Sopa Viernes Santo

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INGREDIENTES:

1 Rodaja, la cabeza, cola, espinas y piel de merluza y 2 lenguados.
1/2 Kilo de almejas, 100 gramos de colas de cangrejo y 100 gramos de langostinos.
1/2 Kilo de zanahorias, 2 cebollas, perejil y ajo.
1 Taza de arroz.
Harina
1 Cucharadita de mantequilla.
1/4 Litro de leche, agua.
3 Huevos.
Trufa
100 Gramos de almendras dulces.
1 Vaso de vino blanco.
Aceite.
Pimienta.
Sal.

ConsejoLa merluza puede sustituirse por besugo, rape o cualquier otro pescado que sea sabroso.

ELABORACIÓN:        

Cocemos en agua con sal, zanahorias, cebolla, perejil, ajo, pimienta y unas gotas de aceite crudo, la cabeza, cola, raspas de merluza y almejas. Se deja dos horas a fuego lento, se cuela el caldo, y se cue­cen el arroz y las almendras dulces, peladas y moli­das. Se agrega la carne de la merluza desmenuzada, con cebolla frita y algo de aceite, y se cuela todo por un colador. Aparte se rehoga una raja de merluza muy picada, se echa en un sartén con aceite y una cucharada de harina, una nuez de mantequilla y la le­che. Se deja cocer a fuego lento, moviéndolo y cuan­do la pasta espesa se aparta del fuego, se agrega una yema batida y se deja enfriar. Se coge con una cuchara un poco de la pasta, y se forman unas bolitas con harina, que se fríen después en mucho aceite. Cuando están doradas y escurridas, se echan, con las almejas, sin concha, en el puré anterior.

Se hacen cuatro filetes de lenguado, y se ponen al fuego, rociándolos con dos cucharadas de aceite frito, una de vino blanco y dos de agua, se tapan y se dejan cocer unos minutos.

Se hace otra pasta, como para las croquetas de merluza, de lenguado, pero con muy poca harina y se liga con una yema. La pasta se extiende sobre los filetes de lenguado, se espolvorea con un poco de pan rallado, poniendo encima una pizca de mantequi­lla y se mete en el horno para que se dore el pan. Se decora el plato, poniendo unas colas de cangrejos y de langostinos, entre los filetes de lenguado y encima del picadillo que les cubre tres o cuatro obleas de tru­fas o un picadillo de yema de huevo duro.

Por M. Rodríguez San León

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Sopa Viernes Santo por M. Rodríguez San León se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.
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Las iglesias,el ábside y Palestina

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Todas las iglesias tienen el ábside orientado hacia el sudeste; la fachada, hacia el noroeste, y el crucero, que forma los brazos de la cruz, de nordeste a sudoeste. Es una orientación invariable, establecida a fin de que fieles y profanos, al entrar en el templo por Occidente y dirigirse en derechura al santuario, miren hacia donde sale el sol, hacia Oriente, hacia Palestina, cuna del cristianismo. Salen de las tinieblas y se encaminan a la luz.

Como consecuencia de esta disposición, uno de los tres rosetones que adornan el crucero y la fachada principal no está nunca iluminado por el sol; es el rosetón septentrional, que luce en la fachada izquierda del crucero. El segundo resplandece al sol de mediodía; es el rosetón meridional, que se abre en el extremo derecho del crucero. El último se ilumina bajo los rayos colorados del sol poniente; es el gran rosetón, el de la fachada principal, que aventaja a sus hermanos laterales en dimensiones y en esplendor. De esta manera se suceden, en las fachadas de las catedrales góticas, los colores de la Obra, según una evolución circular que va desde las tinieblas -representadas por la ausencia de luz y el color negro- a la perfección de la luz rubicunda, pasando por el color blanco, considerado como «intermedio entre el negro y el rojo».

En la Edad Media, el rosetón central se llamaba Rota, la rueda. Ahora bien, la rueda es el jeroglífico alquímico del tiempo necesario para la cocción de la materia filosofal y, por ende, de la propia cocción. El fuego mantenido, constante e igual, que el artista alimenta noche y día en el curso de esta operación, se llama, por esta razón, fuego de rueda. Sin embargo, además del calor necesario para la licuefacción de la piedra de los filósofos, se necesita un segundo agente, llamado fuego secreto o filosófico. Es este último fuego, excitado por el calor vulgar, lo que hace girar la rueda y provoca los diversos fenómenos que el artista observa en su redoma:

Ve por este camino, no por otro, te advierto;
observa solamente las huellas de mi rueda.
Y para dar a todo una calor igual,
no subas ni desciendas al cielo y a la tierra.
Si demasiado subes, el cielo quemarás;
si bajas demasiado, destruirás la tierra.
En cambio, si mantienes en medio tu carrera,
el avance es seguido y la ruta más segura. (1)

El rosetón representa, pues, por sí solo, la acción del fuego y su duración. Por esto los decoradores medievales trataron de reflejar, en sus rosetones, los movimientos de la materia excitada por el fuego elemental, como así puede observarse en la fachada norte de la catedral de Chartres, en los rosetones de Toul (Saint-Gengoult), de Saint-Antoine de Compiégne, etc. En la arquitectura de los siglos XIV y XV, la preponderancia del símbolo ígneo, que caracteriza claramente el último período del arte medieval, hizo que se diera al estilo de esta época el nombre de Gótico flamígero.

