Identificado el árabe anónimo de ‘El Extranjero’ de Camus

Marcello Mastroianni, en la adaptación al cine de ‘El extranjero’.

Han tenido que pasar casi 75 años para conseguir esta exclusiva en el mundo de las letras. Se ha encontrado al verdadero y hasta ahora anónimo “árabe” de El Extranjero, obra del escritor y periodista francés Albert Camus. Ese “árabe” asesinado, sin nombre y que tantos enigmas ha creado.

Se trataría de Kaddour Touil y ha sido encontrado gracias a los testimonios del hermano y la hermana de este hombre en Aïn El Turk, una ciudad que mira al Mar Mediterráneo desde Argelia, y recogidos por la profesora de la Universidad de Yale Alice Kaplan en su obra En busca del extranjero.

El afán era poder descubrir la identidad por la que tantos años se ha divulgado en una de las obras más importantes de la literatura francesa. Desde el fantasma del pueblo que no se ve hasta una alegoría de lo absurdo eran algunas de tantas conjeturas formuladas desde que se empezaron a preguntar quién era este personaje.

La profesora Kaplan siguió la pista a partir de un artículo que se escribió en el Alger Républicain -donde se forjó como periodista Camus- el 31 de julio de 1939, tres años antes de la aparición de este best-seller. El “árabe”, originario de esta ciudad argelina que se encuentra muy cerca de Orán, estaba en la playa de Bouisseville cuando dos hermanos franceses y judíos, Raúl y Edgar Bensoussan, tuvieron un gran altercado con Touil. Aunque en esa disputa nadie murió.

El hecho de que faltase el nombre del personaje “podría haber sido visto simplemente como ese hecho que subraya lo absurdo y sin sentido de su muerte. Sin embargo, dicha lectura se vería favorecida si la propia existencia de Meursault [el protagonista de la historia] carecía de un significado más profundo, más difícil de tolerar. Pero Camus, por ejemplo, una vez describió al árabe como el único Cristo que nos merecemos”, escribe John Williams en el New York Times.

La identidad también ha sido el foco de una novela bastante famosa llamada Meursault, caso revisado y escrito por Kamel Daoud. Un libro inspirado en la novela de Camus y que reescribe “en la misma lengua, pero de derecha a izquierda” desglosando el proceso del asesinato de este personaje. Él le dio el nombre de Musa nacido en el seno de una familia argelina.

Alice Kaplan ha averiguado más allá del nombre y ha conseguido trazar la biografía de la novela de Camus asegurando que acaba su novela el 1 de mayo de 1940, siendo él un total desconocido de 25 años y reportero de Alger Républicain.

“El Extranjero no es un libro que Camus ha escrito sobre sí mismo, sino un libro donde él se ha encontrado”, formula como una de sus hipótesis la profesora del departamento de Francés en Yale. Asimismo, añade que el primer matrimonio de Camus con Simone Hié, en 1934, no habría sido solamente un fracaso, sino que se habría beneficiado al menos en el arte del romance literario. Fue a partir de su desarraigo de esta familia burguesa, con la que compartía sus días, cuando habría comenzado a construir la que sería la esencia de El Extranjero.

“Hoy, mi mamá está muerta. O puede que ayer, no lo sé”. Así comenzaba este libro que ha vendido más de diez millones de ejemplares y cuya historia entonces se habría escrito en las páginas impresas de un periódico.

Por Isaac J. Martín
Con información de:El Mundo

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Mauritania, donde la esclavitud es un estado físico y mental

Biram Dah Abeid

En Mauritania hay una antigua y controvertida tradición que establece que la privación de libertad se transmite por vía matriarcal. De esta manera, los niños nacidos como resultado de violaciones perpetradas por la etnia dominante son propiedad del amo violador.

El Parlamento ha equiparado recientemente esta práctica a un crimen contra la humanidad, castigado con veinte años de prisión. Pero hasta ahora, por desgracia, en todo el país sólo ha sido registrada una condena por este delito.

