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Tras huir de la guerra, familia siria deja Córdoba y vuelve a Alepo

FAMILIAS. En la imagen, están los Barbar, y parte de los Tuma, que retornan a Siria ©La Voz

Se trata de una de las dos familias de refugiados que hay en Pilar. Llegaron hace 4 meses. Partirán de Córdoba el 11 de mayo.

La última familia de refugiados sirios que llegó a Pilar prefiere volverse a su país y dejar Córdoba, en la que no se imaginan su futuro. El 11 de mayo partirá el vuelo que los llevará nuevamente a Alepo, la ciudad de donde huyeron de la guerra hace cuatro meses.

Un allegado a la familia dijo que se van porque no logran adaptarse al idioma y a la cultura. “Además extrañan y sienten nostalgia”, agregó esta persona que pidió no revelar su nombre.

Tampoco consiguieron independencia económica y les resulta caro vivir en Argentina.

Taufiq Tuma, su esposa y sus dos hijas llegaron a la ciudad cordobesa de Pilar en diciembre de 2016, escapando de las miles de muertes que causa la guerra civil siria que estalló en 2011 y que aún continúa.

Según la persona cercana  a la familia, ellos esperaban encontrarse con otra cosa en Argentina. “Ni Taufiq, que tiene una limitación física por un accidente, ni su mujer, pudieron adaptarse a los trabajos que les ofrecieron”. 

Las dos hijas del matrimonio, en cambio, iban a una escuela local, que abandonaron, ya que volverán pronto a su país.

Taufic Tuma, a través de su traductor, dice que prefiere no hablar de su retorno a Siria.

En una charla con este medio, a principios de abril, Tuma había manifestado que se sentían “solos”.

Difícil

En una nota publicada por La Voz el último 2 de enero, Tuma dijo que no podían regresar porque en Alepo no había agua, ni luz, todo era caro, estaba destruido y no había trabajo.

Un cura tucumano que vive allá, y que ayudó a varios sirios, entre ellos a los Tuma, a venir a Córdoba, les sugirió, por medio de un mensaje de audio enviado por WhatsApp, que no se vuelvan.

“Es una locura que lo hagan. La situación acá están bien jodida”, se escucha en uno de los audios. En otro, el hombre les pide que la sigan luchando y les asegura que en Argentina estarán mejor que en Alepo.

El Gobierno sirio recuperó el control de esta ciudad, que si bien no está siendo bombardeada en este momento, todavía explotan las bombas que los rebeldes dejaron entre los escombros.

A esto lo saben los Tuma, que por Facebook mantienen contacto con parte de la familia que vive allá.

Los Barbar

A Pilar, ubicado a 45 kilómetros de Córdoba capital, habían llegado unos meses antes otros sirios; los Barbar, parientes de la familia que ahora decide regresar. Los Barbar, en cambio, seguirán en Pilar.

Todos llegaron luego que el municipio local hiciera un ofrecimiento a la ONU para alojar a 50 familias.

Los Tuma y los Barbar comparten una casa que les prestan, en el sector sur de la ciudad. La zona es muy distinta  al entorno urbano al que estaban acostumbrados. También tienen un vehículo, que les facilitó un vecino.

La vivienda que comparten fue asaltada hace un mes. Les robaron ropa y los DNI argentinos, que luego recuperaron.

En 2015 llegaron los primeros refugiados sirios a Córdoba. El cónsul Abdala Saddi asegura que hay 20 sirios en la provincia, algunos radicados en el interior. Faten Yalbuj fue la primera refugiada en Córdoba. Tiene familiares argentinos.

Todos los ingresos de los refugiados son gestionados a través del Programa Especial de Visado Humanitario para extranjeros Afectado por el Conflicto de la República Árabe Siria. Se requiere de un “llamante” (argentino), que es el que solicita que se le conceda refugio a una persona o familia. Los Tuma estaban en una situación difícil porque esa persona no aparecía, hasta que un cordobés de Río Segundo se ofreció y los trajo. Y ahora se hizo cargo del pasaje para que puedan volver a su país.

