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Cronología del Invasor – En busca del Oro Negro

La intervención de los Estados Unidos en Medio Oriente

El Medio Oriente, un conjunto de países de fronteras impuestas después de la Primera Guerra Mundial, devenidas de  la desintegración del Imperio Otomano. Un escenario explosivo para los intereses de Estados Unidos, donde ha defendido su dominio sobre las reservas petroleras y combatido  batallas de la Guerra Fría contra el comunismo.

Sus principales aliados fueron al principio Irán e Israel.

Los  Estados Unidos se interesaron por el petróleo del Medio Oriente en los años 1920, y dos compañías,  Standard Oil of California y Texaco, ganaron la primera concesión para explorar en busca de petróleo en Arabia Saudita en los años 30.

Allí descubrieron petróleo en 1938 cuando Standard Oil of California lo encontró en Bahrain. En ese mismo año  Gulf Oil junto a su socio Anglo-Persian Oil encontraron petróleo en Kuwait.

Así  las compañías estadounidenses sustituyeron a los británicos como la mayor influencia occidental en la región.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el gobierno estadounidense comenzó a buscar fuentes alternativas al petróleo estadounidense, temiendo que las reservas se agotaran, y estableciendo una zona controlada políticamente.

Los EEUU a través de Irán y luego Israel aumentaron su influencia política en la zona, compitiendo con Rusia y Gran Bretaña. A través de su alianza con el Shah de Irán Reza Pahlavi los estadounidenses mantuvieron su poder en el país.

Intervención en Irán (año 1953)

La primera intervención  estadounidense en el Medio Oriente ocurrió en Irán. Allí, los nacionalistas  agrupados en el Frente Nacional y liderados por Mohammed Mossadegh se oponían a la élite petrolera que tenía fuertes lazos con Gran Bretaña.

Los nacionalistas, a través del parlamento, de un modo democrático nacionalizaron el petróleo. Mossadegh se convirtió en primer ministro, a pesar de  la renuencia del Shah, y se opuso a cualquier influencia extranjera, incluyendo la de EEUU.

Sin embargo, la influencia de la Unión Soviética se comenzaba a sentir en manifestaciones y protestas y los comunistas iraníes tomaban auge.

El gobierno estadounidense  temía perder sus fuentes de petróleo, que además estaban comprometidas con la reconstrucción de Europa. La economía de Irán comenzó a deteriorarse y las relaciones con EEUU también. El presidente  Harry Truman apoyó a Gran Bretaña en un boicot al petróleo iraní.

Mossadegh trató de imponer medidas autoritarias, y al tratar de controlar a las Fuerzas Armadas tuvo que renunciar, aunque volvió al poder en breve con sus métodos autoritarios.

El 10 de agosto de 1953, el shah se fue del país “para unas largas vacaciones en el mar Caspio”, mientras una operación militar estadounidense ya se preparaba para intervenir.

Con la ayuda de EEUU, Mossadegh fue depuesto mediante un golpe de estado y el shah  retornó al poder hasta la Revolución islámica de 1979, liderada por el Ayatollah Khomeini.

En represalia, los iraníes toman como rehenes a diplomáticos estadounidenses durante la llamada “Crisis de los Rehenes”.



Panarabismo (1960-1970)

Bajo el liderazgo del presidente egipcio Abdel Nasser se lanza la iniciativa de una unión árabe, con Egipto y Siria unidos. La línea de Nasser, independiente y pro soviética alarma a los estados occidentales.  Con la Guerra de los 6 días, (1967), apoyada por EEUU, Israel invade militarmente a sus vecinos árabes destruyendo sus fuerzas aéreas.

En 1980 EEUU, humillado durante la Crisis de los rehenes,  apoya a Irak en una guerra contra Irán que duró casi una década.

1985-1986 – (El escándalo en torno a R. Reagan)

Pone en jaque la presidencia de Ronald Reagan cuando se descubre que EEUU está vendiendo armas a Irán a cambio de ayuda para la liberación de rehenes en Líbano. El dinero se usa para financiar a la Contra nicaragüense.

La Guerra del Golfo

El 2 de agosto de 1990, Saddam Hussein invadió Kuwait.  Acto seguido el presidente George W. Bush lanzó la operación militar “Tormenta del desierto”, para evitar la expansión de quien había sido  su aliado y quien de ganar el territorio kuwaití controlaría el 40 por ciento del petróleo de la región, alejado de las manos de EEUU.

Bush ofreció varias razones ante las Naciones Unidas: detener un ataque de Saddam a Arabia Saudita, el irrespeto a un gobierno legítimo, (prácticamente una monarquía feudal), comparó a Hussein con Hitler y también expuso el peligro de perder las fuentes de petróleo.

Guerra de Irak

Siguiendo a los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, Bush lanza una ofensiva contra Irak, con una invasión en marzo de 2003, acompañado por fuerzas de Gran Bretaña, con el pretexto de que existían armas de destrucción masiva, algo que no se verificó. Alegaron además que Irak tenía vínculos con Al-Qaeda, la organización que había perpetrado los atentados del 11 de septiembre.

Para 2006 se hablaba de una guerra civil donde las organizaciones terroristas lejos de ser eliminadas habían crecido y ramificado.

Consecuencias de la Guerra de Irak para el Medio Oriente

Occidente recupera el petróleo: Antes de la invasión dos cosas impedían el acceso de las compañías petroleras extranjeras en Irak: el gobierno de Hussein y el sistema legal del país. La coalición respaldada por EEUU que gobernó a Irak entre abril de 2003 y junio de 2004 cambió las leyes para la explotación del petróleo, que en un 80 por ciento se exporta.

Guerra entre minorías: Los funcionarios del gobierno de Hussein eran de la etnia  árabe suní, minoritaria en el país, pero dominante desde la antigüedad. Con la invasión de EEUU la mayoría shiita,  sin experiencia política, accedió al poder por primera vez en los tiempos modernos. Grupos suníes en Irak se rebelaron contra el nuevo gobierno,  y se crearon sectarismos en otros países con la misma mezcla de ambas etnias como Arabia Saudita, Bahrein y otros países árabes.

Al Qaeda en Irak: Al liberarse del poder de la policía de Sadam Husein, que los aplastaba,  extremistas religiosos de varios credos comenzaron a desarrollarse en los caóticos años siguientes a la caída del gobierno. Al Qaeda, esgrimiendo el odio hacia los estadounidenses y protegiendo a la minoría suní creó alianzas con otros grupos religiosos y no religiosos, y comenzaron a ocupar territorios en el noroeste de Irak, poblado por tribus suníes. Algunos suníes se desligaron de Al Qaeda al ver sus métodos sangrientos de dominación, pero una rama se radicalizó aún más y se convirtió en el llamado Estado Islámico.

Irán, líder de la región: Al quedarse sin su archienemigo, Irán se convierte en el superpoder de la región, y el nuevo gobierno shiita de Irak crea lazos con el régimen shiita de Irán. Un nuevo desafío entre el gobierno suní de Arabia Saudita e Irán se desarrolla.

Fuentes: «Ancient History»: U.S. Conduct in the Middle East Since World War II and the Folly of Intervention. Sheldon L. Richman. Cato Institute Policy Analysis No. 159. August 16, 1991

Por Adriana Collado

Con información de About espanol

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Un héroe sevillano para el persa

Joaquín Rodríguez ©Javier Barbancho

El traductor Joaquín Rodríguez Vargas ha sido premiado en Teherán por la mejor traducción del persa gracias a ‘Los arcanos de la Unicidad de Dios en las estancias espirituales del sheij Abu Sa’id’.

En España, del idioma persa apenas sabemos nada. Como mucho cuatro versos de la lengua de los mil poetas. Si acaso cuatro rasgos de quienes la hablan.

«La ars poetica persa es de una delicadeza y belleza femenina, aun cuando ha sido creada mayormente por hombres. El hecho es que la poesía forme parte de lo cotidiano de los iraníes, de cualquier condición y estrato social, que cualquier persahablante sepa al menos varios centenares de versos, y que todos hayan versificado, bien o mal, en algún momento de su vida… Así que es normal que esta lengua tenga un particular vigor en algo en lo que se ha estado ejercitando desde el siglo X, cuando el Irán adoptó la métrica árabe, de una perfección matemática, para su poesía».