Biram Dah Abeid, al que muchos apodan “el Madiba de Mauritania”, como Nelson Mandela en Sudáfrica, está todavía en la cárcel.

Dos años de prisión: oficialmente por haber participado, en noviembre de 2014, en una manifestación no autorizada en contra de la esclavitud de la tierra (trabajar gratuitamente tierras expropiadas por el gobierno), oficiosamente por haber desafiado al presidente Mohamed Ould Abdel Aziz en las elecciones presidenciales del 21 de junio de 2014.

Con él, en la cárcel, han acabado dos de sus colaboradores más cercanos. Los tres están acusados de resistencia a la fuerza pública durante una marcha en Rosso, ciudad natal de Biram, en la frontera con Senegal.

Biram, defensor del pueblo de los antiguos esclavos de etnia haratine y líder de la Initiative de Résurgence du Mouvement Abolitionniste (IRA), está, por lo tanto, de nuevo en el calabozo.

Con una vida dedicada a la denuncia de las prácticas esclavistas en Mauritania, ya había terminado en la cárcel en 2012 por haber prendido fuego en público a algunas páginas del Corán con las que se adoctrinaba a los esclavos para que estuviesen orgullosos de su condición.

Un crimen de los más graves en la República de Mauritania, que es una de las cuatro en el mundo que se define como “islámica”, junto con Irán, Pakistán y Afganistán.

En las dos detenciones de Biram la lluvia de críticas duró varios meses. Alzaron la voz sobre todo Amnistía Internacional, el Parlamento Europeo y algunos senadores demócratas de Estados Unidos.

En 2014 Biram mantuvo también una reunión privada con Barack Obama en la Casa Blanca. Su lucha contra la esclavitud tiene algo de inherentemente subversivo en un país como Mauritania, donde desde siempre existe una articulada jerarquía social que asegura el predominio político y económico de los árabes-bereberes.

Según el Índice Global de la Esclavitud, elaborado por la ONG australiana Walk Free y que calcula el número de personas en estado de esclavitud moderna en 167 países, en este país del África del noroeste hay unas 500 mil personas que siguen viviendo en condiciones de esclavitud.

Estas cifras coinciden grosso modo con las de los especialistas de las Naciones Unidas sobre las formas contemporáneas de esclavitud. Mauritania se confirma así como la nación con la mayor proporción de esclavos en el mundo.

Y ello a pesar de que la esclavitud fue abolida por ley en 1981 y de que el Parlamento endureció las penas primero en 2007 y luego en 2014, equiparando la práctica a un crimen contra la humanidad, punible con 20 años de prisión.

Mauritania era el único país en el mundo que no tenía una legislación adecuada contra la esclavitud. Ahora que la tiene, resulta que a menudo las leyes no bastan para eliminar tales prácticas anacrónicas.

Hay muchos factores que ayudan a explicar por qué la esclavitud en Mauritania continúa sobreviviendo.

Razones políticas

Los esfuerzos del gobierno, que niega completamente la existencia de la esclavitud, y que prefiere hablar de “consecuencias” de la esclavitud, no parecen ser lo suficientemente eficaces.

De hecho, han aparecido agencias gubernamentales para la supervisión de la esclavitud, para la reintegración de los esclavos liberados en la sociedad, pero también es cierto que hasta la fecha sólo una persona en todo el país ha sido condenada por posesión de esclavos.

Mucha parte de la ayuda económica internacional para Mauritania depende de la actitud del gobierno hacia la esclavitud, y por lo tanto las autoridades parecen tener mucho interés en el encubrimiento de quejas en contra de los esclavistas y de eventuales procesos.

No es casualidad que a todos los periodistas que quieren tratar la cuestión se les asigne un agente del gobierno que supervisa su trabajo y cuya presencia, inevitablemente, intimida al entrevistado. Por lo tanto, para entrevistar a un sujeto sensible, a menudo hay que salir por la noche, con un ojo siempre en la nuca.