Por Augusto Laros
Con información de La Voz

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Hassan Blasim: Esta ola de refugiados es solo un ensayo

El escritor iraquí Hassan Blasim ©Katja Bohm

Inmigrante ilegal durante más de tres años, el escritor iraquí denuncia la pasividad de Europa ante la crisis migratoria. Su experiencia asoma en ‘El loco de la plaza Libertad’.

Sostiene Hassan Blasim (Bagdad, 1973), y así lo ha escrito en El loco de la plaza Libertad (2009), su primer libro de cuentos, que los refugiados tienen dos historias, la que cuentan para conseguir asilo y la que reservan para sí en sus corazones. No es su caso. El poeta, cineasta y escritor, considerado una de las grandes voces emergentes de la literatura en árabe, no tuvo la necesidad de dramatizar su realidad ante los funcionarios de Finlandia, donde reside desde 2004, porque su vida tiene ya suficientes episodios penosos como para no tener que magnificarlos.

Hijo de un militar maltratador y de una mujer analfabeta, creció junto a sus ocho hermanos bajo el ruido de las bombas de la guerra entre Irán e Irak (1980-1988); sufrió el impacto de las draconianas sanciones económicas impuestas a su país tras la ocupación de Kuwait (1990-2003); tuvo que abandonar Bagdad, donde estudiaba cine y dirigía documentales blancos, y buscar refugio en Suleimaniya, en el Kurdistán iraquí, por el acoso de la policía secreta de Sadam Husein. Y cuando en 2000 vio el peligro demasiado cerca —sus películas y ar­tícu­los, firmados con seudónimo por miedo a represalias contra su familia, denunciaban claramente, ya sí, el ensañamiento del dictador con los kurdos—, emprendió la ruta clandestina hacia Europa que hoy secundan tantísimos sirios y compatriotas suyos para huir de la violencia.

El camino a Finlandia —donde una amiga le ofreció cobijo— duró tres años y medio en los que fue torturado, capturado y devuelto al origen en varias ocasiones. Tres años y medio de miedo, violaciones en la habitación contigua y otras miserias humanas que no pudo evitar. Tres años y medio en los que trabajó de todo, como le recuerda inevitablemente su mano izquierda, mutilada —perdió un dedo— mientras hacía mahonesa en un restaurante en Sofía (Bulgaria) para ganar dinero con el que pagar a las mafias.

—Todo esto, el trasfondo de sus vivencias, está recogido en sus relatos, que mezclan la realidad más cruda con elementos fantásticos. ¿Coincide con los críticos en que lo suyo es realismo mágico?

—No creo que cuando escribo de coches bomba sea realismo mágico. Yo diría más bien que es realismo de pesadilla.

Blasim, traducido a 20 idiomas y ganador en 2014 del Independent Foreign Fiction Prize, recibe sonriente a las puertas de Ritmi, un bar anodino y relativamente céntrico de Helsinki. La elección del lugar no es gratuita. El autor, que ha sido comparado con Roberto Bolaño, escribió en este local la brutal colección de cuentos sobre la guerra, la inmigración, la violencia contra la mujer y la tiranía de la religión, que prohibieron países como Jordania y que ahora publica en español Galaxia Gutenberg.

—Cuando era adolescente y me puse a escribir no tenía en mente hacerlo sobre violencia —dice en un inglés fluido—. Pero escribo sobre lo que he vivido, lo que he visto, lo que he leído. La experiencia de la guerra es terrible, y la de ser inmigrante ilegal, imposible de olvidar. Tienes miedo de todo, de los animales, de la atmósfera, de los Ejércitos, que matan gente en la frontera. O violan, roban y torturan, como hicieron con nosotros los soldados búlgaros, que nos metieron en agua congelada. No había cámaras, claro… Siempre me preguntan si lo que hago en mis cuentos es narrar mi vida. “Sí y no”, respondo. Es literatura de hechos reales pero también de ficción. Los medios presentan la realidad, ahora la crisis de refugiados, de forma fría y factual. La literatura, en cambio, la examina a la luz de la imaginación y aborda los miedos, lo humano. ¿Sabes lo que significa dejar tu casa para huir de la guerra? La imaginación, y el conocimiento, te vuelven un ser humano más pacífico. Tenemos que usarla para que la gente sienta el drama de los refugiados.