El que habla es Joaquín Rodríguez Vargas. Es de Sevilla, tiene 51 años y acaba de recibir de manos del presidente iraní Hasan Rohaní el galardón Libro del año a la mejor traducción y edición crítica de una obra en lengua persa. El sevillano se impuso en el apartado de Estudios persas e islámicos de la sección de extranjeros, en la que se habían presentado 2.500 obras.

El autor premiado, recibiendo su premio junto a las autoridades iraníes ©El Mundo

«Es un idioma de una inusitada belleza en la poesía, musical en la pronunciación, elegante en su escritura y gramaticalmente sencilla». Así define Rodríguez el persa, idioma que aprendió «de forma autodidacta» porque, por aquél entonces, en España, persas no había ni felinos. Y los cuartetos de Omar Jayam, el épico Shahnamé de Ferdousí, los versos al vino de Hafez eran trazos inexplicables en libros medievales.

Como ni su economía ni su familia estaban para grandes aventuras, Joaquín se introdujo en la lingua franca de iraníes, afganos y tayikos lejos de las universidades, encomendándose a algunos vecinos iraníes, a libros escolares de su país lejano y a una lengua, el árabe, cuya caligrafía e historia está casada religiosamente con el idioma oficial de Irán.

El 18 de diciembre de 2015, Joaquín se doctoró cum laude en Filología Árabe y Estudios Islámicos. 19 años antes, logró la categoría de intérprete jurado de lengua persa nombrado por el Ministerio de Asuntos Exteriores. Fue también redactor de la primera gramática del persa moderno en español y traductor del Golestán (La Rosaleda) la obra maestra de Sa’adi, entre otras.

«Mi clave fue el enorme interés que tenía por el persa; lo descubrí en mi juventud. A esto, me viene a la memoria un dicho de Avicena, el celebérrimo médico y filósofo persa, que decía que para aprender hace falta un poco de inteligencia y mucho interés. Nótese que no lo dice al revés, mucha inteligencia y un poco de interés».

¿Y su traducción al español de Los arcanos de la Unicidad de Dios en las estancias espirituales del sheij Abu Sa’id, objeto del premio oficial? La obra llegó al español con el auspicio de la Consejería Cultural de la Embajada de la República Islámica de Irán y fue editada por Mandala. En sus páginas relata la vida de un sufí persa del siglo XI a través de la pluma de su tataranieto, Mohammad Ibn Monavvar, 130 años tras su muerte. «De todas las obras que he traducido hasta ahora, esta ha sido la más problemática y desafiante. Su dificultad puede resumirse en la naturaleza de la obra: un texto sufí, escrito en 1178, con el cuerpo de texto redactado en el persa del Jorasán de aquella época, y los diálogos de los personajes en el dialecto de Nishapur (muchas veces, no siempre), salpicados de versos en persa y árabe y con grandes fragmentos en árabe […] Hay palabras que solamente aparecen en esa obra, o sólo en dos o tres más… Ni los iraníes tienen muy claro el significado».

Rodríguez tuvo que irse hasta la Universidad de Teherán para rematar dos años de labor consultando con Shafii Kadkani, profesor de literatura persa, «una docena de dudas que me fueron imposibles resolver».

¿Por qué decidió traducir este libro? «La obra es de una importancia capital en la literatura sufí persa temprana», resalta Joaquín. «Como se explica en el libro, Abu Sa’id es conocido en la literatura persa como el Sócrates del sufismo porque no escribió nada, pero si lo hubiera hecho, se habría erigido, quizá, al mismo rango literario y habría dejado un legado intelectual semejante a otros místicos egregios como Rumí o Attar de Nishapur».

Con su publicación, Rodríguez Vargas pretende también ampliar la todavía escasa bibliografía de autores persas en español. «Se trata de una lengua poseedora de una de las literaturas más ricas y bellas de la humanidad, y en el mundo hispanohablante ni siquiera se ha comenzado a sondear», advierte. Critica que, en España, donde perezosamente empieza a enseñarse la lengua persa, «el estudio del mundo islámico se ha circunscrito, quizás demasiado, al Al-Ándulus en primera instancia y al mundo árabe en segunda», dejando de lado el persa, la otra gran lengua del islam.

En Irán, por el contrario, el traductor destaca que «los departamentos de Lengua y Literatura Españolas son cada vez más fuertes. El español era inexistente hasta la década de los 90; entonces entró en la universidad, y se percataron de su importancia en el panorama cultural y literario del mundo. Ahora lo abordan hasta dónde lo permiten sus posibilidades. En España, lamentablemente, no es así con el persa».

Por Lluís Miquel Huetado
Con información El Mundo

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Irán conserva una de la Biblias más antiguas del mundo

Una de las ediciones de las Biblias más antiguas del mundo. ©Iránfrontpage
Una de las ediciones de las Biblias más antiguas del mundo. ©Iránfrontpage

Los responsables de su custodia conservan el ejemplar como oro en paño. Y aunque aseguran que su valor espiritual supera cualquier cifra, nunca se sabe si algún día las autoridades persas aceptarán el cheque en blanco que cada tanto en tanto ofrece el Vaticano para adquirir el sagrado libro.

La Biblioteca Central de Tabriz, ciudad situada al noroeste de Irán, alberga una de las ediciones de la Biblia más antigua del mundo. Se trata de un manuscrito del quinto libro del Nuevo Testamento, los ‘Hechos de los Apóstoles’, que narra la historia del período apostólico del Santo Libro. La edición está escrita en siríaco, lengua procedente del arameo que en el siglo VIII fue remplazada por el árabe.

Según dió a conocer el rotativo persa Farhikhtegan, los expertos no han sido capaces de determinar la fecha exacta de la redacción del manuscrito, si bien aseguran que su última restauración se llevó a cabo hace 800 años en un pueblo del Azerbaiyán iraní.

El libro fue escrito sobre piel de pescado – no se especifica de qué variedad-, y pese al paso del tiempo, sus páginas conservan la tinta con la que fue estampado el texto en perfecto estado.

Al principio, los expertos que analizaron el volumen creyeron que se trataba de una Escritura con sendas ediciones de Zabur y Torah, libros sagrados anteriores al Corán, según el Islam. Pero estudiosos europeos de la lengua siria concluyeron que se trata de una edición original de parte del Nuevo Testamento. Una de las más antiguas del mundo.

Al parecer, el último propietario del ejemplar trató de venderlo al extranjero a principios del siglo pasado, pero la recién estrenada dinastía Pahlavi impidió su venta. Desde entonces, se encuentra custodiado en la Biblioteca de Tabriz. Su valor es tal que en tiempos muy antiguos el libro en cuestión sirvió como patrón para la moneda de Irán.

Según ha asegurado el director de la Organización de Bibliotecas Públicas de Azerbaiyán Oriental, Manuchehr Jafari, la Santa Sede ha intentado adquirir el ejemplar en varias ocasiones, ofreciendo un cheque en blanco a la República Islámica, que se niega a desprenderse de la antigua Biblia.

Una de las preocupaciones que existen en torno a esta edición es si su traducción será fiel al texto original, dado que solo unos pocos expertos en todo el mundo tienen un conocimiento exhaustivo de la lengua siríaca.

Por Zahida Membrado
Con información de El Mundo

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¿Por qué Arabia e Irán han partido el Islam en dos? 

El jesuita egipcio Samir Khalil Samir analiza la rivalidad entre suníes -cada vez más radicales- y chiíes -con los que el diálogo es más factible
El jesuita egipcio Samir Khalil Samir analiza la rivalidad entre suníes -cada vez más radicales- y chiíes -con los que el diálogo es más factible

Análisis del reputado jesuita egipcio e islamólogo Samir Khalil Samir sobre la crisis que enfrenta a la Arabia suní (y sus aliados) con el Irán chií (y sus aliados).