Razones religiosas

Históricamente, los imanes locales siempre se han posicionado a favor de la esclavitud, especialmente en las zonas rurales. Se sirven de versos polémicos del Corán para justificar la práctica.

Razones geográficas

Mauritania es un país enorme, casi totalmente cubierto por las arenas del Sahara, con una gran parte de la población nómada, y por lo tanto en algunas zonas resulta difícil hacer cumplir las leyes.

Mentalidad

En muchos casos, los esclavos no se dan cuenta de que son esclavos. Están tan inmersos en su condición de sometimiento que creen que es su lugar en el mundo, sin sueldo y sin derechos sobre los hijos.

No son raros los casos en los que los antiguos esclavos deciden volver a su antiguo amo o encontrar a uno nuevo porque la libertad les ha dejado en una situación de más miseria.

Al menos, dicen, con un amo tiene algo de comer y un lugar para dormir. Además, el galopante racismo que existe en el país no hace más que inculcar en las mentes de los esclavos que el hecho de tener la piel negra es sinónimo de inferioridad.

Composición étnica

Mauritania está habitada por diferentes grupos étnicos, que se pueden subdividir en cuatro grandes grupos.

1. Los bidanes (literalmente, “los blancos”), o moros blancos, son bereberes con la piel más clara que hablan árabe y que tradicionalmente han poseído esclavos. Ellos son los que ostentan los principales cargos políticos y las mayores riquezas. Sin embargo, no es raro encontrar a un moro blanco que vive en la pobreza.

2. Los abd (literalmente, “esclavos negros”), o moros negros, tienen la piel oscura e históricamente fueron esclavizados por los moros blancos. Originarios de África subsahariana, los moros negros han asimilado muchos aspectos de la cultura árabe de sus amos y hablan hassaniya, un dialecto árabe.

3. Los haratine (literalmente, “los esclavos liberados”), que constituyen aproximadamente el 40 por ciento de la población, son tanto los esclavos liberados de facto como los que pertenecen a los moros negros como esclavos. Viven en una especie de limbo entre la esclavitud y la libertad, y son objeto de discriminación de clase y raza.

4. En Mauritania viven otros negros de otros grupos étnicos, entre los cuales los wolof, los soninké y los pulaar. Estas comunidades no han sido nunca esclavizadas y se caracterizan por su propia cultura e idioma.

Bouboucar Messaoud, hijo de esclavos, junto con Abdel Nasser Ould Ethmane, ex propietario de esclavos, es co-fundador de SOS-Esclaves, una ONG que desde los años 90 lucha por la abolición de la esclavitud.

SOS-Esclaves proporciona asistencia jurídica a los esclavos que aspiran a la libertad, recoge sus testimonios y los hace públicos a través de campañas de sensibilización.

“A pesar de que gozaban de una libertad limitada, mis padres eran esclavos. Y a mí no se me permitió estudiar. Pero me las arreglé para ir a la escuela en secreto, con la ayuda de un profesor al que le había caído simpático. Así pude empezar a leer, para hacerme una cultura, y comprender los valores universales de igualdad. La educación ha sido mi salvación”, dice Bouboucar.

“Un esclavo puede ser comprado, vendido, regalado. Los precios varían de esclavo a esclavo. Los hijos de los esclavos se convierten automáticamente en esclavos”, añade el líder de SOS-Esclaves.

Dice que “los esclavos, que no reciben ningún salario, son tratados como animales, viven como animales. Tengo muchas historias que contar, sobre todo la de Moulkheir”.

Ella, señala, “era una esclava que trabajaba en el campo. Todos sus hijos fueron resultado de las violaciones de su amo. Había tenido recientemente una niña, pero su amo le había ordenado que la dejase sola en la cabaña porque, aunque la llevase en la espalda, habría ralentizado el trabajo”.