El drama son cinco años de guerra en Siria que han obligado a 11 millones de personas a abandonar sus hogares. El drama son los salvajes atentados del Estado Islámico (ISIS por sus siglas en inglés) que se ceban con Oriente Próximo, ensucian el nombre de la religión islámica, alientan la xenofobia y están sembrando de muerte y miedo esta Europa que de tanto cerrar fronteras y externalizar derechos humanos, se ha quedado en los huesos.

—Europa es responsable de esta guerra y de esta gente, no puede dejarla morir. Es una cuestión moral. Porque… ¿qué ha hecho Occidente en los países del Golfo? ¿Y Rusia en Siria? Los refugiados además no solo vienen de Siria, sino también de Yemen, de África… porque el capitalismo, durante más de 200 años, ha destruido el mundo. Por eso vienen a miles. Y no son solo refugiados, son manifestantes contra el capitalismo. Démosles un visado de seis meses y digámosles: “Bienvenidos a nuestra sociedad competitiva”. Y dejémosles probar si pueden desenvolverse aquí, adaptarse al estilo de vida, aprender la lengua… Luego hablamos de valores europeos, pero solo nos preocu­pan los principios capitalistas. Y, además, esta ola es solo un ensayo: en el futuro vendrán aún más refugiados por el cambio climático.

—¿Solo culpa a Occidente?

— A todos. Soy iraquí y no puedo escribir con libertad en mi país. Hubo un momento en el que dejamos de hacernos preguntas, de hacer filosofía contra la religión. Había mucha gente de la cultura, de la izquierda que quería cambiar el país desde dentro, dispuesta a dar la batalla contra Husein, pero llegaron los americanos y destruyeron a toda la izquierda como hicieron en Latinoamérica. Luego es lo de siempre, destrozamos un país, pero que nadie nos ataque. El ISIS mata a 40 personas en Francia y son salvajes. Y ya de paso lo son todos los musulmanes. Ahora, llegan Francia o EE UU y matan a medio millón, ¿y no lo son porque lo hacen con misiles inteligentes?

El discurso de este escritor que ha realizado documentales para la televisión finesa, obras de teatro y artículos que han servido para introducir a los árabes a directores como Bergman o Lars von Trier es mucho más que el discurso de quien se siente víctima del capitalismo que armó a Husein y castigó a los iraquíes hasta que se dio por enterado de que era el demonio. Es el discurso de un hombre que no sabe si odiar o amar a este primer mundo que trata a su hijo, nacido en Finlandia, como si fuera extranjero. Y no lo sabe porque ese mismo mundo es el que lo ha acogido, le ha dado la paz y el sosiego para escribir con la ambición de trascender su escritorio y, sobre todo, la oportunidad de ser leído.

Autor de los libros de relatos The Iraqi Christ y The Corpse Exhibition and Other Stories of Iraq, escribe en árabe. Pero sus cuentos vieron inicialmente la luz en inglés. Eso si hablamos de su publicación en papel, porque el escritor los lanzó en Internet después de que una veintena de editores árabes a quienes había enviado El loco de la plaza Libertad se negaran a publicarlo tal cual estaba escrito. Blasim, debieron concluir, es demasiado para Oriente Próximo. Impublicable sin someterlo a censura. Al fin y al cabo, sus relatos, historias dentro de historias de finales tan imprevisibles como la vida bajo la guerra, son una enmienda a la totalidad de los dogmas que imperan en la región, empezando por la religión, que está en la raíz del veto a sus relatos.

—La religión es un problema gigante en los países árabes, hay una necesidad de secularización. Pero no creo que la gente te rechace porque escribes de religión. Las nuevas generaciones empiezan a pensar distinto y quieren escuchar. El problema es que los salvajes del ISIS, las milicias… no dejan hablar con libertad. Yo quisiera volver a Irak y contar lo que ha ocurrido con la cultura árabe a lo largo de la historia, pero es muy peligroso, te pueden matar. Antes no podías hacer una película contra Sadam porque te mataban, pero si no te metías con él podías vivir. Hoy las cosas están mucho peor.