El enfrentamiento que está delineándose entre Arabia Saudita e Irán tiene, por cierto, motivos políticos y económicos:

-la diferencia de posiciones sobre las cuestiones siria y yemenita;
-la competencia en la producción petrolífera;
-el dominio de la península arábiga y del Golfo.

Pero dicho enfrentamiento tiene también raíces religiosas, y se vincula con una lucha que ha de definir quién debe guiar la forma del islam destinada a la hegemonía.

Una crisis de décadas, la peor de siglos

El islam está atravesando una crisis desde hace algunos decenios: es la más grande de los últimos dos siglos. La misma asume formas variadas, de acuerdo a la política. Un punto sobre el cual es urgente y necesaria una superación es la estrecha relación entre política y religión.

En realidad, dicho problema fue afrontado desde la mitad del siglo XIX hasta la mitad del siglo XX: teníamos una tendencia liberal que buscaba crear Estados que fueran neutrales en términos religiosos; islámicos, porque la mayoría de la población era musulmana, pero quien no era musulmán tenía más o menos los mismos derechos. En síntesis, había una cierta neutralidad y laicidad.

Arabia exporta integrismo con dinero

Ahora, en cambio, al menos en los últimos 50 años se ve una tendencia contraria a ésta. En Egipto, por ejemplo, en Minia, en el ’73, como una especie de signo, en la apertura de las escuelas femeninas, todas las jóvenes asistieron cubiertas, con el chador, y las manos cubiertas con guantes.

La explicación: Arabia Saudita pagaba una “retribución mensual” a las familias egipcias que aceptasen cubrir a sus mujeres. Dicho pago era equivalente a un tercio del salario de un empleado. Y la gente aceptaba el dinero.

Este hábito se ha vuelto absolutamente normal. Actualmente, si una mujer no está cubierta con el velo es criticada y mirada mal. Incluso las mujeres cristianas se pasean cubiertas por el temor a ser insultadas u ofendidas.

Este deslizamiento hacia una cerrazón proviene del fundamentalismo sunnita y wahabita, de Arabia Saudita y de Qatar.

Y se explica también desde el punto de vista sociológico: Egipto tenía a más de un millón de sus trabajadores en el exterior, en Arabia Saudita, que, luego de pasar algunos años allí, al regresar a su patria, se ponían a practicar los usos sauditas. Esto es aplicable también para otros países de proveniencia de los inmigrantes .

La expresión corriente que podía escucharse era: “¡Dios bendiga a Arabia Saudita, maldita sea!”. Arabia era una fuente de ganancias, pero a la vez una fuente de integralismo y de cerrazón.

Cosas de este tipo suceden también en Italia, donde los maridos fundamentalistas obligan a sus mujeres a seguir las costumbres sauditas o fundamentalistas. Para ellos, esta vestimenta es una categoría religiosa.

Ha de decirse que otros países del Golfo tienen visiones más tolerantes, permitiendo la construcción de iglesias y llegando incluso a financiar la misma.

El integrismo chií de Jomeini ya pasó

Desde fines de los años ’70, con Ruhollah Jomeini, en Irán también se difundió un fundamentalismo chiita, pero los iraníes ya han tomado distancia del mismo.

Hace algunos años estuve en Qom [ciudad al sur de Teherán, una especie de “Vaticano” de los chiitas iraníes, por el gran número de escuelas teológicas allí presentes, y se veía a las mujeres en el chador, todas cubiertas de negro.

Pero en Shiraz, por ejemplo, las jóvenes llevaban velos de colores, que dejaban asomar algún que otro mechón impertinente de cabello rubio, o iban de la mano con su noviecito.

Un ayatoláh de Qom me explicó: «Usted debe entender que Qom no es Irán. Como ciudad santa hemos de tener cierto modo de vivir».



El fundamentalismo iraní, mucho mas abierto

Existen, por lo tanto, dos fundamentalismos, pero el persa es mucho más abierto desde el punto de vista intelectual e incluso posee cierto espíritu crítico.

En Qom, por ejemplo, había 40 instituciones vinculadas a la mezquita, pero no eran organizaciones religiosas: tenían una asociación para ayudar a los sordos, otra para los ciegos, para los medicamentos, una TV para los niños, un observatorio astronómico en la montaña cercana; bibliotecas de historia, de filosofía…

Una vez incluso encontré un imán que me confesó que cada día leía alguna página de las Enéadas de Plotino en la versión árabe inédita, todavía manuscrita, llamada “Teología de Aristóteles”. Esto es impensable en el mundo sunnita. Además, en la tradición wahabita suní estos libros serían quemados.

De la misma manera, en el wahabismo se persigue toda la corriente mística del Islam: recordemos lo ocurrido con Al Hallaj en el siglo IX, que fue crucificado por sus ideas y sus escritos, en los que describía su unión espiritual con Dios.

«Los sunnitas no entienden de filosofía ni ciencia»

Hace algunos años, en el 2008, en el Vaticano tuvimos el primer Foro islamo-católico. Encontré a un imán que se definió a sí mismo como “un docente de filosofía”. Con él hablamos sobre un hecho que había sucedido algunos días antes: en el sitio islam.org, una joven universitaria de París solicitó ayuda para preparar una tesis sobre Avicena (filósofo y médico persa musulmán que vivió entre 980-1037). La respuesta fue: ¡No estudie estas cosas de infieles, sino concéntrese en el estudio del Corán!

El imán frente a mí, que era chiita, concluyó: «Quien dio esa respuesta era, ciertamente, un imán sunnita. Ellos no entienden nada de filosofía o de ciencia».

La formación de un imán chiita incluye muchas materias que no son estrictamente religiosas , sino culturales. En cambio, los imanes sunnitas se limitan a estudiar el islam. Por eso, el diálogo con los chiitas es más fácil y amplio; el que se da con los sunnitas tiene una base mucho más restringida. La educación de los imanes sunnitas se desarrolla fundamentalmente aprendiendo de memoria los versículos del Corán, sin comprenderlo ni interpretarlo, y tampoco poniéndolo en una contexto histórico.

La supremacía en el mundo islámico

Sunnitas y chiitas no tienen la misma visión de la vida y de la religión, y por esto chocan entre sí. Este enfrentamiento existe desde el comienzo, pero en otro tiempo las diversidades erán más aceptadas.

Con el wahabismo, el dogma sunnita se está imponiendo donde sea. En Pakistán, por ejemplo, las leyes sobre blasfemia, que han llevado a la condena a muerte de Asia Bibi y al asesinato de tantas personas, son de inspiración típicamente saudita. En todas las regiones sunnitas -menos en algunos países, como Egipto- se está difundiendo este fundamentalismo que rechaza el uso de la razón en la lectura del Corán.

Sunnitas y chiitas se combaten para ganar la supremacia de influencia en el mundo islámico, y para definir quién debe dialogar con Occidente. El acuerdo nuclear iraní, al que arribaron las grandes potencias con Teherán, deja el campo libre a Irán; y Arabia Saudita -que se ha opuesto al acuerdo hasta el final- todavía hoy se opone al mismo de manera vehemente. Lo mismo hace Israel, aunque por motivos distintos.

ISIS nació como una milicia anti-chií

Hay que decir que, en su origen, la guerra de ISIS era una guerra anti-chiita. No es casual que en Siria y en Irak gobiernan grupos que se remiten al chiismo: la minoría alauita en Damasco y los chiitas (que son la mayoría de la población) en Bagdad.

Tensiones y enfrentamientos entre las dos comunidades ya se han difundido en Líbano, en la India, en Pakistán… donde sea que haya comunidades chiitas.

Los chiitas son como mucho el 15% de los musulmanes, y, por ende, no podrán pretender ser hegemónicos en el mundo islámico. Los sunnitas, que son la gran mayoría, tienden a afirmarse de manera totalizante. A menudo, en debates televisivos en Egipto, me ha pasado escuchar a un imán sunnita que dice a sus colegas chiitas: “¡Vosotros no tenéis derecho a estar aquí! ¡Esta es una tierra sunnita!”. ¡Y esos chiitas son tan egipcios como él!

