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Creación del Estado Artificial de Israel

Por una simple cuestión de respeto por las jerarquías nos ha parecido justo empezar por los crímenes de este nuevo Estado, bueno por definición. Aunque, ya se sabe, nadie es perfecto. El Estado de Israel nació con el despojo de Palestina, territorio ocupado por los árabes desde hace bastante más de mil años. Ese estado artificial fue creado por decisión unilateral de los gobiernos soviético y americano, movidos ambos, lógicamente, por los poderes fácticos.

Su oficialidad fue consagrada por una votación de la O.N.U., que le adjudicaba algo menos de 10.000 kilómetros cuadrados. De 10.000, pese a las reconvenciones puramente formales de la O.N.U. pasó pronto a 30.000 y, tras la guerra de los Seis Días, a casi 100.000, aun cuando hoy, para calmar a los nacionalistas egipcios y dividir al Mundo Árabe, estén devolviendo a Egipto, con cuentagotas, una parte de los arenales de la Península del Sinaí.

Contrariamente a lo que pretenden los grandes medios de “información”, no fueron los palestinos, ni los árabes en general, los que iniciaron el terrorismo en Tierra Santa. Fueron las organizaciones judías “Stern” e “Irgun Zvai Leumi”, que atacaron a los ingleses y a los árabes, pero no en guerra abierta, sino en acciones de guerrillas, dirigidas tanto contra militares ingleses y árabes como contra civiles árabes. El terrorismo de esas organizaciones, apoyadas por una tercera, la “Haganah”, especializada en raptos seguidos de petición de rescate, dio comienzo en 1946.


En Julio de ese año, los terroristas del “Irgun” hicieron estallar una bomba de gran potencia en el Hotel King David, de Jerusalén, acción dirigida contra los ingleses, que habían instalado allí su Cuartel General. 92 hombres y mujeres muertos bajo los escombros y otros 45 heridos, casi todos civiles que trabajaban en las oficinas militares, fué el balance de la operación.

Unos días después, era asesinado a tiros, en El Cairo, Lord Moyne, Residente General Británico en la zona, personalidad con rango ministerial. Mandaba esas unidades terroristas Menaghem Beghin, que
luego llegaría a Primer Ministro del Estado de Israel. Continúan las exacciones contra los ingleses que –Chamberlain dixit– fueron arrastrados por el mundo judío a la guerra contra Alemania.

Un día son dos soldados ingleses que son hallados, colgados de unos naranjales; otro día un sargento ingles que es hallado, horrorosamente mutilado, en las calles de Haifa. En Abril de 1948, los terroristas del “Irgun”, mandados por Menaghem Beghin, atacan al pueblecito árabe de Deir Yassin, donde no hay un sólo soldado árabe ni inglés. Los judíos rodean, el 10 de Abril, la tranquila e indefensa villa, donde viven unos 600 árabes agricultores y, sin provocación alguna, pasan a cuchillo a no menos de 250 personas. De entre estos seres asesinados habían 25 mujeres embarazadas, cuyos fetos fueron ensartados en las bayonetas judías, 52 madres junto a sus hijos y otras 60 mujeres jóvenes. Las demás fueron atadas y llevadas en carretas al cuartel judío de Jerusalén y una vez desnudadas las hicieron desfilar por las calles mientras eran abucheadas por la población judía (1).

El Conde Bernardotte, Presidente de la Cruz Roja Internacional y emparentado con la familia Real sueca, presentó un informe en el que se daban a conocer esos hechos. Pocos días después era abatido por las balas asesinas del “Irgun”. Y casi simultáneamente, los terroristas de “Stern” atacaban el poblado palestino de Nasiruddin y acuchillaron a ciento ochenta árabes más.

Estos son, cronológicamente, los primeros atentados contra civiles registrados en Tierra Santa. Luego vendría el contraterrorismo árabe, al que no pretendemos justificar, aunque es una verdad histórica que sólo se produjo como reacción ante el terrorismo judío. Entre árabes y judíos ha habido, desde entonces, un verdadero pugilato de violencias y salvajadas, si bien debe tenerse muy presente que:

a) No fueron los árabes, sino los Buenos, los judíos, los que invadieron Palestina, ocupada por árabes desde once siglos atrás, y los expulsaron de sus hogares a sangre y fuego, quedando casi un millón y medio de árabes hacinados, desde entonces, en errantes campos de concentración.
b) No fueron los árabes, sino los Buenos, los judíos, los implantadores del terrorismo en Palestina.
c) No fueron los árabes, sino los Buenos, los judíos, los perpetradores de las más crueles matanzas, en ese torneo de crímenes que se ha desencadenado a raíz de la creación del Estado artificial de Israel. El atentado árabe que costó más victimas a los judíos fue el ataque a un autobús cerca de la frontera israelo-libanesa; veintisiete muertos. Es un crimen. No lo negamos. Ahora bien, dejando aparte Deir Yassin, varios crímenes peores que éste han sido cometidos por los Buenos. Por ejemplo, el 14 de Octubre de 1953, el pueblecito Jordano de Qibyah fue atacado por los soldados del “Irgun”. Una villa puramente agrícola: 135 civiles asesinados, más de la mitad, mujeres y niños (2). El 11 de Diciembre de 1955, sin provocación previa alguna, y rompiendo la Tregua impuesta por el Consejo de Seguridad de la O.N.U., las tropas judías atacaron con artillería y morteros varios pueblecitos sirios en la Costa Este del Lago Tiberiades. Los árabes tuvieron 75 muertos y más de un centenar de heridos.