Durante la dictadura, con todo el aparato censor desplegado, los escritores iraquíes aprendieron a bordear los problemas, a decir sin decir. Muchos tienen grabado a fuego el hábito en el subconsciente. No así Blasim, que lejos de querer enseñar músculo con el lenguaje, solo pretende contar la vida y que se entienda. Sus disgustos le cuesta. De él han dicho que es un escritor “sucio” porque su narrativa cuasi cinematográfica y directa no es fiel al árabe clásico que les enseñan en la escuela y que él al menos siente como idioma extranjero porque no es el que hablan en la calle — “la lengua es una prisión del mundo árabe”—. Le han acusado también de occidental por defender que la región debe “liberar a las mujeres porque son parte de la paz”.

—La revolución no es cambiar al dictador, es cambiar la lengua, el estilo de vida, liberar a la mujer. Cuando me acusan de occidental suelo decir: “Prescinde del papel de baño de Occidente, del iPhone, de Internet o de las armas de tu guerra estúpida que vienen del capitalismo… ¿Lo coges todo y no quieres lo bueno?”.

Blasim recorrió hace tiempo ese camino. En parte, gracias a la literatura, que le sirvió de niño de refugio a su timidez y le ha ayudado a procesar los horrores de la guerra y de su experiencia como simpapeles.

—La literatura me ha hecho sobrevivir — confiesa—. La verdad es que no estoy realmente interesado en esta vida sin escribir. •

Por Maribel Marín
Con información de El País

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Alemania: AfD vence al partido de Merkel en un Estado oriental

Una pancarta contraria a AfD durante un mitin del partido ultraderechista ©afp
Una pancarta contraria a AfD durante un mitin del partido ultraderechista ©afp

Las estadísticas auguraban un gran resultado para Alternativa para Alemania, el nuevo fenómeno político cuyas ideas se sustentan en el racismo y el euroescepticismo.

Este domingo hubo una cita importante con las urnas en Alemania, las elecciones en Macklemburgo-Pomerania, estado federal norteño. Las próximas en las urnas serán en Berlín el 18 de septiembre. Son los primeros pulsos electorales tras los comicios de marzo, en las que el partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD) dio la sorpresa al quedar en segunda posición en Sajonia-anhalt, superando a Die Linke y al Partido Socialdemócrata, sólo por detrás de la CDU de Angela Merkel.

AfD es el nuevo fenómeno político alemán. Con tan sólo tres años de vida, amenaza con convertirse en el primer partido de la oposición en las elecciones a la cancillería de 2017. Su agrupación, dirigida por Frauke Petry, ha hecho polémicas declaraciones como la necesidad de disparar a los refugiados en las fronteras para que no entren a Alemania, que se hable menos de la etapa nazi en las escuelas o medios de comunicación y que las familias autóctonas tengan tres hijos para preservar la “identidad” alemana. La última encuesta, conocida este mismo viernes, les augura un resultado del 22% en Macklemburgo-Pomerania, lo que les dejaría en un empate técnico con CDU y les aseguraría la tercera o segunda posición en los comicios.

Desde hace tiempo se hace evidente que existe un problema de rebrote xenófobo en Alemania, que ha llevado a la población a un descontento generalizado con Angela Merkel, tanto por la austeridad, como por su política de refugiados, que AfD denomina “de puertas abiertas”. Su carácter euroescéptico y contrario al euro les hace ganarse también adeptos del otro lado del espectro político. Su apariencia es mucho más dulcificada que la del partido neonazi NPD, pero tiene grandes similitudes ideológicas con el mismo, que hacen que, por ejemplo, el NPD pidiera el voto para AfD en las anteriores elecciones, pues se encontraba inmerso en un proceso judicial del que podía salir ilegalizado.