Sin autocrítica alguna

Además de la tentación totalizante, el mundo sunita tiene la tentación de absolverse siempre: no ejercita función de autocrítica alguna.

Durante siglos, el mundo musulmán tuvo un carácter pluralista. Entre los siglos VIII y XIII, bajo los abasíes con capital en Bagdad, había sunnitas y chiitas, fundamentalistas y liberales. En el siglo IX había incluso mutazilitas, que afirmaban que “el Corán había sido creado”, mientras otros decían que era “increado”. Si el libro sagrado es “increado”, viene directamente de Dios, y no se lo puede tocar; si es “creado”, entonces es posible estudiarlo e interpretarlo. Esta posición mutazilita siguió desarrollándose por siglos, sobre todo con el califa Al-Ma’mūn (813 – 833). Su sucesor, al-Muʿtasim (833-842), partidario de la posición “increada”, expulsó a los mutazilitas.

Pero dicha corriente permaneció a lo largo de los siglos: el Corán debe ser interpretado con la razón, con aquello más agudo e inteligente que existe en la realidad. Aún en nuestros días, esta posición es vista como una amenaza, y quienes la expresan corren el riesgo de ser acusados de herejía.

La universidad de Al-Azhar sufre este problema: siendo particularmente sostenida por Arabia Saudita, no critica la posición “increada”, no obstante en el pasado ha sido esta corriente la que ha guiado con fuerza una reforma modernizante del islam.



¿El Corán según la recta razón?

Entre 1860 y 1950, durante casi un siglo, la tendencia era interpretar el Corán con libertad y sentido común. El gran rector de la Universidad de Al-Azhar, Muhammad Abduh (1849-1905), afirmaba que el Corán debe ser interpretado según la razón. Junto a él, estaban Jamal al-Din al-Afghani (1838-1897), iraní, Abd al-Rahman al-Kawakibi (1855-1902), sirio, y tantos otros que estuvieron entre los protagonistas de la Nahda, del Renacimiento árabe e islámico. Todos ellos terminaron luego exiliados por motivos políticos, pero en París continuaron publicando una revista mensual (“El vínculo indisoluble”) muy abierta, dispuesta incluso a recibir y debatir críticas al islam de personajes como Ernest Renan.

Este Renacimiento ha llevado a la construcción de Estados tolerantes con las distintas religiones. Nasser fundó la República egipcia, y su eslogan era: “La religión pertenece a Dios; la patria es de todos”. «La religión pertenece a Dios» significa que cada uno es libre de elegir y practicar la religión que quiera.

Sin embargo, en los años ’70 y bajo la influencia wahabita, todo esto comenzó a desaparecer.

Pero ya en Egipto se había pasado del pensamiento liberal de Muhammad Abduh al pensamiento mediano de Muhammad Rashīd Ridā, su discípulo, a la posición de Hassan al-Banna, el fundador de los Hermanos Musulmanes. Los wahabitas son incluso más extremistas que los Hermanos Musulmanes.

Dinero saudí para lograr sumisión religiosa

Aquí entra en danza otra cuestión: ¿cómo hace Arabia Saudita para difundir su verbo wahhabita? Egipto recibe al menos 3.000 millones de dólares al año de Riad; Sudán recibe algún que otro paquete de mil millones…

Para atraerlos hacia su visión, los sauditas están dispuestos a pagar, a apoyar a los gobiernos y a construir mezquitas. Más de 1000 mezquitas han sido construidas hasta ahora por Arabia Saudita en muchas partes del mundo (incluso en Italia y en Europa). Habitualmente estas mezquitas son majestuosas, enormes, y Riad paga también al imán y a los empleados. Ahora, quien paga, manda. Y, por eso, Arabia Saudita influencia el estilo de islam que se vive.

En Egipto, a causa de la influencia saudita, durante el Ramadán está prohibido vender comidas y bebidas a quien sea. Como compensación, los sauditas han comprado una zona cercana a las pirámides, que se ha convertido en un resort exclusivo, donde los ricos árabes gozan de libertades que en su país les serían prohibidas. En el mundo, la opinión es que los musulmanes tienen a los sauditas, y que ellos son «vacíos», «infieles», «corruptos», pero se garantizan su poder, incluso religioso, a través del dinero y la riqueza.

Del wahabismo a ISIS

Lo que es triste es que Arabia Saudita se compra aliados “religiosos” a través de la riqueza. Es de remarcar que el estilo religioso, fundamentalista y practicante de la sharia, conduce directamente al tipo de gobierno de ISIS.

Cada semana, en las plazas sauditas, hay ejecuciones, decapitaciones, latigazos, lapidaciones, que son celebradas como un rito religioso, tal como vemos en los videos difundidos por ISIS.

Quisiera agregar una puntualización más: ¡Isis no es un movimiento que ha caído del cielo, Isis es la aplicación brutal de la enseñanza difundida no sólo por Arabia Saudita, sino también por muchas universidades islámicas, incluyendo ciertas enseñanzas de la Universidad de Al-Azhar, que forma a miles de imanes al año! Este fenómeno es esclarecido por estudiosos liberales en algunas emisiones televisivas actuales. ¡La fuente que inspira a los yihadistas tiene su origen en cierto tipo de enseñanza islámica tradicional, que aún sigue siendo difundido hoy en día!

El Occidente sometido

En su intento de dominar el mundo islámico, Arabia Saudita quiere decidir el futuro de Siria, de Líbano, de Irak, de Egipto, de numerosos países africanos y asiáticos. Tiene un rol nefasto, porque no posee una visión amplia y toleranta, e ignora totalmente el pensamiento moderno: tiene sólo la sharia, y está difundiendo este estilo fundamentalista en el mundo. Y es a través de ellos que el fundamentalismo ha llegado a Malasia, a Indonesia, a las Filipinas, etc.

Desde este punto de vista, Irán, con su islam más cultivado y abierto, podría actuar como un correctivo, pero, no obstante teniendo una población más numerosa que la de Arabia, no tiene la fuerza que posee ese país. Y los chiitas se han difundido, por desgracia, en la zona del Golfo.

El enfrentamiento entre Arabia Saudita e Irán es, por lo tanto, un enfrentamiento político, pero en su raíz hay una oposición religiosa, y la lucha es por la supremacía religiosa. Por último, en el mundo islámico, la religión y la política van de la mano.

Occidente parece razonar como los países musulmanes que son ayudados por los sauditas: parece interesarse sólo por el comercio. Los Estados Unidos jamás criticaron el comportamiento de Riad en relación a los derechos humanos, si bien en Arabia han sido decapitadas más personas que en en todos los países del mundo.

Se podría esperar que los musulmanes en Europa -son al menos 10 millones- presentasen un islam razonable y racional, abierto a todo las cosas positivas que existen en el mundo moderno. En Francia y en otras partes, hay imanes ilustrados, pero se trata de una minoría, y deben expresarse de manera discreta por cuestiones de seguridad. Por otro lado, ellos no tienen todo el poder financiero e ideológico de Arabia Saudita.

Si en Arabia hubiera una visión liberal similar a la tunecina, por ejemplo, hoy tendríamos una situación islámica muy diferente, más abierta, más tolerante. Y es esto lo que la mayoría de los musulmanes desea alcanzar, sin saber a ciencia cierta cómo hacer, o sin atraverse a hacer aquello que saben que es inevitable.

No se trata de imitar a Occidente en todo lo que hace -¡sería catastrófico!- ; sino que se trata de discernir en la modernidad aquello que es positivo y constructivo, para aplicarlo.

En esto, pienso que los cristianos de Oriente tienen una misión de discernimiento, para ayudar a sus hermanos musulmanes a integrar lo positivo de la modernidad, rechazando aquello que es negativo.

Por Samir Khalil Samir
Con información de Religión en Libertad

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Argentina:CIA-Mossad y el golpe blando

Estadounidenses e israelíes manipularon desde un inicio la investigación de un cruento atentado en Argentina en 1998. Por casi 2 décadas buscaron acusar a Irán, pero ni una sola prueba pudieron ofrecer. El último fiscal del caso reportaba secretamente a la inteligencia estadounidense los avances en la investigación y le consultaba el rumbo que tomarían las pesquisas. Con la muerte de este funcionario argentino, ahora Estados Unidos busca hacer una jugada de tres bandas: además de implicar al siempre incómodo Irán, ahora ha orquestado un “golpe blando” contra la presidenta Cristina Fernández. De prosperar esa maniobra, seguiría Venezuela, para debilitar el bloque de países suramericanos que han puesto dique a las ambiciones de Estados Unidos en la región.

