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Estos son los refugiados que Europa no quiere

Las mujeres sirias con sus hijos hablan entre ellas en el campo de refugiados de Ritsona, a unos 86 kilómetros al norte de Atenas (AP)

Cientos de miles de afganos, iraquíes, pakistaníes, nigerianos o malienses, entre otros, huyen del horror que dejan a su paso los conflictos armados y el terrorismo en busca de una nueva vida en Europa. Sin embargo, la mayoría de los miembros del bloque comunitario rechazan un gran número de peticiones de asilo procedentes de estos países. A ojos de la Unión Europea, no son refugiados ni merecen la protección internacional. Son los denegados.

Afganistán es la segunda nacionalidad en número de refugiados en el mundo, con 2,5 millones de personas

Al margen del caso de los europeos que piden asilo a los 28, como los albaneses o serbios y kosovares, los países a cuyos habitantes más deniega refugio la UE, en términos absolutos y a partir de los datos de Agencia de Naciones Unidas par los Refugiados (ACNUR) del año 2016, son Afganistán, con 41.1637 solicitudes denegadas, Irak (con 35.044), Pakistán (con 27.558) y Nigeria(con 21.427). Todos ellos, con altos niveles de inseguridad y violencia.

Afganistán es la segunda nacionalidad en número de refugiados en el mundo, con 2,5 millones de personas, después de Siria (5,5 millones), y por delante de Sudán del Sur (1,4 millones). Sus habitantes, a diferencia de los sirios, a quienes se les ha concede casi la totalidad de las solicitudes, no siempre son considerados aptos para la protección internacional.

Países Peticiones procesadas Denegadas Porcentaje de denegadas sobre el número de procesadas
Mali 12.434 7.324 58,90
Algeria 15.292 8.756 57,26
Iran 40.886 8.820 21,57
Ucrania 41.801 10.099 24,16
Macedonia 21.297 11.920 55,97
Rusia 34.739 12.810 36,87
Bangladesh 30.689 13.910 45,33
Desconocido 495.894 18.298 3,69
Nigeria 42.528 21.427 50,38
Pakistán 66.100 27.558 41,69
Irak 162.002 35.044 21,63
Afganistán 169.888 41.637 24,51
Serbia y Kosovo 71.698 43.533 60,72
Albania 66.961 46.207 69,01

A pesar de ser uno de los países con más solicitudes y de vivir un conflicto armado desde 2001, sus habitantes no cuentan con el amparo del refugio en todos los países de la Unión. En los acuerdos de reubicaciones de 2015, Bruselas dejó fuera a Afganistán del reparto ya que únicamente se tuvieron en cuenta las nacionalidades que, en el conjunto de los 28, tenían un porcentaje de protección superior al 75%. Un trato muy distinto al que recibe Siria que, además de acaparar los focos mediáticos de la crisis de refugiados, alcanzó 824.400 peticiones aceptadas a escala global en 2016.

Los criterios de aceptación de peticiones de asilo no se aplican uniformemente en todo el sistema europeo y esto, alerta la coordinadora estatal del servicio jurídico de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), Paloma Favieres, lleva a grandes desigualdades y desconciertos, “empezando por los mismos refugiados”. Además, “en Grecia hay más de 20.000 afganos en el limbo: no les dan ni protección internacional, ni los reubican, ni les deportan. Su situación es lamentable”, sentencia la experta. “En CEAR ya alertamos desde el principio de que los afganos no podían estar fuera de la reubicación”, añade.

Alemania es uno de los países que más rechaza a los afganos (aunque también de los que más acoge). La canciller Angela Merkel, que fue la abanderada de la política de acogida en los inicios de la oleada, es ahora la responsable de llevar a cabo expulsiones colectivas de miles de afganos (80.000 en el último año, según el Gobierno alemán).