Movilizaciones de la sociedad civil

La sociedad civil trabaja desde hace meses en la creación de estructuras y organizaciones que puedan frenar a Alternativa para Alemania. Una de las más importantes es la plataforma Aufstehen gegen Rassismus (levántate contra el racismo), que agrupa a representantes de varios partidos políticos como los socialdemócratas, Die Linke o los Verdes, además de movimientos sociales como Blockupy (el movimiento social anticapitalista más grande de Alemania) o el 15M-Marea Granate Berlín. Llevan meses reuniéndose en varias ciudades para preparar estrategias de cara a la cita electoral y los meses posteriores. El sábado Aufstehen gegen Rassismus convocó a una manifestación antirracista en Berlín para señalar públicamente a AfD e intentar que sus resultados del domingo no fueran tan exitosos. También Blockupy organizó el viernes una marcha, a la que acudieron unas mil personas, para “bloquear” el Ministerio de trabajo en una protesta contra de la austeridad.

La campaña electoral está fluyendo entre varios ejes: los partidos satíricos (varias agrupaciones electorales que fluctúan más bien a la izquierda), los partidos tradicionales y los nuevos nacionalistas como AfD o NPD. En sus consignas, AfD asegura querer mayor control en las fronteras y más policía en la ciudad. Recientemente confrontaron en un cartel a una pareja homosexual con un musulmán del que decían que “no entenderá vuestro amor”. Sus lemas también son abiertamente islamófobos, así como sus declaraciones mediáticas.

Natalie Wo es militante de Interventionistische Linke, un grupo político no perteneciente a ningún partido en concreto que está dentro de la plataforma “Levántate Contra el Racismo”. Explica el éxito de AfD incluso en las zonas donde hay más migrantes debido a que “el partido tiene una paleta de temas, esto hace el fenómeno más complicado todavía. Puedes elegir el que quieras porque realmente no son totalmente explícitos en las cuestiones más conflictivas. Hay extranjeros que son racistas, no todas las mujeres son feministas, ni todos los homosexuales tolerantes. De eso se aprovechan y les resulta efectivo para captar el descontento de la gente por varias vías”, cuenta.

Refugiados en un aula de un centro de acogida de Múnich ©afp
Refugiados en un aula de un centro de acogida de Múnich ©afp

Ruben Lehnert, cabeza de lista de Die Linke (la izquierda) al Parlamento de Berlín cree que “mucha gente tiene miedo al deterioro social. AfD materializa sus preocupaciones, esto es, precariedad y paro principalmente, en los inmigrantes y refugiados, echándoles la culpa de que se aprueben medidas de austeridad, cuando realmente no son los culpables”. Por su parte, Michelle Starck, integrante de JUSOS, las juventudes del Partido Socialdemócrata (SPD) que gobierna en gran coalición con CDU, cree que la notoriedad que ha ido ganando AfD se debe a “múltiples razones”. “Hay un racismo estructural en la sociedad, pero también hay temor a que debido a la acogida de refugiados se recorten partidas sociales. Se oye mucho el típico eslogan de se atiende a refugiados, pero no a los de dentro. A pesar de esto, no se puede reducir su influencia sólo a quienes se sienten desconectados socialmente. Por ejemplo, también hay muchos hombres atraídos por las políticas antifeministas que AfD desea”, relata.

Del antifeminismo también habla Natalie Wo, quien ve en ello algo peligroso. “El feminismo no es un tema que esté muy presente en los medios de comunicación alemanes, por desgracia. Todavía en muchas ciudades las mujeres ganan, de media, un 30% menos que los hombres. El modelo que AfD quiere es de mujer sumisa con hijos a la que se le quiere prohibir un derecho básico como es el de acceder al aborto en caso de necesitarlo”, denuncia.

Hay cierta prudencia al calificar a AfD como “nuevos nazis”. La prensa alemana los define como “derecha populista” y los otros partidos suelen negarse a hacer mención explícita a un tema que todavía duele profundamente en las entrañas de la sociedad alemana. “Para mí AfD es un partido de derecha nacionalista. Una parte de AfD sí es abiertamente nacionalsocialista, pero muchos medios de comunicación lo trivializan y eso contribuye a su fortalecimiento”, declara el candidato de Die Linke Ruben Lehnart.