Fiscal Alberto Nisman
Fiscal Alberto Nisman

El pasado 18 de enero de 2015, el fiscal Alberto Nisman, al frente de la Unidad Especial que investigaba la causa sobre el cruento atentado contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) el 18 de junio de 1994, fue encontrado muerto con un disparo en la cabeza, en el baño de su departamento y con todas las puertas de su casa cerradas por dentro. Cuatro días antes había presentado una denuncia, sin prueba alguna, mal redactada y con serias contradicciones, en la que acusaba a la presidenta de la nación, Cristina Fernández de Kirchner, al canciller Héctor Timerman, y a otras personas, de intentar encubrir a funcionarios iraníes acusados –sin pruebas– de ser culpables del atentado. En días se había puesto en marcha un golpe encubierto de origen externo.

El fiscal había sido colocado al frente de la investigación en 2004, después de 10 largos años, cuando se cerró el más escandaloso e irregular juicio de la historia sin lograr encontrar a los culpables del atentado que dejó 85 muertos y centenares de heridos. Este hecho aparece como un eslabón más de un golpe en desarrollo, en el que participan un sector del aparato judicial argentino, la oposición, los medios masivos de comunicación junto a la CIA (Agencia Central de Inteligencia, siglas en inglés) y el Mossad, de Estados Unidos e Israel, respectivamente.

Para entender esto hay que entender de qué se trata el caso AMIA y conocer las graves irregularidades cometidas con la entrega en la década de 1990 de la investigación a los servicios de inteligencia estadounidenses e israelíes, que operaron conjuntamente con el grupo de la Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE) de Argentina.

Investigación bajo control externo

El cruento atentado conmovió al país; el juez que quedó a cargo de la investigación en julio de ese año fue Juan José Galeano, quien comenzó su actuación bajo una presión muy evidente.

En sólo 24 horas, la inteligencia israelí –que envió sus hombres a colaborar desde las primeras horas del hecho– y la CIA acusaron a la República Islámica de Irán y al Hezbolá de Líbano, sin pruebas.

Sin haber iniciado la investigación, ofrecieron un testigo importante al juez argentino Galeano, quien viajó a Venezuela para entrevistarlo.

El hombre se llamaba Manouchehr Moatamer y se presentó como un ex funcionario iraní, que había huido de su país y que acusaba al gobierno de Irán de ser responsable del atentado, sin ninguna prueba. Sus declaraciones erráticas se derrumbaron en poco tiempo. Es decir, la CIA y el Mossad habían vendido a la justicia argentina un testigo falso.

Moatamer se había ido de Irán con su familia en 1993. Falta saber cómo llegó a Venezuela en 1994, y cómo terminó al final en Los Angeles, Estados Unidos, como «testigo protegido de la CIA».

La causa de Galeano siguió navegando en un mar de irregularidades. Pero aún en 1997, el juez fue nuevamente a ver a Moatamer, en Estados Unidos, quien nada agregó a su testimonio anterior. En 2008, Moatamer finalmente confesó que había mentido para obtener la visa estadounidense.

En 1998, nuevamente la CIA y el Mossad ofrecieron otro supuesto testigo, en este caso radicado en Alemania, Abolghasem Mesbahi, llamado el “testigo C”. Mesbahi había sido desplazado en 1989 de algunas tareas menores para la inteligencia iraní, sospechoso de ser agente doble. Se dedicó a la actividad privada y realizó una serie de estafas, tras lo cual se fue a Alemania donde se radicó desde 1996.

En ese tiempo, Mesbahi acusó a Irán de cada uno de los “atentados terroristas” que no se esclarecían en el mundo –lo que siempre sucede con los atentados de falsa bandera– como el de Lockerbie, Escocia, y otros.

El “testigo C”, que ganó fama por el misterio que rodeaba su nombre, vio una nueva oportunidad acusando a Irán, con la anuencia de los servicios alemanes, estadounidenses e israelíes de la voladura de la AMIA.

Sin pruebas, contó su versión en Alemania ante un juez nacional y el juez argentino Juan José Galeano, que viajó a ese país en 1998.

«Mesbahi declaró 5 veces bajo juramento en la causa, y en los puntos esenciales dio 5 versiones distintas y contradictorias de éstos, que no podrían servir nunca como prueba. Sólo dichos y palabras, y por supuesto, conjeturas y deducciones de inteligencia», resume el abogado Juan Gabriel Labaké en su libro AMIA-Embajada, ¿verdad o fraude?

El abogado Labaké, por cierto no oficialista, viajó a Teherán, Europa y Estados Unidos, reuniendo datos y entrevistándose con fuentes importantes, y finalmente llegó a la conclusión de que no existían pruebas contra Irán en el juicio de AMIA, ni bajo la dirección de Galeano, ni bajo la del fiscal Nisman, quien sólo recopiló y reescribió los expedientes de su predecesor, y les dio cierto orden pero siempre acusando a Irán, como ordenaron Washington y Tel Aviv.

El periodista Gerth Porter, de The Nation, escribió en una nota el 16 de mayo de 2010 que el embajador de Estados Unidos en Argentina en el momento del atentado a la AMIA, James Cheek, le dijo en una entrevista:

«Que yo sepa no hay ninguna evidencia real de la participación iraní. Nunca probaron nada.»

Lo extraño es que cuando Nisman acusa a Irán en 2006 ya se sabía que ambos testigos no eran creíbles y la justicia británica incluso había rechazado, por falta de pruebas, un pedido de extradición contra el ex embajador iraní en Argentina, Hadi Soleimanpour. El diplomático iraní estaba haciendo un curso en Londres cuando lo detuvieron en 2003 hasta que llegara el exhorto de extradición. Pero hubo que liberarlo en 2004 y pagarle una indemnización de 189 000 libras esterlinas.

También la Organización Internacional de Policía Criminal (Interpol) devolvió un primer pedido de alerta roja por falta de pruebas, y el segundo pedido en 2013, y que esta hasta estos días, por especial pedido del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y el canciller Héctor Timerman, tampoco tiene aún el fundamento de las pruebas que el juez Rodolfo Canicoba Corral le pidió a Nisman que investigara. Ahora se sabe que Nisman no había cumplido con reunir pruebas, sino solamente simples deducciones de inteligencia que no sirven a la justicia ni a la verdad.

El primer juicio de la AMIA debió ser cerrado por escándalos e irregularidades graves, una de las cuales consistió en que el juez Galeano, con apoyo del entonces presidente de la Delegación de Asociaciones Israelitas-Argentinas (DAIA), Rubén Beraja, pagó 400 mil dólares a un reducidor de autos robados, Carlos Telledín, para que acusara a diplomáticos iraníes y a policías de la provincia de Buenos Aires.

Estos últimos estuvieron 5 años detenidos y debieron ser liberados por absoluta falta de pruebas, sin vinculaciones con la causa. Así escandalosamente terminó ese juicio.

La enmarañada red de falsedades y mentiras, presiones e intereses que eran los expedientes de la causa del cruento atentado contra la mutual judía AMIA obligó a terminar con el juicio en 2004, y el entonces presidente Néstor Kirchner (2003-2007) exhortó a la justicia a avanzar, profundizando en la causa hacia la verdad.

Se creó entonces la Unidad Especial de la Causa AMIA, que quedaría por decisión de la Procuraduría en manos del fiscal Alberto Nisman, lo que sorprendió, ya que el propio Nisman también había sido parte del fracaso del juicio iniciado en julio de 1994 y cerrado 10 años después, sin haber logrado nada.