La política de la líder alemana ha sido duramente criticada tanto por un centenar de ONGs dedicadas a los refugiados como por la población alemana, sobre todo después del mortífero ataque suicida con un camión bomba que el pasado 31 de mayo que dejó más de 150 víctimas e hirió a otras 463 en la zona de alta seguridad de Kabul. Berlíntuvo que aceptar la gravedad de la situación y suspender las deportaciones de forma temporal.

 Albania: 77.198
Serbia y Kosovo: 78.961
Afganistán: 331.190
Irak: 229.659
Paksitán: 92.705
Nigeria: 80.909
Desconocido: 82.508
Bangladesh: 35.208
Rusia: 50.898
Macedonia: 23.165
Ucraina: 34.992
Irán: 69.399
Algeria: 20.408
Mali: 18.829

Respecto a Mali, nacionalidad a la que España rechazó todas las solicitudes, Fervieres explica la política adoptada por el Ejecutivo español: Desde el aumento de solicitudes procedentes de este país en 2012 y 2013, España primero denegó las peticiones a las personas procedentes del sur del país porque entendía que el conflicto estaba en el norte. “Pero ahora la situación se da por normalizada y si se deniegan todas las peticiones”, añade. Entre los otros países que también han sido rechazados se cuentan Argelia, Colombia y Venezuela.

Además, en 2016 España cumplió con solo el 8% del compromiso de reubicación y reasentamiento, cuyo fin de plazo termina en casi tres meses. A nivel europeo el cumplimiento asciende a un 20%. Mientras, 1.800 personas ya han perdido la vida en el mar Mediterráneo en lo que va de año, una cifra que se prevé que supere las más de 5.000 muertes del año pasado.

“Una pequeña minoría de las personas que huyen en el mundo lo hacen a algún país europeo y, sin embargo, la UE es incapaz de cumplir sus compromisos de mínimos y apenas mueve un dedo para que el Mediterráneo se convierta en una fosa común cada vez más grande”, sentenció la secretaria general de la entidad, Estrella Galán, durante la presentación del informe la semana pasada.

Por Gina Tosas
Con información de: La Vanguardia

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Tras huir de la guerra, familia siria deja Córdoba y vuelve a Alepo

FAMILIAS. En la imagen, están los Barbar, y parte de los Tuma, que retornan a Siria ©La Voz

Se trata de una de las dos familias de refugiados que hay en Pilar. Llegaron hace 4 meses. Partirán de Córdoba el 11 de mayo.

La última familia de refugiados sirios que llegó a Pilar prefiere volverse a su país y dejar Córdoba, en la que no se imaginan su futuro. El 11 de mayo partirá el vuelo que los llevará nuevamente a Alepo, la ciudad de donde huyeron de la guerra hace cuatro meses.

Un allegado a la familia dijo que se van porque no logran adaptarse al idioma y a la cultura. “Además extrañan y sienten nostalgia”, agregó esta persona que pidió no revelar su nombre.

Tampoco consiguieron independencia económica y les resulta caro vivir en Argentina.

Taufiq Tuma, su esposa y sus dos hijas llegaron a la ciudad cordobesa de Pilar en diciembre de 2016, escapando de las miles de muertes que causa la guerra civil siria que estalló en 2011 y que aún continúa.

Según la persona cercana  a la familia, ellos esperaban encontrarse con otra cosa en Argentina. “Ni Taufiq, que tiene una limitación física por un accidente, ni su mujer, pudieron adaptarse a los trabajos que les ofrecieron”. 

Las dos hijas del matrimonio, en cambio, iban a una escuela local, que abandonaron, ya que volverán pronto a su país.

Taufic Tuma, a través de su traductor, dice que prefiere no hablar de su retorno a Siria.

En una charla con este medio, a principios de abril, Tuma había manifestado que se sentían “solos”.

Difícil

En una nota publicada por La Voz el último 2 de enero, Tuma dijo que no podían regresar porque en Alepo no había agua, ni luz, todo era caro, estaba destruido y no había trabajo.

Un cura tucumano que vive allá, y que ayudó a varios sirios, entre ellos a los Tuma, a venir a Córdoba, les sugirió, por medio de un mensaje de audio enviado por WhatsApp, que no se vuelvan.