Incremento de la xenofobia entre la población

Mientras, el partido de Merkel (CDU) centra su campaña en reclamar más “seguridad” tras los ataques violentos de julio, que han incrementado la xenofobia entre la población. El más grave, ocurrido en Munich, parecía provenir de un problema de integración y no debido a motivos yihadistas. Los eslóganes de CDU piden una ciudad más videovigilada o mayores refuerzos policiales para luchar contra el terrorismo e intentan neutralizar el ascenso de AfD, que también apela al orden institucional como leitmotiv.

Con especial cuidado para no caer en la islamofobia, el partido de Merkel presenta candidatos de ascendencia árabe en los barrios de mayoría turca, como Kreuzberg o Neukölln, mientras que en los que hay más población autóctona, el caso de Charlottenburg, sus cabezas de lista cumplen con el estereotipo alemán.

Los momentos difíciles por los que atraviesa el movimiento de izquierdas se explican, según Natalie Wo, en que “los partidos de izquierdas no han sabido captar el descontento. Por ejemplo, a Die Linke todavía se le ve socialmente muy conectado con la antigua República Democrática Alemana y hay gente con ideas de antigua política. Además, ni Die Linke ni SPD señalan públicamente el nazismo de AfD. Por otro lado, los partidos satíricos no me convencen. Oigo a mucha gente reírse de sus surrealistas ocurrencias, pero para mí la política es algo importante. Creo que la solución a este repunte de partidos xenófobos es que la sociedad civil se organice convenientemente”, declara.

En cuanto al SPD, sus carteles reclaman integración para los refugiados y reivindican la diversidad y multiculturalidad. Sin embargo, hace pocos meses aprobaron junto a CDU el llamado “Asylpakett II”, nueva ley de asilo en la que establecían como lugares seguros a Túnez, Argelia y Marruecos, para evitar que los migrantes procedentes de esos lugares pudiesen ser considerados solicitantes de asilo. También abría la puerta a deportaciones más rápidas.

Como parte del Gobierno, los socialdemócratas suscribieron el acuerdo con Turquía que ha hecho que se reduzca drásticamente la llegada de personas refugiadas. Michelle Starck aduce que “la mayoría del partido, especialmente las bases, están de acuerdo con la llegada de refugiados. Tengo muchos compañeros de militancia que trabajan activamente en la acogida y que no están a favor de que se haya aprobado esta ley de asilo en nuestro nombre. Especialmente nosotros, JUSOS, hemos expresado nuestro desacuerdo y también el SPD de Berlín. Espero que esto le haya hecho reflexionar a nuestro partido”.

Sobre cómo neutralizar a AfD todas las fuentes contactadas tienen una opinión parecida: crear un amplio movimiento contra el racismo y por un despertar social. Para Ruben Lehnart “se necesita una redistribución de los salarios y pensiones más justa, ya que el racismo florece donde más desigualdad social hay”. Starck cree que también que es importante “salir a la calle y que la gente vaya a votar, especialmente las mujeres jóvenes. Reforzar la educación e ir en contra de los intentos de neoliberalización”. Por su parte, Natalie Wo cree que “estamos en un momento de politizarnos y ser constructivos. Hay que hacer una gran alianza contra los nazis. Comunicárselo a la sociedad es importante, pero más lo es la difusión entre nuestro propio entorno”, concluye.

Los dirigentes de AfD Alexander Gauland y Leif-Erik Holm celebran en Berlín el éxito de su partido en las elecciones regionales de Mecklemburgo-Pomerania ©carsten koall
Los dirigentes de AfD Alexander Gauland y Leif-Erik Holm celebran en Berlín el éxito de su partido en las elecciones regionales de Mecklemburgo-Pomerania ©carsten koall

Pero la ola es ya imparable. Alternativa para Alemania (AfD), el partido que nació en 2013 como reacción a los rescates de la eurozona y que cobró nuevos bríos con la crisis de refugiados del año pasado, ha propinado una humillación histórica a la Unión Cristianodemócrata (CDU). Por primera vez, el partido que encabeza Angela Merkel pierde la hegemonía del espectro conservador en un Parlamento regional. Es cierto que el Estado Mecklemburgo-Pomerania Occidental es poco relevante en la política nacional. Pero sus votantes acaban de enviar un mensaje de indignación con la política migratoria de Merkel que trasciende sus fronteras. La líder ultraderechista francesa, Marine Le Pen, felicitó a “los patriotas de AfD” por hacer lo que parecía imposible: barrer al partido de Merkel.