El caso Nisman

Nisman había comenzado en 1997 su camino hacia la actual Fiscalía, en Morón, provincia de Buenos Aires. En su historia hay un caso que marcó su camino y fue la investigación sobre el destino de Iván Ruiz y José Díaz, dos de los participantes en el fracasado ataque al cuartel de la Tablada en enero de 1989, dirigido por el ex jefe guerrillero Enrique Gorriarán Melo, durante el gobierno democrático de Raúl Alfonsín. Ambos detenidos, después del cruento enfrentamiento que dejó varios muertos y heridos, fueron vistos por última vez brutalmente torturados y llevados por militares y policías en un automóvil Ford Falcon.

Hasta ahora están desaparecidos, pero Nisman y un juez que lo puso a cargo de la investigación apoyaron la versión oficial del Ejército de que «habían muerto en combate» a pesar de las evidencias de su desaparición forzada.

En julio de 1997, el entonces procurador general Nicolás Becerra lo convocó para sumarse a los fiscales que investigaban el atentado contra la mutual judía AMIA, José Barbaccia y Eamon Mullen, por pedido expreso de ambos.

De acuerdo con Infojus Noticias de Argentina «el equipo de Nisman, Barbaccia y Mullen trabajó hasta el juicio oral, pero no terminó bien». Durante ese juicio por la llamada «conexión local», muchos testigos dijeron que ellos y el juez Juan José Galeano habían cometido una serie de irregularidades que se comprobaron.

Al final del debate, el Tribunal Oral absolvió al delincuente Carlos Telleldín, a quien el propio juez entregó 400 000 dólares para que acusara a funcionarios iraníes y a policías, con el visto bueno de Rubén Beraja, entonces presidente de la poderosa Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas.

En los fundamentos del fallo se acusó a Galeano –quien terminó destituido y procesado–, a su equipo y a los fiscales Mullen y Barbaccia, también procesados.

«En el juicio oral quedó demostrado que no se investigó absolutamente nada» en la Causa AMIA , afirmó a Infojus Noticias el abogado Juan Carlos García Dietze, defensor de Ariel Nizcaner, quien fue absuelto de haber participado en la adulteración de la camioneta Traffic, que supuestamente fuera usada en el atentado.

«Siempre hubo un tema parádojico: Barbaccia y Mullen quedaron imputados, y Nisman siguió a cargo. Es extraño», reflexionó García Dietze.

En 2004 Nisman, ya a cargo de Unidad Especial para concentrar todas las investigaciones vinculadas al atentado, se acerca a un hombre clave de la entonces Secretaría de Inteligencia del Estado, la antigua SIDE, Antonio Stiusso, alias “Jaime”. Éste había sido desplazado de la Causa AMIA por ser parte de las irregularidades del juicio, pero con Nisman recuperó un lugar de importancia. Ambos trabajaban con la CIA y el Mossad.

La Unidad Especial recibía importantes sumas de dinero para investigar. Pero Nisman sólo se dedicó a clasificar los expedientes de Galeano y continuó responsabilizando a los iraníes, sin haber producido, en los últimos 10 años, ninguna prueba para confirmar la acusación. Su primer pedido de alerta roja contra 12 iraníes, diplomáticos y funcionarios acusados, fue devuelto por falta de pruebas. Como sucedió con el pedido de extradición enviado a Londres contra el ex embajador iraní en Argentina, Hadi Soleimanpour, cuando la justicia británica devolvió la solicitud por falta de pruebas, indemnizando al diplomático en 2004. Una vergüenza para la justicia argentina.

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Argentina: suicidio y acoso

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La muerte del fiscal argentino Alberto Nisman, cuyo cuerpo fue hallado el domingo en la noche con un tiro en la cabeza, horas antes de la sesión parlamentaria en la que debía presentarse a defender su acusación contra la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, por supuesto encubrimiento en el caso del atentado a la Asociación Mutual Israelita Argentina, AMIA (julio de 1994), introdujo un brutal elemento de tensión política en la nación austral y alimentó las presiones locales e internacionales en curso en contra de su gobierno. Aunque todos los datos recabados por las autoridades apuntan a un suicidio –Nisman fue encontrado en el interior de su domicilio, el cual estaba cerrado con llave por dentro y junto a él había una pistola y un casquillo, además de que el edificio donde vivía estaba dotado de protección policial externa–, y a pesar de que la fiscalía estableció en forma clara que en el fallecimiento no hubo intervención de terceras personas, los opositores políticos del país, así como los medios informativos privados, nacionales y extranjeros, se empeñaron desde el primer momento en presentar el hecho como un asesinato gestado en las entrañas del poder público y en insinuar que hubo en él una responsabilidad gubernamental, supuestamente motivada por el propósito de impedir que Nisman expusiera su denuncia ante el Legislativo.

Designado por el fallecido Néstor Kirchner para investigar el atentado contra la sede de la AMIA, que dejó un saldo de 86 muertos, incluido un atacante suicida, y cuya responsabilidad intelectual ha sido atribuido por medios y gobiernos occidentales a Irán, Nisman se opuso a un acuerdo diplomático firmado entre los gobiernos de Buenos Aires y Teherán en 2013 para colaborar en el esclarecimiento del crimen –a lo cual se habían negado, hasta entonces, las autoridades iraníes–, interpretó el convenio como un intento de la presidenta Cristina Fernández por encubrir a los autores del atentado y se plegó a los rumores difundidos por funcionarios israelíes, según los cuales el documento –que contó con la aprobación de la asociación de deudos del atentado y de la Interpol– tenía un capítulo secreto en el cual Argentina se comprometía a dar impunidad a los atacantes a cambio de una transacción comercial de granos por petróleo.

Con estos antecedentes, la semana pasada Nisman decidió programar la revelación de las pruebas que decía tener en contra de la mandataria –grabaciones telefónicas ilegales de algunos espías del gobierno que se encontraban clasificadas–, interrumpió en forma intempestiva sus vacaciones en Europa y volvió a su país. En su presentación ante la Comisión de Legislación Penal en la Cámara de Diputados –que el difunto quería realizar en secreto, por más que los legisladores oficialistas insistían en que fuera pública– habría debido responder a preguntas difíciles, como por qué la cancillería argentina mantuvo vigentes las órdenes internacionales de captura de los sospechosos, si el objetivo del supuesto plan de encubrimiento era cancelarlas, o por qué los dos países firmantes nunca realizaron un solo intercambio de cereales por hidrocarburos.

La reacción de Cristina Fernández a lo que parece ser el suicidio de Nisman fue, por una parte, ordenar la inmediata desclasificación de los datos que el fiscal había ofrecido proporcionar a los legisladores y, por la otra, divulgar un texto en el que la mandataria se preguntó por las coincidencias entre el fallecimiento y lo que parece ser una nueva campaña de descrédito y calumnias contra su gobierno, cuyo arranque coincide con el ataque criminal a la redacción de Charlie Hebdo en París.

En efecto, hay sobradas razones para suponer que detrás de este sórdido episodio se mueven los intereses mafiosos locales y foráneos que acosan el proyecto político, económico y social en curso en Argentina desde hace 12 años, los mismos que se han empeñado en introducir en el pasado reciente factores de desestabilización en Venezuela, Brasil, Bolivia y Ecuador.

 Con información de : La Jornada

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El origen de los cuentos

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El escuchar y el contar son necesidades primarias del ser humano. La necesidad de contar también resulta del deseo de hacerlo, del deseo de divertirse a sí mismo y divertir a los demás a través de la invención, la fantasía, el terror y las historias fascinantes. Es en este deseo humano en el cual la literatura tiene sus orígenes. Hans Magnus Enzensberger considera que el analfabeto primero, clásico, no sabía leer ni escribir, pero sabía contar. Era el depositario y transmisor de la tradición oral y, por lo tanto, el inventor de los mitos y leyendas.