Bouboucar relata que “así lo hizo. Pero a su regreso se encontró a la niña muerta, comida por los insectos. El jefe no le concedió ni un entierro digno. Pero ahora Moulkheir es libre”.

Y concluye: “El primer paso hacia la libertad es darse cuenta de que uno está en estado de esclavitud. En Mauritania las cadenas de la esclavitud son mentales, además de físicas”.

“Romperlas requiere un proceso largo y complejo. Pero el esclavo que desciende de muchas generaciones de esclavos es un esclavo también mentalmente. Y está totalmente sometido, está dispuesto a sacrificarse por su amo. Este es el tipo de esclavitud que tenemos hoy en día todavía en Mauritania”, enfatiza.

Con información de Terra

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Georges Tarabichi, filósofo sirio siempre en combate

Georges Tarabichi

Acometió una ingente labor de traducción, que fue de Freud a Hegel, Sartre, Beauvoir y Marcuse.

El 16 de marzo de 2016, murió en París Georges Tarabichi, filósofo sirio nacido en Alepo en 1939. Tarabichi fue un viejo marxista-nacionalista, algo muy árabe, que llegado un momento sopesó la fuerza del legado islámico como motor de cambio y emprendió un difícil camino (además era de origen cristiano) de integración de estas tradiciones. Fue una voz única y a la vez muy representativa, siempre en combate con todos y, sobre todo, consigo mismo.

En sus años juveniles, Tarabichi militó en el Partido Socialista Árabe Baaz, llegando a dirigir Radio Damasco (1963-1964), pero tras romper con la disciplina de partido pasó un periodo en la cárcel. El punto de inflexión en su trayectoria fue la derrota árabe en la guerra con Israel de 1967. El cataclismo llevó a Tarabichi a replantearse la universalidad del marxismo en sus términos clásicos, y le hizo volver la mirada hacia el legado árabe que hasta entonces había desdeñado. Esta revisión ideológica (desglosada en su libro El marxismo y la cuestión nacional, 1971) estuvo acompañada del exilio en Líbano. En estos años, los setenta y primeros ochenta, acometió una ingente labor de traducción, que va de casi todo Freud a Hegel, Durkheim, Sartre, Beauvoir y Marcuse.

Definitivamente instalado en París con la prolongación de la guerra civil libanesa (1975-1990), Tarabichi se volcó en su obra mayor, la enciclopédica crítica de La crítica de la razón árabe (cinco volúmenes, 1999-2010). A partir de la refutación por inane de La crítica de la razón árabe (1982-1990), del filósofo marroquí Mohamed al-Yabri, Tarabichi propuso “releer, reexcavar y refundar” el saber arabo-islámico en su integridad. La filosofía árabe (de Al-Kindi a Averroes), la teología y la jurisprudencia islámicas, el sufismo o la retórica clásica no son, según sus postulados, menos constitutivos de la actual razón árabe que el legado filosófico europeo. En el diagnóstico de Tarabichi, el proyecto fallido de modernidad árabe solo podrá salir adelante a través de un proceso de continua revisión crítica de la razón de ser árabe, pero tendrá que hacerse en los términos de un “secularismo islámico” acorde con la esencia del Corán; aventuras como el islamismo contemporáneo serían una perversión de este ideal.

Incapaz ya de escribir

La traducción, la refutación y el enciclopedismo son formas de conocimiento muy árabes, y Georges Tarabichi se consagró a ellas renovándolas. Con su fina dialéctica igual acusó de “orientalistas” a otros filósofos árabes (como los egipcios Hasán Hanafi y Abd al-Rahmán Badawi) que arremetió contra Nawal al-Saadawi, tótem del feminismo árabe en Occidente.

En los últimos años, con la guerra civil asolando Siria, el silencio pudo con su carácter contestatario: “Mi situación es como la de mi país: estoy totalmente paralizado y soy incapaz de escribir”, dijo en una de sus últimas entrevistas.

Por Luz Gómez García
Con información de El País

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