“Es una locura que lo hagan. La situación acá están bien jodida”, se escucha en uno de los audios. En otro, el hombre les pide que la sigan luchando y les asegura que en Argentina estarán mejor que en Alepo.

El Gobierno sirio recuperó el control de esta ciudad, que si bien no está siendo bombardeada en este momento, todavía explotan las bombas que los rebeldes dejaron entre los escombros.

A esto lo saben los Tuma, que por Facebook mantienen contacto con parte de la familia que vive allá.

Los Barbar

A Pilar, ubicado a 45 kilómetros de Córdoba capital, habían llegado unos meses antes otros sirios; los Barbar, parientes de la familia que ahora decide regresar. Los Barbar, en cambio, seguirán en Pilar.

Todos llegaron luego que el municipio local hiciera un ofrecimiento a la ONU para alojar a 50 familias.

Los Tuma y los Barbar comparten una casa que les prestan, en el sector sur de la ciudad. La zona es muy distinta  al entorno urbano al que estaban acostumbrados. También tienen un vehículo, que les facilitó un vecino.

La vivienda que comparten fue asaltada hace un mes. Les robaron ropa y los DNI argentinos, que luego recuperaron.

En 2015 llegaron los primeros refugiados sirios a Córdoba. El cónsul Abdala Saddi asegura que hay 20 sirios en la provincia, algunos radicados en el interior. Faten Yalbuj fue la primera refugiada en Córdoba. Tiene familiares argentinos.

Todos los ingresos de los refugiados son gestionados a través del Programa Especial de Visado Humanitario para extranjeros Afectado por el Conflicto de la República Árabe Siria. Se requiere de un “llamante” (argentino), que es el que solicita que se le conceda refugio a una persona o familia. Los Tuma estaban en una situación difícil porque esa persona no aparecía, hasta que un cordobés de Río Segundo se ofreció y los trajo. Y ahora se hizo cargo del pasaje para que puedan volver a su país.

Por Augusto Laros
Con información de La Voz

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Hassan Blasim: Esta ola de refugiados es solo un ensayo

El escritor iraquí Hassan Blasim ©Katja Bohm

Inmigrante ilegal durante más de tres años, el escritor iraquí denuncia la pasividad de Europa ante la crisis migratoria. Su experiencia asoma en ‘El loco de la plaza Libertad’.

Sostiene Hassan Blasim (Bagdad, 1973), y así lo ha escrito en El loco de la plaza Libertad (2009), su primer libro de cuentos, que los refugiados tienen dos historias, la que cuentan para conseguir asilo y la que reservan para sí en sus corazones. No es su caso. El poeta, cineasta y escritor, considerado una de las grandes voces emergentes de la literatura en árabe, no tuvo la necesidad de dramatizar su realidad ante los funcionarios de Finlandia, donde reside desde 2004, porque su vida tiene ya suficientes episodios penosos como para no tener que magnificarlos.

Hijo de un militar maltratador y de una mujer analfabeta, creció junto a sus ocho hermanos bajo el ruido de las bombas de la guerra entre Irán e Irak (1980-1988); sufrió el impacto de las draconianas sanciones económicas impuestas a su país tras la ocupación de Kuwait (1990-2003); tuvo que abandonar Bagdad, donde estudiaba cine y dirigía documentales blancos, y buscar refugio en Suleimaniya, en el Kurdistán iraquí, por el acoso de la policía secreta de Sadam Husein. Y cuando en 2000 vio el peligro demasiado cerca —sus películas y ar­tícu­los, firmados con seudónimo por miedo a represalias contra su familia, denunciaban claramente, ya sí, el ensañamiento del dictador con los kurdos—, emprendió la ruta clandestina hacia Europa que hoy secundan tantísimos sirios y compatriotas suyos para huir de la violencia.