La tradición oral y los cuentos populares

Las culturas de todos los tiempos tuvieron deseos de contar sus vidas y experiencias, así como los adultos tuvieron la necesidad de transmitir su sabiduría a los más jóvenes para conservar sus tradiciones y su idioma, y para enseñarles a respetar las normas ético-morales establecidas por su cultura ancestral, puesto que los valores del bien y del mal estaban encarnados por los personajes que emergían de la propia fantasía popular. Es decir, en una época primitiva en que los hombres se transmitían sus observaciones, impresiones o recuerdos, por vía oral, de generación en generación, los personajes de los cuentos eran los portadores del pensamiento y el sentimiento colectivo. De ahí que varios de los cuentos populares de la antigüedad reflejan el asombro y temor que sentía el hombre frente a los fenómenos desconocidos de la naturaleza, creyendo que el relámpago, el trueno o la constelación del universo poseían una vida análoga a la de los animales del monte. Empero, a medida que el hombre va descubriendo las leyes físicas de la naturaleza y la sociedad, en la medida en que avanza la ciencia y el conocimiento de la verdad, se va dando cuenta de que el contenido de los cuentos de la tradición oral, más que narrar los acontecimientos reales de una época y un contexto determinados, son productos de la imaginación del hombre primitivo; más todavía, los cuentos que corresponden a la tradición oral, además de haber sufrido modificaciones con el transcurso del tiempo, no tienen forma definitiva ni única, sino fluctuante y variada: a la versión creado por el primer narrador, generalmente anónimo, se agregan los aciertos y torpezas de otros narradores que, a su vez, son también anónimos. Las modificaciones tampoco han sido iguales en todos los tiempos y lugares, de manera que existen decenas y acaso centenas de versiones de un mismo cuento.

«El cuento -en general- es una narración de lo sucedido o de lo que se supone sucedido», dice Juan Valera. Esta definición admite dos posibilidades aplicables a la forma y el contenido: cuento sería la narración de algo acontecido o imaginado. La narración expuesta oralmente o por escrito, en verso o en prosa. Cuento es lo que se narra, de ahí la relación entre contar y hablar (fabular, fablar, hablar). Es también necesario añadir que, «etimológicamente, la palabra cuento, procede del término latino computare, que significa contar, calcular; esto implica que originalmente se relacionaba con el cómputo de cifras, es decir que se refería, uno por uno o por grupos, a los objetos homogéneos para saber cuántas unidades había en el conjunto. Luego, por extensión pasó a referir o contar el mayor o menor número de circunstancias, es decir lo que ha sucedido o lo que pudo haber sucedido, y, en este último caso, dio lugar a la fabulación imaginaria» (Cáceres, A., 1993, p. 4).

Ningún género literario ha tenido tanto significado como los cuentos populares en la historia de la literatura universal. El cuento, a diferencia del episodio único de la fábula o la exaltación de seres extraordinarios del mito y la leyenda, tiene muchos más episodios y un margen más amplio que permiten explayar personajes y acciones diversas. Otra diferencia es que el resultado final de los cuentos no siempre es optimista o feliz como en la fábula, la leyenda y el mito, cuyos atributos son la valentía, la inteligencia y el heroísmo de sus personajes. En el mundo del cuento todo es posible, pues tanto el transmisor como el receptor saben que el cuento es una ficción que toma como base la realidad, pero que en ningún caso es una verdad a secas.

No obstante, la sabiduría del pueblo no ha titubeado, desde que el mundo es mundo, en aceptar como verdad el argumento de la leyenda, el mito y la fábula hechos cuentos, ya que sus personajes y acciones recogen las narraciones contadas -y quizá cantadas- por el pueblo. Es tal sentido, el relato oral fue durante siglos el único vehículo de transmisión del cuento, no sólo para deleite de los mayores, sino también para la distracción de los niños, debido a que el cuento contiene elementos fantásticos, que cumplen la función de entretener a los oyentes y enseñarles a diferenciar lo que es bueno y lo que es malo.

El origen del cuento se remonta a tiempos tan lejanos que resulta difícil indicar con precisión una fecha aproximada de cuándo alguien creó el primer cuento. Se sabe, sin embargo, que los más antiguos e importantes creadores de cuentos que hoy se conocen han sido los pueblos orientales. Desde allí se extendieron a todo el mundo, narrados de país en país y de boca en boca. Este origen oriental se puede aún hoy reconocer sin dificultad en muchos de los cuentos que nos han maravillado desde niños, y que todavía los leemos o narramos. Así, en muchos casos son orientales sus personajes, sus nombres y su manera de vestir, sus bosques o sus casas y también su forma de comportarse, su mentalidad y, en muchos casos, la «moral» del cuento. Y, por último, es también típica del mundo oriental la manera de entender y de vivir la vida reflejada en los cuentos.

Cuentos orientales

Las colecciones más importantes y conocidas de cuentos orientales traídos a Europa y de Europa a América son: «Las mil y una noches» y «Calila y Dimna». Una y otra fue motivo de versiones, adaptaciones o imitaciones por parte de las literaturas europeas, desde las mediterráneas hasta las anglosajonas. Es más, «la palabra contar, con la significación de referir hechos, se la encuentra ya en el ‘Calila y Dimna’, cuya versión castellana data aproximadamente del año 1261. En realidad el ‘Calila y Dimna’ es una de las más extensas y originales colecciones de apólogos orientales; al parecer su recopilador Barzuyeh, médico de Cosroes I, rey de Persia, dio a conocer la existencia de estos apólogos entre los años 531 y 570. Cabe recordar que el apólogo es la forma más antigua con que se conoce el cuento; en tal sentido, el apólogo también es definido como una ficción narrada, más concretamente como un hecho real del que se puede sacar una enseñanza moral (Cáceres, A., 1993, p. 4).

Ya en el siglo X, los primeros cuentos de origen árabe y persa llegaron a Europa en boca de mercaderes, piratas y esclavos. Más tarde, éstos mismos, diseminados en disímiles versiones, llegaron a otros continente tras la circunnavegación y el descubrimiento. La prueba está en que un mismo cuento puede encontrarse en distintos países; por ejemplo, «La Cenicienta», que probablemente honda sus raíces en los albores de la lucha de clases, conoce más de trescientas variantes, y deducir su verdadero origen, como la de muchos otros cuentos -entre ellos del germano «Rosa Silvestre» y el francés «La bella durmiente del bosque», que son variantes de un mismo tema-, sería un cometido casi imposible. Asimismo, muchos de los cuentos folklóricos, como los compilados por los hermanos Grimm y Charles Perrault, no tienen autores ni fechas, y aunque en un principio hubiesen sido invenciones de algunos cuentistas anónimos, en nada contribuiría a nuestro análisis, ya que estos cuentos, con el transcurso del tiempo, sufrieron una serie de modificaciones según las costumbres y creencias religiosas de cada época y cultura.

Existen varias teorías acerca del origen de los cuentos, pero se sabe que muchos de ellos tienen su origen en el lejano Oriente. Los primeros cuentos árabes se hallan impresos en rollos de papiro desde hace más de 4.000 años. Aquí se menciona por primera vez a las hadas que, según cuenta la tradición, aparecían en el nacimiento de un niño para ofrecerle regalos y señalarle el camino de la dicha o la desgracia, como en el príncipe condenado a muerte, que data de 1500 años antes de J. C. No en vano Montegut se adelantó en decir que, las hadas tienen su origen en Persia, «en ese pueblo espiritual, sutil y voluptuoso, el más fino de Asía. Salieron de esos enjambres de espíritu elementales que hizo nacer la doctrina del dualismo y obedecieron a los encantamientos y a las invocaciones de los magos. Ahí pasaron su larga y voluptuosa infancia jugando en la luz, en un aire seco y puro en todos los países con el polvo del Irán, en donde se detuvieron los viajeros y los extranjeros que las llevaron con ellas, sin saberlo, en el pliegue de sus ropas, en un pliegue de su turbante y las sacudieron en seguida, junto con el polvo llevado del Irán, en donde se detuvieron» (Montegut, E., 1882, p. 654).

Los cuentos de procedencia oriental, como los cuentos de hadas que tienen su origen en las leyendas y el folklore de los primeros tiempos, tienen el soporte de la fantasía y comienzan de una forma tradicional: «Érase una vez, un rey en Egipto que no tenía ningún hijo… Hace mucho, muchísimos años, en un lejano país del Oriente, allá donde el sol asoma cada mañana con su cara de oro y fuego, hubo un rey muy poderoso y cruel…». Lo que sigue a continuación no es más que la fusión de la realidad y la fantasía, del mito y la leyenda; fuentes de las cuales bebieron poetas y cuentistas, como si hubiesen mamado de una misma madre, quizá por eso existe tanto parecido entre los libros de unos y de otros.