Los democristianos no llegan al 20% de los votos, mientras que AfD entra por primera vez en el Parlamento de este Estado nororiental con un impresionante 21%. Los socialdemócratas pueden respirar tranquilos con su 30%: pese a haber sufrido un importante retroceso, quedan en primer lugar y podrán seguir gobernando el land en coalición con la CDU. Los populistas se benefician de votos procedentes de todo el arco parlamentario, desde los poscomunistas hasta los neonazis. Su resultado se explica también por un importante aumento de la participación.

El resultado es “amargo”, según reconoció el secretario general de la CDU, Peter Tauber. “Sobre todo para nuestros compañeros de allí”, añadió. Pero el golpe retumba también en Berlín; y es quizás más duro para Merkel porque proviene del Estado en el que tiene su circunscripción, donde hace tan solo tres años se hizo con el 56% de los votos.

A solo un año de las elecciones federales, los democristianos se esforzaban el domingo por buscar razones que expliquen este voto de protesta. Mientras, los populistas de derechas mostraban su entusiasmo. “Somos los únicos que hemos hablado abiertamente de la crisis migratoria. El resto de partido se han negado”, aseguraba el candidato de AfD, Leif-Erik Holm. Su partido, que reclama no acoger ni a un solo refugiado más en Alemania, está ya presente en nueve de los 16 Parlamentos regionales, a espera que dentro de dos semanas lo hagan también en Berlín. Todo parece despejado para que en el otoño de 2017 entre con fuerza en el Bundestag. Las encuestas le otorgan en torno al 11% de votos en todo el país, lo que les situaría como tercera o cuarta fuerza.

El éxito de AfD, una formación que hace un año parecía condenada a pasar a la irrelevancia fruto de sus guerras fratricidas, está ligado directamente a la gestión de la crisis migratoria de Merkel, que permitió el año pasado la entrada en Alemania de más de un millón de solicitantes de asilo. Las autoridades pronostican que este año llegarán otros 300.000.

Además de rechazar a los refugiados, el partido que lidera Frauke Petry está formado por una mezcolanza de corrientes conservadoras que denuncian lo que consideran imposiciones de la ideología de género y de lo políticamente correcto, propugnan un acercamiento a la Rusia de Vladímir Putin y, sobre todo, se elevan como movimiento de protesta contra las élites y contra la figura de Merkel. AfD mantiene un doble discurso: por una parte se presentan como conservadores ortodoxos con una visión liberal de la economía; al mismo tiempo, otros calientan a su sector más extremista. Así, destacados líderes han arremetido contra la selección alemana de fútbol por considerarla no suficientemente nacional –se supone que por tener demasiados jugadores de familias inmigrantes- o han lanzado proclamas racistas impensables en un partido democrático alemán, como apelar al diferente comportamiento sexual de africanos y europeos.

AfD ya obtuvo un éxito arrollador en las triples elecciones regionales del pasado mes de marzo. Entonces ya logró el hito de convertirse en la segunda fuerza en el Estado oriental de Sajonia-Anhalt. Pero en ese caso fue la CDU la que quedó por delante, dejando a los socialdemócratas en un humillante. No es casualidad que sus dos mejores resultados procedan del este de Alemania. Es en esta parte del país donde los extremistas cuentan con más apoyos. Es el caso de los neonazis del NPD, un partido en proceso de ser ilegalizado por suponer un peligro para el orden democrático y que hasta ahora solo estaba representado en Mecklemburgo-Pomerania. Pero el auge de AfD ha podido también con el NPD, que en las elecciones del domingo no alcanzó el 5% necesario para entrar en el Parlamento regional.

Con información de Público (Laura Cruz) y El País (Luis Doncel)

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