El camino a Finlandia —donde una amiga le ofreció cobijo— duró tres años y medio en los que fue torturado, capturado y devuelto al origen en varias ocasiones. Tres años y medio de miedo, violaciones en la habitación contigua y otras miserias humanas que no pudo evitar. Tres años y medio en los que trabajó de todo, como le recuerda inevitablemente su mano izquierda, mutilada —perdió un dedo— mientras hacía mahonesa en un restaurante en Sofía (Bulgaria) para ganar dinero con el que pagar a las mafias.

—Todo esto, el trasfondo de sus vivencias, está recogido en sus relatos, que mezclan la realidad más cruda con elementos fantásticos. ¿Coincide con los críticos en que lo suyo es realismo mágico?

—No creo que cuando escribo de coches bomba sea realismo mágico. Yo diría más bien que es realismo de pesadilla.

Blasim, traducido a 20 idiomas y ganador en 2014 del Independent Foreign Fiction Prize, recibe sonriente a las puertas de Ritmi, un bar anodino y relativamente céntrico de Helsinki. La elección del lugar no es gratuita. El autor, que ha sido comparado con Roberto Bolaño, escribió en este local la brutal colección de cuentos sobre la guerra, la inmigración, la violencia contra la mujer y la tiranía de la religión, que prohibieron países como Jordania y que ahora publica en español Galaxia Gutenberg.

—Cuando era adolescente y me puse a escribir no tenía en mente hacerlo sobre violencia —dice en un inglés fluido—. Pero escribo sobre lo que he vivido, lo que he visto, lo que he leído. La experiencia de la guerra es terrible, y la de ser inmigrante ilegal, imposible de olvidar. Tienes miedo de todo, de los animales, de la atmósfera, de los Ejércitos, que matan gente en la frontera. O violan, roban y torturan, como hicieron con nosotros los soldados búlgaros, que nos metieron en agua congelada. No había cámaras, claro… Siempre me preguntan si lo que hago en mis cuentos es narrar mi vida. “Sí y no”, respondo. Es literatura de hechos reales pero también de ficción. Los medios presentan la realidad, ahora la crisis de refugiados, de forma fría y factual. La literatura, en cambio, la examina a la luz de la imaginación y aborda los miedos, lo humano. ¿Sabes lo que significa dejar tu casa para huir de la guerra? La imaginación, y el conocimiento, te vuelven un ser humano más pacífico. Tenemos que usarla para que la gente sienta el drama de los refugiados.

El drama son cinco años de guerra en Siria que han obligado a 11 millones de personas a abandonar sus hogares. El drama son los salvajes atentados del Estado Islámico (ISIS por sus siglas en inglés) que se ceban con Oriente Próximo, ensucian el nombre de la religión islámica, alientan la xenofobia y están sembrando de muerte y miedo esta Europa que de tanto cerrar fronteras y externalizar derechos humanos, se ha quedado en los huesos.

—Europa es responsable de esta guerra y de esta gente, no puede dejarla morir. Es una cuestión moral. Porque… ¿qué ha hecho Occidente en los países del Golfo? ¿Y Rusia en Siria? Los refugiados además no solo vienen de Siria, sino también de Yemen, de África… porque el capitalismo, durante más de 200 años, ha destruido el mundo. Por eso vienen a miles. Y no son solo refugiados, son manifestantes contra el capitalismo. Démosles un visado de seis meses y digámosles: “Bienvenidos a nuestra sociedad competitiva”. Y dejémosles probar si pueden desenvolverse aquí, adaptarse al estilo de vida, aprender la lengua… Luego hablamos de valores europeos, pero solo nos preocu­pan los principios capitalistas. Y, además, esta ola es solo un ensayo: en el futuro vendrán aún más refugiados por el cambio climático.

—¿Solo culpa a Occidente?