Las mil y una noches

El lejano Oriente fue también la cuna de «Las mil y una noches», célebre colección de cuentos que nos abre las puertas de un mundo lleno de encantos y alucinaciones, narraciones de aventuras fascinantes que proceden de siglos diferentes y cuya redacción definitiva es posterior al siglo XVI. «Las mil y una noches» es, pues, una creación colectiva de árabes, persas, judíos y egipcios, que escribieron en un estilo popular, lleno de expresiones que no pertenecen al árabe clásico, y aún a veces haciendo uso de dialectos, como en el cuento de «Aladino y la lámpara maravillosa», que fue escrito en dialecto siríaco.

Esta colección de cuentos que pinta poéticamente la vida de los hombres del Oriente, y, particularmente, la astucia de las mujeres del harén, es una joya literaria y una «caja de Pandora», que encierra las figuras más inverosímiles de la imaginación y la fantasía. De principio a fin, los cuentos están cargados de un enorme poder sugestivo, a pesar de que la historia se inicia con un rey, quien en venganza del daño que le causó su primera esposa, da muerte a las demás una vez celebrada la noche de bodas, hasta el día en que contrae matrimonio con la hija del visir de su reino, con la joven y hermosa Schahrazada, quien, para evitar su muerte, relata a su hermana Doniazada y a su esposo, el rey, los episodios de una historia que se prolonga durante mil y una noches -y no mil-, seguramente debido a las supersticiones que los árabes tienen con relación a los números enteros, misterio numérica que se conserva hasta nuestros días.

Según las primeras versiones, la historia de «Las mil y una noches» comienza cuando «el Rey Schahzamán sorprende una noche a su mujer tendida en el lecho, abrazada con un esclavo, y, desenvainando el alfanje, los deja a ambos muertos sobre los tapices de la cama. Entonces sale a visitar a su hermano, el poderoso Rey Schahriar. Llega entristecido pero trata de mantener en secreto los acontecimientos. Por casualidad, un día se asoma a una ventana en el palacio y ve a la mujer de su hermano entregada a libertinajes aún más escandalosos que los de su propia mujer. Al verlo, su humor se levanta un poco, y va a compartir con el inocente Schahriar su desgracia común. Habiéndose cerciorado de los hechos, Schahriar parte con su huésped para pensar sobre lo que harían. Los dos hermanos marchan día y noche hasta que llegan a descansar debajo de un árbol, en medio de una solitaria pradera junto al mar. Luego ven brotar del mar una negra columna de humo. Asustados, los reyes suben a la cima del árbol y miran. La columna se convierte en un efrit -una especie de genio- quien abre una caja de la cual aparece enseguida una joven de espléndidas proporciones. El efrit cae dormido y la jovencita señala a los dos reyes para que desciendan. Les enseña un collar compuesto de quinientos setenta anillos cuyos dueños la habían poseído a ella junto a los cuernos insensibles del efrit. Reclama también los anillos de los dos hermanos y explica que pese a las precauciones extraordinarias tomadas por su raptor, siempre ha sido capaz de burlarle, tan fuerte es la habilidad de una mujer, una vez que tiene ganas de hacer algo. Ese intervalo milagroso puede entenderse como una clase de vuelo de fantasía del Rey Schahriar, indicativo del crecer de un profundo y agrio recelo contra todas las mujeres. De este modo el rey experimenta una fuerte transformación, y su primer acto al volver a casa es mandar degollar a su esposa. Enseguida ordena a su visir que cada noche le lleve una joven virgen. Y cada noche, después de arrebatarle su virginidad, manda que la maten. Esto continúa durante tres años, hasta que se agota la provisión de vírgenes en el reino, salvo las dos hijas doncellas del visir mismo. La mayor se llama Schahrazada y la menor Doniazada. Schahrazada propone a su padre para casarse con el rey, con la esperanza de ser el rescate de muchas otras de entre las manos del rey. El visir lo acepta con mucho dolor, y la lleva al rey. Al llegar la hora fatídica, Schahrazada implora al rey que le permita despedirse de su querida hermana. Schahriar tiene piedad y mientras le arrebata su virginidad, sus sirvientes van en búsqueda de Doniazada. La joven, una vez llegada, pide de Schahrazada un cuento de despedida y el rey nuevamente accede. La astuta hija del visir empieza a contar una historia, pero la deja incompleta. Así coacciona al rey, quien, movido por la curiosidad, le permite vivir otro día para que la historia sea terminada. Y de esta manera Schahrazada procura narrar sus relatos intrincados y encantadores, noche tras noche, durante mil noches y una noche» (Heisig, J.W., 1976, p. 100-101).

Como es de suponer, Scheherazada no sólo apacigua la crueldad del rey y salva a su pueblo de un baño de sangre, sino también teje con el ovillo de su imaginación una historia detrás de otra, con cíclopes de un solo ojo, aves gigantes y ballenas que ponen en peligro la vida de «Simbad, el marino», o en las cuales la simple pronunciación de palabras mágicas transforman a los humanos en bestias y a las bestias en humanos, como en «La historia de los tres viejos». Se tratan de cuentos fantásticos en los que las alfombras, cajas, mujeres y caballos vuelan cual pájaros hasta desvanecerse en el aire, como en «El caballo volador», o cuyas fórmulas mágicas abren montañas y descubren riquezas en deslumbrantes cantidades, como en «Alí Baba y los cuarenta ladrones». En estos cuentos no es raro que un cofre abandonado en la cima de un monte conduzca a un sótano rodeado de piedras preciosas y, ésta a su vez, a unos jardines cuyos árboles dan frutos de oro macizo, como en «Aladino y la lámpara maravillosa». Los genios, nacidos del cuello de una botella para castigar a los malos y premiar a los buenos, aparecen y desaparecen en los remolinos de polvo y entre la copa de los árboles, como en «El mercader y el genio» o «El ladrón de Bagdad», donde un genio, mofletudo y de aspecto bondadoso, emerge de la boquilla de una lámpara, rodeado de un luminoso halo de luz, para hacer rico al pobre y pobre al codicioso. Con seguridad, muchos recuerdan todavía estas palabras: «¡Abrete Sesamo!» o las profecías del profeta Mohamed, quien lee el pensamiento de sus adversarios y descubre los secretos escondidos en el corazón humano.

Estos cuentos fantásticos, que tuvieron una gran importancia en Europa y el mundo, que han inspirado a los escritores de todos los tiempos y han deleitado a grandes y chicos, fueron traducidos por primera vez a un idioma occidental por el francés Antoine Galand, en doce volúmenes (1704-1717), los cuales no sólo se ciñeron a un texto único, sino a varios manuscritos que son piezas de un mismo mosaico. «Por otra parte, se han ido descubriendo los textos árabes de cuentos que se hallaban en las ediciones orientales conocidas, como el de ‘Aladino y la lámpara maravillosa’. En suma, se ha ido haciendo un minucioso trabajo de recopilación y de crítica» (Véase «Historia Universal de la Literatura», 1978, p. 98-99).

En la actualidad se conocen una infinidad de ediciones de «Las mil y una noches», con traducciones y adaptaciones destinadas a la infancia, sin que por ésto se haya omitido o alterado lo más relevante de esta obra clásica: la fantasía.

Bibliografía

Cáceres Romero, Adolfo: Las naranjas maquilladas… de Néstor Taboada Terán, Presencia Literaria, La Paz, 7 de marzo de 1993.

Heisig, J.W.: El cuento detrás del cuento, Ed. Guadalupe, Buenos Aires, 1976.

Historia Universal de la Literatura, Ed. Sopena, Barcelona, 1978.

Montegut, Emile: Des fèes et de leur littérature en France, Ed. Revuede Deux Mondes, Francia, 1882.

Por Víctor Montoya

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