Una confesión de parte: El escritor judío David Hirst afirmó: “Ha habido violencias de los palestinos, pero no en la escala ni en la efectividad alcanzada por los sionistas ” (The Gun and the Olive Branch ).


Vivimos en una época de total transmutación de los valores morales. Por eso, sólo puede sorprender relativamente que a Menaghem Beghin, el dinamitero en jefe del Hotel Rey David, el matarife en jefe de Deir Yassin y de Qibyah y Jefe del Gobierno Israelí, todo en una pieza, se le haya concedido el Premio Nobel de la Paz. Si el “Guernica” es una obra maestra; Picasso un pintor genial; el Sufragio Universal un sistema perfecto para elegir a los mejores y la República Democrática y Caníbal de Monomotapa un estado soberano, la concesión del Premio Nobel de la Paz a Menaghem Beghin nos parece perfectamente lógica (3).
Así va el Mundo.

Por J. Bochaca 


Notas:
  1. Guy Ottewell: ” Deir Yassin, 1948 “.
  2. No se trata de la unilateral y subjetiva versión árabe. Es la versión del Jefe del Servicio de Supervisión de la Tregua, dependiente de la O.N.U., General Vagn Bennike, expuesta ante el Consejo de Seguridad el 24-XI-1953. ( N. del A.)
  3. Otro candidato a tan importante premio pudo haber sido el rabino Korff quien, en 1948 encabezó una marcha de 600 sionistas en Washington, pidiendo a Truman que lanzara una bomba atómica sobre……Londres !. Esa bomba hubiera causado centenares de miles de muertos, pero, en cambio Menaghem Beghin, buen pragmático, acuchilló, de verdad, a varios centenares de árabes-. Como dice el sabio proverbio: “Más vale pájaro en mano, que ciento atomizando”. Por eso debió preferirse Beghin a Korff. ( N. del A.)

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Censura periodística en Palestina ocupada – Principio de la Intifada

La avenida Dizengoff, a cuatro cuadras de la costa, bien puede ser la avenida Santa Fe de Buenos Aires o la Gran Vía madrileña. Vidrieras, fiebre de consumo, automóviles en doble fila con esposas ansiosas que volverán en cinco minutos, shoppings, jovencitas que se pavonean deseadas como fetiches.

La gente que camina devorando vidrieras aprendió aquí el hebreo, pero le canta a sus hijos canciones de cuna en inglés o ruso, y quizá sueñe en idish. El servicio militar parece haberse convertido en la única experiencia común de esta sociedad que se maquilla a la europea.

La guerra, entonces, sólo aparece en los bares cuando los adolescentes llegan vestidos de fajina y ordenan su ametralladora sobre la mesa. Piden una hamburguesa y revisan el seguro. No hay accidentes. De haberlos, sólo con dos UZI destrabadas, que cayeran al suelo por casualidad, podría haber mas de quince muertos. Nunca ha ocurrido. Las meseras ondulan por el local, toman el pedido y le dan la espalda a la metralleta, seducidas por la costumbre.

El cuarenta por ciento de estos jóvenes ve con simpatía al Gush Emunim (Bloque de la Fe, una organización ultraderechista y racista); sólo un 23% adhiere a Shalom Ajshav (Paz Ahora) y un 49% cree -según una encuesta preparada por la Dra. Mina Tzemaj para el Comité Judío Norteamericano– que los árabes mienten cuando hablan de lograr una paz genuina. Una cuarta parte de estos jóvenes ha pensado en irse del país. Pero ahora, cuando desenvuelven su hamburguesa Mac Davis y miran alrededor buscando un premio -pueden ganar desde una bolsa de papas fritas hasta una motocicleta – sólo piensan que esto es Occidente y que esa niña, la mesera del buzo gris, quizá quiera pasar la noche con un patriota.


Raspo mi tarjeta de premio y gano una Mac Davis de pollo. Es tonto, pero me alegra; nunca he ganado nada ni en una kermesse escolar. –Israel es así -asegura Celso– es el país de las grandes oportunidades. Lo insulto y le ofrezco la mitad. Después caminamos hasta el Ministerio de Defensa. El trámite para acreditarse y trabajar en los territorios es relativamente simple. De allí a la Oficina de Censura Militar.