Ciertos rosetones, emblemáticos del compuesto, tienen un sentido particular que subraya todavía más las propiedades de esta sustancia que el Creador selló con su propia mano. Este sello mágico le dice al artista que ha seguido el buen camino y que la mixtura ha sido preparada según los cánones.

Es una figura radiada, de seis puntas (digamma), llamada Estrella de los Magos, que resplandece en la superficie del compuesto, es decir, encima del pesebre en que descansa Jesús, el Niño-Rey.

Entre los edificios que presentan rosetones estrellados de seis pétalos -reproducción del tradicional Sello de Salomón (2)- citaremos la catedral de Saint-Jean y la iglesia de Saint-Bonaventure, de Lyon (rosetones de las fachadas); la iglesia de Saint-Gengoult, de Toul; los dos rosetones de SaintVulfran, de Abbeville; la fachada de la Calende de la catedral de Rouen; el espléndido rosetón de la Sainte-Chapelle, etc.

Por Fulcanelli

(1) De Nuysement, Poéme philosophic de la Vérité de la Phisique Mineralle, en Traittez de l’Harmonie et Constitution generalle du Vray SeL París, Périer et Buisard, 1620 y 1621, pág.254.
(2) La convalaria poligonal, vulgarmente llamada Sello de Salomón debe este apelativo a su tallo, cuya sección es estrellada, como el signo mágico atribuido al rey de los israelitas, hijo de David.

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Jardín de verduras

verduras

“La cocina era un atrio inmenso lleno de humo, donde ya muchos sirvientes se ajetreaban en la preparación de los platos para la cena.
En una gran mesa dos de ellos estaban haciendo un pastel de verdura, con cebada, avena y centeno, y un picadillo de nabos, berros, rabanitos y zanahorias…”

Umberto Eco de El nombre de la rosa

Verduras y hortalizas son consideradas como las hermanas pobres de nuestra cocina, y sin embargo, tanto dietética como gastronómicamente, son excelentes alimentos que no sólo nos nutren sino que son un verdadero placer para el paladar, eso sí, siempre deben ser frescas, de temporada, y estar bien cocidas.

La mayoría de las verduras y hortalizas que hoy conocemos, tiene su origen en el creciente fértil y el norte de África, los romanos introdujeron algunas verduras como el ajo, el apio, la coliflor, la calabaza entre otras, los árabes trajeron la cebolla, guisantes, judías verdes y espinacas, hay que destacar la importante aportación que hizo el descubrimiento del Nuevo Mundo al posibilitar en la vieja Europa el cultivo de pimientos, patatas y tomates.

Hoy da gusto acercarse al mercado y ver cada mañana el bello muestrario de verduras que nos ofrecen las hortelanas bajo los soportales, allí las lombardas, las coles de Bruselas, las berzas de cántaro, lechugas, zanahorias, y cuando es su tiempo, espárragos de la Guareña, o pimientos y tomates de nuestras cercanas huertas, con esta materia prima es muy difícil no acertar al cocinar un buen plato elegido de las recetas que siguen, en estas fechas cuaresmales nos servirá de entrada y acompañamiento para el plato principal.

INGREDIENTES:

1/4 Kilo de espárragos.
100 Gramos de guisantes.
200 Gramos de coliflor.
250 Gramos de coles de Bruselas.
250 Gramos de zanahorias.
250 Gramos de patatas nuevas, pequeñas.
Mantequilla.
Salsa bechamel.
Queso rallado.
1  Taza de nata.
2    Huevos.

Consejo: Las verduras pueden sustituirse por otras distintas cuando éstas no sean de temporada.

ELABORACIÓN:

Se cuecen separadamente, los espárragos, guisantes, coliflor, coles de Bruselas, zanahorias y patatitas nuevas.

Cuando están las verduras cocidas, se reho­gan, por separado, en mantequilla, los guisantes, las coles y las patatas.

En una fuente grande se colocan los espárra­gos formando cuadros, y en el hueco de éstos, en montoncitos, las distintas verduras. Aparte se hace una bechamel clara, sazonada con pimienta y un poco de queso rallado, agregando cuando ya está y lejos del fuego, la nata muy batida, y con esta salsa se rocían las verduras que se han pre­parado en la fuente, guarneciéndola con huevos duros cortados en cuartos.

Por M. Rodríguez San León

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