— A todos. Soy iraquí y no puedo escribir con libertad en mi país. Hubo un momento en el que dejamos de hacernos preguntas, de hacer filosofía contra la religión. Había mucha gente de la cultura, de la izquierda que quería cambiar el país desde dentro, dispuesta a dar la batalla contra Husein, pero llegaron los americanos y destruyeron a toda la izquierda como hicieron en Latinoamérica. Luego es lo de siempre, destrozamos un país, pero que nadie nos ataque. El ISIS mata a 40 personas en Francia y son salvajes. Y ya de paso lo son todos los musulmanes. Ahora, llegan Francia o EE UU y matan a medio millón, ¿y no lo son porque lo hacen con misiles inteligentes?

El discurso de este escritor que ha realizado documentales para la televisión finesa, obras de teatro y artículos que han servido para introducir a los árabes a directores como Bergman o Lars von Trier es mucho más que el discurso de quien se siente víctima del capitalismo que armó a Husein y castigó a los iraquíes hasta que se dio por enterado de que era el demonio. Es el discurso de un hombre que no sabe si odiar o amar a este primer mundo que trata a su hijo, nacido en Finlandia, como si fuera extranjero. Y no lo sabe porque ese mismo mundo es el que lo ha acogido, le ha dado la paz y el sosiego para escribir con la ambición de trascender su escritorio y, sobre todo, la oportunidad de ser leído.

Autor de los libros de relatos The Iraqi Christ y The Corpse Exhibition and Other Stories of Iraq, escribe en árabe. Pero sus cuentos vieron inicialmente la luz en inglés. Eso si hablamos de su publicación en papel, porque el escritor los lanzó en Internet después de que una veintena de editores árabes a quienes había enviado El loco de la plaza Libertad se negaran a publicarlo tal cual estaba escrito. Blasim, debieron concluir, es demasiado para Oriente Próximo. Impublicable sin someterlo a censura. Al fin y al cabo, sus relatos, historias dentro de historias de finales tan imprevisibles como la vida bajo la guerra, son una enmienda a la totalidad de los dogmas que imperan en la región, empezando por la religión, que está en la raíz del veto a sus relatos.

—La religión es un problema gigante en los países árabes, hay una necesidad de secularización. Pero no creo que la gente te rechace porque escribes de religión. Las nuevas generaciones empiezan a pensar distinto y quieren escuchar. El problema es que los salvajes del ISIS, las milicias… no dejan hablar con libertad. Yo quisiera volver a Irak y contar lo que ha ocurrido con la cultura árabe a lo largo de la historia, pero es muy peligroso, te pueden matar. Antes no podías hacer una película contra Sadam porque te mataban, pero si no te metías con él podías vivir. Hoy las cosas están mucho peor.

Durante la dictadura, con todo el aparato censor desplegado, los escritores iraquíes aprendieron a bordear los problemas, a decir sin decir. Muchos tienen grabado a fuego el hábito en el subconsciente. No así Blasim, que lejos de querer enseñar músculo con el lenguaje, solo pretende contar la vida y que se entienda. Sus disgustos le cuesta. De él han dicho que es un escritor “sucio” porque su narrativa cuasi cinematográfica y directa no es fiel al árabe clásico que les enseñan en la escuela y que él al menos siente como idioma extranjero porque no es el que hablan en la calle — “la lengua es una prisión del mundo árabe”—. Le han acusado también de occidental por defender que la región debe “liberar a las mujeres porque son parte de la paz”.

—La revolución no es cambiar al dictador, es cambiar la lengua, el estilo de vida, liberar a la mujer. Cuando me acusan de occidental suelo decir: “Prescinde del papel de baño de Occidente, del iPhone, de Internet o de las armas de tu guerra estúpida que vienen del capitalismo… ¿Lo coges todo y no quieres lo bueno?”.

Blasim recorrió hace tiempo ese camino. En parte, gracias a la literatura, que le sirvió de niño de refugio a su timidez y le ha ayudado a procesar los horrores de la guerra y de su experiencia como simpapeles.

—La literatura me ha hecho sobrevivir — confiesa—. La verdad es que no estoy realmente interesado en esta vida sin escribir. •

Por Maribel Marín
Con información de El País

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