush.

Hace pocos días el mundo recordaba los 25 años de la caída del Muro de Berlín, antesala de la implosión de la Unión Soviética, que sucedería apenas dos años después. Entre uno y otro episodio, Estados Unidos ya había reordenado sus prioridades estratégicas: en enero de 1991 comenzó a bombardear sedes gubernamentales en Irak.

Improbable en tiempos de Guerra Fría, esta intervención norteamericana (con el escudo de las Naciones Unidas y el comienzos de las famosas “coaliciones” de países aliados) inauguró una década de desplazamiento del enemigo, que pasó de ser el comunismo a los estados árabes de corte nacionalista.

El Estado Islámico aparece, así, como una consecuencia directa de la guerra abierta o encubierta que desde hace un cuarto de siglo Estados Unidos decidió emprender contra los estados nacionales árabes.

El corolario de ese proceso ocurrió exactamente diez años después, cuando el atentado a las Torres Gemelas mostró -entre otras cosas- que en el “mundo árabe” antes liderado por estados nacionales laicos habían cobrado relevancia los grupos fundamentalistas, diseminados en células y proclives a tácticas terroristas. El enemigo comenzaba a asumir las formas bestiales que se esperaba de él.

A partir de los atentados en Nueva York de 2001, la respuesta norteamericana acentuó la estrategia desplegada en la Guerra del Golfo: la invasión a Irak y Afganistán tuvo como consecuencia perdurable la destrucción de estos estados, antes que la eliminación de un determinado líder o grupo político. De hecho, más de una década después, ninguno de los dos países logró estabilizarse, a pesar de haber contado con ingentes recursos y el control militar por parte de los Estados Unidos.

Una década después, a fines de 2010, casi todos los países de la región vivirían el terremoto de la “primavera árabe” que, visto retrospectivamente, no terminó en un empoderamiento de la sociedad civil, ni siquiera allí donde existe con cierta fortaleza (como en Egipto), si no más bien en el recrudecimiento y el avance de los grupos islámicos extremistas. Esa involución se dio aún en sociedades con una tradición laica importante, como Siria.

De esta manera, el resultado más repetido de las “primaveras” fue la creciente debilidad de las organizaciones estatales. El caso paradigmático es el de Libia, donde después del bombardeo de la OTAN y el asesinato de Muammar Khadafy en el 2011, el país quedó sumido en un caos total: al día de hoy, tiene dos poderes ejecutivos y dos parlamentos. Desde hace algunas semanas una ciudad al este de Libia, Derna, cayó en control del Estado Islámico, que ya había extendido su presencia en parte de Siria e Irak.

Es sencillo y consolador pensar que todo este caos es producto de algún tipo de auto desintegración de los libios, imbuidos de alguna lógica primitiva o espíritu “tribal”. Antes de sacar conclusiones, más vale leer lo que dice Bernardino León, diplomático español, ligado al PSOE y que en la actualidad oficia como jefe de la ONU en Libia. En la edición de El País del 10 de noviembre pasado muestra un notable interés por aspectos que poco tienen que ver con la estabilidad del país africano: “Desde hace tiempo ya, insistimos ante las partes en conflicto que había tres ámbitos que deberían ser neutrales: el Banco Central, el petróleo y la Autoridad Libia de Inversiones. Y les advertimos que les pondríamos sanciones si cruzaban esas líneas rojas que son sagradas y no se pueden tocar.” En una remake del mandato del hombre blanco europeo del siglo XIX, León, el progresista, remata: “debemos aprender de los errores de estos tres años. La comunidad internacional pecó de dejar a Libia y a los libios solos. No estaban preparados y eso no funcionó.”

A esto habría que agregar la guerra civil en Siria, desatada hace tres años y todavía en curso. El plan de desestabilización interna de Estados Unidos sobre Siria se hizo público hace algunos meses, desde las páginas de la autobiografía de Hillary Clinton, ahora crítica de la política exterior de Obama, después de haber sido su Secretaria de Estado: “los riesgos de la acción y de la inacción eran ambos elevados, (pero) la inclinación del presidente fue mantener el curso de las cosas y no dar el significativo paso adelante de armar a los rebeldes”. Si Siria cuenta todavía con un gobierno y un estado en pie es porque a mediados de 2013 Rusia, en un hecho inédito después del fin de la URSS, obligó a Estados Unidos a dar un paso atrás en los bombardeos que ya había anunciado sobre Damasco.

Por fuera de cualquier teoría conspirativa, estos datos muestran una acción de debilitamiento sistémico de las organizaciones estatales árabes en los últimos 25 años. El Estado Islámico aparece, así, como una consecuencia directa de la guerra abierta o encubierta que desde hace un cuarto de siglo Estados Unidos decidió emprender contra los estados nacionales árabes.

Por Federico Vázquez
Con información de Telam

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