-Pero ahí dice Club de la Prensa.
-Si, es acá.
-No puede ser. Debe ser al lado.
-Es acá. Los periodistas y la censura funcionan en el mismo edificio.

No puede negarse el costado práctico. Llegamos resoplando al cuarto piso, y un teniente nos saluda en medio de un bostezo. Murmura ante los formularios, los sella e imparte instrucciones. Pregunta si quiero recorrer alguna zona con una patrulla israelí. Decimos que no, que tal vez, que más adelante. Es mejor entrar solos a las ciudades árabes.

-No me quiero sentir un conquistador -dice Celso, que sufrió seis meses de prisión militar por haber publicado su diario de guerra en la Folha de Sao Paulo, mientras cumplía el servicio en Hebrón.

A esta oficina acuden los editores de todos los diarios. La censura funciona por un acuerdo previo, y cualquier noticia referida a los territorios ocupados debe ser revisada antes de su publicación. En el caso de las fotografías, los reporteros deben copiar contactos antes de su publicación. En la planta baja del edificio hay un restaurante, y allí los corresponsales extranjeros matan el tiempo jugando a las cartas y contando hazañas. Aquí la guerra es simplemente una aventura individual.

Al otro lado de la calle está el edificio del MAPAM. Allí debo pasar en limpio una larga lista de entrevistas con políticos, intelectuales y periodistas. En el tercer piso me encuentro con Latif Dori. Dirige la Comisión Árabe del partido. Dori será nuestro contacto con palestinos de los territorios. Los árabes guardan confianza y respeto hacia este judío iraquí que desde hace años trabaja a favor de la paz.

-No, no tuve sorpresas con la revuelta -asegura-. Sí me sorprendió que hubiera tardado tanto. Los que llevan la bandera de la revuelta son los jóvenes que nacieron durante la ocupación, los Shaba. Ellos no tienen nada que perder. Sólo las cadenas.

La historia que detalla Latif mientras insiste en invitar caramelos de menta, no ha pasado por el tamiz de la censura. La solidaridad se ha reforzado en los territorios: los propietarios dejaron de cobrar los alquileres, los comerciantes olvidaron las deudas y muchos hombres de negocios locales aseguran que la revuelta les devolvió el orgullo nacional. La guerra de las piedras ya lleva cien muertos, mas de tres meses de huelga general y once comunicados de la Comisión Nacional de la Revuelta, que son cumplidos al pie de la letra.

En este tercer piso del centro de Tel Aviv, la guerra comienza a dibujarse como un espejo roto. Latif asegura que el conflicto comenzó el 9 de diciembre, con un choque circunstancial entre un camión del ejército israelí y un automóvil que transportaba trabajadores palestinos. Esa fue la gota que se extendió como una mancha de aceite. En las próximas semanas, en Gaza, trataré de reconstruir el comienzo de la guerra de las piedras. Celso se preocupa por la suerte del abogado detenido anoche en la Universidad. Dori devuelve un gesto de resignación y ensaya una respuesta:

-Se mantienen las mismas leyes del mandato británico. Pueden detener sin juicio previo, y lo hacen en cantidad. En la primera sesión de la Knesset, al fundarse el Estado, Beguin dijo, refiriéndose a esa legislación -que él mismo había sufrido- que se trataba de leyes nazis. El resto del diálogo se pierde en consultas prácticas: será difícil dormir en Gaza, hay un hotel pero nadie puede garantizarnos un mínimo de seguridad. Es mejor entrar por la mañana y salir a la media tarde. Salimos de la oficina con una pequeña lista de teléfonos y una cita retrasada.


Abraham Allon, funcionario de la Histadrut es quien espera en un restaurante de la calle Dizengoff. Lleva folletos de la central sindical y habla castellano con fluidez.

-¿Argentino?
-¿Usted también?

Allon dedica una introducción de quince minutos a detallar los logros de su central sindical, controlada por los laboristas y uno de los holdings empresarios más importantes del país. Un par de preguntas respecto de los territorios lo desilusionan:

-¿Usted quería hablar con los árabes? Mire, nosotros no vamos a arrodillarnos ante chicos de trece años que nos tiren piedras.

Los dos terminamos el postre con ansiedad y, por último, intercambiamos tarjetas y sonrisas congeladas.

Por J. Lanata

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Dolores de parto – Fadwa Tuqán

El viento arrastra el polen,
y nuestra tierra se sacude de noche en los

[temblores del parto.

Y el verdugo se engaña a sí mismo,
contándose la historia de la incapacidad,
la historia de la ruina y los escombros.

¡Joven mañana nuestra…! Cuéntale tú al verdugo
cómo son los temblores del parto;
cuéntale cómo nacen las margaritas
del dolor de la tierra,
y cómo se levanta la mañana
del clavel de la sangre en las
heridas.

Fadwa Tuqán


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